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Revista Logos Ciencia & Tecnología

versión impresa ISSN 2145-594Xversión On-line ISSN 2422-4200

Rev. logos cienc. tecnol. vol.17 no.2 Bogotá mayo/ago. 2025  Epub 01-Ago-2025

https://doi.org/10.22335/rlct.v17i2.2123 

Artículo de investigación

Reincidencia y trayectoria criminal del crimen organizado en Chile. Narcotraficantes, seguimiento longitudinal años 2004-2022

Recidivism and criminal trajectory of organized crime in Chile. Drug traffickers, longitudinal follow-up, 2004-2022

Mauricio José Valdivia Devia* 

* Autor de correspondencia. Academia de Ciencias Policiales de Carabineros de Chile. Chile, Santiago. mvaldiviadevia@hotmail.com


RESUMEN

El crimen organizado es una de las principales preocupaciones de los Estados, y aunque sus manifestaciones son diversas, el tráfico ilícito de drogas es una de las actividades más prototípicas e importantes. El objetivo de esta investigación fue conocer las dimensiones de las trayectorias criminales, de todos los detenidos y denunciados por Carabineros de Chile entre los años 2004 y 2022, por el delito de tráfico ilícito de drogas, incluida su reincidencia, tipos de delitos, curva edad/delito, duración de la carrera y nivel de versatilidad o especialización. La metodología utilizada es longitudinal retrospectiva. El 85,2% del total de 38.320 detenidos/as y denunciados/as reincidieron, acumulando un total de 340.937 delitos (M=8,8 delitos; DS=11,3; rango de 1 a 291). Un 47,9% son poli-reincidentes con 6 o más delitos. Las trayectorias criminales son más tardías que en delincuencia común y existe mayor presencia de delitos graves. La especialización en delitos de drogas resultó ser alta. Las mujeres tienen una participación importante en este tipo de delito y desisten más tardíamente. Estos narcotraficantes tienen diferentes tipologías que deberían ser consideradas en la implementación de políticas públicas.

Palabras clave: Crimen organizado; narcotráfico; narco cultura; tráfico ilícito de drogas reincidencia criminal

ABSTRACT

Organized crime is one of the main concerns of States, and although its manifestations are diverse, illicit drug trafficking is one of the most typical and important activities. The objective of this research was to understand the criminal trajectories of all those arrested and reported by the Chilean Carabineros between 2004 and 2022 for drug trafficking, including recidivism, types of offenses, age/crime curve, career length, and level of versatility or specialization. The methodology used is longitudinal and retrospective. Of the 38,320 detainees and reported offenders, 85.2% were repeat offenders, accumulating a total of 340,937 offenses (M=8.8; SD=11.3; range: 1 to 291). 47.9% were multiple repeat offenders, committing six or more offenses. Their criminal careers began later than in common crime, and there was a greater prevalence of serious offenses. Specialization in drug offenses was high. Women are significantly involved in this type of crime and desist later. These drug traffickers come in different forms, which should be considered when implementing public policies.

Keywords: Organized crime; drug trafficking; drug trafficking; narco culture; criminal recidivism

Introducción

Como concepto el crimen organizado ha sido controvertido, dado que su definición cambia según los tipos de delitos, países y realidad sociohistórica (Calderoni et al., 2024). Así pese a su importancia y las consecuencias que genera no ha logrado aunar los acuerdos en una única definición o norma legal de carácter internacional, desde su origen a principios del siglo XX en Estados Unidos, pese al esfuerzo colaborativo entre Estados (Ilić, 2025; Paoli y Vander, 2014).

Aun así, existe coincidencia en la necesidad de incluir al menos dos aspectos centrales, que en algunos casos se describen como rivales o antagónicos y en otros complementarios. Estos corresponden a 1) Quién lo constituye: un conjunto de organizaciones jerárquicas o grandes empresas ilegales (industria) cuyos miembros participan sistemáticamente en el crimen (un tiempo prolongado o indefinido), y 2) Qué: se trata de actividades criminales graves desarrolladas organizadamente por sus integrantes con el fin de obtener y maximizar ganancias económicas y poder, tanto a nivel nacional como internacional, incluyendo diferentes formas de transferencias ilegales (por ejemplo, malversación, lavado, falsificación y otros tipos de fraude) (Paoli, 2017; Paoli y Vander, 2014).

La evolución del concepto también incluye otras definiciones como “delincuencia organizada”, “clanes familiares” y “mafias”, derivadas de la realidad cultural y política de los países (Jaraba, 2024; Paoli, 2017; Paoli y Vander, 2014). Por ejemplo: la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, 2004) utiliza el concepto de “grupo delictivo organizado” para referirse a un grupo estructurado de tres o más personas que existe durante cierto tiempo y que actúa concertadamente con el propósito de cometer uno o más delitos graves con miras a obtener, directa o indirectamente, un beneficio económico u otra ganancia de orden material, destacando así la gravedad del delito y la estructura de la organización.

Los integrantes del crimen organizado son poli delincuentes que se dedican a diferentes actividades como el tráfico de drogas, asociación ilícita, tráfico de migrantes, lavado y blanqueo de activos, tráfico de armas, secuestro, extorsión, además de incursionar en muchas otras formas de delincuencia no tradicionales (Ilić, 2025), como ocurre con las especies en peligro de extinción y el mundo digital, entre otras (Di Nicola, 2022; Natarajan et al., 2015). Aun así, el tráfico de drogas psicoactivas ilegales es la actividad más prototípica e importante del crimen organizado, dado que constituye el mercado ilegal más grande del mundo, que genera la mayor cantidad de ingresos e involucra la mayor participación de grupos y personas (Levi, 2015; May, 2017; Paoli, 2017; Popescu, 2018; Shammas et al., 2014).

Aun cuando el concepto de narcotráfico también es debatido, existe un mayor acuerdo en cuanto a que su definición debería incluir todas las acciones preparatorias de fabricación, incluidos los precursores y sustancias químicas esenciales, transporte, distribución de equipos, producción (cultivo y transporte), importación y exportación, así como comercio al por mayor (Paoli, 2017). El concepto de narcotráfico tiene una doble interpretación (restrictiva y amplia) como parte del crimen organizado. Si se considera conceptualmente la definición de crimen organizado en términos de organizaciones jerárquicas de grandes empresas ilegales, el tráfico de drogas ejercería un rol limitado porque no todas las organizaciones criminales corresponden a grandes empresas transnacionales; pero, por el contrario, si se considera la definición de crimen organizado en términos de actividades ilegales con fines de lucro, el tráfico ilegal de drogas, independientemente del tipo de actor involucrado, debe considerarse como una actividad del crimen organizado por excelencia (Paoli, 2017; Paoli y Vander, 2014).

En general la orientación delictual que adopta el crimen organizado permite dividir sus actividades en tránsito o comercio y extorsión o gobierno. El tránsito o comercio implica la participación de los delincuentes organizados en el comercio ilícito internacional de mercancías, como ocurre con el tráfico de drogas, mientras que las organizaciones que buscan adquirir el control sobre regiones o sectores económicos específicos asumen el papel de un “gobierno alternativo”, rondando la política y la economía legal (Calderoni et al., 2024).

Las tipologías subyacentes al narcotráfico son variadas dado que las organizaciones criminales adoptan una estructura congruente con su entorno incluyendo el mercado de oferta, el tipo de droga, la etnia de quienes participan en la distribución, el uso de la tecnología en la comunicación y la distribución, además de la presión legal que ejerce cada Estado (Natarajan et al., 2015). La globalización y los avances tecnológicos no solo amplían oportunidades, diversifican suministros, expanden las rutas y modifican los métodos de tráfico, sino que también han favorecido el surgimiento de organizaciones más pequeñas, ágiles y menos jerárquicas, aunque las organizaciones corporativas más grandes no han desaparecido (Natarajan y Belanger, 1998; Natarajan et al., 2015). Por ejemplo, el análisis de las redes delictivas de alto riesgo muestra que el 43 % de los grupos de delincuencia organizada en la Unión Europea están estructurados en torno a un grupo central, el 40 % se organizan jerárquicamente y el 17 % son redes menores sin mayores conexiones (Ilić, 2025). Estas diferencias también se expresan en la temporalidad de las asociaciones, así existen algunos grupos sólidamente mantenidos en el tiempo y otros con interacción o colaboración de corto plazo, sin vínculos estables que se dividen y se vuelven a unir a medida que surge la oportunidad (Paoli, 2017).

Conocer la existencia de diferentes tipologías permitiría adoptar las mejores decisiones preventivas y de intervención o tratamiento, dado que, si todos los narcotraficantes son iguales, las políticas públicas deberían operar bajo el supuesto de homogeneidad, mientras que si hay diferencias las políticas deberían adecuarse a cada caso (Vaughn et al., 2015). Por ejemplo, muchos narcotraficantes han experimentado una crianza deficiente, padres con adicciones y una relación temprana con compañeros que consumían sustancias; en cambio en otros, los procesos de marginación comenzaron en la edad adulta, relacionados con la pérdida del empleo y la ruptura de relaciones íntimas; o simplemente su historia de consumo los llevó a relacionarse activamente con el narcotráfico (Shammas et al., 2014).

Para Meneghini et al. (2023) las vías de reclutamiento marcan diferencias en las trayectorias criminales de este tipo de delincuente. Los reclutados tempranamente presentan un inicio delictivo precoz, un menor nivel educativo, delitos más graves en un período de tiempo más corto, adicciones, y una codelincuencia violenta más frecuente, siendo las principales motivaciones el deseo de aventura, excitación, una forma de impresionar a sus pares, además de presentar un sinnúmero de disfuncionalidades familiares, tal como ocurre con los delincuentes comunes iniciados tempranamente (SokalSka & Kotowska, 2022). Las personas reclutadas más tardíamente por el crimen organizado presentan una frecuencia criminal más prolífica y versátil, pero con menor vinculación a la violencia grave y sin problemas de adicciones, su motivación es más lucrativa (Meneghini et al., 2023). El ingreso tardío se vincula con el poder del dinero, dado que en su mayoría no tienen problemas familiares ni falta de educación, sino que consideran el delito como un buen negocio para ganar dinero (SokalSka & Kotowska, 2022).

Una de las divisiones tipológicas más simple del narcotraficante es la realizada por Desroches (2007) quien diferenció dos grandes grupos de criminales: el primero, conformado por los traficantes versátiles que se involucran en diferentes tipos de delito más el narcotráfico y por ello son poseedores de extensas carreras criminales; y el segundo constituido por criminales de negocio, los cuales son personas integradas socialmente que pueden tener trabajos legítimos, pero se encuentran insertos en la empresa ilegal de las drogas donde compiten por la cuota de mercado en un determinado territorio geográfico, relacionándose con un grupo reducido de personas de confianza elegidas de redes étnicas, parentesco y amistad. Esta delincuencia empresarial está controlada por un número relativamente pequeño de grandes sindicatos criminales, estrecha- mente organizados, con una clara división del trabajo, permanencia en el tiempo y control monopólico sobre los mercados ilícitos, además en general rechazan el uso de la violencia, pero operan en entornos en los que la corrupción y la violencia son herramientas disponibles.

Pearson y Hobbs (2001) describen la existencia de cuatro tipologías: importadores, mayoristas, traficantes del mercado medio y minoristas con roles intercambiables. Dorn et al. (2005) consideran la existencia de tres grupos los traficantes “político-militares” que operan en Estados fallidos y tienen objetivos políticos como ocurre en Oriente Medio, México y Colombia (Popescu, 2018), los “delincuentes empresariales o de negocios” impulsados por consideraciones financieras los cuales evitan lo más posible el riesgo y los “aventureros” que corresponden a personas que buscan excitación, riesgos y experimentar nuevas sensaciones. Shammas et al. (2014) encontraron que los “aventureros” eran in- dividuos aficionados, marginalizados, con historias tempranas de institucionalización, inclusión en pandillas y con historias tempranas de carencias afectivas y familiares, lo que a su vez facilita su captura y encarcelamiento.

Entre las tipologías más sólidas y completas se encuentra la propuesta por Natarajan y Belanger (1998) quienes identificaron una tipología bidimensional compuesta por las tareas realizadas y la estructura de las organizaciones de tráfico, coincidiendo con los dos componentes principales de la definición de crimen organizado (Paoli, 2017; Paoli y Vander, 2014). La tipología de Natarajan y Belanger surge a partir de las propuestas previas de Curtis (1996) que divide la estructura de las organizaciones en cuatro tipos diferentes (independientes, empresas familiares, empresas comunales y corporaciones), mientras que para las tareas realizadas utilizan la división propuesta por Johnson et al. (1992) identificando cuatro roles principales (productor/fabricante, importador/contrabandista, distribuidor mayorista y distribuidor regional). La solidez de esta tipología permitió incluso extenderla hacia otras formas de comercio ilegal o contrabando, incluyendo el de personas, armas y especies en peligro de extinción (Natarajan et al., 2015). Si además se incluyen a los vendedores de droga las tipologías varían considerablemente, ya que, hay vendedores que no participan en otros delitos, adictos que trafican para satisfacer su propio consumo y delincuentes comunes versátiles, también normalmente policonsumidores, con un denominador común: pertenecientes a grupos desfavorecidos (afroamericanos, hispanos, mujeres, sin estudios ni trabajo) (Vaughn et al., 2015).

Son innumerables los aportes que ha generado la Criminología del Desarrollo y del Curso de la Vida en torno a cómo la delincuencia se presenta en diferentes momentos de la vida de las personas, especialmente a través del uso de metodologías longitudinales, mostrando como la delincuencia en general surge desde la niñez, para alcanzar su máxima expresión en torno a la adolescencia temprana y tardía, mientras que solo en un grupo muy pequeño de crónicos y persistentes se mantienen cometiendo delitos a lo largo de todo el curso de la vida. Una de las herramientas más utilizadas para representar el número de delitos que se producen a lo largo de la vida de las personas, corresponde a la curva edad/delito, la cual permite apreciar concretamente que la máxima frecuencia criminal se produce entre los 14 y 18 años, para iniciar el desistimiento, generándose así la forma de la denominada curva tradicional (Piquero et al., 2007; Moffitt, 1993; Sampson, & Laub, 2003, 2005, 2016). No obstante, tales investigaciones han abordado principalmente la delincuencia común sin profundizar en la delincuencia más compleja como ocurre con el crimen organizado (Campedelli et al., 2021; SokalSka & Kotowska, 2022).

La trayectoria o carreras criminales no corresponden a una profesionalización del delito, sino que representan la secuencia longitudinal de delitos cometidos por un delincuente que tiene una tasa detectable de delitos durante algún período de su vida (Blumstein et al., 1986; Farrington, 2003; Piquero et al., 2007). La criminología del desarrollo y del curso de la vida aborda todo el paradigma de la carrera criminal, es decir, considera que la delincuencia se presenta en una secuencia longitudinal a través de la vida de las personas, incluyendo el estudio de la prevalencia, frecuencia y duración de esas conductas criminales a través de la vida de las personas, diferenciando el nivel de especialización o versatilidad delictual, e identificando a quienes desisten y a quienes se mantienen crónicamente cometiendo delitos durante todo el curso de sus vidas (Blumstein et al., 1986; DeLisi y Piquero, 2011; Piquero et al., 2007).

La duración de una carrera criminal es el período de tiempo que un delincuente se mantiene cometiendo delitos después de haberse iniciado en una carrera criminal activa (Rhodes, 1989). La frecuencia indica el número total de delitos cometidos por año por delincuentes activos, es decir, el número de delitos que se comenten en cada momento de la vida (Farrington, 2003; Farrington et al., 2016; Piquero et al., 2007). La especialización es la tendencia a cometer delitos del mismo tipo (Sullivan et al., 2009), para MacDonald et al. (2014), es la tendencia a repetir el mismo tipo de delito en varias ocasiones, mientras que la versatilidad o diversificación involucra la ausencia de esa tendencia, por lo que un autor se involucra en cualquier tipo de delito sin especializarse. En general los delincuentes son más versátiles que especializados, la versatilidad constituye la regla criminal general especialmente durante la juventud, aumentando la probabilidad de cierto grado de especialización solo a partir de los 20 años (Farrington, 2003; Piquero et al., 2007).

Algunas teorías como la de Gottfredson y Hirschi (1990) informan sobre la existencia de una muy baja especialización durante el transcurso de las carreras criminales, dado que el delito adopta un desarrollo desorganizado, mientras que otras como la taxonomía del desarrollo de Moffitt (1993), identifica cierto grado de especialización en aquellos delincuentes limitados a la adolescencia, período en donde predominan los delitos contra la propiedad, daños y drogas, mientras que por el contrario la versatilidad es mucho mayor entre los delincuentes persistentes a lo largo de todo el ciclo vital, los que además resultan ser los más violentos. En Chile, la evidencia longitudinal de hombres y mujeres detenidos por violencia doméstica letal y no letal, indica que la especialización criminal es muy baja (Valdivia-Devia et al., 2020, 2021, 2022; Valdivia-Devia y Ríos-Alvarado, 2023).

La mayoría de los estudios de trayectorias o carreras criminales requiere de datos longitudinales, es decir, se identifican los actos delictuales que se producen a lo largo de la vida de las personas, mediante el seguimiento prospectivo de cohortes previamente elegidos, no obstante la riqueza de los datos obtenidos a través de estas investigaciones, su elevado costo las hace inviables para algunas realidades, debiendo recurrir en su reemplazo a los seguimientos longitudinales retrospectivos, utilizando información oficial (denuncias, detenciones policiales, ingresos en prisión, condenas) y autoinformes. Ambas metodologías tienen limitaciones por ejemplo los autoinformes se ven afectados por problemas de memoria y ocultamiento (Farrington, 2003), mientras que los datos oficiales especialmente las condenas subestiman las carreras criminales, dado el sesgo restrictivo que se produce en los diferentes momentos de la persecución penal, no obstante y pese a que las denuncias y detenciones no garantizan la existencia de una futura condena, su uso con grandes muestras, seguidas durante mucho tiempo, minimizan el sesgo selectivo y entregan información muy cercana a la realidad (Farrington et al., 2014; Piquero et al., 2007, 1992; Valdivia-Devia et al., 2020, 2021, 2022; Valdivia-Devia y Ríos-Alvarado, 2023).

No obstante, la solidez de los hallazgos ampliamente aceptados en criminología del desarrollo y del curso de la vida, estos no pueden aplicarse directamente a las carreras criminales de los delincuentes del crimen organizado, si bien la mayoría de los delincuentes comienzan a delinquir a una edad temprana, las carreras criminales en el crimen organizado generalmente se caracterizan por un inicio tardío y la ejecución de delitos relativamente graves (Kleemans & Van Koppen, 2020). Un grupo importante de los integrantes del crimen organizado se inician cometiendo directamente delitos de ese tipo sin necesidad de tener un historial delictual previo (SokalSka & Kotowska, 2022), por lo mismo la mayor frecuencia criminal en el crimen organizado se alcanza alrededor de los 30 o 40 años (Kleemans et al., 2017; Van Koppen et al., 2010).

Entre las posibles causas de este ingreso tardío se puede mencionar la existencia de requisitos sociales, logísticos y organizativos propios del crimen organizado, los que no están presentes en la delincuencia común, con lo cual los delincuentes organizados pueden involucrarse sólo una vez que han desarrollado habilidades y competencias que les dan acceso a oportunidades de participación (Van de Bunt et al., 2014). El crimen organizado difiere de la delincuencia común de alta frecuencia, especialmente porque requiere de relaciones sociales que permitan el acceso a esas actividades delictivas altamente rentables, incluyendo vínculos transnacionales y logística que no tiene la delincuencia común, especialmente durante la niñez y la juventud, siendo más probable contar con esas condiciones en etapas más tardías de la vida (Van Koppen et al., 2010). Para el crimen organizado es fundamental contar con un entramado relacional o estructura de cooperación entre delincuentes (Diviák et al., 2020).

Por otra parte, la participación en delitos del crimen organizado es un punto de inflexión negativo en sí mismo, una vez que ingresan ya no pueden salir, extendiéndose las carreras criminales más allá de lo que ocurre con la delincuencia común (Campedelli et al., 2021). Por lo mismo, aunque los Estados inviertan mucho esfuerzo para hacer frente al crimen organizado, modernizando los sistemas de justicia e incrementando la gravedad de las penas, en la mayoría de los casos no se logran los resultados esperados (La Spina, 2014; Wadsworth et al., 2025). Por ejemplo: pese a la inhabilitación que ejerce la justicia penal sobre la mafia y el crimen organizado en Italia, una parte importante de los delincuentes mafiosos tienen trayectorias delictivas prolongadas y activas, con lo cual el ingreso a la mafia determina ese punto de inflexión negativo perjudicial y duradero que les impide desistir pese al castigo penal (Sampson y Laub, 2005). Por eso el desistimiento en el crimen organizado es tardío, resultando sus trayectorias criminales resistentes a lo largo de su vida, las cuales solo disminuyen bien entrada la edad adulta (Sampson y Laub, 2003). Según Campedelli et al. (2021) el desistimiento es más un efecto de la inhabilitación forzada (cárcel) que por la motivación real de dejar de cometer delitos.

La principal diferencia entre delincuencia común y crimen organizado se basa en la persistencia de las carreras criminales, extendidas hasta bien entrada la edad adulta media y tardía (Campedelli et al., 2021; Wadsworth et al., 2025). Pero no todos quienes participan en el crimen organizado son iguales, por ejemplo: Francis et al. (2013) encontraron en Reino Unido, a través del análisis de las carreras criminales de 3.360 delincuentes cinco trayectorias diferentes y sólo el 18% de la muestra mantiene la forma tradicional de la curva edad/delito, mientras que los restantes alcanzaron máximos a mediados de los 30 o más años. En Australia con una muestra de 3.262 delincuentes vinculados al crimen organizado de entre 20 y 42 años Morgan et al. (2018) encontraron tres trayectorias diferentes y aun cuando surgieron diferencias en la magnitud de las frecuencias, todas presentaron trayectorias extensas que se alejan de la forma tradicional de la curva.

El inicio de una carrera en el crimen organizado es diferente del inicio de una carrera delictual común (SokalSka & Kotowska, 2022; Van Koppen et al., 2010), aun así, Campedelli et al. (2021) consideran que tal como ocurre en la delincuencia común también los cambios que se producen en la vida de las personas influyen en el inicio, permanencia y cambios que se producen a nivel de crimen organizado, siendo uno de los más importante el reclutamiento familiar (Paoli, 2003). El reclutamiento familiar es una garantía de compromiso, lealtad y reduce el riesgo de traición (Kleemans & Van Koppen, 2020; Paoli, 2017). En Holanda los hijos de integrantes condenados por crimen organizado han presentado mayo- res niveles de riesgo de inicio y reincidencia criminal que aquellos hijos de delincuentes comunes (Van Dijk et al., 2018). Los vínculos familiares generan que las trayectorias criminales de los delincuentes del crimen organizado comiencen a partir del mismo lugar de nacimiento, donde se adquiere tempranamente la lógica y cultura del crimen organizado (Wang, 2017). Para Paoli (2003) la entrada en las mafias del crimen organizado es el resultado de un contrato de estatus que involucra la adquisición de identidad social, posición y membresía de por vida, donde el desistimiento espontáneo es algo excepcional y eventualmente castigado con la muerte. Por eso los factores que promueven el desistimiento para la mayoría de los delincuentes, como empleo, pareja y estudios, no tienen efecto en el crimen organizado (Kleemans & Van Koppen, 2020).

Entre los estudios contemporáneos destaca el trabajo realizado por Campedelli et al. (2021) quienes analizan la carrera criminal de 11.138 personas condenadas por delitos de mafias italianas ocurridos entre los años 1982 y 2017, con edades de entre 14 y 77 años de edad, responsables de un total de 178.427 delitos, además de todos los otros delitos cometidos desde el año 1941, encontraron que la edad media del primer delito común es relativamente baja (M=23,84 años) mientras que la edad media del primer delito de crimen organizado o mafia, se produce relativamente más tarde en la vida (M= 34,26 años). La curva edad/delito si bien presenta un incremento considerable entre los 14 y los 18 años, con su punto máximo a los 25 años, solo comienza a disminuir a partir de los 30 años, mientras que algunos se mantienen activos hasta la adultez tardía.

A diferencia de la delincuencia común las personas que se involucran en el crimen organizado pueden ser de diversos orígenes y niveles, especialmente cuando el vínculo se produce a partir de relaciones sociales específicas, o se requieren habilidades personales u oportunidades de tipo laboral, como sucede con la incorporación de profesionales como contadores, abogados, empresarios, funcionarios de aduana, políticos y policías (Kleemans et al., 2017; Morgan et al., 2018; Van Koppen y de Poot, 2013; Van Koppen et al., 2010). Además aun cuando se ejerzan las mismas actividades criminales se van a producir diferencias propias de la idiosincrasia de cada país donde se realiza el delito, por ejemplo: al comparar las trayectorias delictivas de los delincuentes organizados en Italia y los Países Bajos, la muestra italiana tenía una mayor tasa de delitos y un inicio más temprano en la actividad criminal, se involucran en más delitos violentos, y su curva de edad/delito creció rápidamente hasta alcanzar un máximo alrededor de los 30 años, para luego disminuir; en cambio, los delincuentes de la muestra holandesa mostraron un inicio más tardío, una mayor proporción de delitos relacionados con las drogas y la propiedad, mientras que su curva edad/delito mostró un aumento más lento, alcanzando su punto máximo entre los 35 y los 40 años, seguido también de un descenso más lento (Calderoni et al., 2024)

La mayoría de las investigaciones relacionadas con el crimen organizado muestran que los delincuentes del crimen organizado son predominantemente hombres (Campedelli et al., 2021). Históricamente a nivel mundial, las mujeres han sido marginadas con frecuencia en los discursos sobre el crimen organizado y se las suele retratar como agentes pasivos explotados por los hombres (Ropers, 2024). La brecha de género también se expresa en el crimen organizado, dado que las mujeres tienen menos probabilidades de participar en las redes criminales, los hombres resultan ser responsables de más delitos que las mujeres y aquellas que participan de este tipo de delito realizan funciones menores, con posiciones sin poder o de baja importancia (Diviák et al., 2020). Se reconoce también que la participación de las mujeres en actividades delictivas organizadas, como pandillas callejeras, mafias y mercados transnacionales ilegales, incluyendo la trata de personas, el tráfico de personas y el narcotráfico, es un tema importante, aunque poco estudiado (Selmini, 2020).

La imagen estereotipada de las mujeres como víctimas, objetos sexuales y actores pasivos en las redes del crimen organizado pareciera ir quedado obsoleta a partir de principios del siglo XXI, no obstante, se requiere más investigación empírica y modelos teóricos para comprender mejor los intrincados y diversos roles de las mujeres (Arsovska & Allum, 2014). También existe evidencia que relaciona a las mujeres integrantes del crimen organizado no solo con funciones secundarias y subordinadas, sino que con mando y poder activo (Selmini, 2020). Los roles ejercidos por mujeres en el crimen organizado son variados, incluyendo mensajeras, ejecutoras y directivas, las cuales llegan a asumir el liderazgo cuando sus esposos o parejas son encarcelados (Arsovska & Allum, 2014). Las mujeres que ingresan al mundo del delito tendrían más vulnerabilidades que sus pares varones, incluyendo aspectos individuales y sociales, que llevan a que sus carreras criminales sean más graves, después de enfrentar tempranamente experiencias de abandono, victimización sexual y física, trastornos de personalidad, violencia de género, y consumo problemático de drogas (Valdivia-Devia et al., 2019, 2022).

Si bien en algún momento se pensó en la existencia de un incremento súbito en la participación de las mujeres en el mundo criminal aparentemente su presencia ha estado siempre, tanto como miembros y como líderes de organizaciones criminales en todo el mundo en diversos períodos de la historia, pero su visibilidad estará más relacionada con el crecimiento y la fluidez de las oportunidades transnacionales, con nuevos mercados y clientes, así como la atractiva imagen proyectada por la riqueza y el poder del mundo criminal organizado (Siegel, 2014). También el poder de las mujeres se puede expresar indirectamente, por ejemplo en Alemania las mujeres vinculadas al crimen organizado de clanes familiares y mafias, desempeñan roles cruciales, que pueden pasar desapercibidos para la policía, ya que su función es moldear el comportamiento de sus hijos, incitarlos activamente a participar en actividades delictivas o transmitir normas y roles criminales a través de la socialización, además se involucran en delitos secundarios como el blanqueo de capitales y el fraude financiero (Jaraba, 2024).

Considerando en general todo lo descrito y en particular que ni en Chile, ni a nivel latinoamericano, existe evidencia que permita conocer cómo transcurren las trayectorias criminales de hombres y mujeres vinculados al crimen organizado, el objetivo de esta investigación fue identificar a todos los detenidos y denunciados por Carabineros de Chile, por el delito de tráfico ilícito de drogas a nivel nacional entre los años 2004 y 2022, vinculando ese delito base (primer delito por tráfico ilícito de drogas) con todos los otros delitos que figuran en las bases de datos de Carabineros entre los años 2004 y 2022, con el fin de conocer las diferentes dimensiones de las carreras criminales de estas personas, incluyendo reincidencia/frecuencia criminal, tipos de delitos, curva edad/delito, duración de la carrera y el nivel de versatilidad o especialización que presentan estos delincuentes. Se considera el delito de tráfico ilícito de drogas por ser una de las actividades más prototípicas e importantes del crimen organizado (Levi, 2015; May, 2017; Paoli, 2017; Popescu, 2018; Shammas et al., 2014).

Metodología

Para este estudio se identificaron a 38.320 personas, correspondientes a todos los detenidos y denunciados (98,7% detenidos y 1,3% denunciados) por el delito de tráfico ilícito de drogas, según la tipificación realizada por Carabineros de Chile a nivel nacional, entre los años 2004 y 2022, al momento de elaborar el parte policial. De este total, un 58,9% fue clasificado bajo la categoría general de tráfico ilícito de drogas, un 19,6% por tráfico ilícito de marihuana, un 13,4% por tráfico ilícito de pasta base, un 7,8% por tráfico ilícito de cocaína y un 0,3% por tráfico ilícito de éxtasis, LSD, hachís o heroína.

Al momento de ser detenidos o denunciados por el primer delito de tráfico de drogas (delito base) tenían entre 14 y 87 años (M=28,2; DS=12), solo un 8% tendría 18 o menos años en ese momento. Un 24,3% son de género femenino (n=9.312) y 75,7% masculino (n=29.008). Un 99,1% son chilenos, 0,8% extranjeros (303) y 0,1% no tiene datos. Un 63,8% está cesante, no tiene profesión o sólo ha desarrollado oficios menores, 21,7% es empleado o profesional y un 14,5% no tiene datos. Un 65,6% tiene estudios medios, un 26% estudios básicos, un 4,6% superiores, un 0,1% analfabeto y un 3,3% no tiene datos. El 76,7% es soltero/a, un 19,1% está casado/a y un 4,2% no tiene datos. Sólo un 1,8% se encontraba bajo el efecto del alcohol o las drogas (399 bajo influencia de drogas, 184 bajo influencia de alcohol y 97 en estado de ebriedad).

El diseño corresponde a una investigación longitudinal retrospectivo (Gordis, 2005). Se identificaron todos los autores detenidos y denunciados entre los años 2004 y 2022 por el delito de tráfico ilícito de drogas a nivel nacional por Carabineros de Chile.

Para identificar y categorizar el delito de tráfico ilícito de drogas se han considerado todas las categorías del sistema de “Automatización Policial (AUPOL)” de Carabineros de Chile, lo que incluye una categoría general de tráfico ilícito de drogas, tráfico ilícito de marihuana, tráfico ilícito de pasta base, tráfico ilícito de cocaína y tráfico ilícito de éxtasis, lsd, hachís o heroína, excluyéndose así toda referencia a la existencia de microtráfico (pequeñas cantidades destinadas presumiblemente al uso o consumo personal exclusivo y próximo en el tiempo).

Una vez identificados los participantes se han recopilado todos sus otros antecedentes delictuales existentes en los sistemas informáticos de Carabineros entre 2004 y 2022, considerando tanto detenciones como denuncias, por un delito similar u otro diferente. Esta investigación ha sido aprobada por el Comité Ético Científico de la Academia de Ciencias Policiales de Carabineros de Chile y el tratamiento de los datos fue ejecutado bajo las normas de la ley chilena.

El concepto de reincidencia incluye toda detención y denuncia policial practicada por Carabineros de Chile entre los años 2004 y 2022. Si bien una detención no garantiza la responsabilidad penal, el uso de detenciones en lugar de condenas minimiza el sesgo restrictivo del sistema penal y evita la subjetividad de los autoinformes (Farrington, 2003; Farrington et al., 2014). La evidencia con agresores de violencia contra la pareja letales y no letales ha mostrado la utilidad y validez de los datos policiales para el estudio de las trayectorias criminales (Valdivia-Devia et al., 2020, 2021, 2022; Valdivia-Devia y Ríos-Alvarado, 2023).

Las reincidencias fueron agrupadas en 8 tipos de delitos, empleando las divisiones más utilizadas en la investigación criminológica general (Piquero et al., 2007) y en el estudio de trayectorias de detenidos y denunciados en Chile (Valdivia-Devia et al., 2020, 2021, 2022; Valdivia-Devia y Ríos-Alvarado, 2023), quedando constituidas por: 1) otros delitos y faltas (daños, comercio ambulante, desordenes, ebriedad, propiedad intelectual, y otras infracciones menores), 2) delitos contra la propiedad (diferentes tipos de robo sin violencia ni intimidación, abigeato, apropiación indebida y diversos tipos de hurto), 3) delitos violentos (amenazas, delitos sexuales, lesiones, robo con violencia o intimidación, homicidio en sus diferentes tipos, incendio, disparos y porte de armas, riñas, secuestros y aborto, entre otros), 4) contra la seguridad vial (faltas y delitos), 5) drogas (consumo, tráfico y microtráfico, porte de diversos tipos de drogas), 6) violencia doméstica, 7) órdenes judiciales (detención por una causa penal pendiente, no especificada en las bases de datos), 8) delitos económicos (falsificación de documentos, estafa, giro doloso de cheques, entre otros).

Para el análisis de datos se han calculado medidas de tendencia central y dispersión, entre ellas distribución de frecuencias, porcentajes, media y desviación estándar. Para el procesamiento de los datos se utilizó el paquete estadístico IBM SPSS® versión 23.0 para Windows. Las curvas edad/delito se representan con líneas continuas en lugar de gráficos de barras, replicando otros estudios longitudinales (Piquero et al., 2007; Valdivia-Devia y Ríos-Alvarado, 2023).

Resultados

El 85,2% (n=32.618) del total de 38.320 personas detenidas y denunciadas por Carabineros de Chile por el delito de tráfico ilícito de drogas entre los años 2004 y 2022, reincidieron en al menos un nuevo delito (véase Tabla 1). En conjunto, acumularon un total de 340.937 delitos, lo que equivale a un promedio de 8,8 delitos por persona (DS=11,3; rango de 1 a 291 delitos). Asimismo, un 47,9% de estas personas son clasificadas como poli-reincidentes, al registrar 6 o más delitos, además del delito base, durante los 18 años de seguimiento. Por el contrario, solo un 14,8% (n=5.702 personas) no presentaron otras reincidencias fuera del delito inicial por el cual fueron identificados.

Tabla 1 Reincidencias por tipo de delito (n=340.937 delitos) 

Tipo de reincidencia Porcentaje
Delitos de drogas 27,7
Otros delitos y faltas 19,4
Contra la propiedad 19
Órdenes judiciales 13,8
Delitos violentos 13,7
Delitos de violencia doméstica 4,6
Contra la seguridad vial 1,2
Delitos económicos 0,6

En la figura 1 se observa la curva edad/de- lito general de toda la muestra (n=38.320 personas) distribuyendo el total de los delitos cometidos entre los años 2004 y 2022 (n=340.937) según la edad de los autores (entre 7 y 90 años). Se presenta el total de los delitos acumulados en cada momento de la vida de estas personas. La curva edad/delito muestra un marcado incremento de la actividad criminal a partir de los 11 años, magnitud que aumenta progresivamente hasta alcanzar una máxima frecuencia a los 20 años (n=13.245 delitos) y mantener cierta constancia los siguientes dos años, comenzando recién a disminuir a partir de los 23 años, desde donde se inicia un desistimiento progresivo, constituyéndose el período de entre los 20 y 23 años en el de mayor frecuencia criminal de este grupo de personas.

Figura 1 Curva general edad/delito de toda la muestra (n=38.320 personas) y la distribución del total de los delitos según edad (n=340.937 delitos) entre los años 2002 y 2022 

En la figura 2 se presenta la curva edad/delito de las personas de género femenino (n=9.312) a partir de los delitos cometidos entre los 8 y 90 años. La curva muestra un importante incremento en el total de delitos a partir de los 11 años, para alcanzar un primer máximo a los 24 años (n=1.858 delitos), disminuyendo levemente hasta los 26 años y comenzar nuevamente a incrementarse y alcanzar la máxima frecuencia criminal a los 27 años (n=1.883 delitos), para comenzar a desistir escalonadamente.

Figura 2 Curva general edad/delito de las personas de género femenino (n=9.312 personas) y la distribución del total de los delitos según edad (n=13.413 delitos) 

En el tercer caso la figura 3 presenta la curva edad/delito de las personas de género masculino (n=29.008) a partir de los delitos cometidos entre los 7 y 90 años. La curva también muestra un importante incremento en el total de delitos a partir de los 11 años, para alcanzar un primer máximo a los 18 años (n=11.138 delitos), disminuyendo levemente hacia los 19 años para volver a incrementarse y alcanzar la máxima frecuencia a los 20 años (n=11.470 delitos) describiendo una pequeña meseta hasta los 23 años desde donde inicia el desistimiento.

Figura 3 Curva general edad/delito de las personas de género masculino (n=29.008 personas) y la distribución del total de los delitos según edad (n=327.524 delitos) 

En relación con la duración de las carreras analizadas a través de los 18 años de seguimiento, se encontró que esta población presenta un promedio de 4,7 años de extensión de sus carreras criminales (Ds=3,4, rango de 1 a 18 años). Un 66,6% se ha mantenido cometiendo delitos entre 1 y 5 años, mientras que el 44,4% restante ha participado en delitos entre 6 y 18 años.

Un 20,2% (7.733 personas) cae bajo la categoría de especialistas, participando en un único tipo de delito de tráfico ilícito de drogas (tabla 2), acumulando un total de 10.980 delitos (solo 3,2% del total) con un promedio de 1,42 delitos (Ds=0,9 y un rango de 1 a 20 delitos, tabla 3) y carreras que se extienden entre 1 y 8 años (tabla 4). Un 43,5 de los especialistas corresponde a personas de género femenino, incluyendo además a 166 extranjeros los que equivalen al 54,8% del total de los no nativos (62 de Colombia, 27 de Venezuela, 21 de Bolivia, 5 de Haití, 4 de Argentina, 4 de Perú, 3 africanos, 2 de Ecuador y 38 de otras no definidas). El 79,8% restante corresponden a delincuentes versátiles responsables de diferentes tipos de delitos que cometieron entre 2 y 8 tipos de delitos diferentes, independientemente del total de los delitos que hayan realizado.

Tabla 2 Especialistas en tráfico ilícito de drogas (n=10.980 delitos) 

Tabla 3 Total delitos especialistas (rango 1 a 20 delitos) 

Tabla 4 Longitud de carrera especialistas en años (n=7.733) 

Discusión

A través de este trabajo se identificó a 38.320 personas detenidas y denunciadas por tráfico ilícito de drogas por parte de Carabineros de Chile, a nivel nacional entre los años 2004 y 2022, analizando longitudinalmente cómo se presentan las principales dimensiones de sus carreras criminales (reincidencia/frecuencia criminal, tipos de delitos, curva edad/delito, duración de la carrera y el nivel de versatilidad o especialización). Este tipo de investigación longitudinal retrospectivo es inédito a nivel latinoamericano, al no existir datos sobre las carreras criminales de integrantes del crimen organizado con esta cantidad de participantes y 18 años de seguimiento, trabajos que también son escasos a nivel internacional (Campedelli et al., 2021; SokalSka & Kotowska, 2022)

Al considerar la edad del primer delito de tráfico de drogas cometidos por esta población solo un 8% del total tendría 18 años o menos y por el contrario el promedio de edad total es cercano a los 30 años, mientras que solo un 1,8% habría actuado bajo el efecto del alcohol o las drogas al momento del delito, características propias de una vía de reclutamiento tardío (Meneghini et al., 2023; SokalSka & Kotowska, 2022), no obstante, este grupo presenta un bajo nivel de estudios y la mayoría carece de una profesión, lo que por el contrario, es más característico de grupos delictuales de inicio temprano (Piquero et al., 2007; Farrington et al., 2014). Por su parte, si bien una de las particularidades del crimen organizado es su naturaleza transnacional (Ilić, 2025) la presencia de extranjeros resultó ser muy baja (0,8% del total), no obstante, más de la mitad de los extranjeros cumplen con los requisitos para ser considerados como especialistas en tráfico ilícito de drogas.

Solo un 14,8% de la población no presenta ninguna otra reincidencia fuera del delito base por el cual fueron identificados inicialmente (tráfico ilícito de drogas), lo que muestra el poco efecto disuasorio que tienen las sanciones legales impuestas por el sistema de justicia penal (Paternoster, 2019), incluyendo detenciones y aumento de penas (Campedelli et al., 2021; La Spina, 2014; Sampson y Laub, 2005). Entre otras causas, la alta reincidencia en el crimen organizado se podría explicar por el efecto del reclutamiento basado en la cercanía, afinidad o vínculos familiares, lo que fomenta una identidad o cultura antisocial que imposibilita el desistimiento espontáneo y fortalece el compromiso delictual (Kleemans & Van Koppen, 2020; Paoli, 2003, 2017; Van Dijk et al., 2018; Wang, 2017).

Si se considera que la proporción de reincidencias vinculadas a drogas (consumo, tráfico y microtráfico) resultó ser relativamente alta (27,7%) y los delitos violentos corresponden a una cantidad importante, las reiteraciones graves serían cercanas a la mitad del total de los delitos, lo que es bastante mayor a lo encontrado en otras investigaciones longitudinales en Chile (Valdivia-Devia et al., 2020, 2021, 2022; Valdivia-Devia y Ríos-Alvarado, 2023). La gravedad y la alta frecuencia son características propias de las carreras multireincidentes en crimen organizado (Ilić, 2025), por lo que el tráfico ilegal de drogas en Chile constituiría una actividad del crimen organizado por excelencia (Paoli, 2017; Paoli y Vander, 2014), independientemente de que este tipo de delincuente sean considerados como empresas criminales o grupos minoristas ocasionales y de corta duración (Pearson y Hobbs, 2001).

El ingreso tardío al tráfico ilícito de drogas pudiera estar condicionado por los requisitos propios de este tipo de delito (Diviák et al., 2020; Van de Bunt et al., 2014; Van Koppen et al., 2010) y constituir un punto de inflexión negativo en sí mismo, que extiende las carreras criminales más allá de las observadas en los delincuentes comunes (Campedelli et al., 2021). Para Paoli (2003) el contrato que da el estatus de criminal organizado modifica los roles sociales y psicológicos de un individuo, transformando su identidad, generando un nuevo yo o guion que impide el cambio, subyugándolo al rol de criminal organizado (Campedelli et al., 2021; Sampson y Laub, 2005). La curva edad/delito pese a ser más tardía que la tradicional es anterior a la curva descrita para el crimen organizado a nivel internacional, cuyos máximos se producen entre los 30 y 40 años (Campedelli et al., 2021; Calderoni et al., 2024; Francis et al., 2013; Morgan et al., 2018; Van Koppen et al., 2010). Al analizar las diferencias en la curva edad/delito por género, la de género femenino presentó una máxima frecuencia criminal a los 27 años, mientras que el máximo en la de género masculino se da a los 20 años, acercándose más a la forma comúnmente denominada como tradicional. Esta persistencia criminal extendida en las mujeres se podría explicar posiblemente por la mayor presencia de deficiencias o vulnerabilidades personales y sociales que hacen que las carreras criminales femeninas sean más graves que las masculinas (Valdivia-Devia et al., 2019, 2022).

La longitud de las trayectorias criminales de los reincidentes en su mayoría no supera los 5 años, aun cuando un grupo no menor (44,4%) tiene carreras que se extienden entre 6 y 18 años, es decir un grupo muy importante de personas se vincula sistemáticamente al delito durante un tiempo bastante prolongado, como ocurre con el crimen organizado de empresas criminales (Paoli, 2017; Paoli y Vander, 2014).

Si bien en esta investigación no se cuenta con información que permita diferenciar estructuras ilegales empresariales de grupos criminales menores, el total de especialistas en tráfico ilegal de drogas resultó ser muy alto si se compara con los especialistas encontrados en otros seguimientos longitudinales relacionados con delincuencia común y violencia doméstica en Chile (Valdivia-Devia et al., 2020, 2021, 2022; Valdivia-Devia y Ríos-Alvarado, 2023), es decir existe un grupo importante de personas que participan sistemáticamente en este tipo de delito, con un rango no menor que va entre 1 y 20 delitos del mismo tipo durante los 18 años de seguimiento, constituyéndose así en posibles miembros activos y estables de este tipo de crimen organizado, lo que resultaría compatible con la tipología de tipo empresarial o de negocio criminal (Desroches, 2007; Dorn et al., 2005; Natarajan y Belanger,1998; Paoli, 2017; Paoli y Vander, 2014).

Los delincuentes versátiles se involucraron entre 2 y 8 tipos de delitos diferentes, independientemente de las frecuencias totales, lo que los caracteriza más bien como aventureros, motivados más que por el lucro de una empresa criminal, por la búsqueda de riesgos y aventuras, posiblemente con una historia de carencias tempranas que explicaría el bajo nivel educacional y la precariedad laboral encontrada en la mayoría (Dorn et al., 2005; Shammas et al., 2014). Si bien los delincuentes especialistas en narcotráfico presentarían características comunes, la versatilidad de los demás indicaría que no todos son iguales, diferencias que deberían considerase al momento de implementar políticas públicas (Vaughn et al., 2015)

Por su parte, la alta proporción de mujeres involucradas en este tipo de delito (24,3%), duplica la proporción de mujeres atendidas en los diferentes sistemas del medio penitenciario chileno (11,3%, Gendarmería de Chile, 2025), sumado al alto nivel de especialización (43,5%), indicaría que este grupo no tendría solo una participación minoritaria como se ha descrito (Arsovska & Allum, 2014; Campedelli et al., Diviák et al., 2020; 2021; Ropers, 2024; Selmini, 2020). Por el contrario, las mujeres especialistas solo se han vinculado al tráfico de drogas, con lo cual su participación podría estar más relacionada con roles de poder activo al interior de los grupos criminales (Arsovska & Allum, 2014; Selmini, 2020; Siegel, 2014) que con una participación periférica o secundaria (Jaraba, 2024).

El crimen organizado no solo responde a la influencia de las manifestaciones reales del delito, sino que evoluciona ante los cambios en las políticas implementadas para enfrentar esas expresiones, incluidas las representaciones que se generan a través de los medios de comunicación, las influencias políticas y las dinámicas sociales, por lo que no basta contar con normas legales para controlar este tipo de delito, sino que se requiere del compromiso de todos los actores, con el fin de evitar especialmente que estas organizaciones criminales lleguen a generar gobiernos alternativos, penetrando la política y la economía legal, espiral del cual resulta difícil retornar (Calderoni et al., 2024; Ilić, 2025).

Conclusiones

Los resultados obtenidos en este estudio son consistentes con la evidencia previa que describe las trayectorias criminales vinculadas al crimen organizado como caracterizadas por un inicio tardío, la comisión de delitos graves, una alta frecuencia criminal, carreras extensas y un mayor grado de especialización, en comparación con la delincuencia común. Este fenómeno está influido, en parte, por el predominio de estructuras organizativas tipo empresarial o de negocio criminal. Es decir, un grupo importante de este tipo de delincuentes, incluyendo al 20% de los especialistas, no se han adscrito a los patrones de descontrol o impulsividad característicos de la delincuencia juvenil, dado que posiblemente consideran el delito de narcotráfico como un buena empresa o negocio para ganar dinero, lo que los lleva a mantenerse de manera estable en esta actividad ilegal, intentando aparentar legitimidad. Identificar a este tipo de delincuente, diferenciándolos de los versátiles es relevante para la teoría criminal y la práctica. En la teoría se verifique existen diferentes tipos de delincuentes independientemente del vínculo delictual (cometer un mismo delito de manera estable u ocasionalmente, inicio temprano o tardío, etc.), mientras que para la práctica este grupo de delincuentes empresariales o de negocios, debieran ser el objetivo prioritario de la persecución penal, dado que el desistimiento será muy poco probable e incluso muchos de ellos, podrían llegar a ocupar posiciones de liderazgo en el crimen organizado (Kleemans et al., 2017; Kleemans & Van Koppen, 2020; SokalSka & Kotowska, 2022; Van Koppen et al., 2010). Además, resulta relevante el efecto criminógeno que se produce por parte de este tipo de delincuente sobre sus propios hijos y familiares, al constituir un estilo de vida que tiende a perpetuar el crimen de manera transgeneracional (Van Dijk et al., 2018).

El nivel de reincidencia resultó ser especialmente elevado (85,2%), además casi el 50% de los reincidentes presentan reiteraciones múltiples o poli-reincidencias con 6 o más delitos, frecuencia que también ha sido encontrada en delincuencia común en Chile (Valdivia-Devia et al., 2020, 2021, 2022; Valdivia-Devia y Ríos-Alvarado, 2023), aunque resulta ser mayor a la descrita en otras investigaciones (Farrington et al., 2014; Moffitt, 1993; Piquero et al., 2007; Sampson, & Laub, 2003, 2005, 2016). La alta frecuencia criminal podría ser explicada por la motivación lucrativa del delito y por eso, los delincuentes se mantienen cometiendo muchos delitos hasta después de los 30 o 40 años (Kleemans et al., 2017; Meneghini et al., 2023; Van Koppen et al., 2010). También se debe considerar que el narcotráfico requiere de redes y logística que no están disponibles para los delincuentes juveniles, pero que se pueden desarrollar a través del paso de los años y la experiencia criminal (Van Koppen et al., 2010).

La curva edad/delito general es tardía dado que alcanza su mayor frecuencia entre los 20 y 23 años, a diferencia de la denominada forma tradicional, cuyos máximos se deberían haber presentado entre los 14 y 18 años (Moffitt, 1993; Piquero et al., 2007; Sampson & Laub, 2003, 2005, 2016). En cuanto a la duración de las trayectorias criminales es necesario considerar que el crimen organizado incluye tanto la participación de organizaciones empresariales ilícitas estables, sólidamente establecidas y mantenidas durante mucho tiempo, como la inclusión de otros grupos menores sin vínculos que se dividen y se vuelven a unir a medida que surge la oportunidad (Paoli, 2017; Paoli y Vander, 2014).

La evidencia indica que en este tipo de delito se desarrollaría una narcoidentidad y un estilo simbólico propio, por lo que las penas de prisión no serían suficientes para generar cambios, debiendo utilizarse políticas de intervención destinadas a modificar o reprogramar su cultura, la estructura socioeconómica, los valores y los vínculos de esa narcocultura (Campbell & Hansen, 2012). El desistimiento de los delincuentes pertenecientes al crimen organizado, más allá del castigo penal, difiere de aquel que se pudiera producir en la población delictiva en general, al requerir de cambios profundos en su identidad a través del tratamiento de adicciones, cambios en la autoimagen, motivación interna y la promoción de relaciones prosociales, mientras que por el contrario, la mantención de las redes delictivas durante la condena en prisión, fortalecen sus nexos e impiden cualquier intento de cambio (Lootens-Stael et al., 2024; Wadsworth et al.,2025).

Entre las limitaciones que presenta esta investigación se encuentra que las detenciones y denuncias policiales no involucran responsabilidad penal, aun así, deberían ser datos más representativos de la realidad que las condenas. En este caso no se controló el efecto inhabilitante de las posibles penas de prisión, detenciones practicadas por otra policía, salidas del país o fallecimiento de los participantes, lo que pudo afectar la reincidencia. Falta analizar los tipos de delito que se producen antes y después del involucramiento en el crimen organizado (escalada/desescalada), así como su relación con el inicio y el desistimiento. En este caso el seguimiento se inicia después de identificar a los autores de tráfico ilícito de drogas, por lo que sería conveniente identificar a personas responsables de otros delitos de crimen organizado, incluyendo cohortes de nacimiento y evaluar el impacto que generan las modificaciones legales sobre la magnitud de la frecuencia criminal.

Aun cuando existen detenidos extranjeros se debería analizar la evolución de las detenciones practicadas por la Policía de Investigaciones de Chile, al ser la institución encargada de todos los temas de extranjería en el país. De igual modo resta conocer cómo las tecnologías de comunicación en línea están transformando las carreras criminales de este tipo de delincuencia, especialmente ante el criptomercado o mercado lícito en línea.

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Para citar este artículo/To reference this article/Para citar este artigo: Valdivia, M. (2025). Reincidencia y trayectoria criminal del crimen organizado en Chile. Narcotraficantes, seguimiento longitudinal años 2004-2022. Revista Logos Ciencia & Tecnología, 17(2), 10-31. https://doi.org/10.22335/rlct.v17i2.2123

Proyecto de investigación: El presente artículo se deriva del proyecto de investigación titulado Fondecyt Regular N°1210489 y Fondecyt Regular N°1220231

Fuente de financiación: Financiados por el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico de Chile.

Recibido: 05 de Abril de 2025; Revisado: 09 de Junio de 2025; Aprobado: 01 de Julio de 2025

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