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Revista Interamericana de Bibliotecología

Print version ISSN 0120-0976

Rev. Interam. Bibliot vol.32 no.1 Medellín June 2009

 

El gaucho en Uruguay y su contribución a la literatura

 

The Gaucho in Uruguay and its contribution to literature

 

 

Pablo Lacasagne*

 

* Licenciado en Ciencias Históricas. Profesor Adjunto en la Escuela Universitaria de Bibliotecología y Ciencias Afines. Montevideo, Uruguay. biblos.documenta@gmail.com

 

 


Resumen

Este trabajo intenta dar a conocer la aparición del gaucho en el Uruguay del siglo XVIII y su aporte a la literatura de este país. En este territorio, llamado en la época colonial Banda Oriental, donde la frontera entre dos imperios no siempre estuvo bien delimitada, surge un grupo humano vinculado a las tareas pastoriles y sobre todo a la actividad comercial en esa frontera con el Brasil. Fue un grupo humano que se caracterizó porque hizo un culto de la libertad, por su aspecto temible y su actitud a veces temeraria. Tuvo una forma peculiar de vestirse así como fama de ser alegre y conversador. Sus canciones y narraciones, transmitidas de generación en generación, dieron lugar a la aparición de una literatura que llegó al libro una vez que la imprenta ingresó y se expandió en el país.

La literatura gauchesca muchas veces nos permite reconstruir la forma de vida y los valores del primitivo poblador errante de nuestras praderas. Debemos indicar que muestra no solamente la visión del gaucho sobre sí mismo, ya que una vez que el libro oral se transforma en libro escrito y sobre todo a fines del siglo XIX, la visión de esta literatura cambia y comienza a expresar la imagen que tienen del gaucho las clases cultas y dirigentes del país.

Palabras clave:Uruguay, historia, testimonios de los viajeros, literatura guachesca

Cómo citar este artículo: LACASAGNE, Pablo. El gaucho en Uruguay y su contribución a la literatura. Revista Interamericana de Bibliotecología. Ene. –Jun. 2009, vol. 32, no. 1; p. 173–191.

 


Abstract

TThis paper attempts to present the appearance of the gaucho in eighteenth century Uruguay and his contribution to the literature of this country. In this territory, known in colonial times as Banda Oriental, where the frontier between two empires was not always well defined, emerged a group of people linked to the pastoral work and especially their trade at the border with Brazil. This was a group of people characterized by their cult of liberty, for their fearsome appearance and their sometimes reckless attitude. They had a particular way of dressing, as well as fame for their joy and conversation. Their songs and stories, passed down from generation to generation, led to the emergence of a literature that reached the book once the printing press came and expanded in the country.

Gaucho literature often allows us to reconstruct the lifestyle and values of the original wandering inhabitants of our meadows. We must point out that it shows not only the gaucho's view of himself but once the oral book is transformed into written book in the late nineteenth century, it began to express the image of the educated and ruling classes of the country had of the gaucho.

Key words:Uruguay, history, testimonials of the travelers, Gaucho poetry,

How to cite this article: LACASAGNE, Pablo. The Gaucho in Uruguay and its contribution to literature. Revista Interamericana de Bibliotecología. Jan. – Jun. 2009, vol. 32, no. 1; p. 173–191


 

 

Introducción

El Uruguay fue un territorio colonizado en forma tardía por España. Los portugueses se anticiparon al fundar, en el año 1680, la Colonia del Sacramento, sobre el Río de la Plata, en un lugar muy estratégico. Posteriormente comenzó el proceso colonizador de Montevideo con la finalidad de castellanizar la región y establecer una marca segura en la frontera entre los dominios de España y los de Portugal. También comenzaron las luchas por la posesión de la ciudad de Colonia, ubicada frente a Buenos Aires y a la entrada de los grandes ríos de la región. Estaba en juego el dominio del Río de la Plata.

Además de la colonización emprendida por los países ibéricos comenzaron a aparecer en el territorio de la Banda Oriental, bastante más extenso que el Uruguay actual, grupos de desertores del ejército o fugitivos, que se relacionaron con los indios. A este grupo de hombres se les agregaron marinos desertores o sobrevivientes de naufragios, lo que explica el origen de muchos términos propios de la marina incorporados al lenguaje de aquella época.

En este territorio, que será escenario constante de enfrentamientos entre los dos imperios aparece, a partir de este grupo de hombres, el gaucho. El término gaucho, para algunos autores como Paul Groussac, proviene del portugués gauderio. Este término viene del latín, gaudere: alegrarse, estar contento, satisfecho, alegre. Para otros autores, como Vicente Rossi, proviene del guaraní ''huachu'' y de allí huacho y gaucho.

El origen racial del gaucho se debe buscar en la mezcla de estos ''gauderios'' errantes, de origen europeo o criollo, con las mujeres indígenas, un grupo humano que habita las llanuras y es original de nuestro territorio.

Es de interés sondear en aquellos actores de nuestra historia que nos diferencian de los demás pueblos, y en el caso del gaucho, interpretar algunos de sus aportes a la cultura del Uruguay.

En el siglo XVIII la subsistencia estaba garantizada para los escasos habitantes de la Banda Oriental, gracias al desarrollo pecuario de la región, pero el país imponía a los pobladores de su campaña el duro ejercicio de las faenas de campo.

Las grandes manadas de ganado poblaban la campaña agreste, la extensa pradera. A veces, la quietud del campo se veía interrumpida por la brusca estampida del ganado o por el ladrido de los perros cimarrones. Otras, en cambio, en la tranquila soledad del día, se sentía sólo el canto de los pájaros, el golpear del mar entre las rocas, el suave rumor de la brisa moviendo la copa de los árboles.

El gaucho fue visto como un hombre adaptado a esta realidad pastoril y caudillesca, un gran jinete y un hombre feliz, que disfrutaba de su libertad. No obstante, su imagen fue cambiando en la interpretación que de él y de sus hábitos y canciones hacía el hombre de la ciudad, y sobre todo los intelectuales de Montevideo. Para los románticos fue el héroe solitario de la pradera, el defensor de nuestra independencia a costa de grandes sacrificios. En cambio, los jóvenes principistas, doctores formados en la nueva Universidad que deseaban que se respetaran la constitución y las leyes, lo consideraron un obstáculo para la modernización del país.

La aparición de la estancia moderna, el desarrollo de las comunicaciones, y sobre todo el alambrado de los campos, conspiraron contra el gaucho tradicional y su vida libre. Sin embargo, muchas de sus costumbres, canciones e historias fueron adoptadas por el campesino sedentario que siempre admiró a este arquetipo de nuestra campaña.

Es conveniente advertir que este trabajo enfoca fundamentalmente al gaucho originario de Uruguay, y que su cometido no abarca el estudio del gaucho argentino ni del brasileño.

 

1. Descripción de las fuentes utilizadas

Para la elaboración de este trabajo fueron utilizados documentos impresos e inéditos, bibliografía, mapas de la época, tratados de límites entre España y Portugal en América y documentos de archivos.

Para el personaje del gaucho en particular se estudiaron, además de las que aparecen citadas en las notas, obras de los autores: Martiniano Leguizamón, Emilio Coni, Vicente Rossi, Juan Carlos Guarnieri, Fernando O. Asuncao. También se visitaron museos, buscando información sobre su indumentaria y costumbres, lo que fue completado con iconografía de la época.

En el tema literatura gauchesca, el principal autor seguido fue Lauro Ayestarán (1913 – 1966) y su libro: La primitiva poesía gauchesca en el Uruguay. Tomo 1. Se analizaron los textos de literatura gauchesca de los siglos XVIII y XIX y se tuvieron presentes las tradiciones orales en el interior del país.

Del estudio, análisis y comprobación de los datos expuestos en las fuentes se elaboró una síntesis y se obtuvo como resultado un breve capítulo de la historia del libro uruguayo, tratando de rescatar el aporte del libro oral al libro escrito y demostrando cómo, a medida que se va produciendo la modernización del país, el personaje histórico de nuestra campaña se va transformando en una leyenda que influye en la literatura, en la historia y en la visión que las generaciones posteriores se han formado de él. De esta manera se trata de analizar su aporte, no solamente a la cultura uruguaya sino, a través de ella, a la de toda Latinoamérica.

 

2. El Gaucho y su medio

El gaucho fue el poblador de muchas regiones de Argentina, Uruguay y Brasil, en épocas en que estos países, dependientes de España y de Portugal, tenían grandes regiones desérticas, despobladas.

Surge del mestizaje del europeo con el indio de la región y adopta de este último muchas pautas culturales (ver Figura 1).

Sin desconocer las hipótesis sobre el origen del gaucho que se encuentran en la historiografía argentina y la brasileña, consideramos que este personaje apareció en la Banda Oriental en el siglo XVIII, por múltiples razones:

– En el plano económico, el cambio que experimenta el mercado europeo, que no busca ya los productos exóticos, las especias y los metales preciosos, sino materias primas y alimentos.

– En el siglo XVIII el eje económico se desplazó hacia el sur de Brasil, con el comienzo del ciclo minero, con lo que se abrió en el país nórdico un mercado que necesitaba de animales vacunos, que abundaban en el Uruguay de aquella época.

– Para las poblaciones rioplatenses vecinas de la Banda Oriental ésta significaba una gran estancia de donde extraían la riqueza ganadera para su provecho. De ella se valieron los porteños, los santafesinos y también los jesuitas de las Misiones, que tuvieron una extensa estancia al norte del país, hasta la fecha de su expulsión, por la Pragmática Sanción de 1767.

– El primer elemento poblador de la campaña se vio requerido por estos intereses, y sobre todo por el interés de Portugal e Inglaterra en el comercio de cueros.

– Muchos de los primeros pobladores fueron desertores del ejército y criminales buscados por la justicia. Náufragos y sobrevivientes de expediciones coloniales fracasadas o baquianos de las vaquerías realizadas en el sur, oriundos de otras regiones del Río de la Plata, que no regresaron a sus ciudades.

El gaucho oriental trabajó para satisfacer los requerimientos de las poblaciones de las regiones vecinas. Ayudó como peón en las pocas estancias del oeste, intervino en las vaquerías que realizaban los vecinos rioplatenses y, luego, atraído por la recompensa, practicó el contrabando.

Zum Felde dice al respecto:

''El llamado contrabando – porque contravenía las ordenanzas del régimen aduanero español aplicado a estas colonias no era, en verdad, otra cosa que el comercio libre, es decir, el comercio propiamente tal. Pues, privada en absoluto de todo derecho de comerciar, por los prohibitivos privilegios del monopolio, ejercido exclusivamente en beneficio de España y en perjuicio de América, los habitantes de esta región no tenían más recurso que el contrabando – el comercio como actividad ilegal – para escapar al peso agobiante de aquel sistema despótico, que mantenía en la mayor pobreza y atraso a esta zona de las Indias''.1

La abolición del Monopolio, en 1778, no cambió la situación en la Banda Oriental, tierra de frontera habitada en su campaña por el gaucho, pues para éste las fronteras eran un mero hecho formal, una línea trazada por la autoridad en el territorio de los hombres libres, un límite impreciso a su indomable voluntad que no reconocía otra ley que la propia.

El gaucho es un producto, no sólo de la pampa argentina y de las grandes extensiones riograndenses, sino, sobre todo de la pradera uruguaya y de una frontera que, a lo largo del siglo XVIII cambia repetidas veces, con el Tratado de Madrid o de Permuta en 1750, y luego con el Tratado de San Ildefonso en 1777.

Los cambios en esta frontera ayudan a formar la conciencia de un límite vago, que ni siquiera los conquistadores tienen completamente definido desde el Tratado de Tordesillas en 1494 e hicieron aparecer en la frontera entre los dos imperios verdaderos vacíos de poder, llevando a que el límite terminara siendo menospreciado en esas regiones por nuestros gauderios o gauchos. Abundantes documentos de la época, radicados en archivos del Río de la Plata, demuestran que la frontera no ponía límites a la actividad de los gauchos.

Montevideo, sede de la autoridad española, centro del poder y de las fuerzas militares, es una ciudad ajena a la realidad gauchesca desde su fundación. Más adelante, en el país independiente, de aquella ciudad partirán, a lo largo del siglo XIX, las leyes e innovaciones que ocasionarán a la larga la desaparición de este típico habitante libre de la campaña.

El escenario del gaucho oriental era la pradera. Cuenta allí con el beneplácito de sus pocos habitantes y la conoce como a la palma de su mano. Ese escenario fue el que le permitió sustraerse y vivir holgadamente, sin ataduras de ninguna especie. Se puede decir que la frontera fue un factor decisivo, que influyó poderosamente en la vida del país y de sus habitantes, sobre todo en el periodo colonial.

Desde la fundación de la Colonia del Sacramento, el antagonismo hispano – lusitano marcó toda la vida de la Banda Oriental. La misma fundación de Montevideo no fue más que un capítulo en las sucesivas contiendas entre una y otra parte. Por este motivo, la ciudad surge amurallada, como fuerte defensora de aquella marca de los dominios españoles en el Río de la Plata.

El temor obsesivo al portugués, la amenaza del indio charrúa, la habilidad del gaucho y su accionar sin límites, y la práctica extendida del contrabando, son pruebas de hasta qué punto era vulnerable el proceso de poblar aquel país, mucho más extenso que el actual.

 

3. Orígenes del gaucho

Antes de la fundación de Montevideo (1724 – 1730) el territorio se fue poblando con un elemento muy heterogéneo, que a veces entró en relación pacífica con los aborígenes, como fue el caso de algunos europeos que convivieron con ellos.

Desde sus territorios en Brasil, los portugueses trataron de atraer a este grupo humano, individualista y rebelde, como aliado en su lucha contra España, y sobre todo para introducir mercaderías de contrabando a regiones del Río de la Plata.

En este período, los españoles y los jesuitas lucharon contra los primitivos habitantes del Uruguay, ocasionando el declive de la llamada nación charrúa. Nación indígena indómita, con la que el gaucho oriental aparece vinculado no solo por el mestizaje sino también culturalmente.

Por otro lado debe mencionarse la acción de los faeneros santafesinos, en el sur, que atraídos por las vaquerías, se establecen en esa región. Algunos de ellos se afincaron en el país y se transformaron luego en paisanos o en gauchos.

El faenero del oeste, el bandeirante del norte, los desertores del ejército español y lusitano, los indios guaraníes y minuanes, fueron el heterogéneo elemento étnico que dará nacimiento al gauderio, como también se lo llama en los documentos de la época, fruto de una colonización ingenua, hecha por aventureros, bandoleros e indígenas.

Aquí es preciso expresar que en torno al tema del origen del gaucho, han surgido disputas de toda índole que se hacen muy acaloradas en el ámbito rioplatense. Algunos historiadores argentinos, basándose en diferentes razones, como el hecho de que la Banda Oriental es tierra de colonización tardía y que, además, la ganadería en nuestro país fue posterior en casi medio siglo a la de la pampa húmeda, consideran que el gaucho nació en la Argentina.

Así el escritor argentino Martiniano Leguizamón, en su obra La cuna del gaucho expresa que su estudio tiende a: ''comprobar la aparición del gaucho argentino un siglo antes que los camiluchos o gauderios en la Banda de los Charrúas, como primitivamente se denominó a la Banda Oriental del Uruguay''.2

También el autor argentino Emilio A. Coni afirma en su obra El gaucho, Argentina, Brasil, Uruguay que la primera prueba documental de la existencia de individuos de ''tipo gauchesco'', la encuentra en Santa Fé.3

En otra obra del mismo autor, Contribución a la historia del Gaucho. Los gauchos del Uruguay antes y después de la fundación de Montevideo, el historiador argentino nos dice: ''En 1716 los santafesinos están en plena colonización gauchesca del Uruguay''. 4

En cambio otros historiadores argentinos, como Vicente A. Rossi, y uruguayos, como Pablo Blanco Acevedo, consideran que la cuna del gaucho es la Banda Oriental, en el siglo XVIII.

Sin decidirnos en especial por ninguna de estas hipótesis, (porque consideramos que el fenómeno gauchesco no se circunscribe a ninguna frontera) tomaremos como referencia, por tratarse de un uruguayo, al historiador Pablo Blanco Acevedo.

Para este autor el gaucho rioplatense, el montonero artiguista, oriental o del litoral argentino: ''(...) fue en su origen una expresión única y genuina de la campaña uruguaya. Surgió en el período anterior a la guerra guaranítica y constituyó una entidad definida cuando España y Portugal se disputaban el tesoro de los ganados que pastaban libremente en las praderas del país.''5 Hace referencia a Boungainville, que ubica la aparición del gaucho en la región nórdica de Maldonado.

En su intento por rescatar aspectos genuinos de nuestra identidad, Pablo Blanco Acevedo escribió:

''(...) el gaucho del S XVIII o de las primeras décadas del S. XIX, tal como se exhibió en la campaña oriental, representó un tipo absolutamente autóctono y originario, legítimo, de su ambiente, sin que sea permitida su confusión con el campesino argentino o con paulista o mameluco brasileño, de quienes lo separaron diferencias esenciales. El primero, el gaucho oriental, es anterior a la formación genérica de gauchos aplicada después a todos los campesinos del Río de la Plata y del interior argentino, derivó de aquellos gauderios de Maldonado y de Río Negro descritos por Boungainville, Concorlocorvo, Azara y Lastarria''. 6

 

4. Características de nuestro gaucho

El explorador Luis de Boungainville expresó cuando estuvo en Uruguay, en 1767, lo siguiente sobre los gauderios o gauchos:

''Desde hace algunos años se ha formado al Norte del río una tribu de bandidos que cada vez será más peligrosa para los españoles si no se toman medidas para exterminarla. Algunos malhechores escapados al castigo de la justicia se han establecido en la parte norte de las Maldonadas. A ellos se han unido los desertores. De a poco su número ha crecido. Tomaron mujeres entre los indios y de tal manera han dado origen a una raza que ha hecho del pillaje su modo de vida. Roban ganados en las posesiones españolas y se dirigen hacia el Brasil, donde los comercian con los paulistas, canjeándolos por armas y ropa. Pobre [sic] de los viajeros que lleguen a caer en sus manos. Se afirma que en la actualidad son más de seiscientos. Han dejado su antiguo lugar de residencia y se han retirado mucho más lejos, hacia el lado del Noroeste''.7

Tenemos pues que este autor, navegante y explorador francés, registró para la historia el momento de expansión del gaucho hacia otro territorio del país, que en aquella época se denominaba Banda Oriental y era mucho más extenso que el actual; y la actividad de comercio que estos primitivos pobladores de Uruguay realizaban con el sur de Brasil, que era contrabando, pues contravenía las leyes relativas al comercio impuestas por la Corona española.

Buscando también la visión de los españoles colonizadores, nos encontramos con lo que decía don Félix de Azara de los gauchos:

''Por ningún motivo ni interés quieren servir a nadie, y sobre ser ladrones roban también mujeres. Las llevan a los bosques, y viven con ellas en una choza, alimentándose con vacas silvestres. Cuando tienen alguna necesidad o capricho el gaucho roba algunos caballos o vacas, las lleva y vende al Brasil, de donde trae lo que le falta (...)''.8

Sus accesorios más característicos fueron el chiripá, prenda ajustada a la cintura, dispuesta de adelante para atrás, de origen indígena (el término parece proceder del quechua), el poncho con el que cubría su cuerpo. Debemos mencionar también la vincha, de procedencia india (es una voz guaraní). A estos accesorios debemos agregar las boleadoras, arma indígena originalmente formada con dos piedras a la que el gaucho le agregó una más y que utilizó para la caza y para la guerra.

El caballo era muy importante para él, por su actividad como pastor y por las grandes distancias que debía recorrer. Los gauderios y gauchos se destacaron, al igual que los indios de la Banda Oriental, por ser grandes jinetes, muy ágiles y rápidos (ver Figura 2).

Sus juegos preferidos eran los naipes, la taba, el palillo, los dados, el trompillo, la perinola, entre otros.

Santiago Arago en su obra Viaje alrededor del Mundo, se refiere así al gaucho:

'' El gaucho se parece al patagón por el clima, por las costumbres y por la audacia, pero sin embargo es antípoda por la forma; por que este es alto, atleta, imponente, hablador y quiere al parecer animar las soledades que atraviesa; y aquel, por el contrario, se pone en armonía con ellas, y sólo se digna responder a la voz del jaguar o al bramido de la tempestad, porque en este caso es el jaguar quien teme y no el gaucho, pues tiene junto a sí dos amigos formidables con quienes no teme ningún poder en el mundo, dos amigos a quienes jamás abandona desde que parte a tierras que los demás hombres desconocen; estos amigos son su caballo y su lazo.'' 9

 

5. Música, tradición oral y libro impreso

Con respecto a la música y las coplas de los gauchos nos ilustró Concorlocorvo:

''Se hacen de una guitarrita que aprenden a tocar muy mal y a cantar desentonadamente varias coplas que estropean y muchas que sacan de su cabeza, que regularmente ruedan sobre amores. Se pasean a su albedrío por toda la campaña y con notable complacencia de aquellos semibárbaros colonos, comen a su costa y pasan las semanas enteras tendidos sobre un cuero, cantando y tocando (...)''.10

Efectivamente, los gauchos tomaron la guitarra introducida por los españoles y la adaptaron a su propia forma de expresión, para la payada, otra de las expresiones folclóricas que forman parte del legado de los gauderios o gauchos. Lo mismo sucederá con la literatura gauchesca y con el teatro.

Lamentablemente mucha literatura oral se perdió hacia 1880, alguna se conserva en ciertas regiones de nuestro país, esperando todavía ser recopilada y copiada.

La poesía gauchesca se inspira muchas veces en este libro oral, anónimo, en las leyendas y mitos de la campaña. Toma como matriz la poesía tradicional castellana, adaptándola a la geografía y la gente del país. Lauro Ayestarán, en La primitiva poesía gauchesca en el Uruguay, recopiló textos impresos en los primeros periódicos uruguayos y su obra ilustra muy bien la evolución de la poesía gauchesca.

En esa obra encontramos Perico Cielo dirigida al ''Sr. Maestro Imprentero''; la Carta del paisano Chano y, también, Un gaucho de la guardia del Monte, entre otros textos. En éste último, atribuido a Bartolomé Hidalgo, encontramos esta referencia a la actitud del Rey de España en Bayona, cuando abdica la Corona a favor de Napoleón Bonaparte y luego éste, a su vez, hace lo mismo a favor de su hermano, José:

''Cielito, digo que sí

Hoy se acostó con corona

Y cuando se recordó

Se halló sin ella en Bayona.

Para la guerra es terrible

Balas nunca oyó sonar,

Ni sabe que es entrevero,

Ni sangre vio colorear.

Cielito, cielo que sí

Cielito de la herradura,

Para candil semejante

Mejor es dormir a obscuras''

De Bartolomé Hidalgo (1788 –1822), debemos decir que su obra alcanzó una gran repercusión rioplatense, compuso cielitos combativos y canciones patrióticas que todavía están en vigencia en Uruguay, como la Marcha Oriental.

En la poesía gauchesca se nota la preferencia por el verso octosílabo, que, con su fácil línea, permite expresar de una forma sencilla las inquietudes del hombre del campo. En lo que se refiere al lenguaje predomina, al menos en la región del Río de la Plata, el castellano, con arcaísmos y regionalismos.

La temática, a partir de 1811 y como consecuencia del levantamiento artiguista, se torna más política, independentista y contraria a la dominación española, porque el gaucho se incorpora a la lucha por nuestra independencia.

El personaje principal de este libro es el gaucho. Pero se encuentran también referencias a otros pobladores de nuestro país en aquella época colonial: los indios, negros, mestizos e inmigrantes procedentes de Europa, todos ellos colaboraron, de alguna forma, en la gesta por nuestra independencia.

La acción de las obras transcurre en espacios abiertos y despoblados. Para componer, se usa una terminología dura, combativa frente al godo y al portugo, invasores en un territorio que se considera propio. Se busca la expresión de una forma de ver y de sentir, recalcando la identidad del hombre de campo, asimismo muchas veces, el campesino sedentario también se identifica con una filosofía de vida muy anárquica, propia del gaucho.

Se utilizan dos fórmulas eutróficas: el romance, fragmentado en cuartetas, y la décima:

''Cielito de los gallegos

¡ay!, cielito del dios Baco

que salgan al campo limpio

y verán lo que es tabaco.''

El estribillo se fue enriqueciendo a partir de 1820 y se van agregando al cielito fórmulas de despedida o remate.

Las cartas y los partes son otra variable de la poesía gauchesca. Tenemos como ejemplo la Carta de un gaucho a un proyectista del Banco de Buenos Aires:

''Que patriotas que desean

sacarnos de entre el pantano

¿Cómo quieren que se meta

El Gobierno con el Banco?

¿Cómo quieren que se junte

a los perros con los gatos?

Este fragmento pertenece a la popular obra de Manuel de Araucho, Un paso en el Pindo; impresa en Montevideo en el año 1835. El autor lo dedicó a Don Manuel Oribe, segundo presidente del Uruguay y caudillo de las primeras guerras civiles.

Si bien la poesía gauchesca es muchas veces anónima, también es un género en el que incursionaron posteriormente importantes figuras de nuestras letras, como Francisco Acuña de Figueroa. Nace en el siglo XVIII, se desarrolla a lo largo del siglo XIX, y con la introducción al país de la imprenta, en 1807, y la posterior difusión de dicho invento, el libro oral se va transformando en un libro escrito que trata de respetar todas sus características esenciales.

Entonces a medida que el libro escrito deja de tener un papel secundario, la anonimia retrocede.

La literatura sobre el gaucho comienza con los relatos de los viajeros extranjeros, de los que Concorlocorvo, ya citado, es un ejemplo. Luego aparece el género gauchesco propiamente dicho con las composiciones poético – políticas contra la dominación española y luego portuguesa. En tercer lugar hay que mencionar las narraciones novelescas, que muestran al gaucho rebelde y justiciero, y las primeras manifestaciones dramáticas que se desprenden de los espectáculos del llamado ''circo criollo''.

El Martín Fierro, del escritor argentino José Hernández, es considerado como la máxima expresión de esta literatura gauchesca. Significativamente su primera parte fue compuesta en la frontera brasileño – uruguaya, en la ciudad de Santa Ana do Livramento, a pocos metros de nuestro territorio actual y en una región que pertenecía a la Banda Oriental en el período colonial.

En esta obra, José Hernández resume las características más destacables de la campaña argentina después de la caída de Juan Manuel de Rosas. La obra encierra una denuncia social y representa la visión política de su autor, pero además, ilustra un período de la historia argentina, de sus usos, costumbres e instituciones. El personaje central enfrenta a la justicia y, como consecuencia, debe afrontar la persecución, la condena, y huir a las tolderías, en una constante lucha.

La obra, escrita durante el exilio de Hernández en el sur del Brasil, fue publicada por primera vez en Buenos Aires, en 1872, y en siete años alcanzó once ediciones con 48.000 ejemplares.

Coincidentemente, el autor uruguayo Antonio D. Lussich, publica ese mismo año, con éxito, su obra Los tres gauchos orientales. Era un momento histórico en que la oligarquía ganadera se disponía a desplazar al gaucho del seno de la sociedad rural activa. El gaucho estaba siendo despojado de las garantías a las que tenía derecho como ciudadano de dos pueblos libres y en ese sentido se transformó en un símbolo de la lucha por la justicia en ambas orillas del Plata.

En este período la literatura popular, tanto en Uruguay como en Argentina exalta el coraje, el decidido enfrentamiento a la corrupta autoridad judicial, que tiene su raíz en el período colonial. Este culto al coraje se manifiesta también en el Juan Moreira, de Eduardo Gutiérrez, y en el drama criollo de este mismo período, con el que alcanzó los mayores éxitos el naciente teatro nacional.

La poesía gauchesca en el Uruguay llega a su punto más alto con escritores de la talla de Orosmán Moratorio, Alcides de María y el mencionado Antonio D. Lussich, con su obra Los tres gauchos orientales, publicada en Montevideo el 15 de julio de 1883.

Alcides de María publicó en Montevideo, en 1909, las Poesías criollas por Calisto el ñato, en la Imprenta La Propaganda. En un fragmento dice:

De lo que al gaucho fascina,

lo subyuga y enamora;

su guitarra gemidora

y el caballo que se arrocina;

de su rancho y de su china,

sus lecheras, su majada;

de una existencia pasada

a la orilla del fogón,

de toda una tradición

pucha!... que no vale nada.

Dornaleche y Reyes, una de las imprentas más destacadas de fines del siglo XIX y principios del siglo XX en Uruguay, publicaron en Montevideo, en 1906, Guitarra Nacional. Canciones criollas, por Orosmán Moratorio, autor seleccionado para incluir en esta breve reseña sobre la poesía gauchesca en nuestro territorio. Transcribimos un fragmento de Las cuerdas de mi guitarra:

Las cuerdas de mi instrumento

son seis, y aunque destempladas

pueden en horas marcadas

lanzar sus sones al viento.

Al calor del sentimiento

vibran si son oprimidas;

no son sus notas perdidas

como las de otros cantores,

ni revelan más primores

que ser francas y sentidas.

Debemos mencionar también otras manifestaciones de la literatura gauchesca, leyendas y narraciones históricas que han pasado de generación en generación en pequeños poblados del país, que han permanecido como expresión puramente oral y no han pasado aún a la letra impresa.

Especial atención merece la payada, que era el contrapunto de versos entre gauchos. El arte del payador consistía en la ágil y oportuna improvisación en el contrapunto. Entre dos payadores se forma una contienda ''amistosa'' y la contestación rápida y acertada crea interés en el público.

Hay en la payada y en otros ejemplos de la canción gauchesca cierta expresión teatral, en la que los autores improvisan un texto que proviene exclusivamente de su ingenio. Los payadores llegaron a ser los intérpretes populares de los problemas, vivencias, y esperanzas de los criollos que esperaban el respeto de sus derechos en ambas orillas del Plata.

Como vemos, la temática de la literatura gauchesca era variada. Debemos destacar su aspecto testimonial y la denuncia social de un sector de la población rural que fue marginado por el proyecto de modernización del país.

En el teatro rioplatense vemos también una manifestación temprana de esta literatura gauchesca. Ya en 1787 encontramos la obra El amor de la estanciera, y Las bodas de Cívico y Pancha.

Sin detenernos en el siglo XIX llegamos a la década de 1880, cuando surge Gutiérrez – Podestá, con su Juan Moreira, primero, en 1884, como pantomima con argumento, luego, a partir de 1886, como drama.

En este teatro encontramos escritores como Elías Regules con sus obras: Los gauchitos y el juguete cómico Las vivezas de Juancito; a Orosmán Moratorio con: La flor del pago y Polleras y Chiripás; a Benjamín Fernández y Medina autor de El Fausto criollo. También M' hijo el dotor, Barranca abajo y La gringa, de Florencio Sánchez (1875 – 1910) representan este tipo de teatro.

M' hijo el dotor (Las dos conciencias) fue estrenada en Buenos Aires, en 1903, en el Teatro de la Comedia, por la Compañía de Gerónimo Podestá. En ella se enfrenta la forma de pensar del padre gaucho con la del hijo que ha podido estudiar y doctorarse; de una forma magistral demuestra el autor el cambio de vida y de costumbres del hijo y también de su forma de pensar, frente a la más anticuada de su padre, creándose no solo una brecha generacional sino la confrontación de dos formas distintas de interpretar la vida. Cabe agregar que M' hijo el dotor, drama en tres actos, que originalmente tenía otro título y cuatro actos, fue traducida meses después de su estreno al italiano por Vicente di Nápoli – Vita para la compañía Cavalli – Bolognesi.

La gringa fue estrenada en 1904, en el Teatro San Martín, de Buenos Aires, por la compañía de Angelina Pagano, y Barranca abajo, en 1905, también en Buenos. Aires, por la compañía de los hermanos Podestá. Es así que la pluma de Florencio Sánchez logra internacionalizar el teatro gauchesco.

M' hijo el dotor marcó un antes y un después en la evolución dramática del Río de la Plata. Fue la obra consagratoria del dramaturgo uruguayo, pero también de todo un teatro y una forma de expresión.

De esta manera se va completando el círculo del libro gauchesco, que comienza en forma oral, para poco a poco irse difundiendo a través de la imprenta y del teatro. Al principio, el libro escrito trata de ser fiel al libro oral, luego, con la influencia del romanticismo, se produce un cambio importante en la visión que los otros grupos sociales tienen del gaucho y esta visión romántica se manifiesta también en la literatura.

En este período hay una valoración de la importancia cultural del gaucho, y la exaltación de su figura lleva implícita la crítica hacia las clases altas que lo discriminan. Se describe la forma de expresarse y de pensar de este hombre de la pradera uruguaya que ama la libertad y se define como ''oriental'', destacándose la búsqueda del color local y el nacionalismo subyacentes en el romanticismo tardío del Río de la Plata.

Posteriormente, esta figura representativa de nuestro campo se transforma a los ojos de la juventud principista del país, influida por el pensamiento positivista, en un elemento social que obstaculiza el desarrollo de la campaña oriental, pastoril y caudillesca, impidiendo que se transforme en una ''campaña'' al estilo europeo, ''civilizada y próspera'', de acuerdo con los proyectos de la clase dirigente del país que se abre al aporte de mano de obra y capitales procedentes de Europa.

El escritor uruguayo, Eduardo Acevedo Díaz, fue el que elevó la figura del gaucho en sus novelas como el gran héroe de la independencia de nuestro país, canalizando todo su potencial humano y su coraje para luchar por los ideales de libertad e independencia. En Ismael (1888) y en Nativa (1890), el gaucho oriental representa la fuerza que destruye con una finalidad constructiva, crear un país independiente y libre.

No obstante, en el último cuarto del siglo XIX la narrativa gauchesca se transforma en la visión que tiene la clase alta urbana de un grupo social que ya comienza a desaparecer debido a la modernización del país y sus estancias, el desarrollo de las comunicaciones y el alambrado de los campos. En este período se destacan importantes figuras de escritores uruguayos y argentinos. De Argentina debemos mencionar a Benito Lynch y Leopoldo Lugones.

Esta narrativa, que encierra la visión de las clases altas europeizadas, culmina, ya avanzado el siglo XX, con el escritor argentino Ricardo Güiraldes en una interesante, rica y vívida visión elegíaca del gaucho, Don Segundo Sombra, sin duda la obra más interesante y representativa de esta leyenda rioplatense. En un libro en el que es notoria la influencia de Kipling, el autor ofrece el camino para evocar una identidad ya casi perdida en una Buenos Aires expandida, cosmopolita y europeizada.

Como una contradicción más de nuestra historia, finalmente la misma clase social que anteriormente lo discriminaba y perseguía es la que lo ubica en su lugar en la historia y lo lleva al bronce.

Llega, de la mano de escritores de ambas orillas del Plata, un reconocimiento final a la desinteresada lucha del gaucho por la independencia de nuestra patria, primero durante las invasiones inglesas, luego frente a la invasión de Portugal, finalmente en las guerras civiles. Aparece el reconocimiento al héroe anónimo y una nueva literatura que trata de representarlo, aunque su propia literatura continuaría siendo menospreciada por la crítica erudita.

Más adelante el americanismo, de principios del siglo XX, dio lugar a la aparición del movimiento nativista, que pretendía un retorno a los motivos nacionales. En la poesía nativista comienzan a aparecer los temas del Uruguay tradicional, las referencias a los grandes símbolos de su campaña: al pago, al ombú, y desde luego al gaucho. De todas formas el criollismo se encontraba ya en vías de desaparición.

Dentro de ese movimiento tenemos esta descripción que hace del gaucho el escritor montevideano Fernán Silva Valdés (1887 – 1975) en su libro Intemperie, publicado en Montevideo en 1930:

''Con un poco de tierra y otro poco de cielo,

amasaste el adobe para construir tu rancho

–mismo como el hornero–.

Por eso yo te veo ascendencia de pájaro.

Eras,

una mitad liada abajo y otra mitad hacia arriba;

una mitad de tierra y otra mitad de cielo;

un mitad de carne y otra mitad de alas;

carne tu forma física;

alón tu forma lírica;

y si eso no bastara para llamarte alado:

alas en tu caballo,

alas en tu sombrero,

alas todo tu poncho.

alas, a media espalda flameando en tu pañuelo;

y alas también llevabas fijas en los talones:

las agudas rodajas de tus espuelas.

Gaucho:

naciste en la juntura de dos razas

como nacen los talas

en el tajo de dos piedras.''

Desaparecido el gaucho nómade y libre debido al desarrollo de estos países y a la influencia de la inmigración europea en Uruguay, Argentina y sur de Brasil, el campesino adoptó muchos de sus elementos característicos, como su forma de vestir, de hablar, sus juegos y sus canciones. También adoptó sus narraciones, muchas de las cuales se conservaron por la transmisión oral, de generación en generación.

Si bien entre los accesorios de los gauchos no podemos mencionar el libro, ya que la mayoría eran analfabetos, este trabajo se ha propuesto rescatar el aporte que hicieron a través de su libro oral, a la literatura del Uruguay en los siglos XIX y XX.

 

Pie de páginas

 

1. ZUM FELDE, Alberto. Proceso Histórico del Uruguay. Montevideo: Departamento de Publicaciones de la Universidad, 1963; p. 30.

2. LEGUIZAMÓN, Martiniano. La cuna del gaucho. Buenos Aires: Talleres Peuser, 1935, p. 11.

3. CONI, Emilio A. El gaucho, Argentina – Brasil – Uruguay. Buenos Aires: Ed. Sudamericana, 1945; p 45 – 75.

4. CONI, Emilio A. Contribución a la historia del gaucho. Los gauchos del Uruguay antes y después de la fundación de Montevideo. Buenos Aires: Talleres Peuser, 1937; p. 15.

5. BLANCO ACEVEDO, Pablo. El gobierno colonial en el Uruguay. Montevideo: Ministerio de Educación y Cultura, 1951.

6. BLANCO ACEVEDO, Pablo. El gobierno colonial en el Uruguay. Montevideo: Ministerio de Educación y Cultura, 1951; p. 193

7. VIDART, Daniel. El Uruguay visto por los viajeros. Montevideo: Banda Oriental, 2002; p. 18

8. DE AZARA, Félix. Descripción e historia del Paraguay y del Río de la Plata. Madrid: Imprenta de Sanchiz, 1847; p. 310

9. ARAGO, Santiago. Viaje Alrededor del Mundo. En: Anales Históricos de Montevideo. Tomo IV. Montevideo: Museo y Archivo Histórico Municipal, 1961 – 1962; p. 288.

10. CALIXTO BUSTAMANTE CARLOS INCA (Concorlocorvo) El lazarillo de los ciegos caminantes. Buenos Aires: Junta de Historia y Numismática Americana, 1908; p. 29

 

Referencias Bibliográficas

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3. AYESTARAN, Lauro. La primitiva poesía gauchesca en el Uruguay. Tomo 1. Montevideo: El Siglo Ilustrado, 1950.        [ Links ]

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10. VIDART, Daniel. El Uruguay visto por los viajeros. Montevideo: Ed. Banda Oriental, 2002.        [ Links ]

 

 

Artículo recibido: 22 de marzo de 2009. Aprobado: 16 de junio de 2009.