Introducción
Este trabajo se enmarca en los principios de la onomasiología, es decir, del estudio del modo en que los diferentes conceptos son nombrados o, en la definición del Diccionario de la Lengua española (DLE), la "Rama de la semántica que investiga los significantes que corresponden a un concepto dado"1. Partiendo de esta perspectiva onomasiológica, es posible entender que la acuñación de palabras tiene su origen en el procesamiento mental del concepto por nombrar, concretamente a través de procesos de categorización y conceptualización. El objetivo de este artículo es demostrar que un referente extralingüístico puede ser conceptualmente aprehendido de muy diversas maneras mediante metonimia y metáfora. El material de análisis serán los términos que denotan PENE en las diferentes variedades americanas del español. La selección del concepto PENE en particular se debe al hecho de que, para su denominación, se han documentado en fuentes lexicográficas cientos de términos distintos, lo que precisamente lo convierte en un ejemplo ideal para ilustrar la diversidad y riqueza potenciales de los procesos de conceptualización asociados a la acuñación del léxico.
Marco teórico
En nuestra forma de entender la acuñación de palabras, partimos de la heterogeneidad de este proceso, de modo que un mismo concepto puede ser aprehendido desde muy diversas perspectivas a la hora de ser nombrado, tal y como señala Langacker (2008): "an expression imposes a particular construal, reflecting just one of the countless ways of conceiving and portraying the situation in question" (p. 4; la cursiva es nuestra). Esto resulta evidente al comparar los términos que distintas lenguas emplean para denominar una misma idea. Sirva de ejemplo el concepto denominado FÓSFORO o CERÍLLA en español. Estas dos denominaciones remiten a dos de los materiales que se usaban en su fabricación: fósforo para la cabeza que se prende y cerilla porque también de cera, y no solo de madera como en la actualidad, se componía el elemento que arde debajo de la cabeza. Sin embargo, en otras lenguas europeas, documentamos otras motivaciones en la acuñación de este mismo concepto: fiammifero, es decir, 'que lleva fuego', en italiano; Schwefelholz, Streichholz y Zündholz en alemán, todos ellos términos creados por composición, con un lexema que denota un material (Holz 'madera') y otro que, o bien hace referencia a un segundo material (Schwefel 'azufre'), o bien a la acción que provoca que la cerilla comience a arder (zünden 'prender' y streichen, un verbo con muchos significados, pero siempre relacionados con acciones realizadas con la mano, similares a la empleada para encender una cerilla, como 'untar', 'acariciar' o 'tachar'); o zápalka y sirka en checo, siendo el primer término un derivado a partir de la base zapálit 'encender, prender' y el segundo, de síra 'azufre'. Esta breve lista de apenas cuatro idiomas europeos nos muestra, por una parte, la variedad de conceptualizaciones que pueden motivar los distintos términos acuñados para una misma realidad, incluidos los materiales de que está compuesto el objeto, una acción relacionada con su funcionamiento o incluso una combinación de ambos, como en los vocablos alemanes Streichholz y Zündholz. Por otra parte, también evidencia que, incluso dentro de una misma lengua, dos conceptualizaciones diferentes pueden ser posibles a la hora de nombrar un mismo objeto, si bien, en muchos casos, se trata de variantes diacrónicas, diafásicas, diastráticas o, como se verá muy especialmente en este trabajo, diatópicas.
Si nos centramos ahora en el proceso de acuñación, este puede dividirse, tal y como muestra la Figura 1, en dos partes fundamentales: la conceptualización y la codificación lingüística.
La conceptualización se basa en el procesamiento mental de la realidad extralingüística en cuestión. Este referente es un concepto abstracto en la mente del hablante, lo que Lakoff (1987) denomina modelo cognitivo idealizado (Idealized Cognitive Model o ICM en su sigla inglesa) y que incluye varias características salientes. Además, habría que distinguir entre características globales, aquellas que el concepto comparte con los miembros de una categoría existente, y características locales, aquellas que distinguen el concepto de la categoría seleccionada (Grzega, 2007) y en cuyo estudio nos vamos a centrar en este artículo. Así, se da una categorización basada en las características globales, de modo que el nivel más alto sería la categoría cognitiva más abstracta (por ejemplo, COSA (cfr.Langacker, 1991) se correspondería con los sustantivos). Por otra parte, tiene lugar una conceptualización, un proceso por el que una o más características locales del ICM son seleccionadas para nombrar el referente. Además, estas características seleccionadas pueden experimentar, aunque no tienen por qué hacerlo siempre, una conceptualización subsiguiente a través de metáfora o metonimia. El resultado de la conceptualización es una estructura onomasiológica (Dokulil, 1962), en otras palabras, una interacción entre la conceptualización y la codificación lingüística. En esta codificación lingüística, la estructura onomasiológica se ajusta a un esquema ya existente y las variables de los esquemas son instanciadas (cfr. el concepto de morfología relacionai -Relational Morphology - de Jackendoff & Audring, 2020). Por otra parte, el proceso de acuñación también tiene lugar en el conocimiento subyacente del léxico mental ya existente del hablante, de modo que los lexemas que ya conoce no solamente le aportan patrones para dar forma a nuevos vocablos -tal y como señalan Dokulil (1962) y Booij (2010)-, sino que, además, pueden servirle de modelos para la conceptualización del referente por nombrar, incluida la parte saliente del ICM durante la acuñación, lo que viene representado en la Figura 1 mediante una serie de flechas grises.
En cuanto al objeto específico de nuestra investigación, la conceptualización, el proceso de selección de las características salientes tiene lugar a través de la metonimia PARTE DEL ICM POR TODO EL ICM, tal y como ilustran Radden y Panther (2004) con el proceso de acuñación de SCREWDRIVER ('destornillador') en inglés:
(...) the following conceptual steps can be identified in the motivational process. First, there is the tool screwdriver that has to be named. This tool is associated with a complex ICM (source), which provides the basis for naming the thing (target). Second, guided by language-independent factors, such as salience, economy, and metonymy, only certain components of the complex ICM get selected and named by a given speech community. The coding of these salient parts is sufficient to evoke the whole ICM by means of a PART FOR WHOLE metonymy. (p. 8)
Dada la importancia que tendrá para nuestro análisis, queremos subrayar aquí, a pesar de haber sido señalado ya arriba, que las características seleccionadas en el ICM pueden pasar a la estructura onomasiológica directamente, o bien sufrir una conceptualización subsiguiente mediante metáfora o metonimia (cfr. sección "Conceptualizaciones subsiguientes"). Por último, hay que insistir en que la metonimia PARTE DEL ICM POR TODO EL ICM siempre precede cualquier conceptualización posterior, incluida la metafórica, lo que concuerda con la hipótesis de Barcelona (2003): "every metaphorical mapping presupposes a conceptually prior metonymic mapping, or to put it differently, that the seeds for any metaphorical transfer are to be found in a metonymic projection" (p. 31).
Una de las funciones asociadas al proceso metafórico experimentado durante la acuñación se refiere a la capacidad de la metáfora para comprimir diversas características del ICM en una única palabra (cfr. sección "Sección Conceptos codificados a partir de dos o más partes del ICM"), contribuyendo así a la economía lingüística. Sirva de ejemplo el término inglés ghost orchid (orquídea fantasma) propuesto por Kos (2023, p. 107), en el que con apenas dos lexemas se activan hasta cuatro características de su ICM: COLOR BLANCO, FORMA CARACTERÍSTICA, SENSACIÓN DE QUE SE HALLA FLOTANDO EN EL AIRE y el hecho de que CRECE EN ZONAS PANTANOSAS, un hábitat con reminiscencias sobrenaturales. Por el contrario, otra de sus denominaciones, white frog orchid (orquídea rana blanca), resulta menos económica, ya que consta de tres palabras y no se activan cuatro de sus características salientes. Además, la metáfora permite la efabilidad, es decir, la expresión lingüística de partes del ICM del concepto nombrado que no cuentan con lexemas correspondientes en el léxico de una determinada lengua, como serían, a modo de ejemplo, formas no geométricas, olores, sabores o colores no prototípicos.
La enorme variedad de aproximaciones potenciales implicadas en la acuñación de términos en distintas lenguas, pero también dentro de un mismo idioma, puede observarse en la Figura 2, donde se muestra el ICM del concepto VENCEJO junto a las distintas características salientes que han dado lugar a varias decenas de denominaciones en las diez lenguas del mundo representadas en esta figura.

Fuente: Kos (2023, p. 94)
Figura 2 ICM del concepto VENCEJO (apus apus) ilustrado mediante sus denominaciones en diez lenguas
Metodología
Los datos para el análisis presentado en este artículo se obtuvieron del Diccionario de americanismos español-checo / Španělsko-český slovník amerikanismů (Černý, 2018), una monumental obra en que su compilador reúne decenas de miles de americanismos junto a sus equivalentes checos. Se trata, en general, de palabras y unidades fraseológicas: a) empleadas exclusivamente en alguna de las variedades del español de América (por ejemplo, durazno); b) con origen en lenguas indígenas americanas, aunque su uso pueda ser generalizado en todas las variedades del español, incluida la europea (canoa, chocolate, maracuyá); y c) que, si bien se emplean también en el español de Europa, lo hacen con un significado distinto al de, al menos, una región de América, como chiva, 'cría de la cabra' en español peninsular, pero 'delator' en México y Cuba (Černý, 2018, p. xi). Las principales razones para basar nuestro estudio en los datos de este diccionario son su tamaño, ya que reúne más de 85 000 lemas en sus tres tomos, y, lo que resulta aún más significativo, el hecho de estar compilado con la información recogida de una veintena de diccionarios y glosarios de americanismos monolingües, incluidos los más relevantes y de mayor prestigio (como el de la Real Academia Española), pero también varios glosarios dedicados a las variantes informales de diversas áreas geográficas, como Lenguaje secreto del hampa boliviano (Viscarra, 2004) o Así habla el mexicano: diccionario básico de mexicanismos (Mejía Prieto, 2005). Esta metodología lexicográfica convierte la obra de Cerny en el diccionario de americanismos más extenso y heterogéneo jamás publicado, a pesar, paradójicamente, de tratarse de un diccionario bilingüe.
Una vez escogida la fuente de términos para la investigación, se realizó un detallado vaciado manual de los lemas del Diccionario de americanismos español-checo cuyo equivalente checo fuera penis ('pene') o cualquier otro de sus sinónimos coloquiales, vulgares o eufemísticos: bimbas, čurák, františek, ocas/vocas, péro, pták/ptáček, pyj, šulin/šulinek. El resultado de la búsqueda fue un listado de 423 palabras que denotan PENE en uno o varios de los países de Hispanoamérica.
A continuación, se eliminaron de la lista 41 palabras por ser meras variantes fonéticas (jierro respecto a hierro), de género (banano/a) o formas en vesre rioplatense (garompa de poronga). Otros 129 términos fueron descartados del análisis porque resultaba problemático asociar una motivación transparente y unívoca entre las características salientes de su ICM y las partes del ICM de PENE. Así, se eliminaron del análisis palabras polisémicas que podríamos asociar a más de una de las partes del ICM de PENE (cfr. Sección "Resultados"); sería, a modo de ejemplo, el caso de arma, que puede hacer referencia tanto a un arma de filo (FORMA ALARGADA) como a una de fuego (EYACULACIÓN), o de jute, que es un tipo de caracol, pero también un árbol. Por otra parte, algunos términos, como magazín, chic o cuento, solo permiten proponer relaciones extremadamente especulativas con las partes del ICM de PENE. Otro grupo de lemas descartados es aquel formado por más de cincuenta palabras cuyo único significado es PENE, como filorte, empleado en Chile, garcha, en Argentina y Uruguay, lapoma, en Cuba o ñuñuco, en El Salvador. En estos casos, carecemos por completo de información sobre su motivación, lo que imposibilita un análisis onomasiológico de garantías.
Por último, hemos eliminado igualmente de nuestro análisis aquellos doce términos incluidos en el Diccionario de americanismos español-checo que también denotan PENE en el español europeo, tal y como recogen el DLE y/o el Diccionario de locuciones idiomáticas del español actual (Penadés Martínez, 2019): badajo, canario, carajo, cipote/sipote, cuca, nabo, pájaro, picha, pito, polla, rabo y verga(zo). Esta aparente contradicción puede deberse a un error en la confección del diccionario, pero también a que este significado sea común en la variedad europea y en una o varias americanas, pero no así en todas las regiones donde se habla español en América. Tras el cribado de los términos, el total de lemas válidos para el análisis se ha reducido a 241 americanismos2.
Resultados
A continuación, vamos a enumerar las principales características salientes del ICM de PENE para las que cabe establecer una relación transparente con las atribuidas a los ICM de alguno (o varios) de los 241 americanismos objeto de análisis. Estos ejemplos nos han de servir para ilustrar la heterogeneidad y complejidad asociadas a la conceptualización de este referente en las diversas variantes del español americano.
Conceptos codificados a partir de una parte del ICM
En cuanto a la estructura de los conceptos, comenzamos con aquellos que se codifican lingüísticamente a partir de la activación de una única característica del ICM.
Por un lado, destacan las palabras acuñadas con base en la conceptualización de PENE en relación con su forma y, muy especialmente, la mostrada durante la erección, como un elemento alargado -es decir, "Considerablemente más largo que ancho"3-y/o cilíndrico -en consonancia con la definición fisiológica de Fernández-Tresguerres et al. (2005, p. 1025), quienes afirman que "[e]l pene es un órgano cilíndrico que sirve para depositar el semen en la vagina"-. En este sentido resulta importante subrayar que la conceptualización de la forma no se asocia necesariamente con la de dureza, tal y como ilustrarían, entre otros, los términos bejuco, tusa o manguera. Una variante de esta misma conceptualización basada en la forma alargada del pene es aquella en la que se le añade el glande, observable en las palabras boa, clavo, cuello de tortuga o mazacuata. Como puede desprenderse de estos ejemplos, en algunas ocasiones, se trata de vocablos propios de América (mazacuata, tusa) y, en otras, de vocabulario general del español que designa PENE tan solo en alguna de las regiones de América (manguera, boa).
Por otra parte, en varios de los términos recogidos en el diccionario de referencia, son las características fisiológicas del pene las que se activan en el procesamiento mental de esta realidad extralingüística. Entre estas se incluyen, tal y como señalan Uribe y Gaviria (2008), la acumulación en el pene de abundante "vascularización" (p. 58), observable en los términos varicosa o vena; la presencia del prepucio, que "cubre el glande en los hombres" (p. 58), origen de los lemas leva o pellejosa; o la habitual ausencia de vello en el pene (en contraste con el pubis y los genitales del hombre adulto), tal y como encontramos en calva o calvosa. Además, se documenta la característica saliente MATERIA, representada por varias palabras que denotan algún tipo de carne animal: huachalomo, pecheto, tasajo. Sin embargo, esta parte del ICM no responde a la realidad fisiológica del pene, que se halla hueco en su mayoría, ya que, tal y como indican Fernández-Tresguerres et al. (2005, p. 1025), el pene está formado por dos cuerpos cavernosos y uno (más pequeño) esponjoso que alberga la uretra.
Otra serie de denominaciones se corresponde a características salientes asociadas a las funciones del pene como órgano sexual masculino (abrelatas, aparato) y órgano del sistema excretor (meón, pipi). En relación también con el plano sexual, se documentan términos originados en el procesamiento de la capacidad del pene para eyacular, especialmente con lexemas que denotan armas de fuego, como calibre treinta y ocho, escuadra, fusca o guarifái, pero también fuegos artificiales (cachinflín) o términos menos específicos, como sería el caso de explosivo. En cuanto a las prácticas sexuales mantenidas mediante el pene, destacan los términos acuñados con base en las características locales PENETRACIÓN (bala, clavija, pincho) o SEXO ANAL (espantapedos, sacapedos).
Hasta aquí hemos presentado las partes del ICM basadas en la forma, fisiología, funciones y usos del pene. A continuación, pasamos a nombrar otras características salientes relacionadas con la percepción subjetiva de los hablantes, concretamente con la relación afectiva hacia el órgano, perceptible en vocablos como bato, fenómeno o pipe, y, justo al contrario, una relación despectiva, presente en palabras que denotan objetos o personas sin importancia, como coso, cuenterete o dunda.
Una última parte del ICM de PENE, para cuya motivación no encontramos una explicación suficientemente satisfactoria, es la característica saliente AVE. Esta resulta enormemente frecuente en el español americano: bimbín, chompipe, chuna, cóndor, paloma... Y así hasta un total de 26 denominaciones distintas documentadas en nuestro diccionario de referencia. Sin embargo, esta conceptualización no es exclusiva del español de América y se documenta tanto en español peninsular (canario, cuca, pájaro, picha, polla) como en otras lenguas europeas (inglés: cock; ruso: KypoK (kurok); italiano: uccello; rumano: pula; checo: pták; sueco: kuk) y del mundo (indonesio y malasio: burung; mandarín: maque; dialecto sichuanés: choochoo y yaya; cfr.Allan & Burridge, 1991, p. 106; Allan, 2012, p. 20). A pesar de esta proliferación de términos, ninguna de las fuentes consultadas aporta una explicación convincente sobre esta correspondencia, aunque la activación conceptual podría partir de la supuesta semejanza entre las aves y el pene con testículos, tal y como señalan Allan y Burridge (1991, p. 106): "The similarity of the profiled penis-with-testicles to the outline of a bird gives rise to an image found in many languages".4 También podría haberse originado en la asociación entre PICO y PENE a la que aluden Farmer y Henley (1890-1904, consultado en Allan, 2012, p. 19) y cuyo uso registra el Diccionario de americanismos español-checo para El Salvador, Cuba, Bolivia occidental, Panamá, Chile y Costa Rica. La equivalencia AVE-PENE no solo sería, por tanto, frecuente dentro y fuera de Europa, sino que, además, se remontaría muchos siglos atrás. Así, Barolsky (1978, p. 107), en el marco de su estudio del arte renacentista italiano, llega a hablar de una tradición iconográfica respecto a la equivalencia AVE-PENE ("bird as phallus"). Por su parte, Baird (1981, consultado en Cooper, 2008, p. 74) afirma que esta activación conceptual ya tenía un correlato lingüístico en latín de época romana a través del término gallus. Sea cual sea la asociación que haya posibilitado su origen, lo que está fuera de toda duda es que esta funciona a nivel de metáfora conceptual y que, como tal, AVE ya forma parte del ICM de PENE, de modo que las diversas razas de pájaros empleadas en español (y en el resto de las lenguas comentadas en este apartado) para denotar PENE responderían a una metonimia ulterior MIEMBRO DE LA CATEGORÍA POR LA CATEGORÍA.
Conceptos codificados a partir de dos o más partes del ICM
Además de las características salientes del ICM de PENE presentadas en la sección "Conceptos codificados a partir de una parte del ICM" -y de otras menos frecuentes a las que no nos hemos referido por no extendernos en demasía-, en el diccionario de Cerny (2018) resultan habituales los términos acuñados sobre la combinación de dos (e incluso tres) partes del ICM. En algunos casos, se trata de dos características del ICM ya señaladas en la sección "Conceptos codificados a partir de una parte del ICM", como la combinación de SEXO ANAL y MATERIA (supositorio de carne). En otros, una de las partes del ICM no acuña términos por sí misma -o, al menos, no hemos documentado ejemplos en nuestro diccionario de referencia-, de modo que siempre se combina con otras características salientes. Entre estas destaca por su frecuencia la combinación de FORMA ALARGADA y una acción que hemos etiquetado GOLPEAR, especialmente frecuente en sustantivos que denotan LÁTIGO u otros objetos que puedan ser usados como tal: guasca (huasca), riata, tajona. También resulta frecuente la activación de la combinación de FORMA ALARGADA junto a DUREZA y que remite claramente a la conceptualización del pene erecto: barra, bate, garrote.5
Por último, podemos ilustrar los términos (no tan frecuentes en el diccionario) que aúnan tres partes del ICM de PENE con la combinación FORMA ALARGADA, DUREZA y EYACULACIÓN (cañón) o FORMA ALARGADA, MATERIA y SEXO ORAL (chorizo, moronga). Como puede desprenderse del análisis de estos sustantivos, las tres características del ICM activadas no tienen necesariamente por qué poseer la misma carga cognitiva, pudiendo prevalecer unas sobre otras.
Conceptualizaciones subsiguientes
Un aspecto que ya hemos adelantado en este artículo, y que resulta fundamental para entender el proceso conceptual de acuñación en toda su complejidad, se refiere a que, mientras que algunas características locales del ICM son seleccionadas directamente para nombrar el referente (calva, vena), en la inmensa mayoría de los casos las características seleccionadas experimentan una conceptualización subsiguiente a través de procesos metafóricos o metonímicos. Así, podemos ilustrar los frecuentísimos ejemplos de conceptualización a través de una metáfora ulterior mediante las palabras banana o cañón, en que se establece una relación de similitud entre una (o varias) de las características locales del ICM de PENE y otros conceptos que comparten esa misma característica en su propio ICM: su FORMA ALARGADA y que se introduce en la boca (SEXO ORAL) en el caso de banana o su FORMA ALARGADA y la similitud conceptual entre EYACULAR ("Lanzar con rapidez y fuerza el contenido de un órgano, cavidad o depósito, en particular el semen del hombre o de los animales"6) y DISPARAR ("Hacer que un arma despida su carga"7) en cañón. En el caso de pipi, la conceptualización ulterior no sería de naturaleza metafórica, sino metonímica, ya que el concepto PENE se activaría a través de la orina: nos hallaríamos, más concretamente, ante las metonimias ACTIVIDAD POR PRODUCTO y ÓRGANO POR ACTIVIDAD. Incluso se han documentado casos en que se encadenan varios procesos metafóricos y metonímicos. Así, en calibre treinta y ocho, a la ineludible metonimia PARTE DEL ÍCM POR TODO EL ÍCM, propia del proceso de selección de las características salientes del ICM (fr sección " marco teórico"), le sucede una metáfora a través de la similitud de los conceptos PENE y PISTOLA en la que se activan las características compartidas FORMA ALARGADA, DUREZA y EYACULACIÓN. Sin embargo, el proceso conceptual que lleva hasta calibre treinta y ocho no termina aquí, ya que a esta metáfora aún le seguirían dos metonimias: el tipo concreto de pistola a través de la metonimia MIEMBRO DE LA CATEGORÍA POR LA CATEGORÍA y el tamaño del cañón por el tipo de pistola a través de LA PARTE POR EL TODO.
Discusión
Consideramos que la revisión de teorías lingüísticas de corte tradicional (Dokulil, 1962) desde la perspectiva de la lingüística cognitiva puede dar lugar a formas innovadoras y eficaces de entender el funcionamiento de los procesos lingüísticos y, por tanto, a ampliar nuestro conocimiento sobre realidades tan relevantes como los procesos de acuñación de términos en las lenguas. En este trabajo hemos presentado una primera aproximación a estos procesos en relación con el concepto PENE, que, dadas sus connotaciones culturales y sociales, destaca por una poco común abundancia de términos que lo denotan, especialmente en los registros coloquiales y vulgares de las lenguas. Así, consideramos que el estudio pormenorizado de los numerosos términos existentes para denotar PENE en las diversas variantes del español de América arroja luz sobre la heterogeneidad, las particularidades y las posibilidades combinatorias de las distintas características salientes de los modelos cognitivos idealizados (ICM).
Desde nuestra perspectiva, al nombrar los conceptos se parte siempre de un primer proceso metonímico a través de la selección de una (o varias) de las características salientes del ICM en cuestión. Es decir, cuando llamamos bate al pene, seleccionamos las partes del ICM relativas a su forma alargada y su dureza (durante la erección), pero no subrayamos, por ejemplo, su función como órgano sexual y urinario, así como tampoco sus principales características fisiológicas (ausencia de vello, presencia de prepucio, vascularización o el material de que está formado). Además, con frecuencia, tal y como ha sido demostrado en este artículo, son dos (supositorio de carne, guasca) e incluso tres (cañón, chorizo) las partes del ICM que se activan durante el proceso de conceptualización previo a la acuñación. Por último, para la creación de la mayoría de estas palabras, las características seleccionadas experimentan una conceptualización subsiguiente, generalmente a través de procesos metafóricos (banana), aunque también hemos documentado varios casos de metonimia (pipi) o de metáfora seguida de metonimia(s) (calibre treinta y ocho).
Para la mayoría de las 241 palabras analizadas en este estudio, hemos sido capaces de establecer una relación transparente entre las características salientes del ICM y el concepto nombrado: PENE. Sin embargo, la categoría del ICM de PENE más frecuente en el diccionario de Černý (2018) en cuanto al número de términos documentados a partir de una sola conceptualización, la característica saliente AVE, presenta una motivación opaca, ya que no remite manifiestamente a las características fisiológicas, la forma, las funciones o la apreciación asociadas al concepto PENE. Además, no se trata de un caso exclusivo del español de América, ya que, tanto en el español peninsular, como en otras lenguas europeas y del mundo, hallamos numerosos ejemplos de términos que evidencian una conceptualización similar. A pesar de que pueden proponerse varias hipótesis sobre la relación que cabe establecer entre los conceptos PENE y AVE, resulta hasta cierto punto sorprendente que para una conceptualización tan frecuente y extendida no quepa aventurar más que conjeturas.
El caso del concepto PENE, para el que tan solo el diccionario de Černý (2018) recoge más de 400 términos, resulta, sin duda, excepcional. Sin embargo, desde nuestro punto de vista teórico y metodológico, la mayoría de los conceptos pueden ser aprehendidos desde diversas perspectivas a la hora de ser nombrados, tanto en una misma lengua como en distintos idiomas -tal y como se ejemplificó con los conceptos CERILLA y VENCEJO en la introducción de este trabajo-, lo que implica que, en el proceso metonímico asociado a toda acuñación, la fuente de dicho proceso impone la perspectiva conceptual a partir de la cual se considera la meta (Barcelona, 2011, p. 13). Además, cabe afirmar que se trata de procesos de acuñación que siguen los principios de la economía del lenguaje, dado que, para denominar PENE, resulta más rentable activar las características DUREZA y FORMA ALARGADA a través de una palabra como garrote con la que comparte esta conceptualización, que hacerlo mediante un proceso creativo o de la referencia explícita a estas características salientes.















