Hay quienes afirman que todos los temas y problemas de salud son de salud pública. Sin duda, muchos tópicos de salud y enfermedad pueden abordarse desde la salud pública, pero eso no los hace problemas de salud pública por sí mismos. Esta apreciación facilista parece ser una consecuencia de la polisemia que conlleva el concepto de salud pública1, que en últimas le quita especificidad al objeto de estudio y puede llevar a limitar el desarrollo de las disciplinas científicas que intervienen en el campo de la salud2. Desde hace años se ha consolidado la idea de que la salud pública tiene un abordaje poblacional, no individual (clínico) ni sub-individual (biomédico)3. Por ello ni los asuntos eminentemente clínicos, por ejemplo, asociados con la atención de un individuo enfermo, ni los asuntos relacionados con el rol de alguna proteína en el desarrollo de una enfermedad son temas de salud pública. Pueden tener paralelos a nivel poblacional, pero resultan insuficientes sin un contexto social que obligue el análisis como tema de salud pública.
Hay casos donde la diferencia puede ser menos nítida. Un ejemplo que puede ilustrar esto de manera sencilla son las enfermedades de muy baja ocurrencia, que suelen verse en la literatura científica como reportes de caso. Nótese que si bien son temas de salud, que incluso pueden ser entendidos bajo el concepto de enfermedades huérfanas cuando existen dificultades para tener tratamientos adecuados4, normalmente el interés es ilustrar su existencia y presentar algunos elementos únicos, o de muy baja ocurrencia, asociados al caso. Este tipo de situaciones son las que han llevado a desarrollar nuevos conceptos como el de salud poblacional5, con los que se buscar aclarar el objeto de estudio y el tipo de abordaje, brindando así una epistemología más específica.
En varios artículos donde se afirma que alguna condición de salud es un problema de salud pública hacen referencia a cuatro elementos6,7,8. El primero hace referencia a la carga de la enfermedad, expresada en términos de morbilidad, mortalidad, calidad de vida o costos; de esta manera cuando hay alta ocurrencia o gran afectación de la calidad de vida se presenta el problema. Un segundo elemento señala a la ocurrencia entre poblaciones vulnerables; por ello a mayor inequidad se observe, es más probable que nos enfrentemos a un problema de salud pública. El tercer elemento hace referencia a la potencial intervención con estrategias de salud pública, poblacionales; aquí debe recordarse a Geoffrey Rose y su artículo clásico Sick individuals and sick populations (Individuos enfermos y poblaciones enfermas)9, que señala las diferencias en abordajes a grupos de riesgo (individuos) o a poblaciones. Es decir, que los abordajes clínicos que personalizan la atención o muestran los mecanismos de acción de los fármacos no entran en la categoría. Finalmente, y complementando el anterior elemento, se entiende que es un problema de salud pública porque la intervención no se ha realizado completamente; sin duda las intervenciones sencillas y de bajo costo tienden a ser entendidas como problemas de salud pública. Las que son muy costosas, de difícil acceso poblacional no son, por lo menos, problemas prioritarios de salud pública.
Como vemos, no todos los asuntos asociados con el proceso salud-enfermedad son problemas de salud pública. Dado eso, invitamos a nuestros potenciales autores que cuando usen este concepto lo hagan de una manera más específica, y no como un atributo que busque llamar la atención. Se puede caer incluso en que se haga una apología a un determinante comercial de la salud10, al favorecer intereses económicos de organizaciones privadas como los laboratorios farmacéuticos.














