INTRODUCCIÓN
El 19 de junio de 2022, Gustavo Petro y Francia Márquez fueron los primeros presidente y vicepresidenta de la República de Colombia electos por una coalición de izquierda, en un país reputado irremediablemente hostil a esta tendencia. Este hito intervino después de un violento estallido social el año anterior, en el que muchos ciudadanos, la juventud en particular, expresaron en la calle su inconformidad con el gobierno anterior de derecha, y más allá, con un sistema económico y social cerrado acusado de no dejar oportunidades de progreso para todos. La coincidencia de esta movilización social y de esta alternancia electoral ha llevado a los analistas a preguntarse si la victoria de la izquierda podía explicarse por el voto de una nueva generación de jóvenes cuya socialización política se hizo durante la época de las negociaciones de paz entre el Estado y la guerrilla de las FARC, y que hubiera superado las prevenciones de las generaciones anteriores, que solían asociar la izquierda a la guerrilla y la violencia armada.
Varias evidencias parecen ir en este sentido. Las encuestas indican, como veremos, que, en Colombia como en otras partes, los electores más jóvenes están mucho más inclinados hacia la izquierda que sus mayores. Además, la segunda vuelta presidencial de 2022 se caracterizó por una tasa de participación récord en el siglo XXI para este tipo de escrutinio (58,17% contra 54% en 2018). Como los jóvenes suelen ser los que menos participan, esta mayor movilización en 2022 parece obra suya. Recordemos que la victoria de Gustavo Petro se obtuvo por apenas unos 750.000 votos de diferencia sobre Rodolfo Hernández, algo cercano al 3% de los votos válidos, por lo que una variación pequeña en el comportamiento electoral de los jóvenes pudo ser decisiva.
Ahora bien, las cifras de las encuestas al respecto tienen que ser tomadas con prudencia. Si bien sugieren que los jóvenes votaron en mayor proporción por el candidato de izquierda, no son suficientemente precisas para darnos un orden de grandeza de dicha proporción, y menos para saber cuánto creció con respecto a 2018. Por otra parte, muchos otros elementos tienen que ser tomados en cuenta para analizar el resultado de estas elecciones. Se ha estudiado, entre otras cosas, el efecto de variables clásicas como la ideología (Otálora Sechague, 2022), las preferencias programáticas (Bitar et al., 2023), la clase social (Kessler et al., 2024) y la lógica territorial, o contextuales como los cambios inducidos por el acuerdo de paz con las FARC (Botero et al., 2023). Vale la pena, por tanto, delimitar mejor lo que releva de la variable edad o generación. Es lo que nos proponemos hacer en este artículo.
En esta perspectiva, nos preguntaremos cuál ha sido el impacto del voto de los jóvenes en la victoria de Gustavo Petro en la elección presidencial de 2022. Para esto, nos aproximaremos a los resultados electorales de la manera más precisa posible, reconstituyendo el voto por grupo etario con base en los resultados electorales a nivel de mesa de votación y la composición de las mesas por grupos de edad. De esta manera, nos fundamentaremos directamente sobre los resultados electorales y no sobre encuestas de opinión. Esto nos permitirá proceder a una comparación precisa con el comportamiento electoral de los jóvenes en las elecciones anteriores de 2018, fecha en la que Gustavo Petro ya fue candidato y perdió por amplio margen frente a Iván Duque (42% contra 54%, respectivamente).
Mostraremos que, en efecto, la estrecha victoria de Gustavo Petro en la segunda vuelta de 2022 no se hubiera podido obtener sin un aumento de su votación entre los más jóvenes y el aumento de la participación electoral de este grupo en particular entre 2018 y 2022. Además, los datos sugieren que es más pertinente hablar de un efecto generación que de un efecto edad para explicar este resultado. De la misma manera, la observación de los resultados de la primera vuelta introduce algunos matices importantes que sugieren que este efecto generación no se puede entender simplemente como un volcamiento masivo y duradero de la nueva generación hacia la izquierda, sino más bien como la aparición de una nueva generación no tan influenciada por el uribismo y más volátil en sus preferencias.
De este modo, este artículo propone por primera vez cuantificar de manera rigurosa el efecto edad/generación en el resultado de las elecciones presidenciales de 2022 con base en un estudio minucioso de los resultados, haciendo un aporte decisivo con respecto a los análisis disponibles hasta ahora con base únicamente en las encuestas. Esto permite no solo cuantificar el fenómeno, sino proponer hipótesis más precisas sobre su naturaleza (efecto edad o generación) y su carácter más o menos duradero.
Empezaremos por un breve estado del arte sobre lo que sabemos del voto de los jóvenes en Colombia antes de exponer la metodología que guiará nuestro estudio en este artículo. Posteriormente, expondremos nuestros hallazgos en cuanto a la preferencia electoral de los jóvenes sucesivamente en la segunda vuelta y en la primera vuelta, antes de observar el efecto propio de la participación de los jóvenes.
ANTECEDENTES SOBRE EL VOTO DE LOS JÓVENES EN COLOMBIA
La literatura sobre la participación de los jóvenes en política en Colombia, especialmente en procesos electorales, es relativamente limitada en comparación con la que podemos encontrar a nivel global. Se han publicado algunos trabajos relevantes en la última década, pero los datos de participación electoral específicamente enfocados a los jóvenes son escasos. Así, se observa la tendencia global de que este grupo poblacional está caracterizado por bajos índices de participación, tendencia que se manifiesta independientemente del país, pues, entre países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), los jóvenes de 18 a 24 años votan en promedio 16 puntos porcentuales menos que la población en general, con la excepción de Corea del Sur (OCDE, 2016). Sin embargo, el mismo estudio no da datos discriminados por edad para Colombia. Revela que la participación general es baja en el país, pero que los jóvenes registran un interés por la política comparativamente alto, lo que podría sugerir que Colombia también es una excepción análoga a Corea.
Sin embargo, a pesar de los pocos datos disponibles, generalmente tomados de las encuestas de opinión, cómo es el caso en (Bitar et al., 2023), (Foro Nacional por Colombia, 2023), y (Arias et al., 2010), los estudios sobre la participación política de los jóvenes en Colombia tienden a considerar que su participación electoral es débil e inferior al conjunto de la población colombiana, aún si una baja participación electoral no implica necesariamente desinterés por la política, pues diversos estudios han encontrado que las personas entre 18 y 25 años tienen preferencia por participar a través de redes sociales, ya sea utilizando las redes como fuente de información o a través de la creación de grupos y conexiones inmediatas (Foro Nacional por Colombia, 2023). Además, una de las formas de participación más difundidas entre los jóvenes corresponde a la participación en protestas y manifestaciones (Bitar et al., 2023). De modo que Colombia se caracterizaría sobre todo por un desfase entre un nivel de interés relativamente alto para la política entre los jóvenes, comparando con otros países, pero con una participación electoral igual de baja de los mismos.
Entre las razones que se han encontrado para explicar la baja participación en procesos electorales por parte de los jóvenes en Colombia, es posible rastrear factores socioeconómicos o de cultura política, como la desconfianza hacia las instituciones. Aunque se asume muchas veces que las diferencias etarias son un predictor de comportamiento electoral en sí mismo (Kajsiu et al., 2023), al analizar los factores económicos de la participación, concluyen que, aunque la participación joven sea consistentemente baja, los jóvenes que viven en hogares de menor estrato socioeconómico tienen una participación aún más baja. Esta idea también es soportada por investigaciones adelantadas por autores como (Diaz Hernández et al., 2017) y (Bitar et al., 2023). Por otro lado, el tema de la desconfianza institucional es mencionado por el Instituto Holandés de la Democracia Multipartidista (NIMD, 2023), el cual encuentra que solo 3 de cada 10 jóvenes cree en las instituciones.
La teoría de las diferencias etarias como un predictor en sí mismo es propuesta por autores como (Baena Rojas & Ramírez Giraldo, 2023), (Arias et al., 2010) y (Bitar et al., 2023), quienes defienden la idea del abstencionismo temporal. Esta teoría sostiene que la participación de los jóvenes tiende a ser baja debido a que no encuentran ideas que respondan a sus intereses en las propuestas de los políticos. Sin embargo, la curva de participación a lo largo de la vida tendría la forma de una herradura. Aumentaría con la edad antes de caer entre los grupos mayores. Esto es lo que señalan (Díaz Hernández et al., 2017), que mencionan que la participación electoral de un individuo tiende a aumentar con el paso del tiempo, idea que es apoyada por (Grossi et al., 2000).1 Finalmente, una línea dentro de la literatura que ha sido bien analizada corresponde al factor de la violencia, explorado en la tesis de (Díaz Hernández et al., 2017). Estos últimos encuentran que en los municipios donde existe mayor violencia y presencia de grupos armados, la participación tiende a ser más baja, debido principalmente al temor generado por la presión de los grupos armados y la constante amenaza de estos. Sabemos, por otra parte, que los jóvenes hombres tienden a ser las principales víctimas mortales de esta violencia.
El artículo de (Baena Rojas & Ramírez Giraldo, 2023) encuentra que la participación electoral de los jóvenes se potencia cuando los mismos consideran que su participación puede generar un cambio en las instituciones. Este parece el caso de las elecciones de 2022. Una de las razones detrás de esta participación puede ser el surgimiento de campañas en redes sociales, como menciona el Centro Carter (The Carter Center, 2022). Tal organización encuentra que las campañas de TikTok de Rodolfo Hernández permitieron que éste llegara a una audiencia más amplia, especialmente a votantes jóvenes que lo veían como un candidato con propuestas alternativas y métodos poco tradicionales, facilitando su paso a segunda vuelta. Como lo mencionábamos en el principio de este artículo, otra de las posibles causas del aumento de la participación corresponde a las protestas iniciadas en abril de 2021, conocidas como “estallido social” y que surgen como resultado de la desaprobación generalizada de las políticas adelantadas por el gobierno del presidente Iván Duque en materia social (reforma tributaria y a la salud), en el cumplimiento del acuerdo de paz o en la misma gestión de la protesta social con la reivindicación del desmonte del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) (Álvarez-Rodríguez, 2022).
La duración de este evento permitió el “despertar” político de una parte de la población colombiana que se encontraba inconforme con las decisiones del gobierno y de los políticos tradicionales. En este contexto, Gustavo Petro hubiera tenido la capacidad de capitalizar el voto de la población inconforme, deslindándose simultáneamente de acciones de los manifestantes, como bloqueos en las vías principales del país, facilitando de esta forma su victoria en las presidenciales de 2022 (Coronel & Donoso, 2024). Esta lógica es similar a la utilizada por (Levitsky & Roberts, 2011) para explicar el giro progresista de Latinoamérica a principios del siglo XXI (a pesar de que Colombia fuera la excepción al caso). Destacan que los candidatos de izquierda latinoamericana lograron responsabilizar a los partidos tradicionales por la lenta superación de la pobreza y la inequidad. Todos estos elementos podrían ser interpretados como generadores de una elección crítica (Key, 1955) que cambia los comportamientos habituales observados y puede orientarlos de manera duradera. Si es el caso, ya no hablaríamos simplemente de un efecto “edad” con una mejor participación de los jóvenes que tienen mayor inclinación hacia la izquierda, sino de un efecto “generación” con un quiebre en las adscripciones políticas tradicionales que se manifiesta con más claridad entre los jóvenes, pero cuya consecuencia permanece en el tiempo a medida que envejecen (Schweisguth, 2011).
Otra de las tesis para explicar la victoria de Gustavo Petro es la campaña de transformación y reformas políticas propuestas por el mismo, que buscaba apelar a un sector más amplio de la izquierda, hacia la cual la juventud ha demostrado cierta afinidad. En ese orden de ideas, encuestadoras como Cifras y Conceptos han encontrado efectivamente que, dentro de los sectores más jóvenes, la votación por Gustavo Petro parece más alta (Cifras y Conceptos, 2022). Este estudio es el único estudio de opinión postelectoral que se ha realizado en el país, y nos proporciona, por tanto, una información valiosa; sin embargo, por la naturaleza del ejercicio, los resultados tienen que ser tomados con prudencia. Estas encuestas se realizan de forma posterior a las elecciones, cuando el ganador ya ha sido revelado, lo que genera una tendencia de sobreestimación del candidato ganador. Así, la encuesta arroja que Gustavo Petro hubiera ganado la primera vuelta con 48% y la segunda vuelta con 57% en la población en general (las cifras oficiales fueron de 40,3% y 50,4% respectivamente), mientras que entre los 18-25 años las cifras serían de 62,6% y 73,4%. Si postulamos que el voto Petro se sobreestimó de manera uniforme en todos los grupos etarios, tendríamos unas cifras que lo ubican a 15 puntos porcentuales por encima del promedio entre los 18-25 años.
En materia de metodología, no hay una tendencia clara para aproximarse al voto de los jóvenes en Colombia, y más allá de las encuestas, los datos son pocos. La mayor parte de los estudios tienden a la revisión cuantitativa y cualitativa de encuestas, como es el caso de (Bitar et al., 2023) y (Foro Nacional por Colombia, 2023). Otros se enfocan en la revisión de literatura, como es el caso de (Díaz Hernández et al., 2017) y (Baena Rojas & Ramírez Giraldo, 2023). En algunos casos se encuentran metodologías enfocadas en grupos focales (Kessler et al., 2024) y unos pocos estudios reúnen todos los previamente mencionados para aproximarse a entender las razones del abstencionismo de los jóvenes (Arias et al., 2010). Como se mencionó previamente, la tendencia a sobreestimar al ganador dentro de las encuestas post-electorales y las limitaciones de las encuestas pre-electorales que captan intenciones que no siempre se traducen en votos, sobre todo entre los jóvenes, puede llevar a resultados poco confiables, por lo que el análisis del presente artículo puede contribuir útilmente al tema al fundamentarse directamente en los datos de voto por mesa de la Registraduría. Esto permite conocer claramente la base etaria que sustenta los resultados de las elecciones de 2022 y la victoria de Gustavo Petro.
METODOLOGÍA
Para realizar este estudio, se emplearon dos bases de datos provenientes de la Registraduría Nacional del Estado Civil con las que se logró estimar la participación efectiva de los jóvenes en ambas vueltas de las elecciones presidenciales de 2018 y 2022, así como su importancia en la victoria de Gustavo Petro en el 2022. Primero, dispusimos de la base de datos con los resultados electorales de ambas elecciones a nivel de mesa de votación, la cual registra el total de votos para cada candidato y el número de votantes que ejercieron su derecho. La segunda base de datos contiene la composición de las mesas por rango etario para las mismas elecciones de las personas que efectivamente votaron. En ese sentido, a partir de la segunda base de datos, se agruparon los resultados en cinco rangos etarios, a saber: 18-25 años, 26-35, 36-45, 46-55 y mayores de 55.2 Partiendo de los votos discriminados por rango etario y el total de votos por candidato a nivel de mesa, se estimó el porcentaje de voto para cada candidato en función de la composición etaria de las mesas, cruzando las dos bases de datos. Se ponderaron los resultados electorales de cada mesa en función del número de electores de cada grupo etario para estimar el número de electores que votaron por cada candidato en la mesa. Posteriormente, se totalizaron los resultados a nivel nacional por cada grupo etario como herramienta para estimar los resultados de los candidatos para cada grupo. El voto, siendo secreto, no podemos saber exactamente cuántas personas de cada grupo etario votaron por candidato, pero este método es la aproximación más fina posible.
De esta forma, pudimos estimar la participación electoral de cada grupo etario. En primer lugar, estimamos el número de votantes a nivel nacional a partir de los resultados del ejercicio descrito previamente. En segunda instancia, estimamos la participación municipal en función de la composición etaria del censo electoral del respectivo municipio. Los datos empleados para la construcción de los insumos cartográficos que mostramos a continuación derivan de este apartado, pues estos pretenden demostrar los niveles de participación basados en el porcentaje de participación, tanto joven como global, por municipio en 2018 y 2022.
Es importante señalar acá que la composición etaria de las mesas de votación suele ser heterogénea, lo que es fundamental para que nuestras estimaciones se acerquen al comportamiento real de los electores en función de la edad. En efecto, si las mesas se conformaran al azar, o si su composición etaria se acercara a la composición del padrón nacional, no habría manera de estimar los resultados en función de la edad porque nuestro método daría resultados más o menos iguales a los resultados nacionales.
Nuestro método es pertinente porque la Registraduría organiza las mesas de votación en orden descendente, en función de los números de cédula de la ciudadanía.3 Por tanto, las primeras mesas de votación de cada puesto agrupan a los electores de mayor edad, y las últimas, a los más jóvenes. Estadísticamente, esto se traduce en una desviación estándar alta del porcentaje de 18-25 años en cada mesa (σ=27,1 en el caso de la segunda vuelta de 2022). Como resultado, la distribución de un grupo etario en las mesas electorales se aleja de una distribución normal gaussiana. Nuestro método toma acta del procedimiento de la Registraduría y pondera las estimaciones en torno a la composición de la mesa.
Desde luego, nuestro método debe ser considerado como una aproximación porque los electores agrupados en cada mesa no pertenecen nunca en totalidad al mismo grupo etario, tal como lo hemos delimitado. Esto se explica, en primer lugar, porque la Registraduría no toma en cuenta una edad determinada para delimitar la composición de la mesa, y en segundo lugar, porque la regla de la conformación de la mesa en función del número de identificación admite excepciones. Por ejemplo, los 6 jurados de votación que atienden cada mesa pueden votar en ella, sin importar su edad. Por otra parte, los ciudadanos naturalizados no tienen un número de cédula que refleje su edad. Adicionalmente, un puesto de votación con muchas mesas debería tener mesas más heterogéneas, desde el punto de vista de la edad, que un puesto con pocas mesas. En el caso de los pequeños puestos con una mesa única, por ejemplo, nuestro método no permite discriminar los resultados por grupos de edad.
Estos límites implican que nuestros resultados tienen que ser interpretados como una aproximación al voto por edad, es decir, una interpretación que tiende probablemente a subestimar la diferencia de los comportamientos entre grupos. En efecto, el hecho de que haya una minoría de “no jóvenes” entre las mesas de jóvenes y de jóvenes entre las mesas de mayores (así como unas mesas indiferenciadas en función de la edad en los puestos pequeños) implica que los resultados que encontramos por cada grupo etario se acercan probablemente más al comportamiento nacional de lo que es en realidad el comportamiento de cada grupo. Esto es algo positivo porque, si los datos que encontramos indican comportamientos de electores jóvenes distintos al comportamiento promedio de forma tal que justifican nuestra hipótesis, podemos considerar que la hipótesis se verificaría a fortiori con el comportamiento real de los jóvenes, que es probablemente más alejado del comportamiento promedio de lo que nuestros datos indican.
En resumen, el método que proponemos no solo es el más fino posible para acercarnos al voto real en función de los grupos etarios, sino que las aproximaciones inevitables se hacen probablemente en un sentido que minimiza las diferencias de comportamiento entre grupos, de modo que nuestros hallazgos no resultarán de sobreestimaciones estadísticas de las características del voto de los jóvenes.
RECONSTITUYENDO EL VOTO POR GRUPOS ETARIOS
Un voto joven decisivo: análisis de la segunda vuelta
Al analizar nuestros resultados en las segundas vueltas presidenciales de 2018 y 2022, se puede comprobar que los jóvenes fueron efectivamente el grupo etario en el que Gustavo Petro logró mayor apoyo. Esto es aún más evidente en 2022, cuando el voto joven resultó decisivo para la victoria de Petro frente a Rodolfo Hernández, tal como se muestra en el gráfico 1.

Fuente: elaboración propia con base en los datos de la Registraduría Nacional del Estado Civil.
Gráfico 1: Distribución del voto por grupo etario en la segunda vuelta presidencial de 2022
A la luz de estos resultados, es fundamental destacar que Petro logró una ventaja considerable entre los votantes de 18 a 25 años y de 26 a 35 años, obteniendo un 64,5 % y un 60 % del voto dentro de cada grupo, respectivamente. En contraste, los grupos de mayor edad mostraron más resistencia a este y favorecieron a su contrincante, Rodolfo Hernández. La resistencia hacia Gustavo Petro aumenta a medida que se analizan los grupos de mayor edad: en el rango de 36 a 45 años, Rodolfo Hernández obtiene el 49,6 % del voto; en el de 46 a 55, alcanza el 52,7 %, y en los mayores de 55 años, su apoyo crece hasta el 56,6 %.
Así, es claro en nuestro análisis que la victoria de Gustavo Petro por más de 700.000 votos frente a Rodolfo Hernández se debe principalmente al voto de los jóvenes. Entre los 18 y 25 años, la diferencia entre Gustavo Petro e Iván Duque en 2018 fue de más de 400.000 votos. Esto aumentó en 2022 con los más de 1.100.000 votos de ventaja que obtuvo frente a Rodolfo Hernández. Esto quiere decir que Petro logró movilizar 627.000 votos de jóvenes más entre 2018 y 2022. Asimismo, en 2018 el único rango de edad en el que ganó Gustavo Petro fue entre los jóvenes con un 54,7% del voto (obsérvese el Gráfico 2). Por el contrario, al observar los grupos etarios mayores de 25 años, se percibe un fenómeno similar al de 2022 a partir de los 36 años: a mayor edad, mayor resistencia hacia Gustavo Petro. En particular, Iván Duque logró superarlo con un 56,1 % del voto en el rango de 36 a 45 años, un 57,97 % entre los 46 y los 55 años, y un 60 % entre los mayores de 55 años.

Fuente: elaboración propia con base en los datos de la Registraduría Nacional del Estado Civil.
Gráfico 2: Distribución del voto por grupo etario en la segunda vuelta presidencial de 2018
Al igual que en el rango de 18 a 25 años, vale la pena detenernos un momento para comparar los resultados en términos de número de votos entre 2018 y 2022 en los grupos etarios subsecuentes, comenzando por el grupo de 26 a 35 años en 2018. El voto en este rango estuvo bastante dividido entre los dos candidatos, favoreciendo levemente a Iván Duque, quien obtuvo alrededor de 4,400 votos más que su oponente. Sin embargo, en 2022 esta tendencia cambió drásticamente, ya que Petro superó a Rodolfo Hernández por más de 1.100.000 votos. Esta tendencia favorable hacia Petro se revierte en los siguientes rangos de edad, donde la diferencia a favor de sus contrincantes es cada vez mayor. En el rango de 36 a 45 años, Iván Duque en 2018 y Rodolfo Hernández en 2022 superaron a Gustavo Petro por aproximadamente 686.500 y 130.800 votos, respectivamente, aunque Hernández con un margen menor. En el rango de 46 a 55 años se observó un patrón similar en ambos años: Iván Duque obtuvo una ventaja de alrededor de 783.400 votos en 2018, mientras que Rodolfo Hernández lo superó por solo 354.800 votos en 2022. Finalmente, en el grupo de mayores de 55 años, la diferencia fue significativa en ambos años, con Petro perdiendo frente a sus oponentes por más de un millón de votos.
En este punto es necesario hacer dos consideraciones adicionales a nuestro análisis del voto joven en las segundas vueltas presidenciales. En primer lugar, cabe destacar el cambio en la composición etaria del voto por Gustavo Petro entre las elecciones de 2018 y 2022. En 2018, su apoyo era destacable, principalmente en el rango de 18 a 25 años. Sin embargo, en 2022, además de ampliar esta base juvenil, Petro obtuvo una victoria importante en el rango de 26 a 35 años, en el que en 2018 había ganado Iván Duque por un pequeño margen. Este desplazamiento se puede explicar, en parte, por el crecimiento de quienes en 2018 tenían entre 22 y 25 años y que, para 2022, se encontraban en el rango de 26 a 35. Es decir, estaríamos frente a un efecto generación más que a un efecto de edad. Al mismo tiempo, nuevos votantes jóvenes que alcanzaron la mayoría de edad durante este periodo ampliaron el apoyo en el segmento de 18 a 25 años. Así, este reemplazo generacional parece clave para entender el resultado final. En segundo lugar, es importante considerar el posible impacto de fenómenos como el estallido social de 2021 y la pandemia en el cambio de las preferencias de algunos de los votantes más jóvenes, quienes desempeñaron un papel decisivo en la victoria de Gustavo Petro en 2022, pero podríamos subir más allá en el tiempo. Los primi-votantes de 2018 se socializaron políticamente durante la época de las negociaciones de paz entre el gobierno Santos y la guerrilla de las FARC. Todos estos hechos pueden ser relevantes para explicar el aparente cambio generacional.
Los matices del voto joven: análisis de la primera vuelta
De manera similar a lo observado en la segunda vuelta presidencial de 2022, Gustavo Petro mantuvo la tendencia de recibir mayor apoyo entre los jóvenes y menor entre los grupos etarios de mayor edad en primera vuelta (véase el gráfico 3). En contraste, Rodolfo Hernández presentó en la primera vuelta una distribución del voto más uniforme, con porcentajes que oscilaron entre el 26% y el 30% en todos los rangos etarios, sin mostrar un patrón específico. Por su parte, Fico Gutiérrez, el tercer candidato más votado en esta elección, se destacó por obtener un mayor respaldo entre los mayores de 36 años, con un incremento progresivo del apoyo en los rangos de 36-45 años (24,9%), 46-55 años (27,8%) y mayores de 55 años (33,1%).

Fuente: elaboración propia con base en los datos de la Registraduría Nacional del Estado Civil.
Gráfico 3: Distribución del voto por grupo etario en la primera vuelta presidencial de 2022
Cuando miramos las elecciones anteriores, a diferencia de lo ocurrido en 2022, el voto de los jóvenes en la primera vuelta presidencial de 2018 no se concentró exclusivamente en Gustavo Petro. En este año, Sergio Fajardo también logró captar un apoyo significativo entre ellos, tal y como se observa en el gráfico 4. De hecho, entre los votantes de 18-25 y 26-35 años, ambos candidatos obtuvieron resultados muy similares, con aproximadamente un 31% y un 27,5%, respectivamente, en cada grupo de edad. En los rangos etarios superiores, el apoyo hacia ambos disminuye en proporciones similares. Por otro lado, Iván Duque siguió un patrón similar al observado para la derecha en 2022, consolidando su mayor respaldo en los grupos de mayor edad, donde siempre superó el 40% de los votos. Por su parte, Germán Vargas Lleras y Humberto de la Calle obtuvieron los resultados más bajos, y aunque mostraron un leve mejor desempeño en los rangos de mayor edad, su apoyo siguió siendo marginal en comparación con los otros candidatos en todos los rangos de edad.

Fuente: elaboración propia con base en los datos de la Registraduría Nacional del Estado Civil.
Gráfico 4: Distribución del voto por grupo etario en la primera vuelta presidencial de 2018
El análisis de la primera vuelta sugiere, por tanto, unos matices al significado del efecto de generación que destacábamos en la primera vuelta. Si Petro logró ampliar su ventaja entre los jóvenes entre 2018 y 2022, es en buena parte porque fue el único candidato que tenía sus preferencias en la segunda fecha. En 2018, tuvo que pelear este electorado con el candidato centrista Sergio Fajardo. Fajardo no solo se derrumbó en las preferencias electorales generales en 2022 para pasar a ser un candidato marginal cuando estuvo a punto de superar a Petro y pasar a segunda vuelta en 2018, sino que su retroceso fue particularmente marcado entre los jóvenes. Así, Fajardo pasó de ser el candidato preferido de los jóvenes (ligeramente por encima de Petro) a un candidato con electorado marginal y envejecido en 2022. El apoyo de los jóvenes o de las nuevas generaciones a la izquierda no es, por tanto, un dato estructural. Existe bien entre ellos cierta aversión a las candidaturas de derecha, pero no necesariamente un apoyo a la izquierda. En 2022, Rodolfo Hernández no logró posicionarse entre ellos como una posible candidatura alternativa, como sí lo había logrado Sergio Fajardo en 2018, lo que dejó a Petro como el único candidato con favorabilidad marcada entre ellos.4 Por lo demás, Federico Gutiérrez perdió 12 puntos porcentuales entre los mayores de 55, y 15 entre los más jóvenes. La pérdida de la derecha es un poco más importante entre los jóvenes, pero es sobre todo entre los jóvenes adultos de 26-35 que retrocedió (cerca de 20 puntos). De modo que la progresión de Petro no se limitó a los más jóvenes, sino también a los 26-35 con una progresión similar. Esto parece reforzar la idea de que nos encontramos frente a un efecto generacional más que de edad estrictamente. Lo hemos dicho, los 26-35 corresponden a la generación que tuvo su socialización política y votó por primera vez durante la presidencia de Juan Manuel Santos (2010-2018), durante las largas negociaciones de paz entre el gobierno y la guerrilla de las FARC. Estos jóvenes adultos votaron en 2022 de manera similar a los más jóvenes, mientras los de 2018 se destacaban por comportamientos intermediarios entre los más jóvenes y sus mayores.
De modo que existe efectivamente un efecto de generación, pero que debe entenderse tanto como un giro hacia la izquierda de las nuevas generaciones como un alejamiento con respecto a la derecha, que se beneficia todavía del recuerdo de los tiempos de hegemonía del uribismo entre las generaciones más viejas.
LA PARTICIPACIÓN DE LOS JÓVENES
Finalmente, queda por observar el impacto del tema de la participación, que nos permite igualmente precisar el tema. Una de las tendencias más interesantes y destacables de las últimas elecciones presidenciales es el aumento general de la participación. Pues bien, entre las segundas vueltas de 2018 y 2022, la participación electoral aumentó en 4,2 puntos porcentuales, mientras que, entre la primera y la segunda vuelta de 2022, aumentó 3,2 puntos. Como lo hemos señalado, este fenómeno sustentó la hipótesis de que el resultado de las elecciones presidenciales de 2022 no solo puede ser causado por un cambio de orientación política entre los jóvenes, sino también por un cambio en su nivel de participación. Nuestros resultados confirman, en efecto, la idea.
Al analizar la participación de los jóvenes en las dos primeras vueltas de las últimas dos elecciones presidenciales (2018 y 2022), se resaltan, sobre todo, dos consideraciones. Un primer dato, sin sorpresa, es que, para cada una de las cuatro citas electorales, los jóvenes representan el grupo etario con menor porcentaje de participación. Esto confirma lo que los estudios mencionados previamente encontraron. Por otro lado, se puede evidenciar efectivamente un aumento de la participación de los jóvenes entre 2018 y 2022, con mayor razón entre la segunda vuelta, en la medida en que la segunda vuelta del 2018 fue menor que la de la primera vuelta. Lo anterior se evidencia en el siguiente gráfico 5.

Fuente: elaboración propia con base en los datos de la Registraduría Nacional del Estado Civil.
Gráfico 5: porcentaje de participación en ambas vueltas de las elecciones presidenciales de 2018 y 2022 por grupo etario
El aumento de la participación de los jóvenes entre 2018 y 2022 no solo es destacable por sí mismo, sino porque sobresale respecto a cómo ha progresado la participación en los demás grupos etarios. Si calculamos la diferencia de la participación de los jóvenes, en primer lugar, entre las segundas vueltas de ambas elecciones y, en segundo lugar, entre las dos vueltas de la elección del 2022, encontramos que los jóvenes son el grupo etario que más aumentó su participación en ambos casos. Como se evidencia en el gráfico 6, entre las segundas vueltas, la participación de jóvenes subió en 6.87 puntos porcentuales. Entre la primera y segunda vuelta de 2022, subió 4.19 puntos.

Fuente: elaboración propia con base en los datos de la Registraduría Nacional del Estado Civil.
Gráfico 6: Diferencia de participación por grupo etario (%)
Lo anterior es determinante, pues, como ya se explicó, los jóvenes fueron el grupo etario donde Gustavo Petro logró un mayor apoyo electoral tanto en la elección del 2018 como en la del 2022, resultando ganador en esta última. En concreto, en la segunda vuelta de 2022 votaron 372.126 jóvenes más que en la segunda vuelta anterior de 2018. Además, en la segunda vuelta de 2022 votaron 264.188 jóvenes más que en la primera vuelta de los comicios presidenciales del mismo año. Recordamos que el margen final entre los candidatos de la segunda vuelta de 2022 fue de 687.649 votos. En un ejercicio hipotético, que nos permite entender la relevancia del asunto, si asumimos que todos los jóvenes que representan los aumentos de participación mencionados votaron por Gustavo Petro, encontraremos que el aumento de la participación de los jóvenes entre 2018 y 2022 explica por sí solo más de la mitad de los votos del margen final de Petro sobre su contrincante. También encontraremos que un tercio del aumento del voto de Gustavo Petro entre los jóvenes se debe a su mayor participación. Por otra parte, sobre este punto particular, vale la pena subrayar que este aumento de la participación entre los jóvenes es significativamente más fuerte que entre los jóvenes adultos de 25-36, quienes, como habíamos visto, cambiaron su preferencia a favor de Gustavo Petro para llegar a proporciones similares a los más jóvenes.
Para reforzar este ejercicio hipotético, vale la pena geolocalizar el aumento de la participación en los jóvenes. Esto refuerza la idea de que puede tratarse de nuevos electores a favor de Petro en la medida en la que los encontraremos precisamente en los municipios y departamentos del país donde Gustavo Petro consiguió mayor apoyo electoral.

Fuente: elaboración propia con base en los datos de la Registraduría Nacional del Estado Civil. Hecho con Philcarto: http://www.philcarto.free.fr
Mapa 1 Diferencia en la participación juvenil entre las segundas vueltas presidenciales de 2018 y 2022
Como se muestra en el mapa, la participación juvenil aumentó por más de 20 puntos porcentuales en municipios del suroccidente del país y de la costa Pacífica, que apoyaron masivamente a Gustavo Petro. Vale la pena mencionar que grandes ciudades como Barranquilla, Cali y Cartagena, en las que la victoria de Petro se obtuvo por amplio margen, registran también un aumento de participación juvenil de más de 20 puntos. Con la excepción de los municipios del departamento de Santander, tierra de Rodolfo Hernández, la mayoría de los municipios que se destacaron por un aumento de la participación de los jóvenes favorecieron a Gustavo Petro.
Cuando observamos el comportamiento de la variación de la participación electoral a nivel general, es posible identificar lo que releva específicamente del aumento de la participación de los jóvenes en las elecciones de 2022.

Fuente: elaboración propia con base en los datos de la Registraduría Nacional del Estado Civil. Hecho con Philcarto: http://www.philcarto.free.fr
Mapa 2 Diferencia en la participación general entre las segundas vueltas presidenciales de 2018 y 2022
Al contrastar ambos mapas, encontramos similitudes marcadas. A simple vista, pareciese que la participación general y la juvenil se comportaron análogamente, o mejor dicho, que la variación entre el comportamiento de los jóvenes determinó la tendencia general, que se comporta igual, aunque de forma más atenuada. Entre los departamentos en los que se destacó el aumento de la participación juvenil, donde Gustavo Petro consiguió mayor votación, pero donde la participación general aumentó de forma similar, se encuentran Chocó, Meta y Caquetá. Sin embargo, el aumento de la participación de los jóvenes fue mayor al aumento promedio en el suroccidente y, sobre todo, en las grandes ciudades. El aumento general de la participación en Barranquilla, Cali y Cartagena no superó los 10 puntos, contrariamente a lo que pasó entre los jóvenes.
Tras estos hallazgos, es posible afirmar que el aumento de la participación para las elecciones presidenciales de 2022 se debe, en buena medida, al aumento de la participación de los jóvenes. Fue en este grupo etario donde hubo un mayor aumento de participación. En general, hubo un aumento marcado que es resaltable, sobre todo, entre los jóvenes de los territorios que favorecieron al ganador de la contienda, Gustavo Petro.
CONCLUSIÓN
Nuestros datos demuestran efectivamente que los jóvenes fueron determinantes en la victoria de Gustavo Petro. Votaron a su favor más que sus mayores y, sobre todo, en mayor proporción que en las elecciones presidenciales anteriores en las que Petro sufría la competencia de Fajardo en este grupo. Además, su participación electoral fue notoriamente superior en 2022 con respecto a 2018, una vez más, con un aumento mayor que en los otros grupos etarios. Los cambios de preferencia entre los jóvenes, junto con su mayor participación en las últimas elecciones, tuvieron un impacto que supera el margen de victoria de Petro sobre Hernández en segunda vuelta, es decir, fueron efectivamente determinantes en el resultado final.
Además de confirmar este fenómeno, nuestro análisis mostró que el cambio de comportamiento parece obedecer a un efecto generación más que a un efecto estrictamente de la edad. En efecto, el voto por Petro se mantuvo mejor entre los 26-35 en 2022 que en 2018. No fue únicamente un giro entre los primo-votantes. Esto sostiene la idea de una “generación de la paz” más adversa a la derecha que sus antepasadas. Sin embargo, no significa necesariamente que esta nueva generación se ancle definitivamente a la izquierda. Vimos cómo en la primera vuelta de 2018, el voto joven ya era adverso a la derecha, pero se dividía en partes iguales entre la izquierda y el centro. Los resultados adversos del centro en 2022 explican en buena medida que la izquierda haya ganado de manera tan holgada entre los jóvenes. Además, esta nueva generación más adversa a la derecha parece caracterizarse por una participación más volátil. El aumento en la participación de los jóvenes parece más frágil que el cambio en sus preferencias. En eso, fueron menos seguidos por los 26-35 que en sus cambios de preferencia. Parece obedecer a un fenómeno más coyuntural y, sobre todo, a la eficacia de la campaña de Petro para movilizarlos en los territorios en los que ya era fuerte.













