EL CONSUMO de alcohol constituye un problema de salud pública global. Se estimó que 3.3 millones de personas murieron en 2012 en todo el mundo debido al uso nocivo de alcohol. Su consumo no solo conduce a la dependencia, también aumenta el riesgo de desarrollar más de 200 enfermedades. Al igual que otras drogas, se considera que los niños y adolescentes son una de las poblaciones más vulnerables (World Health Organization, 2014).
Las Encuestas Nacionales de Adicciones de México de 2011 y 2015 (Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, Comisión Nacional Contra las Adicciones, & Secretaría de Salud, 2014), mostraron un aumento significativo en la prevalencia del consumo de alcohol en adolescentes. En efecto, el consumo en el último mes se incrementó de 14.5 en 2011 a 26.3% en 2015. El abuso de alcohol (ingesta de 5 o más copas por ocasión) se mantuvo en 14.5%; sin embargo, el análisis de consumo de alcohol en estudiantes de bachillerato a nivel nacional mostró que la proporción aumentó a 73.9% sin diferencias entre hombres y mujeres.
Particularmente los estudiantes de bachillerato de la Ciudad de Guadalajara en Jalisco, México, presentaron consistentemente las mayores prevalencias, tanto de consumo como de abuso de alcohol (18.2%), por encima de la media nacional (14.5%; Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, et al., 2014). Además, se estimó que de los 4.9 millones de personas con dependencia al alcohol en México, el 4.1% eran adolescentes, y que la edad de inicio del consumo tuvo lugar antes de los 17 años, aun cuando la venta de alcohol a menores de edad es ilegal en México (Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, Instituto Nacional de Salud Pública, & Secretaría de Salud, 2012).
El estudio sistemático de los factores asociados al consumo excesivo de bebidas alcohólicas en adolescentes ha identificado una gran diversidad de influencias. Particularmente, el estudio de los factores psicológicos y relacionales representa un potencial para el diseño de intervenciones directamente vinculadas con el individuo y su entorno, con el fin de mejorar su calidad de vida y promover hábitos saludables.
En la adolescencia, como consecuencia del rápido crecimiento, existe un conjunto de fuerzas que pueden favorecer el consumo de alcohol y otras sustancias, las cuales suelen estar vinculadas al ocio, diversión y recreación con los amigos (Trujillo & Flórez, 2013).
Entre los factores reportados se encuentra el malestar emocional, visible en casos como la depresión, los síntomas depresivos, la ideación suicida (Park & Yeni, 2016) y la deliberada au-toflagelación (Ocampo, Bojorquez, & Cortés, 2009). Los estados emocionales son respuestas que se interpretan a partir de la interacción entre el organismo y el contexto. Para Koob (2015), el abuso de las drogas genera poderosas emociones, desde un devastador estado emocional -como la depresión-, hasta la euforia, las cuales pueden crear una ruptura en el equilibrio personal que se convierte en factor clave para la etiología y mantenimiento de una adicción.
Otros reportes han encontrado que la autoestima está asociada al consumo de cigarrillos y alcohol (Wu, Wong, Shek, & Loke, 2014). La autoestima, entendida como la valoración de sí mismo, ya sea positiva o negativa, se forma a través de la asimilación e interiorización de opiniones de personas significativas. La autoestima es un recurso individual que juega un rol importante en la adaptación y el ajuste con el medio ambiente, por lo que puede considerarse como un factor de protección o de riesgo en el uso de sustancias. En un estudio se reportó que la alta autoestima social estaba asociada al consumo de sustancias (Musitu-Ochoa & Herrero-Olaizola, 2003), mientras que en otro se encontró que el grupo con dependencia a cannabis tenía menos recursos individuales e interpersonales en comparación con el grupo control (Dorard, Bungener, Corcos, & Berthoz, 2014).
La impulsividad es un constructo multidimensional asociado a pobres habilidades de planeación, dificultad para mantener la atención y la realización de conductas arriesgadas que ponen en peligro el bienestar propio y/o de los demás, las cuales son llevadas a cabo por el individuo sin tomar en cuenta las consecuencias de sus actos (Adan, Forero, & Navarro, 2017; González-Forteza, 1992). En la investigación se muestra que la impulsividad está asociada a cuatro patrones del consumo de alcohol: frecuencia del consumo, episodios de embriaguez, problemas relacionados con su uso, y adicción; por lo que se sugiere que la impulsividad juega un rol muy importante en el uso, abuso y adicción al alcohol en el tránsito hacia la adultez (Hyucksun, Hong, & Jeon, 2013).
Otro factor psicológico asociado al consumo de sustancias es el locus de control, que se refiere el estilo atribucional que el sujeto hace respecto a quién o qué factores internos o externos controlan los sucesos de la vida (González-Forteza, 1992). Se ha encontrado, consistentemente, que dicho factor predice la cronicidad del consumo de sustancias como el alcohol (López-Torrecillas, Peralta, Muñoz-Rivas, & Godoy, 2003). En un estudio con 509 personas en tratamiento por alcoholismo, se reportó que quienes tenían un alto locus de control interno presentaban menor consumo de alcohol (16.7%) durante el tratamiento, en comparación con quienes tenían bajo locus de control interno (45.9%; Soravia, Schláfli, Stutz, Rõsner, & Moggi, 2015).
Por otro lado, en investigaciones anteriores se ha mostrado que el estrés y su tolerancia subjetiva se han asociado de forma consistente al riesgo de uso y abuso de alcohol. El estrés psicosocial es producto de la relación entre el individuo y su entorno, la cual resulta amenazante para el bienestar emocional (Gon-zález-Forteza, 1992). En un estudio realizado con una muestra de mujeres universitarias, se mostró que la exposición al estrés y el deseo de deshacerse rápidamente de este se asoció a un mayor riesgo de consumo de alcohol (Holzhauer, Wemm, & Wulfert, 2017). Otras investigaciones han permitido ver de forma consistente que la presencia de estrés se asocia al consumo de drogas (López-Torrecillas et al., 2003; O'Connor & Colder, 2015; Park & Yeni, 2016).
Sumados a los factores psicológicos, existen elementos del entorno inmediato, como las relaciones de los adolescentes con sus padres. Se sabe que el uso y abuso de alcohol de los adolescentes se asocia a la presencia de padres alcohólicos (Pape, Rossow, & Storvoll, 2015); al estilo de la práctica parental (Crutzen, Giabbanelli, Jander, Mercken, & de Vries, 2015); a la exposición a mensajes pro-alcohol (Swahn, Ali, Palmier, Sikazwe, & Mayeya, 2011); a expectativas positivas frente al consumo de alcohol (World Health Organization, 2014); a la permisividad parental (Trujillo & Flórez, 2013) y a la relación deficiente del padre varón con el adolescente (Innamorati & Maniglio, 2015).
Por medio de la investigación científica, parece haberse identificado un conjunto de factores psicológicos y relacionales asociados con el uso y abuso de alcohol en adolescentes. Sin embargo, como dichas conclusiones son el resultado de estudios aislados, vale la pena preguntarse: ¿qué factores se mantienen asociados a los episodios de embriaguez cuando estos se integran en un modelo? En un estudio se identificó que la presencia de más de dos factores de riesgo incrementan la probabilidad de embriaguez (Sznitman, Zlotnick, & Harel-Fisch, 2015). Por lo cual el objetivo de este trabajo fue determinar la asociación de diez factores psicológicos y relacionales asociados a episodios de embriaguez en el último mes en adolescentes escolares en Guadalajara, México.
Método
Estudio transversal descriptivo correlacional que incluyó al total de estudiantes (1134) de primer año de una preparatoria pública de la Universidad de Guadalajara, en septiembre de 2014. Ninguno de ellos rechazó contestar el cuestionario. Del total, 463 (40.8%) fueron hombres y 671 (59.2%) mujeres; la edad promedio de ambos grupos fue de 15.1 años, con una desviación estándar de 2.2 años. La edad mínima fue de 15 y la máxima de 20 años. La tasa de localización de los alumnos enlistados por salones fue del 93%, ya que habían desertado o cambiado de escuela.
Instrumentos
Para la recolección de los datos se aplicó una encuesta autoadministrada, anónima, de 232 preguntas dentro del horario y sede escolar, cuya duración fue de aproximadamente 30 minutos. El cuestionario incluyó tres secciones:
Episodios de embriaguez en los últimos 30 días. Esta fue la variable de desenlace, evaluada mediante la escala de consumo de alcohol de la Encuesta Nacional de Estudiantes (Villatoro, Fleiz, Alcantar, & Rojano, 2004), conformada por nueve preguntas sobre consumo de bebidas alcohólicas, tipos y frecuencia de bebidas ingeridas, así como episodios de embriaguez en el último año, último mes y última semana.
Factores psicológicos y relacionales que fueron evaluados mediante diez escalas validadas y estandarizadas en población mexicana (Apéndice): (a) recreación mediante la escala de uso del tiempo libre de la Encuesta Nacional de Estudiantes (Villatoro, Fleiz, Alcantar, & Ro-jano, 2004); (b) síntomas depresivos mediante la escala CES-D (González-Forteza, 1992); (c) ideación suicida (González-Forteza, 1992); (d) autoestima, mediante la escala de Rosenberg (Rosenberg, 1965); (e) impulsividad (González-Forteza, 1992); (f) locus de control de suerte (La Rosa, 1986); (g) estrés cotidiano (González-Forteza, 1992); (h) relación con el padre; (i) relación con la madre (González-Forteza, 1992) y (j) conductas alimentarias de riesgo mediante el "Cuestionario breve de conductas alimentarias de riesgo" (Unikel-Santoncini, Bojórquez-Chapela, & Carreño-García, 2004).
Datos sociodemográficos como edad, sexo, turno, promedio escolar, tipo de alumno (regular o irregular) y si trabajaba además de estudiar.
Procedimiento
La administración de las encuestas se realizó durante el horario escolar en los salones de clase y fueron dirigidas por un equipo de profesores de la preparatoria, previamente capacitados, quienes dieron las indicaciones para que la población estudiantil respondiera la encuesta autoadministrada y anónima. Una vez que se les explicó el objetivo del estudio a los alumnos, se les solicitó su consentimiento informado por escrito. Así mismo se dispuso un espacio de atención en caso de que alguien requiriera de atención psicológica. Se atendieron dos casos por abuso de alcohol que fueron canalizados oportunamente a los servicios de salud para su atención. El proyecto fue presentado y aprobado por las autoridades de la escuela sede del proyecto.
Análisis de Datos
Para el análisis estadístico se estimó la pre-valencia de los episodios de embriaguez asociada a cada factor estudiado. Para los Odds Ratios (OR) crudos se utilizaron tablas de contingencia 2X2, y la significancia estadística se calculó mediante la prueba de chi-cuadrado. Para los Odds Ratios ajustados se utilizó la regresión logística. En el modelo de regresión logística se ingresaron los factores con significancia estadística α=.05. Los Odds Ratios se presentan con sus intervalos de Confianza del 95%. El análisis estadístico se realizó utilizando el programa SPSS versión 15 para Windows.
Resultados
En la Tabla 1 se presentan las características sociodemográficas de la población estudiada con y sin episodios de embriaguez en el último mes. De los 1134 adolescentes encuestados, 300 (26.5%) reportaron, al menos, un episodio de embriaguez en el último mes, comparado con 834 (73.5%) sin embriaguez. Encontramos mayor embriaguez en hombres (64%) que en mujeres (36%; p<.01). Se observó que el 90% de los bebedores se concentró en los adolescentes de 15 y 16 años y disminuyó en el grupo de 17 años de edad. Encontramos mayores episodios de embriaguez en quienes estudiaban y trabajaban (p<.01), en alumnos irregulares (p=.02) -que son aquéllos que habían reprobado al menos un curso escolar-, y en quienes estudiaban en el turno vespertino (p<.01). El promedio escolar fue significativamente menor en quienes reportaron episodios de embriaguez (69.0 vs 77.0 p<.01; Tabla 1).
En el análisis bivariado, encontramos que los factores psicológicos y relacionales asociados a los episodios de embriaguez en la población adolescente fueron: tabaquismo en el último mes, bajo locus de control interno, alta autoestima, alta impulsividad, relación distante con padre y madre, síntomas depresivos, ideación suicida, conductas alimentarias de riesgo, recreación, la presencia de estrés cotidiano, género masculino (Tabla 2).
Tabla 2 Análisis bivariado de los factores psicológicos y relacionales asociados a episodios de embriaguez en el último mes en estudiantes de bachillerato
Después del análisis de regresión logística, identificamos que los factores que perdieron asociación fueron: relación distante con la madre, síntomas depresivos, ideación suicida, conductas alimentarias de riesgo y recreación. Por el contrario, los factores psicológicos y relacionales que mantuvieron la asociación de forma directa con los episodios de embriaguez en la población estudiada fueron: tabaquismo en el último mes (OR=4.2), alta impulsividad (OR=1.9), alta autoestima (OR=1.6), la presencia de estrés social cotidiano (OR=1.6), bajo locus de control interno (OR=0.5) y relación distante con el padre (OR=0.5; Tabla 3).
Discusión
El estudio reveló que los factores psicológicos y relacionales asociados de forma directa a los episodios de embriaguez en el último mes fueron alta autoestima, alta impulsividad, bajo locus de control interno, relación distante con el padre, la presencia de estrés cotidiano y tabaquismo positivo en el último mes.
En el modelo de regresión logística perdieron su asociación con embriaguez algunos factores psicológicos previamente reportados en la literatura como síntomas depresivos (Park & Yeni, 2016), ideación suicida (Ocampo et al., 2009), recreación (Villatoro, Fleiz, Alcantar, & Rojano, 2004), relación distante con la madre y conductas alimentarias de riesgo.
De acuerdo a Sznitman et al. (2015) que sugiere que la presencia de dos o más factores incrementa la probabilidad de embriaguez, en este estudio se identificó la presencia de seis factores, que en su conjunto incrementan 9.5 veces la probabilidad de embriaguez en los adolescentes. Tan solo el tabaquismo en el último mes incrementa 3.2 veces más su probabilidad, por lo que retrasar el inicio de la experimentación con tabaco o su abstinencia se perfila como una estrategia de prevención primaria muy importante.
Este estudio identificó que la alta impulsividad, la alta autoestima y la presencia de estrés social cotidiano incrementan 5.1 veces la probabilidad de embriaguez en los adolescentes, y que han sido factores asociados de forma consistente al uso-abuso de alcohol en la literatura (Adan et al., 2017; Holzhauer et al., 2017; Hyucksun et al., 2013; López-Torrecillas et al., 2003; Musitu-Ochoa & Herrero-Olaizola, 2003; O'Connor & Colder, 2015; Park & Yeni, 2016; Soravia et al., 2015; Wu et al., 2014). Sugerimos que este subconjunto de tres factores da cuenta de la alta vulnerabilidad psicológica de los adolescentes, quienes parecen subestimar las consecuencias de la embriaguez, asumiendo comportamientos soberbios que podrían tener su causa en la alta autoestima (Galimberti, 2002).
Aunque se ha reportado que la relación distante con el padre (Innamorati & Maniglio, 2015) y el bajo locus de control interno (Soravia et al., 2015) se asocian al uso, abuso y cronicidad del alcohol (López-Torrecillas et al., 2003), en este estudio fueron los dos factores con menor asociación a la embriaguez (OR=.5 respectivamente), por lo que podríamos hipotetizar que actúan como variables mediadoras (Adan et al., 2017) en los episodios de embriaguez. No obstante dicha hipótesis debe comprobarse con modelos de ecuaciones estructurales.
Sugerimos que esta representación del sujeto vulnerable por los cambios rápidos, propios de la adolescencia, a la que se referían Trujillo y Flórez (2013), el desapego emocional representado por la pobre calidad de la relación con los padres, la influencia de los pares y la presencia de estrés, perfilan en su conjunto un estado de omnipotencia e invulnerabilidad, (Cabrerizo & Docampo, 2010), en donde el alcohol parece representar una poderosa emoción de seguridad y control a la que Koob (2015) se refería.
Adicionalmente, al realizar un análisis más detallado, en este estudio se encontraron diferencias significativas entre hombres y mujeres; el análisis de riesgo indicó mayor consumo en los hombres. En México, la masculinidad tradicional se asocia a la rudeza, a la violencia, a la agresividad, al poder, a la prepotencia y a la independencia (Aguilar-Montes, Valdez-Medina, González-Arratia, López-Fuentes, & González-Escolar, 2013), lo cual hace más vulnerables a los varones al consumo de sustancias y refuerzan la sensación de omnipotencia. En el caso de las mujeres se sugiere que, la alta prevalencia de episodios de embriaguez, da cuenta del enorme deseo de romper con los roles tradicionales, de adoptar comportamientos de igualdad frente a los hombres y de autoafirmarse. Por lo que esta hipótesis representa un nicho de oportunidad para continuar estudiando los roles de género y el consumo de sustancias en adolescentes con acercamientos cualitativos que den cuenta de las dinámicas internas de dicho comportamiento.
La diferencia de mayores episodios de embriaguez entre los adolescentes que trabajan además de estudiar, podría ser explicada debido a que se encuentran expuestos a mayor estrés causado por el doble rol; además de que disponen de mayores recursos para la compra de bebidas alcohólicas y tabaco, también están expuestos a la influencia de pares (Cool, Karriker-Jaffe, Bond, & Lui, 2015) de mayor edad, que podrían modelarles un patrón de consumo alto por el tipo de presión que se ejerce.
Aunque la adolescencia se caracteriza propiamente por un período de curiosidad e inestabilidad emocional como consecuencia de la gran cantidad de cambios que operan en la vida del individuo, el hecho de que en este estudio más de la cuarta parte de la población haya reportado embriaguez, es un reflejo de que en Guadalajara prevalece la alta disposición de alcohol en el mercado como región productora, así como una elevada accesibilidad de los adolescentes a las bebidas alcohólicas -pese a que legalmente se encuentra prohibida la venta a menores de edad-; adicionalmente, esta investigación también refleja la poca supervisión y la alta permisividad de los padres (Trujillo & Flórez, 2013). Por ello, y a partir de los resultados de este estudio, sugerimos incluir en los modelos preventivos comunitarios estrategias para incrementar el autocontrol mediante ensayos de respuesta demorada, sociodramas que modelen un mayor repertorio de respuestas para afrontar el estrés, la promoción de actividades deportivas y de encuentros entre padres e hijos en el contexto escolar, psicoeducación a padres para incrementar habilidades parentales, mayor monitoreo y estilos de crianza afectivamente cercanos.
En un estudio se estimó que el consumo de sustancias no solo impone un costo al consumidor, sino que también le genera un costo a la sociedad, en atención médica por enfermedad, incapacidad laboral, problemas sociales, movilización de justicia, muertes prematuras y violencia, el cual asciende a una suma de 39.8 billones de dólares anual (Rehm et al., 2006). Por ello, las intervenciones preventivas con bases científicas deben ser una prioridad en las políticas públicas.
Por otro lado, los resultados de este estudio deben tomarse con cierta cautela; dado que su diseño fue descriptivo transversal, no pretende identificar direccionalidad en las variables. Adicionalmente, la muestra de ninguna manera representa a los estudiantes de Guadalajara. Consideramos que en escuelas ubicadas en zonas de mayor marginación, la prevalencia de episodios de embriaguez podría ser mayor, incluso cuando se esperarían semejanzas en los factores psicológicos por la exposición a una misma cultura. Por otro lado, el estudio evaluó algunos factores relacionales dejando de lado antecedentes familiares, así como el impacto de la embriaguez en la calidad de vida o los problemas asociados a los episodios de embriaguez. Por ello consideramos que es necesario continuar profundizando, tanto en el estudio de los factores asociados a episodios de embriaguez con diseños longitudinales y la inclusión de nuevas variables -por ejemplo, la diferencia de género-; como en el diseño, implementación y evaluación de modelos preventivos en comunidades escolares.
A manera de conclusión podemos señalar que los factores psicológicos y relacionales asociados a los episodios de embriaguez hicieron referencia a un perfil psicológico de omnipotencia, altamente influenciable y con desapego emocional, por lo que el consumo excesivo de alcohol parece perfilarse como una estrategia de seguridad y autocontrol.
















