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Nómadas

Print version ISSN 0121-7550

Nómadas  no.39 Bogotá July/Dec. 2013

 

La in-corporación de la investigación: políticas de la menstruación y cuerpos (re)productivos*

A in-corporação da pesquisa: políticas da menstruação e corpos (re)produtivos

Research in-corporation: menstruation policies and (re)productive bodies

Miren Guillo Arakistain**

* El presente artículo hace parte de la investigación que la autora se encuentra realizando en este momento con la dirección de Mari Luz Esteban Galarza, profesora de antropología social de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU). La investigación de la autora está inscrita en el programa de doctorado de Estudios Feministas y de Género de la misma Universidad.

** Licenciada en Antropología Social y Cultural; Licenciada en Pedagogía, diplomada en Educación Social y Magíster en Estudios Feministas y de Género de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU). En la actualidad es becaria del programa predoctoral de Formación de Personal Investigador concedida en 2009 por el Vicerrectorado de Investigación de la UPV/ EHU, y está vinculada como investigadora predoctoral al Departamento de Filosofía de los Valores y Antropología Social de la misma Universidad, Donostia-San Sebastián (España). E-mail: miren.guillo@gmail.com

{original recibido: 05/11/2012 · aceptado: 08/09/2013}


Se presentan aquí algunas reflexiones surgidas en la elaboración de la correspondiente tesis doctoral, donde se analiza el modo en que algunas jóvenes vascas resignifican la menstruación de manera alternativa a la cultura médico-científica hegemónica. Los principales aspectos abordados son la dimensión autoetnográfica del estudio, la utilización de la técnica de los itinerarios corporales, las relaciones en el trabajo de campo y su influencia en el proceso metodológico. Se cataloga el proceso como incorporado, ya que se da prioridad al estudio de la interacción corporal reflexiva entre etnógrafa e informantes.

Palabras clave: menstruación, cuerpo, género, itinerarios corporales, embodiment, autoetnografía.

São apresentadas aqui algumas reflexões surgidas na elaboração da correspondente tese doutoral, onde se analisa

o modo em que algumas jovens bascas ressignificam a menstruação de maneira alternativa à cultura médico-científica hegemônica. Os principais aspectos abordados são a dimensão auto-etnográfica do estudo, a utilização da técnica dos itinerários corporais, as relações no trabalho de campo e sua influência no processo metodológico. Cataloga-se o processo como incorporado, já que se dá prioridade ao estudo da interação corporal reflexiva entre etnógrafa e informantes.

Palavras-chave: menstruação, corpo, gênero, itinerários corporais, embodiment, auto-etnografia.

Presented here are some reflections born during the elaboration of corresponding doctoral dissertation that analyzes how some young Basque women re-define menstruation in alternate ways to the hegemonic medical-scientific culture. The principal aspects regarded are the auto-ethnographic dimension of the study, the use of the corporeal routes technique, the fieldwork relationships and its influence on the methodological process. The process is catalogued as incorporated, since its priority is the study of the physical reflexive interaction between ethnographer and sources.

Key words: menstruation, body, gender, corporeal routes, embodiment, auto-ethnography.


El contenido de este artículo tiene que ver con el proceso etnográfico que estoy llevando a cabo para mi tesis doctoral, concretamente con el abordaje metodológico, basado en algunas técnicas y estrategias de investigación vinculadas mutuamente: la reflexión autoetnográfica, la reconstrucción de "itinerarios corporales" a través de entrevistas en profundidad, la observación de eventos relacionados con el tema y la socialización del trabajo de investigación. Por lo tanto, el objetivo de este texto es llevar a cabo algunas reflexiones metodológicas en torno a un análisis de los cuerpos menstruantes que podríamos denominar corporal, planteando diversas inquietudes y tensiones que como autora he estado viviendo a lo largo de este proceso analítico-reflexivo.

Por tanto en esta introducción resumiré en primer lugar el planteamiento general de la investigación, explicando cuál es y cómo surge el sujeto/objeto de estudio y sus objetivos generales, para poder así ubicar las reflexiones que presentaré posteriormente. La tesis doctoral a la que me refiero, se titula "Espacios contraculturales, relaciones de género y cuerpos: mujeres jóvenes y políticas de la menstruación", y en ésta se analiza cómo algunas chicas jóvenes (en concreto, las que pertenecen a contextos que identifico como contraculturales1) están entendiendo y resignificando el ciclo menstrual desde una mirada alternativa al modelo médico-científico y cultural hegemónico, de manera que la menstruación se convierte en un espacio de resistencia. A través de la observación de estas políticas de la menstruación2, se puede acceder al estudio concreto de las ideas y conductas específicas de estas chicas respecto a su salud y reproducción, pero también al análisis de cómo en dichos procesos se discuten y reorganizan las relaciones e identidades de género. Por lo tanto, la menstruación, en tanto que espacio de creatividad y resistencia, es un campo privilegiado para analizar de modo general los seguimientos culturales y las resistencias, es decir, las relaciones de poder actuadas y contestadas desde lo corporal3.

El cuerpo menstruante, entendido como cuerpo político-feminista (Esteban, 2011a), es teórico y empírico a la vez; un cuerpo reivindicativo, que en esta investigación estoy abordando desde la antropología del cuerpo, un modelo surgido en las últimas décadas desde el cual se está intentado superar la separación radical entre conocimiento y práctica, descentrar la construcción cognitiva del conocimiento y privilegiar interpretaciones que buscan explícitamente colapsar las dualidades mente/cuerpo, naturaleza/cultura, yo/el otro, y otras dialécticas esenciales (Lock, 1993). De esta manera, el cuerpo es situado dentro de una sociedad y cultura específicas, en un contexto histórico concreto. Estas contribuciones esenciales que se han dado dentro del marco de la teoría del cuerpo, nos sugieren entender la corporalidad menstruante como cuerpo reproductivo, como cuerpo político4, desde una óptica no determinista, ni biologicista, ni universalista. Un cuerpo político que puede ser subversivo, y que es además parte de un proceso de reflexión y acción más amplio, relacionado con la salud pero también con la conformación de las identidades y las relaciones sociales.

Como explicaré más adelante, mis propias inquietudes y la condición de tener y ser un cuerpo, así como el mismo esfuerzo intelectual (corporal) por desanudar dicotomías clásicas, han sido parte de una tensión creativa que me está sirviendo para problematizar todo el proceso metodológico, llevándome a repensar y a percibir el/mi mundo social (el lenguaje, los términos que utilizo, mi propia vida...) de otra manera. Por ejemplo, la experiencia en algunos talleres sobre la menstruación que he observado, en conversaciones y vivencias, o la propia producción escrita me han llevado a darme cuenta de una excesiva tendencia a racionalizar mi estudio, por lo que otro de los retos de este proceso está en ser más consciente de esa dualidad en mí. Experimentar esta subjetividad que investiga, pero es parte del sujeto de estudio —y a veces se diluye en éste—, y la inmersión en el trabajo de campo, con todos sus retos conceptuales y metodológicos, me ha hecho enfrentarme a dificultades, tensiones y reflexiones que me están ayudando a profundizar en la propia investigación.

Del activismo a la investigación: sobre cómo surge mi interés por la menstruación

En el 2006, junto con Mireia Delgado —ambas somos licenciadas en pedagogía social y con experiencia laboral en los ámbitos de la educación, la coeducación y el género—, formamos un grupo de trabajo feminista llamado Nomantxakolorea5, con el fin de repensar el ciclo menstrual, indagar por otro tipo de representaciones alternativas y conocer las diversas producciones artísticas y culturales alrededor de la sangre menstrual. Desde entonces hemos llevado a cabo y participado en actividades diversas: la autoproducción y experimentación con compresas y tampones de materiales ecológicos, la facilitación de talleres sobre el ciclo6, o incluso la producción artística de instalaciones, fotografías y diseños de camisetas, por lo que esta investigación se entronca en mi propia experiencia vital.

Algunos años después de comenzar este proceso colectivo, y de modo paralelo, convertí el tema de las políticas de la menstruación en mi objeto de estudio para el trabajo de investigación que llevé a cabo dentro del Máster Universitario Estudios Feministas y de Género en la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/ EHU), investigación que llevó por título: "La menstruación: discursos, prácticas y tensiones. Reflexiones a partir de la búsqueda de nuevos significados" (2009), dirigida por Mari Luz Esteban. En esta investigación analicé distintos discursos y prácticas en torno al cuerpo reproductivo, partiendo específicamente de la menstruación. Ya en este primer proceso etnográfico, se combinaron las diversas posiciones de la condición de investigadora como autora, pero al mismo tiempo como persona implicada en el proceso de análisis. De este trabajo, en el 2009 nació el proyecto de tesis doctoral en el que estoy implicada actualmente, y en el que se dieron algunas modificaciones lógicas en este tipo de procesos. Sobre todo destacaría que me fui percatando de que cuestionar los discursos reproductivos implica inevitablemente cuestionar los discursos hegemónicos sobre la salud, el cuerpo, el género y la cultura médica en general, y ello me llevó a focalizar mi atención sobre los propios espacios contraculturales en los que se daban estos discursos alternativos7.

Durante este tiempo, la propia vida de la investigación y la vida del colectivo se han ido mezclando entre sí, de modo que puedo decir que he pensado la indagación que realizo a partir de mi activismo en el campo de la menstruación, pero tembién que la investigación me ha permitido orientar algunas de las acciones políticas o artísticas llevadas a cabo. Así, por ejemplo, en el 2010 participamos en una exposición colectiva de arte feminista8 donde aplicamos ideas que habíamos generado y desarrollado colectivamente, entremezcladas con algunas de las reflexiones surgidas directamente del propio estudio.

Parte del material que hicimos para dicha exposición fueron algunos botes de cristal llenos de sangre menstrual (simulando la idea de la cotidianeidad y de lo común, lo corriente, lo manipulable-manipulado que puede evocar la imagen de unos botes de conserva) que habían ido guardando varias colaboradoras del proyecto en distintos ciclos. En cada bote iba escrito el nombre de la propietaria de la sangre menstrual y la fecha de los ciclos a los que correspondía. No todos los botes llevaban nombre de mujer (alguno llevaba nombre masculino o algún nombre sin marca de género), ni todos los botes estaban llenos de sangre (haciendo alusión directa a la idea de que no todas las "mujeres" menstrúan, como algo que se da por hecho en nuestra sociedad). Esto tenía que ver directamente con el hecho de que en la realización de la investigación anterior, resultó que algunas de las mujeres que entrevisté no tenían la menstruación por diversas razones, y esto me obligó a repensar la regla como algo que está absolutamente sobrerrepresentado, en la medida en que está en el centro del discurso biomédico hegemónico en torno al cuerpo femenino. La idea de la menstruación como proceso común a todas las mujeres es una representación biomédica, pero es al mismo tiempo, un lugar común de la cultura popular: la regla como algo que no sólo tienen todas las mujeres, sino algo que nos hace mujeres9. Sugerir esto en la instalación servía para mostrar posibles fisuras en la rigidez de los planteamientos biomédico-sexuales.

Sobre la mirada autoetnográfica, los itinerarios corporales y la observación

To write vulnerably is to open a
Pandora's box.

Ruth Behar

Dado que la investigación parte de mi propia implicación en el tema, desde un principio soy parte del sujeto de estudio, de la sistematización de las vivencias propias y colectivas en mi entorno, y por lo tanto, la mirada autoetnográfica como herramienta ha sido fundamental. Por ello, he puesto en práctica una observación y una escritura conscientemente vulnerables, haciendo que las propias emociones fueran parte de la etnografía (Behar, 1996). Así, he intentado encarnar de un modo activo el propio estudio, y esto conlleva ventajas y potencialidades aunque también riesgos.

Los paradigmas que tradicionalmente han prevalecido en las ciencias sociales exigen distancia, objetividad y capacidad de abstracción (Behar, 1996). Sin embargo, en las últimas décadas, para muchos antropólogos las técnicas autoetnográficas han sido una herramienta vital para la crítica en torno a las relaciones de poder que operan en el propio trabajo de campo, la representatividad etnográfica y las perspectivas monolíticas de las identidades (Mascia-Lees, 2011). De esta manera, se cuestionan dicotomías como lo nativo/lo no nativo, sujeto/objeto, investigador/sujetode estudio, lo personal/lo público, etcétera.

Desde esa propia vulnerabilidad, desde el exponerse, desde las técnicas autoetnográficas, se intenta llegar a un lado que de alguna otra manera difícilmente podríamos llegar, una mirada privilegiada desde la cual se tejen los temas sociales con una voz personal utilizada creativa-mente (Behar, 1996). El relato de la autoetnógrafa se mueve fluidamente entre la experiencia encarnada, el "yo" vulnerable, lo social y lo teórico, implicando la propia historia entre procesos históricos y discursos académicos (Mascia-Lees, 2011). Estos ejercicios desde lo "auto", suponen una crítica del modo dicotómico androcéntrico a la hora de interpretar y explicar la realidad, donde la investigadora trataría de localizar-se en su entorno, reconociendo así los límites de las marcas del paisaje social que le rodean (Hernández, 1999). Basándose, entre otros, en el planteamiento de Hernández, Esteban (2004a) acuña el concepto de antropología encarnada, desde el cual propone la conexión explícita y consciente entre la experiencia propia encarnada (que correspondería en castellano al término inglés embodied) y los procesos de investigación que toman los cuerpos como objetos y sujetos privilegiados de análisis. Siguiendo a esta autora, la propia experiencia puede ser una manera de acercarnos a las dimensiones políticas, económicas y culturales del fenómeno que investigamos, como si de lo local a lo global se tratara, de lo individual a lo colectivo.

Al principio de este proceso escribí mi propio itinerario corporal para poder ubicarme en el mundo y pensar en mi corporalidad, teniendo como ejes importantes mis vivencias, conflictos y placeres en torno a la salud, la salud reproductiva, la menstruación, inquietudes y experiencias vitales, relaciones de género y sexualidad, etcétera. Al sentirme un "yo" que fluye entre distintas dimensiones (activista e investigadora, menstruante y no-menstruante...) también comparto mis hipótesis, dudas y preocupaciones con las personas (emocionalmente) más cercanas con las cuales convivo, trabajo o estoy, y ésa es otra fuente de reflexión autoetnográfica.

Una tensión implícita en la propuesta autoetnográfica es la de exponerse, desnudarse: el miedo a la propia exposición (relacionado con la autoexigencia), junto al miedo a mostrar un entorno social del que soy parte, lo cual me genera contradicciones y dificultades (que tienen más relación con el hecho de dar información "que no es solo tuya"). A pesar del coste personal que pueden generar estas tensiones, creo que metodológicamente es una manera de situar y encuadrar con más rigor científico las conclusiones y el proceso general de la investigación. Al fin y al cabo, una autoetnografía que trata de hablar de procesos culturales, políticos o económicos a través de un punto de vista autobiográfico, no habla del/la autor/a, sino, más bien, de su mundo social (Lancaster, 2011).

Además de la reflexión autoetnográfica, estoy llevando a cabo entrevistas biográficas que toman la forma de itinerarios corporales (Esteban, 2004b). Esta propuesta metodológica consiste en hacer biografías más o menos dilatadas en el tiempo, poniendo todo el énfasis en las experiencias y prácticas corporales de la persona entrevistada, lo cual nos permite un análisis amplio y complejo, en el sentido de que posibilita profundizar por un lado en el estudio de la subjetividad y la experiencia individual concreta, pero, por otro, facilita la observación de dichas biografías, ubicándolas siempre dentro de los colectivos a los cuales pertenecen y en los marcos sociales, culturales e históricos también concretos por los que transitan (Esteban, 2008).

En el caso de las trayectorias vitales de las jóvenes que he entrevistado10, sus planteamientos en torno al ciclo son muy variados, lo mismo los entornos que frecuentan. Cada itinerario nos permite acceder no sólo a las vivencias individuales, sino también a las relaciones entre las corporalidades y los contextos en los que viven y se conforman dichas corporalidades (teniendo en cuenta variables sociológicas, económicas, culturales...), y ello permite observar desde dónde y cómo se están dando en nuestra sociedad los debates relacionados con la salud, pero también con la equidad.

Por otro lado, estas informantes han seguido sus procesos vitales, y en algunos casos, han continuado trabajando sobre este tema (por ejemplo, como artistas, activistas...). Además, he tenido ocasión y tiempo de encontrarme con ellas en otros lugares y espacios. Esto me ha ofrecido la oportunidad de mantener una cierta relación con algunas de ellas, lo que ha reforzado el potencial no sólo para entender la relación entre esos cuerpos y esos contextos, sino también sobre los cambios que se dan en dichos espacios y en las vidas de estas personas. El análisis más prolongado en el tiempo de estos casos nos acerca de otra manera al sujeto de estudio, introduciéndonos en matices personales y culturales con un gran poder de evocación y significación.

En cuanto a las dificultades específicas que esta técnica me ha supuesto, debo primero aludir a la necesidad de conjugar bien la teoría y la biografía, escribir sobre ello de una manera lógica y ordenada pero sin ocultar la materialidad del cuerpo. Otra dificultad sería la del anonimato. En la medida en que en los itinerarios corporales se profundiza en detalles relativos a la vida y las características de la persona entrevistada, que estoy trabajando en contextos bastante minoritarios dentro de una comunidad relativamente pequeña (la vasca), y a pesar de tomar medidas específicas de ocultamiento de la identidad, existe el riesgo de que las personas puedan ser reconocidas.

Por otro lado, también hay que pensar en que la información dada en diversos momentos de la relación no se puede gestionar de la misma manera. Puede que la informante en cuestión nos "concediera el permiso" para utilizar (cuidadosamente) la información de la entrevista de una manera. Pero en cuanto al resto de información que vamos obteniendo a medida que seguimos relacionándonos, ¿cómo la utilizamos y cómo la formulamos? Todas estas tensiones me llevan a reflexionar tanto sobre la autoridad etnográfica, la adecuada gestión de la información, como sobre el asunto de para quién y cómo escribimos.

Además de la mirada autoetnográfica y la realización de itinerarios corporales, el trabajo de campo se está basando también en la observación de eventos, encuentros, talleres, incluso en las experiencias cotidianas del día tras día en mi entorno cercano, y el estudio de casos muy diversos en los que he participado y participo, siempre desde distintas posiciones (como dinamizadora y como público en talleres, charlas a las que acudo o conversaciones informales que se dan en mi entorno, etcétera), que también tiene mucho que ver, a su vez, con la citada mirada autoetnográfica11. Mi cuerpo menstruante y activista de la menstruación, un sujeto individual y colectivo al mismo tiempo, y mi cuerpo reflexivo, etnográfico, por tanto, son uno.

Sobre socializar, cuestionar y alimentar la investigación: algunas transformaciones en el trabajo de campo

La duración de este proyecto y las diversas maneras en las que está siendo socializado han hecho posible que se produzcan ciertas transformaciones en el ámbito de estudio. A partir de estos cambios, debidos tanto al carácter emergente del propio tema como a la socialización de la investigación que estoy llevando a cabo en mi entorno, surgen reflexiones sobre el impacto cercano de la investigación, las relaciones entre los sujetos o el análisis de los lugares que ocupa la propia etnógrafa.

Por un lado, un elemento relevante en las etnografías es el relativo a los tiempos y a la duración de la investigación. En estos años, se han ido dando cambios (algunos significativos) en el propio ámbito del activismo alrededor del ciclo menstrual. En primer lugar, hay que subrayar que la emergencia de este tipo de activismo se debe a la importancia que las propuestas sociales y científicas relativas al cuerpo están adquiriendo en las sociedades llamadas occidentales, donde éste, construido teóricamente de una manera determinada desde las ciencias sociales, se ha convertido en un prisma privilegiado para analizar los procesos culturales y políticos en muy diversos campos (académico, artístico, asociativo...) y disciplinas (antropología, sociología...). Pero, además, en una sociedad tecnológica y de consumo que ha puesto el cuerpo y la sexualidad en el centro de sus dinámicas, la politización que se ha llevado a cabo del cuerpo femenino por parte de las feministas (y otros colectivos), ha propiciado la visibilidad de las políticas corporales y su agencia, donde, además, el ámbito académico y el asociativo se articulan y retroalimentan.

En las ciencias sociales, y específicamente en la antropología, la teoría del cuerpo desarrollada en los últimos años ha hecho proliferar estudios sobre lo corporal. Temas como políticas de reproducción, sexualidad, emociones, enfermedad o chamanismo, por ejemplo, son algunos campos recientes que implican el cuerpo (Lock, 1993)12. En este contexto, Esteban ha realizado recientemente un análisis de distintos cuerpos políticos feministas, definiéndolos como

    [...] un conjunto articulado de representaciones, imágenes, ideas, actitudes, técnicas y conductas encarnadas, una configuración corporal determinada promovida consciente o inconscientemente desde un movimiento social, en nuestro caso el feminismo, que se concreta a nivel individual y colectivo. Un cuerpo político comporta siempre formas concretas de entender la persona, el género y las relaciones sociales, y de mirar, conocer e interactuar con el mundo, que suponen a su vez maneras (al menos intentos) de resistir, contestar y/o modificar la realidad (2011a: 65).

Siguiendo a esta autora, podemos afirmar que el cuerpo reproductivo (contracepción, aborto, maternidad, menstruación...) ha sido uno de los cuerpos políticos dominantes en el feminismo. En mi etnografía he ido constatando, por ejemplo, que en los últimos años, la representación visual (sobre todo artística) de la menstruación se ha incrementado notablemente. También en los últimos años ha aumentado de modo significativo el número de mujeres que imparten talleres o escriben sobre este tema, muchas de ellas feministas o próximas a dicho movimiento13.

La dinamización de talleres configura espacios de encuentro y aprendizaje, así como escenarios para compartir y enriquecer la investigación (ya que pienso que en este caso socialización y enriquecimiento son inseparables). En estos espacios formativos y reflexivos se suele analizar cómo se define la menstruación y sus representaciones, intentando repensarla colectivamente a través del análisis de diversos aspectos, como por ejemplo, la gestión alternativa de la sangre menstrual14. Ello da pie a hablar de los distintos peligros que produce el uso de los llamados productos de higiene femenina, más comunes en la actualidad, como los tampones y las compresas blanqueadas. El consumo de dichos productos ocasiona daños ecológicos como la contaminación, pero también riesgos para la salud, que provienen de los blanqueantes que contienen y que actúan sobre las mucosas y la piel de la vulva y la vagina. A estos peligros se le añade el coste económico, por el elevado precio de estos productos. Teniendo todo esto en cuenta, se plantea también una dimensión más política que denuncia los riesgos y efectos nocivos apenas descritos, más la visión negativa que la publicidad genera respecto a la menstruación: algo que no debe ensuciar, ni oler, ni verse, ni notarse. En los talleres, no sólo hemos intentado analizar la menstruación colectivamente y desde la diversidad de niveles que engloba, sino que también se han generado espacios para pensar en las vivencias de las participantes. Por tanto, las consideraciones teóricas y los distintos ejemplos y experiencias que se van dando, las visiones de las participantes, así como las conversaciones y debates que van surgiendo, provocan la retroalimentación tanto del proyecto de Nomantxakolorea como de la propia tesis.

Algunos acontecimientos me han acercado a los posibles efectos que la etnografía podría estar teniendo también en las interlocutoras. Por ejemplo, un día acudí a un videoforum sobre la menstruación que se organizó en una ciudad cercana. Conocía a la dinamizadora, había hecho algún taller con ella un año atrás; es una informante de la que me he nutrido especialmente, y además mantenemos una relación donde prevalece el interés mutuo en nuestro trabajo. En el debate salieron los temas que habitualmente surgen en este tipo de encuentros: la visión negativa de la menstruación, la queja sobre la publicidad de tampones y compresas, la vivencia de los dolores menstruales, experiencias positivas también, y muchas dudas y preguntas acerca del ciclo. Esta vez, una chica (conocida y cercana de mi compañera de Nomantxakolorea) hizo una pregunta no tan habitual en este tipo de encuentros. Un interrogante, por otro lado, que surge desde una visión crítica de alguien especializada en antropología del género, como era ella, pues comentaba que utilizamos la menstruación para construir la feminidad, y que, sin embargo, existe una casuística variada de mujeres que no la tienen, entonces ¿por qué no se hablaba de esto en aquel espacio? La dinamizadora le respondió que ella creía que el periodo no determinaba la feminidad, pero enseguida otra participante rompió el debate e hizo una pregunta totalmente distinta, lo que no permitió seguir con la primera cuestión. Al terminar el evento, la dinamizadora me hizo un comentario sobre la pregunta que había quedado en el aire, explicando que ella estaba reflexionando también respecto a esa vinculación entre la menstruación y la feminidad, y el riesgo que podía tener perpetuar este tipo de ideas en los talleres, algo que llevaba pensando desde conversaciones anteriores. Anécdotas parecidas han ido surgiendo y me han hecho repensar, por un lado, la dicotomía etnógrafa/ etnografiada, y, por otro, recapacitar sobre el impacto cercano que pueden tener las entrevistas mismas, y las transformaciones que pueden generarse en el proceso etnográfico.

Los ambientes feministas frecuentados, o las propias relaciones sociales y personales, han sido otro espacio más de socialización y alimento del trabajo: conversaciones ligadas directamente al tema principal de la tesis, o a opiniones y vivencias relativas al cuerpo, la salud, la identidad de género, etcétera. Tampoco puedo dejar de lado las transformaciones prácticas y emocionales que he vivido durante estos años, que tienen que ver con este proceso de investigación, y que han afectado probablemente el trabajo de campo. La propia gestión de mi salud y la menstruación (gestión de la sangre y del dolor, sensaciones, visibilización, etcétera), el análisis de mis diferentes prácticas corporales (relativas a la salud, a mi propia sexualidad, al deporte, a la apariencia...), los diversos ambientes en los que me he socializado (y el análisis de las perspectivas contrahegemónicas, feministas, ecologistas o de salud que se dan en éstas), las emociones que se han producido en la experiencia de guiar y acudir a talleres y otros eventos, o las mismas entrevistas han tenido una influencia vital en mí (con la dificultad de diferenciar la vida laboral y la personal, división demasiado estática y simple para poder analizar su complejidad), y creo que merecen tener un espacio dentro del trabajo de campo. Según Ferrándiz: "[...] el primer informante del investigador es uno mismo, que aprehende el espacio social que investiga en su propio cuerpo, en sus rutinas, en su vestuario, en sus gestos, en su aprendizaje lingüístico" (2011: 95).

Como decía, la necesidad de re-pensarme más allá de cuerpo/mente, me coloca en una situación de pensar cómo tengo un cuerpo y cómo soy un cuerpo, labor de continua reflexión (Lock, 1993). Más allá de pensar en el impacto que el antropólogo tiene en la realidad social estudiada, tenemos que pensar también en el impacto de ésta en el propio antropólogo, y dependiendo de la perspectiva teórica y metodológica del investigador, esta influencia recíproca puede tratar de minimizarse, o activarse en toda su complejidad, donde surge un espacio interesantísimo de experimentación y reflexión (Ferrándiz, 2011).

Sobre cuerpos etnografiantes y etnografiados: algunas condiciones para la interacción con las informantes

Las entrevistas llevadas a cabo han sido más bien extensas, pasando generalmente alguna mañana o alguna tarde enteras o el día completo. El hecho de haberles pedido tiempo para poder hablar tranquilas, y de que ellas lo hayan aceptado así, propicia tener un encuentro que posibilita acceder a aspectos de la vida que aparentemente no tienen relación con el objeto de estudio, pero que pueden ser claves para la comprensión de las experiencias narradas. Antes de comenzar las entrevistas, generalmente hemos tomado algo juntas o dado un paseo, para poder conocernos mejor primero, y, sobre todo, para explicar el proyecto, presentarme y darnos un tiempo para la creación de un espacio de confianza, un espacio seguro15. Igualmente, después de terminar las entrevistas, hemos dejado un espacio para la sociabilidad "fuera" de la investigación, o para poder seguir la entrevista más tarde u otro día.

En una entrevista, la manera de presentamos es crucial. Tal vez no daremos toda la información sobre la investigación (desde una visión práctica), pero es importante la sinceridad, y explicitar el porqué, el para qué y el uso que se va a hacer de esa entrevista, incluso dar información sobre mí misma. Por otra parte, el hecho de tomarse tiempo para compartir un espacio "íntimo", de confidencialidad, con una persona desconocida (pero que se acaba de hacer cercana a la vez), y compartir algo que no se hace todos los días, crea la sensación de detenerse en el tiempo. A ello hay que añadirle que plantear temas relacionados con la subjetividad propia, y los propios procesos corporales y vitales, abre un campo de reflexión muy sensible, lo que convierte estas situaciones en especialmente válidas para la reflexión, la conversación y la complicidad, pero también para la duda, la queja, la crítica, o, incluso, la autocrítica. Resulta interesante seguir discutiendo los temas que han aparecido durante la entrevista y, como es muy propio en la etnografía, muchos matices importantes aparecen en este tipo de momentos, más informales. Cuanto mayor sea la oportunidad para expresar las experiencias, sensaciones y puntos de vista, en sus propias palabras, imágenes y metáforas, más rica y matizada será la entrevista, y, para ello, es fundamental crear el clima necesario (Ferrándiz, 2011).

Esto también provoca que mi sensación después de las entrevistas desde el punto de vista emocional, sea especial, de mucha proximidad hacia la informante, como si hubiera "sentido" de alguna manera su vulnerabilidad, su fragilidad, pero al mismo tiempo, hubiese vislumbrado todo su potencial, su fuerza, que me era transmitida al mismo tiempo. Sus reflexiones, sus dilemas se convertían en comunes en un espacio reflexivo compartido, un espacio corporal que nos permitía adentrarnos en los nudos y complejidades de nuestra cultura. Estas sensaciones pueden ser implementadas a la hora del análisis, y así comprender mejor cómo nos relacionamos con las/os informantes, cómo conversamos, cómo racionalizamos también lo que está sucediendo (Esteban, 2011b).

El hecho de que yo misma esté involucrada en mi objeto de estudio, determina también la relación que puedo tener (o no) con las entrevistadas. Es muy probable que si entrevisto a alguien que facilita talleres sobre la menstruación, terminemos compartiendo experiencias, y a veces me parece sincero explicar cómo trabajo, incluso mis posibles desacuerdos en cuanto a sus planteamientos. Ocasionalmente es difícil conjugar la empatía con una actitud crítica hacia los discursos, y esto puede ser conflictivo en las relaciones con las informantes. Creo que esto es parte de la complejidad y la imprevisibilidad en la gestión de las relaciones recíprocas (Ferrándiz, 2011).

Todo lo apuntado me fuerza también a ser consciente de la influencia que seguro estoy teniendo en el proceso de investigación. Para ello, es importante también reflexionar sobre la imagen que proyecto, y los aspectos positivos o negativos que pueda provocar esa imagen y, en general, las propias características personales. Si profundizamos en el conocimiento de estas posibles fuerzas y fragilidades, podemos hacer un uso más consciente de éstas. En mi caso, por ejemplo, mi edad, una forma de vestir casual, o que me puedan conocer de diversos proyectos y entornos sociales, puede ocasionar una imagen de vida más "de chica (joven) que de mujer (adulta)"16. Esta misma imagen puede ser un aspecto débil, por ejemplo, a la hora de ser percibida como una persona académica seria. Por otro lado, creo que la cercanía a las informantes y a sus maneras de vida facilita mi entrada en el campo, y son un punto favorable a la hora de aproximarme a ellas, de crear una relación cercana y cómplice. Diría incluso que mi entorno social me ha facilitado contactos de personas muy interesantes que han estado dispuestas muy amablemente a ser entrevistadas. Eso sí, también creo que la misma cercanía puede producir dificultades a la hora de escribir la tesis o publicar cualquier texto, ya que tendré que ser también más exigente en cómo utilizo la información, el uso que hago de ésta y la manera de gestionar los resultados. Por ejemplo, los talleres a los que acudo, como participante y como dinamizadora, generalmente son espacios seguros y confidenciales, espacios emocionales, amables e íntimos, que a su vez exigen esa misma responsabilidad de confidencialidad colectiva.

A modo de conclusión

En los anteriores apartados he intentado explicar e ilustrar algunas inquietudes y reflexiones que se están produciendo en el proceso metodológico y de investigación, procurando ver dónde está la etnógrafa como sujeto reflexivo, como cuerpo, con la dificultad analítica y narrativa que ello implica, dificultad que puede ser considerada también como una posible tensión creativa, en este proceso abierto aún en el que seguiré indagando.

Al poco tiempo de introducirme en la antropología, sentí que tan importante, inquietante y determinante como el tema que estudiaba, era la manera de aproximarme al campo, la manera de mirar y la de estar como investigadora dentro de este proceso. Ese estar reflexivo que ello exige me obliga a reubicarme continuamente, tanto en lo que se refiere al propio campo de estudio (pensar la menstruación, la salud, los cuerpos, la contrahegemonía...), como frente al posicionamiento metodológico y en dónde me sitúo dentro de todo el proceso, y cómo lo somatizo. La experimentación está siendo emocional e intelectualmente fundamental en esta trayectoria, y he intentado hacerlo consciente y visible, para que esa misma visibilidad pueda dotar el trabajo de mayor precisión e interés científico.

Las diversas cuestiones que he ido citando a lo largo de estas páginas, son parte de esta investigación que, aunque situada en el ámbito académico, tiene como fin analizar las políticas de la menstruación en contextos contraculturales, para así poder entender cómo viven algunos colectivos de mujeres jóvenes en el contexto vasco. De este modo busco contribuir, al fin y al cabo, a entender mejor el sistema social en el que vivimos, que produce diferencias y desigualdades entre mujeres y hombres, y los cambios que se pueden estar dando en su interior, pero también a proporcionar algunas claves que puedan servir igualmente en la práctica política.

Notas

1 Denomino espacios contraculturales a los contextos en los cuales se discute la cultura hegemónica, mediante discursos, prácticas, expresiones culturales-artísticas y maneras de hacer o maneras de vivir (formas de convivencia y estrategias económicas) alternativas. Aun aceptando que el término contracultura es complejo (tanto como el mismo concepto de cultura), en este trabajo de investigación he optado por hablar de espacios de carácter contracultural, por la necesidad de visibilizar dónde y cómo surgen estos discursos. Para más información, véase: Roszak (1968) y Goffman (2005).

2 Entiendo por políticas de la menstruación un tipo concreto de políticas corporales, es decir, de ideologías y prácticas directamente relacionadas con el control y la regulación del cuerpo y la salud, siendo, a su vez, un modo muy eficaz de control social general, pero también de posibilidad de confrontación y resistencia individual y colectiva. Un terreno, por tanto, de discusión y negociación del poder, que puede dar lugar a cambios y transformaciones sociales —véase Esteban (2004b) y también la dirección electrónica:a<http:// encyclopedia.jrank.org/articles/pa ges/6016/Body-Politics.html>—. Concretamente, las políticas de la menstruación serían los procesos de significación y administración de la menstruación y la salud reproductiva (en general), llevados a cabo tanto por parte de las distintas instituciones (médicas, religiosas, económicas, mass-media...), como por parte de las personas y grupos. Por tanto, la agencia individual y colectiva (por ejemplo, la feminista) es un elemento central de las políticas corporales, que se dan siempre dentro de contextos económicos, culturales y políticos concretos (que las influyen pero que a su vez son influidos por éstas). Todo esto afecta la conformación de las subjetividades, pero potencia al mismo tiempo la capacidad de acción.

3 Por lo tanto, los objetivos de este trabajo de investigación son, en primer lugar, analizar cómo se entiende y se regula el cuerpo reproductivo, tanto dentro de la biomedicina (incluida la biomedicina feminista), como por las propias mujeres jóvenes; en segundo lugar, estudiar la interrelación de lo anterior con la construcción de la identidad de género en las mujeres analizadas; y en tercer lugar, profundizar en cómo en esos procesos de definición, regulación y conformación de identidades, se producen (o no) procesos de transgresión o cuestionamiento de las principales ideas culturales relativas al binomio menstruación-género, que serían: la asociación entre menstruación y riesgo de contaminación y la separación radical entre lo natural y lo cultural, y lo femenino y lo masculino.

4 Nancy Scheper-Hughes y Margaret Lock (1987) proponen tres niveles de análisis en lo que se refiere a lo corporal: el cuerpo individual, el cuerpo social y el cuerpo político, que a su vez estarían estrechamente articulados unos con otros.

5 Nomantxakolorea proviene de la frase: "No mancha, colorea", escrita con la grafía de la lengua vasca.

6 Entre el 2010 y el 2012, hemos dirigido varios talleres para mujeres de diversas edades, en diferentes ciudades, sobre todo del territorio vasco. Estas actividades han sido organizadas por asociaciones feministas o escuelas de empoderamiento (escuelas de formación dirigidas a mujeres, incluidas en áreas municipales de igualdad).

7 Específicamente, los contextos de carácter contracultural en los cuales se ubican las propuestas que estoy analizando en el ámbito vasco, se refieren a espacios y movimientos feministas, LGTBQI, ecologistas, okupas, entornos terapéuticos de medicinas alternativas y complementarias (MAC) o también lo que se podría denominar espacios culturales artísticos alternativos.

8 FEMART, la Higiene i la Neteja, 16ena Mostra Dárt de Dones (2010), muestra colectiva de arte feminista a cargo de la asociación Ca la Dona (Barcelona).

9 Esta idea de la sobrerrepresentación de la menstruación como algo que nos hace mujeres, está siendo uno de los ejes más importantes en esta investigación: no todas aquellas consideradas mujeres menstrúan, y no sólo menstrúan las llamadas mujeres. La zona geográfica y el momento histórico también influyen en la variabilidad del ciclo, véase: Sau (1980), Parera et ál. (1997), Esteban (2001). Todos estos ejemplos nos muestran la rigidez de los esquemas biomédicos biologicistas que subrayan la diferenciación de las concepciones de cuerpos femeninos y cuerpos masculinos totalmente diferentes y explicados en oposición, veáse: Fausto-Sterling (2006).

10 En este proceso de trabajo he hecho —hasta el momento— 20 entrevistas, la mayoría a mujeres jóvenes de entre 20 y 34 años, con discursos y prácticas alternativas a la perspectiva hegemónica de la menstruación.

11 Para abordar estas estrategias metodológicas, por un lado, llevo continuamente conmigo un cuaderno de campo, teniendo en cuenta de que en cualquier espacio, situación o momento, se dan conversaciones, incidentes o situaciones que sirven para reflexionar en torno al tema. Por otro lado, voy registrando ideas, reflexiones y conversaciones que se dan en la cotidianeidad, mediante carpetas diferentes que se refieren a las distintas unidades de análisis.

12 En el Estado español, bastantes antropólogos/as están llevando a cabo estudios en este campo; entre otros, tenemos los trabajos de Iban Ayesta (2003), Mari Luz Esteban (2004), Francisco Ferrándiz (2004), Laura Porzio (2009) o Juan Antonio Flores (2010). También han tenido lugar diversos congresos y reuniones científicas, como el congreso El Cuerpo: Objeto y Sujeto de las Ciencias Humanas y Sociales, organizado por la Institución Milà i Fontanals, CSIC (Barcelona, 2009); el I Congreso Internacional de Cultura y Género: la Cultura en el Cuerpo, organizado por el Seminario Interdisciplinar de Estudios de Género (UMH, Elx, 2009); o el Simposio organizado por Mari Luz Esteban, Juan Flores y Julián López, titulado In-Corporaciones Antropológicas: Análisis desde el Cuerpo y las Emociones, dentro del XII Congreso de Antropología de la Federación de Asociaciones de Antropología del Estado Español (FAAEE) (León, 2011).

13 Por citar algunos ejemplos, en el 2012, y en lo que se refiere al Estado español, se han presentado los siguientes libros sobre la menstruación escritos por activistas en torno al tema: Viaje al ciclo menstrual (Anna Salvia), El tesoro de Lilith (Carla Trepat), Mamá me ha venido la regla (May Serrano, Marta Serrano y Julia Serrano), o el libro Cartas desde mi cuarto propio (Erika Irusta) que va más allá de la menstruación, pero parte del espacio de aprendizaje y proyecto menstrual llamado El Camino Rubí de la propia autora. Recientemente, en el contexto vasco, dos grupos feministas, Deustuko Gazte Talde Feminista y Pare o Euskal Herriko Bilgune Feminista (EHBF) han hecho varias producciones-prácticas artísticas al respecto. Por otro lado, Rosa Paradela, quien lleva muchos años ejerciendo en proyectos ya solidificados como Yoga Mujer, Descubre tu Ciclo Menstrual (que trabaja sobre todo a través del yoga kundalini), reformula su propuesta en torno al ciclo menstrual, ahora en Navarra y desde ésta.

14 Por gestión alternativa entendemos dispositivos como la copa menstrual, las compresas de tela, las esponjas marinas, etcétera.

15 En el espacio de los talleres de autodefensa para mujeres, se suele utilizar el término espacio seguro para designar a un espacio/tiempo donde se presta cuidado y una especial conciencia alrededor de las relaciones y mecanismos de poder entre las personas. Se intenta, así, no sólo que sean espacios libres de agresiones, sino también espacios comprometidos.

16 La distinción entre chica y mujer la tomo de los conceptos anglosajones girl y woman. Los estudiosos de Girls Studies explican el conflicto del concepto girl, que demuestra el hecho de que es una categoría sujeta a especificidades históricas y sociales (Harris, 2004). En mi caso, en el caso de la cultura vasca, estas especificidades sociales están muy ligadas a proyectos vitales que tienen que ver, por ejemplo, con la compra o no de una casa, tener o no parejas estables y, sobre todo, un proyecto de maternidad. Por ello, creo en la necesidad de hacer un uso conceptual de mujer joven sin necesariamente vincularlo con estas especificidades.


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