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Nómadas

Print version ISSN 0121-7550On-line version ISSN 2539-4762

Nómadas vol.58  Bogotá Jan./Dec. 2024  Epub Apr 05, 2026

https://doi.org/10.30578/nomadas.n58a8 

Reseña

Ni héroes ni delincuentes. Una etnografía sobre masculinidades hiphoppers en La Comuna 13, Medellín (Libro)

Nem heróis nem delinqüentes. Uma etnografía sobre masculinidades hiphoppers na Comuna 13, Medellín

Neither Heroes nor Criminals: An Ethnography on Hip-Hop Masculinities in La Comuna 13, Medellín

Eduardo Restrepo* 

* Investigador adjunto del Centro de Investigación, Innovación y Creación, Universidad Católica de Temuco (Chile). Doctor en Antropología, Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill (Estados Unidos). Correo: eduardoa.restrepo@gmail.com


Nací y crecí en uno de los barrios proletos (que ahora llaman comunas) de Medellín en la época más dura de los casquetos, a la que se refiere el libro de Andrea Neira. No fui sicario, por falta de oportunidad, literalmente. Conocí de primera mano y por experiencia propia qué estaba en juego con las masculinidades de los jóvenes entonces. También he transitado por el mundo del establecimiento académico, en Colombia y en otros lugares del Sur y del Norte global. Desde ahí hablo; ese es el lugar de enunciación de esta reseña. Además, para ser honestos con el lector, conocí lo que hoy es este libro cuando era un texto aprobado como tesis en la maestría en Estudios de Género en la Universidad Nacional. También conversé con la autora, muchas veces, sobre el proceso de escritura. Un proceso que, como suele pasar, no fue tan lineal ni simple. Fui testigo excepcional de los debates que Andrea tuvo en su proceso de escritura, que forjan esos libros que valen la pena.

Para entrar en materia, me interesa señalar las relevancias y, por qué no, también algunas limitaciones de este libro. En un mundo académico crecientemente gobernado por las urgencias de proyectos que responden a los desfasados ritmos impuestos por las burocracias, que exigen cuadros lógicos y resultados conmensurables, este libro es fruto de un sólido trabajo de campo, que supone el establecimiento de relaciones de confianza, de tiempos de conversación, de acompañamiento, de saber estar con otros.

La autora no llegó a la Comuna 13 con una pregunta académica formulada de antemano, como suelen operar los investigadores, sino que fue su trabajo previo con los jóvenes allí, con quienes se fueron estableciendo empatías y relaciones de amistad, que han perdurado en el tiempo, lo que empezó a verse con otros ojos mientras cursaba la maestría de género, a la par que se adentraba en discusiones académicas ofrecidas por la literatura feminista. Esto supuso que el proceso de investigación se entramara con experiencias y sensibilidades compartidas con los jóvenes en Medellín. Eran y siguen siendo hoy sus amigos con proyectos y frustraciones que hacían sentido también en lo que constituye una importante dimensión de la vida de la autora. He insistido en este punto porque este es un libro feminista, así debe leérselo.

Feminista no solo por cómo operan sus conceptos claves, como el de masculinidades, sino también por su encuadre: uno que asume que todo conocimiento es situado, parcial e interesado, y que tiene como propósito la transformación de las relaciones de poder y los estados de dominación instaurados desde nociones naturalizadas en torno a las mujeres y los hombres. Abordar las masculinidades desde el feminismo y como mujer interrumpe una serie de supuestos y lugares comunes que se han ido sedimentando en los imaginarios teóricos y políticos más esencializantes. Se sigue equiparando feminismo con mujeres, como si el devenir mujer se diese en abstracto, por fuera de relacionalidades constitutivas. Se sigue englobando a los hombres y a la masculinidad como si fuese una homogeneidad clausurada y autocontenida. Se sigue asumiendo que las mujeres deben hablar únicamente de las mujeres y sus asuntos (los negros de los negros, los indígenas de los indígenas, los hombres de los hombres, etc.), puesto que se confunden las políticas de la representación (hablar por y hablar desde) con un asumido privilegio epistémico derivado de una esencialidad transparente y soberana que garantizaría el más adecuado y verdadero conocimiento (hablar de y hablar en torno a). Se sigue considerando que hay temáticas menores, preguntas triviales, que no son más que pérdida de tiempo y esfuerzos de aquellas que son en su obviedad lo que estudia el feminismo (o los estudios afrocolombianos, por poner otro ejemplo cercano a mi trayectoria).

A mi manera de ver, el aporte más potente de este libro radica precisamente ahí: en la problematización desde un estudio concreto de estos supuestos. Para decirlo en otras palabras, el libro de Neira implosiona esta serie de lugares comunes que aplanan las experiencias de masculinidad en la Medellín de la que se habla en unos relatos morales prefabricados y generalizantes. De ahí que, desde el título mismo, se indique que los jóvenes en la Comuna 13 no son ni héroes ni delincuentes. Ni esto ni lo otro..., para invitarnos a escapar desde el comienzo de esos relatos autocomplacientes y marcantes que inundan los medios y las tecnologías de sujeción del Estado, la industria de la salvación de los jóvenes y sus entramados con el mundo oenegero.

El hilo conductor del libro es el análisis de las formas en que los jóvenes hoppers configuran y disputan significados en torno a la masculinidad, en un contexto atravesado por múltiples violencias: la guerra urbana, la criminalización de los jóvenes empobrecidos, la racialización de las trayectorias vitales y la precarización de sus existencias. La conceptualización de masculinidad hegemónica propuesta por Neira constituye, además, una contribución significativa al campo de los estudios de género y las epistemologías feministas situadas. Partiendo del marco propuesto por R. W. Connell, la autora se aparta de interpretaciones normativas y universalistas para anclar su análisis en la noción gramsciana de hegemonía como lucha por el consentimiento.

En este desplazamiento conceptual, Neira incorpora los aportes de Raymond Williams, en particular su noción de estructura de sentimiento, para comprender cómo se producen, disputan y transforman las formas de ser varón en contextos marcados por la guerra, el racismo estructural y las políticas de seguridad. Así, el análisis no se limita a la descripción de un modelo de masculinidad dominante, sino que explora los procesos que permiten la emergencia de subjetividades masculinas en fricción, que no reproducen mecánicamente el guion militarizado, sino que lo cuestionan, lo reconfiguran o lo desvían, a través de prácticas como el rap, el grafiti o el breakdance.

Una de las limitaciones del libro, que no desdice de la calidad y los aportes del texto, y que traigo en esta reseña solo con el ánimo de contribuir a un debate cada vez más necesario, tiene que ver con recurrir a la interseccionalidad como estrategia explicativa. Entiendo que este énfasis deriva de la admiración e influencia de Mara Viveros, profesora de la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional, directora de la tesis de Andrea Neira y quién se encarga de prologar el libro.

Interseccionalidad se ha convertido en moda más allá del establecimiento académico, como el mundo oenegero y estatal. Prima en este registro de la interseccionalidad una concepción de sumatoria de unas ya definidas marcaciones en un individuo (sexo, género, raza, edad, clase) que diferencian sus experiencias de la precarización o el privilegio como la expresión de la desigualdad social vivida. Tanto Viveros como Neira cuestionan esta manera de entender la interseccionalidad, la cual consideran que desvirtúa la genealogía del término, que no solo se remonta a la propuesta de Kimberlé Crenshaw al seno del feminismo negro estadounidense en el cual confluyen los trabajos de Patricia Hills Collins (este espacialmente abordado por Andrea) y Angela Davis, entre muchos otros, sino también de feministas de Brasil y otros lugares del Sur global.

Por espacio no puedo referirme aquí en detalle a las acertadas críticas sobre la conceptualización de la interseccionalidad de María Lugones y Ochy Curiel, que básicamente cuestionan cómo se teorizan las relaciones de dominación que se interseccionan, que se asumen preexistentes, así como lo que implica la idea misma de intersección. Solo puedo mencionar de pasada que en las conceptualizaciones más sofisticadas de la interseccionalidad parecen confundirse los niveles de análisis, con sus nociones de niveles de abstracción y la noción misma de lo concreto, lo cual fue largamente discutido por el marxismo (en América Latina o en la emergencia misma de los estudios culturales). También se debe indicar el desconocimiento de conceptualizaciones que tan poderosas para escapar a las trampas del liberalismo como las que cristalizan en la obra de Stuart Hall (con categorías como la de articulación, contexto y coyuntura), para mencionar un autor que me apasiona, pero que no es el único.

Termino subrayando esto de la trampa del liberalismo. Mi distanciamiento con las elaboraciones sofisticadas o burdas de la interseccionalidad radica precisamente ahí: en que, sin planteárselo siquiera, reproducen los supuestos más duros como la noción de individuo tan cara para el liberalismo. Sospecho que la poderosa atracción y el éxito de la interseccionalidad en el mundo oenegero tiene ahí una de sus raíces más profundas, pero también su fuerza en el establecimiento académico que, como sabemos, no es que esté muy distante de la doxa liberal.

En suma, importa resaltar que lejos de romantizar la resistencia, Ni héroes ni delincuentes ofrece una lectura crítica y matizada de las tensiones entre hegemonía y contrahegemonía en las masculinidades urbanas. Su título ya es una declaración de principios: se trata de escapar de los binarismos que reducen a los jóvenes populares a una dicotomía entre criminales o redentores, para comprenderlos como sujetos complejos, situados, contradictorios, que negocian y reinventan.

AUTORA: Andrea Neira Cruz EDITORIAL: Universidad Nacional de Colombia CIUDAD: Bogotá AÑO: 2023 NÚMERO DE PÁGINAS: 236 COMERCIALIZACIÓN: dar clic aquí

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