1. Introducción
Existe un incipiente debate sobre si las investigaciones en torno a la familia se deben desarrollar desde los distintos enfoques disciplinares en Ciencias Sociales o si, por el contrario, se pueden considerar un área de estudio como tal (López-Montaño y Herrera-Saray, 2014). Inicialmente la organización y las relaciones de la familia fueron estudiadas por la antropología, cuyo interés se traslada a finales del siglo pasado al campo de otras disciplinas, coincidiendo con la investigación por la vida cotidiana (López, 2003). Para el Trabajo Social, la familia ha sido uno de los grupos por excelencia en su abordaje profesional, considerado como unidad de cambio y unidad receptora de apoyos e intervención, particularmente desde las instancias públicas y privadas de desarrollo social. Trabajo Social se configuró desde sus inicios como una profesión cercana a la población con situaciones de vulnerabilidad y problemas sociales. En este sentido, el acercamiento a las familias en sus hogares y espacios compartidos brindó la oportunidad de comprender su complejidad en los distintos contextos, lo cual no es tan factible desde otras miradas disciplinares (Aylwin-Acuña y Solar, 2002).
Existen múltiples definiciones de familia, atendiendo a la mirada disciplinar y al interés y enfoque con el cual se aborda, y todas ellas van modificándose e incluyendo aspectos (o eliminándolos) de acuerdo con los cambios jurídicos y sociales del espacio histórico-temporal y territorial, y el posicionamiento ético, político y social de quien reflexiona. Una propuesta conceptual elaborada a partir de esta revisión es la siguiente: la familia, entendida como un grupo social primario, cuya vinculación es por matrimonio, convivencia, parentesco o elección, se conforma a partir de valores, prácticas y espacios de convivencia, construyendo relaciones, dinámicas y estrategias de desarrollo y crecimiento personal y confrontación ante situaciones adversas.
En la actualidad se ha convertido en directriz pensar la familia y leer sus problemas a partir del enfoque de género, el cual no solo dará respuesta con políticas sociales de bienestar de acuerdo a las brechas de género, sino también económicas y políticas que las sociedades confrontamos (Puyana, 2012). La Organización de las Naciones Unidas expone que la vía para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible pasa por promover la igualdad de género en las familias (ONU Mujeres, 2019).
La triada persona-familia-sociedad se construye socioculturalmente y es útil para comprender la familia como núcleo de desarrollo de las personas y nexo con el sistema donde vivimos, adquiriendo un papel relevante en su carácter educativo, ético, social, de crianza y de cuidados. En este tenor, las políticas públicas por el bienestar y en contra de la pobreza han tenido como protagonistas a las familias en sus planes y programas de acción social (De Martino, 2020).
La conceptualización de la familia, al igual que sus definiciones y representaciones sociales, se ha modificado históricamente de acuerdo con cambios sociales, legales, económicos y culturales. En los estudios de familia revisados se abordan aspectos de organización y dinámicas familiares, prácticas cotidianas de vida, normas y valores, procesos de educación-socialización, juventud, niñez y envejecimiento, roles de género, crianzas maternas, paternas y abuelazgos, jefaturas de familia, ocio familiar, estrategias de subsistencia, redes de apoyo, estilos de vida constituidos, heredados y reconfigurados, patrones de convivencia y salud, entre otros. Este abanico de aristas contempla por sí mismo la comprensión de las familias y un posicionamiento ante la diversidad y la igualdad en derechos.
La intervención con familias se centra en el acompañamiento colaborativo para la gestión de conflictos y de problemas cotidianos, afrontamiento de situaciones crónicas o temporales, desarrollo de un ambiente sano y seguro para las y los integrantes del núcleo familiar, mejoramiento de su bienestar y fortalecimiento de lazos y relaciones de apoyo mutuo y confianza. Para generar una creciente y sustentable calidad de vida en las familias, el Trabajo Social debe interrogar la dirección y las metas que tienen las políticas sociales y cuestionar la estructura socioeconómica donde están insertas con el fin de coadyuvar a transformar las desigualdades, a eliminar las barreras hacia el bienestar y a generar condiciones dignas para la vida de la población (Puyana-Villamizar y Rojas-Moreno, 2011). Por lo tanto, el quehacer profesional se enfoca en tres ejes de intervención articulados para generar un buen acompañamiento a las familias: individual, sociofamiliar y socio-estructural (Romero-Plana, 2023).
La disciplina del Trabajo Social tiene un compromiso con el bienestar de las comunidades, a partir de promover “el cambio y el desarrollo social, la cohesión social, y el fortalecimiento y la liberación de las personas” (International Federation of Social Workers, 2023, párrafo 1). En estas circunstancias las familias han jugado un papel relevante en la reproducción de estilos de vida más saludables y en el fortalecimiento de las relaciones sociales que impactan en la transformación grupal y comunal, y viceversa (Sánchez-Cabezudo, 2011).
En 2024 se celebró el 30º aniversario del Año Internacional de las Familias, que destacó la relevancia de abordar las familias para mejorar la calidad de vida de la población y avanzar en la resolución de problemas y conflictos más allá de los ámbitos culturales. Trabajo Social ha convertido a las familias en categoría de estudio y de intervención, a través de su quehacer profesional del análisis de los problemas socioeconómicos que las confrontan (Carballeda, 2007; Duarte et al., 2010, citado en Charry-Higuera, 2014) y de las lecturas relacionales, estructurales y políticas que se hacen de las familias.
2. Metodología
El objetivo de este artículo es analizar los aportes de los estudios sobre las familias en América Latina (AL) desde la perspectiva del Trabajo Social mediante una revisión documental con enfoque hermenéutico, descriptiva y sistemática (Byrne, 2016; Dakduk et al., 2010; Guirao-Goris, 2015; Whittemore et al., 2014) en seis revistas disciplinares publicadas en la región. No pretende abarcar toda la producción sobre los estudios de familia en la disciplina, sino que se configura como una propuesta metodológica para el abordaje de otros temas y como una oportunidad de ampliar esta investigación en un futuro con tesis, ponencias, capítulos y libros sobre el tema.
El Trabajo Social incursionó en la producción científica dentro de las Ciencias Sociales en las últimas cuatro décadas (Lorente-Molina y Luxardo, 2018) y aunque cada vez está posicionándose de manera más visible, aún es la disciplina menos reconocida y recompensada en difusión del conocimiento (Rodríguez-Otero y Facal-Fondo, 2019). Este panorama se refleja en la incorporación de nuevas revistas que apenas son incluidas en los catálogos de calidad científica. Parte de la producción científica de Trabajo Social se publica en revistas de Ciencias Sociales (o de otras disciplinas afines, como Sociología o Antropología), lo cual frena la difusión y escalada de las revistas disciplinares y de los trabajos publicados en éstas en el ámbito académico. La elección de revistas enmarcadas en la disciplina para este estudio es una oportunidad para visibilizar el compromiso académico de la profesión en AL, el crecimiento en cuanto a la producción en los últimos años y sus aportes.
Los criterios de inclusión para la selección de revistas fueron: su indización en catálogos reconocidos sobre producción científica de acuerdo con las directrices de calidad, tener acceso abierto y descarga gratuita. En este caso las revistas seleccionadas se encuentran indizadas en los siguientes catálogos y bases bibliográficas: Dialnet, DOAJ, Latindex, Redalyc, SciELO y Web of Science (véase la tabla 1).
Tabla 1 Revistas de Trabajo Social seleccionadas.
| Revista | Institución editora | País | Periodicidad publicación |
|---|---|---|---|
| Interacción y perspectiva. Revista de Trabajo Social | Universidad de Zulia | Venezuela | Semestral |
| Perspectivas. Notas sobre intervención y acción social | Universidad Católica Silva Henríquez | Chile | Semestral |
| Prospectiva. Revista de Trabajo Social e intervención social | Universidad del Valle | Colombia | Semestral |
| Revista Científica y arbitrada de Ciencias Sociales y Trabajo Social: Tejedora | Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí | Ecuador | Semestral |
| Trabajo Social | Universidad Nacional Autónoma de México | México | Cuatrimestral |
| Voces desde el Trabajo Social | Colegio de Profesionales del Trabajo Social de Puerto Rico | Puerto Rico | Anual |
Fuente: elaboración propia.
En cada revista se realizó la búsqueda por palabra clave “familia”, acotando la producción desde el año 2014 al 2024, con la intención de que la discusión planteada fuera lo más actualizada posible. Cabe destacar que se encontró un número monográfico especial en una de las revistas titulado “Familia” (2015), el cual recoge 8 artículos.
La búsqueda arrojó 267 artículos, de los cuales se excluyeron aquellos que no abordasen el tema de familia como objeto de estudio en el contexto de AL, quedando un total de 59. En este sentido, se subraya la importancia de proponer palabras clave apegadas al tema de estudio publicado.
Tras la primera lectura de cada artículo se elaboró una tabla que recogió la siguiente información: revista de publicación, título del artículo, autoría, año de publicación, tipo de artículo (teórico o empírico), zona geográfica de estudio, tema y categoría/s en las que se puede clasificar e ideas principales compartidas. La estrategia metodológica presentada en este artículo incluye una propuesta de categorización para los estudios de familia, la cual comprende la transversalización de todas las categorías y su articulación con el género, la etnia y la clase social (véase la figura 1). En una segunda lectura se subrayaron las ideas principales expuestas de acuerdo a una tabla que ya incluía las tres categorías acordadas para la organización analítica. A partir de la lectura de las ideas concentradas, se elabora el apartado de resultados, articulando las cuestiones expuestas por los artículos con conceptos básicos para el abordaje de las familias, con el fin de generar o inducir a una discusión que provea de los aportes, pero también de los ejes a trabajar con mayor profundidad desde la mirada del Trabajo Social.
Caracterización de la producción sobre familia
A excepción de dos artículos, todos están escritos en español, lo cual se puede considerar como una limitante en la difusión al público lector en otros idiomas. Una de las revistas ya advierte en un comunicado que a partir del año 2024 los artículos se publicarán en dos idiomas (español e inglés), con la finalidad de mejorar el impacto y la citación de los trabajos.
La producción sobre estudios de familia en Trabajo Social está incrementándose desde el año 2023, destacando los puntos de concentración de mayor producción en los años 2015, 2018 y 2023. Las publicaciones se dividieron según el tipo de estudio: artículos teóricos, donde entran revisiones de literatura, ensayos o propuestas teórico-metodológicas (19 trabajos) y artículos empíricos (40 investigaciones), donde hay una subdivisión por enfoques metodológicos: cuantitativo, cualitativo o mixto (véase la figura 2). Hay una preferencia por el enfoque cualitativo (con un total de 23 artículos), siendo éste un factor que coadyuva a afinar las políticas sociales gubernamentales dirigidas a las familias, porque visibiliza los obstáculos y problemáticas que éstas enfrentan diariamente y porque subraya la diversidad de familias existentes.
Las técnicas más elegidas para los trabajos empíricos son la entrevista y la encuesta, siendo sus instrumentos puntales básicos para la labor de la disciplina en los estudios de caso y comunidad. La población más entrevistada o encuestada es muy específica: jefas de familia y estudiantes, viéndose un vacío en otros grupos. Asimismo, no se encuentran estudios sobre familias en contextos rurales ni pertenecientes a comunidades originarias.
Se identifica que la producción sobre estudios de familia está liderada por mujeres, coincidiendo con la bibliografía extra usada para el análisis de este trabajo. Los artículos revisados tienen como primeros o únicos autores a 23 investigadores en un total de 11 publicaciones. En el caso de las mujeres, participan 91 investigadoras, siendo autoras principales y autoras únicas en 48 artículos. La autoría de los artículos es principalmente conjunta, destacando en número las investigadoras en textos que abordan la categoría de cuidados. Este panorama es reflejo de dos cuestiones: a) Trabajo Social sigue siendo una disciplina y profesión feminizada, a pesar de la incorporación cada vez más notoria de hombres, y b) la familia se subraya como constructo ligado al ámbito doméstico, emocional, privado y de cuidados, y socialmente construido desde la división sexual del trabajo en un sistema hetero-normativo, por lo que el interés crece más hacia las investigadoras, incluso como una violencia simbólica proyectada en la Academia (Romero-Plana, 2024).
Existe una tendencia en las revistas a publicar trabajos realizados en territorio nacional, señalando el compromiso con la difusión de la práctica profesional con la población del país, aunque también restringiendo la discusión a nivel global del público profesional lector de las revistas. Destacan dos revistas, ambas incluidas en el catálogo Web of Science, que difunden investigaciones de otros países, facilitando información para comparaciones, retroalimentaciones en las miradas metodológicas y fortaleciendo así lazos académicos.
3. Hallazgos
3.1 Enfoques sobre la intervención con familias
En los trabajos revisados se comparte una preocupación por incorporar una perspectiva más inclusiva acerca de lo que se entiende por familia(s), desde los principios de diversidad y no discriminación, aunque también se muestran las barreras legales y las resistencias desde el clasismo de la sociedad. Esto obstaculiza la incorporación de un sustento teórico propio de la disciplina, permaneciendo alienado a los avances interdisciplinarios (Coronado-Pulido, 2024). Desde un enfoque tradicional asistencialista y funcionalista, aceptar que la familia se delimita conceptualmente desde el marco jurídico, el cual la provee de derechos y participación en la vida pública, lo cual restringe nuestra acción disciplinar. Comprender los procesos que se dan al interior de la variedad de familias pasa por considerar a ésta como una entidad fuertemente arraigada en la matriz cultural que la provee de identidad y de autonomía definitoria, invariablemente de la mirada legal y demográfica (Reyes, 2016). La mirada hacia las familias que permite comprender las relaciones estructurales, sociopolíticas, económicas, culturales e interpersonales proviene del enfoque ecosistémico e interaccional (Páez-Martínez, 2017; Quintero-Velásquez, 2004), el cual presta una especial atención en la participación de todas las personas que las conforman, considerando las dinámicas relacionales flexibles y cambiantes.
Los procesos de transformación social con familias se enmarcan en acciones para modificar dinámicas familiares de cara a solucionar alguna situación, promover el bienestar de sus integrantes y sus derechos, y prevenir de riesgos psicosociales y vulnerabilidades. Las libertades, los derechos y el respeto a la diversidad de familias deben estar presentes en toda acción profesional. El acompañamiento a las familias debe ser un trabajo en red multidisciplinar y entre instituciones públicas y privadas (Silva-Minotta et al., 2022). Asimismo, se subraya el peritaje social con familias como uno de los ejes de acción del Trabajo Social que aporta una visión más humanista y cultural de los conflictos que viven las familias, así como una mirada más afín a los cambios sociales contemporáneos, en un escenario jurídico e interdisciplinar (Casas-Cervantes y Niño-Zúñiga, 2015; Pérez-Márquez, 2018).
Los diagnósticos de familias tienen que expresar su individualidad y procesos únicos para recopilar las debilidades y las fortalezas familiares (Cruz-Martín del Campo, 2015) y así trazar el proyecto más apegado a las metas, funciones y cambios que hay que co-trabajar. Es necesario y útil realizar diagnósticos y caracterizaciones familiares, particularmente cuando presentan necesidades complejas (Mancinas-Espinoza, et al., 2017), con el fin de delimitar adecuadamente la estrategia de intervención, las metas a corto y largo plazo, los impactos en el bienestar de las y los integrantes de la unidad y brindar, en definitiva, un proceso de acompañamiento singular y definido a la familia.
3.2 Prácticas familiares y educación
Tradicionalmente las familias se han clasificado según los lazos de unión de sus integrantes: biológicos, de adopción, de acogida o comunales institucionalizadas (Ruiz-Serrano, 2015). La organización y las dinámicas relacionales de estos cuatro tipos de familia van a estar caracterizadas por los valores de las madres y los padres (o tutoras/es), las leyes, el contexto cultural, la situación socioeconómica y la ideología político-religiosa. Esta definición clásica no integra la diversidad y el principio de inclusión que mira a las familias como sujetos de derechos que guían los cambios prácticos que las leyes y la política social deben incorporar. A estos cuatro tipos se añaden las familias reconstituidas, por elección, homomarentales y homoparentales, monomarentales y monoparentales, y familias sin hijos/as (Román-Sánchez et al., 2009). Este panorama reivindica que las unidades familiares son configuradas bajo otros intereses personales y sociales, y no apegadas a las leyes, sino a la cotidianidad práctica y elegida de forma autónoma por las personas.
Enmarcar los diagnósticos de las familias en esta diversidad de conformaciones familiares, sin perder la especificidad en la caracterización, es relevante para que del análisis se descuelguen las propuestas de intervención más acertadas.
La familia se subraya como el núcleo más apropiado para el buen desarrollo integral de las y los niños, así como del bienestar grupal e individual, porque cubre las necesidades personales y sociales. En este sentido, el marco jurídico internacional y nacional provee de directrices para combatir la vulnerabilidad de las personas y las líneas de acción social provienen de las instancias públicas y de las asociaciones civiles y religiosas de carácter privado no lucrativo.
Existe una preocupación en los estudios sobre la educación familiar por mejorar la comunicación vertical entre las y los miembros de la unidad doméstica (Páez-Martínez, 2017). El adultocentrismo es uno de los ejes incluidos en los estudios sobre educación en niñez y juventudes porque permite comprender los estilos de aprendizaje y enseñanza de cuestiones no formales, pero ampliamente relevantes en el desarrollo de niñas, niños y adolescentes (NNA).
Las relaciones familiares sanas y proactivas se fundamentan en una buena comunicación, respeto y empatía, invariablemente de si la pareja fundadora de una nueva familia se vincula por matrimonio o por otras vías. En sintonía con la defensa por la diversidad de familias, y contrariamente al planteamiento de Urzúa-Salas y Cabello-Garza (2019), no es el matrimonio quien brinda estabilidad, responsabilidad y compromiso a la familia, sino los valores de las personas que integran la unidad familiar, o de la pareja en sí, y el imaginario proyectado sobre cómo será su hogar.
Que la comunicación sea horizontal, sana y sobre todos los ámbitos que afectan a la persona es uno de los propósitos para atender la baja autoestima y desconfianza en jóvenes (Moreta-Pilco y Espín-Miniguano, 2024). Un entorno donde haya solidez en los lazos familiares, una buena comunicación, gestión de habilidades emocionales y un ambiente, en definitiva, sano donde tener autonomía, independencia y crecimiento grupal, es más apto para dar compromiso y satisfacción en los procesos escolares de las y los más jóvenes (Rivera-Flores et al., 2024). Cuando existe escasa comunicación o poco asertiva, los conflictos entre padres/madres e hijos/as se ensancha, llegando en ocasiones a violencias en el entorno familiar, falta de confianza, muestras de pérdida de respeto y falta de habilidades sociales (Díaz-Estupiñán y Borja-Riscanevo, 2020).
Cuando la situación familiar cambia, ya sea por el fallecimiento, separación, enfermedad o desempleo de alguien (entre otras situaciones), se resiente en todas las personas de la unidad doméstica. En el caso de NNA, uno de los indicadores que muestra la afectación de esta coyuntura es el rendimiento escolar (Intriago-Delgado, 2018; 2019). El involucramiento de padres y madres en el proceso educativo de NNA es esencial para configurar una mayor conexión entre los intereses educativos y los proyectos de vida de las y los más jóvenes (López-Ávila y Mendoza-Muñoz, 2021; Suquilanda-Agurto et al., 2021).
3.3 Conflictos, problemas y estrategias
La convivencia familiar desencadena conflictos entre sus integrantes, lo que necesita que se implementen ajustes de regulación de comportamientos, prácticas, dinámicas, inversión de tiempo y espacio. El funcionamiento familiar varía según la unidad doméstica, el contexto sociocultural y la solvencia económica de ésta, por lo que, ante la presencia de obstáculos o conflictos, las estrategias y su grado de éxito son diferentes.
La desintegración familiar, la separación de pareja o la mala comunicación son elementos que dificultan la confrontación de algún problema (Cuenca-Cuenca y Aragundi-Muñoz, 2022). La educación para la gestión emocional de los problemas es un eje por trabajar en la dinámica familiar, ya que una mala respuesta ante un obstáculo puede desencadenar episodios concatenados que afecten a las y los integrantes de la familia directa o indirectamente. La violencia intrafamiliar tiene múltiples causas y se acrecienta con otras problemáticas, como el consumo de alcohol o de drogas, generando un ambiente hostil de desarrollo para NNA, afectando su autoestima, bienestar físico y emocional (Alay-Choez y Pibaque-Tigua, 2024) y rendimiento escolar (Canseco-Montesdeoca et al., 2019).
Las situaciones que enfrentan las familias a raíz de los escenarios de violencia política y conflictos armados en los territorios de AL son las desapariciones y los desplazamientos forzados, dejando a las familias en un estado de desamparo, que afecta no sólo su salud, sino también su bienestar y calidad de vida (Ayala-Ortiz et al., 2024), y que resalta la resiliencia familiar como algo intrínseco de la propia familia (Sánchez-Zepeda, 2023). El escenario de las desapariciones y de las muertes violentas de integrantes de la familia aboca a repensar cómo desde el Trabajo Social hay que fortalecer la posición en el acompañamiento al duelo con estrategias de la pedagogía de la muerte y fomentar culturalmente una educación de aceptación de pérdidas familiares (Del Rosario-Meléndez y Chévere-Rivera, 2014). En este contexto también es importante comprender cómo las familias son el abrigo para quienes regresan de desplazamientos forzados, de una participación en conflictos violentos o de una migración no exitosa, y el comienzo donde abordar una reintegración social. Los cuidados familiares, en este sentido, se construyen desde la seguridad, el respeto, la comprensión, los afectos y el acompañamiento sin juicio (Vargas-Parra et al., 2020), y los proyectos de intervención social deben sumarse desde las experiencias, la identidad, los aprendizajes y el reconocimiento como mujeres y hombres de derechos.
Asimismo, este desamparo también ocurre con algunas familias de personas privadas de libertad, quienes deben adaptarse a un nuevo escenario económico, social y emocional, ya que las medidas punitivas afectan no sólo a quien incumple la ley, sino a toda la familia, especialmente a las mujeres (Pérez-Ramírez y Castillejos-Cartas, 2024).
A pesar de que las familias manifiestan, por distintas vías, los problemas que se generan en sus núcleos domésticos, las políticas sociales no siempre se hacen cargo de ellos o los abordan con líneas de actuación y recursos endebles que impiden que sean exitosas. El caso de la pobreza es uno de los mayores retos que tienen en su agenda los gobiernos de AL, no sólo porque es el primer objetivo de desarrollo sostenible del milenio de la Organización de las Naciones Unidas, sino porque es generadora de otras violencias al interior de los hogares. Ante las situaciones de pobreza y pobreza extrema, las familias, y particularmente las mujeres (Romero-Plana, 2018), crean e implementan sus propias estrategias para la supervivencia y mejora de la calidad de vida: redes de apoyo mutuo, ahorro, intensificación del trabajo formal, trabajo informal, trabajo infantil y de personas adultas mayores, dietas alimenticias limitadas, petición de donaciones, recursos y servicios, participación en programas de desarrollo, migración, re-uso, auto-abastecimiento y saberes tradicionales (Romero-Plana, 2024). La pobreza determina escenarios de inseguridad, violencias y precariedad. Uno de los mayores problemas que se desprende de esta situación es el trabajo infantil, que afecta a NNA en AL en muchos ámbitos de su desarrollo. Es muy importante comprender la realidad de cada hogar para desplegar un modelo de intervención conjunta que restituya los derechos de este colectivo como atención prioritaria del Trabajo Social (Mero-Panchana y Bojorque-Pazmiño, 2024).
3.4 Salud familiar, cuidados y género
El núcleo familiar desprende atenciones y cuidados a la salud de sus integrantes para cubrir necesidades primarias y secundarias. La responsabilidad de la salud física y emocional de NNA o personas dependientes recae, en primera instancia, en la familia. Los ambientes familiares donde se atiende la salud a partir de los espacios, la higiene, la alimentación, la seguridad, la comunicación y la confianza son aquellos que tendrán menos riesgos de enfrentar situaciones de enfermedad.
La familia en escenarios donde una persona está en situación de enfermedad o con capacidades diferentes se vuelve un puntal para la recuperación o adaptación. Ante situaciones de enfermedad por cáncer el acompañamiento y la motivación familiar son positivos en la recuperación emocional de la persona paciente (Andrade-Macías et al., 2024). Los ambientes familiares, la situación socioeconómica y la dinámica familiar influyen en el tipo de apoyo que se proporcionará a la persona enferma. En este sentido la unidad familiar debe reconfigurar su organización y enfrentarse a la toma de decisiones en algunos ámbitos vitales, como puede ser el laboral, la vivienda o las relaciones de pareja. En los casos de enfermedad, trastornos o discapacidad mental la implicación en el plano emocional, económico y social desencadena un impacto en la familia, que debe adecuarse a la nueva normalidad (Silva-Montealegre, 2015) y esta transición, así como la aceptación de los diagnósticos, es parte del acompañamiento que el Trabajo Social debe ofrecer como parte de nuestras responsabilidades (Santiago-Fernández, 2018). La familia transita por un proceso emocional, cambiando su dinámica cotidiana, que si la gestión no se realiza correctamente puede tener consecuencias negativas para el desarrollo familiar, sumando otros conflictos o problemas.
Ante la pandemia por Covid-19 vivida desde el año 2020, los retos de las familias se diversificaron. Hubo que atender cuestiones sanitarias, de seguridad, de gestión emocional, de cuidado, de duelo y de distancia sociofamiliar, entre otras. El confinamiento en las viviendas o espacios habitacionales de las familias desencadenó conflictos o cambios relacionados con la comunicación y las relaciones interpersonales (Cobeña, 2020; Vera-Del Pezo et al., 2021), la recreación, la educación, el trabajo y las relaciones. Por la coyuntura sanitaria del momento, las atenciones en formato virtual tuvieron éxito en el sentido de dar continuidad a los acompañamientos, reducción del tiempo y traslados invertidos, aunque también mostraron las brechas existentes entre las familias en cuanto al acceso a internet, la conectividad o los espacios de intimidad (Gutiérrez-Cortez y Zapata-Giraldo, 2023).
La violencia hacia las niñas, adolescentes y mujeres se multiplicó, particularmente en el ámbito físico, psicológico y sexual. La virtualidad destapó nuevas vías de agresión y violencias hacia las mujeres. Las respuestas a las violencias intrafamiliares y hacia las mujeres fueron torpes y limitadas, argumentando desde la mirada retrospectiva la necesidad de incorporar protocolos, modelos y estrategias que salvaguarden el bienestar de NNA y de las mujeres víctimas de violencia de género (Morales-Rojas et al., 2020).
Se agudizaron los conflictos de poder-dominación y de subordinación de las mujeres a las funciones de cuidados (Rodríguez-Pizarro et al., 2023). Las mujeres incrementaron su carga de trabajo, cuando de por sí ya enfrentaban una doble o triple jornada de labores. En este sentido, se refleja cómo la violencia simbólica sigue presente incluso en los ámbitos familiares más igualitarios.
Los estudios revisados relacionan directamente los cuidados con la salud física sin enfoque de género, lo cual debilita el análisis de la realidad de las familias. Por ello se resalta la necesidad de incluir la perspectiva de género para comprender cómo se configuran las relaciones familiares a partir de los cuidados. Asimismo, abordar las maternidades, paternidades (Álvarez-Plazas et al., 2023), crianzas homomarentales y homoparentales (Andrade-Villegas & Uribe-López, 2015; Herrera-Sanguino, 2015) y competencias familiares del cuidado coadyuvaría a mostrar el amplio panorama que hay de los cuidados intrahogar, la sobrecarga de trabajo y el auto-descuido de las mujeres cuidadoras y las prácticas y relaciones de inclusión y exclusión que se despliegan dentro y fuera del hogar.
Otro de los ejes que se incorpora al Trabajo Social es el envejecimiento activo o la calidad de vida para las personas adultas mayores (PAM). Uno de los problemas que más se ha encontrado es la soledad y la depresión (Paredes et al., 2024). La falta de políticas sociales que intervengan las necesidades de las PAM, deja a las familias la responsabilidad de atender a sus familiares con sus propios recursos. El desgaste físico y mental en las PAM mengua las opciones de una vida independiente y autónoma, dejando a la disciplina tres líneas de actuación urgentes: a) promoción de un envejecimiento activo y calidad de vida para las PAM, b) atención integral de las PAM y c) educación familiar en el cuidado de las PAM con enfoque de género. Un reto que tiene la disciplina es repensar cuáles son las necesidades, limitaciones, fortalezas y obstáculos familiares, para elaborar políticas públicas que impacten de manera significativa en el bienestar de las PAM y atenúe los estragos del envejecimiento de los países de AL, involucrando sus voces y participaciones activas, reflexionando y coadyuvando a la ruptura de los roles de género y los conflictos familiares en la desigualdad responsabilidad en el cuidado de las PAM (García-Gutierrez, 2018; López-Lara y Castro-Vázquez, 2022).
Una de las funciones familiares que cumplen las PAM es el abuelazgo, o sea maternar o paternar en las funciones de cuidado de abuelas y abuelos. Esto irrumpe en sus contextos de envejecimiento activo cuando la necesidad familiar se inserta en sus proyectos de vida adulta. Por ello, Trabajo Social debe generar participación democrática en el seno familiar y coadyuvar a aclarar las relaciones y el sentido de los abuelazgos de cara al bienestar de las PAM (Marín-Renjpgo y Palacio-Valencia, 2015).
El establecimiento de roles de género al interior de la familia se fundamenta en el velo tupido del sistema sexo-genérico en el que se insertan las comunidades. Aunque va creciendo el número de familias que escapan a estos llamados, todavía la configuración de las familias se entronca en un machismo que adecúa las opciones de opresión a los cambios sociales, intensificando la violencia simbólica y estructural. Mantener los imaginarios tradicionales de género no sólo genera violencias, desigualdades e injusticias, sino que merma las capacidades de un desarrollo integral familiar y comunitario. Supeditar la organización y la visión familiar a los roles de género causa desequilibrio en los cuidados y la crianza de hijos e hijas y demás personas dependientes, sumando además prácticas autoritarias y verticalidades adulto-céntricas que niegan las relaciones democráticas al interior del hogar (García-Torres, 2023; Marín-Renjpgo y Uribe-Arango, 2017), generando a largo plazo una réplica en la dinámica intergeneracional.
Faltan estudios sobre las transiciones sexo-genéricas en mujeres y hombres y el impacto en sus familias: cómo las familias aceptan (o no) esta situación, cuáles son los apoyos para un proceso saludable, cómo se reorganizan las dinámicas relacionales y cuáles son los saldos sociales para la familia, sobre todo en el contexto de procesos trans de NNA (Alvarado-Morales, 2021; Macías-Pico y Mendoza-Muñoz, 2019). El debate actual sobre las diversidades sexo-genéricas sobrepasa la autoridad de la disciplina para conformar un posicionamiento único, debido a las miradas jurídicas, sociales y ético-profesionales tan dispares en cuanto a temas novedosos. Lo que sí es una obligación como profesionales del Trabajo Social es la de actualizarnos, reconocer las nuevas realidades y cuestionar críticamente cuáles son las vías de acceso de NNA y de sus familias para alcanzar el bienestar óptimo.
Además, es necesaria la constante reflexión para interrogar el desgaste emocional y las responsabilidades no cuantificables de las cuidadoras del hogar, de la familia y de las crianzas (Ramírez-Rodríguez, 2017).
Trabajo Social debe incorporar el enfoque de género en los diagnósticos y los procesos de transformación familiar, ya que la identificación de las vulnerabilidades, violencias y desigualdades desde la crítica estructural ayuda a comprender las vías de acceso al desarrollo socioeconómico en espacios locales. En este sentido, los proyectos de intervención social con las mujeres en cualquiera de los ámbitos centra la atención en el reconocimiento de sus derechos, en la visualización de sus experiencias, en su identidad y capacidades, en la ruptura de las barreras ideológicas, en la apropiación del espacio público, así como la delimitación en el espacio privado, en el empoderamiento y en su agencia para trazar su propia vía de bienestar (Carabalí-Viveros y Ladino-Mosquera, 2014; Carrillo-Montoya et al., 2018; Chávez-Plazas y Bohórquez, 2014). Abrir espacios donde las mujeres sean realmente vistas, reconocidas y valoradas, promover el liderazgo político, económico y cultural de las mujeres y abordar toda nuestra labor profesional con perspectiva de género adquiere complejidad desde la estructura hetero-patriarcal donde el Trabajo Social está inmerso; sin embargo, es una obligación como trabajadoras sociales, un compromiso ético con el desarrollo de las familias, una resistencia cotidiana a las violencias de género desde nuestro quehacer y un honor desde el abrazo feminista que impregna cualquier acción por la justicia social y la igualdad.
4. Conclusiones
La revisión de literatura muestra que la familia como objeto de investigación en Trabajo Social está revalorizada actualmente y que su producción académica va en aumento.
Existe una apuesta general por abordar la diversidad familiar, respetando las múltiples vías de conformación, estructura, roles, procesos de crianza y prácticas de cuidados. Sin embargo, los resultados de los estudios exponen que las familias de AL aún distan de romper con el patriarcado y la mirada tradicional funcionalista sobre la familia.
A excepción de un número muy reducido, las investigaciones carecen de perspectiva de género, lo cual se considera una debilidad. Uno de los compromisos distintivos de la disciplina es la promoción y defensa de la igualdad de género y el bienestar de las familias, por lo que la incorporación del enfoque de género en el proceso metodológico de comprensión de la realidad y en el quehacer profesional es esencial.
Las familias están insertas en un sistema neoliberal y capitalista que potencia brechas y desigualdades; en este sentido, los problemas desarrollados en su cotidianidad provienen de condiciones económicas, sociales y culturales más amplias que condicionan sus recursos y posibilidades, por lo que las políticas sociales dirigidas a su bienestar deben proyectar cambios estructurales que provean de marcos jurídicos adecuados para la defensa de los Derechos Humanos y que comprendan la estabilidad familiar como la base de una sociedad sana (Altamirano-Altamirano, 2017), resiliente y en un proceso constante de desarrollo integral.
Los procesos de transformación social con familias deben romper la verticalidad, construirse desde la co-responsabilidad, compartir saberes, promover metas entroncadas en la justicia social, articular experiencias que visualicen estilos de vida saludables, subrayar las fortalezas que hay en cada familia y firmar un compromiso de desarrollo social.
La intervención social con familias se proyecta en tres direcciones: a) disminuir los niveles de vulnerabilidad, anular los riesgos psicosociales y solventar problemas que las familias enfrentan, de cara a salvaguardar el bienestar de sus integrantes y de la dinámica familiar; b) promover valores y competencias familiares, impulsar estilos de vida saludables y responsables y generar espacios de empoderamiento y agencia entre sus integrantes; y c) proponer líneas claras de transformación social para la elaboración de políticias públicas y cuestionar las directrices de apoyo institucional con carácter asistencialista hacia las familias en situación de vulnerabilidad. En sintonía con la última directriz, la experiencia, la discusión teórica, la sistematización de prácticas y las trayectorias profesionales de investigación-intervención, a través de la producción de conocimiento disciplinar, coadyuvarían a la toma de decisiones en la elaboración de políticas de desarrollo social dirigidas a familias (Ruiz y Munévar-Vargas, 2021).
Las investigaciones en torno a las familias desde la óptica del Trabajo Social suman al bagaje de los estudios de familia en Ciencias Sociales, aunque aún resaltan vacíos en la producción científica, debido a que la disciplina ha privilegiado la intervención sobre la sistematización de las experiencias de acompañamiento. Algunos temas poco explorados y no visibles en esta revisión de literatura son los siguientes: familias en entornos rurales, indígenas o de pobreza extrema, familias migrantes o transnacionales, estilos de vida de familias sin hijos/as, interrupción del embarazo en jóvenes, estrategias de adopción, buenas prácticas, estilos de vida saludables o convivencias más igualitarias, abuelazgos, saldos y retos para las familias de personas con ideación suicida, en procesos trans-género o en situación de exclusión extrema, y evaluaciones o propuestas a las políticas sociales, entre otros. Se advierte, por lo tanto, un nicho potencial de subtemas por abordar.
La modernización, exageradamente rápida en este milenio, y la creciente visibilidad de una pluralidad de familias en AL ha replanteado un reto para el Trabajo Social: una discusión teórica y metodológica más creativa, crítica, alternativa y ética (Navarro-Bulgarelli, 2019; Valbuena-Vanegas, 2012) y una reflexión sobre los procesos de moralización y de intervención con familias basados en el castigo y la pedagogización (Mancinas-Espinoza y Rodríguez-Otero, 2019). En sintonía con ello, estas directrices coadyuvarían a cuestionar y romper con el asistencialismo y la verticalidad de acción social.
En resumen, se hace un llamado a la innovación, a formas alternativas de pensar las familias y a generar una crítica propia hacia la mirada de investigación e intervención que se les brinda desde la labor disciplinar, además de una actualización y discusión teórico-metodológica entre profesionales, así como una conceptualización fluida desde la cotidianidad de los significados (re)construidos de familia, y no desde los parámetros legales o la política social, para acercarnos a las realidades de las familias. Se apuesta por la publicación de monográficos sobre la familia en las revistas de Trabajo Social, para discutir procesos y hallazgos, diagnósticos y prácticas de intervención, a nivel nacional o en forma comparada entre regiones, que sigan posicionando a nuestra disciplina como una fuerte aliada en la comprensión de los problemas sociales relacionados con las familias.









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