Introducción
En el Perú, la educación inicial tiene sus primeras manifestaciones a comienzos del siglo XX. En los horizontes tempranos, en Lima se aprecia la figura de Elvira García y García con la fundación en 1902 del primer kindergarten (jardín de la infancia), anexo al “Liceo Fanning”; en ese mismo año, Juana Alarco de Dammert funda la primera Cuna Infantil Privada “Los Naranjos” para atender a los hijos de madres obreras en los Barrios Altos. Años más tarde, luego de su formación en España, Emilia y su hermana Victoria Barcia Boniffatti fundaron en Iquitos el Kindergarten Moderno, basado en los lineamientos de los pedagogos pioneros Froebel, Claparede, Decroly y Montessori.
Varios presidentes de la República asumieron el compromiso de instaurar la educación inicial tras la experiencia en Iquitos. El primero fue Augusto B. Leguía, quien convocó a las hermanas Emilia y Victoria Barcia Boniffatti para llevar adelante el novedoso proyecto de los jardines de la infancia. Después, Luis M. Sánchez Cerro, el derrocador de Leguía, y David Samanez Ocampo, presidente interino, en cuyo mandato la experiencia en Lima empezó a funcionar bajo el lema: “Todo por amor, nada por la fuerza”, una expresión inspirada en San Francisco de Sales, el “Santo de la amabilidad” que sentenció: “Haced todo por amor, nada a la fuerza”. El 25 de mayo de 1931 fue el día elegido para la inauguración oficial del primer jardín de la infancia peruano y desde aquel entonces en esa fecha se celebra el “Día de la educación inicial en el Perú”.
La fundación del primer jardín de la infancia estatal ocurrió en un momento de abrumadora crisis política, social y económica en el marco de la crisis de 1929 o Gran Depresión, que se extendió en la década de 1930. A pesar del ambiente crispado, la experiencia de fundar jardines prosiguió sin detenerse hasta que en 1964 por iniciativa de Emilia Barcia fue creado el Instituto Nacional de Educación Preescolar para formar a las maestras jardineras, que en el siglo XXI es la Escuela de Educación Superior Pedagógico Público “Emilia Barcia Boniffatti”.
Las experiencias en los jardines de la infancia que funcionaron en diversas latitudes del Perú por obra de Emilia Barcia Boniffatti, inspiraron a los comisionados Walter Peñaloza Ramella y Carlos Castillo Ríos para impulsar la reforma educativa a través de la Ley General de Educación de 1972 que estableció la educación inicial como nivel o escalón en la estructura del sistema educativo peruano3. Emilia Barcia también fue convocada a formar parte del equipo de asesores de la Comisión de la Reforma Educativa, presidida por el educador Emilio Barrantes Revoredo, para brindar sus aportes a la educación inicial, que como nivel educativo ubicaba al Perú en país de vanguardia en este tema. Al respecto, el educador Peñaloza Ramella destacó:
Tiene que haber un sistema con un nivel anterior a la Primaria y eso fue justamente lo que propusimos el profesor Castillo Ríos y yo; por eso se creó la educación inicial, que es una innovación importantísima. La educación inicial (EI) no se puede comparar con la educación preescolar. Ésta es una educación preparatoria de la primaria. En cambio, la educación inicial no prepara para la primaria, lo que pretende es que las capacidades síquicas, anímicas, físicas y corporales del niño no se deterioren; trata de impedir los efectos de la marginación y de la pobreza4.
Según esta explicación del promotor de la educación inicial, esta no tiene por objeto preparar para el siguiente nivel. La idea de la educación inicial es que esta empieza con el nacimiento, hasta cuando debe abordar el siguiente nivel, el primario.
Sin embargo, en el Perú, antes de la reforma educativa de 1972, sobre la base del “Wawa Wasi”, una novedosa experiencia fundada en 1968 por iniciativa de Caritas Puno, y considerando que desde el citado año de 1972 la educación inicial ya era un nivel educativo, se creó el Proyecto Experimental de Educación Inicial No Escolarizada (Propedeine), que luego fue denominado Programa No Escolarizado de Educación Inicial (Pronoei) para atender a niños de 3 a 5 años de edad; novedoso programa que convirtió al Perú en pionero en la atención a la niñez, que funciona en zonas rurales y urbanas marginales con coordinadoras y animadoras, y con modesto presupuesto del Estado.
Atendiendo la trascendencia de conocer los esfuerzos por la formación integral de los más pequeños, el objetivo del presente artículo es analizar la obra educativa de Emilia Barcia Boniffatti, considerada como un hito en el derrotero de la educación inicial en el Perú. Este análisis se efectúa a partir de las opiniones de la biografiada, de entrevistas a personas que conocieron a la maestra y que fueron anexadas en el libro autobiográfico que fue publicado póstumamente en el año 2015, y de la literatura existente sobre Barcia Boniffatti, con fundamento en el axioma de que la persona es el producto, actor y productor de sus vivencias.
Desarrollo de contenidos
Educación preescolar en el Perú: Emilia Barcia Boniffatti
Emilia Barcia Boniffatti fue una abnegada maestra y promotora de la educación inicial en el Perú. Hija de José Barcia Boente, español, y Elena Bonifatti, argentino italiana. Nació en Iquitos en 1904. De su natal ciudad amazónica viajó con su hermana Victoria a España para realizar sus estudios de educación inicial en la Universidad de Madrid. En esta aventura no participó su hermana Basilia, la única que optó por el matrimonio.
Al concluir su formación pedagógica, Emilia vuelve al Perú en 1920 y se dedica, junto a su hermana Victoria, a la educación. Con Victoria, el 13 de junio de 1921 en su querido Iquitos, inaugura el primer “Kindergarten Moderno” con el lema: “Todo por amor, nada por la fuerza”, que se convirtió con el paso del tiempo en un axioma de la educación inicial. Como refiere Otero5, este jardín nació basado en los lineamientos del pedagogo alemán Friedrich Froebel, el fundador de la educación de la educación infantil en la modalidad de kindergarten en el siglo XIX, así como de los egregios educadores Édouard Claparéde, Ovidio Decroly y María Montessori. En 1924 Emilia funda, también en Iquitos, la “Junta de Defensa de la Infancia” para la protección de los niños desvalidos con un servicio voluntario. En 1925 crea el “Patronato Departamental de Lepra de Loreto” y, como refiere Barcia6, pone en marcha un programa de apoyo nutricional con el nombre sugestivo de “La Gota de Leche”, cuyo antecedente de más de dos décadas fue la experiencia en Lima de la señora Alarco de Dammert. Años después, ese nombre también tuvo resonancia en Trujillo, ciudad en la que entre fines del siglo XIX y comienzos del XX funcionó por poco tiempo un kindergarten anexo del Colegio Nacional de Santa Rosa, a cargo de religiosas dominicas.
Al conocer las innovaciones educacionales del programa emprendido por las hermanas Boniffatti, el presidente Augusto B. Leguía las convocó para que replicaran su experiencia en Lima, la capital7. El presidente estaba muy interesado en poner en marcha la educación infantil. Emilia recordaba que el presidente le dijo: “Bueno, ya está acá, ha sido dificultoso, pero ahora organizaremos esta rama de la educación que me faltaba, yo quisiera que esto se haga pronto y ver este mundo nuevo en acción…, el ministro le dará a usted todas las facilidades que necesite”8. Era una decisión política importante y el proyecto lo puso en funcionamiento con el decidido apoyo de José Ángel Escalante Fuentes, ministro de Justicia, Instrucción, Culto y Beneficencia. Ella emprendió el proyecto como un reto mayor con la premisa: “Yo pienso que en los Jardines de la Infancia que haremos, cada maestra debe ser una madre que haga de cada niño un hijo”9.
Fuente: Barcia (2015).
Figura 1. Emilia Barcia Boniffatti
En agosto de 1930, el avance del proyecto de los jardines de la infancia se interrumpió intempestivamente por el golpe de Estado consumado por Luis M. Sánchez Cerro; sin embargo, Sánchez Cerro, como presidente de la Junta Militar de Gobierno del Perú, retomó el novedoso proyecto de las hermanas Boniffatti. Como antes lo hizo Leguía, el militar golpista le encargó también a Emilia: “Yo quiero que empiece cuanto antes la tarea de hacer esos Jardines de la Infancia. La tarea del Ministerio de Educación y suya se verán. El Ministerio de Educación se encargará de ello”10. Ella le agradeció la confianza y al despedirse le dijo: “Sr. presidente, educar es vivir”. La voluntad política estaba dada, solo era cuestión de ponerle el empeño necesario para instaurar la educación infantil estatal.
Fuente: Barcia (2015).
Figura 2. Clases al aire libre del primer jardín infantil estatal, Lima, 1931.
En medio de un periodo de extrema turbulencia política, Emilia y Victoria desarrollaron una labor tesonera. Así, el 25 de mayo de 1931, durante el gobierno de Samanez Ocampo, se llevó a cabo la inauguración oficial del primer establecimiento estatal destinado a la educación infantil, el Jardín de la Infancia n.° 1, ubicado en una casona enfrente a la iglesia Santa Teresa, en la calle José Díaz n.° 12, en las inmediaciones del Estadio Nacional. Desde aquel entonces, durante un cuarto de siglo Emilia Barcia se dedicó a la organización e implementación de 329 centros de educación infantiles por todo el Perú. El primer Jardín de Infantes Experimental cumplió la función de atender a los niños menores de 6 años y la de orientar a los docentes que trabajaban con dichos niños.
Fuente: Barcia (2015).
Figura 3. Emilia Barcia Boniffatti con niños en el Parque La Mar, hoy Parque de la Reserva, Lima, 1931.
El censo de 1940 arrojó la cifra de 763.942 niños en edad preescolar (3 a 6 años); sin embargo, en 1945 solo funcionaron 42 jardines de la infancia y una Escuela Nacional de Educación Preescolar, el 50 % de estos concentrados en Lima y La Libertad11; además, Arequipa, Huancayo, Ancash, Cusco y Cajamarca contaban con 2 jardines cada uno y los demás departamentos tenían uno o no tenían jardín de la infancia. Esta cifra indica el claro centralismo de la educación infantil y que un elevadísimo porcentaje de los niños estaban al margen de formarse en los jardines de la infancia.
En 1940, nueve años después de haberse fundado el primer jardín de la infancia estatal, Emilia Barcia fue nombrada inspectora general de los Jardines de la Infancia del Perú, cargo que le permitió organizar un número considerable de estas instituciones, y construir la mayoría de ellos. En 1948 introdujo cursos de capacitación a maestras de jardines de la infancia en el verano. Y en 1950 estableció en Lima los “Seminarios de Educación Preescolar”, lo que generaba mayor compromiso social por la educación infantil.
Emilia y su hermana Victoria no solo crearon jardines de la infancia, sino también, como indica Otero12, lograron convertirse en maestras de maestras y precursoras de la formación especializada de maestras en este campo, y consiguieron asimismo que en junio de 1957 el gobierno de Manuel Prado y Ugarteche fundara el Instituto Nacional de Especialización en Educación Infantil. En este año, el Ministerio de Educación le encargó la dirección de cursos oficiales de posgrado para maestras, los cuales se realizaron en los periodos vacacionales de años siguientes.
Barcia13 refiere que en 1960, por decreto supremo, recibió el encargo de la Dirección y Organización del primer Instituto Nacional de Especialización en Educación Infantil; en 1964 se convirtió en Normal Urbana Experimental; en 1969, Instituto Nacional de Educación Preescolar y, posteriormente, en Instituto de Educación Superior Pedagógico Público “Emilia Barcia Boniffatti” de Lima Metropolitana, que otorga el grado académico de bachiller y el título profesional de licenciado(a) en Educación Inicial. En 1971, Emilia se retiró del servicio oficial, pero −según relata Melo14− fue llamada para asesorar a la Comisión de Reforma de la Educación. Y desde 1972, la educación inicial es nivel del sistema educativo. Como refiere Peñaloza, “La gran figura en el Perú, propulsora y defensora sin desmayo de esta pre-escolar [sic], fue la señorita Emilia Barcia Boniffatti. Ella orientó los primeros Jardines y además se preocupó de preparar a los docentes que los mismos requerían”15.
Además, fue asesora del Comité Interamericano de Mujeres y miembro del Consejo Nacional de Mujeres, de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas, entre otras instituciones.
Por su loable labor educativa en favor de la infancia, fue laureada con las Palmas Magisteriales del Ministerio de Educación, luego de 50 años de labores permanentes.
En 1986 falleció Emilia en la ciudad donde pasó la mayor parte de su vida. Sus últimos días los vivió en estado de pobreza y soledad, y exhaló su suspiro final en un Jardín de la Infancia. Sus restos descansan en el cementerio El Ángel de Lima en un mausoleo con el epitafio: Todo por amor, nada por la fuerza. Bajo este lema, su obra perdurará indemne en el tiempo.
Educación preescolar en el Perú: otras notables gestoras
En la protección y educación de los infantes en el Perú han descollado diversas personalidades, como Juana Alarco de Dammert, Elvira García y García, María Negrón Ugarte, entre otras.
Juana Alarco de Dammert (1842-1932), natural de Lima, tiene un sitial de honor en el cuidado y educación de niños y niñas vulnerables, de ahí que se le recuerde como la “Abuelita de los niños”; asimismo, es reconocida como “Símbolo de la madre peruana” por su espíritu abnegado al servicio de la colectividad, especialmente de las mujeres. Estremadoyro16 indica que Juana fundó en 1894 la “Sociedad Auxiliadora de la Infancia” y en 1896 estableció en Lima una “Escuela Maternal” para niños menores de 7 años, donde también se formaron numerosas preceptoras. Anexo a la escuela fundó un consultorio médico gratuito para atender a niños de escasos recursos económicos. En 1898 publicó Educación femenina. Colección de artículos pedagógicos y sicológicos. Esta ilustre dama e intelectual sostenía que “La naturaleza proporciona la materia prima al ser viviente; la educación debe educar al ser racional, pensante y apto para el bien individual, social y cívico”17. En 1902, la señora Alarco de Dammert organizó la primera Cuna Infantil Privada “Los Naranjos”, que estaba destinada a la atención de los hijos de obreras en los Barrios Altos. Millares18 refiere que en 1908 creó el programa “La Gota de Leche” y en 1909 estableció una enfermería para niños.
Elvira García y García (1862-1951), natural de Lambayeque, es una de las más destacadas educadoras peruanas del siglo XX. Estremadoyro19 relata que García y García en 1902 instituyó el primer kindergarten (jardín de la infancia) privado, anexo al “Liceo Fanning”. García y García fue una insigne educadora de niñas y señoritas en una serie de instituciones, varias de las cuales fueron creadas por ella; además, ejerció un largo y fructífero magisterio, desde los 18 años de edad hasta los 80; asimismo, fue una defensora de los derechos de la mujer. En su obra La educación del niño, “contiene una evidente intención reformista al acercar a la escuela a la sociedad, postulado eje en el nuevo enfoque asignando a la familia y en ella al papel de la mujer madre el rol educador que le compromete”20. Esta esmerada educadora consideraba que los requisitos del maestro deben ser ejercer el método de la pedagogía científica, tener convicción de la eficacia de su metodología didáctica e inspirar respeto desde su rol de modelo o paradigma de los niños. Consideraba que para el éxito de la acción educativa de los infantes se debía recurrir a métodos innovadores, como el de Federico Froebel y de María Montessori, y a la cooperación de los padres de familia.
María Negrón Ugarte (1878-1935), natural de Trujillo, tuvo un amor especial por los niños, lo que acrecentó su vocación de educadora y escritora. Dedicó sus esfuerzos a la educación de los niños en la hacienda de Chiclín, en el norte de Trujillo; pero su atención a los más pequeños se plasmó en la fundación de un “Jardín de la Infancia” en Cartavio, hacienda próxima a la de Chiclín, que estaba dirigido a niños de 2 a 4 años. Su pensamiento pedagógico se refleja en la frase: “Amar a los niños respetando su condición y su dignidad, luego educar convenientemente sus mentes y sus corazones”21. De su visita a Juana Alarco de Dammert se llevó una grata impresión: “Su nombre, como sus Obras está en el corazón de todos los que saben que es el ángel del bien para los niños y para las madres”22. Bazán23 refiere que los efectos de los hechos infaustos de la guerra del Pacífico motivaron su hondo amor por los niños.
A pesar de no haberse difundido su obra como lo merece, a Negrón Ugarte se la considera más como poeta -de dulzura infinita- que como educadora de inmensa ternura. Ella fue una precursora de la educación para el trabajo en el Perú, asimismo de los movimientos reivindicativos de la mujer24.
Educación inicial: del primer jardín de la infancia al primer nivel educativo
El presidente de la Junta Militar de Gobierno del Perú, Sánchez Cerro, retomó el proyecto de las hermanas Boniffatti que se emprendió durante el gobierno del derrocado presidente Augusto B. Leguía. El 25 de mayo de 1931 se inauguró oficialmente el Jardín de la Infancia N.° 1, cuando David Samanez Ocampo era presidente de la Junta Nacional Transitoria de Gobierno. “Ella vino a Lima para eso, a partir de allí dedicó su vida a promover la creación de jardines de infancia públicos”25. Por su parte, Cormack anota: “Es increíble como las hermanas Barcia, a partir del Jardín de la Infancia N.° 1, diseminaron los Jardines en todo el país”26.
El crecimiento del número de maestras jardineras igualmente motivó su agremiación, tarea que también emprendió Emilia Barcia Boniffatti. Lily Caballero de Cueto menciona que hubo la “necesidad de crear una asociación de maestras de educación infantil que se gestionó y reconoció legalmente como la “Asociación Nacional de Maestras de Educación Infantil”, de la cual me designaron como presidenta, la Srta. Emilia era la presidenta honoraria perenne”27.
En 1968, por iniciativa de Caritas en Puno, se crearon los primeros programas “Wawa Wasi” (en quechua: “casa de niños”) o “Wawa Uta” (en aymara: “casa de niños), para afrontar el problema de familias rurales. Estos programas propiciaron la generación de un espacio parecido al maternal, donde los menores de cinco años realizaban actividades lúdicas y recibían alimentación complementaria. En los años 70 esta experiencia se extendió a todo el país.
La expresión “Educación Inicial” y el significado que posee se crearon en los trabajos que hizo la Comisión de la Reforma Educativa, del Perú, cuyo proyecto se comenzó a implementar en el año de 1972 y fue desmontado por un gobierno posterior, en 1980. Me cupo el honor de plantear, conjuntamente con Carlos Castillo Ríos, esta idea de la Educación Inicial en el seno de aquella Comisión, de la cual formábamos parte, y fue acogida con calor por sus miembros. Se convirtió así en el Primer Nivel del Sistema Educativo entonces delineado28.
El 21 de marzo de 1972, producto del trabajo de la Comisión de la Reforma Educativa presidida por el doctor Emilio Barrantes Revoredo, se promulgó el Decreto-Ley n.° 19326, Ley General de Educación, en la que “la ‘Pre-Escolar’, que no tenía un fin en sí misma, sino que era preparatoria para una etapa superior, fue sustituida por la Educación Inicial, dedicada al niño a fin de procurarle las condiciones necesarias para su desarrollo normal”29 y comprendía a los niños desde el nacimiento hasta los cinco o seis años de edad. En otras palabras, en 1972 oficialmente se creó el nivel de educación inicial en el Perú. Walter Peñaloza Ramella, comisionado de la reforma, destaca que el propósito de la educación inicial “es ponerle una barrera a esas causas que conspiran contra el buen desarrollo síquico, emotivo, y emocional del niño. De esa manera, protegido contra esa discriminación que es injusta, el niño puede llegar a la Primaria en condiciones realmente eficaces”30.
En el Informe General de la Reforma de la Educación de 1970 se indicó: “La Educación Inicial ha sido considerada dentro del Sistema, por considerarse importante no sólo para asegurar la educación regular de los niños, sino para garantizar, en los casos en que se requiera, su desarrollo integral durante la primera infancia”31; asimismo, se precisó: “Está destinada a crear las condiciones requeridas para asegurar el desarrollo del niño de 0 a 5 años y a capacitar a la población, especialmente la familia, para que pueda proporcionar a los niños durante la primera infancia los estímulos y experiencias indispensables para el desarrollo de sus potencialidades”32. En tanto que el artículo 78 de la Ley General de Educación señaló que “El nivel de Educación Inicial está destinado a crear las condiciones indispensables para el desarrollo cabal de las potencialidades de los niños, fortaleciendo la necesaria acción familiar y comunitaria, complementándola cuando sea deficiente y supliéndola cuando falte”33. Al respecto, afirma Judith Bizot,
Las divisiones tradicionales en niveles pre-primario, primario, secundario y superiores eran claramente incompatibles con este enfoque, y el gobierno revolucionario ha decidido substituirlas con nuevos niveles: inicial, básico y superior. La adopción del nivel inicial denota ya una exclusión de la idea de que el Estado no tiene obligación alguna para con los niños menores de cinco años. Con esta innovación se presta atención a los niños, desde que son bebés, hasta que cumplen seis años -durante los primeros cuatro años, en casas-cuna, durante los dos últimos, en jardines de infancia34.
Como destaca Bizot, el hecho de adoptar la educación inicial como nivel educativo compromete al Estado en su responsabilidad de educar a los niños menores hasta los seis años y desde cuando son bebés. Los jardines de la infancia, una institución de amplia trayectoria, estaban destinados a la educación de los niños durante dos años, antes de que transitaran a la educación primaria que formaba parte del nivel de educación básica y que se complementa con la educación secundaria.
La reforma educativa de 1972, por oscurantismo e inadecuadas percepciones de los políticos y funcionarios de turno, se fue desmontando progresivamente. “No obstante, algo pudo salvarse del naufragio, algo que constituye un valioso aporte para la educación peruana, fue la creación de la educación inicial para sustituir a la llamada ‘pre-escolar’, que no tenía un fin en sí misma, sino que era preparatoria para la primaria”35. Así, el nivel de educación inicial nació, pero sin carácter de obligatorio.
En 1973, considerando la experiencia puneña de 1968, se oficializó la creación del primer programa no escolarizado para niños de 3 a 5 años, denominado Proyecto Experimental de Educación Inicial No Escolarizada (Propedeine), como una manera de ampliar la cobertura del nivel inicial. Después, este programa se convirtió en el Programa No Escolarizado de Educación Inicial (Pronoei) que recibió la colaboración de las Naciones Unidas, a través de Unicef, y de la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID). Cabe precisar que la denominación “no escolarizado” no implicó un trabajo a distancia, pues las experiencias las realizan las animadoras con niños de manera presencial y en ambiente especialmente adaptado.
Por el auge de la educación inicial, se implementaron diversas variantes de los Pronoei, ya sea en locales de instituciones educativas, locales parroquiales y hasta al aire libre. También se formularon novedosas estrategias no escolarizadas, como el Programa de Atención Integral a través de los Grupos de Madres (Paigruma) y el Programa Integral de Estimulación Temprana con Base en la Familia (Pietbaf).
En 1977, la Dirección de Educación Inicial del Ministerio de Educación es promovida a la categoría de Dirección General, situación que le permitía manejar un presupuesto más significativo para la expansión de los servicios educativos. El nivel inicial ya era valorado.
Los progresos en Educación Infantil en el Perú desde Barcia Boniffatti son el resultado de medidas certeras adoptadas por funcionarios y personas que valoraron la importancia de atender a los niños lo más temprano posible. “Lo importante no sólo es atender al niño. Más importante es el resultado que se obtiene con el adulto, que progresivamente es más consciente en reconocer que el patrimonio más valioso de su comunidad es el NIÑO”36.
Emilia Barcia Boniffatti: percepciones de su pensamiento y obra
Emilia Barcia constituye una figura central en la instauración de la educación inicial en el Perú. Sus cincuenta años de aportes a la atención infantil desde 1921, y cuarenta desde la fundación del primer Jardín de la Infancia Estatal en 1931, fueron motivo para que en 1972 la educación inicial sea considerada nivel educativo como parte del sistema educativo peruano. Diversas personalidades han dejado sus testimonios sobre la figura de la insigne educadora, entre ellas, Lily Caballero de Cueto, esposa del ministro de Educación, Carlos Cueto Fernandini; Marina Melo de Davey, directora del Instituto “Emilia Barcia Boniffatti”; Elena Valdiviezo, cercana colaboradora de la obra de Emilia; y Maribel Cormack Lynch, también cercana colaboradora de la obra de Barcia Boniffatti. En el análisis de los datos ofrecidos, resaltan las categorías principales asociadas a la maestra, tales como cualidades personales, cualidades profesionales y sociales, y legado a las nuevas generaciones, las que destacaron las entrevistadas, cuyos discursos se anexan en la obra autobiográfica de Emilia, publicada póstumamente.
Tabla 1 Cualidades personales de Emilia Barcia Boniffatti: análisis y comentario
| Entrevistada | Cualidades personales | Análisis y comentario |
|---|---|---|
| Lily Caballero de Cueto | “Mi cercanía y amistad duró hasta su muerte, dejándome en su última carta la responsabilidad de velar por el legado histórico de sus obras”. | Las autoras de testimonios y entrevistas sobre la egregia educadora Emilia Barcia Boniffatti tuvieron cercanía con ella, de modo que sus opiniones son el reflejo fidedigno de lo que fue esta maestra. Se destacan ciertos aspectos, como depositaria de una amistad sincera y perenne en quienes confía más allá de la muerte; ética, luchadora y corajuda, que no se arredró ante ningún tipo de adversidad. Su condición de maestra con vocación, entrega, activa y visionaria, la condujo a lograr con creces sus propósitos: muchos niños en muchos jardines e incluso la educación infantil convertida en nivel educativo. |
| Marina Melo de Davey | “Emilia tenía una personalidad importante, de trato muy humano con el personal, era una estrella de ética profesional para mí, luchadora, visionaria, respecto a los niños del Perú y América”. | |
| Elena Valdiviezo | “Tuvo en su vida el coraje para afrontar y superar las barreras y expresar la verdad sin temor, aunque no guste a los demás y aunque cueste perder la simpatía y la popularidad”. | |
| Maribel Cormack Lynch | “Recuerdo a Emilia Barcia como una persona muy activa, con mucho carácter y firmeza en las metas que se proponía alcanzar, con una visión muy clara de lo que quería realizar. Con mucho sentido social consagró su vida a la educación de los más pequeños, con verdadera vocación y entrega”. |
Fuente: testimonios y entrevistas en Barcia (2015).
Tabla 2 Cualidades profesionales y sociales de Emilia Barcia Boniffatti: análisis y comentario
| Entrevistada | Cualidades profesionales y sociales | Análisis y comentario |
|---|---|---|
| Lily Caballero de Cueto | “La señorita Emilia le pidió que cada alumna asumiera un compromiso y sujetarse a este mediante un juramento, el cual sirvió para la ceremonia de graduación de la primera promoción y las posteriores, que hasta la fecha se utiliza en el Instituto”. | De los testimonios y entrevistas se aprecia que Emilia concibió la educación infantil desde una pedagogía de la ternura, como un compromiso y responsabilidad social, y una mística desde un marcado eros pedagógico. Era depositaria de una pedagogía social acorde a la naturaleza de los pequeños, que simplifica y embellece. Concibió la educación como un espacio para forjar el principio de igualdad entre los niños, lo que implicaba una formación ajena a cualquier tipo de discriminación, ni de género ni social ni ninguno de otro tipo. Asimismo, Emilia fue una maestra fuera de serie, totalmente adelantada a su época, que llegó a establecer como norma la incorporación de niños con necesidades educativas especiales a las aulas. |
| Marina Melo de Davey | “Tenía de hacer fácil lo difícil y de lo feo algo bello, guardando siempre la armonía y la belleza natural”. “Tenía un espíritu de ayuda a los más necesitados, como el leprosorio de Iquitos, que cuando se recuperaban ella les buscaba trabajo, pero nunca contó la enfermedad que tenía, era humana y firme”. | |
| Elena Valdiviezo | “Desde muy joven ella percibió lo importante que era una educación infantil pública orientada hacia todos los niños sin discriminación y a la que asistieran niñas y niños de todas las clases sociales”. “Ella también fue un ejemplo para el trato a todas las alumnas [del Instituto] por igual… Nunca hubo ningún tipo de discriminación, incluso cuando había reunión de padres, los trataba a todos por igual; así debiera ser en el Perú. Eso enseñaba con su ejemplo Emilia…” | |
| Maribel Cormack Lynch | “En todos los aspectos, Emilia se adelantó a su época. Recuerdo que en la Escuela de Aplicación las docentes debíamos incorporar dos niños con necesidades educativas especiales, demostrando una sensibilidad hacia el otro, que aún en nuestros días no es comprendida”. “Siento que me inculcó una mística y un sentido de responsabilidad en la atención y cuidado del niño que debía ser el centro de la atención, lecciones que han perdurado en toda mi carrera profesional”. |
Fuente: testimonios y entrevistas en Barcia (2015).
Tabla 3 Legado a las nuevas generaciones de Emilia Barcia Boniffatti: análisis y comentario
| Entrevistada | Legado para las generaciones | Análisis y comentario |
|---|---|---|
| Lily Caballero de Cueto | “Es interesante remarcar que daba como tarea el hecho de asistir como experiencia vivida de estos centros de arte. Traerme la ponencia del Dr. Carlos Cueto Fernandini, de Francisco Miro Quezada y de otros especialistas de atención a la infancia, y de las diferentes obras de arte, de música, teatro, pinturas y literatura infantil”. | La preocupación legítima de Emilia Barcia por una genuina educación de los niños, pasaba por no mantener a la institución formadora ajena a la sociedad; al contrario, sus vivencias deben nutrirse con las variadas experiencias y sapiencias de personas y personajes de la sociedad que pueden aportar a mejorar la educación de los niños, la que debe nutrirse con las diversas manifestaciones del arte; porque el arte provee a los niños una manera firme y creativa para la manifestación de sus sentimientos y emociones. Un aspecto por destacar es el hecho de convertir a la escuela y al maestro en actores de su progreso, lejos de aquellas posturas que esperan que los cambios provengan de las esferas del Ministerio de Educación o de sus oficinas descentralizadas; de ahí que se le encuentra siendo consultada una y otra vez para encaminar la marcha de la educación inicial, desde crear jardines de la infancia, hasta convertir la educación de los pequeños en nivel educativo; sin contar los múltiples encargos para implementar instituciones rectoras de la educación infantil, como el instituto para formar las maestras jardineras. Exhortó a las maestras a formar a los niños con calidad y calidez, respetando plenamente sus derechos desde un magisterio nutrido con mística y compromiso social, con capacidad de sobreponerse a las vicisitudes que puedan afectar la tranquilidad y felicidad de los pequeños. |
| Marina Melo de Davey | “En 1968… al realizarse la revolución de Juan Velasco Alvarado… La Srta. Emilia Barcia fue llamada a formar parte del equipo de asesores, quienes figuraban entre otros: Francisco Miro Quesada, Walter Peñaloza y el padre Romeo Luna Victoria. Se creó el nivel de Educación Inicial como Dirección General, a nivel nacional, donde se consideraba la atención a niños menores de 6 años, considerando cunas y jardines de la infancia, trabajo con padres de familia y comunidad”. | |
| Elena Valdiviezo | “Recuerdo que en esos momentos [los de Emilia] se decía que la educación preescolar (como se llamaba entonces) era la más democrática, pues a ella acudían juntos el hijo de la “patrona” y el de su empleada doméstica. Así era en todos los jardines, incluso más adelante en el Jardín 42 de la Aurora y en los Jardines de San Felipe. Allí todos se “igualaban” en el juego y en las actividades”. | |
| Maribel Cormack Lynch | “Las estudiantes y futuras maestras tienen por delante una hermosa tarea, que es la de educar a la primera infancia. Que van a enfrentar muchos retos, pero que espero que el modelo de vida de Emilia Barcia Boniffatti constituya el faro que oriente su función docente, con mística y compromiso, velando porque se respeten los derechos de los niños y por lograr que vivan plenamente esta etapa de su infancia con bienestar y felicidad”. |
Fuente: Testimonios y entrevistas en Barcia (2015).
Emilia Barcia fundó los jardines de la infancia, no una escuela para la infancia, como refiere Carla Rinaldi del proyecto Reggio Emilia, pues esta forma de concebirlo con el “de la” se encuentra “la infancia declarada, esto es, como sujeto público, histórico; como categoría social a la cual el estatus de sujeto cultural, sujeto de derechos”37; como era entendido por la maestra Emilia, pues una de sus preocupaciones se orientaba al respeto de los derechos de los niños y a educarlos con amor infinito, como anotó: “¡Yo amaba a los niños y los niños me adoraban a mí! Es maravilloso este amor que nace entre la maestra y los niños…”38; es decir, puso en práctica la pedagogía de la ternura, cuyo fundamento es el amor solidario. Pero, la práctica pedagógica también debe nutrirse de argumentos científicos, por eso leía con avidez y pasión los libros de Montessori, Froebel, Claparéde y Decroly, siempre con el deseo explícito de brindar lo mejor a los niños. Tal fue el norte por el que encaminó esta admirable educadora a generaciones de niños y de maestras, desde la convicción de que la educación inicial debe orientarse hacia la formación integral de los niños y no solo al desarrollo de su intelecto.
La vocación por la educación inicial de Emilia Barcia se vio reforzada desde la alta esfera del poder político, en las postrimerías del gobierno del presidente Augusto B. Leguía en 1930. En la nota escrita por el mandatario: “Sr. ministro: Sírvase atender −muy urgentemente − el pedido de la Srta. Barcia, que encierra un patriótico ideal, digno del más decidido apoyo”, y en la misma Resolución Suprema N.° 589-1930 de creación del primer Jardín de la Infancia Estatal para menores de cinco años, se demuestra el manifiesto apoyo político para que en 1931 empezara a funcionar oficialmente la educación inicial en el Perú, en un momento turbulento de la república, durante el efímero mandato de Samanez Ocampo. El proyecto de la educación inicial se sobrepuso a los intereses políticos del momento. No obstante, el mayor apoyo de la educación inicial se dio en 1972 con el Decreto-Ley 19326, que la concibió como nivel educativo y era “proporcionada en Nidos, Cunas y Jardines de la Infancia, además de los programas de educación familiar”39.
En la actualidad, la educación inicial es el primer nivel de la educación básica regular y presta atención no escolarizada a niños de 0 a 2 años, y escolarizada de 3 a 5 años. Asimismo, el Estado peruano asume, cuando se requiere, la atención de la salud y nutrición mediante un trabajo intersectorial. La articulación del primer nivel con el siguiente nivel, la educación primaria, se da garantizando coherencia curricular, conservando su particularidad y autonomía administrativa y de gestión. Se destaca la participación concurrente de familia y comunidad en la educación inicial, para mancomunar esfuerzos tendientes a la formación integral de los niños, considerando su desarrollo socioafectivo, cognoscitivo, comunicativo y sicomotriz. “En suma, la educación inicial se orienta hacia el desarrollo y la afirmación de la personalidad del niño preparándolo en la vida y para la vida”40; es decir, la educación inicial debe enfocarse en el desarrollo integral del niño.
Conclusiones
Emilia Barcia Boniffatti es una de las figuras pioneras en la educación inicial en el Perú y en América Latina. En su magisterio de medio siglo (1921-1971) fundó y puso en funcionamiento jardines de la infancia basados en los lineamientos pedagógicos y científicos de las lumbreras de la educación infantil en el mundo, como Froebel, Claparéde, Decroly y Montessori, y siguiendo también la línea de acción de educadoras connacionales como Elvira García y García, fundadora del primer kindergarten privado en el Perú en 1902, con similar sensibilidad que Juana Alarco de Dammert, que en 1902 fundó la primera cuna infantil para niños de madres obreras en Lima. En todo momento, Barcia Boniffatti concibió que el norte de los esfuerzos de la educación inicial es alcanzar la formación integral de los niños desde los fundamentos de la pedagogía de la ternura. Dedicarle la atención que se merecen los infantes de las clases sociales con menos recursos la llevó a luchar por la educación infantil estatal y lo logró a través de la fundación del Primer Jardín en momentos críticos de la realidad nacional, cuando la crisis política, social y económica producto de la Primera Guerra Mundial se recrudecía con la Gran Depresión de 1929, un golpe de Estado en 1930 que trajo consigo un periodo turbulento con una insurrección civil en 1932 y un magnicidio en 1933. Pero nada de esto amilanó a Emilia, la maestra jardinera.
La fundación del primer Jardín de la Infancia en 1931, gracias al esfuerzo de Barcia Boniffatti y al apoyo de su hermana Victoria, fue el comienzo en el Perú de la historia de la educación inicial estatal y gratuita para los niños de menos de seis años de los diversos estratos sociales, con énfasis en los provenientes de familias vulnerables. Esta educadora, de nutrida mística, imbuida de palmario coraje, labor sin tregua y con total compromiso, logró que la democratización de la educación pública de los pequeños marche como en pocos países de la región. Esta obra fecundísima alcanzó la cima en 1972, cuando por el aporte significativo y decisorio de su asesora, Emilia Barcia Boniffatti, los comisionados de la reforma educativa, Walter Peñaloza Ramella y Carlos Castillo Ríos, asimilaron la idea de la maestra visionaria y permitieron que la educación inicial se elevara a la categoría de nivel en el sistema educativo, lo que ubicó al Perú en un país de vanguardia en la región latinoamericana.
Emilia Barcia Boniffatti es la maestra pionera de la educación inicial en el Perú. Su esfuerzo para que niños y niñas tuvieran −y tengan− acceso a la primera escolaridad con los lineamientos científicos modernos adquiridos en su formación en España desde una pedagogía de la ternura, la convirtió en una profesional referente de la educación preescolar de su tiempo y de siempre. Y como maestra líder de educación infantil, las generaciones de profesoras jardineras que se formaron desde 1960 en el Instituto Nacional de Especialización en Educación Infantil incorporaron en su praxis el legado de su fundadora.














