El libro reúne siete textos dedicados al análisis del periódico Tierra, órgano de información del Partido Comunista, que circuló en dos momentos distintos: 1932 y 1938. No son comunes, valga decirlo, publicaciones sobre la historia de los periódicos que, durante la primera mitad del siglo XX, para colocar un marco de tiempo, animaron las disputas entre sectores políticos, económicos y religiosos en Colombia. He aquí, de entrada, un acierto del libro que nos ocupa.
Los capítulos están precedidos de una introducción, en la que se especifica el origen de la publicación y los propósitos que orientaron su escritura. Su lectura le permite al interesado saber que el libro es el resultado de un ejercicio colectivo de investigación que convocó a profesores de dos universidades de Bogotá, con el fin de estudiar los "fenómenos de producción, circulación y consumo de la publicación periódica Tierra" (p. 9). Concretamente, la investigación apuntó a responder la siguiente pregunta: "¿de qué manera los discursos visuales que fueron construidos en el periódico Tierra para la promoción de las ideas comunistas propiciaron la apropiación de corrientes ideológicas, políticas y de vanguardias artísticas como el constructivismo ruso o el arte revolucionario en Colombia durante la década de 1930?" (p. 10).
El primer capítulo, "Colombia 1928 - 1938: los años de reconocernos como una nación en proceso de industrialización", opera como un texto de contextualización histórica para comprender el momento de la aparición del periódico Tierra en dos fechas diferentes: 1932 y 1938. La autora, Paola Viviana Londoño, reconstruye la dinámica del país desde el impulso al proceso de industrialización, de la mano de la bonanza económica y la prosperidad a debe, pasando por la crisis de gobernabilidad de finales de la década de 1920 y el arribo de los liberales al poder. Crisis que, por cierto, no desapareció con el inicio de la denominada Republica Liberal y que, en cambio, se extendió en el tiempo originando protestas de los sectores populares. He ahí, precisamente, el contexto en el que surgió el Partido Comunista (1930) y, dos años después, el periódico Tierra (1932).
El segundo capítulo, "El periódico Tierra, el gobierno de Enrique Olaya Herrera y el problema agrario", de Luisa Natalia Caruso, desentraña la postura política que adoptó el PC frente al gobierno de Enrique Olaya Herrera, a la luz del análisis de los editoriales de Tierra, publicados entre agosto y septiembre de 1932, momento último en que el semanario fue clausurado a raíz de la postura disidente que adoptó el PC ante el conflicto militar con Perú. El corto periodo de estudio es de importancia especial, a raíz de los sucesos de gran resonancia que se registraron y que fueron editorializados desde el periódico, como la masacre de campesinos en Viotá, ocurrida el 31 de julio de 1932, la agudización del enfrentamiento bipartidista en Norte de Santander y el occidente de Boyacá, los primeros dos años del gobierno de Olaya Herrera y el conflicto armado con el Perú, entre otros. El análisis permite identificar la postura que adoptó el PC frente a estos acontecimientos y, en especial, el tratamiento dado al problema agrario, a la luz de la teoría de Marx y Lenin.
El tercer capítulo, "El constructivismo ruso y su relación con la gráfica de las publicaciones militantes en Colombia y México", de Claudia Angélica Reyes Sarmiento, estudia la influencia de corrientes internacionales y, particularmente la soviética, en el diseño de la prensa comunista, con énfasis en los casos de Tierra y El Machete. Se trata de un ejercicio comparado dirigido a identificar similitudes y diferencias entre dos modelos de prensa militante. En esa dirección, la autora resalta la presencia y papel de la gráfica constructivista de vanguardia en el diseño de la prensa comunista de la época, con énfasis en el periódico colombiano. Así, se logra demostrar las conexiones que existían entre los periódicos - y las organizaciones políticas que los secundaban- y la influencia soviética en el arte de la edición de este tipo de publicaciones.
El cuarto capítulo, "Discursos militantes y diseño: periódico Tierra", de Claudia Angelica Reyes Sarmiento, analiza los modelos discursivos a nivel visual elaborados y distribuidos a través de las páginas del periódico comunista. En particular, la autora se centra en lo que denomina "sujeto femenino obrero", con el fin de identificar el impacto que tuvieron ciertas vanguardias artísticas en el diseño militante de la prensa comunista. Concluye afirmando que la experiencia de Tierra no se alejó del tratamiento de la prensa oficial, reproduciendo los roles tradicionales designados a la mujer.
Además de las editoriales y el diseño, también hubo espacio para el análisis de la caricatura. Ese es, precisamente, el objetivo que se traza Claudia Marcela Arias Mejía en el capítulo "La caricatura en el periódico Tierra". Partiendo de la tesis de que la caricatura sirve para reconocer los imaginarios políticos del naciente Partido Comunista en Colombia, la autora revisa la presencia de la caricatura en publicaciones comunistas de la época, como Mundo Obrero (órgano del Buró del Caribe de la Comitern) y New Masses (de circulación estadounidense). Nombres de caricaturistas en el plano internacional, como los de Jacob Burck, Hugo Gellert, Pol Ferjac, Henri Monier y Raoul Cabrol, y de Gonzalo Ariza y Efraín Gómez Leal, para el caso de Colombia (colaboradores de Tierra), son destacados, señalando las técnicas utilizadas (xilografía, lineleografía) y su contribución a la caricatura militante.
El capítulo seis, de Jesús Alfonso Gallardo Vega, "Las letras tipográficas del periódico", se propone analizar los signos tipográficos utilizados en el periódico, identificando, específicamente, sus características formales. En la perspectiva del autor, dicho análisis permite reconocer el proceso de adaptación de las formas gráficas que hizo posible la construcción de discursos visuales. Así, se conectan las condiciones ideológicas asociadas a las vanguardias artísticas de la década de 1930, con los discursos visuales del periódico Tierra. Al analizar componentes como los tipos tipográficos (usados para texto, titulares y anuncios), estilos (romana, egipcia, sans), renglones tipográficos, gama serial, contraste y economía espacial, el autor permite evidenciar las conexiones de la experiencia local de prensa con otras formas de diseño ligadas a lo internacional.
El séptimo y último capítulo, "La grafica promocional del periódico Tierra. Clasificación y análisis", de German Eduardo Gómez Uribe, María Camila Sánchez Mejía y Alejandro Peralta de Zubiría, estudia los anuncios comerciales publicados en Tierra y su conexión con los procesos de producción, circulación y consumo. Bajo esa premisa, en el texto se establece una tipología, identificando los anuncios promocionales "internos", propios del periódico, caracterizados por el mensaje político, los símbolos, anuncios de literatura especializada y eventos partidistas. En la tipología de los anuncios promocionales se ubican, además, los anuncios "externos", divisados como formas de financiación del periódico (pautas). Este último componente tiene la virtud de recordar al lector la dificultad económica que solía acompañar a iniciativas periodísticas e informativas disidentes como Tierra, la cual dificultaba su sostenimiento.
Revisados los contenidos de los capítulos, a continuación, se procede a evaluar la obra.
Sin duda, el libro da en el blanco al señalar que la historia de Tierra se enmarca en una tradición de prensa que se remonta en Colombia a las primeras décadas del siglo XX. Hay líneas de continuidad entre esa tradición local de publicaciones de estirpe socialista, anarquista y popular que editaron artesanos, obreros e intelectuales colombianos, y el periódico Tierra, a la vez que hay elementos novedosos (tipografía, diseño) que fueron tomados del contexto internacional, por ejemplo, la tradición tipográfica soviética. Hay, además, aportes destacados en temas antes no tratados, como la confección tipográfica, la caricatura y la imagen. El rescate de ilustraciones a color es un hecho sobresaliente y de especial valor, en tanto permite al lector apreciar lo que los autores describen y analizan en el texto.
No obstante, hay cuestiones de forma y contenido en distintos lugares de la publicación que le restan solidez y que no pueden pasar desapercibidas. Por ejemplo, el diseño de algunos capítulos no es el mejor: el lector tiene que enfrentarse en algunas páginas a los cambios injustificados en el tamaño de letra de un párrafo a otro; la información de los autores, a pie de página, no se registra en todos los casos, a pesar de que se anuncia al comienzo de cada capítulo; se repiten párrafos (ver p. 124); no todos los capítulos tienen conclusiones, aspecto que, además de la uniformidad, hubiese sido pertinente como ejercicio de síntesis.
Hay, además, algunos gazapos, como el de la página 148, en donde se afirma que Gilberto Vieira fue el director del periódico en 1932 y 1938, lo cual no es cierto, ya que, en 1932, el director de la publicación era Guillermo Hernández Rodríguez y, en 1938, la dirección del rotativo era ejercida de manera colectiva por Lino Jaramillo, Jorge Regueros Peralta e Ignacio Torres Giraldo. En fin, queda la sensación de que el texto no estaba maduro para salir a la imprenta y que una revisión por pares académicos (¿la hubo?) hubiese sido provechosa para advertir los errores mencionados.
De cualquier manera, el libro abre un horizonte de análisis del periódico Tierra, que deberá contemplarse, en aras de atender aspectos que quedaron por fuera de la revisión que nos atañe. Por ejemplo, resultaría útil saber quiénes escribían en el periódico (cuáles eran los perfiles biográficos de los columnistas locales y extranjeros), a qué públicos llegaba la publicación, cuáles temas se privilegiaron en las páginas, cómo operaba el sistema de distribución del periódico y a cuáles sitios arribaba. En fin, asuntos que permitirían ampliar el conocimiento de un periódico de izquierda del que, desafortunadamente, se conservan en el país poquísimas copias físicas y en mal estado (en la Biblioteca Nacional hay, afortunadamente, una copia digital).
Fue el historiador François - Xavier Guerra quien, en su momento, hizo un llamado para que la prensa fuese tratada, antes que, como una fuente documental, como un «actor político», bajo el argumento de que los periódicos tuvieron una incidencia en la formación de mentalidades colectivas, amén de su papel en la configuración de los procesos de sociabilidad política. El libro reseñado responde al llamado de Guerra, al otorgar un valor especial a la publicación que los comunistas colombianos de la tercera década del siglo XX pusieron en circulación en ciudades y villorrios del territorio nacional.














