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Educación y Educadores

Print version ISSN 0123-1294

educ.educ. vol.11 no.2 Chia July/Dec. 2008

 

Justificación de la educación física en la educación infantil

Justification for Physical Education at the Preschool Level

Justificagáo da educagáo física na educagáo infantil

TEORÍA DE LA EDUCACIÓN

Pedro Gil-Madronaa, Sixto G ómez-Víllorab, Onofre R. Contreras-Jordánc e Isabel Gómez-Barretod

a Doctor en Ciencias de la Educación, Universidad de Castilla-La Mancha, Albacete, España. pedro.gil@uclm.es

b Doctor en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, Universidad de Castilla-La Mancha, Albacete, España. sixto.gonzalez@uclm.es

c Doctor en derecho, Universidad de Castilla-La Mancha, Albacete, España. cjordan@uclm.es

d Licenciada en Psicopedagogía, Universidad José Antonio Páez, Valencia, Venezuela. isago@cantv.net


Resumen

El progresivo descubrimiento del propio cuerpo como fuente de sensaciones, la exploración de las posibilidades de acción y funciones corporales, constituirán experiencias obligatorias sobre las cuales ir construyendo el pensamiento infantil. De igual forma, las relaciones afectivas establecidas en situaciones de actividad motriz, y en particular mediante el juego, serán fundamentales para el crecimiento emocional. A la intervención desde la motricidad en la etapa de infantil le corresponde la tarea de dar respuestas a cuestiones planteadas u otras, como el excesivo sedentarismo de la infancia o la obesidad infantil.

En este sentido, en el presente artículo nos ocuparemos de justificar la necesaria presencia de la motricidad en fu forma sistemática -la educación física- en la educación infantil, y presentar un proyecto de mediación en la praxis en esta etapa educativa, lúdico, alegre, gozoso, atractivo y encantador para los niños. Recogemos conceptos y supuestos en torno al desarrollo psicomotor, los contenidos motrices en la etapa de educación infantil, la expresión corporal, el juego motor y el planteamiento metodológico y programador de la motricidad en esta etapa educativa.

Palabras clave: educación física, expresión corporal, educación y cuidado infantil, juego educativo, desarrollo motor (fuente: Tesauro de la Unesco).


Abstract

The gradual discovery of one's body as a source of sensations and the exploration of possibilities for corporal action and functions are obligatory experiences on which to build children's thinking. By the same token, the emotional relationships established in situations that involve motor activity, play in particular, are fundamental to emotional growth. Intervention based on motor functions during childhood must respond to these questions and others, such as a sedentary lifestyle and obesity among children.

In this respect, the article is an attempt to justify the necessary and systematic presence of motor functions, through physical education, and outlines a preschool project for practical intervention that is recreational, happy, enjoyable, attractive and enchanting for children. Concepts and assumptions on psychomotor development are considered, as are motor contents in preschool education, corporal expression, motor play and a proposal on method and programming motor functions in this stage of education.

Key words: Physical education, corporal expression, education and childcare, educational play, motor development (Source: Unesco Thesaurus).


Resumo

O descobrimento progressivo do próprio corpo como fonte de sensações, a exploração das possibilidades de ação e das funções corporais são experiências forçosas que permitem elaborar pensamento infantil. Asi mesmo, as relações afetivas estabelecidas em situações de atividade motriz, sobretudo do jogo, são básicas para o crescimento emocional. À motricidade no estágio infantil é responsável de dar respostas a perguntas propostas ou temas como o sedentarismo ou a obesidade infantil. Neste sentido, justificaremos a exigência e necessária da motricidade em sua forma sistemática (a educação física) na educação infantil e apresentaremos um projeto lúdico, alegre, prazenteiro, atraente e encantador para os meninos, que sirva de mediação na prática durante esta fase educativa. Nos baseamos em conceitos relacionados com o desenvolvimento psicomotor, os conteúdos motores na etapa de educação infantil, a expressão corporal, o jogo motor e a proposta metodológica e programadora da motricidade nesta etapa educativa.

Palavras-chave: educação física, expressão corporal, educação e cuidado infantil, jogo educativo, desenvolvimento motor (fonte: Tesouro da Unesco).


Introducción y trazado del problema

La educación infantil comprende de sde el nacimiento hasta que comienza la enseñanza obligatoria. Por lo tanto, hace referencia al periodo que abarca desde los 0 a los 6 años. Si tenemos en cuenta que el MECD (en España)1 -ya desde la LOGSE (1990)2 y, con redacciones similares, a través de sucesivos textos legales- ha venido fjando que el objetivo general para la educación infantil es "estimular el desarrollo de todas las capacidades, físicas, afectivas, intelectuales, sociales y morales", podremos comprobar que lo que se enseña y como se enseña a través de la motricidad, en su forma sistemática la educación física en la educación infantil, contribuye ampliamente a lograr dicho objetivo. En los planteamientos de la administración educativa para la etapa de educación infantil no existe un área de educación física, aunque sí se recogen contenidos y criterios de evaluación del desarrollo de la motricidad. Esto es debido a que las áreas de experiencia en las que se estructura la educación infantil se conciben como un criterio de globalidad y de mutua dependencia. En efecto, en las nuevas leyes educativas el énfasis recae en las competencias, que asumen el rol del protagonista en el marco curricular, con la nueva configuración normativa, como expresa el profesor Pérez Pueyo (2007: 84): "cada una de las áreas debe contribuir al desarrollo de diferentes competencias y, a su vez, cada una de las competencias básicas se alcanzará como consecuencia del trabajo en varias áreas o materias".

Cuando las ciencias humanas estaban regidas por el paradigma dicotómico, que entendía al hombre como resultado de la adición de dos elementos: cuerpo y espíritu, psique y soma, parecía incuestionable que la competencia del profesor de educación física, como su propia denominación indicaba, se refriera, exclusivamente, a la parte material, al soma, al cuerpo. Muy pronto, en Francia, desde el ámbito de la medicina y, más tarde, desde la psicología, surgirán aportaciones diversas bajo el apelativo genérico de psicomotricidad.

En efecto, en los albores del siglo XX, precisamente en el campo patológico, el médico francés Ernest Dupré introduce el término "psicomotricidad" cuando estudia la debilidad motora en los enfermos mentales. Las ideas de Dupré en torno a los trastornos psicomotores caen en el terreno fértil de diversos campos de la ciencia, como la psicología genética (Wallon), la psiquiatría infantil (Ajuriaguerra) y la pedagogía (Picq y Vayer, Le Boulch y Lapierre y Aucouturier), entre otras disciplinas.

Tras la denominación del término "psicomotricidad" se acogen multitud de concepciones, que muchas veces no son más que distintas matizaciones teóricas sobre un mismo compromiso central. Como señala Pastor Pradillo (1994), es muy frecuente encontrarnos con cuerpos de doctrina semejante bajo denominaciones muy variadas que sustituyen el término de educación física por: educación psicomotriz, psicomotricidad educativa, educación psicomotora, motricidad, educación vivenciada, expresión dinámica, expresión corporal, educación motriz, motricidad relacional, psicocinética o educación por el movimiento, educación física de base, etc. Junto a esta renovación se revisan los objetivos, los recursos y, como consecuencia, la praxis pedagógica y los procedimientos de intervención.

Sin embargo, todo parece indicar que los nuevos planeamientos con los que se aborda el siglo XXI se interesan más por una perspectiva holística, global, integral y conductual, llámese motricidad o actividad física, abandonando las perspectivas analíticas, tan útiles hasta ahora.

 

Motricidad vs. educación física en la etapa de educación infantil

Si la motricidad es entendida desde los actuales paradigmas científicos sus contenidos ya no podrán ser recluidos en áreas biomecánicas, y esta evidenciará una perspectiva holística, unitaria y global que se manifesta por medio de la conducta. Desaparecen así los muros que separaban la educación física tradicional del desarrollo de la psicomotricidad o motricidad en la etapa infantil y, al mismo tiempo, se requiere la colaboración de otras ciencias, que, como la psicología, la pedagogía, la sociología, la fsiología o la anatomía, aporten la información necesaria para completar un nuevo concepto de doctrina, faciliten el análisis del objeto de estudio y favorezcan el diseño de nuevas técnicas y métodos de intervención desde planteamientos coherentes. Si consideramos que la educación física se fundamenta, básicamente, en una motricidad entendida como la capacidad de movimiento, como el desplazamiento en el espacio de un cuerpo o de un segmento de él, estaremos reduciendo su significación a una coincidencia con la biomecánica que, al menos aparentemente, ya parecía superada.

En efecto, la noción de praxis que define Luria (1974), el esquema sensorio-motor de donde parte el cognitivismo o el movimiento inteligente de que habla Marina (1995), para explicar la conducta, ya no admiten el paradigma dualista sino que se fundamentan en una inevitable conciliación entre las dos nociones: el movimiento y la conducta (Pastor Pradillo, 2007).

Al igual que sucede en otros países, diversos autores españoles ligados al mundo de la educación participan desde diferentes puntos de vista de esta idea integradora. Uno de los principales impulsores del proceso de unificación es Berruezo (2000), a quien le siguen, con diferentes estudios inherentes a su gran experiencia profesional, Arnaiz (1994), Muniáin (2001), Herrero (2000), Quirós (2001), Sánchez y Llorca (2001), Franc (2001) y Lázaro (2000 y 2002).

Este proceso no es otra cosa que el refejo y la aplicación de una nueva forma de entender al hombre y, por lo tanto, de entender el cuerpo y las relaciones que entre distintas dimensiones de su naturaleza puedan establecerse. Esta nueva formulación, en la que ya no es posible distinguir los distintos aspectos para otorgarles tratamientos independientes e inconexos, proporciona a la educación física una ampliación de sus posibilidades de intervención y, le impondría nuevas competencias y fines.

Por lo tanto, parece inevitable admitir que dependiendo de la inicial comprensión que de la naturaleza humana se realice, así deberá ser el tratamiento que después se otorgue a los conceptos básicos que integran sus principales dimensiones y, como consecuencia, el diseño metodológico de la praxis con la que se pretenda intervenir en ellos.

En este sentido la educación física en la actualidad, aunque con más de medio siglo de retraso, ha ampliado sus responsabilidades desde potenciar las condiciones físicas básicas o de desarrollo de determinadas destrezas deportivas hasta interesarse por aquellos otros objetivos que la comprensión unitaria del hombre le permite y le exige ahora: los ámbitos afectivo, cognitivo, tónico-emocional y simbólico. En este sentido, más adelante se contemplará la globalidad de la conducta analizando los factores perceptivo-motores, los factores físicomotores y los factores afectivos, emocionales y relacionales en los que irrumpirá la intervención desde la motricidad en su forma metódica y ordenada, la educación física en la etapa de educación infantil.

En una sociedad en la que ya nos estamos planteando como problema ligado a la salud el excesivo sedentarismo de nuestro jóvenes, debemos admitir que resulta absolutamente necesario que, en los diferentes contextos de desarrollo, se respete la necesidad de movimiento de la infancia y se empiecen a consolidar hábitos de actividad física ya desde los primeros años.

Sin duda, y al margen de los avatares del paso, hoy parece reconocerse que la educación física debe ocupar el puesto que le corresponde en la configuración de una educación de calidad, pues tiene su propia importancia y contribución a la educación, sin más, de las personas, y adquiere, no obstante, una especial relevancia en determinadas etapas educativas, ya que busca el desarrollo armónico de nuestro cuerpo como medio o como instrumento de gran valor para alcanzar la madurez humana, la armonía, un autoconcepto positivo, una razonable autoestima. Y es, también, un ámbito adecuado para el cultivo y desarrollo de buenas conductas y de valores individuales y sociales de gran entidad, dado que proporciona experiencias que originan actitudes, tanto positivas como negativas. Y estas experiencias, cuanto más tempranas, mejor si son positivas, y más peligrosas si fuesen negativas, de fracaso. Es por ello por lo que los planteamientos generales sobre educación física, como sobre cualquier otra manifestación formativa, deben acomodarse a los destinatarios de la misma.

Hoy en día está suficientemente claro que, en los primeros años, unas apropiadas clases y cantidad de actividad física pueden no solo enriquecer la vida de los niños, sino también contribuir al desarrollo físico, social y cognitivo. Así, de ninguna manera es más importante la educación física en nuestra vida como en los años preescolares. La clave para este desarrollo es, por lo tanto, "una apropiada variedad y cantidad". Eso sí, identificando claramente los ámbitos de actuación que inspiran nuestro trabajo.

 

El desarrollo psicomotor de 0 a 6 años

El desarrollo psicomotor del niño entre los 0 y 6 años no puede ser entendido como algo que le va aconteciendo, sino como el algo que él va a ir produciendo a través de su deseo de actuar sobre el entorno y de ser cada vez más competente (Justo Martínez, 2000). En este sentido, el fin del desarrollo psicomotor es conseguir el dominio y control del propio cuerpo, hasta lograr del mismo todas sus posibilidades de acción. Dicho desarrollo se pone de manifesto a través de la función motriz, la cual está constituida por movimientos orientados hacia las relaciones con el mundo que circunda al niño y que juega un papel fundamental en todo el desarrollo del mismo, desde los movimientos refejos del recién nacido hasta llegar a la coordinación de los grandes grupos musculares que intervienen en los mecanismos de control postural, equilibrios y desplazamientos.

El desarrollo psicomotor está sujeto a las leyes del desarrollo como con la céfalo-caudal, la próximo-distal, la de lo general a lo específico y la del desarrollo de flexores-extensores. Y a su vez tiene una serie de características que lo hacen singular, como son que el desarrollo depende de la maduración y del aprendizaje, ya que para que este último se produzca en la coordinación de movimientos es preciso que los sistemas nervioso y muscular hayan conseguido un nivel idóneo de maduración.

En 1983 Howard Gardner publica su obra Frames of Mind, sobre las inteligencias multiples, para destacar el número desconocido de capacidades humanas. Ocho inteligencias identifica Gardner, siendo una de ellas la kinésico-corporal. Esta inteligencia tiene dos capacidades fundamentales: el control de los movimientos del propio cuerpo y la capacidad de manejar objetos muy hábilmente. En el ser humano estas cualidades tienen una base genética y otra de entrenamiento, de práctica. En efecto, está ampliamente demostrado que en todo talento deportivo, para llegar a tal, se ha tenido que superar más de 10.000 horas de entrenamiento. A Severiano Ballestero, en sus mejores días, le dijo un periodista: "Qué suerte tienes en los golpes", y Seve le respondió: "Cuanto más entreno más suerte tengo". Por lo que el desarrollo motriz, como en otros aspectos del desarrollo humano, hay una mutua interrelación entre lo hereditario y lo adquirido o aprendido.

En efecto, el desarrollo psicomotor del niño, tratado científicamente y llevado a la práctica en las sesiones de aprendizaje, busca que los alumnos sean capaces de controlar sus conductas y habilidades motrices. Por lo tanto podemos afirmar, junto a Ramos (1979) y Medrano (1997), entre otros, que el desarrollo psicomotor está a camino entre lo físico-madurativo y lo relacional, con una puerta abierta a la interacción y a la estimulación, implicando un componente externo al niño, como es la acción, y uno interno, como es la representación del cuerpo y sus posibilidades de movimiento.

Dentro del ámbito del desarrollo motor, la educación infantil, como señalan García y Berruezo (1999: 56), se propone facilitar y afanzar los logros que posibilita la maduración referente al control del cuerpo, desde el mantenimiento de la postura y los movimientos amplios y locomotrices, hasta los movimientos precisos que permiten diversas modificaciones de acción, y al mismo tiempo favorecer el proceso de representación del cuerpo y de las coordenadas espacio-temporales en las que se desarrolla la acción.

Los contenidos motrices en la educación infantil En relación con el desarrollo psicológico, los estudios sobre el desarrollo humano nos muestran la gran importancia que en la construcción de la personalidad del niño adquiere el papel de la motricidad. Los trabajos de Piaget (1968, 1969), Wallon (1980), Gesell (1958), Freud (1968), Bruner (1979), Guilmain (1981), Ajuriaguerra (1978), Le Boulch (1981), Vayer (1973), Da Fonseca (1984, 1988 y 1996), Cratty (1990) y Gallahue y McClenaghan (1985), entre otros, sobre los distintos ámbitos de la conducta infantil, han contribuido a la explicación de cómo a través de la motricidad se va conformando la personalidad y modos de conducta del niño.

Ahora bien, estos mismos estudios ponen de manifesto que la conducta humana está constituida por una serie de ámbitos o dominios, ninguno de los cuales puede contemplarse sin la interacción con los otros, como son el dominio afectivo, relativo a los afectos, sentimientos y emociones; el dominio social, que considera el efecto de la sociedad, su relación con el ambiente, con sus compañeros y el adulto, instituciones y grupos en el desarrollo de la personalidad del niño, proceso por el cual cada niño se va convirtiendo en adulto de su sociedad; el dominio cognoscitivo, relacionado con el conocimiento, de los procesos del pensamiento y el lenguaje, y el dominio psicomotor, que alude a los movimientos corporales, su concienciación y control.

Por su parte, Piaget (1936) sostiene que mediante la actividad corporal el niño piensa, aprende, crea y afronta sus problemas, lo que lleva a Arnaiz (1994: 43-62) a decir que esta etapa es un periodo de globalidad irrepetible, y que debe ser aprovechada por planteamientos educativos de tipo psicomotor, debiendo ser este "una acción pedagógica y psicológica que utiliza la acción corporal con el fin de mejorar o normalizar el comportamiento general del niño facilitando el desarrollo de todos los aspectos de la personalidad".

En este marco, la propuesta global de actuación pedagógica de la educación física en la educación infantil se dirige al desarrollo global del niño, y en consonancia con los aspectos componentes de esa globalidad se organiza adecuadamente en torno a:

• Los factores perceptivo-motores (percepción del propio cuerpo, percepción espacial como la situación, la dirección o la orientación, percepción temporal como la duración o el ritmo, conocimiento del entorno físico y desenvolvimiento en el medio social). El cuerpo solicitado por los factores perceptivo-motores es el cuerpo consciente, vinculado a la motricidad voluntaria, a la representación mental. Un cuerpo comprometido en pensar, en decidir, en actuar. Un cuerpo que es el de un ser global ávido de conocer. La percepción es un proceso cognitivo muy valorado desde siempre en la institución escolar, ya que uno de los aspectos fundamentales de la percepción es la significación. La percepción implica interpretar la información y construir objetos dotados de significación. Se trata de retomar los propios conocimientos, operar sobre ellos construyendo nuevos aprendizajes y saber expresarlos. De este modo es como se produce aprendizaje significativo.

• Los físico-motores (cuerpo instrumental, físico, locomotor, adquiriendo patrones motores y habilidades motrices básicas a medida que la motricidad evoluciona). Factores que tienen que ver con la adquisición del dominio y el control del cuerpo, que favorecen el equilibrio y la práctica de movimientos naturales, que potencian el desarrollo de la condición física, que enriquecen el comportamiento motor, que buscan la eficacia corporal. El cuerpo solicitado por los factores físicomotores es el cuerpo instrumental, locomotor, físico. Un cuerpo que puede poner en funcionamiento gran cantidad de ejes de movimiento, de músculos, de articulaciones, de reacciones motrices. Un cuerpo que va adquiriendo patrones motores a medida que la motricidad evoluciona. Un cuerpo cuya realidad física se manifesta a través de movimientos, posturas, actitudes,... Un cuerpo que es el de un ser global interesado en saber hacer.

• Y los afectivo-relacionales (creatividad, confanza, sus tensiones, sus pulsiones, sus afectos, sus rechazos, sus alegrías, su enfado, su socialización). Al permitir su expresión global, el niño puede refejar sus estados de ánimo, sus tensiones y sus confictos. El ambiente de la sala de educación física es un contexto propicio para la observación de los comportamientos más genuinos, así como de las relaciones que tienen los niños entre ellos y con el adulto. En el ámbito psicoeducativo, el educador puede dar salida y tal vez resolver algunas de esas tensiones y confictos internos de los pequeños. En el tratamiento de los factores afectivo-relacionales se concede importancia al lenguaje no verbal (diálogo tónico, mirada, gestos, sonidos,...), pero también a las habilidades de conducta verbal (preguntar, pedir, agradecer, disculparse, expresar afectos, proponer, explicar los sentimientos,...). Esto último significa que, en un momento dado o al final de la sesión, se puede pedir al niño que explique lo que siente. Sin emitir juicios de valor, que el niño hable o hablar con el niño de sus vivencias puede ser necesario en determinadas ocasiones (Mendiara Rivas y Gil Madrona, 2003).

Por lo tanto, la implementación o desarrollo de la motricidad, en su forma organizada en la educación física, en la educación infantil seguirá una perspectiva globalizadora e interdisciplinar. En el currículo español, el hecho de trabajar la motricidad a través de las distintas áreas o ámbitos de experiencias se debe en gran parte a la concepción de globalidad e interdependencia que tanto se resalta en el desarrollo de esta etapa (Vaca, 1996; Mendiara Rivas, 1997; MEC, 1989 y 1992; Llorca y Vega, 1998; Ahrendt, 1999; LOGSE, 1990; LOCE, 2002; LOE, 2006; Gil Madrona, 2003, y Ruiz Juan, 2003). La pretensión es infuir en todos los ámbitos de la conducta de los alumnos -a través de la interrelación de los contenidos motrices-, para contribuir a la mejora de su educación integral y global como seres humanos, enfocada hacia la adquisición de una serie de contenidos, como son los que abreviadamente y a modo de compendio presentamos en el siguiente esquema (gráfica 1), que buscan el avance y progreso de los niños como consecuencia de la práctica de la motricidad.

De ahí que nuestra actividad en lo referente a la educación física en la etapa de educación infantil se centrará en el desarrollo o trabajo del equilibrio, la lateralidad, la coordinación de movimientos, la relajación y la respiración, la organización espacio-temporal y rítmica, la comunicación gestual, postural y tónica, la relación del niño con los objetos, con sus compañeros y con los adultos, el desarrollo afectivo y relacional, la sociabilidad a través del movimiento corporal, la adquisición de valores sociales e individuales, la expresividad corporal, lo que supone el controlar y expresar su motricidad voluntaria en su contexto relacional, manifestando sus deseos, temores y emociones. Centrándose, por lo tanto, en el desarrollo psicomotor del chico, y a su vez trabajar los diferentes aprendizajes escolares utilizando las posibilidades expresivas, creativas y la vivencia del cuerpo en su conjunto. Un tratamiento global e integrado en donde el cuerpo aparece desde todas sus dimensiones motrices. Qué duda cabe que la expresión corporal es una forma de expresión del niño, un medio de enseñanza globalizado, un conjunto de contenidos específicos.

Todo ello debe conjugarse, articularse y ayudarnos a avanzar en el proceso de crecimiento de los niños favoreciendo su socialización, su sensibilidad y su capacidad comunicativa. Y esta labor trascendente en el proceso de desarrollo de los niños va a permitir que ellos adquieran una mayor conciencia de sí mismos, de los demás y del entorno en donde se desenvuelven.

 

Fundamento metodológico en el ejercicio global de la motricidad en educación infantil

Reflexiones metodológicas generales en relación con los espacios y materiales

Brota una corriente psicopedagógica, que emana de Vygotsky (1979, 1982a, 1982b), Bloom (1967), Denis (1980), Lewis (1982) y Montessori (1987), entre otros, interesada en valorar los efectos que producen en el desarrollo infantil los estímulos provenientes de la circunstancia ambiental (el entorno físico y social). A la vez, ciertas teorías actuales referentes al aprendizaje temprano indican que el espacio y los materiales, por sí mismos, tienen la facultad de provocar la motivación de los niños, tanto los objetos móviles como los, digamos, "estáticos", los cuales, destacados de manera evidente, se convierten en estímulos significativos capaces de excitar y dirigir específicamente el comportamiento infantil (Medrano Mir, 1994).

En relación con los espacios y materiales, intentaremos aprovechar un ámbito (aula, gimnasio, patio, etc.) que esté disponible en el centro y dotarlo de materiales necesarios hasta convertirlo en una cálida y acogedora aula de educación física; pero de igual forma, podemos servirnos de algún recinto del entorno próximo y del mismo patio de recreo, en el cual, pues, es deseable construir áreas de juego. Ahora bien, debemos tener en cuenta que el espacio libre sea suficiente para el tipo de movimientos que se quiere realizar, disponer de un aparato reproductor de sonidos, material variado, atractivo, abundante y seguro, que la iluminación y la ventilación sean adecuadas y que el suelo, las columnas y las paredes ofrezcan suficiente seguridad.

Diversos autores han estudiado formas de organizar los espacios y los materiales para potenciar el desarrollo global de la motricidad, como el acondicionamiento de los patios de recreo (Larraz y Figueroa, 1988, p. 24-29), los lugares-acción (Vaca, 1996), los ambientes de aprendizaje (Blández, 1994 y 1995) y los espacios de acción y aventura (Men-diara Rivas, 1999). Estos trabajos nos denotan la importancia de cuidar la selección que hagamos tanto de los espacios como de los materiales, y la importancia de la planificación de la acción educativa en este sentido. Pues el diseño de cualquier ambiente que queramos proponer a los niños debe obedecer a una intención educativa concreta. Y en todos los casos la actividad motriz en el niño se presentará en su cuerpo global, ya que si el objetivo es el desarrollo total y armónico de la personalidad, debemos poner a su alcance los medios necesarios para atender esa globalidad. Sin duda, un ambiente o entorno de aprendizaje cambiante y abierto a diferentes posibilidades, permitirá grados de autonomía adaptados a las distintas capacidades y ritmos de cada niño y, a su vez, también permitirá que a lo largo de la sesión se planteen actividades variadas y también adaptadas a las múltiples opciones personales.

Es evidente que cada espacio y cada material reúnen una serie de condiciones peculiares y, además, estos últimos tienen características que les son propias, todo lo cual impulsa determinadas reacciones motrices en los niños, por lo que debemos tener presente que cada espacio se puede acondicionar y dotar de materiales apropiados para favorecer comportamientos específicos. Y nosotros, desde la educación física, debemos acoger todas estas premisas y estimar que podemos establecer dinámicas educativas distintas, encaminadas a trabajar no solo los aspectos componentes del ámbito motor, sino también los cognitivos, afectivos y sociales-relacionales, aprovechando las características de los espacios y de los materiales. Por lo tanto, según como se organice la circunstancia ambiental se puede potenciar la aparición de tales comportamientos.

En consecuencia, la manipulación intencionada de ambientes de aprendizaje mediante la organización de espacios y materiales puede implicar a los niños en conductas motrices concretas que respondan a los objetivos planteados. De la misma forma que la acción, la experimentación, el juego y la interacción de los niños con sus compañeros y con el adulto, en un ambiente distendido y afectuoso, son factores y recursos que cumplen un papel esencial para que pueda producirse el crecimiento personal.

Los materiales deben responder a los objetivos marcados, en función del desarrollo evolutivo y con la finalidad de trabajar el progresivo conocimiento de sí mismo. Y será el mismo cuerpo del niño un medio o recurso y un marco de referencia a lo largo de toda la etapa de educación infantil, pues aquel le permite a este experimentar sus propias vi ven cias y a la vez utilizarlo como recurso propio en el conocimiento de su corporalidad, como fuente productora de sensaciones -el dolor y el placer, por ejemplo- o para su propia identifica-ción personal o autoestima.

No debemos olvidar las ropas mismas del niño para trabajar la identidad personal. En este sentido, las utilizaremos para hacer lo propio con la autonomía en el vestirse y desvestirse, abrochando y desabrochando botones, hebillas y presillas, subiendo y bajando cremalleras o trabajando los colores y texturas.

Si la sala-gimnasio nos lo permite, será conveniente tener materiales colgados del techo -cuerdas, escaleras de cuerda, barras, espalderas en la pared-, lo que hará posible trabajar los giros, los refejos de caídas desde ciertas alturas, el control tónico postural, el equilibrio, la coordinación dinámica general y la coordinación visomotriz. Así como también será necesario contar con otros materiales, tales como rompecabezas, pelotas, aros, balones, bancos suecos y telas, que por su color, forma y textura servirán para el trabajo corporal y que ayudarán a potenciar la marcha, el gateo, las trepas, a desarrollar la orientación y estructuración espacial, la coordinación de movimientos, el equilibrio, el tono, la postura, la relajación, la respiración, etc.

Por lo tanto, vemos que son múltiples los materiales que podemos utilizar, y su elección estará relacionada con el tipo de actividades que vayamos a desarrollar, de la metodología que empleemos y de los objetivos o contenidos programados. Así pues, nuestras propuestas de acción dependerán de la creatividad del maestro, de las mismas disponibilidades del centro y de la organización y distribución que hagamos de dichos materiales.

Será siguiendo estas premisas que elaboraremos una interesante propuesta de acción que sitúe al niño, desde su globalidad, como el centro de atención del proceso educativo. En la misma, nos inclinaremos por los métodos basados en la acción y la experimentación, desde las situaciones de aprendizajes y de descubrimientos, utilizando:

• El juego y la interacción motriz entre los compañeros y los adultos como el principal recurso didáctico.

• La organización del espacio y de los materiales como la principal estrategia de intervención didáctica.

Este esbozo, no obstante su brevedad, resulta explícito y muestra un rico planteamiento metodológico generalizable a todas las situaciones de aprendizaje para esta etapa, pues el maestro debe conjugar las características del medio escolar con sus propias intenciones educativas y, sin salir del contexto educativo, del centro escolar, puede utilizar, diseñar y crear determinados espacios de acción en el aula, el patio, la sala de educación física o el gimnasio, para estructurar las prácticas en ellos, habiéndolos dotado de los materiales apropiados. Aunque no es menos cierto que el entorno próximo nos puede facilitar una infinidad de posibilidades valiosas: la ludoteca, la piscina, el parque, el prado, la playa, la montaña, la selva y el zoológico, o la misma ciudad con sus automóviles, señales de tránsito, animales y plantas, como también el clima, las estaciones del año y las festividades.

En cada uno de los espacios, el maestro adoptará un criterio metodológico particular que estará dado por las circunstancias ambientales. Pues, en efecto, no será lo mismo presentar las propuestas motrices en las zonas señalizadas en el patio de recreo (con una intención educativa de mayor incidencia en los factores perceptivos), que animar una sesión con las telas en la sala de educación física (con una intención educativa de mayor incidencia en aspectos afectivos y relacionales), o que presentar la propuesta motriz en montajes construidos en el gimnasio, donde se potencie el descubrimiento de acciones (con una intención educativa de mayor incidencia en el ejercicio de una actividad física natural).

Pero es bien cierto que esta riqueza de propuestas requiere amplitud de recursos metodológicos por parte del maestro y, a la vez, flexibilidad en su desarrollo, por lo que aquel debe ser capaz de poner en marcha su forma personal de afrontar las exigencias de la tarea educativa en cada sesión y en cada acontecimiento de la misma, ya que no todos los niños siguen siempre, ni responden igual, a las intenciones educativas previstas inicialmente por el docente, de ahí las competencias y recursos de este para acomodar su acción educativa dentro de un amplio abanico de posibilidades, que le permitirán oscilar convenientemente entre la directividad y la no directividad.

Ciertamente puede ser elevada la cantidad de materiales que requieren un planteamiento educativo basado en la manipulación pedagógica de la circunstancia ambiental, pero también es cierto que existe una profusión de materiales u objetos útiles que se pueden conseguir sin tener que realizar inversiones económicas, pues la riqueza de los espacios y del material didáctico no proviene tanto de su compra en tiendas, como sí de la afición por recoger elementos de la naturaleza, del interés por rescatar otros tantos desechados, de la imaginación para aprovechar algunos de uso general del centro, del entusiasmo por reciclar y elaborar otros mediante el trabajo en equipo de maestros, de las ocurrencias para usar inespecíficamente aparatos de diversas áreas, además de los propios del ámbito, como por ejemplo los de música, plástica, etc., de la agudeza para combinarlos entre sí y decorarlos, de la invención de usos nuevos y en definitiva, de la motivación por este tipo de planteamientos didácticos de la educación física.

Consideración en relación con la estructura y organización de la clase

En relación con la estructura de las sesiones o de las clases de nuestra materia, nos estamos refriendo a una organización del espacio, del tiempo y de las normas, es decir, a un guión que vertebra, acoge y explica las interrelaciones que se producen entre el alumnado, el maestro y el contenido de enseñanza-aprendizaje. Un modelo óptimo de sesión es el propuesto por Vaca (1996), y en este sentido nuestras sesiones tendrán:

• Ritual de entrada: Consistirá en el desplazamiento desde el aula al espacio o sala-gimnasio de educación física.

• Momento inicial o momento de encuentro: En esta fase se dará información sobre las orientaciones y normas relativas al espacio de juego, se presentarán los motivos, canciones, cuentos, el material que se va a utilizar y se darán consignas previas, todo lo cual habrá de acompañarse de una historia ambiental, de carácter motivacional, orientada a cautivar la atención de los niños y con la finalidad de propiciar su deseo de salir a actuar.

• Momento de juego activo o de la actividad motriz: Esta fase constituirá la parte fundamental de la sesión, en la que los niños, solos o en colaboración con sus compañeros y con la ayuda del maestro, irán desarrollando su propio programa de aprendizaje, satisfaciendo su necesidad de movimiento y su curiosidad para afrontar pequeños riesgos y salvar mínimas dificultades, tomando decisiones y poniendo a prueba su responsabilidad. Los juegos y las vivencias se estructurarán en un clima de libertad, confanza y seguridad, en el que el adulto dirige y salvaguarda como símbolo de ley.

• Momento de relajación, interiorización, verbalización, también llamado de despedida: En esta fase se les propone a los niños que identifquen sus propias vivencias, las expresen y sean capaces de comprender las de los demás.

• Ritual de salida: Consistirá en el regreso al aula.

Otros modelos de clase son posibles, como el propuesto por Vizcarro y Camps (1999, p. 517-528), quienes plantean las siguientes fases:

1. De preparación de los rincones de la sala.

2. De recogida, en donde el maestro ofrece las distintas posibilidades de trabajar en los rincones.

3. De impulsividad, que sirva de desbloqueo tónico.

4. De actividad motriz espontánea, donde se desarrollarán las capacidades corporales para resolver las situaciones motrices.

5. De juego simbólico y de construcción.

6. De análisis, en donde se trabajarán los conceptos abordados en el aula, como los colores o las formas.

7. De despedida, en donde se abandonará la actividad motriz.

8. De representación y lenguaje, en donde una vez de regreso en el aula se intentará interiorizar los conceptos vivenciados en la sala.

Unos u otros modelos deben concretarse en pautas de intervención educativa para que el desarrollo de las clases o sesiones cobren un interés extraordinario. No podemos aspirar al progreso de los contenidos motrices expresados por sí mismos, máxime cuando existen mecanismos sutiles que los deben hacer surgir mediante pautas concretas y sistematizadas, pero no por eso serán estrictos y no sujetos a cambios e innovaciones.

El juego motor se armoniza y se hermana con nuestro planteamiento metodológico en la educación infantil

En el planteamiento metodológico merece una consideración especial el juego motor, que en esta etapa educativa está llamado a estar casado con la didáctica. En efecto, nuestra práctica de la educación física en la educación infantil nos llevará a establecer una metodología educativa basada en las experiencias, en actividades lúdicas y en juegos, y esta es la forma como se abordarán los diferentes contenidos educativos que hemos establecido.

Brilla con luz propia la función del juego como instrumento de desarrollo motor de una manera lúdica, pero a la vez, y si cabe, más importante, como contexto en el cual observar las conductas motrices significativas, cuyo análisis y manipulación constituyen la verdadera esencia de la educación física, que en este nivel educativo se confunde con la educación en general.

Sin duda, la conducta motriz integra elementos cognitivos, afectivos y motóricos, y nos muestra al niño al desnudo, tal como es, desplegando sus extraordinarias potencialidades de perfección, las que paulatinamente actualizará a través del proceso de enseñanza-aprendizaje, en el que el juego, como hemos dicho, actúa como instrumento y fin.

El juego, como actividad fundamental para el desarrollo del niño:

• Como elemento esencial en la socialización del niño (Zúgaro, 1992, p. 32). Como refejo de la vida interior del niño [...] originando gozo, placer, satisfacción consigo mismo (Froebel, 1913, p. 29).

• El juego contiene por sí solo todas las posibilidades de transición entre la imaginación creadora y el hacer constructivo, estableciendo la continuidad en el niño entre el juego y el trabajo (Piaget, 1986).

Las situaciones de aprendizaje deben estar integradas con elementos lúdicos, pues el juego es la forma más natural de aprender. En definitiva, es la primera actividad creadora del niño: la imaginación que nace y se desarrolla en el juego y viene a desembocar en la creatividad. Su práctica contribuye al desarrollo social y afectivo de la personalidad y fomenta la adquisición de actitudes, valores y normas, a la vez que es el medio ideal para la adquisición de habilidades corporales, como son la percepción auditiva, la orientación espacial, la percepción de formas espaciales, la expresión corporal, la motricidad fina, etc.

El juego motor será el principal medio para alcanzar los logros motores, ya que en él se conci-lian acción, pensamiento y lenguaje (Bruner, 1979), acción, símbolo y regla (Piaget, 1936) e integración, porque el juego permite construir de manera integral funciones tan importantes como el tono, el equilibrio, la lateralidad y las conductas perceptivo-motrices, a la vez que conocer y adaptarse al medio físico y social. ¿Qué da más que el juego?

Fundamentalmente, en la dirección que sugieren Pastor Pradillo (2007), Mendiara Rivas (1999), Gil Madrona y Navarro Adelantado (2005), por citar algunos de ellos, se compartirán actividades donde se planteen ambientes motrices, dejando a los niños jugar en libertad creativa, donde el maestro actuará como animador y se plantearán situaciones motrices abiertas a la exploración y el descubrimiento guiado, y se dictarán consignas abiertas a la interpretación personal de los niños, se presentarán tareas semidefinidas que puedan precisar y se harán propuestas de juegos. Lo que se pretende es estimular los comportamientos sensoriomotores, mejorar las habilidades motrices, potenciar el componente cognitivo y la adquisición de las tareas, y posibilitar los comportamientos afectivos y relacionales.

Se tratará en cada sesión de ajustar el trabajo a la madurez de los niños y al proceso de aprendizaje; se facilitará su desenvolvimiento en juegos de dimensión social, favoreciendo su relación con el mundo de los objetos, el espacio y el tiempo, donde el docente actuará como animador que planifica y prepara convenientemente las sesiones, proponiendo en cada una los objetivos, contenidos y actividades precisas; observará y estará pendiente de intervenir y de ayudar; propondrá espacios estructurados que favorezcan la actividad, espacios naturales o montajes confeccionados con diferentes objetos y aparatos de los que pueda disponer en su centro; otorgará seguridad; hará evolucionar el trabajo sugiriendo actividades dinámicas, y orientará otras acciones mediante su incorporación al juego o modificando las situaciones lúdicas o los montajes.

 

Propuesta práctica, lúdica, alegre, gozosa, atractiva y encantadora para educación infantil

Las propuestas motrices que se realizan para los jardines de infancia o escuelas infantiles y colegios de infantil y primaria están dirigidas al desarrollo general o mejora de los factores perceptivos, motores, físicomotores y afectivo-relacionales que componen integralmente al niño; de ahí que nuestra intervención desde la educación física esté destinada al completo desarrollo, armónico y equilibrado de los aspectos constitutivos de la personalidad infantil. El compromiso es con la multiplicidad de vertientes y significados de una misma actividad.

Dentro de las finalidades, cada una de las unidades didácticas y sesiones de trabajo tendrán en cuenta la unicidad global del niño, por lo que el diseño y la adaptación de los espacios deben favorecer:

• La intención educativa, la construcción de la identidad y afirmación del yo, el desarrollo de la autoestima, las actitudes y comportamientos positivos, las relaciones satisfactorias con el entorno físico y social, la conjunción armoniosa de la individualidad y la socialización.

• La adquisición del dominio y el control del cuerpo, la realización de juegos y movimientos naturales, la mejora de la coordinación y el equilibrio, el desarrollo de la condición física y el enriquecimiento del comportamiento motor y de la eficacia corporal.

• La percepción del propio cuerpo, conocerlo, aceptarlo, sentirlo, y de la realidad exterior, la organización y estructuración de las sensaciones recibidas, la adquisición de competencias y la construcción de conocimientos, la expresión o el desarrollo expresivo, la comunicación y representación, y el desenvolvimiento en su medio físico y social.

A estos efectos, las actividades propuestas en el aula-sala de educación física son una continuidad de las planteadas en el resto de la jornada, incluidas en unidades didácticas globalizadas, lo cual significa que el desarrollo de la motricidad está integrado con el resto de los aprendizajes. De esta manera, las propuestas de educación física se presentan como "ambientes de aprendizaje" y "espacios de acción y aventura", bajo tareas motrices con cuentos y músicas introductorias y durante el transcurso de las actividades en torno a tópicos, como el mundo de los animales (el zoológico, la selva, el bosque, Tarzán y Jane en la jungla, los animales de la granja o los animales marinos), las estaciones del año (el sol, la lluvia, la nieve, el viento, los árboles, las fores, etc.), la Navidad (la familia, los villancicos, los regalos, Papá Noel, los Reyes Magos, etc.), el carnaval (los indios y los vaqueros), un paseo por mi ciudad (los medios de transporte, los bomberos, etc.), el circo (los payasos, el trapecista, el domador), los personajes de los cuentos (el mundo de los gnomos, Harry Potter, Peter Pan, Cenicienta, don Quijote de la Mancha), conocemos nuestro cuerpo, los alimentos (los sabores), los sentidos (el tacto, el oído, el gusto, el olfato, la vista), las profesiones, etc.

Las paredes de la sala-gimnasio estarán colmadas de dibujos, murales, diseños, estampas, siluetas, esquemas de todos aquellos tópicos o centros de interés que los mismos alumnos habrán confeccionado a lo largo de la jornada escolar; lo que supone trabajar o acomodar las tareas motrices en dicho ámbito sobre los contextos de aprendizaje que está trabajando en su aula. Será, por lo tanto, frecuente ver allí, en la sala-gimnasio, las siluetas de dos niños (varón y mujer), que los mismos infantes, como tarea, tendrán que componer con diferentes piezas diseñadas al efecto. En otros casos, los pequeños tendrán que vestirse -y desvestirse- con ropas preparadas para participar en el carnaval o tendrán que componer un muñeco de nieve con diferentes fragmentos, tras recorrer y superar un circuito de obstáculos que simulan el bosque en primavera, la montaña, los valles, una tarde en el circo o la ciudad (Gil Madrona, 2003).

En estos espacios, que Mendiara Rivas (1999) denomina "espacios de acción y aventura", y dado el acercamiento de los niños, en estas edades, hacia la actividad motriz, el juego o las formas jugadas serán un elemento motivador que centrará la atención en las actividades propuestas. Estos son los ambientes donde se trabajarán los contenidos que propicien el desarrollo de:

• Las manipulaciones (asir, soltar, golpear, lanzar, recibir).

• Los patrones de movimiento y relacionados con la coordinación dinámica general (rodar, gatear, andar, reptar, saltar; giros, lanzamientos, empujes, tracciones).

• El esquema corporal (estructura global y segmentaria del cuerpo).

• La salud corporal (creación de hábitos de higiene).

• La percepción espacial (nociones de orientación y situaciones).

• La percepción temporal (ritmos, antes, después).

• La expresividad corporal (control tónico, relajación, posibilidades expresivas).

• La creatividad (idear ejercicios, proponer iniciativas de juego, fantasía, imaginación, etc.).

• Las relaciones sociales (aproximarse al grupo, hacer contacto visual, dejar y pedir objetos, agradecer, ponerse de acuerdo, compartir). En definitiva, propiciar el desarrollo de actividades con el entorno próximo, natural, y en espacios recreativos con los iguales y con los adultos.

• La expresión de emociones (alegría, afecto, cariño, amor, enfado, etc.).

• La mejora de la autoestima y de las habilidades sociales (disfrutar de las relaciones con los demás, realizar y aceptar juegos que se ajusten a las posibilidades y limitaciones personales, observar a los otros).

• La aceptación y el cumplimiento de normas (respetar límites, seguir consignas, controlar pulsiones de gritos, risas, miedos, ruidos).

 

Conclusión

La educación de los más pequeños es una de las tareas a la vez más gratificante y más importante que un profesional de la enseñanza puede llevar a cabo. Gratificante, porque la etapa de la educación infantil es aquella en la que más claramente se trabaja con todo el niño, antes que su mente empiece a estar forzada por la parcelación, porque la respuesta del niño y la niña es la más inmediata, porque el desarrollo y los aprendizajes se palpan y se perciben con facilidad y el educador ve claramente la huella de su influencia, y porque este tiene la sensación de estar trabajando en los cimientos, en las bases de lo que han de ser tantos desarrollos posteriores. Sin embargo, la educación infantil no ha estado exenta de tensiones y dificultades que han afectado a los niños y a los adultos implicados, así como a la toma de decisiones sobre cuestiones transcendentales para esta etapa educativa.

En España, con la reforma educativa de 1990, se introdujo un nuevo lenguaje, una nueva forma de pensar en la organización y estructuración del currículo, nuevas áreas de contenido, etc. Se puso mucho acento en la actividad de los niños como factor clave de su aprendizaje, así como en la diferenciación entre distintos tipos de contenidos a los que la acción educativa debía tratar de tomar con consideración y estimular. Lo aquí presentado es una forma posible de trabajar la educación global en la etapa de educación infantil, ya que tratamos de acercarnos a la globalidad del niño o niña, desde la actividad física y el movimiento. Creemos que es un buen ejemplo de los muchos avances que se han producido en la educación infantil en los últimos años. Podría parecer que nuestro trabajo se sitúa en una parcelación del conocimiento en una asignatura, y no es así, o al menos no es totalmente así, ya que nuestra intervención educativa está incluida en la programación de unidades didácticas globalizadas, entendiendo la globalización como suma de materias, como interdisciplinariedad, como compromiso con la multiplicidad de vertientes y significados de una misma actividad y como estructura psicológica del aprendizaje. En este sentido, las actividades propuestas en el aula de educación física son una continuidad de las planteadas en el resto de la jornada escolar.

No cabe ninguna duda de que los tiempos y las personas cambian, tal como nos lo recuerda Lewis Carroll en Alicia en el país de las ma ra villas, cuando la protagonista le asegura a una oruga: "[...] por lo menos sé quién era yo cuando me levanté esta mañana, pero me parece que debo haber cambiado varias veces desde entonces". En efecto, porque la capacidad de transformación es una característica del ser humano, los docentes no podemos empeñarnos en reproducir modelos didácticos del pasado que, por obsoletos, estarían fuera del contexto socio-educativo actual.

Los enfoques y las actividades que aquí se sugieren están fuertemente relacionados con el enriquecimiento del encuentro de los niños en la escuela: el encuentro consigo mismos, con los demás y con el entorno, a través de las actividades motrices y el desarrollo de los sentidos.

Hemos señalado cuál es el estado del desarrollo del conocimiento de la motricidad en su forma sistemática de la educación física en la educación infantil, de la metodología, de la práctica, y nos hemos sumergido en conceptos más amplios con el fin de dar a conocer una teoría global, que abarca desde la necesidad de la materia en esta etapa hasta la funcionalidad. Muchas veces se aspira a la motricidad por sí misma, cuando existen mecanismos sutiles que deben hacer surgir un mundo interior -que el niño desconoce- mediante pautas no solo concretas sino perfectamente sistematizadas, aunque no por eso rígidas. El docente debe ayudar a que ese mundo emerja, pero desarrollando pautas de trabajo basadas en un profundo conocimiento de los factores que afectan al cuerpo, pues, tal como indica Serulnicoff (1998), será el maestro el encargado de que los niños se interesen por el conocimiento de todo lo que forme parte del ambiente, del contexto o del entorno.

Si un niño es agresivo, encogido o tímido, lo será en cualquier espacio, y habrá de ser en todos los espacios que deberemos tenerlo en cuenta. Pero quizá sea en la sala-gimnasio de educación física, al trabajar aspectos o factores afectivo-relacionales, que podemos encontrar ese lugar adecuado y ese tiempo preciso para operar especialmente en esa faceta de su personalidad, tratando de mejorarla. En el mismo sentido, si un niño es impulsivo o temeroso ante situaciones de actividad que desarrollamos en el gimnasio, hemos de encontrar los espacios y montajes adecuados para incidir en ese aspecto con un trabajo de factores físico-motores. De igual manera, si es despistado o se distrae con facilidad, habrá que abordar la dificultad con un trabajo de factores perceptivo-motores. Es, pues, nuestra propuesta que desde todos los espacios trabajemos integralmente la personalidad del niño, lo que supondrá atender cada uno de los comportamientos e incidir especialmente en cada una de sus manifestaciones.

Por lo tanto, desde la planificación de las clases, de las sesiones, las deberemos llevar a cabo de tal modo que los niños en su conjunto puedan desarrollar la totalidad de los aspectos de su personalidad. Esto implica que en los ejercicios no deben primar unos aspectos por encima de otros, sino que se les ha de conceder a todos el mismo valor, pues la práctica de la educación física conlleva la conjunción armónica de los tres aspectos descritos, los cuales componen la personalidad.

Sin duda, la praxis en este ámbito curricular, atravesado y complementado por la que se desarrolla en las otras áreas, conseguirá el enriquecimiento personal de los niños en todas sus capacidades, no solo en el aspecto cognitivo o instrumental. Y con ello, la escuela infantil realiza su principal aportación a la mejora de la calidad de vida de la infancia: establecer el primer marco, diseñar la apertura a un proyecto personal de vida interesante y acorde con lo que

serán las opciones y condiciones básicas del futuro próximo. Ya que, sin duda, el gran compromiso de la educación infantil es posibilitar que los niños pequeños inicien su recorrido vital en mejores condiciones, con una mejor puesta a punto de sus capacidades básicas y con un más amplio y variado registro de experiencias, que les ponga en situación de aprender cada vez más y con mayor satisfacción. Es nuestro deseo apasionado que, entre todos, podamos lograrlo.

Esperemos que a quienes lo lean les sirva para mejorar su comprensión de algunas de las claves de esta etapa educativa y les ayude en su quehacer diario, o tal vez les provoque reflexiones diferentes, pero precisamente para esto están los libros y revistas, para estimular la reflexión y hacer avanzar nuestro conocimiento y nuestra percepción de las cosas. Y para que los niños y niñas con los que hemos de trabajar se beneficien de ello, que es al fin y al cabo lo que los autores de este texto nos proponemos con el presente trabajo.


1 Ministerio de Educación y Deportes de España.

2 LOGSE (1990), Ley de Ordenación General del Sistema Educativo en España. Ministerio de Educación, Madrid.


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Fecha de recepción: 14-IV-2008
Fecha de aceptación: 22-X-2008