INTRODUCCIÓN
El concepto de servicios ecosistémicos (SSEE) incorpora la amplia diversidad de beneficios, tangibles e intangibles, que recibe la sociedad, a través de distintas interacciones con la naturaleza (Costanza et al. 1997; Balvanera & Cotler, 2009; Perevochtchikova et al. 2019). Su impacto es significativo y sostenido desde la década de 1990, tanto en reflexiones académicas como en instrumentos de política pública, como The Millennium Ecosystem Assessment, MEA (2005), que agrupa a los SSEE en cuatro categorías: regulación, soporte, provisión y cultural que, a su vez, sirvió como base para el desarrollo de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), que los incluye en el amplio concepto de Contribuciones de la Naturaleza a las Personas (CNP) (Almeida-Leñero et al. 2007; Díaz et al. 2015 ; Perevochtchikova et al. 2019; IPBES, 2019).
Precisamente, el enfoque de CNP permite explorar las interacciones con mayor influencia social que, en su caso, se englobaban como SSEE culturales. Se reconocen 18, los cuales, se agrupan en tres categorías, según su aporte a la calidad de vida de las personas: reguladoras, materiales y no materiales, estos últimos reconocidos, principalmente, como elementos culturales (Díaz et al. 2018). Parte del impacto funcional de los SSEE, como concepto, les permitió ingresar en esquemas económicos e instrumentos de política pública; el enfoque de CNP de la IPBES le reconoce dicha ventaja, como parte de un sistema epistémico mayor, que atiende las interacciones socio-ecológicas de forma integral, más allá de la funcionalidad ecosistémica (Díaz et al. 2015; 2018; IPBES 2019); no obstante, se mantiene la fortaleza del concepto de SSEE con amplia aceptación, tanto en ámbitos académicos como políticos o de la sociedad civil (Perevochtchikova et al. 2019).
La producción científica con respecto a SSEE ha incrementado, desde la década de 1990, tanto a nivel mundial (Cornejo-Latorre et al. 2014) como en Latinoamérica (Perevochtchikova et al. 2019); sin embargo, las aproximaciones se mantienen, principalmente, enfocadas de manera separada hacia los componentes sociales o los ecosistémicos de las relaciones socio-ecológicas, aunque reflexiones, como las de Folke (2006) y Martín-López et al. (2007), apuntan a la necesidad de construir modelos conceptuales integradores. De hecho, en Latinoamérica la discusión sobre SSEE culturales, que incluyen percepción social, solo representaron el 17,5 % de las investigaciones de 1992 a 2017, aunque mantuvieron una tendencia positiva, desde representar el 1 %, en 2006; mientras que estudios explícitamente transversales, representaron el 5 % de la producción científica (Perevochtchikova et al. 2019).
La oportunidad de transitar a enfoques, como el de IPBES y la tendencia en incremento, a nivel mundial y latinoamericano, sugieren la pertinencia de vincular elementos ecosistémicos y sociales en valorizaciones integrales, en aras de comprender mejor las relaciones socio-ecológicas, sea como SSEE o de manera más amplia, como CNP. En México, esta comprensión es de particular interés, debido a la biodiversidad que alberga, al creciente número de especies que se encuentran en alguna categoría de riesgo (Rodríguez et al. 2019), a la íntima relación que guarda su conservación con el bienestar social (Cornejo-Latorre et al. 2014) y al constante crecimiento de ciudades, como su capital, la Ciudad de México (CDMX), que se cuenta como una de las mayores urbes de la región (Montoya-Rodríguez & Alonso-Navarrete, 2024).
Los efectos del crecimiento urbano se identifican con mayor frecuencia en su periferia, cuyos contextos híbridos, dinámicos y heterogéneos implican efectos en el entorno, como el uso de suelo y degradación, así como en su entramado social (Bonilla-Bedoya et al. 2020; Rodríguez et al. 2021; Díaz-Pinzón et al. 2022). Ahí, se pueden encontrar áreas que permiten estrategias de desarrollo local sin cambio de uso de suelo, de manera que, al tiempo que se conservan SSEE y otras CNP, se establecen alternativas, con el objetivo de contener el avance de la mancha urbana (Bonfil Jiménez & Ribeiro Palacios, 2022). Es crucial comprender esas interacciones en un contexto de crecimiento constante y acelerado, como el de la CDMX (Pérez-Herrera et al. 2018; Montoya-Rodríguez & Alonso-Navarrete, 2024).
Ahora bien, la periferia de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), derivada de la expansión de la CDMX, incluye ecosistemas forestales en Áreas Naturales Protegidas (ANP), que han conseguido contener su crecimiento, aunque suman apenas 60.965,5 hectáreas, menos del 8 % de la superficie metropolitana (Hernández-García & Granados-Sánchez, 2006; Acosta Mireles et al. 2014). Estos ecosistemas resultan especialmente relevantes por su extensión y la amplia variedad de SSEE que proveen, como la captura y el almacenamiento de carbono, la conservación de una amplia biodiversidad (10,000 especies vegetales a nivel nacional) y la belleza escénica, entre otros elementos culturales (Monárrez-González et al. 2018; Martínez-Trinidad et al. 2021). Entre las ANP distribuidas alrededor de la CDMX destacan las áreas destinadas voluntariamente a la conservación, por ser novedosas e incluyentes, en tanto, se fundamentan en la intención social de conservar el territorio, como complemento de los esfuerzos gubernamentales (Urquiza García, 2019).
Un complemento crucial de las ANP es el involucramiento social en su manejo, a través de mecanismos de sensibilización, consulta y participación de las comunidades que habitan en torno o, incluso, dentro de las áreas, principalmente, por el hecho de que más del 60 % del territorio protegido es de propiedad social, a través de ejidos y comunidades agrarias (Merino Pérez, 2014; Lagunas-Vázques et al. 2016). Así, incorporar la apreciación social de los SSEE es fundamental para su conservación, como indicador del involucramiento y medio de monitoreo de su calidad (Lazos & Paré, 2000; Quétier et al. 2007; Castillo et al. 2009; Merino Pérez, 2014). Por su parte, la información espacial permite identificar tamaño y localización de las ANP, para la planificación territorial y la construcción de resiliencia y adaptación en torno a las urbes (Calderón Contreras, 2016). Una aproximación sistémica, epistemológicamente sólida y basada en la estrecha relación entre los componentes humano-naturaleza es la de Sistemas Socio-Ecológicos o Socioecosistemas (Maass, 2007).
En este sentido, el presente estudio propone abordar, con un enfoque integral, las condiciones biofísicas vinculadas con los SSEE, vinculados con cobertura forestal y elementos culturales, como la percepción social, considerando que en su convergencia se fundamenta, en buena medida, la relevancia de estos espacios, como alternativas de desarrollo local, que incluyen formas de resistencia y resiliencia ante el crecimiento urbano. Así, como objetivo se plantea la caracterización como socioecosistema del ANP Bosque Esmeralda, Área Destinada Voluntariamente a la Conservación en el ejido Emiliano Zapata, localizado en la periferia de la ZMVM y el análisis de los SSEE reflejados en su cobertura forestal, así como elementos culturales vinculados con la percepción social de actores involucrados, tanto colaboradores del parque ecoturístico como visitantes.
MATERIALES Y MÉTODOS
Sitio de estudio. Los bosques en los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl constituyen una de las reservas forestales de mayor trascendencia, en una zona donde confluyen urbanizaciones de los estados de México, Morelos y Puebla, con el crecimiento de la propia ZMVM (Hernández-García & Granados-Sánchez, 2006; Acosta Mireles et al. 2014). En sus laderas occidentales, se encuentra el ejido Emiliano Zapata, dentro del municipio de Amecameca de Juárez. Este ejido cuenta con una extensión de 96,7 ha, de las cuales, más del 90 % se han destinado voluntariamente a la conservación, a través del Parque Ecoturístico Bosque Esmeralda (PEBE), para el impulsar el desarrollo del núcleo agrario, a través de la provisión de SSEE forestales: captura de carbono, por medio del manejo de bosque natural y de plantaciones forestales comerciales y actividades de ecoturismo (García Rodea et al. 2023) (Figura 1).

Figura 1 Mapa de ubicación del sitio de estudio con vista satelital de cobertura forestal en 2024. a) Se señala en azul, el límite del territorio del Parque Bosque Esmeralda; b) Cuadro rojo indica la ubicación del Parque con relación al municipio de Amecameca de Juárez y se resalta en anaranjado, el límite del Parque Nacional Iztaccíhuatl Popocatépetl Zoquiapan y Anexas; c) Se resalta con punto rojo la ubicación del área de estudio en el contexto del territorio mexicano.
Debido a su cercanía con el Parque Nacional Iztaccíhuatl-Popocatépetl y Anexas, el PEBE comparte condiciones ambientales de la Sierra Nevada en la sección centro-oriental de la Faja Volcánica Transmexicana; bosque templado de coníferas y latifoliadas, una variedad de climas, desde el templado húmedo al frío y muy frío, a medida que incrementa su altura, temperatura media entre 12 y 18 °C (CONANP, 2013; Acosta Mireles et al. 2014). La zona está catalogada como Región Prioritaria para la Conservación en México e incluye 808 comunidades con, aproximadamente, un millón y medio de habitantes (CONANP, 2013). Fuera del Parque Nacional, el aprovechamiento forestal maderable es la actividad forestal de mayor importancia económica; otras actividades, incluyen la agricultura de temporal, la ganadería y el turismo rural (Hernández-García & Granados-Sánchez, 2006; CONANP & GIZ, 2017).
Percepción social. Se identificaron como actores clave a los colaboradores del PEBE y a los visitantes. Para identificar el conocimiento y la percepción respecto a los SSEE y el estado de conservación en el parque, se realizaron 97 encuestas (55 colaboradores y 42 visitantes), de 40 preguntas, en el periodo de julio a diciembre de 2022. Con estas preguntas se procuró cubrir aspectos como: frecuencia de visita, gastos generados por la visita, estado de conservación, actividades desempeñadas, problemáticas ambientales, conocimiento de los SSEE, amenazas y bienestar humano. Se midieron variables de tipo cualitativo, cuya frecuencia por tipo de actor fue analizada con el método de X2 de Pearson, en el software estadístico R 4.2.2. (R Core Team, 2023).
Cobertura forestal. Para evaluar el cambio de cobertura forestal, se utilizó el método de Índice de Vegetación de Diferencia Normalizada (NDVI, por sus siglas en inglés) que, a través de la firma espectral de la vegetación, entre la banda visible e infrarrojo cercano, permite estudiar cambios ecológicos mediante imágenes satelitales, determinar el tipo de cobertura, evaluar su variación temporal o establecer el estado de salud vegetal (Alcaraz-Segura et al. 2008; Meneses-Tovar, 2012; Campaña-Olaya & Tafur, 2021). Se utilizaron imágenes LANDSAT, que contienen bandas espectrales con proyección cartográfica Universal Transversal de Mercator (WGS 84), obtenidas del portal United States Geological Survey (USGS) Earth Explorer (https://earthexplorer.usgs.gov), en una secuencia de cada 5 años, durante el periodo de 1980 al 2020 (1980, 1985, 1991, 1995, 2000, 2005, 2010, 2015 y 2020), en sintonía con la periodicidad cubierta por el Inventario Nacional Forestal y de Suelos (SEMARNAT, 2004) y acotadas a marzo, mayo, agosto, septiembre, octubre y noviembre, para minimizar cambios derivados de las temporadas de secas y lluvias. Se analizaron, específicamente, las bandas 5 y 6 de las imágenes Landsat 1-5 MSS C1 Level-1 y las bandas 3 y 4, tanto para imágenes Landsat 4-5 TM C1 Level- 1 como para las imágenes Landsat 7 ETM+ C1 Level-1, con el complemento Semi-Automatic Classification y la herramienta SAGA Vegetation Index del software QGIS 3.22.9 (Campos et al. 2018). Posteriormente, se evaluó la cobertura forestal con la ecuación de NDVI (ecuación 1) (Meneses-Tovar, 2012):
Donde:
NDVI: Índice de Vegetación de Diferencia Normalizada.
R: reflectividad de la región del rojo, luz roja.
IRC: reflectividad de la región infrarrojo, infrarrojo cercano.
El NDVI oscila entre valores negativos (-1) y positivos (+1), según la estructura, fisonomía y densidad de la vegetación (Campaña-Olaya & Tafur, 2021). Los valores negativos corresponden a estados degradados en la cobertura, mientras que los valores positivos representan vegetación vigorosa (López-Pérez et al. 2015; Campaña-Olaya & Tafur, 2021).
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Percepción de servicios ecosistémicos por actores involucrados. Los servicios mencionados por los actores se clasificaron con base en la clasificación de SSEE, utilizada por MEA (2005). Las respuestas obtenidas con las 97 encuestas se pueden agrupar en tres categorías: culturales, de regulación y soporte, y de abastecimiento. La categoría más reconocida por los actores fueron los culturales (54 %), seguida de los de regulación y soporte (32 %) y finalmente los de abastecimiento (14 %). No se encontraron diferencias significativas entre las respuestas de ambos actores al reconocer los SSEE por categoría
. Esta tendencia coincide con otros estudios, donde los servicios de regulación, como el clima local, la mitigación del efecto de isla de calor y la purificación de aire (Hardin & Jensen, 2007; Gunawardena et al. 2017; Matos et al. 2019) son menos mencionados por las personas. Asimismo, se coincide con la baja frecuencia de mención de los servicios de apoyo, como la conservación de especies de aves y abejas (Li et al. 2016).
También, se ha reportado que en áreas verdes, principalmente dedicadas a la conservación, no se suelen reconocer los servicios de abastecimiento (Quintas-Soriano et al. 2018). Los servicios culturales suelen ser los más reconocidos por las personas (Martín-López et al. 2014; Garrido et al. 2017; García-Llorente et al. 2016; Quintas-Soriano et al. 2018); entre los ejemplos de servicios culturales más mencionados se encuentran el ser espacios para realizar ejercicio, proveer tranquilidad, descanso y salud mental (Nesbitt et al. 2017; Ngulani & Shackleton, 2019).
Aun cuando las encuestas a colaboradores cuentan con mayor número de respuestas, fueron los visitantes quienes reconocieron una mayor variedad de SSEE (Figura 2a); en particular, la categoría de abastecimiento presenta la mayor diversidad (10 bienes y servicios identificados Figura 2b), seguidos por los SSEE culturales (Figura 2c) y, finalmente, los que fueron igualmente mencionados por sus beneficios de regulación y de soporte del socioecosistema (Figura 2d).

Figura 2 a) Número de respuesta al identificar servicios ecosistémicos dentro del Parque Ecoturístico Bosque Esmeralda por visitantes (verde) y colaboradores (azul). Asimismo, se muestra el número de respuestas de ambos tipos de actores, para los servicios reconocidos por categoría de servicio ecosistémico; b) abastecimiento; c) culturales y d) regulación y soporte.
Se encontró previamente que en sitios con un manejo ecoturístico, los turistas/visitantes reconocen los servicios culturales, como recreación, espiritualidad y bienestar social; que estas áreas naturales brindan, lo que coincide con las respuestas de los visitantes y de los colaboradores del PEBE
. Entre los servicios culturales más mencionados se encontraron el ecoturismo, la belleza escénica, la conexión con la naturaleza y la relajación. Afortunadamente, para el manejo sustentable de estas áreas, tanto visitantes como las personas encargadas del manejo de áreas naturales, reconocen y buscan mantener este tipo de servicios (Menzel & Teng, 2010; Nahuelhual et al. 2013).
Por su parte, los SSEE de abastecimiento fueron los que presentaron mayor diversidad de respuestas. Aunque el ANP incluye, como actividad productiva, solamente las plantaciones forestales comerciales de árboles de navidad; tanto visitantes como colaboradores reconocieron otras formas de extracción de recursos en bosques semejantes. Precisamente, la relevancia de este tipo de SSEE, se suele asociar con el aprovechamiento de recursos naturales; un ejemplo se puede reconocer en la importancia de humedales en función de la producción pesquera (Bautista Gómez et al. 2023; Hernández Marmol et al. 2024). Si bien el aprovechamiento de recursos naturales los vincula con el bienestar, su preponderancia puede sesgar las políticas públicas hacia una perspectiva utilitarista, que ignora la diversidad de factores necesarios para la provisión de SSEE (Mujica, 2022).
Evaluación de cambio de cobertura forestal. Los patrones de cambio en la cobertura forestal se registraron con valores de NDVI, considerando que valores bajos de NDVI se relacionan con áreas carentes de vegetación o sin ella (0,1 a 0,2), mientras que valores mayores a 0,4 denotan zonas con cobertura forestal o pastizal. Los valores negativos se relacionan con la presencia de áreas perturbadas o urbanas. Los registros para el PEBE reflejan el cambio en las prácticas de manejo del territorio. Entre 1981 y 1991 (Figura 3 (a y (b), se mantuvo como vegetación ligera con mayor frecuencia de píxeles que las zonas con vegetación perturbada. En los años posteriores al 2000 (Figura 3 (c, (d y (e), los valores reflejan una condición vigorosa en la cobertura, lo que concuerda con la implementación del parque como actividad ecoturística. A partir de ello, se comienzan campañas de reforestación, aprovechamiento maderable sustentable y la construcción de cabañas para alojar a los turistas. De acuerdo con la percepción de colaboradores del PEBE y habitantes del ejido Emiliano Zapata, los registros de NDVI confirman la reconversión productiva desde aprovechamiento agrícola intensivo antes de 2000 y la operación del PEBE, a partir del 2012, con reforestaciones y de 2014, con la venta de árboles de navidad, lo que permitió añadir programas de manejo y de conservación forestal.

Figura 3 Histogramas de los valores promedios anuales de NDVI para el Parque ecoturístico Bosque Esmeralda. a) 1981; b) 1991; c) 2000; d) 2010 y e) 2020. Mientras más compactas este la dispersión del histograma, indica una mejor cobertura forestal, lo que se observa que para el 2020, la calidad de la vegetación ha mejorado en comparación con los años anteriores.
Asimismo, a través de la percepción de colaboradores y habitantes, se pudo notar que para ellos fue alentador observar cómo sus esfuerzos de conservación y de manejo del bosque se reflejaba en mejores valores de cobertura forestal. Es importante favorecer y enriquecer los esfuerzos realizados por estos tipos de comunidades, que tienen una iniciativa propia en conservar sus áreas naturales. En estudios donde se han evaluado el éxito de estrategias de conservación de áreas forestales, se recomienda que para que este tipo de estrategias funcionen a largo plazo, primero, se integre la colaboración entre comunidades locales, academia y organizaciones civiles o gubernamentales; en segundo lugar, que se deben alinear las estrategias con las políticas y herramientas gubernamentales y, finalmente, que se generen puentes de comunicación para compartir información de los resultados y el aprendizaje generado con las estrategias (Evans et al. 2022).
Los servicios reconocidos que brinda el PEBE, tanto por visitantes como por colaboradores del parque, coinciden con un manejo ecoturístico, donde se da prioridad a la búsqueda de relajación y belleza escénica, como los principales servicios mencionados. Adicionalmente, los colaboradores reconocen un servicio de abastecimiento, al ser este parque su fuente de trabajo e ingresos.
La calidad de la vegetación obtenida con el NDVI demuestra que ha aumentado desde que comenzó a funcionar el PEBE como parque ecoturístico, lo que demuestra que, dentro de él, han sido clave las estrategias de reforestación, de conservación y de manejo sustentable, que han realizado sus integrantes. Estas acciones han permitido mejorar la calidad de sus bosques, lo que ha repercutido en un aumento de visitantes y, por ende, mayor ingreso para sus familias.
Faltan todavía estrategias que ayuden a sensibilizar y educar a sus visitantes y a los mismos colaboradores, para lidiar con el impacto que generan las actividades ecoturísticas. Esto se observa, sobre todo, durante las temporadas de mayor afluencia, ya que se genera una gran cantidad de residuos y aumenta la compactación del suelo en áreas dedicadas a la conservación. En este sentido, se pueden desarrollar talleres de educación ambiental y materiales visuales, para que trabajadores y visitantes tengan un mejor conocimiento de lo que representa un área natural y su conservación. Además, se puede desarrollar señalética acorde a las necesidades del PEBE, lo que permitirá una mejor conservación de los bosques y, en consecuencia, una disponibilidad de SSEE a la creciente urbanización que, cada vez, gana más espacio a las áreas naturales.















