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Revista de Estudios Sociales

Print version ISSN 0123-885X

rev.estud.soc.  no.33 Bogotá May/Aug. 2009

 

Daniel Cohn y Abbie Hoffman: reencuentro quince años después del 68*

Paola Niño Sandoval**

* La entrevista en la que se basa este documento se encuentra en el libro escrito por Daniel Cohn-Bendit (1987), La revolución y nosotros, que la quisimos tanto.

** Comunicadora social y periodista, Universidad de la Sabana, Bogotá, Colombia. Actualmente finaliza la Maestría en Historia en la Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia, con el trabajo de grado Representaciones de Mayo del 68, década tras década, a través de la prensa. Correo electrónico: yp.nino946@uniandes.edu.co.



Cuando hago una lectura del año 1968, encuentro una gran variedad de personas que fueron o hicieron, de alguna manera, parte importante de la historia que se escribió en esos días. Quien sea de aquella generación, la de los sesenta, no podrá olvidar al pelirrojo Daniel Cohn,1 recordado por liderar las "revueltas" estudiantiles en Francia, en el inolvidable Mayo del 68. Tampoco podrá dejar de recordar a Abbie Hoffman, quien en compañía de Jerry Rubin, creó el movimiento Yippie (Youth International Party), el 31 de diciembre de 1967. Este movimiento reunía a aquellos estudiantes que querían protestar en contra de la guerra de Vietnam y manifestar su inconformidad con el mundo.

Hacemos referencia a Cohn y a Hoffman porque el documento que se va a presentar en esta oportunidad es una entrevista realizada por Dany el Rojo al fundador del movimiento, en marzo de 1985. Este diálogo se llevó a cabo en Nueva York, como parte de una serie de encuentros que él tuvo con diferentes personas que de alguna u otra forma se relacionan con el 68:

Tanto en mi vida personal como en mis compromisos políticos, siempre he querido que hubiera una continuidad entre mis convicciones de ayer, mi acción presente y el futuro con el que sueño. Sin embargo, a muchos de mis interlocutores les parece que tal continuidad se ha roto. Por ello he sentido deseos de devolver la visita a mi "familia política", en el más amplio sentido de la palabra, de ver nuevamente a esos militantes que conocí y con los que me he cruzado a lo largo de todos estos años, y a otros cuyos actos o personalidad influyeron en mi pensamiento y actividades políticas. Quise reunirme con ellos, ver cómo viven, medir y comprender su trayectoria a lo largo de estos veinte años (Cohn-Bendit 1987, 12).

Hoffman, además de ser parte de los Yippies, también participó en el movimiento que defendía los derechos civiles. Lideró el grupo de guerrilla-espectáculo de los Diggers2 e hizo parte importante de la comunidad hippie que se conformó en Nueva York en el 68.

Hoffman también es recordado por su intensa participación en las manifestaciones que se realizaron durante la Convención del Partido Demócrata en Chicago, organizada entre el 24 y el 29 de agosto. En esos días Hoffman también dijo que echaría LSD en el agua de la ciudad de Chicago –en palabras de Kurlansky– para mandar a la ciudad entera de "viaje".3 Estas manifestaciones serán recordadas por la manera violenta en que las autoridades norteamericanas las enfrentaron. Del 24 al 28 de agosto, Chicago fue testigo de una movilización de 5.000 manifestantes y del ataque por parte de las fuerzas policiales. Entre el 28 y el 29 se terminó de sacar a la gente que estaba frente al Hotel Hilton protestando y a los que se encontraban en el Lincoln Park.

En 1969, más exactamente el 20 de marzo, Hoffman y otras siete personas –Rennie Davis, John R. Froines, Tom Hayden, Jerry Rubin, David Dellinger, Lee Weiner y Bobby Seale– fueron acusados por el Comitéde Actividades Antiamericanas de conspiración por las manifestaciones llevadas a cabo en Chicago en el 68. El 29 de septiembre se presentaron ante el tribunal de Chicago, en un proceso que duró alrededor de cinco meses. La sentencia fue dada el 10 de febrero de 1970. Hoffman y cinco de sus compañeros fueron absueltos por conspiración, pero acusados por "haber traspasado los límites de los estados para incitar a la revuelta" (Zingoni y Glessi 1998, 48). Transcurrieron quince años desde entonces. Abbie y Daniel se encontraron en Nueva York para compartir un poco sobre lo que ha pasado en este tiempo. Y para saber quéqueda de aquel año: el 68.

Abbie Hoffman, cuarenta sonrientes años. Con su barba grisácea, responde a la imagen esperada. Si juzgamos por su apariencia, no se ha "aburguesado". Fijamos que uno de nuestros futuros encuentros se celebre a orillas de Saint-Laurent, en la frontera canadiense, donde posee una casita.

Mientras tanto nos reunimos en Nueva York, en el minúsculo estudio abarrotado de discos y libros donde vive con su compañera. Les sirve de cocina, dormitorio y local del movimiento contra la intervención americana en Nicaragua.

Dany Cohn-Bendit.-¡Hola, Abbie!

Abbie Hoffman.-¡Hola, Dany! Cuánto tiempo...

D.-Ya lo creo. Siete años.

A.-¡Te dejaron entrar!

D.-Con dificultades. El servicio de emigración lo intentó todo. El pasaporte, el visado, los cuestionarios... Pero hablemos de ti; pareces muy ocupado.

A.-Me he convertido en un militante viejo. Ya sabes, al envejecer uno se vuelve más blando, eso está claro. Ahora tengo niños, soy responsable de su bienestar, de su salud, de su educación... Reparto el tiempo entre mis obligaciones personales y mis deberes hacia la comunidad. Las ideas progresistas en las que sigo creyendo.

D.-En los años 60, eras un ardiente aficionado a la droga, al rock, a la música...

A.-Y al sexo...

D.-Sí, y ¡al sexo! ¿Y ha desaparecido todo eso de tu vida?

A.-Hace años que no tomo drogas, aunque siguen gustándome la música y lo demás. Por cierto, ahora es diferente. Ya no hay una contracultura donde apoyarse para provocar una toma de conciencia política. Lo único que hoy tiene una dimensión política en este país es la cultura latinoamericana. En otros tiempos llevábamos el pelo largo, ropas hippie, los pies descalzos, fumábamos droga, escuchábamos rock, le decíamos "mierda" a la sociedad. Estaba muy claro para todo el mundo, y la sociedad reaccionaba brutalmente enviando a sus polis para impedirnos vivir de aquella manera. En el movimiento hippie, que no fue en absoluto político. Los hippies no pretendían modificar el orden político del país, pedían simplemente que les dejaran en paz. Nosotros quisimos cambiar eso. Creamos el movimiento "Yippie", para politizar el movimiento contestatario.

En 1967, hicimos salir a la gente a la calle, y fundamos el Partido Internacional de la Juventud, el "YIP" (Youth International Party). Así, en 1968, movilizamos a los que se oponían a la guerra de Vietnam para manifestarnos durante el Congreso del Partido Demócrata en Chicago. Decíamos: "El partido demócrata es la muerte. Nosotros los yippies organizamos la fiesta de la vida mientras se celebra el congreso demócrata. ¡Vean la diferencia!". Organizamos conciertos gratuitos en las calles y reunimos a la gente en los parques. Creamos los Juegos Olímpicos yippies. Durante toda una semana, mostramos a los habitantes de Chicago otro estilo de vida. No vacilamos en hacer circular informaciones surrealistas: les hicimos creer que habíamos puesto LSD en el agua potable de la ciudad, y cosas así. El alcalde se puso como loco. Gritaba: "¡Son asesinos en potencia!". Envió a la policía contra nosotros. Luego los policías afirmaron haberse contenido... ¡pero te juro que muchos de nosotros no opinamos lo mismo! A pesar de todo, resultó muy divertido.

Más tarde fundamos periódicos, creamos comités de defensa contra la policía, utilizamos toda esa contracultura para atraer a la juventud que rechazaba el modo de vida americano. Nos apoyamos en la rebelión espontánea de toda una generación. Considerábamos a aquella juventud como una clase social con necesidades y aspiraciones propias y creíamos que esta clase haría la revolución.

D.-¿Pensaron en la posibilidad de presentar un candidato a las elecciones presidenciales?

A.-En absoluto. Nuestro programa empezaba con la promesa de una vida eterna y terminaba con el compromiso de ofrecer a la población servicios públicos limpios y gratuitos. Era divertido, pero tras estas provocaciones había una verdadera fuerza política que llegó incluso a amenazar directamente el poder del gobierno. Creo que si Johnson y Nixon cayeron se debió en parte a las manifestaciones que nosotros organizábamos. Obligamos a los diferentes gobiernos a modificar su política militar en Vietnam. Fue algo único en la historia de la civilización occidental. Es una locura pensar que un pueblo se haya atrevido a rebelarse contra su gobierno en tiempo de guerra.

Hasta entonces, en Occidente las guerras fueron siempre populares, la gente se mostraba encantada de poder agruparse tras una bandera, de cantar himnos sanguinarios y marciales, e ir a masacrar al enemigo fuera del país mientras dentro se silenciaba al enemigo interno. En aquella época para los americanos el enemigo interno éramos nosotros, los jóvenes. Las guerras en el extranjero son siempre muy muy populares: no hay que olvidarlo. Por eso es tan difícil luchar contra un gobierno que dirige una guerra en el extranjero. Los franceses que lucharon contra la guerra de Argelia pueden entenderlo, aunque las dificultades que encontraron fueron menores que las nuestras durante la guerra de Vietnam.

Por eso hoy digo, repasando todo aquello, que nosotros, los yippies, salvamos la democracia americana.

D.-¿Para ti es lo más importante?

A.-Sí... Con Woodstock. Dentro de treinta o cuarenta años, cuando se escriba la historia de nuestro siglo, Woodstock será reconocido como uno de los acontecimientos más importantes de estos tiempos. ¡Tan importante como Stravinsky! Un suceso único, extraordinario... Estoy convencido de que más adelante se reconocerá la capital importancia que tuvo como comunión espontánea de toda una generación. Hoy nadie puede imaginar lo que fue aquella concentración de quinientos mil jóvenes que, durante tres días, escucharon a los mejores y más originales músicos de la época. Toda aquella gente, una verdadera marea humana, tendida en la hierba, tranquila, feliz. Se había anunciado un cataclismo, una hecatombe. El gobernador del estado [Rockefeller] la declaró zona catastrófica. Para el New York Times, era una auténtica pesadilla, y para todas las instituciones bienpensantes del país, una tragedia. Era monstruoso, inaceptable. Nosotros en cambio decíamos: "Será formidable... Ya verán, será maravilloso". Y lo fue.

D.- ¿Y después?

A.-Después cometí un estúpido error. Fue en 1973. Entonces probábamos todas las drogas posibles. Para saber cuáles eran nocivas y seleccionar las sustancias que podían tomarse y las que no, pensamos que debíamos probarlo todo. Y me pilló la policía. No les fue difícil. Estaba claro que yo era culpable ante la ley. Hubiera podido arriesgarme a un gran proceso donde defender mis ideas pero, en aquella época, bajo la administración de Nixon, nuestras posibilidades de tener un proceso justo eran prácticamente nulas. Me arriesgaba a ser condenado a cadena perpetua. Preferí desaparecer, cambiar de nombre y sumergirme en la clandestinidad.

D.-Desapareciste.

A.-Cambiéde vida. Tal vez era lo que deseaba sin saberlo. Tal vez estaba cansado del personaje Abbie Hoffman, un personaje público que ya no se me parecía, tal vez deseaba desaparecer. Y lo hice. Cambiétodo en mi vida. Durante un año, aprendí a hablar sin agitar las manos, a no mirar de hito en hito a la gente cuando me paseaba por la calle... Realmente me convertí en otro hombre.

D.- ¿Fue duro?

A.-Terrible... Verdaderamente terrible... Es muy difícil ser un fugitivo. A nadie le puede gustar. Uno se desliga de todo, de su país, de su familia, de sus amigos. Te vuelves extraño para ti mismo, ¡es atroz! Varias veces me desmoroné. Fueron los años más duros de mi vida.

D.-Sin embargo, en esa época seguiste militando.

A.-Participéen las actividades de un grupo ecologista, bajo el nombre de doctor Berry Fread, fui recibido por una comisión del Senado e incluso estrechéla mano del presidente Carter ¡mientras toda la policía del país tenía mi foto delante de sus narices desde hacía años!

D.-Y, en 1980, preferiste rendirte.

A.-Sí. La clandestinidad ya no tenía sentido. Negociémi rendición. Paséalgún tiempo en la cárcel.

D.- ¿Y ahora?

A.-Soy un ciudadano normal. Vivo aquí. Trabajo.

D.- ¿Volverás a hacer política?

A.-Por supuesto. Nunca dejéde hacerlo.

D.-Dime una cosa, tú y Jerry Rubin eran como dos hermanos durante el movimiento yippie. Siempre se decía: "Abbie Hoffman y Jerry Rubin", algunos llegaban

a decir: "Abbie Rubin y Jerry Hoffman", tan próximos estaban el uno del otro.

A.-Es verdad. Nuestro análisis de la sociedad, nuestra comprensión de la realidad, nuestras propuestas, eran casi idénticos.

D.-Y sin embargo hoy, cuando llego a Estados Unidos, los encuentro frente a frente, en un debate público en el que discuten con gran aspereza. Le sueltas que es un antidemócrata, que está cercano a los peores reaccionarios, que obedece a una ideología de corte fascista, y él te responde que los combates de los años 60 ya no tienen sentido.

Esto es lo que se dicen, y hay odio entre ustedes... ¿Por quéte impones esos debates públicos?

A.-Porque nos hemos divorciado. (Sonríe)

Al terminar esta entrevista, Daniel Cohn presenta las declaraciones de un encuentro entre Abbie Hoffman y Jerry Rubin, en un anfiteatro en la Universidad de Filadelfia. Hoffman falleció cuatro años después de este reencuentro, en el año 89. Murió a la edad de 52 años, luego de haber tomado una significativa cantidad de pastillas.



Comentarios

1 "Daniel Cohn-Bendit nació en 1943, en el seno de una familia hebrea alemana residente en Francia con el estatuto de apátrida, tras haber escapado al nazismo en 1933. Estudió en Francia y en Alemania occidental, adonde su padre vuelve en 1947 y su madre poco después. Daniel optó por la nacionalidad alemana. En 1968 es estudiante de Sociología en la Facultad de Letras de Nanterre. No pertenece a ningún grupo político y le gusta definirse como anarquista, influido por un hermano mayor, que es profesor en Francia. Se hace notar por primera vez en el campus de Nanterre lanzando una invectiva al ministro de la Juventud y de Deportes, François Missoffe, de visita en las nuevas instalaciones deportivas el 8 de enero de 1968: Daniel Cohn-Bendit le reprocha públicamente haber olvidado los problemas sexuales de los jóvenes en el "Libro Blanco de la Juventud", publicado hacía poco por el Ministerio (en aquel tiempo, un conjunto de normas muy rígidas regulaban las posibilidades de visita de los estudiantes en las residencias universitarias de los estudiantes) [...]; Él dará lugar al Movimiento del 22 de marzo, constituido después de una manifestación de solidaridad con un estudiante detenido por la policía. A la cabeza de este grupo, Cohn-Bendit se convierte durante el Mayo en el exponente más espectacular de la protesta juvenil. Hasta el punto de que el Gobierno le prohibiría, inútilmente, volver a Francia el 21 de mayo tras haberse desplazado a Alemania" (Zingoni y Glessi 1998, 18).

2 "Los Diggers retomaban el nombre de una comuna agraria utópica comunista fundada en 1649 en Surrey. Los Diggers, guiados por el actor neoyorquino Emmett Grogan, al cual se unieron posteriormente el líder estudiantil Abbie Hoffman y el poeta zen conectado a los beat Gary Snyder, organizaban espectaculares manifestaciones de protesta por las calles, como la quema de billetes. Inicialmente activos sobre todo en San Francisco se trasladaron posteriormente por todo el país. La operación que los hizo célebres en todo el país fue la distribución gratuita de comida, que llevaron a cabo en 1967 por iniciativa de Grogan" (Zingoni y Glessi 1998, 34).

3 "Otras amenazas incluían pintar coches para que pareciesen taxis independientes que secuestrarían a delegados y los llevarían a Wisconsin, vestirse de guerrilleros del Vietcong y recorrer las calles repartiendo arroz, bombardear el anfiteatro con balas de mortero desde varios kilómetros de distancia, o hacer que diez mil cuerpos desnudos flotaran en el lago Michigan" (Kurlansky 2005, 358).



REFERENCIAS

1. Cohn-Bendit, Daniel. 1987. La revolución y nosotros, que la quisimos tanto. Barcelona: Editorial Anagrama.        [ Links ]

2. Zingoni, Andrea y Antonio Glessi. 1998. 1968, una revolución mundial. Madrid: Ediciones Akal.        [ Links ]

3. Kurlansky, Mark. 2004. 1968: el año que conmocionó al mundo. Barcelona: Ediciones Destino.        [ Links ]

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