1. Introducción
El sistema social es comunicación incesante (Luhmann, 2017), y en un mundo de comunicadores este sistema se ve afectado por un conflicto permanente en la primacía de las comunicaciones, ya que los emisores buscan preponderancia y actualidad en el público receptor (Dimmick, 2014). Temas como la sobrepoblación, la desigualdad entre individuos y entre naciones, la miseria de gran parte de la población y el deterioro del medio ambiente, son objeto de comunicaciones encontradas que luchan por ocupar un lugar en la mente del ciudadano, en un debate interminable. Aunado a lo anterior, la complejidad que ha propiciado el vertiginoso desarrollo de la tecnología y su impacto en la vida de las nuevas generaciones (Diamandis, 2018), es una realidad que enfrenta la humanidad y que plantea un interrogante ante un futuro que se vislumbra incierto (Rifkin, 2005).
Dentro del sistema social, el subsistema económico prevaleciente a nivel global corresponde al capitalismo, sin importar que las economías locales sean de mercado o dirigidas, pues la ideología imperante entre naciones, mediante la cual se llevan a cabo los intercambios, obedece a una narrativa particular propia del modelo capitalista (Wallerstein, 2005; Tirole, 2017; Mintzberg, 2015).
Una narrativa es la historia que da fe de la ideología de un grupo, establecida por la interpretación y el otorgamiento de sentido a la realidad y que construye una identidad tanto individual como social (Zunzunegui, 2014). La narrativa es la forma discursiva que le confiere al individuo y al grupo una plena seguridad intelectual en la toma de decisiones bajo condiciones de incertidumbre (Aiello y Sorde-Marti, 2021; Ganz, 2009). De ahí que, en la narrativa de la actividad económica, tanto los emprendedores como los consumidores, de manera natural e inconsciente, dan por sentadas las bases que sustentan sus decisiones. El guion de la obra de la economía ha sido escrito y aprendido hace siglos, y gracias al sistema social con la comunicación incesante, los nuevos actores desempeñan a la perfección su parlamento.
La ideología contenida en la Ética Protestante, cuya influencia en la narrativa de los actores de la revolución industrial fue descrita por Max Weber (2009), sigue vigente hasta nuestros días. El capitalista de esa época tenía como meta, de acuerdo con la práctica asidua de su religión, la transformación del mundo por medio de la actividad económica; la creación de riqueza y la obtención del máximo de ganancias por medio de la empresa como señal de racionalidad; la posesión de bienes como prenda de salvación; la propiedad privada y la economía de mercado como la única forma de incentivar la voluntad de los seres humanos (Weber, 2009).
Como resultado de lo anterior, después de casi tres siglos, la economía capitalista ha logrado la acumulación de riqueza más grande de que se tenga registro en la historia de la humanidad (Rifkin, 2005). Ha tenido como herramienta productiva el desarrollo de la tecnología, desde el uso de la máquina de vapor en los talleres, los avances de la administración científica con el fordismo y el postfordismo (Vidal, 2013), hasta la creación de la robótica y de la inteligencia artificial (Harari, 2020). La riqueza generada ha permanecido en gran parte en los dueños del capital y no ha permeado al resto de la población. Salvo algunos países con escasa población y que han efectuado alguna forma de redistribución de la riqueza (principalmente las naciones del norte de Europa, Singapur y algunos países árabes), en el resto del mundo, así se trate de estados del centro o de la periferia (Wallerstein, 2005), la sociedad se ha conformado de forma inequitativa. Esta desigualdad se manifiesta tanto en la distribución de la riqueza generada, como en las oportunidades de desarrollo para la población (Gamsu, 2022; Higgins, 2022; Jarness y Stromme, 2022), a la par de una polarización ideológica y política que trasciende los linderos del subsistema económico. Los mismos componentes de la narrativa capitalista traen consigo las causas de la inequidad. Wallerstein (2005)comenta al respecto que el libre mercado existe solo en teoría. Entre la gran cantidad de emprendedores que surgen en la escena empresarial, solamente los pocos que tienen el ADN capitalista logran el éxito económico, y dominan el mercado con tendencias al monopolio, para imponer sus precios y acumular capital, e incrementar más capital (Wallerstein, 2005).
Ante esta situación, la narrativa ha sido puesta en tela de juicio entre diferentes actores y se ha debatido acerca del cambio que se debe llevar a cabo en la sociedad en su conjunto. Desde los inicios de la revolución industrial de mediados del siglo XVIII, son numerosos los pensadores y líderes sociales que han sonado la voz de alarma en busca del bien general y no solamente del de una minoría que lleva el liderazgo (Owen, 1813; Owen-Dale, 1824; Herzberg, 1966; Maritain, 1968; Rifkin, 2005; Felber, 2012; Mintzberg, 2015; Tirole, 2017). En el ámbito de la administración ha surgido la corriente de los Estudios Sobre Administración Crítica (CMS, por sus siglas en inglés) (Fournier y Grey, 2000; Alvesson y Spicer, 2012), la cual considera que “en un nivel básico, CMS es un proyecto político en el sentido que busca desenmascarar las relaciones de poder alrededor de las cuales la vida social y organizacional está tejida” (Fournier y Grey, 2000 p. 19). Los CMS han emprendido, entre otros temas, un cuestionamiento de los fundamentos de la gerencia en el mundo capitalista, al analizar y poner en tela de juicio la narrativa incuestionable sobre la cual los directivos basan sus decisiones y en general su actividad en la empresa.
El presente estudio determinó como propósito identificar entre las propuestas de cambio aquellos rasgos que pudieran corresponder a las realidades del sistema social para enunciar los lineamientos de una nueva narrativa. El análisis de los puntos relevantes del pensamiento y la obra de los siguientes autores: Robert Owen, Henry Mintzberg, Jeremy Rifkin, Jean Tirole y Christian Felber, cuyo discurso es incluyente al referirse a las personas, sirvió como guía del estudio. Estos pensadores tienen en común considerar al ser humano en su totalidad, cuerpo y mente. Toman en cuenta asimismo la dimensión social y las perspectivas a futuro, y su propuesta abarca a la totalidad de la humanidad que puebla el planeta. Todos ellos en su momento han hecho una contribución relevante al bienestar de la sociedad por medio de sus escritos y apoyados en las obras que los ilustran. Al elegir este enfoque se están dejando atrás propuestas filosóficas que, al ser malentendidas, resultan ajenas a la compasión entre los seres humanos (Nietzsche, 2010). Son la añoranza de épocas antiguas cuya historia está plagada de guerras conducidas por individuos llamados seres libres y superiores, que se erigieron frente a sus semejantes guiados por la voluntad y el deseo de dominación (Nietzsche, 2010). El desarrollo científico y tecnológico exponencial ha propiciado una era de acercamiento entre individuos y entre naciones (Rifkin, 2010), y las guerras que se llevan a cabo en la actualidad corresponden a la añoranza melancólica de algunos líderes ligados mentalmente a un pasado glorioso.
No se propone una visión social de rebaño dirigido por ineptos, se aboga por un individuo educado para la libertad, que sea capaz de pensar por sí mismo, pero que a la vez tome en cuenta a los demás seres humanos, en quienes observa las mismas aspiraciones de éxito y logro, un ser humano que haya interiorizado la realidad de “reconocerse a sí mismo en todos los seres” (Schopenhauer, 2002, p. 133).
Ya en los inicios de nuestra era el emperador Adriano, en palabras de Marguerite Yourcenar, explicaba su decisión de perdonar a un esclavo que atentó contra su vida y que fue desarmado por el mismo emperador en las minas de Tarragona:
Si a este hombre culpable se le hubiese aplicado la Ley de forma salvaje se le habría ejecutado en el mismo sitio del atentado, pero para mí se convirtió en un servidor útil... Este bárbaro, condenado al trabajo en las minas fue para mí el emblema de todos nuestros esclavos, de todos los bárbaros. Ya no me parecía imposible tratarlos como yo traté a este hombre, de hacerlos inofensivos a base de bondad, siempre y cuando supieran que la mano que los desarma es una mano segura. Todos los pueblos han perecido hasta el momento por falta de generosidad: Esparta pudo sobrevivir más tiempo de haber interesado a los Ilotas en su supervivencia; un buen día Atlas deja de sostener el peso del cielo y su revuelta acaba con la tierra… me obstinaba en que el más desheredado de los seres, el esclavo que limpia las cloacas de las ciudades, el bárbaro hambriento que acecha en nuestras fronteras tuviesen interés en que Roma perdurara (Yourcenar, 1974, p. 129).
Aún cuando resulte obvio, cabe señalar que en el presente trabajo se partió de la premisa de que no existe un mundo perfecto ni una sociedad perfecta, en donde solamente haya armonía y felicidad. La naturaleza del ser humano es proclive al error2 y a la equivocación, por lo que toda la propuesta va encaminada a mejorar la sociedad en su conjunto en la medida de lo posible.
2. Revisión de literatura
Robert Owen fue un empresario y escritor exitoso que, inspirado en algunas de las ideas de la Ilustración y animado por varios principios tendientes a proporcionar una nueva visión de la sociedad, se dio a la tarea de ponerlos en práctica en su propia empresa. Lo realizado por Owen durante la revolución industrial en el Reino Unido, es aún modelo a seguir en nuestros días. Su fábrica de hilados en Escocia fue un ejemplo de justicia y equidad en el mundo laboral. Además, Owen es ampliamente reconocido en el mundo de la pedagogía. En el campo de la política, hay una similitud en el partido laborista inglés con el pensamiento de Owen, por su postura anti marxista de lograr una armonía y equilibrio en la sociedad sin necesidad de recurrir a la lucha de clases (Marx y Engels, 2023; Owen, 1813).
Para Owen (1813), un principio fundamental en el ser humano, lo que lo mueve a actuar, es la búsqueda de la felicidad, es decir, del propio interés. Paradójicamente, para el empresario galés la felicidad de la persona solamente puede darse cuando es acompañada de un “empeño en extender y aumentar la felicidad de todos aquellos que lo rodean” (Owen, 1813, p. 48). Otro principio enunciado por Owen (1813) es el del poder de la narrativa social, ya que los males que padece el ser humano, o la situación de felicidad de que goza, dependen de la educación recibida y de las ideas prevalecientes en la sociedad que, una vez interiorizadas, lo llevan a actuar de determinada manera. Para Owen (1813), el instrumento que posee el ser humano para examinar las ideas recibidas es el tamiz del razonamiento y la comparación, y ese instrumento debe ser transmitido e interiorizado correctamente en los educandos.
El empresario llevó a la práctica sus conocimientos sobre la educación. Para él, una buena educación, basada en el correcto razonamiento y entendimiento de la naturaleza humana, es indispensable para corregir los males de la sociedad. Owen puso en práctica estos principios cuando estableció su residencia cerca de la fábrica de hilados que junto con sus socios había adquirido en Escocia. Durante dos años se dio a la tarea de re educar a los trabajadores. En la empresa reinaban el robo y el comercio de lo robado, la embriaguez, la falsedad y el engaño. De igual manera, eran frecuentes las disensiones civiles y religiosas, y una sistemática oposición a sus empleadores. En suma, desconfianza, desorden y desunión. Todo lo anterior fue pacientemente sustituido por prácticas de honestidad, sobriedad, veracidad, confianza, orden y unión. La comunidad obrera no pudo resistir una voluntad firme, bien intencionada y bien dirigida. El resultado fue desaprender lo aprendido y cambiar los hábitos fuertemente arraigados en los adultos (Owen, 1813; Owen-Dale, 1824).
Owen (1813) terminó con la práctica de ocupar niños muy pequeños en la fábrica y estableció una escuela gratuita para los hijos de los trabajadores, para que desde temprana edad pudiesen adquirir hábitos correctos. El principio de la búsqueda de la propia felicidad por medio de la felicidad de los demás, era fuertemente aplicado en la comunidad educativa:
Por consiguiente, cada niño a la entrada al patio de juegos debe ser enseñado en un lenguaje que entienda con facilidad, que nunca debe dañar a sus compañeros de juego, y que al contrario, debe contribuir con todo lo que esté de su parte para hacerlos felices (Owen, 1813, p. 56).
El establecimiento educativo en su tiempo llegó a ser un modelo de la pedagogía más avanzada en Europa. De tal manera que grandes personalidades, entre ellas el Zar de Rusia y el príncipe Esterhazy, se contaron entre los visitantes ilustres de la escuela (Gordon, 1994). El empresario se dedicó asimismo a mejorar las condiciones de vida de sus empleados en materia de adquisición de vivienda, ahorro para el retiro, y suministros de calidad y al costo para las familias ligadas a la fábrica. Una regla de la empresa consistía en “no sacar provecho de sus trabajadores y nunca engañarlos” (Owen, 1813, p. 39).
Los principios enunciados por Owen como fundamento de una narrativa social que promueve el bienestar de la comunidad se basan en observaciones de sentido común. Estos principios no son tomados en cuenta por quienes tienen a su cargo el poder político y económico y, con frecuencia, tampoco por el resto de la sociedad (Owen, 1813). En ellos se enfatiza la búsqueda de la felicidad; del conocimiento de la naturaleza humana; de las facultades de entendimiento, razonamiento, análisis y comparación. De igual forma, debe apreciarse la existencia de diversidad de talentos, facultades y conocimientos entre los seres humanos que conducen a una diferenciación entre individuos. La sociedad, por consiguiente, debe tomar en cuenta lo anterior al momento de establecer roles en las organizaciones públicas y privadas. En suma, nada que no fuese conocido por la sociedad, pero de difícil aplicación en la vida diaria (Owen, 1813).
El mérito de Owen consistió en demostrar que la adopción de estos principios tan elementales era posible en la empresa de hilados más importante del Reino Unido en su época (Gordon, 1994), y que tal empresa, además de contar con colaboradores convertidos en ciudadanos de bien y trabajando en armonía con sus empleadores, obtuvo resultados económicos a la par que todas las empresas exitosas de su tiempo, tanto para los propietarios como, en este caso, para los trabajadores (Gordon, 1994). Para Owen (1813), compartir conocimientos y riqueza entre los distintos actores sociales, hace que la sociedad en su conjunto se vea beneficiada. En resumen, que la prosperidad real de un pueblo puede medirse por el nivel de los salarios y otras prestaciones que la clase trabajadora pueda obtener por su participación en el éxito de las empresas (Owen, 1813). Aun cuando lo realizado por Owen en New Lanark fue una prueba de la veracidad de sus ideas, su propuesta ha sido etiquetada como socialismo utópico (George y Álvarez, 2005), lo cual la minimiza y le concede un lugar secundario en la lista de modelos para la mejora de la sociedad.
Owen y sus socios continuaron como propietarios de la empresa teniendo en cuenta el mantenimiento del equilibrio entre fuerza de trabajo y capital. El empresario, por su parte, con las ganancias obtenidas se volcó en nuevos proyectos comunitarios en la agricultura en Estados Unidos y en Gran Bretaña. Pretendía que todos los participantes fuesen a la vez productores y propietarios dentro de un esquema socialista. Tuvo varios fracasos debido a los conflictos por ideologías, religión y actitudes de los participantes. Estuvo a punto de emprender un proyecto en México, en donde el gobierno le otorgó una cantidad considerable de tierra, pero no pudo ser puesto en marcha debido a la condición solicitada por Owen de que se permitiera libertad de religión a los participantes, la cual fue denegada por el gobierno mexicano (Gordon, 1994).
En la actualidad, empresas cooperativas agrícolas, industriales y comerciales de diversos tamaños alrededor del mundo, que agrupan una enorme cantidad de propietarios unidos en la producción y comercialización de sus productos, dan fe de la viabilidad del pensamiento de Owen.
Pocas personas se dan cuenta de la magnitud del movimiento cooperativista. Amul, una cooperativa lechera en la India, tiene tres millones de miembros. Mondragón, en el País Vasco, es la mayor cooperativa de trabajadores en el mundo, con 80,000 empleados, y tiene presencia en negocios que van desde supermercados hasta fábricas de máquinas y herramientas. Los Estados Unidos albergan más de 30,000 cooperativas, cuya membresía alcanza los 350 millones de personas, una cifra mayor a la de su población (Mintzberg, 2015, p. 30).
2.1 Una sociedad balanceada
Henry Mintzberg es un académico e investigador ampliamente reconocido, autor de numerosos libros sobre administración y conocedor a fondo de la empresa capitalista y de sus dirigentes. Las configuraciones de Mintzberg están vigentes como guía en la conformación de la estructura de una organización lucrativa y su análisis del pensamiento estratégico engloba gran parte de las teorías al respecto (Mintzberg, 2018; Mintzberg, 2017). En la actualidad, la obra de Henry Mintzberg ha evolucionado para abarcar más allá del ámbito empresarial. En su libro Rebalancing Society, el académico hace mención del profundo desbalance que se ha originado en las sociedades en el mundo a partir de las últimas décadas del siglo pasado y cuyo origen se remonta al crecimiento y poder de las organizaciones en el siglo XIX (Mintzberg, 2015).
Como reseña de lo expresado por Mintzberg (2015), la sociedad en su conjunto se compone de tres sectores fundamentales, el sector económico, el sector político y el sector plural. El primero está compuesto por las organizaciones lucrativas que generan la riqueza y realizan los intercambios de bienes y servicios. El sector político tiene a su cargo ordenar la sociedad y protegerla; promulgar y hacer respetar leyes que regulen las relaciones entre individuos y organizaciones. El sector plural, que está compuesto por organizaciones que no pertenecen ni al sector económico ni al sector político y que también se conoce como la iniciativa ciudadana, está compuesto por los miles de organizaciones, grandes y pequeñas de individuos que se unen en un proyecto social, la mayoría de ellas no lucrativas. Como ejemplos tenemos los centros de educación y de salud privada sin afán de lucro, como muchas universidades y hospitales; fundaciones, órdenes y congregaciones religiosas, ONGs y centros asistenciales privados; cooperativas y organizaciones manejadas por los ciudadanos en beneficio de la sociedad. En las organizaciones del sector plural, los participantes no se ven constreñidos a maximizar las utilidades de unos accionistas que en muchos casos nunca van a conocer. Pueden funcionar como miembros con un propósito y no como empleados en un trabajo (Mintzberg, 2015).
En primer lugar, el sector económico, generador de riqueza, está sostenido por una narrativa que proviene de la fundación de la nación americana, con pensamiento capitalista, y en especial a su evolución a partir del siglo XIX, cuando el poder judicial de los Estado Unidos elevó a la empresa lucrativa al rango de “persona moral” en 1886, con los mismos derechos y beneficios que la persona física. Lo anterior significa que “de las mismas libertades concedidas a los individuos, consagradas en la constitución, surgieron derechos para las empresas privadas” (Mintzberg, 2015, p. 3)3. A partir de entonces, a decir de Mintzberg (2015), se conformó el dogma prevaleciente en el mundo capitalista, según el cual, el prototipo de persona es el “hombre económico”, para quien:
(…) la codicia es buena, la propiedad es sagrada, los mercados son suficientes, y los gobiernos sospechosos. Como un punto de vista de la sociedad humana, puede ser que tenga sentido; como la visión de la sociedad humana, es un sinsentido (Mintzberg, 2015, p. 4).
Mintzberg señala que cuando en un país predomina el sector económico, las empresas y grupos empresariales toman el mando, con un intenso cabildeo que doblega al poder político o lo vuelve su aliado. Grupos y familias encumbradas crean un profundo desbalance en la sociedad, en detrimento de los otros dos sectores. Es el caso de los Estados Unidos (Mintzberg, 2015).
En segundo lugar, el sector político tiene como misión el bien de la sociedad al darle orden y protegerla con leyes justas. Pero cuando los políticos toman el mando, se apoderan del sector económico y establecen un estado déspota, que empobrece al país y controla fuertemente a los ciudadanos, privándolos de facto de sus libertades. Como ejemplo se tiene a países totalitarios gobernados por dictadores (Mintzberg, 2015).
En tercer lugar, cuando una secta o movimiento social perteneciente a una parte de los ciudadanos que conforman el sector plural toma el mando, al apoderarse del poder político y del poder económico, se da un fuerte desbalance en la sociedad. Tal fue el caso de la primavera árabe en Egipto en donde una hermandad religiosa tomó el mando. En esos casos, una parte del sector plural convierte al país en la dictadura de una ideología, con el menoscabo de la creación de riqueza y de las libertades de todos aquellos que no pertenecen a ese segmento del sector plural (Mintzberg, 2015).
Para que una sociedad prospere y todos sus miembros tengan oportunidades y florezcan conjuntamente, es necesario que los tres sectores estén en balance. Que el sector económico se dedique a producir riqueza, con la inclusión de todos los grupos de interés que componen a la empresa, tomando a sus colaboradores como personas en desarrollo y no como recursos humanos, sin caer en un capitalismo predatorio explotador de recursos. Que el sector político practique una democracia responsable, atenta al pensamiento y a los intereses de todos los grupos, no solamente de aquellos que lo llevaron al poder, y se vierta sobre sus deberes de orden, justicia y protección. Que el sector plural ejerza la iniciativa de los ciudadanos que se manifiestan en relaciones de colaboración, sin predominio de ideologías preponderantes. Así pues, para el autor, una sociedad balanceada es aquella que tiene una democracia responsable, con una empresa responsable, y una inclusión plural (Mintzberg, 2015).
2.2 La civilización empática
Jeremy Rifkin es un destacado autor de best sellers conocido por su análisis de la evolución de la economía a través de los tiempos y en particular de las revoluciones industriales. En el ámbito laboral, Rifkin ha sido consultor en la Comunidad Europea en la transición al uso de energías limpias. Asegura que la sociedad está entrando en una tercera revolución industrial, dominada por el uso de energías limpias, de transporte eléctrico, de generación de energía in situ por el colectivo de la sociedad, y por el uso del internet de las cosas en un procomún colaborativo que modificará substancialmente la forma en que funciona el sistema económico (Rifkin, 2014).
La tesis relevante de Rifkin (2010) es el descubrimiento, hecho por diversas ciencias, de que el ser humano es un ser predominantemente empático por naturaleza. La empatía ha ido creciendo a medida que la sociedad ha evolucionado, a la inversa de lo que se ha argumentado en el pasado, al considerar al hombre como primordialmente agresivo y dominante (Freud, 2022; Hobbes, 1651). En efecto, tanto en la filosofía como en la psicología y en general en las ciencias sociales (incluyendo algunas religiones, para las cuales el hombre se considera pecador y depravado por naturaleza) se ha creído que la naturaleza humana es esencialmente agresiva y egoísta. La vida es presentada como lucha y competencia en pos de la dominación de los demás con tal de lograr su propio bienestar (Rifkin, 2005).
Rifkin (2005), en su obra La civilización empática realiza un análisis exhaustivo del camino transitado por la raza humana a través de los tiempos, en una relación paradójica entre la empatía de los seres y la entropía del planeta. Cada época ha logrado mejoras en la condición humana, gracias a los avances tecnológicos que han producido una organización compleja de las sociedades, con un incremento en la empatía de los seres, y al mismo tiempo un incremento en la entropía de la naturaleza (Rifkin, 2005).
Dentro de este largo análisis de la historia de la empatía, Rifkin (2005) menciona lo que considera una epifanía en el mundo de la filosofía, un escrito que capturó el espíritu de la época y que marcó un nuevo rumbo en el significado de la moral del ser humano. Este parteaguas fue la publicación del ensayo La moral, en 1839, de Arthur Schopenhauer. Allí el filósofo sugiere que la base de la moral es la compasión y no la razón pura, ni un código moral a priori, al que hay que obedecer por obligación, como se tenía entendido a partir de Kant en el mundo educado. Para entonces, Schopenhauer no tenía el reconocimiento que logró más adelante, no obstante que su obra principal había sido publicada en 1818. Por lo tanto, causó revuelo en el mundo académico el atrevimiento de contradecir a Kant, por parte de un filósofo todavía poco conocido.
En su ensayo, Schopenhauer considera que los resortes que mueven al ser humano a actuar son el egoísmo, la perversidad y la conmiseración (Schopenhauer, 2002; Safranski, 2008). Esta última significa compasión, a la cual dedica gran parte de la obra. Si bien los dos primeros resortes describen al hombre rapaz, la compasión lo convierte en un ser humanitario, que siente el dolor de otro como propio. Cuando se expresa en la mente y el actuar del ser humano, demuestra la consideración de que todos somos uno y el mismo ser.
Para este filósofo la compasión es un hecho propio de la conciencia humana que trasciende razas y religiones, mediante el cual desaparecen los límites que separan a un ser de otro ser y es el principio real de toda la justicia libre y de toda la caridad genuina (Schopenhauer, 2002; Safranski, 2008).
Una compasión sin límites hacia todos los seres vivientes es la prenda más firme y garante de la conducta moral: no exige ninguna casuística. Puede estarse seguro de que quien esté lleno de ella no ofenderá a nadie, no usurpará los derechos de nadie, no hará daño a nadie, al contrario, será indugente con cada uno, perdonará a cada uno, socorrerá a todos en la medida de sus fuerzas, y todas sus acciones llevarán el sello de la justicia y el amor a los demás (Schopenhauer, 2002, p. 132).
Así pues, la narrativa elaborada por la ilustración a partir de la Ética Protestante, que sirvió de guía para la actividad de los agentes económicos en las dos primeras revoluciones industriales, se observa aquí modificada por la compasión, un elemento que fue producto del avance social y que presagia una nueva narrativa para la etapa postindustrial en la que estamos entrando. Al respecto, Rifkin (2010) señala que los grandes cambios que experimenta la conciencia humana, como resultado del surgimiento de nuevos y más complejos regímenes de energía, hacen posible que se otorguen modificaciones sociales complejas e interdependientes.
De este modo, la sociedad actual tendrá como base una narrativa que privilegie la colaboración sobre la competencia, la información compartida en lugar de secuestrada. La idea de que el conocimiento es poder cederá el paso a la noción de que el conocimiento es una expresión de las responsabilidades compartidas para el bienestar colectivo dentro de un planeta que todos habitan (Rifkin, 2005).
Estamos pasando de la productividad a la regeneración de los recursos, del consumismo exacerbado a la mayordomía (o gestión responsable de dichos recursos), de la economía de escala vertical a la horizontal, de los juegos de suma cero (donde para que unos ganen otros tienen que perder) al win-win, o el «todos ganan», del corporativismo a las pequeñas y medianas empresas, del consumo lineal al circular. Y también de la propiedad intelectual (copyright) al código abierto (copyleft), porque la Generación Z quiere compartir sus conocimientos (Rifkin, 2023, p. 312).
2.3 La economía del bien común
El concepto del bien común tiene sus orígenes en la filosofia de Tomás de Aquino. Se deriva de los filósofos de la antigüedad y se aplica tanto a la política como a la economía y, por ende, a las relaciones de los seres humanos en los asuntos de la vida en sociedad (Ruiz, 2021; Torres-Lacroze, 1952). El hecho de tomar en cuenta a todos los actores sociales constituye el núcleo del bien común. Entrando más a detalle en el tema, Jacques Maritain señala que el bien particular del individuo debe estar subordinado al bien común de la sociedad, pero el bien particular de la persona (considerando su dimensión espiritual) está por encima del bien común de la sociedad (Maritain, 1943). Otros autores hacen énfasis en que se debe perseguir el bien común sin descuidar la búsqueda del bien propio, y no caer en el colectivismo, que demanda una alienación del bien propio. El bien común se refiere a la sociedad de personas, familias, instituciones particulares, con el Estado al servicio de todos ellos (Torres-Lacroze, 1952). En suma, el bien común:
(…) es el conjunto organizado de las condiciones sociales, económicas, políticas de acuerdo a un fin ético, gracias a las cuales la persona humana puede alcanzar su fin o destino natural o espiritual, entregándose a la sociedad para alcanzarlo y devolviendo a ella más de lo que ha dado en forma de sabiduría, virtud y belleza. Se podrá condensar esta definición en una fórmula que tan atinadamente propone el P. Derisi en su obra “La persona, su esencia, su vida, su mundo: Ni bien personal sin bien común, ni bien común sin bien personal” (Torres-Lacroze, 1952, p. 166).
En el ámbito de los países cuya cultura ha sido influenciada por la religión católica, por el pensamiento de los padres de la Iglesia, de donde parte el concepto actual del bien común, dos economistas han publicado obras cuyo título es La economía del bien común, Christian Felber (2012) y Jean Tirole (2017). La obra de Tirole, Premio Nobel de economía, es monumental, es un tratado de teoría económica y ha tenido un impacto muy fuerte en los tomadores de decisiones en la economía y la política. Para el autor, al igual que para Wallerstein (2005), la economía de mercado constituye el modelo dominante en nuestras sociedades, y de acuerdo al él se lleva a cabo la actividad económica en el mundo. El autor se propone demostrar la forma en que la economía de mercado, una vez corregidos sus fallos, puede muy bien lograr el bien común de la sociedad. La economía, como objeto de estudio, es útil para la sociedad pues no está al servicio ni del capital ni del estado; no debe haber supremacía de alguno de los dos, sino que debe estar al servicio del bien común (López-Jiménez, 2017). Así pues, la sociedad en balance de Mintzberg (2015) podría encontrar en la economía del bien común un fundamento para su realización.
Felber ha logrado reunir a un grupo de empresas importantes en el mundo comprometidas con una nueva medición de resultados del bien común. Es más escéptico en cuanto a las bondades del capitalismo y propone la búsqueda de un nuevo sistema económico que no sea ni el capitalismo ni el comunismo, aun cuando algunas de sus propuestas sean de carácter socialista, de corte totalitario. Propone determinar un tope al enriquecimiento personal, a la herencia, al crecimiento desmesurado de los grandes monopolios; poner un piso parejo a los ciudadanos para desarrollarse en la vida, y cambiar las reglas de medición de los resultados de las empresas con el fin de premiar a aquellas que cumplan con normas morales de involucramiento en el bien de sus empleados y de sus clientes. En la matriz del bien común aparecen temas tales como: dignidad humana, solidaridad, sostenibilidad ecológica, justicia social, participación democrática y transparencia, que serían evaluados (no se aclara por quien) para cumplir con los lineamientos del bien común (Felber, 2012).
Tirole (2017), por su parte, considera al mercado como un instrumento, no un fin en sí mismo (López Jiménez, 2017). Como instrumento, el mercado es un factor de eficacia pero no puede generar equidad debido a su incapacidad de intervenir respecto a la redistribución del ingreso. De ahí que existe una gran diversidad de formas de considerar al mercado, según sea visto por los especialistas de las diferentes ciencias sociales, de las religiones con su moral, y de los grupos de la sociedad civil. Todos están de acuerdo en que si funciona correctamente, el mercado protege tanto al ciudadano consumidor como al productor. Se dice que el mercado promueve el egoísmo de sus participantes, pero cuando es correctamente utilizado también puede fomentar lazos de confianza dentro de un ambiente competitivo y a la par colaboratiivo, en un justo balance (Tirole, 2017).
En lo concerniente a la moral en la economía, en la Edad Media la Iglesia dictaba las normas a seguir, pero en la actualidad cada ciencia tiene su propio canon ético, y la economía no es la excepción. Como ejemplos, se tiene el cobro de intereses por el capital, que antaño la Iglesia reprobaba y denominaba usura; o el precio razonable en conciencia de un producto, cuya norma en la actualidad es la cantidad que el consumidor está dispuesto a pagar por un producto o servicio en un momento determinado (Luhmann, 2017).
La aplicación del bien común en la economía funciona con incentivos que frenan los comportamientos negativos o que incentivan las iniciativas favorables al bienestar social. Para poner en marcha estos incentivos es necesario que los tres poderes del Estado actúen en consonancia, tal como lo requiere una sociedad en balance (Mintzberg, 2015).
Tradicionalmente se tiene la idea de que en principio el estado está al servicio de la sociedad y, por lo tanto, los servidores públicos deben actuar en consecuencia. En realidad, se debe entender que quienes dedican su vida a la política, así como los altos funcionarios de gobierno, buscan remuneraciones que los motiven, a la par que quienes poseen una empresa y sus altos directivos, pero también todos los que están en su nómina, los intelectuales, científicos, y en general, todos los seres humanos. Es ilusorio pensar que la vocación política libera al individuo de sus aspiraciones de tipo económico (Laffont, 1999, como se citó en Tirole, 2017). Además, en los países en donde existe la democracia, el interés por ser elegido o reelegido sobrepasa cualquier otro asunto de la agenda política (Tirole, 2017).
En cuanto a la empresa, Tirole (2017) hace mención de dos principios esenciales enunciados por Adam Smith y Arthur Pigou, que deben ser tomados en cuenta en el camino hacia el bien común. Por un lado, tener presente que la empresa es la principal generadora de riqueza en la sociedad, de ahí que su papel sea primordial para el sostenimiento del Estado, de las familias, el desarrollo de la ciencia, y de la tecnología. En segundo lugar, la empresa debe concientizarse del impacto que produce en la naturaleza y en el bienestar de la sociedad, hacerse cargo de las externalidades negativas y promover las externalidades positivas (Tirole, 2017).
La empresa, sin excepción de tamaño, debe tener una visión de largo plazo que contemple no solamente la obtención de utilidades, sino los resultados no económicos de su inserción en las comunidades donde ejerce su actividad y en el bien de la clientela que la sostiene.
Del pensamiento del bien común se deriva la idea de la necesidad de reconvertir el papel de la empresa en la sociedad. Tirole (2017) sostiene que la empresa lucrativa no es simplemente una entidad productora de bienes y servicios, cuya única finalidad es maximizar la obtención de utilidades para sus propietarios. El empresario tiene una dimensión social, a diferencia del hombre de negocios que solamente trabaja para sí mismo. El empresario propicia el sostenimiento económico de las familias de sus trabajadores, y hace llegar a la sociedad los productos y servicios que requiere (Tirole, 2017).
3. Método
La recopilación de textos para análisis fue determinada por la obra de los autores arriba mencionados. La elección del material que aparece en los trabajos citados corresponde a las obras principales de los autores que han sido analizados en la primera sección de este documento. Todos ellos parten del hecho de considerar como pieza fundamenal de su discurso la parte compasiva o empática del ser humano, la cual se convierte en la clave para la supervivencia de la sociedad. Al mismo tiempo, consideran la valía del ser humano en lo individual y en su dimensión social como parte primordial de sus planteamientos. De esta forma, el propósito de este estudio, que consistió en proponer una nueva narrativa, se vio enriquecido por un material de análisis sumamente valioso. Para su realización se tomaron en cuenta las indicaciones aportadas por la Teoría Fundamentada, y por el método seguido por el autor de la Teoría de la Motivación e Higiene (Glaser y Strauss, 2006; Herzberg, 1959), con la finalidad de encontrar el metadiscurso, que es la esencia del pensamiento en el contenido subyacente de las ideas expresadas (Hyland, 1998).
El punto de partida fue la base de 128 unidades de pensamiento, las cuales fueron separadas en codificación abierta, seguida de codificación axial, para encontrar categorías, temas, y temas centrales (Hernández-Sampieri et al., 2010).
Tomando como hilo conductor el contenido de los temas centrales se procedió a dar forma a una narrativa emanada de su espíritu, narrativa que no es concluyente ni exhaustiva, sino que es una aproximación a lo que podría ser la forma de pensar del ciudadano de la nueva época para el logro de una sociedad en equilibrio.
4. Resultados
El análisis de los autores citados arroja una congruencia de pensamiento, a la par de una complementación de argumentos, dentro de los temas que ponen al ser humano como protagonista y centro natural del devenir de la sociedad.
Una nueva narrativa tomará en cuenta la moral y el comportamiento ético de la persona (Schopenhauer, 2002), a la vez que guiará sus actos de acuerdo a un entendimiento de la naturaleza humana como garante del sentido común (Owen, 1813). Asimismo, deberá privilegiar la búsqueda del bien común (Tirole, 2017; Felber, 2012) sabiendo que somos todos uno y el mismo ser (Rifkin, 2005; Schopenhauer, 2002), y que la felicidad personal depende de la felicidad de los demás (Owen, 1813). Adicionalmente, será parte de una sociedad en balance en la cual Estado, empresa e iniciativa ciudadana estén equilibrados, cada sector desempeñando su función en armonía con los otros dos sectores (Mintzberg, 2015).
4.1 Los cuatro ejes de la narrativa
Del análisis de los datos emergieron cuatro ejes que fueron la guía para elaborar una nueva narrativa: la moral, el entendimiento de la naturaleza humana, el bien común y la sociedad en balance (Tabla 1).
Tabla 1 Elementos de una nueva narrativa
| Resumen de la Codificación axial. Una nueva narrativa | |||
|---|---|---|---|
| Categorías | Subtemas | Temas | Tema central |
| -Compasión, conmiseración (Schopenhauer, 2002; Safranski, 2008; Rifkin, 2010; Owen, 1813) | -Entendimiento de sí y de los demás (Owen, 1813; Rifkin, 2005) | -Empatía (Rifkin, 2005) | -Moral personal y comportamiento ético |
| -Capacidades personales (Owen, 1813) -Diferencias en talentos (Owen, 1813) -Importancia de la narrativa recibida en la infancia (Owen, 1813) -Ansiedad empática (Rifkin, 2005) | -Sensibilidad humana profunda -Desarrollo de la individualidad (Rifkin, 2005) | -Seres vivientes cableados para la empatía (Rifkin, 2005) | -Entendimiento de la Naturaleza Humana |
| -Felicidad propia dependiente de la felicidad de los demás (Owen, 1813) -Bienestar de los demás (Schopenhauer, 2002; Rifkin, 2023) | -Confianza (Jaques, 2004) -Compromiso con la verdad (Owen, 1813) -Equilibrio de poder (Mintzberg, 2015) | -Todos somos uno y el mismo ser (Schopenhauer, 2002; Rifkin, 2005) Inseparable conexión entre el bien público y el bien privado (Owen, 1813) | -Bien común |
| -Sector Privado, Sector Público y Sector Plural: pilares de la sociedad (Mintzberg, 2015) | -Corregir fallos del Estado y del Mercado (Mintzberg, 2015; Tirole, 2017) -Énfasis en la participación ciudadana (Mintzberg, 2015) | -Visión común de los integrantes de los tres sectores (Mintzberg, 2015) -Verdad, confianza y empatía como guías de la sociedad (Rifkin, 2005) | -Sociedad en balance |
Fuente: elaboración propia con base en los resultados de la investigación.
La base de la moral es la compasión, es el entendimiento profundo y la aceptación de la existencia de otros seres que comparten el espacio y los recursos en la vida en sociedad (Schopenhauer, 2002). La compasión desemboca en la empatía y es la pieza fundamental en la edificación de una sociedad en balance, de la justicia, de las leyes y reglamentos elaborados y sancionados por el poder político en el ordenamiento social. La responsabilidad parental y del sistema educativo de otorgar una temprana enseñanza práctica de esta moral a la infancia y a la juventud, a los nuevos actores de la vida pública, hacen que los individuos sean favorecidos en sus derechos y en su vida personal, y al mismo tiempo colaboren con el resto de los actores en la construcción de una sociedad en balance (Mintzberg, 2015; Rifkin, 2005; Owen, 1813).
Un adagio popular reza que el sentido común es el menos común de los sentidos. Esto parece aplicar al entendimiento de la naturaleza humana en todas las latitudes, ya que leyes y reglamentos están plagados de la falta de este conocimiento (Owen, 1813). Son tres las vertientes tradicionales que la conceptualizan: 1. Existe una tradición religiosa que separa completamente el cuerpo y el alma; 2. De la ilustración surgió la idea de que la mente es una tábula rasa y solamente se moldea por la experiencia; y 3. También de la ilustración se trae el concepto del hombre que nace bueno y la sociedad lo corrompe (Pinker, 2005; Locke, 1987; Rousseau, 2011; Castro et al., 2005).
Sin entrar en el debate de las nuevas ciencias que estudian la naturaleza humana (Castro et al., 2005; Pinker, 2005), para efectos de elaborar una narrativa social actualizada se propone considerar lo que es común en todas las vertientes de su definición.
Cada persona en lo particular puede examinarse en lo físico y en lo espiritual, y darse cuenta de lo que le ha sido otorgado por la naturaleza. En lo físico, el ser humano es el resultado de la evolución de la raza humana y por lo tanto debe tomar en cuenta sus impulsos corporales, matizados por la vida en sociedad de seres pensantes (Owen, 1813). Si se toma en cuenta que la única razón de ser de un ser, es ser (Laborit, 1973), de ahí se desprende que el hombre nace con propensiones naturales que son el propio sostenimiento, el goce de la vida y la propagación de la especie; sus inclinaciones naturales (Owen, 1813). Por el lado de la mente, es una característica propia de la raza humana que cada ser puede darse cuenta de que se da cuenta (Husserl, 1999), con la consiguiente capacidad de razonamiento y previsión.
Muchos errores se cometen a diario en todos los ámbitos de la sociedad debido a la ignorancia acerca de la naturaleza humana. Sus consecuencias han sido el mal y la miseria (Owen, 1813).
Por naturaleza el hombre posee el deseo de obtener felicidad, sea cual fuere el significado de este término, y este deseo lo guía en todas las acciones que realiza a lo largo de su vida. Hablar del propio interés para todos es sinónimo de la búsqueda de la felicidad (Owen, 1813).
Todas las facultades propias del ser humano como son las de entendimiento, de toma de conciencia, de análisis, las recibe la persona desde su nacimiento y difieren en cantidad y calidad entre los seres humanos. De ahí la diversidad de talentos y la variedad de personalidades de donde se derivan las jerarquías adoptadas por conveniencia en las relaciones grupales (Owen, 1813). Por lo tanto, los seres humanos son iguales ontológicamente, pero diferentes en cuanto a capacidades, y esto define su participación para actuar en grupo. De ahí que los sitemas políticos de las sociedades en donde se ha pretendido eliminar toda clase de diferencias entre las personas hayan fracasado (Hayek, 1944; Friedman, 1962; Solzhenitsyn, 1973). Asímismo, es de suma importancia que los ciudadanos de un país tengan en claro estas realidades y establezcan sus relaciones de acuerdo a los dictados de la naturaleza humana.
La filogenia se define como la relación entre personas en donde el común denominador es la mutua confianza (Jaques, 2000), y es garante y a la vez consecuencia del bien común. Se da tanto en las organizaciones como en los grupos sociales en donde los participantes conocen su propia valía y la de los demás y actúan en consecuencia (Jaques, 2006).
No es necesario inventar nuevos sistemas sociales que sean el fruto de una lucha fratricida entre seres humanos que buscan el poder, basta con corregir los fallos del sistema actual (Tirole, 2017) y aprovechar su evolución hacia un nuevo tipo de capitalismo (Rifkin, 2014), impulsor del bien común, para el aprovechamiento de la riqueza en favor de todos los actores sociales. Así pues, la sociedad en balance propuesta por Mintzberg (2015) será fruto de un comportamiento ético, de un entendimiento de la naturaleza humana, y de una preocupación por el logro del bien común.
Tirole (2017) hace ver que la teoría económica parte de la base de que el ser humano necesita alicientes económicos para el emprendimiento, para incentivar su creatividad, como es el caso de las patentes que premian la investigación tecnológica. Pero de los alicientes económicos se deriva la idea de la competencia por encima de la colaboración. La búsqueda del lucro, ya sea para la investigación o para iniciar un negocio o abrir nuevos mercados, emana del espíritu de la Ética Protestante y se toma como motor del sistema. Quizá sea el momento de cambiar este postulado que fundamenta la teoría económica, pues ha llegado al extremo, de acuerdo con Mintzberg (2015), de considerar que la codicia es buena y los mercados suficientes.
Sin embargo, la colaboración está presente desde los inicios del capitalismo, pues un liberalista como Benjamín Franklin puso a disposición de la gente la estufa de su invención, al considerar que era para él motivo de satisfacción entregar algo de su creatividad al servicio de los demás. Mintzberg (2015) hace alusión igualmente a la vacuna de la polio, pues su inventor consideraba que la vacuna no le pertenecía a él sino a la sociedad. La creatividad y la colaboración entre seres humanos están vigentes en todo el planeta, y van más allá de ser incentivadas solamente por motivos económicos.
Por otro lado, un conocedor de la naturaleza humana como lo fue Frederick Herzberg (1966), quien dedicó su obra a promover la salud mental en el trabajo, asegura que hay dos tipos de personas en lo que se refiere a su actitud frente al trabajo, dos prototipos emanados de los ejemplos de la biblia. El primero es el hombre Adán, castigado por el creador y excluido de paraíso y cuya vida está llena de insatisfacción y de penurias. Busca solamente escapar del dolor y encontrar alivio a sus penalidades. El segundo es el hombre Abraham, quien fue bendecido por el creador y a quien le prometió ser el padre de una gran nación y una vida cuyo desarrollo no tendría límite. Abraham es el prototipo de personalidad que busca trascender, que aspira a ser una persona cada día mejor, abierta al mundo y a su comunidad. Estas dos personalidades conviven en la sociedad y en el trabajo; el hombre Adán busca los satisfactores externos que le den alivio a su insatisfacción tales como son el salario y las condiciones de confort físico y social; mientras que el hombre Abraham se orienta por los satisfactores internos como son el interés por el trabajo en sí y el logro, así como la posibilidad de elevación hacia mayores responsabilidades (Herzberg, 1966).
5. Conclusiones
Una narrativa para una sociedad más justa estará sostenida por la nueva ola de empatía anticipada por Rifkin (2014), y estará inmersa en un capitalismo colaborativo, como resultado del éxito del sistema en la producción de riqueza con un costo marginal cercano a cero, que es capaz de producir bienes y servicios de calidad a precios irrisorios (Rifkin, 2014; Diamandis, 2018), que ha propiciado en parte la mejoría en la calidad de las relaciones entre las personas en los años recientes.
Tomando en cuenta la aseveración de Owen (1813) proveniente de la idea de la tábula rasa, de que cualquier carácter en el ser humano puede ser inculcado al infante desde su nacimiento, se puede inferir que los dos tipos de personalidad de Herzberg (1966) corresponden a sendas formas de educar en los diferentes grupos sociales, ya sean clases sociales o países enteros. Por lo tanto, la narrativa propuesta en el presente estudio, emanada del pensamiento de autores consolidados y que desemboca en el hombre Abraham de Herzberg (1966), tendrá mayor y más rápido efecto si es dirigida primero a los infantes.
En esta visión de la sociedad a venir, la forma de pensar y de actuar del ciudadano podría ser como sigue:
Los seres humanos se desarrollan en un mundo justo y razonable, en donde todos consideran a sus semejantes “como yo” (Hofstede, 2001); son ontológicamente iguales, e iguales ante la Ley, pero diferentes en cuanto a sus dones y capacidades así como a su estilo personal de ser; mantienen relaciones de ganar-ganar; entienden que para ser felices hay que trabajar a la par por la felicidad de los demás; que la riqueza de un país es la riqueza de sus habitantes; que el razonamiento lógico heredado de la filosofía antigua sigue vigente y cobra más fuerza que nunca; que la verdad es la base de la confianza entre las personas; que el respeto hacia las personas y hacia la naturaleza es el fundamento de las relaciones sociales.
Un mundo compuesto por instituciones que favorecen la justicia, la riqueza y la iniciativa ciudadana; en donde la pobreza no tiene cabida y es considerada como señal de falta de ética; con un gobierno que ordena y protege a los ciudadanos y a las empresas; que dicta leyes justas que propician la distribución de la riqueza en beneficio de todos; y que protege y regula a las empresas y a todas las organizaciones. Una empresa productiva que entrega bienes y servicios útiles para la sociedad; que es creadora de riqueza, y que considera valiosos y atiende a todos los grupos de interés que la componen. Una sociedad civil ajena a la empresa lucrativa y al estado, que participa en las decisiones de la sociedad, en la elevación de la calidad de vida de los ciudadanos a través de la cooperación, la producción y la filantropía.
Un mundo en donde las personas y las instituciones persiguen el bien común, tanto en la economía como en la política, las leyes y la iniciativa de los ciudadanos. En donde el Estado y el mercado corrigen sus fallos y los ciudadanos son tolerantes respecto a ideologías y formas de actuar.
En el pasado, fue una ideología emanada de la religión la creadora y difusora del guión de la narrativa capitalista. En la actualidad, la difusión de una nueva narrativa está a cargo de la inmensa red de comunicación, fruto de la tecnología digital por donde se envía el mensaje, a sabiendas de la competencia con una gran cantidad de narrativas que circulan en la red. Es de esperar que debido a la madurez que la empatía ha alcanzado en la sociedad, su mensaje llegue y fructifique en la mayor parte de la población.














