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Sociedad y Economía

Print version ISSN 1657-6357On-line version ISSN 2389-9050

Soc. Econ.  no.53 Cali Sep./Dec. 2024  Epub Sep 30, 2024

https://doi.org/10.25100/sye.v0i53.12961 

Artículos

El movimiento estudiantil de 1971 desde la División de Ciencias Sociales y Económicas de la Universidad del Valle

The 1971 Student Movement from the Division of Social and Economic Sciences at Universidad del Valle

Andrés Vélez Quintero1  1
http://orcid.org/0000-0002-8999-6355

1 Universidad del Quindío, Armenia, Colombia; Universidad del Valle, Cali, Colombia mundosinciertos@gmail.com https://orcid.org/0000-0002-8999-6355


Resumen

El artículo describe acontecimientos que tuvieron lugar en la División de Ciencias Sociales y Económicas de la Universidad del Valle entre 1970 y 1971, los cuales se documentan gracias a textos hallados en el Archivo Histórico de la Universidad del Valle, producidos por los protagonistas de los eventos: directivos y estudiantes de la unidad académica. Estos acontecimientos se conectan con la movilización estudiantil de la época, la cual es reconocida como una de las más relevantes en la historia del movimiento estudiantil de Colombia por su impacto político y uso de la violencia desde el Estado. El artículo aporta en la recuperación del componente local y académico dentro del malestar estudiantil referido al escaso desarrollo institucional e intelectual en la unidad académica, permitiendo confrontar la lectura política que se impuso a nivel nacional.

Palabras clave: movimiento estudiantil; conflicto académico; Universidad del Valle; Colombia

Abstract

The article describes events that took place within the Division of Social and Economic Sciences at Universidad del Valle between 1970 and 1971, documented through texts found in the Historical Archive of Universidad del Valle, produced by the protagonists themselves: administrators and students of the academic unit. These events are connected to the broader student mobilization of the time, which is recognized as one of the most significant in the history of the student movement in Colombia due to its political impact and the use of violence by the state. The article contributes to the recovery of the local and academic dimension within the context of student unrest, which was rooted in the limited institutional and intellectual development of the academic unit. This perspective makes it possible to challenge the dominant national political narrative that was imposed at the time.

Keywords: student movement; academic conflict; Universidad del Valle; Colombia

1. Introducción

El 26 de febrero de 1971 la represión militar sobre el movimiento estudiantil de la Universidad del Valle dejó un saldo de siete estudiantes asesinados y toda una ciudad en estado de sitio (Ordóñez, 2007). La masacre desató la indignación en los estudiantes universitarios, tanto de instituciones públicas como privadas, lo que se manifestó en protestas y paros universitarios a lo largo del país (Jiménez, 2017). Estos acontecimientos, junto con otros que tienen desarrollo antes, durante y después de 1971, son reconocidos como el Movimiento Estudiantil de 1971 (o Movimiento por el Programa Mínimo de los Estudiantes Colombianos). Autores como Archila (2012), Acevedo y González (2011), Jiménez (2017), Pardo y Urrego (2003) y Tirado (2014), califican este movimiento como uno de los más relevantes en la historia de la movilización estudiantil de Colombia durante el siglo XX, subrayando sus connotaciones políticas.

El interés en retornar la mirada sobre dichos acontecimientos nace de la inquietud sobre la posible conexión que tendrían con eventos académicos acontecidos en las décadas de 1960 y 1970 dentro de la División de Ciencias Sociales y Económicas (DCSE) de la Universidad del Valle (UV), estudiados en la investigación doctoral en sociología titulada Análisis sociohistóricos de procesos de institucionalización de la Sociología en la Universidad del Valle (1945-1978). En la investigación doctoral se advierte que el desarrollo académico-institucional experimentado por la universidad en la década de 1970, en particular con relación al campo científico social, está asociado con el malestar de los estudiantes sobre el limitado desarrollo institucional, pedagógico e investigativo de la DCSE, el cual tuvo expresión dentro del movimiento estudiantil de 1971.

Dentro de este marco, el presente texto tiene como propósito mostrar que la importante movilización estudiantil de principios de la década de 1970 se sustentó no solo en aspectos políticos, como regularmente se resalta en interpretaciones a nivel nacional, sino también en conflictos académicos locales como el ocurrido en la UV2. Estos acontecimientos académicos se encuentran documentados en dos textos hallados en el Archivo Histórico de la Universidad del Valle (AHUV), producidos por los protagonistas de los acontecimientos: directivos y estudiantes de la unidad académica.

La estructura del artículo comienza con un análisis histórico de la movilización estudiantil en Colombia, resalta especialmente eventos emblemáticos de 1971 y el subsiguiente declive del movimiento. A continuación, se profundiza en la expresión específica del movimiento estudiantil en la Universidad del Valle (UV), examina las posturas tanto de los directivos como de los estudiantes de la institución. En este punto, se hace hincapié en los documentos primarios descubiertos en el AHUV, elaborados en el seno de la DCSE durante el apogeo de los acontecimientos. Estos documentos proporcionan una base para diferenciar las dimensiones políticas y académicas que moldearon las posturas de los actores involucrados en el conflicto estudiantil.

2. Lectura histórica de la movilización estudiantil

Una línea histórica trazada sobre la movilización estudiantil en Colombia permite ubicar la movilización de 1971 en un contexto histórico que exalta su relevancia en un plano más allá de lo coyuntural. Para ello, se recoge el aporte que ofrece el historiador Mauricio Archila (2012), quien dibuja una trayectoria que se remonta desde los inicios del siglo XX y está en desarrollo en el transcurso del siglo XXI. Archila propone seis periodos para apreciar el desarrollo de la movilización estudiantil: i. Los primeros pasos (1909-1929), ii. Visibilidad oscilante (1930-1945), iii. Resistencia democrática (1946-1957), iv. Radicalización contra el bipartidismo (1958-1974), v. Hacia el movimiento popular (1975-1990) y vi. Crisis y recomposición (1991-2011).

Dentro de este marco histórico de la movilización estudiantil en Colombia, el año 1971 se ubica en el periodo de Radicalización contra el bipartidismo. Este periodo coincide temporalmente con el acuerdo entre las élites de los partidos políticos Liberal y Conservador para sacar del poder al General Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957) y alternarse el poder estatal durante dieciséis años, conocido como Frente Nacional (1958-1974). En este sentido, Archila (2012) destaca una conexión entre la movilización estudiantil de 1971 y este acontecimiento político nacional, una relación que también es resaltada por Jiménez (2017) y Tirado (2014). Dichos autores concuerdan en que durante este periodo de sistema político cerrado y represivo (Pécaut, 2015), se evidencia un cambio significativo en las formas y contenidos de la movilización estudiantil, caracterizado por un distanciamiento de los partidos políticos tradicionales y la configuración de posturas radicales y combativas, que alcanzan un punto máximo de expresión en 1971.

Lo anterior permite decir que un aspecto destacado de la movilización estudiantil de 1971 está en sus implicaciones políticas. Si bien es cierto que las movilizaciones estudiantiles en Colombia no han estado ajenas a relaciones con la política del país, también es cierto que estas relaciones variaron en el transcurso de la década de 1960. Archila (2012) señala que antes de esta década los movimientos estudiantiles se movían mayoritariamente por razones académicas y educativas, y aunque también eran parte de sus desvelos los asuntos políticos del país, este interés se desarrollaba dentro de una relación fluida y de participación de los estudiantes dentro de los partidos políticos tradicionales (ver también Ordóñez, 2011; Tirado, 2014).

Pero en el transcurso de la década, las organizaciones y movilizaciones estudiantiles universitarias fueron independizándose del monopolio bipartidista. El denominado desvelo por lo político de algunos líderes estudiantiles se convirtió en un descontento político generalizado en el sector estudiantil, especialmente en relación con la gestión del Estado por parte de los políticos tradicionales en el marco del cerrado y violento Frente Nacional. Dicho malestar se convirtió en una preocupación central en la movilización estudiantil durante este periodo (Leal, 1981).

Sin embargo, no solo la conflictiva relación con el Frente Nacional va a dar la connotación social y política a la movilización estudiantil durante la década de 1960 y su ebullición en 1971. Otros aspectos para señalar son: la creación de un nuevo escenario político en el país por el surgimiento de grupos u organizaciones políticas, la política universitaria del Estado y acontecimientos sociopolíticos trascendentes a nivel nacional e internacional que, en conjunto, animarían la combatividad y radicalización del estudiantado universitario.

La configuración del nuevo panorama político estuvo dominada principalmente por una orientación ideológica de izquierda, que promovía corrientes como el Comunismo, Socialismo y Anarquismo. Este contexto estimuló la emergencia de nuevas organizaciones políticas, tales como el Movimiento Obrero Estudiantil Campesino (MOEC) en 1959, el Partido de la Revolución Socialista (PSR) en 1962, la Alianza Nacional Popular (ANAPO) en 1963, el Frente Unido del Pueblo en 1965, el Partido Comunista de Colombia Marxista-Leninista (ML) en 1965, Golconda en 1968, y el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR) en 1970, entre otros. Estas organizaciones, simultáneamente con el surgimiento de movimientos estudiantiles, adoptaron una postura marcadamente antimperialista y antiestadounidense, como señala Ordóñez (2011).

En relación con las políticas de educación superior durante el periodo del Frente Nacional, es crucial destacar la marcada influencia de los Estados Unidos, ya que en ese periodo intervino social, política y económicamente en Colombia, bajo la preocupación de una expansión del comunismo en Latinoamérica. En este marco, la influencia estadounidense en la educación superior se manifiesta en los recursos económicos y humanos que brindó. La inversión económica estadounidense en el sistema de educación superior de Colombia fue significativa y se reflejó en el ingreso de más de 20 millones de dólares entre 1960 y 1967 (Tirado, 2014). Misiones extranjeras de expertos en educación superior arribaron a Colombia para sugerir y asesorar la incorporación del modelo de administración y formación de la universidad estadounidense en el sistema universitario colombiano (Acevedo, 2015). Uno de los principales mentores de las políticas de educación superior fue Rudolph Atcon, quien en 1963 publicó el informe titulado La universidad latinoamericana: clave para un enfoque conjunto del desarrollo coordinado social, económico y educativo en América Latina. Algunas de las recomendaciones que se hacen a la universidad pública en este documento son: privatización, prescindir de los estudiantes en los cuerpos administrativos universitarios y que no participen en actividades políticas (Atcon, 1963).

El panorama descrito anteriormente se tradujo en una década marcada por una intensa actividad de movilización estudiantil. Tirado (2014), ofrece un recuento año por año de las manifestaciones estudiantiles, que abarcan tanto universidades públicas como privadas, tanto en la capital como en las regiones del país. A continuación, se destacan algunos de estos eventos:

  • 1961 se destaca por el conflicto vivido en la Universidad de Medellín que recreaba las diferencias del estudiantado ante el Frente Nacional y por la existencia de un paro nacional universitario suscitado por múltiples factores: denuncia de la masiva expulsión de estudiantes en la Universidad de Medellín, reclamo de presupuesto para la universidad pública, invasión de tropas estadounidenses a Bahía Cochinos (Cuba), entre otros.

  • 1962 presenta el cese de actividades en la Universidad del Valle, originado por un conflicto entre los estudiantes y el Decano Antonio J. Posada de la Facultad de Economía. En ese mismo año se reseñan las manifestaciones violentas registradas contra el gobierno del presidente de la República Alberto Lleras, en las que participaron diferentes sectores sociales, incluidos estudiantes universitarios.

  • En 1964 estallaron conflictos en las Universidades del Tolima, la Industrial de Santander y la Libre de Bogotá, tanto por diferencias entre estudiantes y rectores, como por los acontecimientos ocurridos en la zona del Canal de Panamá donde fueron asesinados varios estudiantes por tropas estadounidenses.

  • En 1965, estudiantes de la Universidad de Antioquia protestan por la invasión de tropas estadounidenses a la República Dominicana y por la presencia de misiones norteamericanas dentro de su campus.

  • 1966 se destaca porque la Universidad del Tolima fue escenario de protestas referidas a la falta de financiación a la universidad, reclamo que se extendía por todas las universidades públicas del país.

  • 1967 fue el marco de violentas confrontaciones entre estudiantes y policías. En marzo ocurrió una ocupación militar de la Universidad Nacional en Bogotá, por medio de un número gigante de policías (1500) apoyados por tanques de guerra; 600 estudiantes fueron detenidos.

  • En 1968 la Universidad del Valle se movilizó motivada por el rechazo de estudiantes y profesores frente a la instauración en la universidad del Programa Cuerpos de Paz.

  • 1969 se destaca por la movilización estudiantil en el país relacionada con la visita del magnate Nelson Rockefeller.

2.1 Ebullición del movimiento estudiantil

Continuando con este recuento cronológico, se ingresa a la década de 1970. Allí el año 1971 es, como ya se ha mencionado, la expresión más intensa de las tendencias reseñadas sobre la movilización estudiantil de la anterior década: crecimiento, combatividad, radicalización y politización.

El año 1970 estuvo marcado por las elecciones presidenciales en Colombia, las cuales llevaron al poder al candidato del Partido Conservador Misael Pastrana Borrero (1970-1974), este fue el último gobierno del Frente Nacional. Los años 1970 y 1971 se caracterizan por una intensa movilización social en el país. Protestas de grupos como los campesinos, el profesorado de educación básica primaria y secundaria, los obreros de industrias nacionales (Bavaria, Coltabaco, entre otras) e incluso diversas organizaciones políticas que cuestionaban la legitimidad de las elecciones en las que resultó elegido el nuevo presidente (Ordóñez, 2007; Acevedo y González, 2011), convergieron con las protestas y la movilización estudiantil que se tornó particularmente dramática.

Los acontecimientos desarrollados en la UV, entre enero y febrero de 1971, son considerados como detonantes de la mayor movilización estudiantil registrada hasta entonces en el país (Archila, 2012). Jiménez (2017) destaca que la movilización comenzó el 7 de febrero, cuando los estudiantes de esta universidad convocaron a una huelga de 24 horas, en la que exigieron la dimisión del rector Alfonso Ocampo Londoño, debido a la gestión autoritaria de la universidad, eliminación de la influencia del sector privado y de la Iglesia católica en el Consejo Superior, revisión de las condiciones crediticias impuestas por entidades internacionales a la universidad y la suspensión de la fundación privada FES, que compartía la administración de los recursos destinados al funcionamiento de la institución. Se destacan los días 20 y 21 de febrero, cuando tuvo lugar en Cali el Encuentro Nacional Universitario, durante el cual se decidió respaldar la huelga de los estudiantes de la Universidad del Valle, incorporar sus demandas en el programa del movimiento estudiantil a nivel nacional, y convocar a una movilización en solidaridad con la UV para el 26 de febrero (Ordóñez, 2007).

El 26 de febrero, la movilización local se tiñó de violencia y muerte. En horas de la madrugada, el Ejército y la Policía irrumpieron por medio de la fuerza para expulsar al grupo de estudiantes que permanecían allí como un acto de toma de su alma mater. En horas de la mañana los estudiantes decidieron hacer una retoma de la universidad, contaban con el apoyo de otros sectores sociales que ese día estaban predispuestos a participar en la jornada convocada por los estudiantes universitarios. Este choque entre fuerzas armadas del Estado y los estudiantes derivó en muerte y caos en la ciudad de Cali3, al respecto Jiménez (2017) apunta lo siguiente:

En medio de una manifestación estudiantil, siete estudiantes murieron y quedaron heridos muchos más. La agitación ganó espacio en la mayoría de universidades, incluidas las privadas. El 3 de marzo se decretó el toque de queda en Medellín. El 4 de marzo, esas manifestaciones prosiguieron en Manizales, Bucaramanga, Popayán, Bogotá y Medellín; más hubo que deplorar dos muertos más: uno en Medellín y otro en Popayán (p. 15).

En medio del violento panorama el estudiantado continuaba movilizándose, realizaron encuentros regionales y nacionales, en su mayoría clandestinos, donde debatieron y construyeron un pliego de peticiones que finalmente lograron estructurar y presentar ante la opinión pública el 25 de marzo. El documento se denominó Programa mínimo de reestructuración de la universidad y estaba constituido por seis puntos: 1. abolición de los Consejos Superiores Universitarios y conformación de organismos provisionales de gobierno universitario con participación de tres profesores y tres estudiantes; 2. financiamiento adecuado de la Universidad Nacional cumpliendo con el 15% del presupuesto educativo; 3. conformación inmediata de una comisión evaluadora de la Ley Orgánica de la Universidad Nacional y de los contratos con fundaciones extranjeras así como la liquidación del ICFES; 4. retiro de la FES de la Universidad del Valle; 5. derecho a constituir organizaciones gremiales autónomas universitarias; 6. reapertura de la Facultad de Sociología de la Universidad Javeriana (Archila, 2012).

Para el mes de abril, la situación en la mayoría de las universidades públicas era de paro o cierre por disposición del Gobierno, y algunas instituciones privadas enfrentaban circunstancias similares, dejando a decenas de miles de estudiantes afectados. Frente a esta masiva protesta y movilización estudiantil con un discurso crítico, denunciante y de exigencia, que obtuvo el respaldo de la ciudadanía, el gobierno nacional, representado por el joven ministro de Educación Luis Carlos Galán, se sentó a escuchar a algunos líderes de la movilización y accedió ante puntos del Programa Mínimo: cubrir el déficit de la Universidad Nacional, presentar una reforma para modificar la composición de los Consejos Superiores de las Universidades y aceptar una participación mayor de los estudiantes en estos consejos y otras instancias de las universidades, lo cual fue conocido como cogobierno (en la Universidad del Valle esta figura fue conocida como Comités Paritarios).

2.2 Languidece el movimiento estudiantil

Luego de los acontecimientos reseñados en los últimos párrafos, que recrean un periodo de intensa movilización estudiantil, sobreviene un proceso de languidecimiento de la movilización (Archila, 2012). Para comprender este declive, es crucial considerar dos factores clave. El primero, se refiere a una táctica utilizada por los gobiernos nacionales y locales que se volvió recurrente en la década de 1960: la represión de las protestas estudiantiles. A pesar de los esfuerzos negociadores del ministro de Educación, la estrategia del acoso militar no cesó luego de los acontecimientos violentos suscitados el 26 de febrero.

Al resaltar el papel de la represión militar, es fundamental señalar un factor que generaba una tensión violenta entre los estudiantes y el Estado: la presencia de nuevas organizaciones guerrilleras surgidas en la década de 1960, como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) en 1964, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en 1966 y el Ejército Popular de Liberación (EPL) en 1967. Estas organizaciones encontraban en la población estudiantil universitaria a individuos que compartían sus visiones críticas del sistema establecido y que consideraban legítimo el uso de la vía armada como respuesta al brazo armado de dicho sistema. De esta cercanía ideológica entre algunos estudiantes y las guerrillas, sin desconocer que existieron casos de estudiantes que pasaron de la simpatía a incorporarse en grupos guerrilleros (Acevedo y Samacá, 2015), los gobiernos de turno extraían argumentos para calificar de subversivo al movimiento estudiantil y justificar su actuar represor ante las movilizaciones.

Con respecto a 1971, ya se ha señalado la violenta represión vivida en Cali, que se extendió a otras ciudades del país. Pardo y Urrego (2003) señalan que luego de los meses de abril y mayo, el gobierno nacional trataba de establecer la normalidad académica en las universidades que habían entrado en paro, pero ese intento fracasaba a medida que sectores de los estudiantes consideraban que la anormalidad era necesaria para continuar con las reformas tanto universitarias como sociales que se proponían. De este modo, la calma no arribaba a las universidades públicas y privadas del país, por lo que la expulsión de estudiantes y la militarización de las universidades continuaron como estrategia recurrente de directivas universitarias y de los gobiernos regionales y nacionales.

Ante la posición firme del estudiantado de mantener el movimiento a nivel nacional y no aceptar la exigencia de la normalidad como requisito para discutir una nueva reforma, el gobierno profundizó la represión. El 25 de junio, expidió el Decreto 1259, con el cual se le otorgaron al rector las facultades que antes tenían todas las demás autoridades universitarias, especialmente las disciplinarias; los estudiantes bautizaron el decreto como el de los rectores policías (Pardo y Urrego, 2003, p. 11).

En palabras de Jiménez (2017), los denominados rectores policías “pasaron a ser agentes de control del orden público” (p. 13). Subraya Jiménez (2017) que la persecución a líderes estudiantiles condujo a algunos a cambiar de universidades o a ingresar a grupos guerrilleros. La represión es entonces un elemento que conlleva a “languidecer” el movimiento estudiantil. Nuevamente, en palabras de Jiménez (2017): “Producto de esta difícil coyuntura, para quienes participaron de las movilizaciones de esta época, el movimiento estudiantil colombiano nació y murió en el periodo del Frente Nacional, entre 1958-1974” (p. 19).

El segundo elemento que contribuyó a languidecer el movimiento estudiantil se encuentra en la fragmentación ideológica, reflejada en la diversidad de organizaciones estudiantiles involucradas en el movimiento. Como ya se ha señalado, un elemento característico de la movilización estudiantil estaba en su relación con una diáspora de corrientes ideológicas que, aunque la mayoría de estas tenían en común el ubicarse en el plano izquierdo del panorama político nacional, no por ello dejaban de tener diferencias que al parecer trazaban fronteras infranqueables (Hernández, 2007). Tales diferencias pesaron en ese momento histórico de clímax de la movilización estudiantil, impidieron unificar posiciones como movimiento social-universitario y anteponer los intereses académico-universitarios sobre los políticos.

En medio de la conformación y negociación del Programa Mínimo, Archila (2012) señala la existencia de:

(…) tensiones entre unos sectores que llamaban a negociar con el gobierno la prometida reforma y otros que eran intransigentes ante cualquier negociación y más bien buscaban radicalizar el movimiento para producir cambios revolucionarios en la sociedad (…) Se reproduce así en el seno del estudiantado la típica división de la izquierda entre reforma y revolución (pp. 83-84).

El dogmatismo político y los comportamientos sectarios de ciertos grupos dentro de la movilización estudiantil sobrepolitizaron al movimiento, lo que llevó a una mayor fragmentación y frustración en cuanto a la posibilidad de lograr cambios estructurales en las políticas de educación superior del Estado4.

3. La movilización estudiantil de 1971 en la Universidad del Valle

El lugar de la Universidad del Valle es clave en la movilización estudiantil de 1971. La mirada nacional destaca la inconformidad estudiantil con el rector Alfonso Ocampo Londoño, la injerencia de sectores privados en asuntos académicos y financieros, y la respuesta violenta del Estado a las protestas. Sin embargo, es importante desarrollar una mirada profunda a algunos hechos que movilizaron a la población estudiantil de esta institución, para entender mejor sus causas y repercusiones, al igual que discutir la preeminencia de lo político sobre lo académico que parece definir el surgimiento y declive de esta movilización.

Anteriormente se reseñó que la movilización estudiantil de la UV reclamó la renuncia del rector Alfonso Ocampo Londoño. Esta exigencia se “detona” en el conflicto surgido en la DCSE, referido a la elección de decano para esta división. A principios de febrero de 1971, el Consejo Estudiantil de la DCSE presentó al rector de la universidad una terna de candidatos para el puesto de decano. Estos candidatos fueron Gabriel Borrero, Jorge Villa y Bernardo García. Sin embargo, el rector, en uso de una facultad discrecional que le daba el Estatuto General de la Universidad, decidió eliminar de la lista al candidato Bernardo García e incluir en su lugar al economista Julio Mendoza, quien posteriormente fue designado como el decano de la División.

La decisión del rector constituyó una medida autoritaria que implicó la ruptura de acuerdos y procesos establecidos dentro de la División. Ordóñez (2011) recoge la reacción del Representante de estudiantes Eduardo Barragán y del Decano de estudiantes Diego Roldán. El primero manifiesta que hubo abuso de poder y engaño a los estudiantes, el segundo señala violación a los reglamentos de la universidad para que Mendoza pudiera ser elegido sin cumplir todos los requisitos estipulados para los postulantes5.

Según el testimonio del doctor Alfonso Ocampo, proporcionado en una entrevista realizada por Vianney Herrera y Leonor Trujillo en 1992, el conflicto entre él y los estudiantes tuvo su origen en el evento específico mencionado anteriormente, razón por la cual estos “comenzaron a protestar” (Ordóñez, 2007, p. 118). La respuesta es interesante, no solo por ubicar un punto preciso del conflicto, sino también porque sugiere que, desde la perspectiva del rector, no había otros elementos de conflicto significativos, lectura que concuerda con la visión que tenía sobre cómo estaba la universidad en 1971 durante su rectoría. En la entrevista, Ocampo sostiene que la universidad experimentaba uno de los mejores momentos académicos de su historia, tanto en la docencia como en la investigación, subrayó la presencia de un cuerpo docente numeroso, compuesto por profesores de tiempo completo y de visitantes (Ordóñez, 2007).

Por tanto, para el rector el conflicto estuvo en esta decisión “legal” que tomó y que no fue aceptada por los estudiantes. Al leer argumentos relacionados con esta determinación, se puede inferir que para Ocampo el conflicto fue predominantemente político y no académico. Ordóñez (2007) recoge una argumentación realizada por Ocampo en un libro escrito por él en 1995, llamado Visión de un educador, en esas líneas su autor justifica el cambio de candidato que realizó y de ellas se destacan dos elementos. De un lado, el rector califica al profesor García como un “político extremista activo y que no convenía a la Universidad tener, internamente…” y, del otro, el rector señala la inconveniencia de tener un directivo en la universidad que había expresado abiertamente su rechazo a las actuaciones de las fundaciones extranjeras, con las cuales la universidad “tenía excelentes relaciones y les debía mucho…” (Ordóñez, 2007, p. 113)6. Es decir, que, para Ocampo, el profesor García no era compatible ni política ni administrativamente con su visión de universidad.

Pero la lectura política no solo se limita a la visión que el rector tenía del candidato, sino que también se extiende a los estudiantes que lo promovían y al interés en poner a García en la terna de candidatos. En la entrevista ofrecida en 1992, Ocampo dice que también eran extremistas de izquierda quienes apoyaban la candidatura de García y que el deseo de estos era que pisara esa “cáscara política para hacer el movimiento” (Ordóñez, 2007, p. 118).

3.1 Apuntalando una lectura política del movimiento estudiantil

La lectura política de los sucesos no es exclusiva de Ocampo. En un documento titulado La universidad y el movimiento estudiantil, escrito por el decano encargado (E) de la DCSE, Alfredo Roa, fechado el 19 de marzo de 1971, se proporciona un recuento de la movilización estudiantil en la División que trasciende el conflicto específico de la elección del decano. Este documento, hallado en el AHUV, persigue por objetivo mostrar cómo un movimiento estudiantil, que el autor considera inició con motivaciones académicas, “fue desviado paulatinamente por algunos líderes estudiantiles hasta convertirlo en un movimiento netamente político con ideologías definidas…” (Roa, 1971, p. 1). En el argumento se destaca la idea de que los estudiantes líderes del movimiento eran audaces políticos, mientras que profesores y directivos eran ingenuos para la lucha política.

Los elementos que se presentan para respaldar esta hipótesis comienzan por rememorar los eventos a partir de septiembre de 1970, cuando los estudiantes expresaron una serie de reclamos relacionados con la carencia de profesores y la ausencia de un director para el programa de Economía Industrial. Tras una serie de disputas entre estudiantes y profesores sobre la mejor manera de abordar este problema, según señala Roa (1971), algunos estudiantes “escalonaron el ataque” al agregar entre sus reclamos una discusión sobre la orientación del programa. Roa (1971) destaca que estos estudiantes calificaron esta orientación como un ejemplo de “servilismo a la empresa privada” (p. 2). Después de una defensa de la orientación del programa, el autor retoma la exposición de los eventos y anota que posteriormente se adicionaron nuevos elementos en los reclamos de los estudiantes, al poner en tela de juicio el programa de Economía General, el programa de subgrado de Economía Agrícola y el Magíster de Economía Agrícola, es decir, todo el plan de estudios del Departamento de Economía, sumando una fuerte crítica al enfoque y la enseñanza de los cursos impartidos por el Departamento de Ciencias Sociales.

Luego, en el transcurso del documento, Roa (1971) indica que el movimiento estudiantil incorporó otro tipo de demandas diferentes a los señalamientos sobre programas, planes y cursos, referidos a un interés estamental por alcanzar una participación en la elección de docentes y directivas para la división. Al respecto sentencia lo siguiente: “Aquí, a mi juicio, terminó el movimiento estudiantil con intereses puramente académicos y fue reemplazado por un movimiento político que favorece cierta ideología y que se plasma en la lucha por el poder en la Universidad dirigida, inicialmente en nuestro Departamento, a participar activa y beligerantemente en el nombramiento de nuevos profesores y el decano en propiedad” (Roa, 1971, p. 4).

Para Roa (1971), la conjunción de críticas y demandas de participación no se origina en motivaciones académicas, sino políticas, ya que ve en ello una lucha por el poder. ¿A qué poder se refiere exactamente? Se infiere de las ideas presentadas a continuación que este poder es el de definir la orientación de contenido y formación de la disciplina. En el documento, Roa (1971) cita la consigna de los estudiantes que reclamaban una enseñanza que trascendiera las “teorías extranjeras”, consideradas por ellos como “enfoques orientados a perpetuar el sistema socio-económico actual y encubrimiento premeditado de la realidad del país” (p. 5). Además, subraya el interés de los estudiantes por incorporar nuevos docentes a la división y, en conjunto, cree advertir un sesgo estudiantil hacia corrientes ideológicas que les hacía tener una visión equivocada de los profesores de la unidad académica. Sin embargo, en el mismo escrito el autor ofrece elementos para interpretar que quizás ello no era así, pues reconoce que en ese entonces los profesores de la división tenían una idea parcializada, o cuando menos corta, de la Economía, que incidía en la formación que ofrecían:

Por su parte, los profesores del Departamento de Economía manifestaban la necesidad de adecuar la teoría económica a nuestro medio y el cambio de énfasis en el enfoque de la enseñanza de la economía que venía siendo primordialmente la eficacia, o sea mayor productividad y producción. Decidimos que era importante darle igual importancia a problemas tan serios como la distribución del ingreso y situaciones de pobreza. Este enunciado que puede parecer simple a algunos, constituye todo un proceso de investigación arduo y difícil pues nuevas teorías no aparecen de un momento a otro y muchos sabemos que el “estado de las artes” en cuanto se refiere a la teoría económica para países en desarrollo y el marco de referencia teórico para el estudio de distribución del ingreso y pobreza está bastante atrazado (sic) (Roa, 1971, pp. 4-5).

Los líderes estudiantiles, según Roa (1971), pasaron por alto estas intenciones de los docentes y emprendieron por sí mismos la búsqueda de nuevos docentes, “(…) profesionales con determinada trayectoria política dizque con el fin de vincular a la División gentes con otros puntos de vista y así “universalizar” la enseñanza de la economía y promover y estimular el debate entre profesores con posiciones encontradas” (p. 6). Afirma Roa (1971) que los profesores pecaron de ingenuos al permitirlo, ya que los avezados políticos, que eran los líderes estudiantiles de la División, lo que hacían era seguir un plan: “conscientes con su movimiento político enfilaron todas sus baterías a vincular personas de su preferencia y de determinada orientación política…” (p. 5). Es importante resaltar que los candidatos a docentes pasaban por una presentación ante estudiantes y docentes. Estos últimos tenían posibilidad de veto al candidato.

Roa (1971) expone el caso del profesor Jorge Villa, quien fue postulado como candidato a docente por los estudiantes y logró su ingreso a la División. Según Roa (1971), esto fue posible debido a la ingenuidad de los docentes, pues señala que Villa tuvo buen recibimiento por parte de los docentes, encontró simpatía entre estos e incluso obtuvo su apoyo para postularse como candidato a la decanatura de la División. Sin embargo, cuando estalló la huelga estudiantil, los docentes de la División “descubrieron” que el profesor Villa se identificaba con la huelga, dejando ver en ello “(…) su ideología política. La gran mayoría del profesorado de economía calificó esta actitud, y otras, como deshonesta y desleal y hoy en día la mayoría de profesores del Departamento de Economía deseamos la salida del Dr. Villa del Departamento” (Roa, 1971, pp. 6-7).

En resumen, el texto de Roa (1971), que tiene por objetivo mostrar la transformación del movimiento estudiantil de la División en un movimiento político, permite inferir por medio de sus argumentos que hubo una lectura política por parte de uno de los actores implicados en el conflicto. Este actor percibe a sus oponentes no como estudiantes, sino como políticos astutos que se enfrentan a la ingenuidad de los docentes. En consecuencia, esta perspectiva desestima la legitimidad en el ámbito académico de las aspiraciones de los estudiantes, especialmente su deseo de participar en la elección de sus profesores y directivos.

Valga la pena señalar también que los líderes estudiantiles plantearon muy bien su lucha política y no descuidaron el debilitar la posición profesoral. Desconocieron exámenes aprovechando el apoyo inicial de algunos estudiantes nacido de las bajas calificaciones, se revelaron (sic) contra dos profesores el último día de clases explotando de nuevo las bajas calificaciones y el temor de perder las materias; se vetaron esos mismos profesores que, obviamente, fueron escogidos para golpear la organización del Departamento de Economía ya que uno de esos profesores es el Director encargado del programa de Economía General y el otro el Jefe del Departamento (Roa, 1971, p. 7).

La lectura política del conflicto y del movimiento estudiantil, que hacen tanto el rector de la UV como el decano encargado de la DCSE no es una perspectiva exclusiva ni original de ellos. Como se ha observado, la movilización estudiantil nacional a lo largo de la década de 1960 estuvo impregnada de política, destacándose por su distanciamiento y postura crítica ante el Frente Nacional, así como por sus relaciones con organizaciones y corrientes políticas de izquierda. Es decir, que esta interpretación de los acontecimientos era plausible en ese contexto, ya que representaba un enfoque del conflicto que ya había ganado terreno, en especial, entre los actores que se ubicaban en los puestos de mando del establecimiento y que se solía acompañar de medidas represivas.

Ordóñez (2007) recoge algunas líneas de la carta de renuncia a la rectoría de Alfonso Ocampo Londoño, luego de los acontecimientos del 26 de febrero, de estas líneas se destaca la siguiente afirmación: “(…) se vio claramente que este no era un movimiento únicamente universitario, sino esencialmente político y atentatorio contra los principios y valores que fundamentan las instituciones democráticas en nuestro país […]” (Ordóñez, 2007, p. 114). En conclusión, un atentado a la democracia por parte del movimiento estudiantil.

Los investigadores Ingrid Bolívar y Óscar Calvo, quienes en sus indagaciones sobre la movilización estudiantil de 1971 se han detenido en los acontecimientos represivos y de muerte que tuvieron lugar el 26 de febrero en Cali, aportan la lectura policiva sobre la movilización estudiantil obtenida de un expediente de Inteligencia del Estado hallado en el Archivo General de la Nación (Bogotá). Este expediente presenta al movimiento como una “amenaza subversiva” al haber sido supuestamente infiltrado por organizaciones guerrilleras que seguían los lineamientos de una coordinadora guerrillera llamada Movimiento Guerrillero Urbano -MOGUR-, presunta responsable de sabotajes a fábricas, secuestros, extorciones y boicots a eventos internacionales (Facultad de Ciencias Humanas y Económicas, 2021).

Esta lectura policiva se entronca con la lectura política de las élites administrativas de la universidad y del Departamento del Valle del Cauca, y sirvieron como justificación a la violencia desde el Estado. Bolívar y Calvo (Facultad de Ciencias Humanas y Económicas, 2021) recogen las palabras del Gobernador del Departamento del Valle del Cauca de la época: Marino Rengifo. Estas fueron pronunciadas tras los sucesos del 26 de febrero y documentadas en el expediente de Inteligencia estatal, e ilustran la interpretación de las élites locales:

Comenzó a ponerse en ejecución el plan previsto, de acuerdo con los documentos incautados por los Servicios de Inteligencia de la Policía y del DAS, que constituyen un verdadero manual de "guerrilla urbana". Ataque y robo a almacenes, incendio a las bombas de gasolina, automotores y toma de puntos claves, tales como, las bodegas de las Empresas Municipales que fueron igualmente saqueados (Facultad de Ciencias Humanas y Económicas, 2021, 24m30s-25m29s).

Sin embargo, las pruebas aportadas por los cuerpos de inteligencia resultaron endebles y, en ocasiones, falsas. Las evidencias se componían de un documento incautado a un trabajador del psiquiátrico departamental, denominado Manual del guerrillero urbano de Carlos Marighella y de dos panfletos de grupos armados que, según Bolívar y Calvo (Facultad de Ciencias Humanas y Económicas, 2021), eran de dudosa autenticidad y cuyo contenido no indicaba relación alguna con la huelga estudiantil. En palabras de Óscar Calvo:

(...) se trata de un montaje hecho por la Inteligencia, convenientemente filtrado a los medios de comunicación que sustenta la declaratoria del estado de sitio y una amplia represión contra diferentes movimientos sociales, la detención de los dirigentes de la huelga entre ellos Vicky [Donneys], Gustavo [Vivas] etc., etc., con información claramente falsa… (Facultad de Ciencias Humanas y Económicas, 2021, 23m49s-24m11s)7.

3.2 Apuntalando una lectura académica del movimiento estudiantil

Por otra parte, en el análisis sobre el conflicto vivido en la UV existe “otro enfoque” que corresponde al de los estudiantes que, según Ordóñez (2007), se diferenciaba al del rector por tener visiones encontradas sobre el proceso de modernización de la universidad. Para ilustrar dicho “enfoque” se parte por recoger elementos obtenidos de una entrevista realizada por las mismas personas que entrevistaron al doctor Ocampo en 1992. En esta ocasión Vianney Herrera y Leonor Trujillo entrevistan a María Victoria Donneys, quien participó del movimiento en calidad de líder estudiantil e integró el Comité ejecutivo de la Federación de Estudiantes de la Universidad del Valle FEUV (estudiante regular del programa de Trabajo Social).

Las entrevistadoras solicitan a la exlíder estudiantil que relate los sucesos del 26 de febrero, a lo que ella responde resaltando inicialmente los logros obtenidos por el movimiento en los días previos a la trágica fecha. Destaca que habían logrado sensibilizar a la ciudadanía respecto al conflicto que se vivía en la UV, ganando apoyos locales y nacionales para la causa estudiantil. Enfatiza que había sido exitosa la denominada “toma sin bolillo” de la Plaza de Caicedo el 25 de febrero:

(…) habíamos hecho simplemente la exposición de unas grandes pancartas con los puntos básicos que pedíamos, con los puntos básicos del problema y había gente cantando en la Plaza de Caicedo, había sido algo exitoso porque toda la ciudad se había enterado, porque habíamos recibido mucha solidaridad y yo pienso que realmente eso fue lo que hizo pensar a determinados sectores del Gobierno, de la Universidad misma de que el movimiento qué dimensiones iba a tomar, algo como muy fantasioso, muy poco realista a mi manera de ver, porque nosotros hasta ese momento no planteábamos ningún otro tipo de reivindicaciones, fuera de las reivindicaciones de la Universidad. O sea que era un movimiento que buscaba solidaridad de la ciudadanía pero para un problema muy específico, que no tenía mayor trascendencia realmente, pero lamentablemente el 26 de febrero, por el éxito que se tuvo ese 25 de febrero, que no hubo una sola piedra, que no hubo violencia, ni provocación del ejército, de la policía […] Fue una masacre absurda […] tú te imaginas por presentar una terna, por un movimiento puramente reivindicativo, por procurar tener una participación […] ¿una masacre de estas dimensiones?[…] No, nada la justificaba […] Fue una masacre en esta ciudad, es imperdonable[…] (Ordóñez, 2007, pp. 116-117).

El texto de Roa (1971) permitió ver algunas de esas reivindicaciones específicas a las que alude María Victoria Donneys. Sin embargo, se ha considerado relevante examinar otro documento hallado en el AHUV, redactado por estudiantes de la DCSE y titulado Análisis y planteamientos de los estudiantes del Departamento de Economía (s.f., se presume que fue escrito en el último trimestre de 1970). Allí se exponen con mayor detalle algunas de esas reivindicaciones académicas. El documento permite reconocer las motivaciones de la movilización y observar si fueron de carácter académico o político como sostuvieron los directivos.

El texto tiene una extensión de dieciocho páginas, producido por diferentes manos, en el que se registra el trabajo de los estudiantes para elaborar una radiografía de su División. En las primeras cuatro páginas se exponen dos apartados, el primero es una introducción que ofrece un panorama general del problema de la División y menciona los problemas específicos que alimentan el diagnóstico; el segundo apartado se denomina Historia del movimiento estudiantil y proporciona una memoria de los acontecimientos ocurridos en la División entre 1969 y 1970, destacándose el recuento de los hechos de septiembre de 1970. El resto del documento está dedicado a la la presentación de cuatro informes producto de comisiones de trabajo de los estudiantes y están referidos a: i. Plan de estudios del Departamento de Economía, ii. Departamento de Ciencias Sociales y Políticas, iii. Promociones y iv. Programa de Magíster en Economía Agrícola.

3.2.1 Sobre el Plan de estudios de Economía…

Lo primero por destacar es que el documento inicia anotando que se van a considerar “problemas académicos” del Departamento de Economía. Problemas que no eran nuevos para los estudiantes, pues señalan que ya en marzo de 1969, en el desarrollo de seminarios universitarios celebrados en la población de Silvia (Cauca), habían expuesto dichas preocupaciones y las encontraban agravadas después de más de un año de sus denuncias.

Al examinar el contenido del documento se revela que la principal motivación de la movilización estudiantil fue la inconformidad con la orientación disciplinar que directivos y docentes daban a la economía, expresada en lo que se enseñaba y la forma como lo enseñaban. Los estudiantes percibían que la formación recibida carecía de los elementos necesarios para formarse como profesionales con capacidad crítica y científica en la Economía, en especial la colombiana. Atribuían estas deficiencias a un enfoque pedagógico mecanicista, que reducía el aprendizaje a un proceso de acumulación de conocimientos.

Todo esto se manifiesta en que al estudiante del Departamento de Economía se le nombran superficialmente los problemas socioeconómicos colombianos sin entrar a analizar conscientemente su contenido, y en consecuencia se le nombra a cada instante problemática propia de realidades muy diferentes a la nuestra y que en poco o nada contribuyen a una formación académica científica en la economía que nos interesa; la Economía colombiana. Esta deficiencia es debida a la carencia absoluta de orientación y contenido científico, requisito indispensable para la existencia de una formación que pretende ser científica […] Al estudiante de nuestra Facultad lo forman mecánicamente sin que se promueva el necesario juicio crítico… (Estudiantes de la DCSE, s.f., pp. 1-2).

La crítica de los estudiantes hacia esta orientación disciplinaria se fundamenta principalmente en los cambios introducidos en el Plan de Estudios de Economía y en la DCSE en 1964, bajo la gestión del decano Reynaldo Scarpetta (1964-1968). Estos cambios, como señala Diego Roldán (2013), “marcaron… un quiebre notable en la orientación y dirección de la Facultad” (p. 65), pues bajo la dirección de Scarpetta se instauró en la facultad un interés particular por el desarrollo de la administración de empresas, que orientó principalmente los recursos humanos y económicos al desarrollo de los programas de estudios de Magíster en Administración y Técnico en Administración.

Una breve comparación del plan de estudios adoptado en 1964 frente a su antecesor destaca la reducción del número de años a cursar de cinco a cuatro y la supresión de una tesis de grado para obtener el título en Economía. Se anota que los cursos eliminados del pensum fueron principalmente aquellos con contenidos provenientes de las ciencias sociales, bajo la idea de una formación concentrada en la economía, que evitara lo que llamaron una “formación antieconómica”8. Las observaciones específicas realizadas por los estudiantes en el marco de la coyuntura que se reseña, se concentran en 26 cursos que recogen tanto aquellos incluidos en el plan de estudios como otros que consideran necesarios. Las observaciones o críticas que realizaron pueden resumirse en cinco puntos:

  1. Lo limitado del contenido en los cursos de economía, que no permitía formar una visión universalista de la disciplina. Dentro de esta crítica se ubican los cursos: Introducción a la historia económica, Microeconomía, Macroeconomía, Sistemas económicos y Sistemas políticos. Esta exigencia de formarse en una visión universal de la disciplina es una confrontación o antídoto al contenido parcializado que ofrecían los docentes, pero, a la vez, también es evidencia de que ellos no pretendían una formación parcializada o sesgada a una corriente política, en este sentido es relevante la argumentación que plantean cuando se demanda la creación de un curso de Economía política: “Se considera una cátedra importante dentro de la cientificidad y de la universalidad de los conocimientos que la facultad debe proporcionar sin caer en programas como defensa de ideologías” (Estudiantes de la DCSE, s.f., pp. 7-8).

  2. El no abordaje de la realidad colombiana y los problemas económicos del país. El informe señala que el curso Introducción a la historia económica debía ofrecer una breve visión de la historia económica de Colombia, apoyada en bibliografía del país. Con relación al curso de Contabilidad general y de costos, se destaca la observación de que este debía presentar casos sacados de la realidad colombiana que permitieran la formación de un “banco de casos” que sirviera de base para el estudio de las finanzas. Por último, se destaca la sugerencia de crear el Seminario sobre Problemas colombianos actuales, que enfocara y analizara los problemas económicos del país, con el argumento de que la cátedra motivaría a los estudiantes a conocer la realidad nacional (reforma agraria, desempleo, inflación, devaluación, etc.).

  3. La no formación en el plano científico de la disciplina. Sugieren que el curso Introducción a la teoría económica se debería permitir definir tanto la naturaleza y fines de la teoría económica, como la cientificidad de esta. También señalan que las asignaturas de Sistemas económicos y políticos podían contribuir a la formación científica del estudiante.

  4. El no tener la investigación como un pilar en la enseñanza y aprendizaje de la disciplina. En el texto los estudiantes demandan la creación de dos cursos o niveles de investigación, señalando que es una herramienta básica tanto para profesores como estudiantes. También demandan la creación del centro de investigación económica (cerrado en 1967) para facilitar la realización de investigaciones y aportar a los estudiantes datos teóricos y prácticos. En cuanto al curso de metodología que ofrece el programa, se apunta que el trabajo analítico que se desarrolla debería apoyarse en los trabajos elaborados en la misma facultad, tanto en aquellos que surgen en el Centro de Investigación como los que elaboren los estudiantes de último año.

  5. Se critican algunas estrategias pedagógicas empleadas por los docentes, como la práctica de limitarse a repetir lo que está en un libro, así como los cursos que se enfocan únicamente en uno o dos autores. También se cuestiona la repetición innecesaria de temas en los tres niveles de matemáticas, así como la enseñanza de ideas o teorías de autores por medio de las interpretaciones de terceros, sin hacer el esfuerzo por consultar directamente la fuente original, se pone como ejemplo el estudio de la teoría económica de Keynes sin leer a Keynes.

3.2.2 Sobre Economía Industrial…

Como bien señala Roa (1971), la movilización de los estudiantes en el segundo semestre de 1970 se debió a la falta de profesores y director para el programa de Economía Industrial (especialización a la que podía optar el estudiante de Economía en el desarrollo del subgrado). La difícil situación de falta de profesores no era exclusiva del programa de Economía Industrial, aunque en este era más crítica. Los estudiantes ambientan la situación con la Tabla 1 y subrayan en el comentario de esta, que el número de estudiantes por profesor aumentó en más del 300% durante el periodo observado.

Tabla 1 Sin título 

Período Académico Número de Profesores Total Número de estudiantes Relación estudiante / profesor
Tiempo Parcial Tiempo Completo
1967-68 6 17 23 188 8,17
1968-69 5 21 26 210 8,07
1969-70 5 13 18 240 13,33
1970-71 2 9 11 276 25,09

Fuente: tomado de Análisis y planteamientos de los estudiantes del Departamento de Economía (Estudiantes de la DCSE, s.f.).

Ante el reclamo de los estudiantes, concentrado en la situación del Programa de Economía Industrial que había iniciado semestre sin profesores ni director, se registra en el documento realizado por ellos que, el 1 de septiembre de 1970, los directivos de la División convocaron a los estudiantes para ofrecerles que dos profesores del Programa de Economía Agrícola y un estudiante de Economía Industrial se encargaran de la enseñanza y dirección del programa. Los estudiantes se opusieron a la propuesta, por lo que posteriormente la directiva señaló que el profesor Fernando Valencia del programa de subgrado de Administración de Empresas y que en el momento era el Secretario General de la Universidad, podría encargarse temporalmente de la dirección del programa. El 8 de septiembre, el director interino convocó a los estudiantes y recogió la opinión de no querer un jefe con carácter interino, las directivas de la División decidieron nombrarlo jefe definitivo del programa.

Mientras se desarrollaba esta situación, se registra en el documento que el Consejo Estudiantil “(…) al ver la gravedad del problema entró a analizar la situación y se nombraron pre-comisiones para que estudiaran e informaran a las asambleas por especialidad, reunidas el 15 de septiembre, el problema de la Facultad” (Estudiantes de la DCSE, s.f., p. 4). Las pre-comisiones elaboraron comunicados que entregaron a estudiantes y profesores, y sobre los cuales el Consejo Estudiantil citó una Asamblea General de Facultad que se desarrolló el 22 de septiembre, en esta se decretó un paro de 24 horas prorrogable para el día siguiente, con el objetivo de permitir la participación en comisiones de todos los estudiantes de la Facultad, creándose para ello siete comisiones: Comisión de Economía Agrícola, Comisión de Economía Industrial, Comisión de Economía General, Comisión de Ciencias Sociales y Políticas, Comisión de Año Básico, Comisión de Presupuesto y Comisión de Promociones.

El día del paro, es decir, el 23 de septiembre, el documento revela que el Consejo Estudiantil fue citado a una reunión con el Consejo Directivo de la Universidad: “El Consejo estudiantil rechazó esta invitación por encontrarse el estudiantado analizando el problema” (Estudiantes de la DCSE, s.f., p. 4). El acontecimiento es relevante, puesto que en el documento de Roa (1971) también se halla una referencia a este, no con tanta precisión como en el documento de los estudiantes, pero se puede inferir que es el mismo al que Roa (1971) se refiere:

(…) cuando nos reunimos con ellos para estudiar el documento [a.v. los comunicados creados por las pre-comisiones] nos dijeron, a nombre del Consejo Estudiantil, que se había decidido no entrar a estudiar ese documento pues durante todo el tiempo que duró su preparación el movimiento estudiantil había “madurado”, el documento tenía errores y las aspiraciones del estudiantado ya eran distintas (p. 4).

Las dos citas anteriores subrayan la manera diferente como se interpreta la no asistencia del Consejo estudiantil a la reunión, pues mientras para los estudiantes es un tema de estudio o de análisis del problema, para Roa (1971) es el cambio de las aspiraciones de los estudiantes. En estos eventos, Roa (1971) sitúa el punto de inflexión en el cual el movimiento estudiantil transita de lo académico a lo político. Es en este momento que Roa (1971) sugiere que los estudiantes "escalaban el ataque" y planteaban una lucha por el poder tanto con el Departamento como con la universidad. Sin embargo, el documento elaborado por los estudiantes ofrece una perspectiva distinta sobre el desarrollo del movimiento:

En los días siguientes [a.v. al 23 de septiembre] el movimiento estudiantil ha venido sufriendo una serie de ataques por parte de algunos profesores por medio de exámenes no evaluativos.

A pesar de tal oposición hemos concluido nuestro estudio sobre las exigencias que hacemos, en una forma consciente, responsable y decidida.

De ninguna manera aceptaremos soluciones ambiguas o temporales. Estamos dispuestos a exigir que sean respetados nuestros derechos y a que las directivas cumplan sus deberes porque hasta ahora nos sentimos engañados con la formación que se nos ofrece y se nos está dando (Estudiantes de la DCSE, s.f., p. 4).

A partir de allí, el documento recoge algunos de los informes de las comisiones, siendo el primero el que se refiere al plan de estudios de Economía y sus especializaciones (las observaciones sobre el plan de estudios de Economía y del programa de Economía industrial ya fueron presentadas en los numerales: 3.2.1 y 3.2.2, subvirtiendo el orden del documento citado, pero con el ánimo de permitir una exposición acorde con los puntos que se ha decidido destacar). A continuación, se presentan reseñas de los informes sobre el Departamento de Ciencias Sociales y Políticas y sobre el Magíster en Economía Agrícola.

3.2.3 Sobre el Departamento de Ciencias Sociales y Políticas…

En este informe, los estudiantes ponen de relieve lo que llaman fallos generales en la estructuración del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas. Estas falencias guardan una notable similitud con muchos de los puntos señalados en el Plan de Estudios de Economía y los cursos que lo componían, dado que dicho departamento tenía como misión ser prestador de servicios docentes al Departamento de Economía y a la universidad en su conjunto. En esa medida, las críticas están relacionadas con los cursos ofrecidos por esta unidad académica, pues, según el informe, eran superficiales, limitados a la presentación de hechos sin permitir el análisis crítico, parcializados en la enseñanza de un único sistema social y político, no fomentaban la investigación sobre los problemas sociales y políticos del país y, por ende, no promovían una comprensión sociológica y política adecuada de estos fenómenos.

Esta crítica se relaciona con otra que apunta a la “no autonomía” en el plano académico del Departamento, “debido a que no ofrece programas estructurados a la universidad, sino que por el contrario, espera que los programas le sean propuestos llevando esto a la improvisación de los mismos” (Estudiantes de la DCSE, s.f., p. 11). Un Departamento prestador de servicios a la espera de la demanda para adecuarse a esta.

Por último, la crítica general respecto a la escasez de profesores también cubre a este departamento, que para el periodo académico 1970-1971 contaba con ocho profesores, de los cuales seis eran de tiempo completo y dos de tiempo parcial. De estos, cuatro de los ocho profesores eran extranjeros bajo la figura de profesor visitante, quienes además se encargaban de responder por la mayoría de las clases que requería el Departamento de Economía. Ante esta situación, los estudiantes demandaban la ampliación del cuerpo docente con profesores "preferiblemente colombianos" (Estudiantes de la DCSE, s.f., p. 11).

Considerando todo la anterior, en el documento los estudiantes demandan la reestructuración del Departamento para que logre cumplir con sus objetivos, en especial, aquel que los estudiantes observan como una necesidad imperiosa: la de brindar herramientas que ayuden en la comprensión de los problemas sociales y políticos de Colombia.

3.2.4 Sobre el Magíster en Economía Agraria…

Este informe presenta tres grandes críticas: bajo nivel académico, comercialización del título y no rentabilidad del programa. Con respecto a las dos primeras críticas los estudiantes presentan una comparación entre el subgrado de Economía con especialización en Economía Agrícola y el Magíster de Economía Agrícola, subrayando los siguientes hechos: de las 15 materias que conformaban el Magíster, solo una no era obligatoria en el subgrado, ambos grupos de estudiantes veían las clases compartiendo aula y docente, y no se evidenciaba un conocimiento mayor en la materia por parte de los estudiantes del magíster frente a los de subgrado. Por tanto, se concluye que el magíster era una “(...) farsa […] Es vender un título por veinte mil pesos (20.000!!!)” (Estudiantes de la DCSE, s.f., p. 14), valor del magíster para cada estudiante.

Es tal pues, el escandalo (sic), el engaño y la farsa que se hace con este MAGÍSTER DE ECONOMÍA AGRÍCOLA, al vender en una forma tan abierta los títulos, que son superiores al Economista Agrícola, que queremos que toda la Universidad, y la sociedad misma analice este caso como una prueba mas (sic.) de la complicidad en este serio escandalo (sic.) de los directivos de la Facultad (Estudiantes de la DCSE, s.f., p. 15).

La última crítica, referida a la no rentabilidad del magíster, responde al análisis sobre los dineros que ingresaba el magíster al Departamento de Economía por razón del pago de matrícula de sus estudiantes (13 estudiantes) y los costos de este, referidos al pago de salarios de los profesores del Departamento que dictaban clases allí, el personal administrativo, la logística física y otros gastos que implicaban el desarrollo del magíster.

De diez profesores de tiempo completo pertenecientes al Departamento de Economía seis son Economistas Agrícolas, tres son Economistas Generales, y uno Economista Industrial, (…) podemos observar que las horas dictadas por éstos (sic) al Departamento sólo cubren un 50% del total de horas (total de horas: 98, horas dictadas al Departamento de Economía: 49). Queremos hacer notar que relacionando las 49 horas dictadas al Departamento y las 20.5 dictadas al Magister (sic), estas últimas equivalen a más del 40% de las horas totales del Departamento. El promedio de horas de clase por profesor es de 4.9. Si dividimos el total de horas dictadas al Magister (sic) que es de 20.5 entre 4.9 tenemos un equivalente de 4.2 profesores. El ingreso por conceptos de matrículas del magister (sic) es 260.000 pesos (13 estudiantes que pagan cada uno $20.000). Observamos que el costo del 4.2 profesores equivalentes es superior al ingreso del Magister (sic). Esto es, suponiendo un sueldo mínimo de $5.000 para efectos de análisis, sueldo éste inferior al real pagado a los profesores en el Departamento, y teniendo en cuenta que la duración del curso de Magíster (sic) es de 3 semestres, el costo total por la utilización del servicio de estos 4.2 profesores equivalentes ES POCO MAS DE $360.000. Por lo tanto ES COMPLETAMENTE FALSO QUE EL PROGRAMA DE MAGISTER SE AUTOFINANCIE (Estudiantes de la DCSE, s.f., p. 18).

El documento subraya que el magíster se proveía del Departamento de Economía, desviando recursos tanto monetarios como académicos e intelectuales. Los estudiantes lamentaban en especial estos últimos desvíos porque los consideraban como una “fuga de cerebros”, de “energía vital” que podría emplearse en la preparación e investigación de lo que, dice el informe, “debe ser una economía científica” (Estudiantes de la DCSE, s.f., p. 18).

4. Entre lo político y lo académico: la violencia

Tras examinar las dos posturas en el conflicto desarrollado en la DCSE, se puede decir que tanto el rector Ocampo como el decano (E) Roa mostraron una lectura parcializada de los sucesos que vivían los estudiantes. Se puede cuestionar la afirmación del rector de que las protestas surgieron debido al cambio de nombre en la terna y la elección de Julio Mendoza como decano, así como su percepción de que la universidad atravesaba uno de sus mejores momentos académicos, al menos no era así en dicha División. También puede señalarse un posible sesgo político en Roa (1971), ya que parece temer la pérdida de poder cuando los estudiantes demandan participación en la elección de docentes y directivos.

Sin embargo, no tiene sentido elevar juicios o entablar discusiones sobre los probables caminos alternos que pudieron haber tomado los actores del conflicto. Lo concreto es que se observan dos lecturas contrapuestas entre los actores del conflicto, y una de estas se conecta con la violencia. La interpretación política sumada a las endebles pruebas obtenidas (o creadas) por la Inteligencia del Estado, condujo a la respuesta represiva.

La interpretación de que el movimiento estudiantil era especialmente político con orientación subversiva derivó en la brutal represión que se vivió el 26 de febrero y las semanas siguientes. Como ya se ha puesto de manifiesto, la violencia de Estado caracteriza esta etapa del movimiento estudiantil, la cual en Cali y la Universidad del Valle se manifestó en asesinatos, toques de queda, militarización de la universidad, persecución de líderes estudiantiles y de docentes de la misma. Se coincide con Bolívar y Calvo cuando, en el documento audiovisual citado, se afirma lo siguiente:

(…) más allá de los fallos en el sitio de inteligencia, en la recolección y verificación de los datos por los agentes militares-civiles de inteligencia colombianos o en la valoración de la evidencia para la toma de decisiones políticas, lo que resalta es la incapacidad de las autoridades políticas y las élites económicas para responder por cauces democráticos a los desafíos políticos y sociales emergentes, claro, responder sin recurrir al tratamiento de la disidencia como si fuera un enemigo interno [...] en breve, lo que no son capaces es de responder a los desafíos políticos y sociales de la población sin el empleo de la violencia (Facultad de Ciencias Humanas y Económicas, 2021, 27m52s-28m39s).

5. Conclusión: de la movilización estudiantil al desarrollo académico-institucional

La violencia medió en el conflicto entre estudiantes y directivos de la UV, como recurso para desmovilizar al estudiantado y desconocer sus demandas que poco se acercaban a una revolución socioeconómica y política de la sociedad colombiana. La violencia con motivación política es uno de los principales factores observados en las primeras páginas del artículo, que lleva a algunos analistas del movimiento estudiantil a señalar que este culminó con el fin mismo del Frente Nacional en 1974 (Archila, 2012; Jiménez, 2017). El artículo ha recogido la expresión de “languidecimiento” de la movilización estudiantil, para denotar el fin de la movilización a nivel nacional, siendo esta una lectura signada por la frustración política de aquellos que percibieron en los estudiantes universitarios la posibilidad de un movimiento social que impulsara transformaciones estructurales en la sociedad colombiana.

El languidecimiento político que sufrió el movimiento estudiantil nacional también se experimentó en la Universidad del Valle. Ordóñez (2011) muestra cómo el accionar represivo del Gobierno y directivos de la universidad fueron socavando las organizaciones estudiantiles dentro de la universidad. Un claro ejemplo de ello fueron las medidas tomadas contra la FEUV, que el 20 de noviembre de 1972 publicó su último comunicado donde denunció la violencia en su contra por medio de medidas como la detención, condena y expulsión de la universidad de su presidente Gustavo Vivas, la retención de los fondos que la universidad estaba obligada institucionalmente a adjudicarle, la negación del local propio dentro de las instalaciones de la universidad, entre otras medidas.

Pero cuando se remueve la capa política que cubre el movimiento estudiantil y se examina el caso de la UV por medio de la movilización académica de los estudiantes de la DSCE, es importante preguntar si las banderas de la movilización estudiantil cayeron con esta represión y la implosión de la izquierda, y si las directivas universitarias lograron conservar el estado de las cosas en la universidad que consideraban un modelo a nivel nacional e internacional. Las respuestas a las anteriores preguntas son negativas, y para comprenderlas se plantea que el componente académico debe ser adecuadamente valorado en la gestación, desarrollo e impacto del movimiento estudiantil de 1971.

La investigación doctoral en la que se enmarca el presente artículo revela un impacto positivo que el movimiento estudiantil tuvo en el desarrollo académico de la UV, tanto en aspectos administrativos como intelectuales. Este impacto local se evidencia por medio de la reconsideración de prácticas administrativas y docentes, la revisión de regulaciones interinstitucionales, la discusión de los planes de estudio y diseño de nuevos, así como la participación de los diversos estamentos universitarios en decisiones relevantes para la vida universitaria, entre otros aspectos. El languidecimiento político y el uso de la violencia no significaron el fin del flujo de eventos académicos con el contenido expresado en las protestas. El componente académico de la movilización estudiantil aporta líneas de interpretación que, en particular, relacionan la crisis institucional que la DCSE vivió en la segunda mitad de la década de 1960 y el desarrollo institucional que experimentó en la segunda mitad de la década de 1970. Algunos elementos de este desarrollo son: reforma al Programa de estudios en Economía (1974), creación del Centro de Investigaciones y Documentación Socioeconómica (1976) y creación del Plan de estudios de Sociología (1978)9.

Referencias

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Notas:

2La perspectiva de lo local dentro del movimiento estudiantil de 1971 también ha sido recientemente subrayada por Yeison H. Sosa y Natalia Agudelo Castañeda. Sosa (2018), también tiene por objeto de observación la protesta estudiantil de 1971 en la Universidad del Valle, analizada bajo el concepto de Estructura de oportunidad política y por medio del método comparativo al contrastar los sucesos de esa época con los que tuvieron lugar en nuevas protestas estudiantiles entre el 2007 y el 2011. Agudelo (2021), por su parte, ofrece una historia de los movimientos estudiantiles entre 1957 y 1977, en el territorio denominado «Viejo» Caldas conformado por los actuales departamentos de Caldas, Risaralda y Quindío. Se coincide con ambos estudios cuando señalan la necesidad de abordar la movilización estudiantil desde las regiones, como un esfuerzo para descentrar una lectura que desde la capital del país se propone como nacional.

3Para una descripción detallada de los sucesos, ver Ordóñez (2011).

4Francisco Leal (1981) hace referencia a la frustración política de una generación, señalando que luego del ocaso del movimiento estudiantil que sobrevino alrededor de 1967 cuando se desarticularon las organizaciones políticas Frente Unido y la Federación Universitaria Nacional -FUN- (asociada a una fuerte represión estatal), existió “…el intento de organización estudiantil que surgió a raíz del cambio rutinario de gobierno frentenacionalista (…). En él emergió, a nivel nacional, casi espontáneamente, un conflicto político estudiantil que, al fracasar en sus objetivos de organización nacional, dejó frustradas las más optimistas esperanzas de revitalización política de la universidad” (pp. 324-325).

5Diego Roldán (2013) pone de relieve que la conformación de la terna de candidatos para la decanatura de la DCSE implicó todo un proceso académico. Se conformó una comisión de docentes y estudiantes, que seleccionaban a los candidatos en función de unos criterios establecidos: i. Conocedor de las ciencias sociales, en particular la economía. ii, Conocimiento profundo de la economía colombiana. iii. Amplia y no ortodoxa visión del campo económico y iv. Tener realizaciones concretas en docencia y además aportes técnicos. Los seleccionados realizaban una conferencia en la que se exponían sus propuestas y planes de trabajo, y se solía culminar con debates entre asistentes y conferenciantes (Roldán, 2013).

6 Ordóñez (2011) también ofrece la siguiente cita extraída del periódico El País: “Los extremistas quieren entregarle la División de Ciencias Sociales y Económicas al Comunista Bernardo García con larga historia al servicio de la anarquía y el desorden y tienen como “ases” guardados en la manga los nombres de Jorge Child, Jorge Villa, Edgar Vásquez activos miembros de la hermandad marxista” (p. 91).

7En el video se suministran otros datos obtenidos de un documento de la Oficina de Seguridad Pública de los Estados Unidos, los cuales ponen en duda la existencia del MOGUR en la ciudad de Cali.

8Para apreciar con detalle los cambios que introdujo la reforma del pensum al plan de estudios en Economía, así como las reformas administrativas que se realizaron con el inicio de la decanatura de Reynaldo Scarpetta, ver Vélez (2023).

9Se subraya el papel que jugaron nuevos docentes que se incorporaron a la unidad académica como fueron: Antonio Hernández, Alberto Corchuelo, Edgar Vásquez y Álvaro Camacho, entre otros. Entre los diversos motivos que los llevaron a vincularse con la UV, está el interés que despertó una comunidad estudiantil preocupada y combativa por una mejor academia (Vélez, 2023).

Notas:

10Vélez Quintero, A. (2024). El movimiento estudiantil de 1971 desde la División de Ciencias Sociales y Económicas de la Universidad del Valle. Sociedad y Economía, (53), e10112961. https://doi.org/10.25100/sye.v0i53.12961

Financiación Este artículo recoge resultados de la investigación titulada Análisis sociohistóricos de procesos de institucionalización de la Sociología en la Universidad del Valle (1945-1978), presentada como tesis doctoral en el Doctorado en Sociología de la Universidad del Valle. Para el desarrollo del doctorado se contó con el apoyo de la beca Colciencias para doctorados nacionales, convocatoria 785

Recibido: 15 de Mayo de 2023; Aprobado: 12 de Marzo de 2024

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Doctor en Sociología.

Conflicto de interés

El autor declara no tener ningún conflicto de interés en la publicación de este artículo

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