Introducción
La COVID-19 marcó un hito en la historia de la humanidad, las medidas de prevención del contagio como el distanciamiento, el aislamiento, la implementación de acciones como el uso de mascarillas faciales, la intensificación de tareas como el lavado de manos, la limpieza de superficies, entre otras, alteró la cotidianidad de las personas, cambiaron las dinámicas familiares, las rela ciones interpersonales, el contacto con en el otro se transformó por un saludo por redes sociales, las vídeo llamadas se pusieron a la orden del día como una alternativa para poder contactarse con el otro, las reuniones y el uso de plataformas virtuales también incursionaron en la vida de las personas.
Todos estos cambios, sin duda se convierten en un antes, durante y des pués de la pandemia, que repercuten de manera considerable en la vida de las personas. La tendencia es que estos impactos, sean entendidos como las reacciones o estados que la población refiere acorde a su experiencia cotidiana o que pueden ser observados y que ocasionan repercusiones en la salud mental, que por lo general son consideradas negativas (Urzúa et al., 2020). Así como las modificaciones en los hábitos y consumo (Balluerka et al., 2020; Volkow, 2020). Todas estas, son cuestiones que están en estrecha relación con factores estresantes internos y externos al sujeto (Abate-Flores et al., 2020; Brooks et al., 2020; Inchausti et al., 2020).
Las afectaciones por la sola probabilidad de contagio, fueron considera das como factores que podían desencadenar diferentes tipos de patologías o, en cualquier caso, la sola exposición generalizada, constituía un elemento presente en la vida cotidiana de todas las personas, sin embargo, aquellas que resultaron positivas, a través de la confirmación clínica, traspasaron la línea del temor generalizado al constatar su situación y su responsabilidad, incrementando, por supuesto, el temor en el ámbito más íntimo de su inte racción social.
Cuando las personas se contagiaban con la COVID-19, sus preocupaciones se circunscribían al ámbito de la familia más que al de los amigos o los co nocidos (Lozano-Vargas, 2020; Urzúa et al., 2020). En el caso de las personas afectadas por el virus (Chacón-Fuertes et al., 2020) se encontraron expresio nes de miedo sobre la vida y salud del individuo, propias de la incertidumbre de respuesta de su organismo ante la enfermedad.
En general el contagio se traduce en una experiencia de vida que marca un proceso individual y familiar profundo, que más allá del tema biológico de enfermedad y de convalecencia, implica el manejo de un entramado de preo cupaciones y de miedos respecto a sí mismo y a los cercanos (Johnson et al., 2020), que generan un abanico extenso de respuestas y de reflexiones de los propios afectados respecto a su lugar en manejo del contagio y de la máxima restricción y aislamiento como responsabilidad con los otros.
Los significados sobre el contagio y sobre la enfermedad, ocasionaron manifestaciones de miedo y angustia, profundizado la incertidumbre que pro vocó el confinamiento y el aislamiento obligatorio para toda la población. El contagio y el curso de la enfermedad, además, implican otro tipo de cuidados, como el mantenimiento del aislamiento comunicativo, por el riesgo que se presuponen existe para las personas cuando otros conocen un diagnóstico positivo para COVID-19.
El campo de la interacción y de la comunicación entre personas que fue ron diagnosticadas con el virus, así como los cambios en la interacción en el ámbito familiar y el devenir de las situaciones específicas de estas personas, constituye el tema orientador en este artículo respecto a los procesos priva dos y públicos de la pandemia cuando se confirmó un diagnóstico positivo. Es pertinente mencionar que, si bien la investigación se realizó desde la ciudad de Bucaramanga, dadas las particularidades propias de la pandemia, se con tactaron vía telefónica y virtual personas con diagnóstico positivo residentes en Colombia.
Metodología
El enfoque de la investigación fue cualitativo de carácter fenomenológico, cuyo proceso metodológico se llevó a cabo en tres fases (Rodríguez Gómez et al., 1999), en la primera fase, la preparatoria se diseñó de la guía de entrevista, se determinaron criterios de inclusión de la población que fueron, hombres y mujeres mayores de 18 años de edad, que hayan sido diagnosticados positivos para la COVID-19, de diferentes estratos socioeconómicos del país, en Colom bia existen seis estratos bajo 1 y 2, medio 3 y 4 y alto 5 y 6. Se realizó muestreo intencional para identificar a las personas participantes.
En la segunda fase se efectuó el trabajo de campo, se colectó y registró la información a partir de 45 entrevistas a profundidad realizadas a 27 mujeres y 18 hombres, cuyas edades oscilaron entre los 20 y 70 años, quienes acepta ron participar voluntariamente a través del consentimiento informado verbal, aprobado por el Comité de Ética de la Universidad. Dada la coyuntura actual, por la pandemia, las entrevistas se realizaron con el apoyo de tecnologías virtuales, que se adaptaron a las preferencias de cada participante, se usó la llamada telefónica y plataformas como Zoom® o Meet®. Con el propósito de resguardar el anonimato y la confidencialidad de las personas participantes a las entrevistas se les asignó un código alfanumérico consecutivo.
En la última fase, la analítica, toda la información se registró en dispositi vos de audio, que luego fueron transcritos y procesados en el software Atlas. ti®, para el respectivo proceso de organización, codificación y análisis de las categorías establecidas.
Principales Hallazgos
El contagio: La normalidad volvió y esa normalidad pues propició la enfermedad
La vivencia con la enfermedad se experimenta desde el momento en que se muestran los primeros síntomas, que motivan a las personas a realizarse la prueba de la COVID-19. Se presentan diversas manifestaciones de la enferme dad, no existe un patrón único, algunas personas tienen síntomas leves y otras se complican.
Me empecé a sentir mal, llamamos a la EPS y de ahí nos dijeron que tenía que ir por urgencias. Allá me encontraron la saturación muy bajita y me dejaron hospitalizada. Me dio una neumonía que me colapsó los dos pulmones, estuve muy mal. Uno con esa enfermedad se siente más allá que aquí, uno no puede respirar, duré once días que no comía, me dio mucha diarrea, fiebre, no era capaz de mover el cuerpo, cuando me iba a levantar las piernas no me respondían, mucho desaliento, dolor de cabeza. Estuve 22 días hospitalizada. (M17)
Tenía dolor de cabeza, luego me dio fiebre, perdí el olfato y el gusto, dolor muscular y una debilidad, que yo me sentaba y me iba para otro lado, mucha congestión en el pecho y flemas, me sonaba el pecho. Duré una semana durmiendo sentada y ni podía dormir de la misma fatiga y cansancio, me sentía muy mal, hasta lloré y le dije a mi esposo que me llevará al médico y fuimos al consultorio de la EPS y el doctor me dijo vamos a hacer una prueba que salé en 4 horas, luego me dijo, toca que se vaya para su casa, porque le salió positivo. (M24)
Tuve pérdida de olfato y de gusto, dolor de cabeza, malestar general. Llamé a la EPS para que me hicieran la prueba y como no venían entonces me fui para la clínica, me ingresaron por urgencias. Me encontraron mal los signos vitales, me diagnosticaron neumonía, me hicieron tres veces la prueba y a la tercera vez me salió positiva. (H17)
En ocasiones se tiene claro el momento en que se adquirió el virus, al gunas personas manifestaron que pese a las medidas de prevención imple- mentadas de manera permanente el mínimo descuido ocasionó el contagio. En otras oportunidades, el transcurrir del tiempo y la sensación de mitigación en las medidas implementadas por el gobierno, generó que las personas se relajaran y asumieran comportamientos de falsa confianza.
Tuve contacto con una persona que estaba enferma pero que en ese momento no sabía que se trataba de Covid, estuve muy cerca de ella en una comida y fue el momento en el que nos quitamos el tapabocas para comer y tres días después empecé a sentir malestar general, fiebre, dolor de cabeza, dolor de ojos, dolor muscular, dolor de huesos, inapetencia, la fiebre me duró una semana. Al quinto día empecé a sentir ganas de permanecer todo el tiempo acostado, dificultad para respirar, diarrea, no tuve pérdida de olfato ni del gusto, también tuve tos. Para ese momento yo ya llevaba una semana y me sentía muy agotado, la fiebre persistía. (H18)
Estábamos muy cerca de la enfermedad, la tensión, el nerviosismo, la ansiedad, psicológicamente afectados. Y se fue normalizando y cuando se normalizó nos relajamos y nos dio, o sea, nosotros fuimos muy cuidadosos, hasta nos fuimos a una finca a construir una parcela para evitar todo esto, y resulta que ya la normalidad volvió y esa normalidad pues propició la enfermedad. (H17)
Las complicaciones dadas por la COVID-19 en la salud física de las perso nas generan un impacto psicológico asociado al temor por la muerte, lo cual afecta también su salud mental.
Cuando a mí me diagnosticaron Covid, supe de varios amigos que trabajaban conmigo que fallecieron por Covid y todo eso me dio muchos nervios. En la empresa donde yo trabajo han muerto cuatro compañeros por Covid, todos conductores de taxi. (H10)
Eso tuvo un viraje mental muy delicado, hubo días en los cuales pensé que iba a terminar muriendo, pero cuando ya viene el proceso de recuperación vino el aliento y un deseo de salir adelante de esta enfermedad, cuando ya dejé de hacer fiebre me dije “ya estoy del otro lado”. (H18)
La gente no está haciendo caso a lo que le dicen. Yo le diría a la gente, que eso es terrible, que se pongan la mano en el corazón y se cuiden. Uno antes era incrédulo, uno no cree, uno pensaba uno qué se va a enfermar, pero después que me enferme fue terrible, yo pensé que me iba a morir. Hay personas que se alientan y otras que se agravan y mueren. (M24)
La vivencia de la enfermedad genera conciencia sobre las implicaciones de la misma y, por tanto, se extreman las medidas de autocuidado para evitar una posible reinfección.
Se da uno cuenta de todos los cuidados de bioseguridad y como yo ya tuve Covid, no saludo a nadie de mano ni un abrazo. (H10)
Hay otra parte que no nos deja contentos que es la reinfección. Tengo ahora una disciplina de seguir los mismos cuidados como si no me hubiera dado la infección, uso el tapabocas todo el tiempo, practico el aseo de manos y el distanciamiento. Debo seguir estricto con eso. (H18)
La dinámica familiar: Todo en la casa cambió mucho
El hecho que un integrante de la vivienda se contagie por la COVID-19 alte ra completamente la dinámica familiar, específicamente en hábitos de aseo, en compartir utensilios y espacios. Lo que antes era compartido de manera cotidiana, ahora se convierte en un ritual donde se extreman las medidas de cuidado, de autoprotección, de higiene. Se demarcan espacios, se asigna a la persona contagiada sus implementos de aseo y el menaje de cocina para que sean utilizados de manera exclusiva.
Todo en la casa cambió mucho, como yo he estado todo este tiempo aislada tengo mi baño aparte y mi hijo me deja la comida afuera de la habitación. Hasta ahora es que he podido salir para la cocina. (M17)
En la pieza en una mesita poner mi plato, mi cuchara, mis cubiertos, mi cepillo y mis cosas. Cuando tenía que ir al baño, mis hijos se encerraban y mi esposo se iba para otro lado, y luego desinfectar todo lo que yo tocaba, yo le echaba alcohol y luego me encerraba y así ellos salían. Yo estaba en la pieza encerrada todo el día, y cuando hablaba me fatigaba mucho. (M24)
Luego de conocer los resultados me pongo en aislamiento, en el apartamento quedo totalmente aislado, aunque algunos espacios sí los comparto con mis compañeros de apartamento, como por ejemplo la cocina. Pero cuando yo la usaba ellos no estaban, fuimos bastante cuidadosos. (H9)
Las rutinas de aseo y desinfección se intensifican en el hogar no solamen te por las recomendaciones generales de prevención del virus, sino por tener en la familia un integrante con COVID-19, para así evitar que otros integrantes se contagien.
Hubo más cuidados en el tema de la limpieza de los baños y de los utensilios de la cocina. Más cuidados en el uso del jabón, el alcohol y el uso de los desinfectantes para poder mantener la tranquilidad. (H14)
Todo me lo tenían aparte y como tenemos sólo un baño, se limpiaba cada vez que yo lo usaba. En cuanto a las rutinas de desinfección en la entrada teníamos vinagre y alcohol, ya adentro uno mantiene limpiando los baños y todo, pues la limpieza ha sido un poco más severa y más seguida, pero yo ya tenía desde antes algo de eso, tengo los platos separados de cada quien y cada uno tiene su vaso individual. (M20)
En la EPS me dijeron que me aislara y cumplí con todos los protocolos de bioseguridad, en una pieza solo. Me pasaban la comida, pero en plato aparte. Para ir al baño que usamos todos, entonces, lo limpiaban todo con alcohol y cloro, cada vez que entraba. Las niñas y mi mujer no se contagiaron. (H15)
Esta cotidianidad alterada genera incomodidades entre los integrantes de la familia, lo que se agudiza en los casos en los que la vivienda cuente con espacios reducidos, como un solo baño, pues el contagio amerita distancia- miento y al estar en espacios no muy amplios lo dificulta, conminando a des tinar espacios para usos diferentes a los que han sido creados.
Todo ha sido incómodo, a cada uno le toca estar en su habitación. A mi hijo ya no le toca ir a la universidad, sino que lo mandaron a estudiar a la casa entonces, él adecuó la parte de arriba donde tenemos el lavadero porque allá hay más silencio. Los otros si no están trabajando están en su cuarto, mi hijo mayor tiene problemas psiquiátricos y para él también ha sido muy duro todo esto sin poder salir. Lo de las horas de las comidas también cambió, cada uno come en su habitación ya casi no lo hacemos en el comedor. (M20)
Las relaciones interpersonales entre los integrantes de la familia también se alteran, se evita el contacto físico, los encuentros presenciales con familia res que no vivan en la misma vivienda se reducen o suprimen, lo que genera impacto en las emociones de las personas. Pese a evitar el contacto, cuando se presentan casos extremos como un familiar cercano enfermo se acude en su ayuda, así esto represente un posible contagio.
Fue un cambio terrible porque no pude volver a ver a mi familia, ellos no pudieron volver ni tampoco me pudieron ver cuando estuve en la clínica porque no los dejaban entrar. El encierro es muy tremendo y más el de la clínica porque para mí fue muy duro ver cómo se moría la gente que estaba al lado de uno. (M17)
Mi suegro vive con su esposa y dos hijos y resulta que todos se infectaron con el Covid, pero mi suegro se agravó, él vive al otro extremo de la ciudad, mi esposo no lo pensó y salió a ayudarlo porque vive en un segundo piso y tocó ayudarlo a bajar con una silla, estaba muy mal, tocó intubarlo, es un señor de 78 años con varios problemas de salud y pudo salir de eso. A raíz de eso fue que mi esposo se contagió. (M22)
Si bien tener un integrante de la familia con COVID-19 es difícil, altera la dinámica interna, los hábitos, las costumbres, entre otros; todo se complejiza cuando se presenta un fallecimiento, es un acontecimiento que marca la vida, que impacta de manera contundente a la familia.
Para nosotros la vida cambió radicalmente, en mi caso falleció un hermano, él era el mayor, fue muy difícil, muy difícil. Entonces para nosotros todo esto quedó marcado como algo traumático en esta etapa de la vida. Cuando a mí me dieron la salida de la clínica a él lo estaban internando, no fue por nosotros, a él le dio fue por otro lado porque nosotros no nos habíamos visto. Él tuvo también neumonía, pero él sí murió. A los demás de la familia que les dio tuvieron muy pocos síntomas, sólo pérdida de olfato, gusto y malestar, y hubo uno que fue totalmente asintomático. Como todos en la casa nos enfermamos nos preparábamos la comida y tés y cada uno en su cuarto, totalmente aislados, todos nos apoyábamos. (H17)
Mi papá fue el primero en enfermarse, se le empezó a cortar la respiración y lo llevamos a la clínica, inicialmente lo tuvieron en cubículo, luego lo pasaron a cuidados intermedios y desde ahí no supimos qué pasó, él falleció. Tiempo después llamaron a mi hermano y le dijeron que a mi papá le había salido la prueba positiva. (H14)
Cuando se tiene un resultado de prueba positivo para COVID-19 en oca siones se prefiere mantener en secreto el diagnóstico por temor a la censura social, al señalamiento como una persona contagiada, la cual se presenta posiblemente, por la aprensión al contagio. Pero la estigmatización agudiza la sensación de aislamiento que viven las personas con COVID-19.
Pues yo al principio no le dije a nadie por miedo al rechazo porque uno ve por televisión y por internet que hasta a los mismos médicos los atacan, no los dejan salir ni entrar a ningún lado. Entonces yo pensé lo mismo para mí y para mis hijos, eso no nos van a dejar salir ni para la tienda, pues a mis hijos les preguntaban, pero ellos decían que lo que tenía era otro tipo de malestar así los demás estuvieran sospechando. Cuando ya me dejaron salir, yo les decía que era que la prueba estaba muy demorada y que no me había llegado y cuando ya vi que todos estaban más calmados y me trataban bien pues ahí si les dije que la prueba me salió positiva. Así lo manejé con amigos y familiares. (M20)
Los vecinos nunca supieron, nosotros nunca les contamos, esa parte es un poco complicada. Con los familiares pues todos supieron y ellos nos llamaban todos los días para saber cómo estábamos, recibimos mucho apoyo de la familia. Algunos amigos muy cercanos también supieron y también estaban muy pendientes. (M22)
Cuando llegué de la hospitalización me di cuenta que la gente del edificio se me esconde porque todos vieron que llegué en ambulancia y el día que a mí me sacaron de aquí también fue en ambulancia. (M17)
Mi familia se enteró como al mes de haberme recuperado. Yo no le conté a nadie y todo el tiempo estuve encerrado en la casa. La única que sabía era mi esposa. (H14)
Por otra parte, también se presentan manifestaciones de solidaridad, de acompañamiento a través de la distancia de familiares y personas cercanas, a quienes se contagiaron por COVID-19, lo cual se convierte en estímulo y mo tivación para la recuperación.
Una vez ellos se enteraron del diagnóstico hubo una solidaridad diría yo, extrema, donde entran elementos que para mí son intangibles como son el apoyo psicológico, del apoyo a través de la oración y de ayudas espirituales. Pero el apoyo familiar como experiencia, porque yo inicialmente estaba llevando esto muy en solitario más que todo por no afanar a los demás entonces no había contado. Pero una vez conté, el apoyo familiar fue maravilloso y fue fundamental también para mi recuperación. (H18)
Nos comunicamos por teléfono, nos contamos las cosas, a una amiga el esposo le dio a otra a los hijos. Y uno está pendiente llamándolas. (M24)
De las secuelas y la atención en servicios de salud.
Después de superar la enfermedad las personas han experimentado secuelas, lo cual les afecta su salud física y mental, generando temor ante la expectativa si lo que están experimentando en la actualidad pasará o continuará de ma nera indefinida, lo que posiblemente incida en su dinámica diaria.
Ya me siento bien, pero le queda a uno como secuelas, quede con dolor de cabeza y he tenido la tos, esa tos no se me quita. Estoy con remedios caseros, sueros caseros, la manzana con uva y zanahoria, y, siempre permanezco con saco y bufanda. (M24)
Estoy muy preocupada porque no sé qué le pasa a los que nos ha dado coronavirus, pero a mí se me está cayendo mucho el cabello, dicen que son tres meses de caída de cabello, pero ya ha pasado mucho tiempo y entre la artrosis, el problema respiratorio y el cabello me tiene muy angustiada. (M20)
Todo esto hizo una sacudida en mi vida e hice unos cambios, uno sabe por la lectura de las imágenes, entonces, debo hacerme un control en seis meses porque no sabemos que la enfermedad genere un efecto degenerativo en el tejido pulmonar. (H18)
En lo referente a la atención por parte de los servicios de salud se en cuentran diversas experiencias, por una parte, las personas que solicitaron atención a las Entidades Promotoras de Salud -EPS- manifiestan que la res puesta fue negativa, que el servicio fue deficiente y demorado, motivo por el cual trataron la enfermedad con remedios caseros o medicamentos receta dos en farmacias o por conocidos y pagos por ellos mismos. En pocos casos consideran que obtuvieron un buen servicio, que les realizaron seguimiento.
En la EPS no me dieron nada. Me tocó a punta de remedios caseros para subir las defensas, aguas, jugo de mora con remolacha, jugo de guayaba con lentejas, para mantenerse y totalmente aislado en la pieza. Y lo que más me hizo fue la metolazona, fue la que me paró, yo me sentía muy cansando, sudaba demasiado, como si me echaran agua, me tocó tomar mucho líquido y suero, yo no dormía, me tocaba pararme a cada rato a cambiarme de camisa. (H15)
Cuando llevaba ocho días de enfermedad decidí ir a un centro de salud, pero al final no se dio, esa parte fue bastante crítica sobre todo en la esfera mental, fue bastante difícil porque honestamente, si hubiera terminado en un hospital o en una unidad de cuidado intensivo el chance de morir era alto. (H18)
Todo particular porque la EPS no se manifestó para nada, solo propagan da. Nosotros llamamos para solicitar la prueba y pasaron los días hasta que fue alguien a tomarme la prueba. Lo mismo para entregar los resultados pa saron como 20 días, malísimo el servicio. (H10)
En realidad, tengo que decirlo, me sorprendió mi EPS. Fueron muy rápi dos, la atención fue súper, el monitoreo me lo hicieron todo el tiempo, lle varon los aparatos para hacerme monitoreo en el apartamento, los médicos iban a la casa, hasta el día 14 me monitorearon. (H9)
Las personas que, por la evolución de la enfermedad, presentaron com plicaciones y tuvieron que ser hospitalizadas manifestaron experiencias ne gativas, por la alta cantidad de casos que demandan atención de urgencias u hospitalarias. Además, percibieron un trato particular que fue catalogado como de rechazo.
Lo que no me gustó fue la atención en urgencias, me decían que no se conseguía cama por lo que había mucha gente, también allá hacía mucho frío y eso también me hizo mucho daño. Uno pagando ese seguro y la atención en urgencias no fue buena. Durante 11 días estuve en urgencias y luego me pudieron pasar a hospitalización. En hospitalización la atención si fue muy buena, todo el tiempo estaban las enfermeras y la médica que me tocó también fue muy buena. (M17)
Pues eso si fue realmente traumático porque empezando que no estamos preparados para atender a tanta gente enferma y en las clínicas y hospitales hay algo de rechazo, a mí me pasó que cuando me iban a atender me dijeron “váyase para allá” de una manera muy despectiva, me mandaron casi que para la carretera. Me trataron muy feo, no me gustó. Ya después que me atendieron fue normal y todo lo demás bien. Los médicos allá parecían astronautas con esos trajes puestos y en la sala de pacientes respiratorios había cuatro personas: tres eran personal que trabajan ahí en la clínica y el único civil era yo, allí nos mantuvieron aislados. (M20)
Lo inesperado de la pandemia ha ocasionado que todo sea de una u otra forma un aprendizaje y un reto que ha sido asumido con entereza por parte del personal de salud, que ha tenido que empezar por identificar y conocer los síntomas, que han sido variados e inesperados, explorar posibles trata mientos; asumir jornadas extenuantes de trabajo; con escasez de personal, que en ocasiones es mal remunerado y con un tipo de contratación sin todas las garantías laborales; además de tener que prestar atención en una infraes tructura que no estaba preparada para el volumen de la demanda por enfer mos, que es deficiente e insuficiente, pero que, ante el avance de la enfer medad y el aumento de los casos se fue adaptando de acuerdo a los exiguos recursos destinados para el sistema de salud colombiano.
Discusión
Las personas que han tenido la COVID-19 manifiestan sus vivencias en tér minos de la experiencia del contagio, de los síntomas, del padecimiento de la enfermedad, de las complicaciones y los efectos para su salud física y mental. El tener un diagnóstico de positivo para COVID-19, genera incertidumbre, mie do y angustia, lo que produce efectos en el bienestar integral de las personas siendo así no solo un sentimiento sino un factor estresor a causa de las ame nazas percibidas sobre la vida, la salud, el contagio propio, de seres queridos y amigos (Brooks et al., 2020; Johnson et al., 2020).
En este sentido, uno de los estudios quizá más detallado sobre los im pactos psicológicos y las emociones es el desarrollado por (Balluerka et al., 2020), quienes a través de una metodología mixta con predominancia cualita tiva realizaron un análisis de éstas en las diferentes dimensiones relacionales del sujeto como: el espacio y la convivencia, las actividades laborales y aca démicas, los cambios en los hábitos, el consumo y el ocio. Lo que ratifica los hallazgos del presente estudio, donde la dinámica personal y familiar se vio alterada por la presencia de un integrante de la familia con COVID-19, lo que ocasionó reajustes en la distribución de los espacios y uso de los mismos, distanciamiento físico, y además del impacto en la salud física y en alteracio nes emocionales.
Las emociones y algunos comportamientos llegan a ser más intensos en aquellas personas que han sido diagnosticadas con la COVID-19 y pueden lle var al aumento de desordenes mentales. No obstante, el riesgo del aumento de patologías mentales ha estado latente. Los investigadores coinciden en que, las emociones disfóricas se asocian al incremento de síntomas de es trés postraumático, trastornos de ansiedad, de depresión (Broche et al., 2020; Brooks et al., 2020) y, además, como lo plantea (Ramírez-Ortiz et al., 2020) trastornos del sueño y complicaciones psiquiátricas por el aislamiento social.
Se destaca la responsabilidad y el cuidado de las personas que han pade cido la enfermedad como factores positivos, esto implica sobre todo la con ciencia del otro, de los otros y la identificación e incorporación de prácticas preventivas como el lavado de manos, la distancia social, el uso del tapabocas y el respeto a las medidas impuestas por los gobiernos nacionales y locales (Balluerka et al., 2020; Johnson et al., 2020).
En lo referente a las dinámicas familiares, la convivencia implica la re configuración del espacio familiar (Gaytán, 2020), se plantea la necesidad de repensarse algunos conceptos tradicionales de la sociología como el de hogar y familia, dado que la cotidianidad se condensó en un solo lugar, el cual se había venido caracterizado por ser un espacio moderno donde el sujeto bus ca descansar del mundo exterior y no es pensado para el desarrollo completo de la vida cotidiana. Esto, cobra vital relevancia, en especial en una época en donde las fronteras entre lo público y lo privado son difusas.
La situación de emergencia evidenció comportamientos contradictorios que van desde la solidaridad hasta la estigmatización y el señalamiento, del cuidado colectivo a la contravención de normas (Pizarro & Matta, 2020; Sierra, 2020). Situaciones que son expresadas por las personas entrevistadas, quie nes manifiestan que, por temor a la censura social, preferían mantener en secreto su diagnóstico.
Ante la pandemia la atención en salud ha tenido que asumir desafíos considerables, donde se ponen a prueba los sistemas sanitarios de todos los países que la viven (Solera & Tárraga, 2020). En este sentido, se han evidencia do sendas limitaciones en personal, infraestructura, capacidad institucional, garantías salariales, lo cual se constituye en un problema estructural que se complejizó con la COVID-19. Además de lo anterior, se presentan casos de señalamientos, discriminación y violencias a los que se han expuesto el per sonal de salud (Bedoya Jojoa, 2020).
Conclusiones
Las personas afectadas por el virus, independientemente de los estratos socioeconómicos, de las profesiones y ocupaciones, vieron alteradas las dinámi cas familiares y la convivencia, ocasionando un alto impacto psicológico res pecto al miedo a la muerte y a los efectos permanentes sobre la salud, es de resaltar que el apoyo familiar y de personas cercanas fueron fundamentales en el tratamiento y ayudaron a mitigar las consecuencias. Sin embargo, se re quieren investigaciones que permitan identificar secuelas o asociaciones de las personas que tuvieron COVID-19 con el estado de salud física y mental actual.
El convivir con un paciente con COVID-19 implicó tensión familiar, que dependiendo de las condiciones socioeconómicas facilitaron o agudizaron las dinámicas, por las recomendaciones y medidas que se requerían para evitar un posible contagio, en el caso de las familias que habitaban en viviendas donde cada integrante tenía un espacio físico personal fue manejable, pero los lugares reducidos y con hacinamiento se constituyeron en un reto para mantener las medidas de autocuidado y del cuidado de los familiares, lo que aumentó el estrés familiar.
El contagio se intenta mantener en el secreto de lo íntimo, del grupo de convivencia, básicamente por el temor a la estigmatización social, que agudi za la sensación del aislamiento y la pérdida de comunicación con los grupos habituales de interacción social. No obstante, en otros casos, también se re salta el incremento de la solidaridad frente a la noticia del contagio.
Con la pandemia se activaron mecanismos de interacción y comunicación que si bien antes se usaban no eran tan generalizados, las personas de dife rentes grupos etarios, incluyendo adultos mayores aprendieron a familiarizar se con la virtualidad, con las redes sociales, como una alternativa para estar en contacto con las personas cercanas.
Las personas experimentan diferentes tipos de secuelas, al superar la enfermedad de acuerdo con los criterios médicos, lo que se revierte en una pérdida de las posibilidades de recuperar cierto grado de normalidad física, emocional y social. Secuelas que no encuentran un adecuado manejo por parte de las instituciones y del sistema de salud ni una respuesta efectiva desde el punto de vista de la atención médica, provocando, en la mayoría de los casos, implementar tratamientos caseros por referidos.
Sin embargo, desde el punto de vista de las personas afectadas, si bien el sistema de salud se percibe de manera muy negativa, el personal médico y paramédico tiene una alta valoración por su labor y sacrificio para atender a los pacientes con COVID-19, entendiendo que para todos ha sido un apren dizaje doloroso y muy emotivo por las difíciles situaciones en la enfermedad.
Para el sistema de salud, en particular el colombiano, enfrentarse a la pandemia de la COVID-19 se constituyó en un desafío para el cual no estaba preparado, no se contaba con personal, infraestructura, ni recursos suficien tes, sobre la marcha se fueron adecuando instalaciones, se fue aprendiendo sobre el tratamiento de un virus desconocido, hasta ese momento. En este sentido se requiere investigar y reflexionar sobre el sistema y políticas de sa lud para tener evidencias que permitan aportar estrategias que aporten a la calidad de vida de los ciudadanos.
Se puede afirmar que ahora se tiene un familiar, amigo, conocido que se contagió o murió por COVID-19 es un dolor, un duelo y una solidaridad colec tiva de la pandemia que marcó la historia y ante lo cual quedan como apren dizajes que la solidaridad, el cuidado personal y del otro es fundamental para evitar un contagio masivo.














