Introducción
El suicidio se entiende como aquel acto que involucra tres componentes: la intención del individuo, la acción en sí misma y el resultado, que es la muerte. Como mencionaba García et al. (2019), el acto de suicidio se lleva a cabo con el propósito de terminar con la propia vida.
En estudios realizados por un miembro del grupo de investigación, Cañón y Carmona (2018), se afirma que las estadísticas de suicidio han crecido en distintos países a nivel mundial, principalmente en población joven. De igual manera, se observa en la investigación de Cha et al. (2018), que cada vez más se encuentra el crecimiento de la tasa de ideación suicida en estudiantes universitarios, quienes no le brindan la debida importancia a identificar los comportamientos autodestructivos o a pedir ayuda profesional. Asimismo, las conductas, ideaciones y suicidios consumados han aumentado significativamente al hacer la comparación con años anteriores (Jerónimo et al., 2021). A nivel mundial, se alcanzó el incremento máximo de la tasa del suicidio en el 2021 con 573.8 % (Lozano et al., 2023).
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2019), la tasa de suicidio se incrementó en los últimos años y se convierte en la tercera causa de muerte en los jóvenes entre los 15 y 19 años, además de mencionar una alerta por la incidencia de factores psicosociales relacionados con este. Investigaciones en países europeos, demuestran que la población universitaria propende hacia un alto riesgo de suicidio por encima del resto de la población (O’Neill et al., 2018), resultados similares a las investigaciones de Chile (Kobus et al., 2020) y Colombia (Bequis-Lacera et al., 2023).
Ahora bien, las razones por las cuales se ha encontrado que esta población es la más vulnerable ante el fenómeno del suicidio, es variable, ya que abarca ámbitos familiares, laborales, socioeconómicos, personales, interpersonales, entre otros, y se resaltan varios factores, como los personales, entre ellos, la identidad sexual, los estados afectivos y los fracasos e insatisfacciones en el campo académico (Modrego et al., 2020; Sindeev et al., 2019).
Sin embargo, se destacan los factores sociales de este fenómeno, que son los aspectos vinculantes, relacionales e interaccionales de la exclusión, la marginación o la aceptación y pertenencia (Di Rico et al., 2016; Franco et al., 2017).
Se cuenta, además, con las demostraciones derivadas de los estudios que particularmente relacionan las consecuencias de las prácticas de exclusión y marginación a las que está expuesta esta población, como el fracaso en las relaciones interpersonales y familiares, la desintegración del núcleo, la falta de comprensión y la falta de aceptación por formar parte de grupos diversos, la falta de funcionalidad familiar, la insatisfacción con las relaciones interpersonales, el rechazo, la discriminación, la marginación, los problemas interpersonales en ámbitos escolares, las violencias y los abusos (Castaño Castrillón et al., 2015; Di Rico et al., 2016; Franco et al., 2017; Pinzón et al., 2013b).
Lo anterior genera consecuencias como aislamiento social, la sensación de soledad, afecto negativo, interacciones, vínculos más débiles y desesperanza, que, de acuerdo con la revisión, cumplen con indicadores anímicos para tender a la autovulneración de la vida (Burgos et al., 2017; Di Rico et al., 2016; Parra et al., 2014). Por lo que se genera la pregunta: ¿cuál es la relación entre las prácticas de inclusión y exclusión social y el suicidio en jóvenes universitarios?
El artículo pretendió, desde una revisión documental, analizar el suicidio en jóvenes universitarios y su relación con las prácticas de inclusión y exclusión social. Realizado a partir de contrastes entre diversos resultados investigativos para lograr una reflexión significativa frente a este fenómeno que requiere ser visibilizado y acciones urgentes; a su vez, responde a los resultados investigativos de un proyecto terminado, del cual se deriva un trabajo de grado y distintos productos investigativos.
Por tanto, por medio de una revisión documental, aplicando la metodología Prisma, se llevó a cabo un análisis de los 20 artículos más pertinentes encontrados en varias bases de datos. Los métodos por los cuales se generó la búsqueda que se centraron en la generación de fórmulas booleanas con constructos validados en Tesauro UNESCO, refieren a las palabras clave: inclusión social, exclusión social, daño autoinfringido, suicidio, joven, estudiante universitario.
Método
En el aspecto metodológico, se construyó por medio de una revisión documental de literatura derivada de la metodología Prisma descrita por Moher et al. (2009), relacionada con la temática de los comportamientos autodestructivos (suicidio y autolesiones), y se utilizó el constructo de “estudiantes universitarios”. Para ello, se utilizaron diferentes bases de datos: ScienceDirect, PubMed y Scopus, pues estas proporcionan información científica y actualizada en áreas como la psicología, publicadas en diferentes revistas de interés.
Con este fin, para la estrategia de búsqueda se utilizó la fórmula booleana:
suicidio AND comportamientos autodestructivos AND exclusión OR inclusión AND estudiantes universitarios En cuanto a los criterios de inclusión, se seleccionaron varios artículos en castellano y en inglés del 2012 al 2022 (véase Figura 1), que abordaran como variable los comportamientos autodestructivos y que tuvieran como población objetivo a estudiantes, adolescentes o jóvenes adultos. En este caso, la disponibilidad o relevancia de los estudios identificados supone que el tipo de diseño de investigación no afecta la capacidad de obtener datos pertinentes para la revisión, teniendo en cuenta la naturaleza de los datos que se necesitan para cumplir con el objetivo propuesto.
Dado que cada base de datos presenta características únicas en cuanto a su cobertura temática, sintaxis de búsqueda y operadores booleanos disponibles, es fundamental emplear diferentes descriptores de búsqueda que limiten el acceso únicamente a las fuentes de información pertinentes para nuestro propósito (Sánchez et al., 2022). Esto permite optimizar la precisión y relevancia de los resultados obtenidos, garantizando así una revisión documental más exhaustiva y completa. A continuación, se presenta la Tabla 1 que contiene las fórmulas booleanas utilizadas en cada base de datos para hacer la búsqueda de los artículos.
En consonancia con lo mencionado anteriormente, la mayoría de los artículos que se encontraron se encaminaban a identificar los factores de riesgo de las prácticas de inclusión y exclusión social relacionadas con los comportamientos autodestructivos de estudiantes universitarios. Se obtuvo un total de 20 artículos como resultado de la revisión, considerando las búsquedas académicas e investigativas planteadas (véase Figura 1).
La Figura 2 muestra un diagrama de flujo de la metodología Prisma que se ha utilizado, contiene los criterios de inclusión y exclusión implementados para seleccionar los artículos.
Criterios de inclusión
Para la selección de los artículos que se incluirán en la revisión, se les dio prioridad a aquellos entre el 2012 y el 2022, los cuales tuvieran relevancia frente a los aspectos relacionados al suicidio, inclusión, exclusión, comportamientos autodestructivos y estudiantes universitarios. Se procedió a la realización del estado del arte y a la construcción del reporte.
Inicialmente, se obtuvo un total de 223 resultados de la base de datos Scopus. Después, se filtraron por año, reduciendo así la cantidad de artículos a 180. Continuando por esta línea, se aplicó el filtro por los idiomas incluidos en los criterios, a partir de lo cual se redujo la cifra a 169. Con relación al área de conocimiento, se da prioridad a la psicología y las ciencias sociales, lo cual se traduce en 50 artículos relevantes.
La exploración en ScienceDirect arroja 4398 resultados, los cuales se sometieron al filtro por año, donde se hallan 3304. Además, al tamizar con relación al idioma, surgen 3301 resultados. En el ámbito disciplinario de la psicología y las ciencias sociales, se identificaron 1752 artículos. Como etapa final, al filtrar por tipo de documento se encuentran 453 documentos apropiados. En la base de datos PubMed se hallaron 5823 resultados.
Al reducir a los criterios elegidos por periodo de tiempo se encontraron 4387 artículos. Por idiomas, se obtuvieron 1994 artículos viables. Además, se filtró por tipo de documento, identificando 507 documentos relevantes.
Por último, los artículos encontrados en las bases de datos utilizadas (Scopus, ScienceDirect y PubMed) se revisaron según los criterios relacionados con variables de interés como el año, el idioma y la cientificidad de la fuente. Como resultado, se excluyeron documentos como trabajos de grado, y se incluyeron únicamente los artículos presentes en las bases de datos científicas reconocidas. Se consideró expresamente el nivel de cientificidad al utilizar bases de datos que garantizan un mayor rigor en términos de reconocimiento científico.
Resultados
A continuación, se presenta en la Tabla 2 los resultados más relevantes en orden cronológico, que se obtuvieron al realizar la revisión y el análisis de cada uno de ellos.
Discusión
Limitaciones del estudio realizado
En la mayoría de los estudios revisados, se evidencia un uso predominante de muestras no probabilísticas por conveniencia, lo cual puede limitar la generalización de los resultados.
Los estudios revisados utilizan una variedad de metodologías para investigar el suicidio en jóvenes universitarios; en cuanto a las muestras, se observa una diversidad metodológica y temática significativa. Las investigaciones abordan desde los estudios descriptivo- correlacionales hasta las revisiones bibliográficas y los estudios exploratorios, utilizando principalmente muestreos no probabilísticos por conveniencia. Las muestras varían en tamaño, desde pequeñas muestras de conveniencia hasta estudios con más de mil participantes. Los instrumentos empleados incluyen cuestionarios validados como el Beck depression inventory y el Suicide behavior attitude questionnaire, orientados a evaluar factores de riesgo como el estrés académico, la depresión, la violencia intrafamiliar y el apoyo social percibido.
Se evidencia desde los constructos relacionales y la sistematicidad operacional de los conceptos, que la población más vulnerable y afectada por este problema son los adolescentes y adultos jóvenes, como se mencionaba en el artículo de Aguilar et al. (2020), en el que se concluyó que en los adolescentes, los factores de riesgo son mayores debido a los diversos cambios por los que atraviesan en esta etapa; entre ellos, factores de vulnerabilidad, situaciones familiares, situación socioeconómica, trastornos mentales, consumo de sustancias psicoactivas, la estima, el maltrato, las redes sociales, entre otros, que dependen, muchas veces, de la manera en que los padres manejan la situación. Lo cual se vincula con la investigación en la que encontró que el riesgo suicida se ubica en un nivel alto del 39.8 % principalmente en las familias en las que se presentan condiciones de vulnerabilidad, y se utiliza el estilo de crianza indulgente con una media del 53.4835 (Andrade et al., 2016).
Según indica el autor anterior, el factor de ser joven conlleva otra cantidad de factores que predisponen a los comportamientos autodestructivos, como se evidencia en un artículo donde Faure (2018) afirma que entre mayor sea el dolor manifestado por el adolescente, asimismo será el riesgo de conducta suicida. Lo cual tiene similitud con lo encontrado por Contreras y Dávila (2020), los cuales identifican que la autoestima y la depresión poseen un efecto directo en la ideación suicida, que se presenta mayormente en la adolescencia y se puede aseverar aún más hasta antes de los treinta años.
Si bien, es necesario mencionar los diferentes factores de riesgo que pueden relacionarse con la condición de ser joven y con los comportamientos autodestructivos que se pueden presentar. De esta manera, la desesperanza es de los comportamientos de riesgo de suicidio más prevalente y se resalta que es la única que mantiene una relación con las interacciones y búsqueda de aceptación social (Agudelo et al., 2019; Hidalgo et al., 2019). Lo anterior mantiene una correlación con las conclusiones planteadas en el artículo realizado por Landa et al. (2022), donde se encuentra que la presencia del sentido de la vida, el apoyo interpersonal y la esperanza mantienen una relación inversa con el riesgo suicida.
En el reporte científico realizado por Bahamón et al. (2018), se observa que un factor de riesgo para la conducta suicida es la presencia de rechazo por parte de la familia o una familia conflictiva. Así como también se resaltó la importancia del trato que se le da al adolescente, en relación con su capacidad de interacción social y el cómo este se empieza a percibir a sí mismo. En la misma línea, en un estudio, el 30.3 % de los estudiantes indicaron estar en un nivel de riesgo suicida alto y, además, el 50.0 % de la muestra indica no tener un vínculo emocional fuerte y estable en la familia, o una funcionalidad familiar caótica, mientras que aquellos que estuvieron en un nivel bajo de riesgo suicida indicaron tener una familia semirrelacionada (Bustillo et al., 2017).
En esta línea, según un estudio, el 43 % tiene padres divorciados, lo cual se considera uno de los factores de riesgo inmodificables como la disfunción familiar, que incrementa el riesgo de la ideación suicida (Ortega et al., 2012).
Análogamente, el maltrato, abandono o aislamiento social, la disminución de la calidad de su red familiar al estar alejados de ella, genera un alto riesgo de conducta suicida (Gómez, 2020; Pinzón et al., 2013b). Por tanto, en general, se concluye que las ideaciones suicidas tienen conexión directa con las malas redes de apoyo (Sindeev et al., 2019).
Teniendo en cuenta la información bibliográfica acerca del suicidio en la población de la comunidad LGBTI, en un artículo de Modrego et al. (2020), se encontró una mayor demanda asistencial de hombres transexuales jóvenes con comportamientos autolesivos en una cohorte de personas trans en la Comunidad Valenciana. Por otra parte, en los artículos de Acosta y Tiuma (2021) y Veras et al. (2022), se halló que hay cierta relación entre las altas tasas de suicidio en esa población y los prejuicios, la discriminación, la violencia y el abandono familiar.
De manera contraria, un factor protector ante este riesgo son los vínculos con espacios sociales y la visibilidad de que la comunidad tenga una pareja reduce la probabilidad de tener pensamientos suicidas en la población LGBT (González et al., 2019). Relacionado con lo anterior, se identifica en un artículo llevado a cabo por Woodford et al. (2018), que las formas de discriminación guardan una relación como factor de riesgo ante el suicidio en los estudiantes LGBTIQ+. Mientras que la resiliencia psicológica ayuda a fortalecer la salud mental de los estudiantes y reducir la prevalencia de la victimización.
Dentro de este marco, en un artículo efectuado por Busby et al. (2020), la victimización interpersonal y la discriminación en estos estudiantes se asocian con factores como la depresión, historiales de intentos de suicidio y autolesiones no suicidas. De este modo, a partir de estos efectos, se refleja una relación importante entre el bajo autoconcepto con una posible conducta suicida (Pérez y Salamanca, 2017).
Este caso se puede asociar con factores como la exclusión, que según una investigación realizada por Hames et al. (2018), tiene una relación significativa entre la exclusión social y la capacidad para predecir los niveles de autoagresión, además del rechazo social que puede operar sobre las vías del dolor físico en el cerebro y es posible que la exclusión social facilite la transición de la ideación suicida a la conducta suicida.
En relación con la salud mental de los estudiantes, según un artículo de Benjet et al. (2019), existe una necesidad y un interés de los estudiantes por acceder a los servicios de salud mental en su universidad, lo cual permitiría que se dé correctamente la promoción de salud mental y prevención de estos comportamientos autodestructivos. En el caso contrario, de acuerdo con los resultados del artículo de O’Neill et al. (2018), los estudiantes le dan poca relevancia al tratamiento, y solo unos pocos deciden pedir ayuda, dando cuenta del estigma que aún persiste frente a la enfermedad mental; incluso, teniendo en cuenta que las tasas de comportamiento suicida son altas, específicamente en el intento suicida, lo cual se relaciona con la ausencia de estrategias de afrontamiento frente al estrés, la ansiedad, entre otros (Bahamón, 2019).
Dentro de esta línea, aspectos como la soledad son determinantes en la salud mental y en el bienestar (Bojórquez et al., 2021). Como consecuencia, el autodesprecio tiene una relación directamente proporcional con el factor de riesgo suicida, mientras que la inteligencia, claridad y regulación emocional, autoestima y autoconfianza tienen una relación inversamente proporcional con este (Agudelo et al., 2020; Gómez et al., 2017). En estudiantes universitarios, algunos factores predictores para las ideaciones suicidas, son la depresión y la carga percibida (Castro et al., 2022). Concordando todos, que las enfermedades mentales y disfunciones ejecutivas están relacionadas con el suicidio. En lo anterior influyen factores genéticos y ambientales como disfuncionalidad familiar, consumo de sustancias, toma de decisiones y dificultades académicas (Castañeda Ibáñez, 2016).
En concordancia con los factores de riesgo y los comportamientos autodestructivos, un artículo de Portela et al. (2019), en el que se aplicó un cuestionario estructurado y una prueba Chi-Cuadrado, concluyó que en el consumo de alcohol, tabaco y otras drogas, ser víctima de acoso escolar, tener antecedentes de intentos de suicidio y no asistir al curso deseado, son factores de riesgo para la ideación suicida en los estudiantes universitarios.
Al respecto, el estudio realizado por Carmona et al. (2017) aporta diversos factores de riesgo en estudiantes universitarios de Colombia y Puerto Rico, como interacciones conflictivas, abandono, soledad, desamor, pensamientos de muerte, devaluación personal y falta de sentido. También se mencionan factores protectores, como la reflexión, las redes de apoyo, los aspectos espirituales y los deseos futuros. Otros elementos de riesgo o detonantes de la ideación suicida incluyen la falta de trabajo, malas relaciones consigo mismo o con su familia (Blandón Cuesta et al., 2015).
En una investigación efectuada en Estados Unidos en 108 instituciones con 67 308 estudiantes universitarios, se determinó que en este grupo social se han identificado incrementos significativos en síntomas depresivos, ansiosos e ideaciones suicidas (Liu et al., 2019). Dando continuidad, la ansiedad y la depresión que aparecen y se incrementan, y como consecuencia, se empieza a buscar una forma de subsanar ese malestar emocional, por lo que se recurre al consumo de sustancias, lo que, a largo plazo, empieza a generar una alteración en el estado emocional, que, a su vez, también está relacionado con los antecedentes familiares y la predisposición genética (Restrepo et al., 2018).
Al respecto, se menciona que, a nivel académico, el estrés y el síndrome de burnout se relacionan directamente con la ideación suicida, siendo factor de riesgo en estudiantes universitarios (Ardiles et al., 2022; López et al., 2016). Esta población está expuesta a muchas presiones contextuales a partir de las cuales pueden generar síntomas depresivos y ansiosos, que de no ser tratados a tiempo incurren en los comportamientos autodestructivos que constituyen un alto riesgo en el intento de suicidio (García y Arana, 2021).
Los programas académicos con mayor riesgo suicida, según un estudio de la Universidad de Manizales, son medicina (79.7 %), derecho (76.3 %) y psicología (70.3 %) (Cañón et al., 2012), teniendo en cuenta que los estudiantes de psicología “están en contacto permanente con problemas de salud mental” (Domínguez Mercado et al., 2016). Además de la carrera de enfermería que también se visibiliza con un alto nivel de riesgo de ideaciones o conductas suicidas (Gutiérrez et al., 2021; Vedana y Zanetti, 2019). Se observa mayor prevalencia en el género femenino, y se identifica la religión como factor protector, el consumo de sustancias como factor de riesgo y la estructura familiar como factor no influyente en ideaciones suicidas (Díaz, 2023; Sepúlveda et al., 2016). En el contexto de las redes de apoyo, la investigación realizada por Di Rico et al. (2016) demuestra la importancia de las relaciones sociales, en el riesgo suicida, donde la aceptación social y las sanas redes de apoyo son factores protectores directos frente al riesgo suicida y también en la autoestima y sentido de pertenencia. En relación con esto, diversos estudios demuestran que hay una asociación entre la ideación suicida, matoneo y acoso escolar, lo que aumenta la tendencia de síntomas de ansiedad y depresión, además de la baja autoestima ante las relaciones sociales; aquellos son factores que se relacionan con los comportamientos autodestructivos debido a los daños emocionales, lo cual permite dar cuenta del sufrimiento que conlleva la victimización de esas agresiones sociales (Ceballos et al., 2019; Miranda, 2020). Se hace relevante una revisión de diferentes bases de datos realizada por Sunde et al. (2022), donde se encontró que uno de los principales factores relacionados con un mayor riesgo de ideación suicida e intentos de suicidio serían la interacción social inadecuada, específicamente con sus compañeros o miembros de su familia. Así pues, se confirma que las agresiones sociales influyen de manera directa en el individuo, generando así consecuencias nefastas a nivel psicológico, relacional y físico, hasta el punto de llegar al suicidio (Peña et al., 2013).
Se comprueba, por tanto, que el acto suicida está muy relacionado con las dificultades en las relaciones interpersonales, escolares y familiares, como casos de violencia, maltrato, abuso, además de problemas individuales como la depresión, desesperanza, falta de recursos, de afrontamiento y de salud mental (Pinzón et al., 2013b; Salcedo et al., 2019). Las relaciones y el suicidio demuestran tener incidencia; así lo mostró un estudio que afirma la existencia de la influencia entre el funcionamiento familiar y los intentos de suicidio, a pesar de no demostrar una relación directa (Burgos et al., 2017). En Colombia, según las tasas de mortalidad por suicidio, en el 2019 se registraron 56 448 suicidios en el área urbana (Chaparro et al., 2019). Direccionado hacia los adolescentes, se encuentra que la relación que existe con los padres es determinante al existir ideaciones suicidas, ya que una red de apoyo débil, falta de protección familiar, violencias o abusos influyen directamente en las ideaciones (Garza et al., 2019). Resultados similares tuvo la investigación realizada en 17 universidades del mismo país, con una muestra de 1055 estudiantes entre los 18 y 25 años, encontró que los vínculos sanos y fuertes con el grupo familiar se traducen en factores protectores y menor riesgo suicida, y de forma contraria con los vínculos débiles (Parra et al., 2014).
Por otro lado, se encontró que los comportamientos temerarios y las negligencias en el autocuidado favorecen las conductas suicidas, ya que traen consigo afecciones físicas, emocionales, relacionales, comportamentales y perceptivas (Otoniel et al., 2021). De manera similar, otro estudio identifica una relación directa entre los comportamientos temerarios y las negligencias en el autocuidado con el suicidio, encontrando como factores de alto riesgo, el consumo de sustancias, el exceso de velocidad, el sedentarismo y los deportes de alto riesgo (Carmona et al., 2022).
Con relación a la prevención, para tener éxito es necesario identificar factores de riesgo y protectores, además de realizar programas dependiendo del tipo de población vulnerable (López, 2013). A partir de un estudio de Plutchik, se encontró que se debe guiar la intervención hacia el fomento del afrontamiento positivo ante adversidades y la aceptación de sí mismo, como las redes de apoyo tanto familiar como social (Suárez et al., 2019). De forma semejante, Tabares y González (2021) mencionaban que la comunicación es un factor de protección importante, ya que no solo proporciona una sensación de apoyo social, conocimiento sobre el tema y libertad de expresión, sino que también actúa como una forma de afrontamiento.
Aplicando un canon de integración sistemático desde la condición relacional, conceptual, se identifican dos aspectos críticos: la prevalencia de redes de apoyo insuficientes y la exposición a factores de vulnerabilidad significativos, junto con un incremento alarmante en las tasas de suicidio, tanto a nivel nacional como internacional. Este panorama evidencia la urgencia de abordar la problemática del suicidio, no solo desde la disciplina psicológica, sino también como un imperativo para la colaboración multidisciplinaria.
Conclusión
Se puede concluir que la población universitaria por las edades comunes que comprende es vulnerable y de alto riesgo de incidir en comportamientos autodestructivos y en el suicidio. La calidad de los vínculos de inclusión y exclusión, tanto a niveles familiares como al resto de los niveles sociales, tienen una relación de influencia mutua con el nacimiento de estas conductas, en un grupo diverso de adolescentes y adultos jóvenes. Situaciones que se centran en la exclusión, discriminación, rechazo, violencia, falta de comprensión y abusos son, precisamente, los aspectos psicosociales que podrían ser causales para el desencadenamiento de autolesiones, negligencias en el autocuidado, autodestrucción y hasta causarse la muerte.
En otras palabras, se llega a la conclusión de que la relación entre la incidencia del suicidio en jóvenes universitarios y las prácticas de inclusión y exclusión es importante y complicada. Se ha descubierto que los estudiantes que se sienten excluidos o marginados en sus entornos educativos tienen un riesgo mayor de sufrir problemas de salud mental, como pensamientos y comportamientos suicidas. La exclusión puede aparecer de distintas maneras, desde la discriminación abierta hasta la ausencia de apoyo emocional y falta de pertenencia. Los jóvenes universitarios que se enfrentan a estas barreras pueden sentir una gran alienación y soledad, lo que incrementa su vulnerabilidad al estrés y la angustia emocional.
A partir de lo anterior, es importante desarrollar estrategias de prevención basadas en factores protectores relacionados con la inclusión social, como la aceptación, la pertenencia, las redes de apoyo, la comprensión, la creación de relaciones asertivas en espacios universitarios, sociales y también familiares para brindar herramientas de apoyo, educación y acompañamiento y así disminuir el riesgo en el que se encuentran los miembros de este sector educativo.
Abordar el problema del suicidio en jóvenes universitarios requiere, en última instancia, un enfoque integral que reconozca y aborde las complejas interacciones entre la salud mental, la inclusión social y el bienestar emocional. Esto implica no solo implementar medidas preventivas específicas, sino también crear una cultura institucional que fomente la aceptación, la empatía y el apoyo mutuo entre todos los miembros de la comunidad universitaria.1


















