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Memorias: Revista Digital de Historia y Arqueología desde el Caribe

On-line version ISSN 1794-8886

memorias  no.58 Barranquilla Jan./Apr. 2026  Epub Jan 28, 2026

https://doi.org/10.14482/memor.58.121.526 

Artículos de Investigación

La historia del Viejo y el Nuevo Chagres (Panamá) en la memoria de sus habitantes

The history of Viejo and the Nuevo Chagres (Panama) in the memory of its inhabitants

GUILLERMINA ITZEL DE GRACIA1 
http://orcid.org/0000-0002-5554-6188

1Antropóloga y museóloga. Doctora en Sociedad y Cultura: Historia, Antropología, Arte y Patrimonio. Profesora en el Centro Regional Universitario de Coclé, de la Universidad de Panamá. Investigadora nacional I del Sistema Nacional de Investigación (SNI) de Panamá, guillermina.degracia@up.ac.pa https://orcid.org/0000-0002-5554-6188


Resumen

Presentamos los resultados de investigaciones documentales, historiográficas y de memoria oral acerca del Viejo y el Nuevo Chagres, como parte del proyecto multidisciplinar "Los orígenes del castillo de San Lorenzo y del poblado de Chagres" (FID22-013), con fondos de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación de Panamá (SENACYT). El proyecto arqueológico e histórico buscaba reconstruir la historia del Castillo de San Lorenzo, en la entrada del río Chagres (Colón, Panamá) y presentar los orígenes del antiguo poblado del mismo nombre, surgido durante la construcción de esta estructura militar que defendía la entrada caribeña del actual territorio panameño. Los chagreños vivieron en Chagres "Viejo" desde sus inicios en el siglo XVII hasta 1916, cuando las autoridades estadounidenses de la Zona del Canal los trasladaron a su ubicación actual. Por primera vez se recopilan fuentes que narran y sintetizan la historia del poblado en el contexto de la zona de tránsito de Panamá, entre los siglos XVII y XX, aquel que fue un nodo comercial intercontinental clave. Esta historia se entrelaza con dos entrevistas grupales y un taller realizado a tres grupos etarios de chagreños, comunidad ubicada en la provincia de Colón (Panamá), que revelan que los mayores de 50 años recuerdan detalles sobre la mudanza y algo de la rica historia del pueblo, mientras que las generaciones más jóvenes la desconocen casi por completo.

Palabras clave: Chagres; castillo de San Lorenzo; Zona del Canal; memoria oral; memoria histórica

Abstract

This document presents the results of a documentary, historiographical, and oral history investigation into the Viejo (Old) and Nuevo (New) Chagres. This work is part of the multidisciplinary project "The Origins of the San Lorenzo Castle and the Village of Chagres" (FID22-013), funded by the National Secretariat of Science, Technology and Innovation of Panama (SENACYT). The archaeological and historical project sought to reconstruct the history of the Castle of San Lorenzo, located at the mouth of the Chagres River (Colón, Panama), and to present the origins of the old village of the same name. This town emerged during the construction of this military structure, which defended the Caribbean entrance to what is now Panamanian territory. The people of Chagres lived in "Old" Chagres from its beginnings in the 17th century until 1916, when U.S. Canal Zone authorities relocated them to their current location. For the first time, sources are compiled that narrate and synthesize the village's history within the context of Panama's transit zone between the 17th and 20th centuries, for which it was a key intercontinental commercial hub. This history is interwoven with two group interviews and a workshop conducted with three age groups from this community located in the province of Colon, Panama. These interviews reveal that people over the age of 50 remember details about the relocation and part of the city's rich history, while younger generations are almost completely unaware of it.

Keywords: Chagres; castillo de San Lorenzo; Canal Zone; oral memory; historical memory

Introducción

No hay futuro para los pueblos sin un permanente ejercicio de la memoria, porque sin ella no se puede construir ni resguardar la identidad.

(Barela et al., 2009, p. 7)

En 1916, el pueblo de Chagres se convirtió en Nuevo Chagres al ser trasladado, a instancias de las autoridades norteamericanas, de la Zona del Canal de Panamá1. Este hecho dio lugar a esta investigación sobre historiografía e historia oral, que indaga acerca de los recuerdos de los actuales pobladores sobre el pasado de su pueblo, el traslado y la llegada de sus antepasados a la actual ubicación.

Se presenta aquí por primera vez lo que se conoce de la historia y el desarrollo de Chagres mediante una recopilación de fuentes primarias e historiográficas enmarcadas entre los orígenes del asentamiento en el siglo XVII hasta su traslado en 1916. Averiguaremos cómo pasó de ser un poblado al servicio del castillo de San Lorenzo a convertirse en el principal punto de acceso de bienes y personas al istmo de Panamá a mediados del siglo XIX. Esta compleja historia, conocida gracias a las fuentes escritas, contrasta con lo hallado tras la investigación de la memoria oral de los actuales chagreños, que poco recuerdan de la importancia de su antiguo asentamiento.

La historia oral, como metodología investigativa, indaga en los recuerdos de los actuales pobladores, utilizando la memoria histórica como recurso de cohesión social. Es una historia que posiblemente no se encuentra dentro de la versión oficial, pues la información proviene de quienes la construyen. Con el transcurrir de los años, estos relatos pueden transformarse, perderse o reinterpretarse; así que "no tendremos la oportunidad de conocer el testimonio de los protagonistas. Y aquí es donde adquiere su sentido la historia oral" (Barela et al., 2009, p. 6).

Esa historia oral se centra en la manera en cómo se recuerda y se trasmite lo recordado; es el origen del relato de lo vivido por sus protagonistas, del hecho relevante que merece la pena conservarse y trasladarse como conocimiento a los que vendrán. "La memoria es la raíz de la historia oral, puesto que esta última es una narrativa en la que se reconstruye el pasado" (Peppino Barale, 2005). En una investigación que emplea la metodología de la historia oral, el objetivo es explorar la memoria colectiva de las comunidades actuales, complementándola con las fuentes escritas. Como señala Laura Benadiba (2015, p.91), "la historia oral es un punto de encuentro entre diferentes disciplinas".

Este trabajo indaga en los conocimientos que los habitantes actuales tienen sobre los orígenes de su pueblo. Comienza con la presentación de los eventos históricos que dieron origen al poblado de Chagres, continúa con una síntesis de los datos historiográficos de sus transformaciones y, finalmente, con los hechos que llevaron al traslado de la comunidad desde su lugar de fundación a su ubicación actual.

En este primer acercamiento se partió de cómo la carga simbólica que posee la historia en ciertas ocasiones es percibida de diferentes maneras, viendo el pasado como algo que no está muy cerca de mí. Con esto en mente, se diseñaron entrevistas separando a los entrevistados en grupos etarios, cuya compilación y resultados luego se convierten en un documento oral (Benadiba, 2017). Las entrevistas grupales se dividieron de forma generacional (de 50 a +80 años y de 18 a 45 años), dando respuesta a las siguientes interrogantes: ¿Qué conoce usted sobre cómo, cuándo y por qué llegaron a la Comunidad de Nuevo Chagres?; ¿Sabe si esa información es una leyenda o un mito?; ¿Quién le enseñó a usted esa historia que nos acaba de contar?; ¿Qué le ha enseñado usted a sus hijos/as de esa historia?; ¿Qué le gustaría que se enseñase sobre la historia de su pueblo? (ver tabla).

Adicionalmente, se llevó a cabo una charla-taller con una presentación dirigida a estudiantes de educación básica de la escuela de Nuevo Chagres, realizada por los propios arqueólogos que dirigieron el proyecto de investigación, que versaba sobre la historia del asentamiento. Para ahondar más en el tema se realizó también una encuesta que permitiera conocer más acerca de lo que sabían de la historia de su pueblo, tanto a los propios estudiantes como a su docente.

Tabla. Muestra de participantes en las entrevistas 

Grupo Focal Hombres | Niños Mujeres | Niñas Total
GF 01 (50 a +80) 8 8 16
GF 02 (18 a 49) 3 7 10
Taller con estudiantes 14 21 35

Fuente: elaboración propia.

La memoria e historia oral

La oralidad de la memoria, especialmente cuando se nutre de relatos históricos, desempeña un papel esencial, ya que permite a las personas recordar y transmitir lo que han escuchado. Este proceso, aunque sujeto a distorsiones, refleja la riqueza y la subjetividad inherentes al acto de recordar, transformando los hechos históricos en narrativas que combinan lo vivido, lo contado y lo reinterpretado. Al final, "un documento oficial no podrá transmitir nunca los sentimientos, las dudas, las contradicciones en juego en una revolución, en una huelga o en cualquier situación en la que intervenga el hombre" (Barela et al., 2009, p. 6).

En el caso específico de los actuales habitantes de Nuevo Chagres y su relación con su nuevo asentamiento, este proceso de transmisión de la memoria oral puede remontarse a más de un siglo atrás. Sin duda, como señala Fernando López (1991) acerca de que "el entrecruzamiento de sus historias y recuerdos, y aún sus omisiones y contradicciones, pueden permitir la creación de una historia más colectiva" (p. 17).

En un enfoque inicial, podemos conceptualizar la memoria como la suma total de los recuerdos de una persona o, en un sentido más amplio, como la capacidad cognitiva para almacenar y recuperar información. Este concepto está intrínsecamente ligado al proceso de aprendizaje y al almacenamiento de los conocimientos (Benadiba, 2015).

La memoria es la raíz de la historia oral, y esta última es una narrativa en la que se reconstruye el pasado a partir de los recuerdos del entrevistado. La historia oral se refiere a la producción y uso de las fuentes orales para la reconstrucción histórica (Peppino Barale, 2005). Por ello, durante el trabajo de campo se buscó indagar en tres generaciones diferentes, con el objetivo de analizar cómo, a lo largo de este siglo desde la mudanza del pueblo en 1916, los pobladores han preservado y transmitido las ideas sobre la fundación y el traslado de su asentamiento.

De esta forma, los recuerdos se transforman en historia, y esa historia oral "pone en valor las fuentes orales, y recupera de este modo un espacio para la historia no oficial" (Barela et al., 2009, p. 7). Más allá de esto, otorga protagonismo a las voces de quienes forman parte de la historia, y aunque no se está diciendo que se le está dando voces a los que no la tienen, lo que se busca es entender qué conocen y cómo buscan transmitirla y, por otro lado, reconstruirla, y si esto fortalece su sentido de pertenencia y arraigo con su grupo social.

Este primer acercamiento, que combina la historia formal con la oral, puede demostrar que este proyecto ha sido una herramienta valiosa para reflexionar sobre este acontecimiento, la mudanza, que fue un parteaguas que marcó la historia del pueblo tanto a nivel individual como colectivo. En particular, el uso de la historia oral para recopilar información y contrastarla con las fuentes escritas ha permitido generar un diálogo colectivo y abre la posibilidad de nuevas investigaciones sobre cómo se aprende y se enseña la historia.

Las fuentes escritas: fundación de Chagres y la defensa del istmo de Panamá

Las fuentes más tempranas conocidas sobre Chagres son los documentos y planos relacionados con el castillo de San Lorenzo, ya que el pueblo surge a raíz de la construcción de la fortaleza. La desembocadura del río Chagres era un punto estratégico de comercio y defensa del reino de Tierra Firme, ya que se trataba de uno de los puntos de paso obligado del Camino de Cruces, como una de las dos rutas principales para atravesar el istmo, en el trajín de la Carrera de Indias. A pesar de su temprana importancia, la boca del río estuvo despoblada e indefensa durante casi todo el siglo XVI, pero ante las incursiones de piratas, desde mediados de ese siglo, que perturbaron el flujo comercial y la seguridad del reino (Castillero Calvo, 2016; 2019b; Delgado et al., 2016; Moreyra y Paz-Soldán, 1950; Quiles y Marchena Fernández, 2021), se decide defenderlo, y hacia 1597 inicia la construcción del castillo, junto al cual se estableció el pueblo de Chagres (Castillero Calvo, 2016; 2019b; Delgado et al., 2016; Moreyra y Paz-Soldán, 1950; Quiles y Marchena Fernández, 2021). Este toma su nombre del río, que a su vez toma el nombre del "cacique viejo" llamado Chagre, jefe indígena de "la lengua de cueva" que acompañó y guio a los españoles en 1533 en su exploración en busca del sitio para establecer el puerto fluvial de Venta de Cruces (Castillero Calvo, 2016, pp. 30-32; Jopling, 1994, pp. 5-7).

La imagen más temprana del asentamiento está en el plano de Cristóbal de Roda de 1620, que junto al castillo muestra unos bohíos sobre la playa al pie del acantilado con el texto "alojamiento de los negros que sirven el Castillo" (Archivo General de Indias [en adelante AGI], MP-Panamá, 36), lo que apunta a que los primeros pobladores eran africanos esclavizados traídos para construir y servir las necesidades de la fortaleza. Con el tiempo, la población de Chagres aumenta y va cobrando importancia como uno de los puertos de la ruta del Camino de Cruces, en el que convivirían personas de todas los castas y estamentos, esclavizados y libres. Así lo establece, por ejemplo, el plano de 1689 de Juan Bautista de la Rigada, que ilustra el pueblo junto al frente de tierra del castillo, ya en lo alto del acantilado y lo señala con la letra "q" en la leyenda del mapa: "son los quarteles donde viven los negros y negras del Rey, y los libres y vivanderos" (AGI, MP-Panamá, 116). Es decir que convivían personas esclavizadas junto a aquellos libres que ya residían allí y llamaban a Chagres su hogar.

Los residentes se dedicaron durante la mayor parte del período colonial a la economía de subsistencia alrededor de las necesidades del castillo y a los servicios conexos del transporte del comercio internacional que pasaba por el sitio, como el hospedaje y la alimentación. Sin embargo, los dueños del negocio de los bongos y chatas para navegar el río usualmente eran miembros de la elite que vivían en Panamá, Nombre de Dios o Portobelo y podían financiar las embarcaciones y sus tripulaciones, las cuales -con excepción del proel o arráez- estaban conformadas por mano de obra esclavizada, aunque asalariada, de quienes se desconoce dónde vivían o pernoctaban (Castillero Calvo, 2016, pp. 519-528). Los chagreños podían también unirse a la defensa del San Lorenzo como fuerzas milicianas, aumentando significativamente la tropa que salvaguardaba la principal entrada al reino. Distinguirse en el servicio militar constituía una de las mejores opciones para el ascenso social y el prestigio personal de cualquier hombre (Castillero Calvo, 2019a; 2019d).

A lo largo de su historia, Chagres ocupó distintas zonas de la desembocadura del río (Pourcelot, 2020), y en sus inicios estuvo ubicado a un costado del San Lorenzo, posiblemente sobre una playa, hoy sumergida, según los mapas más antiguos. Cuando se construye la segunda versión del castillo, en la década de 1650, en la parte superior del acantilado, es de suponer que el poblado también fue trasladado, pero no se han encontrado documentos que corroboren la fecha de esta mudanza ni sabemos nada de sus pobladores hasta más tarde. Después del ataque del corsario británico Henry Morgan en 1671, la documentación de archivo discute pormenorizadamente los esfuerzos de reconstrucción de la fortaleza (amplia documentación en AGI Panamá, 88 y 89). El primer documento encontrado es un informe de 12 de junio de 1672, en el que oficiales de la Real Hacienda en visita al sitio de Chagres para inspeccionar los trabajos de reconstrucción del castillo, todo en la cima del acantilado, informan que:

...se ha enviado desde Portovelo canteros y albañiles y desde esta ciudad de Panamá 70 negros y negras por cuenta de su magestad... se llevó un negro carpintero, 39 indios…asimismo nos consta que las habitaciones que había en dicho castillo no están de servicio por ser de paja por lo cual se están haciendo cuarteles de madera y teja para la vivienda de la infantería y naturales y bohíos para los negros para su mayor resguardo por no haver cosa de provecho ni estacada ni defensa alguna. (Romero Parrilla et al., 1672)

Por lo tanto, se construyeron nuevas casas para alojar a todos estos trabajadores, y es posible que muchos permanecieron en el sitio después de terminada la obra. De este modo, estas personas se habrían podido sumar a los supervivientes del ataque de Morgan para refundar el pueblo, que ya desde ese entonces es habitado sin interrupciones hasta el siglo XX. El primer plano en corroborar esta situación es de autor anónimo, fechado por el AGI en 1675, en el que se ven dos edificios hacia el este del castillo y que en la leyenda son descritos como "vivienda de los negros, enfermería y oficinas" (AGI, MP-Panamá, 287). Poco después, el plano de Juan Bautista de la Rigada en 1689, como vimos arriba, muestra el pueblo inmediatamente fuera del frente de tierra del castillo, pero en algún momento anterior a 1740 se mudó un poco más afuera, alejado de las baterías. En diciembre de 1735, Jorge Juan y Antonio de Ulloa pasan por Chagres y lo describen como compuesto "... de casas de paja, cuyo vecindario consta de negros, mulatos y mestizos; gente toda valerosa, y que toma las armas cuando es menester, y acrecienta triplicadamente la guarnición del castillo en ocasión." (Juan y De Ulloa, 1748, pp. 146-147)

En otra publicación de los mismos autores sobre el mismo viaje mencionan que la fortaleza:

…aunque tenía el pronto recurso de ser socorrida por el vecindario de un pueblo llamado San Lorenzo de Chagres. y se compone de 40 á 50 casas de paja, y como de 400 personas, de las cuales se podían sacar hasta 100 hombres de armas, entre negros, mulatos y otras castas de que se componen las familias del pueblo; este socorro se consideraba bastante para la corta guarnición del fuerte, que se componía de 86 hombres en todo. (Juan y De Ulloa, 1918, p. 158).

Es decir, que de las cuatrocientas personas en Chagres, casi un tercio eran hombres adultos o en edad de portar armas. Es de presumir que los hombres no estaban constantemente en el servicio militar y que junto a las mujeres se prestarían a actividades de servicio para el castillo, tareas de subsistencia, y también al servicio del transporte y el hospedaje ligado al comercio de la Carrera de Indias, como se vio antes. Es muy posible también que muchas de las personas en el pueblo fueran familiares del destacamento de soldados en el fuerte.

Se sabe que el 15 de abril de 1742, los propios chagreños, liderados por el comandante del pueblo, identificado como Juan Carlos, quemaron Chagres para evitar su posible captura cuando el vicealmirante británico Edward Vernon lo amenaza por segunda vez, luego de capturar el San Lorenzo dos años antes (Castillero Calvo, 2016, pp. 448-6). Después del incendio, el pueblo se reconstruyó muy cerca del frente de tierra, según los planos de 1745 y 1749 de Nicolás Rodríguez.

En la década de 1760, se acomete la reconstrucción y ampliación del castillo, lo que significó nuevamente la mudanza del pueblo, que fue movido entre 100 y 150 m hacia el este, al sitio donde se removió gran parte de un cerro y más allá. De seguro, la actividad constructiva en el castillo traería beneficios económicos a Chagres, debido a los movimientos de gente y materiales necesarios para la construcción y mantenimiento de las fortificaciones. Desde ese entonces, los planos muestran el paulatino movimiento del poblado, de las inmediaciones de la fortaleza hasta la playa junto a la desembocadura del río. Los relatos, mapas y fotografías del siglo XIX confirman que en la orilla de esta playa, denominada "de la Aguadilla", se ubicó Chagres hasta su desalojo en 1916 (Pourcelot, 2020), incluyendo su iglesia, cuyos restos fueron redescubiertos y explorados en 2023 (figura 1) (Pourcelot et al., este volumen).

A mediados del siglo XVIII, España suspende la flota de Tierra Firme y la ruta panameña de la Carrera Atlántica pierde su importancia global, aunque continúa activa en el comercio regional. Es así como Chagres va tomando importancia sobre Portobelo como puerto para recibir gente y mercancías del Caribe, sobre todo de Jamaica, al formar parte del Camino de Cruces, la vía más barata y conveniente para el comercio transístmico, posición que se consolida y tiene su apogeo durante la Fiebre del Oro, entre 1849 y 1855 (Castillero Calvo, 2014; 2019b). Esto podría explicar el movimiento hacia la playa, ya que cada vez más vivían de los servicios al comercio marítimo y del tráfico fluvial, que de los servicios al fuerte (Pourcelot et al., este volumen). En 1790, los miembros de la expedición científica Malaspina describen Chagres como un pueblo de cien casas "de cañas cubiertas de paja, donde habitan 1300 personas, casi todos negros y mulatos", que solamente cultivaban arroz, plátanos y maíz (como se cita en Castillero Calvo, 2019b, p. 631). Estos productos con toda seguridad servirían para abastecer al pueblo y también a los viajeros, que realizaban una parada casi obligatoria.

Para 1812, Chagres es descrito en por Juan Domingo de Iturralde, en sus Noticias relativas al Istmo de Panamá, como un pueblo donde "...hay un Capellán Real con nombramiento del .Virrey., que al propio tiempo es párroco de la feligresía compuesta de gentes de todo color" (como se cita en Jaén Suárez, 1985, p. 160). Según el censo de 1822, la "parroquia" de Chagres contaba con 856 habitantes (como se cita en Lloyd, 1831, p. 90), y en 1836, el Dr. J. H. Gibbon estima que no pasaba de 700 (como se cita en Castillero Calvo, 2019b, p. 631). El viajero Gaspard Mollien afirma en 1823 que debido a su privilegiada posición de puerto, muchos de los moradores, aunque residían en viviendas de bambú con apenas algunos rústicos enseres domésticos -como cueros de vaca y sacos de harina en el suelo por camas-, tenían acceso a un gran poder adquisitivo debido a las ganancias que les proporcionaba el negocio de almacenamiento de bienes del comercio global, el transbordo de pasajeros y mercancías entre los barcos surtos en la bahía y el poblado, y el mismo negocio de tránsito por el río (como se cita en Lasso, 2021, p. 233; Mollien, 1824, pp. 411-415). Entrado el siglo XIX, cuando ya quedaban pocos esclavos en Panamá (Castillero Calvo, 2019c), este negocio ya estaba, presumiblemente, en manos de chagreños o de residentes de otros pueblos del río y sus tripulaciones eran hombres libres, como se atisba en varios testimonios de la época.

Las más detalladas descripciones de Chagres las brindan los viajeros que durante la Fiebre del Oro de California pasaron por ahí (ver Library of Congress, s.f.; Delgado, 1990; Delgado et al., 2016; McGuinness, 2003; 2008; 2019). Son muchos los testimonios, de los cuales resaltamos el de Theodore Johnson, que en 1849 dice que Chagres "consistía en alrededor de doscientas cincuenta chozas de bambú, con techos altos y puntiagudos de hojas secas de palma, situadas en un completo desorden -las calles exhibiendo los restos de una especie de pavimento crudo y llenas de una confusa mezcla de perros, cerdos, niños desnudos, negros y criollos" (1849, p. 14; traducción de los autores). A Johnson no le gustó, al igual que a Roger Auger (1854), quien estuvo ahí unos años después. Varios viajeros corroboran que la mayoría de los edificios eran de materiales perecederos como palma, o de "tablas de pino" (pine-board), como dice RobertTomes (1855, p. 100), lo que facilitaba la ocurrencia de incendios, como el de 1831, que por lo visto fue intencional y a manos del comandante del castillo, el irlandés Ruperto Hand (Castillero Reyes, 2012, p. 14), o el del 8 de diciembre de 1847, que quemó la mayor parte del poblado (Patiño, 1984, p. 53; The Illustrated London News, 1848).

La dama Emmeline Stuart-Wortley pernoctó en Chagres en un edificio que describe como una gran bodega de planta baja y un alto, con piso de barro, estructura de madera, pero con una pared lateral de mampostería, el techo de palma de gran altura y amplias ventanas sin vidrio, pero con postigos que permitían una buena ventilación con la brisa. Representa a Chagres como un pueblo de unas cien casas, casi todas hechas de "cañas de bambú" (podría ser cañaza o caña brava, posiblemente Guadua angustifolia), amarradas a una infraestructura de madera, y el techo de hojas de palma o ramas del árbol de cacao (1851, pp. 276-277). El Sr. Alexander Dunlop, quien estuvo en Chagres en 1851, es uno de los pocos que se refiere al pueblo en buenos términos y habla de una casa muy similar a la que acogió a la dama Stuart-Wortley, que él dice pertenecía al alcalde (Dunlop, 1852, pp. 4-5). El viajero Joseph Fabens habla de la mejor casa de Chagres en 1851 como perteneciente al Sr. Ramos, pero no especifica su cargo. Era una "mansión" con estructura de madera de piso y medio de altura, un portal enfrente, sobre el que se proyectaba el techo de palma y todo con un piso de pinotea muy regular, elevado sobre el terreno, que lo hacía mucho mejor que las chozas con piso de tierra. Anota también que los edificios del juzgado, municipio e iglesia eran difíciles de distinguir de las demás casas, ya que también estaban hechos de madera, caña y techos de palma (Fabens, 1853, pp. 108-110). Dunlop, al igual que Fabens, reserva sus peores palabras para la población de norteamericanos, a quienes llama "salvajes abominables", y que vivían en Yankee Chagres, efímero asentamiento del otro lado del río que solo existió durante la Fiebre del Oro, cuyo propósito era el de prestar servicios de viaje y hospedaje. Respecto a Chagres, habla de:

... está el antiguo pueblo español e indio, de casas bajas de madera y chozas mayormente, techadas con palma, y un viejo y rudo "granero" por iglesia, con las campanas colgando de una suerte de andamio, como un cadalso bajo, frente a ella. Aquí hay algunos ingleses y la población principal de Chagres, negros, mestizos, indios y españoles. El Alcalde tiene una casa aquí de la que hace una especie de posada, donde conseguí una fresca habitación en el piso de arriba. (Dunlop, 1852, pp. 4-5; traducción de los autores; ver también Heckadon Moreno, 1977)

Esta casa puede ser la misma en la que se hospedó la Sra. Stuart-Wortley. Dunlop además describe una "linda quebrada de agua clara" detrás del pueblo que corre al pie del acantilado donde está el castillo, donde tomó un "baño glorioso, refrescante, limpiador y civilizador" (1852, p. 5; traducción de los autores). Esta quebrada todavía existe y es mencionada por los chagreños de hoy como uno de los lugares que sus abuelos les resaltaban en sus memorias del Chagres antes de la mudanza.

Como estos viajeros, pasaron cientos de miles por Chagres durante la Fiebre del Oro californiano, que iban y venían de una costa a la otra de América del Norte (ver por ejemplo, Albery, 1914; Campbell & Campbell, 1999; Dwinelle, 1931; Hotchkiss, 1878; Jones & Rogers, 1961), que han sido sujeto de extensas discusiones historiográficas (Delgado, 1990; Kemble, 1938, 1990; McGuinness, 2008). Es cuando se produce el apogeo de Chagres como principal puerto de entrada de bienes y personas al istmo de Panamá, función que le había usurpado a Portobelo, como se dijo. Sin embargo, ambos pueblos fueron prácticamente olvidados por el comercio internacional y regional al culminar la obra del ferrocarril y surgir la ciudad de Colón en 1855 (Bidwell, 1865, p. 51; Lasso, 2021, p. 233).

Al encontrarse junto a una fortaleza militar y ser un sitio de importancia estratégica continental, los chagreños vivieron acostumbrados a la amenaza de ataques, ya sea por piratas o fuerzas regulares, como se vio en 1656, 1671, 1740, 1742, y muchos otros ataques menores no registrados por la historiografía (Castillero Calvo, 2016; 2017). Los últimos ataques conocidos tuvieron lugar en 1819,e cuando un capitán inglés de apellido Muller, desde Jamaica, atacó y saqueó Chagres (Weatherhead, 1821, p. 44), y cuando en 1831 las fuerzas del general Tomás Herrera se tomaron el San Lorenzo, que estaba bajo el mando del comandante Ruperto Hand, mientras se dirigían a Panamá para enfrentar la insurrección del coronel Juan Eligio Alzuru (Arosemena, 1999, p. 184).

No obstante, un hecho muy violento, pero poco conocido en la historiografía panameña, es el del enfrentamiento entre los chagreños y los habitantes de Yankee Chagres. Chagres nunca tuvo un buen puerto, debido a la turbulenta boca del río y los arrecifes de coral cercanos, lo que impedía que las naves de gran calado atracaran apropiadamente, sino que fondeaba en las cercanías, lo que obligaba a trasbordar a las personas y mercancías a la costa. Según los reportes locales, el conflicto comenzó el 12 de octubre de 1851, ante la pretensión de los bateleros norteamericanos de apropiarse exclusivamente de los trasbordos. Al inicio hubo una serie de discusiones que luego incluyeron peleas, disturbios y choques armados entre estos y los chagreños, que se alargaron por varios días. En el momento de mayor tensión, los chagreños subieron al castillo a refugiarse, pero también a apoderarse de los cañones abandonados y bombardear Yankee Chagres, mientras que tiradores norteamericanos respondían con sus rifles y preparaban dos pequeños cañones a bordo de un vapor en la bahía para responder el fuego. Muchas personas sufrieron en el fuego cruzado, con un saldo de entre veinte y treinta muertos y muchos heridos que acabó con un acuerdo diplomático de paz entre las autoridades neogra-nadinas y el cónsul norteamericano (McGuinness, 2008, p. 57; Panama Star, 1851a; 1851b; 1851c; Patiño, 1984, pp. 55-57; Richards, 1956, pp. 38-44). Llama la atención que una confrontación de esta envergadura, que sobrepasó en duración y víctimas al célebre "Incidente de la tajada de sandía" de 1856 (McGuinness, 2003; 2019) sea tan poco recordada por los chagreños o la historiografía nacional.

Nota. Se ve cómo el pueblo ya ocupa las colinas bajando del castillo y toda la zona de la playa, además de la ubicación de la iglesia, cuyos restos fueron documentados en este proyecto.

Fuente: Biblioteca Virtual de Defensa. Disponible en: https://bibliotecavirtual.defensa.gob.es/BVMDefensa/es/consulta/registro.do?id=45276.

Figura 1 Plano del "Puerto de Chagre", inspeccionado por el mayor Lloyd y el comodoro Barnett entre 1829 y 1840 

En 1862, Felipe Pérez describe Chagres como:

... Su clima es insalubre, i desde la construcción del ferrocarril interoceánico Chagres ha perdido mucho de su antigua importancia; hace no obstante algún comercio. Sus casas son de bambú, y la entrada de su puerto es tan estrecha que apenas da paso a buques pequeños. Habitantes 1,340. (Como se cita en Jaén Suárez, 1985, p. 220)

Su población apenas sí creció en las décadas siguientes, y hasta se redujo, como refleja el cuadro de población publicado por Posada (1898, p. 43), que asevera que en 1870 se censaron en el distrito de Chagres unos 1277 habitantes, o sea, menos personas en todo el distrito que las que reporta Pérez ocho años antes solo para el pueblo. Posada estimó que en 1896 la población del distrito había crecido a unas 2554 personas, pero este dato parece ser una exageración, ya que en los siguientes censos de 1911 y 1920, como se verá más abajo, la población distrital es registrada en casi el mismo nivel reportado para 1870, entre 1200 y 1400 personas. No se cuenta con datos censales precisos de Chagres para el período anterior a 1822 (Jaén Suárez, 1998, p. 510).

En 1903, Panamá se independizó de Colombia y, al año siguiente, se crea la Zona del Canal de Panamá, cuya gobernanza fue cedida a las autoridades norteamericanas. Aunque Chagres quedó justo fuera de los límites de la Zona, quedó prácticamente aislado del resto del país, ya que, en 1913, como parte de las obras del canal de Panamá, se represó el río Chagres a 12 km de su desembocadura, lo cual interrumpió la histórica ruta fluvial transístmica utilizada por sus residentes. Aun así, los chagreños continuaron en su pueblo, redirigiendo sus esfuerzos a otras actividades económicas, como la producción agropecuaria, para abastecer el creciente mercado de la ciudad de Colón (Lasso, 2021). En 1912 se emite la orden ejecutiva de expulsar de la Zona a todos los panameños, y si bien los chagreños no fueron incluidos, para 1915, las autoridades norteamericanas exigieron adquirir la desembocadura del río y sus alrededores para la defensa del canal. Lasso discute las enconadas negociaciones entre panameños y estadounidenses sobre la manera de anexar estos nuevos territorios a la Zona (Despacho de Relaciones Exteriores, 1916, pp. 318-323; Lasso, 2021, pp. 231-244). Finalmente, los chagreños se vieron obligados -resignadamente- a ceder ante las poderosas presiones de los zoneítas y mudar Chagres a un nuevo sitio, en la margen oriental de la desembocadura del río Lagarto, junto al poblado homónimo (hoy conocido como Palmas Bellas), que ya existía en la ribera occidental.

La mudanza de Chagres en 1916

Canal Record, publicación oficial de la administración del canal de Panamá entre 1907 y 1941, proporciona la perspectiva norteamericana del traslado del poblado, en tan solo tres reportajes separados (figura 3). Sorprende además que esta fue la única fuente periodística en Panamá que menciona los hechos, ya que la prensa local contemporánea ni siquiera menciona las pretensiones del Gobierno americano, las negociaciones, ni la mudanza (se consultó el Star & Herald, El Diario de Panamá y La Prensa). El 2 de febrero de 1916, Canal Record titula: "Remover el pueblo de Chagres. Se están tomando medidas para el traslado del pueblo de Chagres, situado en la orilla oriental del río Chagres en su desembocadura... Este pueblo contiene 96 casas en la actualidad" (todas las traducciones de esta fuente son de los autores). Un equipo integrado por agentes del Gobierno panameño, de la Zona del Canal y varios chagreños realizaron un recorrido el 31 de enero de 1916 desde Chagres hacia el oeste y finalmente escogen la desembocadura del río Lagarto, "a unas ocho millas más allá del Chagres. En la orilla occidental está situado el actual pueblo de Lagarto, que contiene más de 100 casas y una población de aproximadamente 500 personas. El sitio escogido para los habitantes de Chagres está directamente al otro lado del río, en una meseta que se eleva a una altura de aproximadamente 40 pies sobre el mar" (Panama Canal, 1916, p. 202). Ese día se levantó un acta de la gira, en la que participaron los siguientes chagreños: Alejandro Galván, alcalde; Abraham Becerra, personero municipal; José Ortiz, presidente del Concejo; Lisandro Galván, juez municipal del distrito; Rufo Garay C., secretario del alcalde; y los vecinos Manuel J. Jiménez, Felipe Jiménez A., José del C. Tuñón, Máximo Niño, Pascual Jiménez, Bernardino García y Manuel Ríos (Despacho de Relaciones Exteriores, 1916, pp. 331-332). Esta noticia es corroborada por documentación oficial panameña, que informa que entre las autoridades del distrito de Chagres y sus habitantes habían escogido el sitio frente a Lagarto (Despacho de Relaciones Exteriores, 1916, p. 331).

El Sr. Domingo Becerra, uno de los pobladores actuales de Nuevo Chagres e informante clave para este estudio, comenta que sus abuelos le dijeron que los chagreños recibieron entre mil y cinco mil dólares cada uno como parte de la compensación para iniciar una nueva vida. De momento, no se ha encontrado documentos que avalen la cantidad de dinero que recibieron, pero Canal Record hace referencia a que la empresa del canal de Panamá se encargó de limpiar "un área de aproximadamente 20 acres (unas 8 hectáreas)" para dejar el sitio urbanizado y proporcionó el transporte necesario para el traslado de "los habitantes de Chagres a la nueva ciudad, después de resolver con ellos sus reclamaciones de mejoras en Chagres" (Panama Canal, 1916, p. 202).

Posteriormente, bajo el titular "Listos para el Traslado de la gente de Chagres a Lagarto", del 17 de mayo del 1916, se lee que "en preparación para la mudanza de los habitantes y sus efectos personales. se han erigido casas temporales en Lagarto para albergar a la gente durante el tiempo necesario para que ellos construyan sus propias casas en los lotes asignados a ellos. las reclamaciones de la gente por sus mejoras en Chagres han sido pagadas por el Canal de Panamá y se han hecho arreglos para proporcionar transporte a la nueva ciudad tan pronto como los habitantes hayan reunido sus efectos para el transporte". Se establece colaboración con las autoridades de la Zona para llevar a cabo la reubicación de los habitantes y sus pertenencias, las cuales serían transportadas en barcazas haladas por remolcadores, tal como se hizo con los habitantes de Gorgona y Matachín, reubicados en Nueva Gorgona en 1913. También describe las casas temporales: "dos estructuras de 60 por 25 pies de planta y una de 50 por 18 pies de planta. Se han techado, pero no se han dispuesto paredes, ya que se considera que la división en habitaciones puede ser realizada mejor por las familias que las ocuparán, según sus diversas necesidades. La cubierta de las viviendas es el típico techo de paja de las casas de la selva. Se emplearon trabajadores nativos para construir los techos, bajo la supervisión de un capataz estadounidense." (Panama Canal, 1916, p. 333).

Para finalizar, el 14 de junio de 1916, Canal Record titula "Inicio del traslado de la Villa de Chagres". Fue el viernes 9 de junio de 1916 que inició el proceso de mudanza "Cuando el remolcador Engineer remolcó una barcaza desde Cristóbal hasta Chagres para ser cargada con las mercancías del pueblo". El sábado 10 de junio el mismo remolcador "llevó a unas 30 personas a Lagarto, junto con cantidades de enseres y animales domésticos enjaulados. El gobernador de la provincia de Colón acompañó la comitiva". Se estimaba un mes para finalizar el traslado de las entre 400 y 500 personas que conformaban la población, aunque los moradores de Nuevo Chagres nos informaron que habían oído de sus abuelos que no todos los chagreños se fueron al nuevo sitio y que varios escogieron mudarse a otras ciudades con el dinero que habían recibido. En ese momento crucial, en el que se da inicio a una nueva vida, un "ciudadano hizo su propia mudanza, realizando el viaje hasta Lagarto en cayuco". Es lo último que menciona Canal Record sobre el destino de los chagreños en su nueva morada, tras abandonar el sitio donde habían vivido en la durante tres siglos (Panama Canal, 1916, p. 365).

Los residentes de Lagarto exploraron oportunidades de mejorar su condición con la pérdida de importancia de Chagres al ser mudado. Unos sesenta de ellos le solicitan por escrito al presidente Porras que, con la mudanza de los chagreños al otro lado del río, su pueblo fuese declarado cabecera del distrito de Chagres.

Ha llegado a nuestro conocimiento que la cabecera del Distrito de Chagres pertenece al pleno dominio de la zona del Canal, razón por la cual debe trasladarse la cabecera del distrito a otro lugar y considerando que el corregimiento de Lagarto es uno de los pueblos de estas regiones que merece ser atendido por su posición, su comercio y su número de habitantes importaciones y exportaciones, su puerto, su personal y que este es un corregimiento que le da vida a la cabecera del distrito. (Carta de los moradores de la comunidad de Lagarto al presidente Belisario Porras, del 1 de febrero de 1916. Archivo Nacional. Período Colombiano. Tomo 413. Cabildo Municipal de Chagres, Años 1857-1916)

Esta es prácticamente la misma solicitud que el 1 de enero de 1916 le hace al presidente el Sr. Lisandro Galván, chagreño y juez municipal de Chagres (Archivo Nacional. Período Colombiano. Tomo 413. Cabildo Municipal de Chagres, Años1857-1916). La solicitud presentada por los residentes de Lagarto plantea una oportunidad para reflexionar sobre cómo la reubicación del pueblo de Chagres fue percibida por las comunidades más cercanas. La carta resalta las ventajas de la ubicación geográfica y disposición comercial de Lagarto y sugiere que algunos pueblos del distrito previeran la desaparición o la pérdida de importancia del puerto de Chagres; y posiblemente buscaran capitalizar esta situación. Este planteamiento abre un espacio para una exploración más profunda en futuras investigaciones. Los moradores de Nuevo Chagres nos informaron también que después de la mudanza, por décadas hubo una suerte de "rivalidad" entre chagreños y "lagarteños", vecinos divididos por el río, con frecuentes discusiones, relaciones sentimentales "prohibidas" entre amantes de un pueblo y el otro y hasta agresiones físicas (Domingo Becerra, comunicación personal, 2024).

Desde el siglo XIX, y luego de la independencia de España, el pueblo de Chagres desempeñó el papel de cabecera del distrito. Su ubicación en la desembocadura del río facultó a sus habitantes para dedicarse primordialmente al comercio y a los servicios de transporte, actividad que se ha llevado a cabo de manera continua desde el período colonial y que perdieron con la mudanza (Lasso, 2021, pp. 275-283).

Fuente: elaboración propia.

Figura 2 Ubicación del poblado de (Viejo) Chagres y de Nuevo Chagres 

Para abordar este traslado y sus implicaciones demográficas, se recurrió a datos censales de las primeras décadas del siglo XX (1911-1960). Esto permitirá ofrecer un análisis general sobre dos aspectos específicos: en primer lugar, la evolución demográfica antes y después del traslado; en segundo lugar, el momento en que el término "Nuevo" fue añadido al nombre de Chagres.

Según el censo de 1911, el distrito de Chagres contaba con una población total de 1222 habitantes. En el censo de 1920, el distrito incluía 55 caseríos y 1384 habitantes. A pesar de ello, no se registró un cambio en su denominación oficial, y la población del poblado mudado de Chagres ascendía a 193 habitantes, representando el 14 % de la población total del distrito homónimo.

Memoria oral entre los chagreños hoy

Son los residentes actuales y sus descendientes quienes nos han relatado sus recuerdos de la mudanza, el cual ha sido el evento histórico más importante de la historia del pueblo. El primer grupo focal (figura 3) se llevó a cabo con personas con edades comprendidas entre 50 y 80 años. La pregunta principal formulada fue ¿Qué información posee usted acerca de los motivos, la época y el proceso de llegada de los pobladores a la comunidad de Nuevo Chagres? Los adultos mayores hoy en día reconocen que gran parte de su conocimiento sobre esta reubicación les fue transmitido por sus abuelos, que llegaron a Nuevo Chagres siendo niños o bien nacieron allí. Es preciso anotar también que mayormente estos recuerdos llegan hasta la traumática mudanza de 1916 y no se extienden más allá hacia los siglos XIX y XVIII, de los que recuerdan muy poco o nada. Destacan hoy la figura de personas como la Sra. Guillermina Jiménez Delgado, quien superó el siglo de vida y ejerció una influencia significativa en la comunidad (falleció el 8 de agosto de 2022), y también de moradores como el Sr. Domingo Becerra2 y el Sr. Emiliano Ortiz Brown3, a quienes nos presentaron como los expertos en la historia del pueblo. Esto se constató en las diferentes visitas de campo y se reafirmó en el grupo focal:

Yo creo que Dominguito y Emiliano son los que un poquito más pueden saber. Yo no sé mucho, pero lo que he escuchado es que por lo del canal (canal de Panamá) fue que trasladaron a la gente de Chagres Viejo para acá a Nuevo Chagre. No recuerdo si fue en el año 1851. No me acuerdo. (Chagreña, 73 años)

*

El cambio de población se dio con la construcción del canal porque iban a ser afectados. El pueblo va a ser afectado. Con el sube y baja del agua del canal (...) La zona de carga quedaba libre por la noche, controlada por los gringos. (Chagreño 59 años)

*

Yo llegué aquí en el 64 [año 1964], pero lo poco pude enterarme [de la mudanza del pueblo]; fue que hubo un convenio entre el presidente de Panamá ese entonces, Belisario Porras, y los Estados Unidos, donde ellos [el Gobierno de Estados Unidos] por temor que el pueblo se inundara con la creación del lago [Gatún], un supuesto temor; ¿por qué digo supuesto temor?, porque hasta la fecha que vamos yo tengo 77 años y nunca he visto que sea ha llegado donde pensaban ellos decían que iba a llegar, y de todos modos trasladaron al pueblo. (Chagreño, 77 años)

La historia oral que se presenta está muy centrada en lo colectivo para generar datos que nos ayuden a conocer cómo los habitantes actuales de un lugar recuerdan el traslado del pueblo. Entonces se considera que la metodología utilizada de entrevista grupal no es un grupo representativo en cuestión de cantidad, más bien, que esa representatividad está asociada a una validación de la comunidad, lo cual se puedo apreciar durante el trabajo de campo.

Entonces vemos que lo qué recuerda este grupo es que traslado de su comunidad se debió a la construcción del canal; estas voces reconocen el impacto de la construcción del canal en su antigua comunidad, y es, efectivamente, este momento el que mantienen en la memoria, y es lo que las personas de más edad continúan reproduciendo.

Este testimonio, como muchos otros recogidos, evidencia que la memoria colectiva está centrada casi exclusivamente en el episodio del traslado, mientras que los periodos anteriores -incluido el pasado colonial del pueblo- son difusos o ausentes.

Es posible que este vacío o falta de información sea un indicio de los procesos de silenciamientos históricos que han afectado a las comunidades afrodescendientes del Caribe panameño. El traslado, al haber sido un evento traumático, parece haber borrado o desplazado otras memorias posibles, marcando un punto de ruptura en la continuidad del relato histórico comunitario.

Por otra parte, las personas consultadas destacan a figuras como la Sra. Guillermina Jiménez Delgado (q.e.p.d.), el Sr. Domingo Becerra y el Sr. Emiliano Ortiz Brown, quienes son reconocidos por su amplio conocimiento de la historia local. Además, han ocupado cargos públicos en administraciones estatales, lo que refuerza el respeto y la confianza que la comunidad deposita en ellos. Esta identificación de "sabios populares" por parte de la comunidad también nos habla de cómo se valida socialmente el conocimiento en ausencia de registros escritos oficiales. La historia oral que se presenta está centrada en lo colectivo y fue producida mediante entrevistas grupales. Aunque el número de participantes no es estadísticamente representativo, su legitimidad radica en que sus voces fueron reconocidas por la comunidad como autorizadas. Este criterio de validación -basado en el reconocimiento social más que en el muestreo formal- abre interrogantes sobre cómo se construye la autoridad histórica en contextos donde la oralidad es el principal medio de transmisión de la memoria.

El testimonio del Sr. Domingo Becerra sobre el traslado del pueblo fue el siguiente:

Yo les puedo dar un poquito más amplio de la situación porque de joven siempre tenía la costumbre de reunirme con las personas mayores: Bernardino Galván (... ) Mi abuela Leonarda y la señora Socorro eran personas que vivieron ya bastante, y entonces ellas me contaban que el trasladado acá fue por el problema de la construcción del canal; cuando ya construyen el canal que represaban el río Chagres, que se convierte en lago Gatún, ponen esa ahí en las compuertas, de ese 14 compuerta que tienen los gringos. Ellos [los gringos] alegaban que, al revertir las aguas en esas compuertas hacia el río, a la desembocadura del río Chagres, eso iba a inundar a la población de Chagres (...) Eso según me cuentan los viejos; eso nunca llegó a suceder. Sí el río crecía, la corriente bajaba, pero no llegaba a salirse de su cauce para entrar al pueblo.

El Sr. Becerra sostiene que el Gobierno de Estados Unidos trasladó a la población de Chagres por racismo:

Me cuentan los señores que el interés del gringo no era ese [la defensa], que el gringo no quería estar cerca de los negros [los chagreños], entonces los gringos buscaban la manera de decir que ese era el problema por el cual tenían que trasladar el Chagres [pueblo] a otro punto.

Estas voces hablan de una historia oral de sus antepasados y que ellos han contado a sus hijos sobre el porqué de la salida y el traslado del pueblo de Chagres (Viejo) a estas nuevas tierras. Entonces se puede entender que la historia oral es el principal vehículo de transmisión histórica; pero también se puede entender como un saber precario y vulnerable al olvido. Pero sobre todo no es considerado saber "oficial" (académico o estatal), lo que reproduce una jerarquía del conocimiento.

Fuente: fotografía de Ricardo López.

Figura 3 Grupo focal 01. 14 de enero 2023 

Vemos cómo este grupo también hace algunas referencias al origen colonial del pueblo de Chagres y a que antes del traslado llevaba muchos años ahí:

Es que Chagres fue uno de los primeros pueblos: Chagres, Portobelo y Nombre de Dios, donde los españoles trajeron a los negros africanos para los trabajos de ellos, de los españoles, para la conquista. (Chagreño, 65 años)

Reconocen que ni la historia del traslado ni el origen colonial del pueblo lo aprendieron en su escuela, pues afirmaron que "en la escuela [del pueblo] no hay nada relacionado con respecto a esto" y que "todo lo que nosotros sabemos, lo sabemos porque los viejos así nos dijeron". Una de las razones por las que la historia de los orígenes de los pueblos del país no aparece en los libros de texto de historia puede estar relacionada con la forma en que se ha estructurado tradicionalmente la enseñanza de la historia en Panamá. En el currículo de formación básica y general, la historia nacional se aborda generalmente por grandes periodos (Prehispánico, Colonial, Departamental y Republicano), olvidando que hay procesos históricos locales o regionales que, aunque fundamentales para entender el desarrollo del país, no logran espacio en una narrativa nacional más amplia y condensada. Esta es una tarea pendiente que debe tenerse en consideración.

A su vez, otra consideración es que el calendario escolar panameño es relativamente corto, comparado con otros países, lo cual limita el tiempo disponible para cubrir de manera profunda y reflexiva los distintos contenidos. Este es un tema que merece seguir siendo investigado, ya que repensar cómo se enseña la historia y qué historias se incluyen en los materiales educativos es clave para una comprensión más plural y representativa del pasado panameño.

Aun así, reconocen que la historia colonial continúa siendo evidente en la comunidad a través de la persistencia de símbolos religiosos y culturales.

Fueron pocas las costumbres (...) Lo que pasó es que los viejos chagreños hablamos de „los ángeles somos", es una cosa que vino de Chagres Viejo. Muy bonito, los niños jóvenes hacían una corona de penca [palma] y con eso salían e iban gritando "¡Ángeles somos del cielo venimos buscando limosna!".

La fiesta del Corpus Christi vino de Chagres Viejo, San Lorenzo; Viernes Santo, por ejemplo, el Viernes Santo desde el jueves, desde que comenzaba la Semana Santa, eso era una tradición de costumbre del chagreño de conservar eso como con respeto: lunes, martes, miércoles, el jueves, aquí se acostumbraba a las 12 del día salía un joven de la comunidad con una cosa que parecía una matraca avisando de que había muerto el Cristo; ya esto se perdió. Se ponía el Cristo en la iglesia y el pueblo iba a llevar lámparas hechas con aceite, y en la noche se hacía la procesión del silencio, y el Viernes santo, con mucho respeto, los varones vestidos de blanco, las jóvenes señoritas vestidas de blanco, de ambos lados; esa es una costumbre, pero se fue perdiendo. (Domingo Becerra, 77 años)

Fuente: elaboración propia.

Fuente: Biblioteca Nacional de Francia.

Figura 4 Figura representativa de san Lorenzo en la actualidad y en fotografía del año 1882 tomada durante la expedición francesa a investigar el terremoto de ese año 

El Sr. Becerra también comenta que entre los chagreños se recuerda que el primer niño nacido en Nuevo Chagres se llamó Pedro Villalaz y que el sacerdote católico Jesús Serrano, quien era el oficiante en el antiguo pueblo, los acompañó en la mudanza al nuevo sitio. Notable por su reconocimiento entre los chagreños es la imagen de san Lorenzo, que hoy ocupa un sitial importante en la entrada del pueblo y que, según cuentan, fue traída con la mudanza desde el asiento viejo (figura 4). También de importancia es la historia del cañón de hierro sacado del castillo de San Lorenzo, que fue transportado a Nuevo Chagres y conservado para su uso durante las festividades en honor al santo patrón del pueblo, San Lorenzo, cada 10 de agosto. En una de las fiestas, a finales de la década de 1980, se le introdujo una cantidad excesiva de pólvora al cañón, resultando en una explosión que dispersó fragmentos por todo el pueblo, que afortunadamente no hirieron a nadie.

Como se puede observar en el logotipo actual de la Junta Comunal de Nuevo Chagres, los cañones y el año de traslado constituyen elementos fundamentales de la identidad del pueblo, destacando la dualidad de sus orígenes -coloniales y modernos, "antiguos" y "recientes"- y su situación actual (figura 5).

Fuente: elaboración propia.

Figura 5 a) Iglesia católica de Nuevo Chagres. b) Restos del cañón estallado junto a la iglesia. c) Logotipo de la Junta Comunal de Nuevo Chagres 

Las personas recuerdan con afecto y nostalgia tradiciones que "ya se perdieron"'. Hay una mirada hacia el pasado como tiempo mejor, más cohesionado, más "respetuoso". Esta nostalgia puede ser una forma de resistencia frente a la pérdida de identidad o un intento por fijar un relato que dé sentido ante los cambios. Sin embargo, también puede invisibilizar tensiones internas o idealizar el pasado. Por eso, al finalizar la entrevista con este grupo, se les preguntó acerca de qué les gustaría que se enseñase de la historia de su pueblo, y esto fue lo que comentaron:

Bueno, a mí me gustaría [que se enseñe la historia del pueblo], porque, en realidad, parte de las cosas se han perdido, desde que murieron los viejos, que fueron los que nos empaparon un poquito a nosotros. Nosotros como que no nos hemos preocupado mucho en enseñárselo a nuestros hijos. Entonces nos morimos nosotros y ellos no saben nada. Entonces nos gustaría que en realidad sí nos explicaran bien cómo es que fue ese cambio de Chagres Viejo para acá [Chagres Nuevo]. Y desde que estamos aquí todo lo que ha sucedido atrás, que ya ahora se ha perdido, para ver cómo se puede rescatar nuevamente todas esas cosas. (Chagreña, 59 años)

Esta voz está haciendo un llamado a las instituciones, a la comunidad, a sí mismos. Hay una conciencia de que la historia se está perdiendo y que es necesario rescatar y conservar esas memorias. Son estas voces las que nos dejan indagar en cómo la historia oral no debe ser solo un recurso narrativo, sino que expone una forma de resistencia cultural, que busca una construcción de identidad, pero siempre haciendo énfasis en esas críticas al olvido desde las instituciones encargada de mantener y dar a conocer esas memorias. Sin pasar por alto que se debe cuestionar por qué se producen los silencios, las rupturas generacionales y la falta de espacios formales para su transmisión.

Este fragmento revela cómo los procesos de investigación comunitaria también son espacios donde emergen y se visibilizan las estructuras sociales, particularmente en torno al género y la transmisión de saberes. El predominio de madres de familia en el grupo focal no solo habla de su compromiso con la educación de sus hijos, sino también de una carga simbólica y práctica que las posiciona como cuidadoras de la memoria, muchas veces sin apoyo institucional. Este hecho obliga a repensar tanto el diseño metodológico de la investigación como el rol de la historia oral en la educación local, y abre interrogantes sobre cómo construir espacios donde la transmisión del pasado sea una responsabilidad colectiva y no exclusivamente femenina.

Desconocimiento de cómo nació su pueblo: grupo de 18 a 49 años

Cuando la historia oral ha sido cuestionada por la veracidad de los datos que aporta, suele enfatizarse que la memoria no es completamente fiable. Sin embargo, en esta investigación consideramos que el valor de la historia oral reside en que lo que las personas recuerdan sobre su historia como comunidad les permite reconocerse como parte de ella. Su identidad se construye desde esa memoria compartida; han llegado a ser quienes son como resultado de esa historia.

El siguiente grupo focal, que abarcó edades desde 18 hasta 49 años, no exhibió la misma cantida ni calidad de recuerdos que sus progenitores. ¿Cuál podría ser la razón detrás de esta disparidad?

Yo pienso que es que no hay, cómo se dice, la cantidad de información suficiente, porque, así como le dice ella, ella no lo ha transmitido porque no tiene mucha información. Igual, yo tampoco tengo tanta información. Yo lo que he escuchado lo he escuchado, como dijo acá el compañero Domingo, lo que los señores que antes uno los escuchaba decir la historia y estas cuestiones, y así un poco por encima, porque no es algo a fondo tampoco. (Chagreña, 73 años)

La generación mayor de 50 años reconoce haber transmitido poco la historia de su comunidad a sus hijos y han observado una falta de continuidad en la transmisión de esta información de estos a sus nietos y les preocupa que la tradición oral esté perdiéndose. Así, surge la pregunta ¿cuál es la perspectiva de esta segunda generación sobre la situación? Las opiniones expresadas por los participantes del grupo focal, pertenecientes a la franja de edades entre 18 y 49 años, señalan un aspecto relevante. Para ellos, la enseñanza de la historia local debería ser parte integral del sistema educativo formal y se preguntan: ¿quién me enseña la historia de mi pueblo? Con el transcurso del tiempo, han observado que, desde su perspectiva, la institución educativa no ha cumplido satisfactoriamente con este rol.

El encuentro con los vecinos de entre 18 y 49 años4 resultó interesante (figura 6); con la metodología inicialmente planteada se buscaba la participación de un abanico amplio de personas, sin embargo, fueron predominantes las madres de familia, encargadas de ayudar a sus hijos con las tareas escolares, las que respondieron al llamado. Esta particularidad resultó ser significativa, ya que condujo a la reestructuración de la dinámica del tercer grupo focal, destinado a los niños menores de 18 años, transformándolo en una sesión de charla-taller, llevada a cabo en la escuela local por el equipo de investigación del proyecto.

Fuente: fotografía de Eyda Arias.

Figura 6 Grupo focal. 4 de febrero 2023 

En ese sentido, una madre hizo la siguiente declaración:

No hay algo físico (...) algo más que uno pueda buscar, no solamente en segundo grado. No solamente voy a enseñar a los niños de segundo grado de dónde viene su comunidad, todos los grados que de dónde viene su comunidad, a qué se dedicaban la gente (...), de qué vivían sus antepasados. No veo nada del antepasado de uno (...), se pierde, y pienso que debe de haber un algo físico (...). (Chagreña, 30 años)

El hecho de que fueran las madres quienes participaron más activamente revela una feminización del trabajo de la memoria y de la educación informal en el hogar. Ellas no solo acompañan a sus hijos en lo escolar, sino que terminan asumiendo funciones que en otros contextos corresponderían a instituciones educativas o figuras académicas. Esto puede leerse tanto como una forma de agencia (ellas sostienen la memoria) como una carga desigual (se espera que ellas "sostengan todo").

La historia no está en las aulas

Para muchos, la historia ha sido escrita principalmente por las élites, y lo que se enseña en los textos escolares depende en gran medida de quién y cómo se narra (Rodríguez et al., 2014). En este sentido, y como quedó evidenciado en este análisis que aquí presentamos, ni la docente ni los textos escolares son un referente completo o imparcial. Por lo tanto, recoger esta historia oral cobra relevancia en este momento, ofreciendo esas voces, en este caso de los pobladores más longevos. Estas perspectivas pueden fortalecer las raíces de las nuevas generaciones de jóvenes que están creciendo, ya que buscando comprender su pasado deben apropiarse de una mirada más inclusiva y diversa.

Por ello, tras el análisis del segundo grupo focal, se concluyó que la memoria de los orígenes del pueblo estaba más arraigada en la generación de 50 a personas de 80 años. Así, se decidió replantear el enfoque del trabajo con los grupos de individuos menores de 18 años.

Fuente: elaboración propia.

Figura 7 Taller en la Escuela Primaria de Nuevo Chagres con los arqueólogos. A la derecha el Sr. Domingo Becerra 

Se organizó una charla-taller en la escuela primaria de Nuevo Chagres con estudiantes de 4°, 5° y 6° de Educación Básica, en el que participaron los autores con presentaciones sobre los hallazgos del proyecto de investigación expuesto en este dossier (figura 7). Luego se repartió una breve encuesta controlada, que 32 alumnos, de los 35 participantes, respondieron, y estos fueron sus resultados:

El 41 % de los alumnos encuestados respondió que no había escuchado antes lo que los arqueólogos contaron. Los que sí habían oído antes lo que los arqueólogos les contaron, un 81 % afirmó haberlo hecho ya en la escuela y el 19 % restante en su casa (figuras 8 y 9). Este dato muestra la importancia que tiene la escuela para dar a conocer la historia de los pueblos y confirma que los más jóvenes del pueblo no están recibiendo la información de sus padres, como sí la recibieron estos de la generación anterior.

Fuente: elaboración propia.

Figura 8 Preguntas a grupo de niños escolares 

El proceso de enseñanza-aprendizaje en parte se sustenta con la evaluación de los estudiantes, y por ello, quisimos saber qué recursos utilizan a la hora de realizar las tareas de Historia; como se ve en la gráfica, el 67 % respondió que utilizaban los libros, el 17 % los apuntes de clase y los demás usaban fotocopias (8 %) e Internet (8 %). Si el recurso más utilizado son los libros de texto, y en muchos casos sabemos que no se encuentra información actualizada sobre la historia de su pueblo5, es quizás en esta parte en la que radica la importancia de investigaciones como la que estamos llevando a cabo (figura 9).

Fuente: elaboración propia.

Figura 9 Preguntas a niños de edad escolar 

Para concluir, se les consultó a los participantes sobre la forma en que preferirían que se difundiera la historia de su pueblo. Un 44 % manifestó su preferencia por la publicación de un libro; un 32 % optó por la creación de un museo, y el 24 % restante sugirió utilizar la televisión como medio de difusión (figura 10). Estos resultados sugieren que existe una apreciación por parte de los alumnos sobre la importancia del material escrito y el papel de los museos en la preservación y divulgación del pasado.

Fuente: elaboración propia.

Figura 10 Preguntas a niños de edad escolar 

En términos generales, lo que más llamó la atención al grupo fueron los relatos sobre el castillo y los ataques de los piratas, confirmando el papel de Henry Morgan como uno de los personajes más célebres de la historia panameña, a pesar de ser un corsario y extranjero. Además, durante conversaciones con la maestra, esta confirmó que la información presentada en este taller era completamente desconocida para ella.

Conclusiones

¿Qué valor tiene la memoria oral de los pobladores en la reconstrucción de la historia del pueblo? Cuando se busca explorar los orígenes de una comunidad a través de los recuerdos de sus miembros, puede encontrarse gran diversidad en la disponibilidad y la precisión de dichos recuerdos. Los investigadores asumimos el rol de recopilar esta información y transformarla en un producto historiográfico. Con este propósito en mente, este proyecto fue concebido para obtener la perspectiva de tres grupos generacionales dentro de la comunidad y complementarla con la primera compilación de las fuentes escritas específicamente sobre la historia de Chagres. A la vez, queríamos identificar quiénes son los custodios de la memoria colectiva del pueblo y de qué manera han transmitido esta historia a las generaciones posteriores. Más que simplemente recolectar antecedentes, se buscaba esclarecer interrogantes sobre la preservación y transmisión de esta historia.

Se generó así un interés por explorar la memoria colectiva de una parte de la población actual de Nuevo Chagres, con el fin de obtener relatos sobre los orígenes de la comunidad. Aunque es importante reconocer que este trabajo aún no ha concluido, se puede inferir que todas las generaciones poseen cierto grado de conocimiento sobre la historia de su pueblo. No obstante, es la generación de más de 80 años la que naturalmente emerge como una autoridad destacada en este ámbito.

El acontecimiento histórico que marcó la mudanza ha sido preservado y reconstruido en la memoria de los tres grupos poblacionales mediante la historia oral. Los individuos más longevos de la comunidad son quienes tienen un mayor conocimiento sobre este traslado y la generación siguiente ha delegado esta responsabilidad en la educación formal, sin una comprensión clara de las razones detrás de este cambio. Por otro lado, los jóvenes reciben escasa o nula instrucción en sus aulas sobre la historia local. La recopilación de nuevos datos sobre la historia del castillo y de Chagres, su análisis, síntesis y su divulgación, fruto de los esfuerzos de nuestro proyecto de investigación, hacen posible construir los fundamentos de un paquete informativo que se podría brindar a los profesores de historia de las escuelas distritales o provinciales, con los datos más relevantes sobre la historia del poblado, que ellos entonces podrían ofrecer a los estudiantes según cada nivel educativo. Es decir, con los datos recopilados se podría modificar el curriculum escolar de historia a nivel del distrito, específicamente, para que se enseñase a sus jóvenes pobladores lo que se conoce de la larga e importante historia de su pueblo en un esfuerzo de evitar que esa memoria se pierda por completo, como parece ser el caso. Es nuestra opinión que, al igual que con la ciudad de Panamá, cuya historia se considera y se enseña como una sola, a pesar de la mudanza de un sitio para el otro después de 1671, el mismo caso debe ser el de Chagres. Es un solo pueblo con casi cuatrocientos años de historia, que se mudó en 1916, pero sigue siendo en gran parte la misma gente. Es relevante para los chagreños no solo conocer, preservar y escribir su historia antes de la mudanza, sino también aquella que han desarrollado en Nuevo Chagres en los más de cien años que llevan viviendo allí.

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1 La Zona del Canal fue un área establecida mediante el tratado Hay-Buneau Varilla de 1904 entre los Estados Unidos y Panamá. Establecía que la Zona pertenecía a perpetuidad al Gobierno norteamericano para la construcción y manejo del canal, con una extensión de cinco millas a cada lado de su eje central, concediéndole además a los norteamericanos amplios poderes sobre la Zona y Panamá (Lasso, 2021). Desapareció en 1979 con la implementación de los Tratados Torrijos-Carter, que culminaron con la entrega del canal a Panamá el 31 de diciembre de 1999. 1З

2"Mi nombre es Domingo Becerra, nacido en este corregimiento. Tengo 77 años y mis padres por parte de padre vinieron de viejos. Mis abuelos, mi papá, también por parte de madre, están del lado de Salud, el corregimiento de Salud, que tengo seis hijos (...) Me crié en este corregimiento, y aquí he realizado funciones como secretario del Concejo, representante de corregimiento, personero y, bueno, siempre he permanecido en esta comunidad". (Domingo Becerra, grupo focal 14 de enero de 2023. Su abuelo Abraham Becerra fue personero municipal de Chagres y participó de la gira inicial de reconocimiento a Lagarto en 1916; su padre, Lino Becerra, fue alcalde de Nuevo Chagres).

3Emiliano Ortiz Brown ("59 años de estar viviendo aquí en Nuevo Chagres, primer coordinador del corregimiento y me jubilé en el Ministerio Público como secretario general").

4En este grupo participaron 10 personas de las cuales 7 eran mujeres trabajadoras del hogar.

5Un estudio reciente revela la problemática de los libros de texto en la materia de Historia en Panamá (Warren et al., 2023).

Recibido: 07 de Enero de 2025; Aprobado: 16 de Septiembre de 2025

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