Introducción
Este artículo1 presenta la experiencia de implementación de una metodología2 de investigación-creación y el desarrollo posterior de una herramienta derivada de ese proceso, en el marco del proyecto Espacio público, género y disidencias: remendando y tejiendo afectos para ciudades inclusivas, realizado en Cali, Colombia, entre 2020 y 2022. La investigación, desarrollada por el Seminario Textil de la Universidad Icesi, con el apoyo del Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación (Minciencias), se centró en explorar las relaciones afectivas que emergen en espacios de encuentro entre mujeres alrededor de prácticas textiles, conocidos como costureros. Tradicionalmente asociados al ámbito doméstico, estos espacios ofrecieron pistas para construir una herramienta metodológica orientada a propiciar el intercambio de experiencias sobre el habitar el espacio público y las sensaciones de vulnerabilidad que muchas mujeres experimentan al transitarlo.
Desde esta perspectiva, el proyecto retomó postulados de la investigación-creación, entendida como un modo de producción de conocimiento en el que investigar y crear ocurren simultáneamente, desdibujando las fronteras rígidas entre teoría y práctica (Delgado; Beltrán; Ballesteros; Salcedo, 2015). Se trata de un proceso situado, relacional y abierto en el que el conocimiento emerge en el hacer mismo, en diálogo con los materiales, los cuerpos y los afectos. Al mismo tiempo, la investigación-creación se asume como una forma de análisis e introspección frente a experiencias de violencia en la que el arte ocupa un lugar central (Hernández-Merino; Montero-Ríos-Gil, 2021).
Esta investigación-creación se desarrolló en tres fases. En primer lugar, se realizó una etnografía de tres costureros, guiada por dos dimensiones de interés: las dinámicas de trabajo y las relaciones afectivas. En la segunda fase se llevó a cabo un análisis de los instrumentos empleados en estos espacios. Finalmente, el amuleto textil emergió como una herramienta metodológica con potencial para ser explorada, por lo que se implementó una etapa de testeo y aplicación en tres escenarios distintos. Así, el objetivo de este artículo es relatar la emergencia del amuleto textil como herramienta metodológica de investigación. En esta línea, siguiendo a Pérez-Bustos (2016) , prácticas como la costura, el tejido, el bordado o el remiendo no son anteriores al conocimiento, sino formas de conocimiento en sí mismas, encarnadas en el cuerpo y en el hacer.
Para ello, es importante señalar que en este artículo lo textil se entiende desde una perspectiva material que no lo separa de las prácticas, los cuerpos ni los afectos que lo hacen posible. Más que un soporte pasivo o decorativo, se con cibe como una materialidad relacional que se activa en el curso mismo del hacer, donde se narran historias y se contienen memorias (Castellanos; Castaño, 2022). Retomamos a Ingold (2013) , quien afirmó que los materiales no son sustancias inanimadas, sino componentes activos de un mundo en formación, en constante movimiento, mezcla y transformación. Desde esta mirada, lo textil no precede ni sucede a la acción, sino que acontece con ella, condición que permite pensar el amuleto como una metodología: un saber hacer con las manos y la materia.
Este artículo se organiza en cuatro apartados. En el primero nos centramos en el creciente interés que han suscitado los costureros como escenarios de experimentación donde se articulan investigación y trabajo colectivo. En el segundo ofrecemos un panorama sobre las formas de violencia en el espacio público que configuran el contexto urbano de Cali, ciudad donde se desarrolló esta investigación. En el tercero describimos el proceso investigativo que derivó en el diseño del amuleto textil como herramienta metodológica. Por último, cerramos con algunas implicaciones de este abordaje en términos metodológicos y para los estudios urbanos interesados en articular afectos y espacio.
En conjunto, el texto exploró la memoria y la materialidad en prácticas his tóricamente asociadas a lo doméstico, desarrolladas en espacios de encuentro entre mujeres, como la costura, el tejido o el bordado.
Los costureros como escenarios fértiles de investigación y creación
En Colombia, el término costurero no se refiere únicamente a la caja o a los dis tintos contenedores de herramientas de costura (hilos, agujas, botones, lanas o retazos de tela), también se utiliza para nombrar una forma de socialización en la que las mujeres se reúnen para bordar, coser y tejer. Estos encuentros pueden entenderse como espacios de recogimiento y presencia compartida que no se agotan en el intercambio verbal. En este sentido, Cuéllar-Barona y Caicedo-Gi-raldo (2023: 286) los describieron como espacios de ensimismamiento en los que se acepta la presencia de las otras "en sus diversas formas: en silencio, en duelo, en introspección, en calma, etc.".
Ahora bien, en ciertos contextos, la expresión costurero ha sido utilizada de manera despectiva, aludiendo a su carácter supuestamente superficial y a su asociación con el chisme entre mujeres, una lectura que tiende a trivializar estas formas de encuentro y a despojar de densidad simbólica y afectiva los intercam bios que allí tienen lugar.
Esta misma imagen, la del espacio femenino reducido a la banalidad, apa reció problematizada en el cómic Bordados de Marjane Satrapi (2003) , donde se representan escenas familiares de reuniones entre mujeres iraníes de distintas generaciones. Abuelas, madres, nietas y tías comparten una tarde de conversa ciones íntimas en la que ventilan sus vidas. Aquello que suele ser entendido como cosas de mujeres, banalidades o frivolidades, se revela, en cambio, como un esce nario de socialización de experiencias complejas y difíciles, así como un espacio para el intercambio de estrategias de afrontamiento colectivo (ver Figura 1).
En los últimos años, diversas investigaciones -en particular aquellas desa rrolladas por autoras-, han evidenciado un creciente interés por lo textil como categoría de estudio vinculada a espacios de experimentación, narración y denuncia de distintas situaciones de injusticia, mayoritariamente ejercidas contra las mujeres (Barrientos, 2023; Bello; Aranguren, 2020; Climent-Espino, 2022; Pentney, 2008; Quiceno-Toro, 2021; Sánchez-Aldana; Pérez-Bustos; Chocontá-Piraquive, 2019). Llama la atención que el universo textil, tradicionalmente asociado a lo privado, se haya constituido también en un escenario de reivin dicación y lucha en el espacio público a escala global. En esta línea, Annuska Angulo y Miriam Mabel Martínez (2016) recogieron diversas prácticas textiles desarrolladas en el espacio público, en particular el tejido, y señalaron los efec tos que estos haceres podían tener en términos de convivencia y apropiación de este, en la medida en que tejer implica también comunicar.

Fuente: archivo fotográfico del proyecto.
Figura •1 . Actividad en el espacio público de los amuletos textiles
Esta dimensión comunicativa y política del tejido se expresa con claridad en el siguiente pasaje de las autoras mencionadas, quienes situaron históricamente estas prácticas como formas de pensamiento y acción colectiva:
Así como los hombres islámicos escribieron complejos textos en sus bellas alfombras, las egipcias encontraron en el acto de tejer una expresión independentista y feminista. Ellas son las pioneras, quienes nos enseñaron, ade más de pensamiento y técnica, a estar en el tiempo, para tejer, literalmente, el tejido social. (Angulo; Martínez, 2016: 21)
Desde esta perspectiva, los costureros pueden entenderse como una expresión situada de estas prácticas textiles con potencial político y comunicativo. En contextos atravesados por la violencia, como el colombiano, han sido promovidos como espacios de construcción de memoria, narración y lucha política. Así, los llamados costureros por la memoria se configuran como potentes escenarios de autoorganización y reclamación de derechos, de los cuales se derivan herra mientas de gestión colectiva del conocimiento. Un ejemplo de ello es el costurero Tejedoras por la memoria de Sonsón, en Antioquia, un espacio en el que:
los objetos producto del costurero se han convertido en dispositivos de memo ria, materialidades que incorporan historias, experiencias y emociones que nos obligan a reconocer el valor de los distintos lenguajes a los que apelan las víctimas para narrar el conflicto armado. (González-Arango, 2014: 95)
Más adelante, Adriana Villamizar-Gelves, Natalia Quiceno-Toro, Andrea García-Becerra, Ana María Henao-Buitrago, María Isabel González-Arango y Camila Salamandra- Arriaga (2019) retomaron cuatro experiencias de colectivos de mujeres -entre los que se encuentran el ya mencionado Tejedoras de Sonsón; las mujeres de Artesanías Choibá, en Quibdó, Chocó; las mujeres del colectivo Artesanías Guayacán, en Bojayá, Chocó, y las Mujeres tejiendo sueños y sabores de paz, en Mampuján, Bolívar-. Estas investigadoras señalaron que la articulación entre las mujeres artesanas, los textiles testimoniales y sus formas de circulación, configura lo que ellas denominaron pedagogías textiles, entendidas como formas particulares de construcción y transmisión del conocimiento.
Por otro lado, los costureros pueden ser comprendidos como espacios de experimentación e investigación en otros contextos sociales. En su tesis de maestría, Alexandra Chocontá-Piraquive (2018) propuso un espacio de exploración denominado Costurero Documental en la ciudad de Bogotá, con el objetivo de indagar el bordado colectivo como metodología de investigación para explorar la manera en que un grupo de jóvenes comprendía su sexualidad. La autora retomó el concepto yarning, propuesto por Bessarab y Ng'andu (2010), que puede traducirse como tejer conversaciones, para dar cuenta de cómo la experiencia de hablar y bordar resulta central en la construcción de conocimiento. Asimismo, retomó de estas autoras dos modos de conversaciones textiles para encuadrar analíticamente sus hallazgos:
el tejido de conversaciones sobre el tema investigado (Research Topic Yarning), en el que los temas conversados se relacionan directamente con las preguntas de investigación; y el tejido de conversaciones terapéuticas (Therapeutic Yarning), en el que los temas abordados pueden remitir a experiencias trau máticas o con una fuerte carga emocional para quienes participan, y en el que, a través de la conversación, estas experiencias pueden ser repensadas o analizadas de manera distinta. (Chocontá-Piraquive, 2018: 14)
En este sentido, los costureros se sitúan en una interesante intersección entre el hacer textil, la pedagogía, el arte, la política, la memoria y el trabajo comunitario, y se constituyen como potentes escenarios de experimentación y creación. En la actualidad, estos espacios son cada vez más comunes en contextos universitarios. Ejemplo de ello son algunas iniciativas institucionales como Artesanal Tecnológica, en asocio con la Universidad Nacional de Bogotá y, en nuestro caso, el Seminario Textil El Costurero, adscrito al Departamento de Artes y Humanidades de la Universidad Icesi, en Cali. Estos funcionan como una doble plataforma de investigación y experimentación, tanto con investigadoras-docen tes como con mujeres que no forman parte de la academia.
La ciudad y la violencia en el espacio público
La ciudad, entendida como un espacio físico y simbólico en el que transcurre la vida de quienes la habitan o la visitan, se ha convertido en uno de los conceptos centrales de diversos debates sociales contemporáneos. Desde la academia, así como desde los entes gubernamentales e internacionales, no solo se ha hecho de la ciudad un objeto de estudio y análisis, sino también el núcleo de preocupaciones y acciones que repercuten en su capacidad de cumplir o no su labor frente a la sociedad, especialmente en una región como América Latina donde las ciudades se caracterizan por concentrar altos índices de violencia. En este sentido, lo urbano se configura como un espacio de disputa, pues no es única mente un espacio, sino una relación (Carrión-Mena, 2019).
Dentro de este panorama, nos resulta cada vez más relevante comprender las diversas formas en que la violencia se manifiesta, más allá de las cifras de muertes. En esa misma perspectiva, el reconocimiento de acciones diferenciadas hacia prácticas naturalizadas y poblaciones con mayor grado de vulnerabilidad permite visibilizar necesidades específicas que se expresan con creciente clari dad. Así, abordar los problemas urbanos desde perspectivas étnico-raciales, de género o de inclusión supone hoy una demanda social innegociable.
Las violencias basadas en género constituyen justamente una de las pro blemáticas que, tras ser visibilizada gracias al trabajo colectivo de activistas y académicas, requiere más acciones orientadas a enfrentarla y eliminarla desde diversas esferas: política, económica, social y ambiental. Este propósito ya no corresponde únicamente a contextos locales o nacionales, sino que se inscribe en un marco mundial, como lo evidenció, por ejemplo, la creación en 2010 del programa de la Organización de Naciones Unidas (ONU) "Ciudades y espacios públicos seguros para mujeres y niñas", al que actualmente se suman más de 50 ciudades con programas gubernamentales que buscan atender y prevenir las violencias basadas en género en contextos urbanos.
Entre las prácticas que se presentan con mayor frecuencia como violencia basada en género aparecen algunas que son especialmente complejas por los componentes culturales que continúan encubriéndolas. Se trata de formas de acoso callejero como miradas intimidantes, comentarios calificativos o sexuales sobre el cuerpo, tocamientos no consentidos, persecuciones en el espacio público y los llamados piropos.
En la ciudad de Cali, y en el departamento del Valle del Cauca, diversas organizaciones informan regularmente sobre un complejo panorama de violencia caracterizado por muertes, inseguridad, robos, así como condiciones de pobreza y falta de acceso adecuado a derechos básicos. Además, encontramos una presencia particular de las violencias basadas en género. En este contexto, el acoso callejero vuelve a manifestarse de diversas formas para muchas mujeres que habitan la urbe.
En el boletín número tres del Observatorio para la Equidad de las Mujeres de Cali (OEM, 2019), dedicado a las violencias contra las mujeres del Valle del Cauca, se planteó que el 58 % de las mujeres encuestadas tenían sensación de inseguridad en las calles de barrios distintos al suyo. El transporte público fue percibido por un 42 % como un lugar inseguro y un 35,5 % sentía inseguridad en las calles de su propio barrio. En cuanto a las acciones que las mujeres empleaban para enfrentar esta sensación, el informe evidenció que el 25,1 % no salían de sus casas y el 22,1 % que salían solo cuando estaban acompañadas por sus parejas. A su vez, en su informe de medición anual, el OEM (2020) señaló que una de cada cuatro mujeres en Cali ha sido besada, manoseada o tocada sin su consentimiento y que en el 63 % de los casos el responsable fue un desconocido. Por otro lado, el Observatorio de Género del Valle del Cauca (OGEN, 2023) publicó en su último informe que, para 2023, siete de cada diez personas encuestadas (mujeres y población LGBTI de 18 años o más, residentes en el Valle del Cauca) habían presenciado algún tipo de acoso callejero.
Sumado a esto, en su libro Piropo callejero, acción política y ciudadana, Sofía Carvajal-Ríos (2014) abordó la importancia de contar con una perspectiva de género para comprender las violencias que se experimentan en el espacio público, pues existe una clara situación de desigualdad en la espacialidad y apropiación del espacio: no todas las personas tienen la misma exposición al riesgo y los factores culturales siguen siendo un gran desafío para la respuesta a esta problemática. Asimismo, como lo mencionaron Buchely, Castro, Arias-Arévalo y Pinzón (2021) , la violencia y el acoso sexual en las calles inciden directamente en la movilidad haciendo que la ciudad, entendida como producción y no como entidad a priori, se vuelva más pequeña. En suma, esta situación reduce el ejercicio del derecho a una ciudadanía plena para muchas personas en razón de su condición de género.
En este marco, surgió para nosotras la pregunta por la relación entre el ofi cio textil y las problemáticas de violencia en la ciudad. ¿Qué tienen en común las reuniones para bordar, tejer o coser y la preocupación por espacios urbanos hostiles para niñas y mujeres? Esta gravitó como reto e inspiración en el proceso de investigación, dando lugar al posterior diseño e implementación de los amuletos textiles como una metodología del saber hacer con el cuerpo, los materiales y los afectos. En este horizonte, la feminidad colectiva, concepto trabajado por Pérez-Bustos, Chocontá-Piraquive, Rincón-Rincón y Sánchez-Al-dana (2019) , apareció como una dimensión que emerge en espacios donde son posibles procesos de diálogo, creación y colectividad.
El amuleto textil como herramienta metodológica del costurero
Nuestra apuesta investigativa se desarrolló en tres fases, tal como se evidencia en la Figura 2. En la primera realizamos una etnografía centrada en las relaciones afectivas y las dinámicas de trabajo de tres escenarios: el costurero del Seminario Textil, el costurero Espacios suaves para ciudades en disputa (de ahora en ade lante Espacios Suaves) y el costurero Ancestra. En la segunda fase identificamos y potenciamos las herramientas más relevantes para dar voz e intercambiar experiencias. Finalmente, en la tercera fase, implementamos este diseño en el espacio público.
A continuación, describiremos en la Figura 2 los aspectos más relevantes de este proceso:
En la primera fase, que consistió en una etnografía de tres costureros, buscamos comprender las relaciones afectivas y las dinámicas de trabajo que emergen en distintos espacios de encuentro textil entre mujeres. En este marco, caracterizamos el Seminario Textil como un escenario de creación que gira en torno a las prácticas textiles, la lectura y el tejido de memorias colectivas. Este costurero nació en el año 2017 como una iniciativa de la profesora Margarita Cuéllar (Universidad Icesi, Cali) y, desde entonces, ha mantenido una progra mación de encuentros y talleres abiertos al público. En él se reúnen profesoras de la Universidad Icesi y otras mujeres de Cali que se han sentido convocadas a participar. Durante los dos años que duró el proceso de investigación-creación del proyecto, allí se llevaron a cabo múltiples apuestas creativas: desde la rea lización de libros textiles, pasando por la elaboración de piezas como tesoros textiles y muñecas de trapo, hasta llegar al amuleto textil.
A diferencia del Seminario Textil, los otros dos costureros que hicieron parte de la investigación son itinerantes, se arman y desarman al llegar a un lugar, lo que produce otras formas de relación con el espacio y con las historias compartidas. Ese es el caso del costurero Ancestra, liderado por la comunicadora y activista Maritza Sánchez quien, desde Medellín, busca crear espacios para conversar con mujeres sobre derechos humanos y sobre sus vulneraciones sistemáticas. Su propuesta metodológica tiene en el centro la conversación y las historias personales. En este sentido, se propuso elaborar una carta-colcha-colectiva en la que se cosían y bordaban historias, denuncias, sentimientos y vivencias que las participantes quisieran compartir con otras mujeres, a manera de mensaje textil. Además, se animó a la realización de un ejercicio epistolar dispuesto como un tendedero en el que se respondía a distintas preguntas abiertas que provocaban reflexiones personales y, a su vez, discusiones colectivas.
El otro costurero itinerante, Espacios Suaves, fue diseñado y coordinado por la historiadora y bordadora mexicana Daniela Whaley. En las cuatro sesiones rea lizadas en noviembre de 2021, las participantes tuvieron como propósito diseñar estrategias de intervención en el espacio público. En este proceso se conversó acerca de las posibilidades creativas que los textiles ofrecen para la visualización de datos y, en esa línea, para constituir herramientas participativas y colectivas de investigación. A su vez, a partir de una reflexión sobre la suavidad del textil, se elaboró colectivamente un manifiesto de lo suave como una forma de pensar el cuidado y de interrogar cierta dureza del espacio público.
De esta experiencia se destacó la creación de una sopa de letras que, además de ser una pieza textil en fieltro, constituyó una acción textil colectiva que guarda palabras escondidas (a descubrirse). Palabras como escuchar, comunidad, respetar o revolucionario, surgieron del camino recorrido en conjunto durante el costurero y buscaban abrir una conversación con transeúntes en el espacio público. La sopa de letras fue activada en tres locaciones distintas y en cada una se invitaba a las personas a jugar, encontrar palabras y compartir comentarios o reflexiones sobre lo descubierto y sobre la activación en general.
En la segunda fase investigativa cada una de las herramientas surgidas en el marco de los costureros (la carta-colcha colectiva, la sopa de letras, el tendedero epistolar y el amuleto textil) fue abordada en profundidad, con el fin de caracterizar sus principales apuestas, sus contextos de emergencia y sus potencialidades al ser implementadas en el espacio público. De este análisis, fuimos enfocándonos progresivamente en la herramienta del amuleto textil como la apuesta más evocadora para ser rediseñada y potenciada. Este proceso tuvo en cuenta los elementos más significativos de cada costurero. Del Seminario Textil se rescató la atmósfera íntima y vincular, el ensimismamiento y el tejido colectivo de quienes se acompañaban a crear, así como las preguntas detonadoras que buscaban explorar. Siguiendo a Callén-Moreu y Pérez-Bustos (2020) , su ecosistema objetual, es decir, los territorios afectivos constituidos por los vínculos, las vivencias específicas, la relación con los materiales, con la memoria y con los sentidos, en particular el tacto.
Del costurero Espacios Suaves se identificó la potencia de comprender este tipo de ejercicio como una activación, esto es, un proceso que despierta la atención y cuyas reflexiones se invitan a ser compartidas. Asimismo, fue importante entender esta herramienta como una visualización análoga de datos en la medida en que permite introducir variables y códigos en la construcción del amuleto. De Ancestra, se retomaron la conversación, la correspondencia con otras mujeres y el mensaje textil que genera testimonios como una voz pública.
A partir de las dinámicas de trabajo y las relaciones afectivas inscritas en los dispositivos y actividades convocadas por los costureros, emergieron tres dimensiones que nos resultaron cruciales para abordar temas sobre la ciudad: la oralidad, la materialidad textil y la confianza, las cuales se encuentran imbricadas y se afectan mutuamente. En la oralidad confluyen dos formatos, por un lado, la conversación y, por otro, la declaración. En los costureros, el cruce de conversaciones y cuchicheos se mezcla constantemente con momentos en los que se concentra la atención en una de las personas, por ejemplo, cuando se comparte una situación muy íntima o difícil; además, los silencios hacen parte del proceso creativo y del ensimismamiento que ocurre cuando se crea.
Sumado a lo anterior, la confianza da cuenta de la posibilidad de construir un espacio de intimidad en el que nos abrimos a la experiencia de otras personas, a que nos afecten sus historias, y a contemplar la dimensión común de nuestras vidas. En cuanto a la materialidad textil, se invita a comprender de otro modo el conjunto de objetos o materias aparentemente inertes, pero en las que confluye un sinnúmero de fuerzas y relaciones (Arce; Charáo-Marques, 2022; Haraway, 1995; Ingold, 2000), pues los textiles, mediante sus texturas, convocan la imaginación y la memoria, vinculan con otros seres, temporalidades y espacios. Esto es lo que Larios (2018) denominó indocilidad de la materia. En este sentido, podemos decir que este ejercicio se interesó por revelar la vitalidad del objeto y, a través de él, nuestro universo afectivo.
Estas tres dimensiones contribuyeron a orientar el rediseño de la herra mienta del amuleto textil. Entre la primera y la segunda fase pudimos notar que, para replicar en el espacio público dispositivos que nacían en el seno de los costureros, era importante crear aquellas condiciones que conformaban su atmósfera: las relaciones de confianza, la oralidad y la materialidad textil, a la que reconocemos como una metodología de costurero. Incluimos algunos pasos previos a la construcción del amuleto, inspirados en las dinámicas de trabajo de los tres costureros. Así, el amuleto textil como herramienta metodológica se compone de los siguientes elementos:
Biografía de un objeto significativo: visibiliza el ecosistema objetual de un artefacto específico para las participantes e identifica las dimensiones emocionales, afectivas, relacionales y simbólicas que lo atraviesan. Es una preparación y disposición para la posterior creación de un objeto (amuleto) capaz de conjurar ciertas intenciones.
Identificación de situaciones de vulnerabilidad en el espacio público: nos permite situar un contexto específico de interacción en el que se pueden identificar situaciones, disposiciones, emociones, tácticas y otros asuntos relevantes que ocurren al transitar este espacio, lo que también prepara la identificación de algunos elementos que serán convocados en la construcción del amuleto.
Instrucciones para elaborar el amuleto textil: se trata del momento de diseño y creación de un objeto para transitar el espacio público desde el reconocimiento tanto de lo que puede cargar a nivel simbólico como de las necesidades e intenciones que posibilitan afrontar la sensación de vulne rabilidad. Para esto, se invita a diseñar un objeto a partir de un código o diccionario de colores asociados a diversas fuerzas, valores, estrategias y sentimientos que confluyen a la hora de salir a la calle (ver Figura 3). Todos los colores se ofrecen en distintos elementos textiles (telas, hilos, botones, pompones, etc.).
En la tercera fase la herramienta fue puesta a prueba en tres ocasiones; dos en espacios cerrados y la última en el espacio público. El primer ejercicio se realizó en el edificio de la colección del Museo La Tertulia, en articulación con el OEM. El segundo tuvo lugar en la Biblioteca Nuevo Latir, ubicada al oriente de Cali, con el apoyo de la Subsecretaría para la Equidad de Género (más conocida como Casa Matria). El último se llevó a cabo en el marco de la agenda de actividades convocada por el costurero del Seminario Textil llamada Remendando la ciudad.
La primera implementación piloto la hicimos en articulación con el OEM. Esta convocatoria mixta permitió contar con 30 asistentes y nos ofreció la posibilidad de evaluar algunos cambios necesarios, así como aciertos que convenía mantener. Por un lado, llevar la creación de amuletos a un espacio abierto o público implicaba considerar factores como el sonido ambiente, la dispersión de la atención y la complejidad de orientar a un grupo tan numeroso. A su vez, identificamos que los ejercicios planteados desde la escritura debían reformularse, pues resultaban muy extensos y terminaban siendo una contradicción con la activación de la oralidad, que solo ocurría en la segunda parte del taller, cuando comenzaba a operar plenamente la metodología de costurero: crear individual o colectivamente, conversar, colaborar, enseñar y aprender, usar materiales textiles para múltiples propósitos y compartir en confianza y tranquilidad.
A partir de esta sesión, decidimos agregar el diccionario de colores dentro de la guía escrita, pues resultaba más fácil para las personas seguir la referencia. También, incluimos un espacio para que tuvieran la oportunidad de diseñar o dibujar su amuleto previamente. Concluimos que la asociación de colores que propusimos funcionó de acuerdo con el objetivo que tenía, ya que, en la puesta en común de los amuletos terminados, las personas hacían referencia a estos significados, además de complementarlos con los suyos propios o con sus interpretaciones.
La segunda implementación piloto de esta herramienta metodológica se realizó en articulación con la Subsecretaría de Género de Cali, entidad municipal encargada de asuntos de género en la ciudad. Buscamos esta alianza, pues era importante contar con una convocatoria dirigida a una población distinta a la que regularmente atendía los llamados del proyecto -personas con afinidad por lo textil, lo artístico, lo creativo o temas de género- y poner a prueba el dispositivo de manera descentralizada. En este caso, la convocatoria corrió completamente por cuenta de la Subsecretaría y participaron 22 mujeres con procesos de liderazgo o trabajo popular del oriente de Cali, quienes se dieron cita en un espacio de la Biblioteca Pública Nuevo Latir para desarrollar el ejercicio del amuleto.
De este encuentro surgió también la necesidad de considerar herramientas técnicas y logísticas, como la incorporación de sonido al momento de querer trasladar un ejercicio colectivo o el taller de amuletos a espacios públicos o de acceso abierto. A pesar de tratarse de un espacio cerrado, el exceso de ruido ambiente generaba distracciones e incomodidades que afectaban, por ejemplo, los momentos de declaración, cuando una persona se dirigía a todo el grupo para presentar su amuleto o compartir una experiencia testimonial. Por esto, se hizo especial énfasis en el reto de movilizar recursos metodológicos de un ambiente a otro, aunque estos fueran opuestos en ocasiones.
Asimismo, corroboramos que el diccionario de colores fue apropiado por las participantes como un dispositivo para pensar su vulnerabilidad en el espacio público, pues tanto los amuletos elaborados como su puesta en común hicieron referencia constante a los significados propuestos por el proyecto, complementados con interpretaciones propias.
Por último, el momento de compartir los amuletos derivó en declaraciones y testimonios muy profundos sobre las experiencias de vida de las mujeres participantes y sobre lo que detonaba en ellas el uso del amuleto como pretexto para hacer públicas ciertas historias. Esto resultó especialmente significativo porque, previo a ese instante, lo que predominaba era la conversación cotidiana y la elaboración de los objetos textiles en un grupo en el que la mayoría de las personas no se conocía entre sí. Sin embargo, terminaron compartiendo relatos muy difíciles. Hubo llantos, abrazos, palabras de aliento, silencios de escucha atenta y una apertura marcada a expresar experiencias íntimas en un espacio colectivo.
Otro aspecto que notamos en esta segunda implementación en la Biblioteca Nuevo Latir fue la realización de amuletos para otras personas, en particular para algunos hijos y familiares que al momento de la investigación se encontraban desaparecidos. Es importante subrayar que la convocatoria estuvo apoyada por la Subsecretaría de Género, que mantiene un activo proceso con organizaciones de base y lideresas que habitan principalmente el oriente de la ciudad, una zona espacialmente marginada y racialmente segregada con dinámicas de violencia diferenciadas. El hecho de que estas mujeres elaboraran amuletos para sus seres queridos abrió una dimensión vincular que consideramos necesario seguir explorando.
La tercera aplicación tuvo lugar en la plazoleta del Museo La Tertulia, en un evento mayor llamado Remendando la ciudad: encuentros para tejer, bordar y coser nuestra relación con la ciudad. Para este encuentro, realizado por primera vez en el espacio público, decidimos recrear un escenario de costurero mediante la disposición de mesas, sillas y herramientas de trabajo, así como decoracio nes domésticas y textiles. En este caso, la jornada comenzó con una activación basada en la metodología del teatro del oprimido, orientada a despertar en las participantes su capacidad para reconocerse como actoras dentro del entramado de situaciones, tensiones, desigualdades, violencias y normas que confluyen en el espacio público.
El mirarse a sí mismas a través de un ejercicio que implicaba formar parte de una escena les permitió reflexionar sobre sus reacciones frente a situaciones cotidianas atravesadas por la perspectiva de género, como ir en un bus muy lleno o pasar cerca de una tienda de barrio donde se encuentra reunido un grupo de hombres. Encontramos que este ejercicio fue especialmente potente en tanto involucraba el cuerpo, un aspecto que ya habíamos identificado como central en las implementaciones anteriores (ver Figura 4).
Tras implementar los ejercicios de biografía del objeto y la posterior construcción del amuleto, percibimos cómo los elementos de oralidad, confianza y materialidad textil se activaban mutuamente. Además, incorporamos el tendedero epistolar, otra herramienta proveniente de uno de los costureros de la primera fase, el costurero Ancestra. En él se colgaban mensajes escritos sobre el sentido atribuido a los amuletos. Tanto el objeto como estos mensajes invitaban a las participantes a mirar su propia experiencia y reconocer los conocimientos, capacidades y sentimientos que confluían al momento de habitar el espacio público.
Con base en lo anterior, el uso de materiales textiles en la creación posibilitó el encuentro y el compartir con otras personas, teniendo la materialidad como pretexto para cortar, bordar o ayudarse técnicamente entre sí. En el hacer conjunto, las conversaciones que surgían mientras se creaba, se asemejaban a aquellas que aparecen con espontaneidad entre vecinas cuando se borda o se cose, dando lugar a relatos sobre aspectos íntimos y experiencias de la vida cotidiana de quienes participaban.

Fuente: archivo fotográfico del proyecto.
Figura • 4. Amuletos resultantes de una de las implementaciones
Se trataba de conversaciones muchas veces marcadas por distintos rumbos y ritmos, que permitieron que emergieran temas que las participantes necesitaban nombrar: diálogos capaces de transitar de lo más profundo a lo más superficial, como el reverso de un bordado. Todo ello permitió dar cuenta de la potencia de la metodología de costurero, en tanto teje conversaciones y, a su vez, permite hilar en silencio en el ensimismamiento, estar en contacto con la materialidad y encontrar en la creación un pretexto para construir vínculos de confianza.
En este marco, el amuleto textil como herramienta metodológica situada, mostró su capacidad para propiciar intercambios sobre las formas en que las mujeres habitan el espacio público y experimentan la vulnerabilidad, apoyándose en las condiciones de oralidad, confianza y materialidad textil que conforman la atmósfera del costurero.
Reflexiones finales. "Esto sí es un costurero, ¡ve!"
En este artículo mostramos cómo una dinámica de trabajo propia del costurero puede devenir en herramienta metodológica para la investigación en el espacio público. Este recorrido fue posible gracias a la apertura que propone la investigación-creación, entendida como un proceso de diseño y ajuste permanente que dialoga con y se deja afectar por el entramado relacional y la materialidad con la que interactúa. Consideramos que el amuleto textil, así como otras dinámicas surgidas en los costureros, tiene el potencial de enriquecer las investigaciones cualitativas. A continuación, compartimos algunas reflexiones finales con el propósito de seguir abriendo posibilidades en este ámbito.
La metodología del costurero, en la que se inscribe el amuleto textil como herramienta, propicia una activación orgánica de la conversación y ofrece una posibilidad singular para visibilizar las preocupaciones, experiencias y emociones individuales de las personas participantes. En este entorno, cada participante se sitúa desde una jerarquía propia en la que el relato personal se convierte en una guía valiosa para orientar la dinámica del diálogo. Esto no solo habilita la expresión individual, sino que facilita la articulación de reflexiones situadas. De este modo, se configura un espacio dinámico en el que las voces individuales convergen hacia una comprensión más amplia y compartida, permitiendo que las experiencias personales se integren de manera significativa en el tejido colectivo de la reflexión.
En uno de los talleres piloto, una de las participantes expresó: "Uy, de verdad, esto sí es un costurero, ¡ve!", a modo de validación de que el espacio coincidía con su referente previo y no se trataba únicamente de un nombre atractivo. En efecto, las personas estaban cosiendo, bordando, tejiendo, pegando y manipulando materiales diversos, mientras conversaban en pequeños grupos o parejas que se conformaban de manera espontánea, sin una guía externa y en los que la agenda la definían ellas mismas. Mujeres hablando en libertad con otras mujeres, en un espacio de confianza que habilitaba el relato de experiencias de vida, pero también la conmoción compartida entre telas, lanas, agujas, hilos y lentejuelas. En este contexto, el amuleto textil adquiría múltiples sentidos: además de elaborarlo para sí mismas, algunas participantes lo confeccionaban para sus hijas, reconociendo tanto la peligrosidad de la calle como la potencia de imaginarla desde la esperanza de un futuro distinto.
Esta escena contrasta de manera significativa con los procesos históricos de silenciamiento y relegación de las voces de las mujeres a la esfera privada. En su ensayo sobre este tema, Mary Beard (2018) inició su rastreo de estas dinámicas a partir de un fragmento de La Odisea de Homero en el que Penélope le pide a su hijo Telémaco, quien se encuentra reunido con otros hombres, que cambien de tema. É le responde: "Madre mía -replica-, vete adentro de la casa y ocúpate de tus labores propias, del telar y de la rueca... El relato estará al cuidado de los hombres y sobre todo al mío" (Homero, como se citó en Beard, 2018, 16). Este fragmento condensa una actitud que ha tenido su correlato histórico en la separación y el confinamiento de las mujeres a la esfera doméstica, así como la exclusión de sus voces de los espacios de deliberación pública.
Traemos a colación el fragmento anterior porque uno de los ejes que atra vesó este proyecto fue la percepción de vulnerabilidad de las mujeres en el espacio público como un factor estructural, estrechamente relacionado con lo que los feminismos comunitarios denominan mediación patriarcal (Gutiérrez, 2020). Esta noción remite a un entramado relacional que legitima las rupturas y separaciones que experimentan las mujeres, entre ellas, las que atraviesan sus formas de habitar la ciudad. Al respecto, Raquel Gutiérrez (2020: 13) señaló que, a través de esta noción:
nos empeñamos por alumbrar y nombrar la experiencia femenina, y de los cuerpos feminizados, de separación y bloqueo, impedimento, (...) ruptura de las relaciones entre mujeres mediadas por su propia palabra común y compartida. Si bien la específica figura de la mediación patriarcal vivida, que sujeta la experiencia de las mujeres y de quienes habitan cuerpos feminiza dos, es siempre situada, específica y particular, consideramos que también es comunicable: puede ser compartida y comprendida a través de la palabra que nombra lo que se vive y se sabe, abriéndose a la conversación y a la generación y regeneración de vínculos fértiles, esto es, creativos.
En ese sentido, nos resulta crucial aportar a la construcción de escenarios metodológicos de investigación comprometidos con la producción colectiva de conocimiento, a partir de activaciones que permitan el intercambio de experiencias sobre situaciones de las que nosotras como investigadoras y habitantes de esta ciudad hacemos parte. Consideramos que estas discusiones sobre los métodos de investigación desde una perspectiva feminista se inscriben en el campo de los estudios de género en la medida en que ponen atención en dimensiones de la experiencia que han sido tradicionalmente dejadas por fuera del espectro de lo visible, al no ser cuantificables ni susceptibles de ser abordadas con esquemas e indicadores tradicionales.
Desde otra perspectiva, y poniendo en el centro la potencia de la oralidad, Alejandro Haber (2017) dedicó una parte de su reflexión a la conversación como componente fundamental de lo que concibe como una apuesta no metodológica
de investigación indisciplinada. Esta mirada resulta especialmente sugerente para pensar las dimensiones de oralidad, confianza y materialidad textil que se activan de manera recíproca, generando atmósferas afectivas particulares para la expresión y el intercambio de experiencias entre las participantes. En este sentido, la apuesta no metodológica que puede percibirse en espacios como el costurero y en la elaboración del amuleto textil que transformó las condiciones de la investigación, en tanto las reconfiguró, lo que permitió que la pretendida objetividad asociada a dispositivos controlados se viera atravesada y modulada por una relacionalidad ampliada, una otra mirada (Stafford; Terpak, 2001) que emergió en la conversación y en el hacer compartido entre hilos, agujas y afectos.
Queremos hacer énfasis en la manera en que el surgimiento del amuleto textil, en el contexto de las dinámicas de trabajo de un costurero, nos habló y permitió articular las dimensiones analíticas de oralidad, materialidad textil y confianza, que derivaron en lo que denominamos metodología de costurero, entendida como una apuesta por generar espacios de encuentro que emulan el tejido que allí ocurre. Esto se corresponde con lo que Callén-Moreu y Pérez-Bustos (2020) señalaron sobre el carácter performativo de los métodos y su mediación en la producción de conocimiento, especialmente cuando abordaron la entrevista como un dispositivo facilitador de la atención y de una percepción sensible. En este marco, la conversación revela la voz como algo que se hace, en la que se entreveran afectos que constituyen territorios íntimos y afectivos y que, a su vez, evoca al cuerpo en su gestualidad.
La intrincada intersección entre lo político y lo personal se manifiesta de manera clara en la premisa de que en la casa se hace la calle. La reinterpretación del costurero como un espacio políticamente relevante subraya la importancia de llevar lo doméstico al ámbito público. En este sentido, considerar los costureros como una herramienta metodológica abre nuevas perspectivas para abordar cuestiones de género al desdibujar la brecha tradicional entre lo público y lo doméstico que suele reproducirse por programas y políticas públicas. Al poner en relación estos dos escenarios, se fortalecen las posibilidades de reflexión y se habilita un espacio para la reevaluación y el agenciamiento tanto en el ámbito privado como en el público.
La creación del amuleto textil nos permitió observar cómo un ejercicio concreto es capaz de materializar disposiciones como escuchar, crear, jugar y experimentar, así como afectos asociados a la confianza, la tristeza o el miedo y de activar una dimensión colectiva. La potencia del amuleto reside en su capa cidad simbólica para habilitar otras formas de agenciar la vida en contextos de violencia, pero también para ficcionar, a través de la costura, diversas maneras de cuidado mutuo. Si bien la elaboración del amuleto textil partía de la personalización de las historias de las participantes, este proceso cumplió un rol de generosidad y de don. Como señaló Mauss (2009: 91) , los dones son formas de intercambio material y no material que implican que "aceptar algo de alguien es aceptar algo de su esencia" y, por ende, algo de sus memorias y sentires. Esta metodología colectiva permitió otorgar agencia a la materia, es decir, dotarla de poder, y posibilitó que esta se fuera tejiendo entre silencios y palabras en el espacio público, junto con otras (ver Figura 5).
Por ello, en un proyecto de materialidad textil con perspectiva de los femi nismos comunitarios, esta apuesta permite reconocer prácticas históricamente feminizadas como la costura y el bordado, como formas legítimas de conoci miento y de agenciamiento en la vida cotidiana. Asimismo, posibilita cuestionar las pretensiones de neutralidad y objetividad que han contribuido a excluir estas experiencias del campo académico. De este modo, la investigación-creación, siguiendo los postulados de Alarcón-Riquelme (2025) , habilita otras formas de conocer en el mundo y se configura, a su vez, como una práctica epistémica y política orientada al cuidado, la relacionalidad, la generosidad y la creación colectiva a través de las memorias, la materialidad y los afectos.
Este ejercicio puede seguir potenciándose desde una perspectiva interseccional, ya que en la realización del amuleto fue posible visibilizar, mediante el uso de los colores, distintas percepciones y experiencias asociadas a salir a la calle. Al cruzar este ejercicio de creación colectiva con variables como el género, la edad, la etnicidad o las experiencias previas de violencia, se hace posible abor dar la espacialidad del miedo tanto en las zonas donde este se concentra como en los recorridos y desplazamientos de la vida cotidiana.
Igualmente, esta perspectiva puede ajustarse para explorar diversas estrate gias de habitar la ciudad y otras formas de percepción que no se centren única mente en la vulnerabilidad. En este sentido, se trata de una contribución relevante para los estudios urbanos con perspectiva de género que buscan enriquecer sus métodos de trabajo desde la investigación-creación al incorporar dimensiones emocionales y afectivas que han sido poco privilegiadas en la comprensión y el análisis de problemáticas estructurales (Pérez-Sanz; Gregorio-Gil, 2020).
Explorar aquello que no es fácilmente perceptible implica un proceso pro fundo de toma de conciencia. La dinámica de conversación orgánica, junto con los elementos inherentes al costurero como la confianza, el uso reflexivo de la palabra, la escucha atenta y las relaciones horizontales, facilitan la identificación, denominación y reflexión sobre vulnerabilidades, prácticas de violencia o desigualdades basadas en el género. Gracias a las experiencias compartidas, se lograron reconocer aspectos que antes pasaban desapercibidos, lo que permitió, por ejemplo, tomar conciencia de agresiones que estaban normalizadas hasta que otra persona las nombró como tal. Este proceso puede entenderse también desde la categoría de ensimismamiento colectivo que favorece "comprender cómo las historias individuales de mujeres de distintas edades, que han sido blanco de diversas violencias en clave de género, pueden interpelarse internamente y conectarse con un cuestionamiento de la historia propia" (Cuéllar-Barona; Caicedo-Giraldo, 2023: 297).
Finalmente, la materialidad textil se revela como un recurso simbólico potente. La conversación, enriquecida por la práctica de crear un amuleto textil, explorar materiales y deliberar colectivamente sobre colores y símbolos, se convierte en un catalizador del diálogo. Durante este proceso, las mujeres solicitan y ofrecen ayuda, comparten conocimientos sobre puntadas y brindan apoyo a quienes cuentan con menos experiencia, generando un ambiente propicio para que las conversaciones sobre temas como el género fluyan de manera más natural. Igualmente, la realización de una actividad creativa con las manos permite a muchas personas expresar de forma más tangible sus sentimientos, emociones, experiencias e ideas. En el caso del acoso callejero, un fenómeno que con frecuen cia se vive en silencio, esta conexión con la materialidad ofrece una vía para dar expresión a esos sentires, especialmente si se considera su carácter efímero y la reticencia de muchas mujeres a hablar abiertamente sobre estas experiencias.
En este sentido, los costureros pueden ser concebidos como espacios de experimentación o laboratorios de ciudad en los que la experiencia y las voces de las mujeres se tornen protagonistas a través de la mediación de los textiles. Así, se configuran escenarios en los que la creatividad ocupa un lugar central y los afectos son convocados tanto para dar cuenta de las percepciones de vulnerabilidad que emergen y determinan espacialidades y formas particulares de habitar la ciudad como para explorar posibles estrategias de afrontamiento y las dimensiones afectivas del cuidado que se invocan y conjuran en los amuletos.

















