Introducción
La amputación de una extremidad es una causa importante de discapacidad, ya que afecta la independencia, la movilidad funcional, las actividades vocacionales y la imagen que tiene el paciente de sí mismo1. La amputación es un problema de salud que afecta a personas de todo el mundo, con una estimación de 65 millones de individuos que viven con esta condición, lo cual resalta la extensión del problema a nivel global2. Según diversas investigaciones, la enfermedad vascular es reconocida como la causa más frecuente de amputación de miembros inferiores, representando el 80% de los casos3. Esta causa a menudo se relaciona con factores socioeconómicos como el acceso a la atención médica y los estilos de vida de las personas4. En particular, la diabetes mellitus destaca como una de las causas más comunes de amputación de miembros inferiores, aumentando entre 10 y 20 veces el riesgo en comparación con quienes no padecen esta enfermedad5.
En Panamá, según datos proporcionados por cinco hospitales pertenecientes a la Seguridad Social, entre 2011 y 2012 se llevaron a cabo 360 amputaciones de miembros inferiores por causas vasculares6. Más recientemente, un estudio realizado en una provincia del país evidenció una relación significativa en los pacientes con pie diabético, con presencia de osteomielitis y con necrosis, encontrando que 17,4% de los pacientes con estas condiciones fueron sometidos a amputaciones de miembros inferiores.
Es importante considerar el costo económico que estas intervenciones conllevan7, pues, según el Consenso Internacional sobre Pie Diabético de 2011, el gasto promedio de una amputación, que incluye el periodo posoperatorio, la rehabilitación y la colocación de la prótesis, asciende a aproximadamente 67.000 dólares, cifra que resalta el considerable impacto socioeconómico que representa este evento tanto para el paciente como para el sistema de salud pública6,8.
La actividad física, gracias a sus beneficios comprobados para la salud y la calidad de vida, es fundamental para prevenir y tratar diversas enfermedades crónicas no transmisibles9. Sin embargo, algunos estudios revelan que un porcentaje importante de las personas con amputaciones de miembros inferiores no llevan un estilo de vida suficientemente activo3,10, lo que las expone a un elevado riesgo de sedentarismo debido a la notable disminución de su movilidad11,12. Además, es importante destacar que una gran parte de estos pacientes padecen enfermedades cardiometabólicas como la hipertensión arterial y la diabetes, lo que incrementa su riesgo de morbilidad y mortalidad13. Por lo tanto, incorporar la actividad física regular al estilo de vida de las personas con amputación de miembros inferiores es esencial no solo para mejorar su función física, sino también para fortalecer su bienestar psicológico, ayudándoles así a enfrentar los desafíos que conlleva la pérdida de una extremidad14,15.
Uno de los principales objetivos de la rehabilitación post-amputación de un miembro inferior es alcanzar la máxima independencia del paciente a través de un programa personalizado y una prótesis adecuada. Conocer el nivel de actividad física de los pacientes amputados es fundamental para este proceso, ya que esto puede ayudar a los profesionales de la salud a identificar los individuos que no son lo suficientemente activos y que podrían beneficiarse de orientación y prescripción de ejercicio físico. Así pues, el objetivo de la presente investigación fue cuantificar el nivel de actividad física en pacientes amputados de miembros inferiores atendidos en un centro de rehabilitación especializado de Ciudad de Panamá, Panamá.
Métodos
Diseño del estudio
Estudio observacional tipo transversal realizado para determinar el nivel de actividad física en pacientes amputados de miembros inferiores.
Población de estudio y muestra
La población de estudio consistió de los pacientes amputados de miembros inferiores que fueron atendidos en el Instituto Nacional de Medicina Física y Rehabilitación (INMFRE) de Ciudad de Panamá entre octubre del 2023 y agosto del 2024. La selección de la muestra se realizó utilizando los datos estadísticos proporcionados por la sección de Registros y Estadística de Salud del INMFRE. Según este informe, durante el año 2022 se atendieron 40 pacientes con amputaciones de miembros inferiores. Con este número se calculó la muestra mediante la fórmula de muestreo finito, resultando en 37 participantes. Para identificar a las personas con amputación de miembros inferiores de cualquier nivel se optó por un muestreo por conveniencia. Los participantes fueron reclutados en un instituto de tercer nivel de rehabilitación física, en distintas áreas como consulta externa de fisiatría, laboratorio de prótesis y gimnasios de fisioterapia.
La muestra se seleccionó considerando los siguientes criterios de inclusión: ser mayor de 18 años, tener capacidad de contestar al interrogatorio de manera independiente y tener al menos una amputación a cualquier nivel del miembro inferior. Se excluyeron los pacientes con amputaciones concomitantes de las extremidades superiores. De este modo, la muestra final estuvo conformada por 39 pacientes amputados de miembros inferiores.
Niveles de actividad física
El nivel de actividad física se determinó a partir de los resultados en el Cuestionario Corto Internacional de Actividad Física (IPAQ-SF, por su sigla en inglés: International Physical Activity Questionnaire - Short Form), el cual es utilizado internacionalmente para medir el nivel de actividad9,10 y está validado en español16. La versión corta consta de siete preguntas acerca de la frecuencia, la duración y la intensidad de la actividad física realizada durante los últimos siete días, así como el tiempo dedicado a caminar y el tiempo que permanece sentada la persona en un día. A través de estas preguntas, el IPAQ-SF categoriza la actividad física diaria en tres tipos específicos de acuerdo a la intensidad respecto al gasto energético estimado en: a) Actividad vigorosa (8 MET): cuando es una tarea de alta intensidad que requiere de un gran esfuerzo físico con una respiración mucho más fuerte de lo normal, con un aumento de la frecuencia cardíaca y sudoración por lo menos durante 10 minutos continuos; b) Actividad moderada (4 MET): cuando la actividad requiere un esfuerzo físico que involucra respirar un poco más fuerte de lo normal, y c) Actividad leve (3,3 MET): cuando se registra una actividad física tipo caminata.
Con los datos de actividad física diaria antes mencionada, el IPAQ-SF permite calcular la actividad física semanal a través del registro MET-min-semana de las distintas actividades descritas a través del índice de actividad, cuyo valor corresponde al producto de los MET por la frecuencia, por la duración de la actividad. Utilizando este instrumento se clasificó a los sujetos en las siguientes categorías de actividad física9,10:
Baja: no registran actividad física o la que registran no alcanza las categorías moderada y alta. Gasto de energía total de actividad física: Insuficientemente activos o sedentarios con menos de 600 <3.000 MET-min/semana.
Media: cinco o más días de cualquier combinación de actividad física leve, moderada o vigorosa que alcancen un registro de 600 METunin/semana. Gasto de energía total para el criterio de: Actividad física total mínima con 600 a <3.000 METunin/semana.
Alta: siete o más días de cualquier combinación de actividad física leve, moderada o vigorosa que alcance un registro de 3.000 METunin/semana. Gasto de energía total para el criterio de: Actividad física total suficiente con 3.000 o más METunin/semana.
Otras variables
Comorbilidades: se utilizó el índice de comorbilidad de Charlson para evaluar la comorbilidad17. Además, se utilizó el índice ajustado por edad, que es una variante más precisa y versátil del índice original, con mejoras en la clasificación y la inclusión de la edad en el cálculo del puntaje18.
Causa de la amputación: se agruparon las causas más comúnmente encontradas: traumática, vascular, infecciosa, tumoral y otros3.
Nivel de amputación en miembro inferior y uso de prótesis: el nivel de la amputación se determinó según la clasificación de la Academia Americana de Cirujanos Ortopédicos en transfemoral, transtibial, desarticulación de rodilla y de tobillo y amputaciones parciales del pie19. Se incluyeron todas las combinaciones de amputaciones bilaterales de los miembros inferiores. Además, a través de la encuesta se documentó si el paciente era usuario o no de prótesis.
Análisis estadístico
Los datos demográficos y los obtenidos a través del IPAQ-SF se analizaron mediante estadística descriptiva. La comparación entre grupos según el nivel de actividad física y otras variables sociodemográficas se realizó mediante pruebas no paramétricas, incluyendo la prueba de U de Mann-Whitney para comparación de medias en dos grupos, la prueba de KruskaLWallis para más de dos grupos y la prueba de chi-cuadrado para evaluar asociaciones entre variables categóricas. Se consideró un nivel de significancia de p<0,05. Los análisis se realizaron con el programa SPSS (SPSS, Chicago, IL, versión 23).
Resultados
La muestra estuvo conformada por 39 pacientes con amputación de miembros inferiores. La edad media fue 52,7 años (DE=13,9) y la mayoría de los participantes eran hombres (n=28, 71,8%). El tipo de amputación que prevaleció fue el de amputación transfemoral unilateral (n=25, 64,1%) y la causa más frecuente de amputación fue vascular (n=25, 64,1%), seguida de los traumatismos (n=8, 20,5%). La mayoría de los participantes vivían con familiares (n=35, 89,7%) y no utilizaban prótesis (n=33, 84,6%). El número de participantes pensionados y desempleados fue similar (n= 16, 41%, cada uno) y solo siete participantes (17,9%) estaban empleados (Tabla 1).
Tabla 1. Caracterización clínica y demográfica de los participantes (n=39).
DE: Desviación estándar; ICCAE: índice de comorbilidad de Charlson ajustado por edad.
Fuente: elaboración propia.
La comparación estadística según el nivel de significativa (p=0,005) con respecto al nivel de actividad física semanal reportó una diferencia actividad física bajo de las mujeres (Tabla 2).
Tabla 2. Nivel de actividad física semanal medido con el Cuestionario Corto Internacional de Actividad Física (IPAQ-SF) según sexo.
| Nivel de actividad física | Hombres | Mujeres | Valor p |
|---|---|---|---|
| Nivel de actividad física alto | 9 (32,1) | 1 (9,1) | |
| Nivel de actividad física medio | 12 (42,9) | 1 (9,1) | 0,005* |
| Nivel de actividad física bajo | 7 (25,0)* | 9(81,8)* |
* Las proporciones son estadísticamente diferentes según una prueba de distribución Z.
Fuente: elaboración propia.
En cuanto a la actividad física, un total de 16 participantes (41%) puntuaron para insuficientemente activos o sedentarios, seguido de 13 participantes (33,3%) que fueron clasificados con un nivel de actividad física total mínima, mientras que 10 participantes (25,6%) fueron catalogados con un nivel de actividad física total suficiente con al menos 3.000 MET-min/semana (Figura 1).
Discusión
El presente estudio explora el nivel de actividad física entre las personas con amputación de miembros inferiores que asistieron al INMFRE entre octubre de 2023 y agosto 2024. Los resultados obtenidos proporcionan información sobre el nivel de actividad física en esta población, destacando una alta prevalencia de inactividad y sedentarismo.
Se observó una diferencia significativa entre el sexo y el nivel de actividad física, evidenciándose que en las mujeres este es menor en comparación con los hombres. Esta tendencia se respalda en estudios que indican que, tras una amputación de miembro inferior, los hombres suelen obtener puntuaciones más altas en las mediciones de funcionamiento físico y calidad de vida, mientras que las mujeres presentan síntomas depresivos más marcados, así como un menor interés en mantener una actividad física regular20,21.
En términos general, se ha establecido que las mujeres enfrentan mayores desafíos en áreas relacionadas con el uso de la prótesis, la salud mental y el retorno a sus ocupaciones habituales22. El presente estudio, en general, no mostró diferencias significativas entre el nivel de amputación y el nivel de actividad física. Esto contrasta con investigaciones previas que indicaron que la mayoría de las personas con amputación de miembros inferiores por arriba de la rodilla exhiben niveles bajos de actividad física1,10,23. Es probable que esta diferencia se deba al tamaño de la muestra, a la heterogeneidad del grupo aquí analizado y a un mayor índice de comorbilidad de Charlson observado en aquellos con amputación transtibial. Esto sugiere un perfil médico complejo que podría limitar potencialmente la actividad física debido a problemas de salud asociados.
Por otro lado, se observó un alto porcentaje de individuos con niveles insuficientes de actividad física, ya que no lograron alcanzar los 3.000 MET- min/semana, una cifra considerada adecuada para mantener un buen estado de salud y bienestar mental9,19. En relación con estos hallazgos, la literatura indica que las personas con amputaciones de miembros inferiores suelen no alcanzar los estándares recomendados de actividad física4,10. Por ejemplo, en un estudio en el que incluyeron 72 adultos con amputación de miembros inferiores, Langford et al.19 reportaron que 61% de los participantes no eran lo suficientemente activos, posiblemente por la edad, la falta de motivación y presencia de comorbilidades.
Además, se estableció que el tiempo promedio que los participantes permanecen sentados es de 4.97 horas diarias. Esto difiere con lo reportado en estudios previos en los cuales se informa que las personas con amputaciones de miembros inferiores pasan aproximadamente 77% de sus horas de vigilia sentados11,12. Es importante considerar que la actividad física auto reportada depende del recuerdo y que los cuestionarios empleados para evaluar la actividad física no logran medir con precisión el gasto energético24 ya que las personas tienden a sobrestimar la intensidad de sus actividades y a subestimar el tiempo que pasan sentadas25.
Del total de participantes, 41% estaba desempleados y la edad media de este grupo fue 44 años, una edad que se considera productiva en el ámbito laboral.
Los hallazgos del presente estudio coinciden en cuanto a la distribución por sexo, la edad y la ocupación reportada con los descritos por Darter et al.26 Es importante destacar que en Panamá la edad laboral productiva en personas no amputadas abarca desde los 20 hasta los 59 años, siendo el grupo etario dominante el de 30 a 59 años (62,1%), con una clara predominancia masculina27. Además, un estudio reciente indica que menos del 30% de los pacientes que sufrieron amputaciones de miembros inferiores lograron reincorporarse al trabajo, siendo la discapacidad física la principal barrera en este proceso28. Por lo tanto, cabe destacar que presentar una amputación de miembro inferior representa un desafío significativo para los adultos en edad productiva que buscan ocupar un puesto laboral.
En el presente estudio, 66,7% de los participantes tenían diabetes mellitus y 61,5% sufría de hipertensión arterial. Además, estas dos enfermedades crónicas se manifestaron simultáneamente en el 51.3% de los participantes. Así mismo, se encontró que el porcentaje de participantes con amputaciones por causa de trastornos vasculares (64,1%) era superior al de amputaciones por otras causas. Es importante señalar que la literatura reciente sugiere que entre el 50% y el 75% de las amputaciones en las extremidades inferiores a nivel mundial, incluyendo Panamá, son consecuencia directa del pie diabético5. De hecho, aproximadamente el 58% de los pacientes con amputaciones en miembros inferiores en algunas cohortes presentan diabetes mellitus, considerándose este un factor de riesgo relevante para la amputación debido a complicaciones como la enfermedad vascular periférica y la polineuropatía29.
Por otra parte, el nivel de amputación más comúnmente encontrado en el presente estudio fue el transfemoral unilateral, que representó el 64,1% de los casos. Curiosamente, en la mayoría de los estudios revisados, el nivel de amputación más frecuente fue el transtibial3,23. Esta tendencia puede explicarse por el hecho de que la mayoría de los cirujanos alrededor del mundo prefieren preservar la mayor longitud posible del miembro afectado para facilitar así la movilidad y mantener el mayor grado de independencia posible para los pacientes30. Además, es relevante considerar el papel que desempeña la causa de la amputación, ya sea traumática o vascular, ya que se ha evidenciado que las causas vasculares suelen estar asociadas a una mayor cantidad de comorbilidades y a una enfermedad arterial periférica más extensa, lo que puede comprometer gran parte de la extremidad afectada y hacer que sea necesario un nivel más alto de amputación3,29; esto último probablemente explica el predominio de amputaciones transfemorales en los participantes del presente estudio. No obstante, no se dispone de datos para poder discernir otras causas, tales como el acceso limitado a sistemas de salud especializados o la existencia de amputaciones previas de la misma extremidad.
A diferencia de estudios anteriores en los que solo entre el 7% y el 9,1% de los participantes no utilizaban prótesis23,28, en el presente estudio el 84,6% de los participantes carecía de este tipo de dispositivo. Es importante mencionar que, al momento de la evaluación, 27 participantes (69,2%) habían tenido su cirugía de amputación hace menos de dos años, lo que sugiere que aún no habían recibido su prótesis y se encontraban en un programa de rehabilitación preprotésica. Esta diferencia significativa destaca los importantes desafíos que enfrentan las personas amputadas en los países en desarrollo, pues es probable que las limitaciones económicas y los modelos actuales de financiación pública sean algunas de las principales barreras para acceder a una prótesis de alta calidad, sugiriendo esta observación como una línea de investigación para futuros estudios.
Este estudio tiene algunas limitaciones. Primero, se contó con una muestra pequeña, por lo tanto los datos pueden no ser generalizables a todas las personas con amputación de miembro inferior. Segundo, la actividad física fue evaluada a través de lo que reportaba el paciente y la literatura sugiere que la actividad física autoinformada puede estar sobreestimada debido a la conveniencia social de la aptitud física3. Cuarto, no se contempló la necesidad y disponibilidad de dispositivos de asistencia como bastones, muletas o andadores para la deambulación, los cuales podrían influir en la actividad física semanal realizada. Quinto, no se tuvo en cuenta la fase del proceso de rehabilitación en la que se encontraba el paciente, ni la participación en algún programa de ejercicios prescritos por su médico durante la evaluación que pudiese influir sobre el nivel de actividad reportado; sin embargo, este estudio buscó evaluar el nivel de actividad física declarada por el participante, lo que en efecto se ha reflejado con el instrumento utilizado. Sexto, algunos aspectos en el área clínica de los participantes no fueron estudiados, entre estos la presencia de amputaciones previas, el tiempo de evolución de la enfermedad, el área socioeconómica, su nivel educativo, su estado civil o el ingreso familiar, que podrían explicar mejor las características principales de la muestra.
No obstante las anteriores limitaciones, el estudio también tuvo algunas fortalezas a destacar, como que este trabajo es uno de los primeros en investigar el nivel de la actividad física en personas con amputaciones de miembros inferiores, lo que aporta información valiosa sobre un área poco explorada hasta ahora y puede dar una visión general de la situación actual de esta población, y que los hallazgos de este estudio pueden servir como base para futuras investigaciones destinadas a optimizar las intervenciones de ejercicio adaptadas a diferentes tipos y niveles de amputación.
Conclusiones
Los niveles de actividad física entre las personas con amputación de miembros inferiores resultaron ser insuficientes, con una notable cantidad de participantes clasificados como sedentarios. Se detectó una diferencia significativa en el nivel de actividad física entre sexos, encontrando que las mujeres reportan un nivel inferior al de los hombres. Además, se evidenció una alta tasa de desempleo en individuos que se encuentran en edad laboral activa. Estos hallazgos resaltan la urgente necesidad de implementar programas de rehabilitación que fomenten la actividad física y el ejercicio teniendo en cuenta las barreras que dificultan la participación de esta población en las actividades cotidianas. Así mismo, se requieren estudios longitudinales para evaluar el impacto de la actividad física en la salud y la calidad de vida de las personas con amputación de miembros inferiores.

















