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Revista Colombiana de Psiquiatría

Print version ISSN 0034-7450

Rev. colomb. psiquiatria vol.30 no.4 Bogota Dec. 2001

 

Editorial

CUESTIONAR LA CIENCIA: ASUNTO DE SACRILEGIO

Ciencia, conocimiento científico y tecnología, términos que aparecen por doquier en todo discurso con pretensiones académicas de veracidad. Ciencia es la palabra sagrada para referirse a todo saber sobre el cosmos, el mundo, la sociedad, la cultura y el ser humano. ¿Y qué es la ciencia? ¿Es una sola o son varias? ¿La idea de ella ha sido la misma a lo largo de la historia? ¿Es un conocimiento que se basta a sí mismo o requiere del apoyo de otras disciplinas del saber? Preguntas y preguntas que a lo largo de los siglos siguen siendo motivo de controversia.

Para el mundo griego, la palabra ciencia o episteme surgió al interior de la filosofía en un intento de entenderse a ella misma y para definirse como aquella que va en busca de las primeras causas de la realidad. Aristóteles, en un esfuerzo por darle contenido al término la refirió a otros saberes: unos que le sirven de base y otros que la llevan a su culminación. De tal manera, para el universo helenístico, la ciencia debía entenderse en un contexto más amplio que ella misma, o sea como una forma, entre otras, de conocimiento.

Con el advenimiento de la modernidad (siglos XVI y XVII) ocurrió una ruptura entre el concepto de ciencia y su gestora de antaño, la filosofía. Así, la ciencia tendió, a partir de entonces, a independizarse de otros tipos de saber. Fue la emancipación de lo científico con sus características de especializaci ón y refinamiento de sus métodos. Métodos cada vez más recortados y a la medida de campos de objetos cada vez más reducidos.

No hay duda que en la concepción de la ciencia se presentó un cambio doble. Por una parte, la base del conocimiento científico es distinta a la instituida por la filosofía de la época; y por la otra, se establece un criterio de validez diferente para ese conocimiento. La doctrina no es ya lo que enseña el maestro, sino la estructura lógica que permite ver con claridad la consistencia de la enseñanza transmitida. El saber se convierte en un conjunto de enunciados que han de probarse (objetivación). Su base no es una evidencia intelectual como en el Nominalismo, sino el conjunto de procesos experimentales que confirman su validez.

Surgieron para la ciencia ámbitos culturales, independientes del arte, la religi ón y la política. Cada disciplina particular, dada la diversidad y multiplicidad de intereses investigativos, tendió a su propia autonomía. Por consiguiente, no una ciencia sino varias ciencias que propendieron particularmente por su estatuto científico, al punto que hoy hay algún grado de acuerdo en que hablar de ciencia significa distinguir al menos cuatro acepciones del término: un empeño intelectual que aspira a una comprensión racional del mundo; un conjunto de ideas teóricas y experimentales aceptadas; una comunidad social con tradiciones, instituciones y vínculos sociales propios; y la ciencia aplicada y la tecnología.

La discusión de lo qué es la ciencia, sus postulados básicos y las posibilidades de generalización de los criterios específicos de una disciplina particular a otras disciplinas, continúa tan ardua como candente. Infinidad de pol émicas estériles y malentendidos, provocadas por adeptos dogmáticos y acríticos que han sacralizado "lo científico" como el único saber factible y fuera del cual no hay salvación.

Seamos claros, muchos científicos -de seguro los menos ortodoxos- son los primeros conscientes de la limitaciones de este tipo de conocimiento. Ellos se han preguntado, además de la posibilidad de una definición de la ciencia en general, por la dimensión ético-política de ese quehacer y por su impacto sobre las acciones humanas. Ha sido tan extensa y abigarrada la discusión alrededor de esos temas que para tratar de dar razón a estos y otros interrogantes, se desempolvó y actualizó la extraña palabreja "epistemología". Su definición contemporánea es tan amplia y hace alusión a empresas tan diversas, que es necesario especificar su uso en un ámbito determinado. Epistemolog ía, entonces, puede significar:

• Reflexión sobre la práctica de la ciencia en general.

• Ciencia de la ciencia, meta-ciencia o teoría de la ciencia.

• Teoría general del conocimiento.

• Teoría del conocimiento científico.

• Génesis de los diversos modos de conocer: cómo surgen en el hombre concreto, por ejemplo, la sensación y el pensamiento; la percepción de los colores, de las formas.

• Génesis de las distintas teorías en la historia de las ciencias: por un desarrollo acumulativo continuo, o por medio de revoluciones científicas o rupturas epistemológicas.

• Teoría crítica de las ciencias. Estudio de su estatuto teórico, de sus presupuestos, de la validez e implicaciones de sus enunciados. De las condiciones teórico-metodológicas de su posibilidad, y

• La ciencia como ideología, es decir como poder de dominación.

Después de esta aclaración, caben o no, preguntas como: ¿qué características distinguen la investigación científica de otros tipos de investigación?, ¿qué procedimiento debe seguirse al investigar la naturaleza y las relaciones humanas?, ¿qué condiciones debe satisfacer una explicación científica para ser correcta?, ¿cuál es el rango cognoscitivo de las leyes y principios científicos? Disertaciones sobre las cuales la filosofía ha llamado por centurias la atención y ha aportado desde variadas escuelas y posiciones. Claro, no siempre atinadamente, pero con un espíritu crítico del que se ha servido esa ciencia para la reflexión de sus alcances en su quimera de omnipotencia.

Ahora bien, adherir a la posición que valora la ciencia como un modo más de conocimiento entre otros posibles, no significa alinderarse con el llamado " posmodernismo", actualmente en boga entre algunos círculos intelectuales de las ciencias sociales, especialmente en Norteamérica. Esta es una corriente intelectual caracterizada por el rechazo más o menos explícito de la tradición racionalista de la Ilustración, por elaboraciones teóricas desconectadas de cualquier prueba empírica, y por un relativismo cognitivo y cultural que considera que la ciencia no es nada más que una "narración", un "mito" o una construcción social. Aspectos que se expresan por su fascinaci ón por los discursos oscuros; un marcado relativismo epistemológico; un interés excesivo por las creencias subjetivas, independiente de su veracidad o falsedad; y un énfasis en el lenguaje, en oposición a los hechos.

Ni veneración a la ciencia, ni debate oscurantista a ella. Estas líneas de dos científicos no radicales, Socal y Bricmont, que cierran el epílogo de su libro Imposturas intelectuales, bien expresan una posición equilibrada: "Nuestras esperanzas [están fincadas] hacia la aparición de una cultura intelectual racionalista pero no dogmática, con mentalidad científica pero no cientifista, amplia de miras pero no frívola, políticamente progresista pero no sectaria. Pero esto, por supuesto, es sólo una esperanza y, quizá, sólo un sueño". Palabras a las que bien podría agregarse: son esas esperanzas las únicas que nos alientan en la búsqueda constante e indeclinable de la verdad. Verdad de la que habrá de servirse el Hombre, sin ninguna clase de distingos, en el proyecto de su realización existencial.

CARLOS ARTEAGA PALLARES

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