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Revista Colombiana de Psiquiatría

versão impressa ISSN 0034-7450

rev.colomb.psiquiatr. v.32 n.3 Bogotá jul./set.. 2003

 

Reporte de caso

Psicosis y sistemas de creencias*

 

Marco Fierro Urresta1, Luisa Rueda1, Jezmin Abrahim1, Estefanía García1, Luz Amparo Jaimes1, Juana Atuesta2

1 Médico psiquiatra. Docente Universidad del Rosario y postgrado de psiquiatría Clínica de La Paz. - Centro de investigaciones del sistema nervioso (Cisne). - Hospital Occidente de Kennedy
2 Residentes de psiquiatría Universidad del Rosario.


Resumen

Se presenta el caso de un paciente que tuvo síntomas claramente psicóticos favorecidos por la fuerza e intensidad que adquirió en su entorno familiar un sistema de creencias mágico. Se utiliza la narración en primera persona por parte del paciente y de su madre con el fin de dar mayor énfasis al relato de las vivencias extrañas que precedieron la eclosión de la sintomatología. Además, se revisa desde la antropología algunos conceptos centrales acerca del pensamiento mágico.

Palabras clave: trastorno psicótico compartido, sistema de creencias, pensamiento mágico.


Introducción

El paciente, a quien en adelante se identificará como Jorge, inicialmente fue llevado al servicio de urgencias de un hospital general debido a que intentó enterrarse un destornillador en la región precordial. Se trata de un hombre de 35 años, casado, padre de dos hijas, con estudios hasta noveno grado y decorador de profesión. En cuanto a los aspectos clínicos, sus síntomas habían comenzado un mes antes del ingreso y consistían principalmente en insomnio de conciliación y de despertar frecuente, ansiedad, alucinaciones auditivas de una voz que le hablaba e ideas delirantes, autorreferenciales, persecutorias y de influencia (experiencias de pasividad). Si bien es evidente el carácter psicótico de los síntomas, la historia alrededor de ellos los hace más interesantes.

Relato de Jorge, el paciente hospitalizado

Con el fin de aproximarse un poco más a la perspectiva del paciente, a continuación se narrarán en primera persona y desde su punto de vista las experiencias vividas.

Hace tres meses, unos pocos días después de la muerte de mi hermano mayor, de nombre Alejandro, comenzaron a suceder cosas sumamente extrañas en casa de mi madre. Fueron muchísimas, tanto que hemos perdido la cuenta. Un mes y medio más tarde, me encontraba con mi hermana Lucía rezando en la sala cuando escuchamos una serie de sonidos curiosos; eran ruidos extraños, como de cien mil almas, seguidos de una explosión que hizo estremecer la casa. Atemorizados, los dos salimos inmediatamente, pero nos sorprendimos al ver todo en calma.

Transcurrieron doce o quince días en que dormí muy poco. En esa temporada asistíamos a las sesiones del grupo de oración y, precisamente en una de ellas, cuando fui a sujetar a mi sobrino Francisco, quien estaba poseído por el espíritu de su padre, sentí que éste se trasladó a mi cuerpo. Ese fue el momento crucial de la posesión, pues a partir de entonces mi hermano no me ha dejado en paz ni ha querido salir de mí.

De ahí en adelante no lograba dormir casi nada. Todas las noches sentía que alguien halaba mi cuerpo y percibía un olor extraño, similar al del azufre, y aunque me cubría con las cobijas el olor era penetrante y molesto. Escuchaba a mi hermano Alejandro amenazarme de muerte, pues quería quedarse con mi cuerpo y de paso con mi esposa, quien siempre le había gustado. La presencia de él era casi constante y no se limitaba a hablarme; me dominaba, realmente me poseía. Llegó a tal punto que hablaba a través de mi boca y me inducía a comportarme de formas que no eran las mías, como aquello de escupir constantemente aún sin querer hacerlo.

Después de una semana decidí alejarme de mi esposa e hijas. Me trasladé a una habitación trasera de mi casa. No quería estar cerca de mi esposa porque podía ceder a los deseos de mi hermano y complacerlo teniendo relaciones sexuales con ella. Pero además, albergaba el temor de hacerles daño a mis hijas, lo que me obligó a tomar distancia de ellas. Trascurrida otra semana me marché a casa de mi madre, donde las cosas no fueron mejores.

Allá estaban mi madre (Julia), un amigo de la familia, mi hermana Lucía junto con su esposo y dos hijos, mi hermano menor (Ramiro) y Francisco, el hijo mayor de mi hermano fallecido. Todos vivían sumamente asustados y dormían en una sola habitación. Aún así, cada noche ocurrían situaciones muy extrañas. El volumen de la radio y la televisión aumentaban o disminuían sin que nadie interviniera; a veces en la radio aumentaba la velocidad con que hablaban los locutores o se escuchaban las canciones; los bombillos titilaban y los cirios de pascua que encendíamos se apagaban una y otra vez. Ante semejantes acontecimientos decidimos viajar a un pueblo cercano donde un sacerdote realiza exorcismos, los que comenzaron el mismo día de nuestra llegada. Durante el primer exorcismo sentí algo como una corriente en todo mi cuerpo y cierto alivio llegó a mí. Pero en la noche, mientras dormíamos en un hotel, levité sobre el piso casi medio metro, debido a que el espíritu de Alejandro quería llevarme y matarme.

Afortunadamente mi hermana se percató de lo que ocurría y, aprovechando el milagro de que la Virgen María encarnó en ella, voló hasta donde me encontraba, me sujetó y gritó ‘a mi hermano no se lo lleva porque el rosario he rezado’. Inmediatamente caímos al piso y los dos quedamos de pie.

Ella conservó el poder de sanación (sic) que le otorgó la Virgen, e inmediatamente recibió la orden de mirar hacia arriba y reír para, de esta manera, confirmar a través de una luz la presencia de Jesús. ‘Al día siguiente, en la segunda misa de las tres programadas, el espíritu de mi hermano volvió a entrar en mí. Al igual que la noche anterior la Virgen María se hizo presente encarnada en Lucía. Esta vez ella gritó algo que obligó al sacerdote a suspender la misa, y al mismo tiempo se dirigió a los demás asistentes diciéndoles ‘espíritus malos, sálganse’. En seguida, muchas personas vomitaron y comenzaron a comportarse de una manera bastante rara.

No esperamos la misa del tercer día. Toda mi familia, especialmente mi hermana y yo, estábamos desesperados y decidimos regresar, si bien eso fue aconsejado por la Virgen María para que la gente del pueblo no creyera que Lucía estaba loca. Creo que fue una mala decisión, pues al no seguir la recomendación y no completar los exorcismos requeridos no hubo mejoría.

Por el contrario, todo empeoró Ya no podía controlarme y tampoco mi familia lograba ayudarme a hacerlo. La presencia de mi hermano se hizo constante y no sabía qué recurso utilizar para liberarme de él. Decidí que si me enterraba un cuchillo o algo por el estilo en el corazón lo mataría a él y sería nuevamente yo mismo. Así que busqué un destornillador y procedí a clavármelo en el pecho. Por fortuna, mi madre se dio cuenta de lo que hacía y arrojó agua bendita sobre mi, lo que impidió que el destornillador penetrara. Inmediatamente me llevaron al hospital. Relato familiar en versión de la madre del paciente

Si bien hay variaciones en la versión que brinda cada una de las personas que viven en la casa familiar, es posible salvar dichas diferencias y presentar un relato unificado de todos ellos, el cual se hará en primera persona y desde la perspectiva de la madre. Es de resaltar que hay acuerdo en que lo narrado por el paciente ocurrió tal y como él lo dice, así que en este aparte sólo figuran detalles que no han sido mencionados previamente.

Todo comenzó una semana antes de la muerte de Alejandro. Él vino de visita a esta casa, pues vivía en otro sector de la ciudad junto con su esposa y tres hijos, y le confesó a su hermana Lucía que practicaba la magia blanca. Reconoció que tenía libros de hechicería por medio de los cuales podía ayudarle a ligar al ser amado. Ella se mostró incrédula.

Sin embargo, al día siguiente, en horas de la madrugada, aproximadamente a la una, mi hija y yo escuchamos que los cajones de la cocina se abrían espontáneamente y percibimos un olor de alimentos en cocción. Fuimos inmediatamente a la cocina pero todo estaba en su lugar.

Una semana después, Alejandro volvió de visita. Lo noté diferente, con el mismo cuerpo, pero con una mirada extraña y un alma que no era la suya. Le pregunté si había tomado alcohol. El lo negó y en cambio me ofreció comprar esta casa.

Dos días más tarde murió en la sección de urgencias de una clínica. Era el mayor de mis hijos, tenía 40 años, y a excepción de la diabetes, no sufría de ninguna otra enfermedad. No obstante, todo alrededor de su muerte fue raro. Su cadáver aumentó de tamaño y no cabía en el ataúd. Una vez terminada la novena de velación, precisamente al décimo día, en esta casa, comenzaron a escucharse ruidos extraños y diversas manifestaciones de su presencia.

En una reunión familiar realizada dos o tres días luego de la muerte de Alejandro, el hijo mayor de éste, de nombre Francisco, nos dijo que su padre había pronosticado su propia muerte con diez días de anticipación; así mismo, había anunciado su resurrección al tercer día y la cercanía de mi propia muerte. En esa misma semana, mi hija Lucía sintió la presencia de Alejandro, quién le palpaba el hombro derecho; y mi otro hijo, Ramiro, observó la sombra de su hermano muerto acompañado de otro espíritu. El difunto procedió a tocarle la cabeza al tiempo que imploraba a Dios su compañía. Cuando me enteré de esto, les sugerí a todos que asistiéramos al grupo de oración del que soy partícipe desde hace cuatro años.

En la primera reunión, mi hija cayó al piso empujada por la fuerza proveniente de un espíritu que además la utilizaba para hablar a través de ella. En las siguientes reuniones pasó casi lo mismo; pero en una de ellas, Lucía, por medio de visiones, se dio cuenta que Francisco, el hijo mayor de Alejandro, le colaboraba al papá en las hechicerías que hacía.

Eso fue suficiente para que lo invitáramos al grupo de oración. Asistió y también fue poseído por los espíritus.

En esos momentos, él cambiaba la expresión del rostro, adquiría una fuerza enorme, se movía constantemente y era casi imposible controlarlo a pesar de que lo sujetaban entre tres y cuatro personas. A través de Francisco, el espíritu de Alejandro confesó que realmente se dedicaba a la magia negra. Nos informó acerca de varios entierros que hizo en tumbas de cementerios. Es más, los buscamos y efectivamente los hallamos. Nos dijo además que no podía descansar en paz debido a toda la maldad que hizo en vida, tanto así que hasta reconoció haber dado muerte a una hija cuando ésta contaba con apenas tres años de edad.

Vale la pena aclarar que en las posesiones no se trataba tan sólo de un espíritu, eran varios los que se manifestaban; Es más, en una ocasión, Lucía fue poseída por la hija menor del difunto, la que murió cuando tenía tres años. Sin embargo, los espíritus únicamente aparecían en las reuniones del grupo de oración; el resto del tiempo mi hija y mi nieto no los sentían en absoluto. Finalmente, del único que se apoderó el espíritu del muerto fue de Jorge.

En medio de esta situación tan terrible, decidimos que era necesario dirigirnos a la casa donde vivió mi hijo Alejandro con el fin de liberarla de la maldad mediante la oración.

Participamos muchas personas y todas sentimos claramente la energía negativa de los espíritus.

Nuevamente Francisco fue el vocero de su padre y con una voz extraña dio a conocer los detalles de algunos entierros adicionales. Un día después, procedimos a efectuar los correspondientes desentierros, momento en el cual Francisco sintió que su cuerpo era poseído por un gato, emitiendo maullidos cada vez que abría la boca. Como si fuera poco, rasguñaba su propio cuerpo debido a la intensidad de la fuerza que experimentaba.

Hay que agregar que finalmente encontramos a una persona que nos ayudó con la limpiezas espirituales.

Liberó a mi hija Lucía de todos los espíritus y ha colaborado con la recuperación de Jorge aún estando hospitalizado. Nos dio varias indicaciones, entre ellas quemar las camas, la ropa y cuanto objeto hubiera estado en contacto con Alejandro, lo que ya comenzamos a hacer. Datos adicionales del paciente

En cuanto a Jorge, hasta antes de los sucesos narrados, no tenía antecedentes personales de importancia.

No había presentado problemas en su desarrollo infantil y de la adolescencia; tuvo un buen desempeño escolar y siempre se había caracterizado por ser sociable y amable. No había afrontado dificultades laborales, sociales o familiares de importancia y mantenía una buena relación con su esposa e hijas.

Tan sólo después de comenzar a presentar los primeros síntomas psicóticos, se distanció de ellas. Su esposa era escéptica ante los sucesos que relataba el paciente y nunca observó ni experimentó lo relatado por su cónyuge.

Durante la hospitalización le fue administrada Olanzapina en dosis de 10mg/día y Lorazepam (hasta 10 mg/día), con lo que desapareció la sintomatología psicótica. Sin embargo, al salir no volvió a casa con su familia sino que fue a vivir nuevamente a casa de su madre, donde los acontecimientos extraños aún continuaban, si bien menos intensos que antes. La medicación la suspendió una semana después de salir del hospital y tres días más tarde una ansiedad ligera nuevamente se insinuaba.

El pensamiento mágico

Según Dennett, la mejor manera de entender el comportamiento de los demás seres humanos es atribuyéndoles creencias y deseos. Esto nos permite además predecir de qué forma van a actuar en determinadas circunstancias (1). Pero las creencias no se dan en individuos aislados sino en sujetos integrantes de grupos sociales. Es allí donde cumplen diversas funciones dando estructura a las imágenes del mundo y formas a la acción social (2).

Un sistema de creencias es un conjunto de conceptos generales que gobiernan nuestra visión del mundo y nuestra actividad en él. No son conceptos sueltos sin relación alguna entre ellos, se trata más bien de toda una trama que da lugar a las pautas de interpretación de las futuras experiencias. El sistema de creencias se nutre de los conceptos existentes en la familia y el grupo social al que se pertenece, pero su adquisición no es un proceso racional; más bien, es producto de una serie de interacciones entre las disposiciones innatas, las vivencias con sus correspondientes componentes emocionales y sensoperceptivos, la manera en que las vivencias son interpretadas y la historia de vida que se construye día a día. De esta manera se entreteje una red de conceptos que nos acompañan permanentemente y van a servir de sustrato para seleccionar e interpretar las experiencias venideras. Se conoce bastante bien que muchas de las interpretaciones que damos a los sucesos cotidianos dependen más de nuestros supuestos básicos en términos de creencias que de los hechos en sí (3).

Cuando nos preguntamos ¿por qué la gente cree cosas extrañas?, podemos considerar diversas respuestas, pero ante la alta frecuencia de este comportamiento (es la regla más que la excepción), vale la pena postular que por lo menos algunas de esas creencias derivan de una tendencia natural a pensar de ciertas maneras (4). En este orden de ideas, los sistemas de creencias basados en la magia, denominados pensamiento mágico, ameritarían un estudio más serio del que a veces se les dispensa.

La categoría de pensamiento mágico surgió en la antropología del siglo XIX y se usó para designar la manera de pensar característica de una etapa primigenia de la humanidad. Se consideraba además que dicho pensamiento era aún el modo de conocimiento predominante en los pueblos llamados entonces salvajes o primitivos. Los principales representantes de aquella postura fueron Edward Burnett Tylor y James Frazer, Este último, en su libro de comienzos del siglo XX, The golden bough, fue quien primero se refirió a la “magia homeopática” que funciona con el principio de la similitud y la “magia contagiosa” que obedece al principio del contacto.

Por su parte, Tylor reconoció dos características del pensamiento mágico que son claves para una teoría general del mismo. En primer lugar, que el pensamiento mágico es coherente desde un punto de vista lógico e ideológico y, en segundo lugar, que provee explicaciones causales en términos de analogías. Expuso además varias razones por las cuales a las personas que siguen este pensamiento y practican la magia no les resulta falso. Entre ellas figuran el hecho de que cualquier fracaso es atribuido a un error en las prescripciones o prohibiciones que acompañan al rito y no a un problema conceptual y el tomar un solo éxito como la legitimación de muchos fracasos en la interpretación de las evidencias.

Con el paso del tiempo algunos de estos conceptos han cambiado. Se ha reconocido ampliamente que la temática mágica no es patrimonio de pueblos primitivos como tampoco constituye una etapa ya pasada en el desarrollo del psiquismo de la humanidad. Lo mágico ha estado y está presente en el pensamiento de la gente de todo el mundo y en todas las épocas. Si se quiere, el pensamiento mágico es patrimonio del funcionamiento cognoscitivo de los seres humanos y no está restringido a los pueblos denominados salvajes, a los pacientes psicóticos o a los niños.

Según cierta teoría antropológica evolucionista propuesta por Steven Mithen (5), el pensamiento mágico sólo fue posible después de que en la historia evolutiva de los homínidos se produjo una mente con fluidez cognoscitiva como la del humano actual, y eso sucedió hace 60.000 años o menos; esto es, el pensamiento mágico es una característica reciente en la evolución de la mente. Desde luego, esto no quiere decir que vislumbrar el mundo en términos mágicos sea mejor, superior o “más evolucionado”; se refiere más bien a que gracias a la existencia de una mente flexible también fue posible tener a la magia como temática para explicar lo que acontece.

Dado que el pensamiento mágico existe merced a nuestro diseño cognoscitivo, producto de la evolución, se hace aún más importante estudiar algunas de sus características y sus implicaciones en la génesis de determinadas psicopatologías. Phillip Stevens (6) propone que el pensamiento mágico opera según alguno o todos los siguientes cinco principios básicos:

1. Fuerzas. Existen fuerzas diferentes a las identificadas por la física, programadas desde el comienzo de los tiempos para hacer cosas en específico, ya sea solas o junto a otras; y si se las deja harán esas cosas.

2. Poder. Las fuerzas, y todo lo demás, están cargadas de una energía otorgada por un poder místico. La intensidad de la energía de cada cosa puede variar haciéndola más o menos poderosa. El poder es transferible a través del contacto físico, la percepción sensorial o la mera cercanía. En algunos sistemas de creencias la fuerza y el poder se unen, como en el concepto de “fuerza vital”.

3. Universo interconectado y coherente. El universo está real o potencialmente interconectado temporal y espacialmente. Hay hilos invisibles que unen la totalidad de lo existente; y en lo referente al tiempo, cuanto ha ocurrido, ocurre y ocurrirá fue programado con anticipación en el sistema cósmico. Además, todo acontecimiento deja su propia marca en el universo.

4. Símbolos. Los símbolos no sólo representan otras cosas o acciones, sino que pueden tomar las cualidades de lo que representan. Si una piedra representa a un dios poderoso y cruel, se le teme y reverencia no sólo al dios sino a la piedra misma. El ejemplo más interesante lo constituye la palabra. Si se enuncia la palabra muerte, ella misma puede acarrear el suceso temido. Los pensamientos cumplen un papel similar; con sólo pensar en la desgracia de un enemigo, está le sobreviene inexorablemente.

5. La simpatía o afinidad entre las cosas (principios de Frazer). a- Principio de la similitud: las cosas o acciones que se parecen a otras tienen una conexión causal. b- Principio del contacto: las cosas que han estado ya sea en contacto físico o en asociación espacial o temporal con otras cosas siguen teniendo una conexión después de separadas. Ejemplos del primer principio son los intentos de destruir a un enemigo dañando una imagen suya o la utilización de figuras a las que se les entierra agujas u otros objetos punzantes creyendo que de esta manera se afecta al sujeto representado. El segundo principio se halla claramente ejemplificado en la creencia universal de que si se consigue el cabello, las uñas o la sangre de una persona se puede actuar sobre ella a distancia.

Discusión

En el presente caso clínico no centraremos la discusión en el diagnóstico debido a que en el número anterior de la revista ya fue revisado ampliamente lo referente al trastorno psicótico compartido. Nos interesa destacar ante todo la aparición de síntomas psicóticos producto de la interacción entre creencias, especialmente las de tipo mágico, y el psiquismo individual. Casos como el que se presenta no son raros en la práctica de la psiquiatría colombiana; de hecho, buena parte de las personas que padecen síntomas psicóticos tienen a lo mágico como temática de sus ideas delirantes.

Jorge, el paciente, es un hombre que a sus 35 años no tenía antecedente alguno de trastornos psicóticos, afectivos o ansiosos; tampoco sus rasgos de personalidad eran desadaptativos y mucho menos podía pensarse en un diagnóstico de trastorno de personalidad. Sin embargo, desarrolló una sintomatología claramente psicótica alrededor de la cual el único factor desencadenante parece ser la puesta en marcha, en su grupo familiar cercano, de un conjunto de creencias mágicas.

Entre la muerte de su hermano Alejandro y el inicio de los síntomas transcurrieron dos meses, tiempo durante el cual estuvo inmerso en un ambiente donde día a día se relataban experiencias extrañas atribuidas a la intromisión del espíritu del muerto y con temor se esperaba la llegada de la noche acompañada siempre de sucesos inexplicables ocasionados por fuerzas sobrenaturales.

No hay duda alguna de la temática mágica del ambiente. Los espíritus involucrados en este caso, especialmente el de Alejandro, poseen las características típicas de los espíritus de toda religión (7):‘a- se trata de seres no materiales que sobreviven a la muerte del sujeto, pero que siguen teniendo creencias y deseos como cualquier ser humano.

El espíritu de Alejandro quería poseer el cuerpo de Jorge con el fin de quedarse con su esposa, a quien siempre había deseado; b- escogen a algunas personas para revelarse ante ellas, comunicarles secretos, poseerlas o hacerles daño. De hecho, el que experimentó la posesión más intensa fue Jorge, en quien se volvió permanente y no sólo temporal como ocurrió con su sobrino y su hermana; y c- pueden ser afectados si se realizan rituales de una determinada manera. El espíritu de Alejandro se hubiese alejado de haberse completado los tres exorcismos y su poder era susceptible de ser contrarrestado por figuras como la Virgen cuando encarnaba en la hermana.

El sistema mágico de creencias comenzó a funcionar rápidamente. Desde el primer momento, cuando Alejandro confesó que practicaba la brujería se puso en juego un sistema de interpretación de los sucesos venideros que no hará otra cosa que confirmar las expectativas. Es frecuente que después de la muerte de alguien, los familiares o allegados experimenten su presencia mediante imágenes visuales, sonidos, olores y aún sensaciones tactiles. Poco a poco estas experiencias disminuyen en intensidad y frecuencia hasta que desaparecen. En cambio, los miembros de esta familia dieron una interpretación particular a dichas experiencias.

Cuando Lucía y Ramiro, en la primera semana después de la muerte de Alejandro sintieron su cercanía y lo vieron acompañado de otros espíritus, inmediatamente Julia, la madre, consideró esto como un signo de algo malo; tanto que su siguiente decisión fue llevar a la familia a un grupo de oración para que les ayudaran a alejar aquellos espíritus. La familia ya había puesto en marcha el pensamiento mágico que la llevaba a interpretar con esa temática cualquier situación venidera. Es de destacar, además, el papel desempeñado por la madre de Jorge. Al ser la líder del grupo y estar completamente convencida de los poderes y peligros que encarnaba el espíritu de Alejandro, favoreció y fortaleció en los demás miembros de la familia ese tipo de interpretaciones. Como explica Levi-Strauss (8), todos los miembros de la familia empezaron a manejar un sistema de interpretación dentro del cual la invención personal desempeñaba un papel importante. Dicha fabulación de la realidad implica la creencia en la eficacia de la magia por parte del enfermo y de su familia formando una especie de campo de gravitación en cuyo seno se definen las relaciones entre el hechizo o la posesión y aquello que los hechiza o posee.

La invención personal se aprecia claramente en muchos de los pasajes narrados. Cuando Jorge levitó medio metro por encima del piso y la Virgen, encarnada en Lucía, voló hasta él para evitar que fuese llevado por el espíritu de Alejandro, es evidente el tinte fantástico de la versión, así sea sostenida por todos los miembros de la familia, quienes narran el episodio como un suceso completamente real.

El sistema mágico de creencias no sólo brinda explicaciones a posteriori de los sucesos, su fuerza radica en que genera expectativas y hasta facilita la aparición de ciertas percepciones. Una vez se iniciaron los sucesos extraños, la familia decidió reunirse y dormir en una sola habitación. Era el ambiente propicio para que lo inaudito sucediera, tanto que cualquier ruido, corriente de aire o cambios en la iluminación iban a ser considerados como una manifestación adicional de esas fuerza sobrenaturales que los acosaban. Con ese telón de fondo no es nada sorprendente que las distorsiones sensoperceptivas dieran lugar a que en la radio las voces de quienes hablaban se oyeran más rápido de lo habitual.

Jorge, una vez se percató de que el espíritu de su hermano había entrado en él, sintió gran terror. Prácticamente claudicó y de ahí en adelante todo estaba dispuesto para que en su cuerpo sucediera lo más extraño e inesperado. A este propósito sirvieron además las evaluaciones que el resto de la familia hacía de él. Dejaron de verlo como un sujeto autónomo, libre y vital y pasaron a considerarlo objeto de temores y prohibiciones. Según Levi- Strauss (8), en ese instante la integridad física (y mental) no resiste a la disolución de la personalidad social. De ahí en adelante y preso de una intensa ansiedad apenas podía oponer una ligera resistencia. Su cuerpo ya sólo era escenario de las experiencias más extrañas que hasta entonces había tenido. ¿Podemos atrevernos a decir que en ese instante comenzó la psicosis? ¿Ese fue el momento en que una creencia compartida y aceptada en el entorno se volvió idea delirante? En la actualidad, no disponemos del conocimiento suficiente para atrevernos a responder afirmativamente las anteriores preguntas, y quizá no sea lo más importante, pues más allá de poder trazar límites entre lo psicótico y aquello que no lo es, lo que más interesa es destacar el proceso que lleva de un sistema de creencias mágico ampliamente difundido en el mundo a la aparición de síntomas psicóticos.

Tener como referente el sistema de creencias de un sujeto nos permitirá entender mejor no sólo las ideas delirantes, en caso de existir, sino conocer las tendencias interpretativas con las que evalúa los sucesos y actúa. Además, nos abre la posibilidad de utilizar dicho conocimiento con fines terapéuticos; en algunos casos, teniendo como objetivo un cuestionamiento de las creencias y su sustitución por otras que promuevan menos la aparición de psicopatología. En el caso de Jorge, fue necesario adelantar esta labor no sólo con él, sino con el resto del grupo familiar, especialmente la madre; pues todos ellos, al mantener de forma obstinada la perspectiva mágica no hacían sino favorecer la sintomatología psicótica del paciente.

Finalmente, nos queda una duda muy importante. Todas las personas que vivían en casa de la madre del paciente experimentaron situaciones muy extrañas después de la muerte de Alejandro. Su vida comenzó a girar alrededor de los espíritus que una y otra vez los atemorizaban y los poseían. Sin embargo, no todos fueron afectados de la misma manera. Aún más, ¿por qué sólo Jorge desarrolló un cuadro psicótico? No tenemos una respuesta clara al respecto, pero no cabe duda de que en este juego se pusieron en acción un conjunto de creencias mágicas y el psiquismo individual de los implicados con sus respectivas “susceptibilidades”.

Comentarios

En el presente caso clínico se utilizan nombres ficticios para cada una de las personas mencionadas.

Bibliografía

1. Dennett, Daniel (1991) La actitud intencional. Gedisa. Barcelona.        [ Links ]

2. Eliade, Mircea. (1999) Mito y realidad. Kairós. Barcelona.        [ Links ]

3. Hollweg, M.G., (2001) Técnicas del manejo psiquiátrico en una región policultural Revista de Neuro-psiquiatría. 2001;64:165-171.        [ Links ]

4. Sherman, Michael (1997). Why people believe weird things. W.H. Freeman. Nueva York.        [ Links ]

5. Mithen, Steven. (1998). Arqueología de la mente. Grijalbo Mondadori. Barcelona.        [ Links ]

6. Stevens, Phillip Jr. (1996). Magic. En: Encyclopedia of the paranormal. Gordon Stein. New York. pp. 721-726.         [ Links ] 7. Boyer, Pascal. (1994) The naturalness of religious ideas. A cognitive theory of religion. University of California Press. Berkeley.        [ Links ]

8. Levi-Strauss, Claude. (1987). Antropología estructural. Paidos. Barcelona.         [ Links ]

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