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Revista Colombiana de Psiquiatría

versão impressa ISSN 0034-7450

rev.colomb.psiquiatr. v.36  supl.1 Bogotá out. 2007

 

Crisis no epilépticas psicógenas

 

Non-Epileptic Psychogenic Seizures

 

Brenda Giagante1 Luciana D’Alessio2 Walter Silva3 Silvia Kochen4

1 Médica neuróloga del Centro de Referencias de Epilepsia, de la División de Neurología del Hospital José María Ramos Mejía, Buenos Aires, Argentina. Pertenece al Instituto de Biología Celular y Neurociencias, Profesor Dr. Eduardo de Robertis, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina.brendagiagante@hotmail.com

2 Médica. Residente de Psiquiatría del Centro de Referencias de Epilepsia, de la División de Neurología del Hospital José María Ramos Mejía, Buenos Aires, Argentina. Pertenece al Instituto de Biología Celular y Neurociencias, Profesor Dr. Eduardo de Robertis, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina.

3 Médico neurólogo del Instituto de Biología Celular y Neurociencias, Profesor Dr. Eduardo de Robertis, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Pertenece al Servicio de Neurología Infantil, Hospital Italiano de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina.

4 Médica neuróloga. Directora del Centro de Referencias de Epilepsia de la División de Neurología del Hospital José María Ramos Mejía. Pertenece al Instituto de Biología Celular y Neurociencias ‘Profesor Dr. Eduardo de Robertis’ de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires; así como al Centro de Estudios Farmacológicos y Botánicos (Cefybo) y al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina, Buenos Aires, Argentina.

 


Resumen

Introducción: las crisis no epilépticas psicógenas (CNEP) constituyen un desafi ante problema diagnóstico, psicopatológico y psicoterapéutico en la práctica clínica de neurólogos, psiquiatras y psicólogos. Se defi nen como episodios que emulan crisis epilépticas sin que se acompañen de actividad eléctrica anómala en el sistema nervioso central. Objetivos: orientar el tratamiento adecuado de las CNEP en forma precoz y evitar los errores diagnósticos con sus consecuencias para el paciente y el sistema de salud. Método: se presentan los medios clínicos y paraclínicos para su diagnóstico, como los estudios de monitoreo por medio de videoelectroencefalografía (video-EEG), tomografía por emisión de fotón único (SPECT), medición de concentraciones de prolactina, a la par de la indicación de una completa historia clínica psiquiátrica. Conclusión: las CNEP constituyen un síndrome heterogéneo, en el que se debe realizar el diagnóstico del trastorno psicopatológico subyacente y de los factores predisponentes, precipitantes y perpetuadores para un adecuado tratamiento, por medio tanto de datos clínicos y semiológicos como de la video-EEG.

Palabras clave: convulsiones, epilepsia, tomografía de emisión computarizada de fotón simple.

 


Abstract

Introduction: Non-epileptic psychogenic seizures (NEPS) pose challenging diffi culties regarding diagnosis, psychopathology and psychotherapy in clinical practice for neurologists, psychiatrists and psychologists. They are defi ned as episodes that emulate a seizure but are not accompanied by abnormal electrical activity in the central nervous system. Objective: To engage in the appropriate treatment early on, avoiding misdiagnoses with dire consequences for the patient and the health system. Method: Clinical and paraclinical instruments for its diagnosis are presented, along with video-electroencephalography (video-EEG) testing, single photon emission computerized tomography (SPECT), measurement of prolactin levels and the intake of a complete psychiatric history. Conclusions: NEPS conform an heterogeneous syndrome. The diagnosis of the underlying psychopathological disorder as well as the assessment of the predisposing, precipitating and perpetuating factors is mandatory in order to achieve an adequate treatment.

Keywords: Seizures, epilepsy, single photon emission computed tomography.

 


Introducción

Las crisis no epilépticas psicógenas (CNEP), descriptas inicialmente con el desafortunado término de histeroepilepsia por Charcot y posteriormente por Rabe (1), constituyen en la actualidad un desafi ante problema diagnóstico, psicopatológico y psicoterapéutico de la práctica clínica.

Se defi ne como CNEP a cambios paroxísticos en la conducta, en la sensopercepción o en la actividad cognitiva, limitados en el tiempo, que simulan crisis epilépticas generalizadas o parciales, pero que no obedecen a una descarga neuronal anómala, y que se relacionan con distintos mecanismos psicológicos en su generación (2-6).

No existe un consenso acerca de la terminología empleada en las CNEP y varias nomenclaturas se han utilizado (crisis no epilépticas, crisis psicógenas, ataques histéricos, histeroepilepsia, crisis seudoepilépticas o seudocrisis). Nosotros preferimos utilizar el de CNEP, porque resulta menos peyorativo y puede ser mejor comprendido tanto por los pacientes y sus familiares como por los médicos en general.

El término psicógeno permite diferenciarlas de las denominadas crisis convulsivas no epilépticas como accidente isquémico transitorio, síncope, trastornos del comportamiento durante el sueño, refl ujo digestivo, migrañas complicadas, etc., que también pueden confundirse con crisis epilépticas (7). Las CNEP frecuentemente terminan ocasionando serias consecuencias y un grave detrimento de la calidad de vida (8-9).

Los modernos avances tecnológicos en monitoreo electrofisiológico a través de videoeletroencefalograma (video-EEG) y los avances en el conocimiento de esta patología han mejorado nuestra habilidad para realizar el diagnóstico. A pesar de estos avances, los pacientes con CNEP aún presentan grandes difi cultades diagnósticas y terapéuticas. En la actualidad persisten errores y retrasos en el correcto diagnóstico, lo que repercute de forma importante en el ámbito sociofamiliar e incluso de forma económica para el sistema sanitario, fundamentalmente en países en desarrollo, donde el acceso y los recursos para la salud se encuentran limitados. El inadecuado manejo conduce a un inefectivo y costoso tratamiento (10).

A través de un tratamiento multidisciplinario, el pronóstico —en términos de aceptación e integración psicosocial— de muchos de estos pacientes es favorable. Sin embargo, a pesar de un adecuado diagnóstico y tratamiento, en algunos de estos enfermos no se observan modifi caciones, ya que persisten las CNEP (9-10).

Epidemiología de las crisis psicógenas no epilépticas

Prevalencia

La frecuencia de las CNEP entre los pacientes que son derivados a centros de epilepsia se encuentra entre 17% y 60% en las diferentes series que se han publicado. Si tenemos en cuenta que el diagnóstico de CNEP no es excluyente y que en muchas ocasiones coexiste con el de crisis epilépticas, Kuyk y cols. (2) informan una prevalencia de CNEP en crisis epilépticas de entre 3,6% y 10,8%, y de crisis epilépticas en CPNE de entre 12% y 36%, en términos generales. En nuestra población correspondiente a pacientes de un Centro Nacional de Derivación de Epilepsia, hallamos una coexistencia de CNEP con epilepsia de 41% (10). En un hospital psiquiátrico, Lelliot y Fenwick (11) registraron que 17% de las internaciones en una unidad de epilepsia presentaron diagnóstico de CNEP.

Edad

La ocurrencia de CNEP tiene dos picos de prevalencia: la adolescencia y la adultez temprana, entre los 25 y los 35 años de edad (4,12-14), aunque en una reciente publicación Duncan y cols. (15) describieron la ocurrencia de CNEP en una población mayor a 55 años.

Género

Se han observado diferencias signifi cativas con una marcada preponderancia en mujeres con CNEP. Se postula que esta diferencia puede ser debida a que las CNEP son frecuentemente una expresión de un trastorno de conversión, el cual es más común en mujeres que en hombres (16-18). Por otra parte, puede refl ejar una mayor prevalencia de abuso sexual entre mujeres, que se ha demostrado ser un factor de riesgo para las CNEP (10).

Historia neurológica

Resulta importante mencionar que existen numerosas publicaciones que describen una historia neurológica positiva en pacientes con CNEP, como traumatismos de cráneo con pérdida de conocimiento, antecedentes de meningitis o de quiste aracnoideo, y como ya mencionamos, crisis de epilepsia (9). Por lo tanto, una historia neurológica positiva no descarta la presencia de CNEP (8,13,18).

Historia de trauma físico y psíquico

En los pacientes con CNEP se ha encontrado una alta incidencia de antecedentes traumáticos, especialmente sexuales y físicos. El porcentaje de pacientes con criterios de estrés postraumático en poblaciones con CNEP varía entre 35% y 49% (19-22). En nuestra casuística hemos encontrado que sólo 17% de los pacientes cumplían criterios de trastorno por estrés postraumático, pero 41% de los pacientes con CNEP estudiados presentaban antecedentes traumáticos.

Muchos de estos pacientes referían una reexperimentación del trauma (fl ash back) durante el episodio de CNEP (23). La mayoría de los autores coinciden en que los pacientes con CNEP tienen una alta incidencia de vivencias traumáticas (5,17- 25). Por otro lado, existen teorías que postulan al trauma como factor generador de estados patológicos responsables del fenómeno de disociación o conversión que se diagnostica como CNEP (10,22,26-28).

Historia familiar

Lancman y cols. (13) reportaron 37,6% de pacientes con CNEP y antecedentes de historia familiar de epilepsia, lo que sugiere que la posibilidad de observar las características clínicas de las crisis les facilitó la presencia de CNEP.

Trastornos psiquiátricos más frecuentes en los pacientes con CNEP

Numerosos estudios analizan la relación de los distintos factores psicológicos y psicopatológicos y las CNEP, como inductores, favorecedores, precipitadores y perpetuadores; al igual que su asociación con distintas características psicobiográfi cas. Los pacientes con CNEP manifi estan altos índices de comorbilidad psiquiátrica sin anomalías neurológicas identifi cables (29).

A menudo, los episodios sobrevienen en forma reactiva a una situación estresante ambiental o en circunstancias confl ictivas (30), de manera que una cuidadosa historia y exploración física —con la observación de los signos y síntomas que no son fi siológicos y son incompatibles con un trastorno neurológico episódico— pueden identifi car con frecuencia el origen psicológico de los síntomas (31).

Los pacientes con CNEP representan un grupo heterogéneo desde el punto de vista actual. Tomando en cuenta estas crisis como síntomas centrales del cuadro clínico, los distintos tipos de CNEP están descritas en los apartados de trastorno conversivo y disociativo del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV) y de la Clasifi cación Internacional de Enfermedades (CIE-10), respectivamente (32-33). Sin embargo diferentes estudios han encontrado una alta comorbilidad con otros trastornos psiquiátricos, como trastornos afectivos, trastornos de ansiedad y psicosis (17, 20,21,24,34,35).

La incidencia de trastornos de personalidad en los pacientes con CNEP es relativamente alta, aunque no se ha observado ningún patrón predominante de personalidad (20,21,35). Entre los factores psicológicos que podrían estar involucrados en el desarrollo y mantenimiento de las CNEP se encuentran las experiencias traumáticas, entre ellas el abuso físico y sexual, los trastornos de ansiedad, la exposición a situaciones de estrés, la disfunción familiar, los problemas en las relaciones interpersonales y la presencia de depresión (7,19-22,24). Algunos autores reportaron que sólo 5% de los pacientes no mostraron un factor psicológico relevante (31).

Para muchos pacientes, las CNEP pueden ser una secuela no reconocida de experiencias traumáticas, una forma particular de respuesta psicológica al abuso, y aunque no hay un consenso acerca del mecanismo por el cual la angustia emocional generada por el abuso podría llegar a manifestarse visiblemente en CNEP, la mayoría de las hipótesis se basan en las teorías psicodinámica o psicoanalítica, que postulan que se trata de un confl icto psíquico inconsciente convertido en síntoma somático. Por lo tanto, es importante indagar en individuos que tienen un elevado riesgo, como pacientes con crisis epilépticas intratables, porque las reacciones postraumáticas pueden tener un serio impacto en la presentación de la enfermedad, la calidad de vida y el bienestar físico y emocional (32).

Los trastornos psiquiátricos más frecuentemente encontrados en los pacientes con CNEP son (5,6,17):

1. Trastornos afectivos: unos de los trastornos psiquiátricos comórbidos más frecuentemente encontrados en la población de pacientes con CNEP, especialmente la depresión mayor y la distimia, que se observa entre 40% y 80% de los casos estudiados.

2. Trastornos de ansiedad: muy frecuentes como comorbilidad en pacientes con CNEP. Existen reportes de crisis de ansiedad y pánico que son confundidas con crisis de epilepsia, ya sea por el componente motor (temblor o sacudidas) o por el componente psicosensorial (despersonalización o parestesias). Dentro de los trastornos de ansiedad, el trastorno de estrés postraumático ha sido hallado con una frecuencia bastante alta (35%-49%), y el rol del trauma en la génesis de los episodios de CNEP ha sido considerado un factor de gran importancia, como veremos luego.

El trastorno de ansiedad generalizada, con su componente somático (temblor o síntomas autonómicos de alerta), puede confundirse con crisis de epilepsia, y a la vez se encuentra como comorbilidad en los pacientes con CNEP en un 10%.

3. Trastornos disociativos: se defi nen como una alteración de las funciones integradoras de la conciencia. Esta alteración puede ser repentina o gradual, transitoria o crónica y confundirse con crisis epilépticas parciales complejas. Los síntomas disociativos son muy comunes en los pacientes con CNEP (90%), en especial si tenemos en cuenta el concepto de que la disociación constituye el mecanismo psicopatológico por el cual se producen las conversiones, es decir, los distintos tipos de CNEP.

4. Trastornos somatomorfos: síntomas pertenecientes a esta categoría diagnóstica suelen acompañar a los síntomas disociativos y conversivos de las CNEP. Entre ellos se destacan los síntomas por dolor, síntomas digestivos, malestar general, astenia, etc. Al igual que los trastornos disociativos y conversivos, han sido relacionados con experiencias traumáticas.

5. Trastornos de personalidad: como se mencionó, no existe un estilo de personalidad que se relacione en forma específi ca con las CNEP. Los trastornos de personalidad más frecuentemente encontrados son el trastorno límite, el dependiente, el histriónico y el evitativo. Es interesante que la evolución de las CNEP tiene relación con los trastornos de personalidad, en cuanto se observan con más frecuencia en los pacientes con CNEP de larga evolución.

6. Otros trastornos psiquiátricos difíciles de diferenciar de los anteriormente nombrados: el trastorno por simulación y el trastorno facticio, que deben ser descartados en los pacientes con CNEP (36).

Evaluación diagnóstica

La mejor estrategia diagnóstica incluye una cuidadosa historia clínica y la descripción de los acontecimientos preictales, ictales y postictales; una detallada historia psiquiátrica, y el video-EEG. Aunque no existe un paciente prototipo con CPNE, generalmente pueden encontrarse algunos signos clínicos y características que ayudan a sospechar la existencia de CNEP (2,9). Establecer un diagnóstico es un proceso complejo y difícil, que requiere experiencia clínica y un equipo multidisciplinario que incluya un psiquiatra y un neurólogo. En la Tabla 1 se enumeran condiciones clínicas que pueden llevar a la sospecha de CNEP.

Videoelectroenfalograma

El monitoreo con video-EEG prolongado consiste en el registro continuo del comportamiento del paciente y de la actividad del EEG de manera simultánea, con el objetivo de analizar la actividad intercrítica y fundamentalmente del registro de la crisis. Se trata de establecer la correlación electro-clínica durante las crisis. El diagnóstico de certeza de CNEP se confi rma cuando se observa al paciente presentando las “crisis” que describen el paciente y sus familiares como habituales, sin presencia de actividad electroencefalográfi ca epileptiforme ictal asociada, registrados a través del video-EEG (2). Resulta imprescindible confrontar a los familiares o allegados del paciente con el evento clínico registrado para confi rmar que son los episodios típicos que presenta el paciente.

No obstante, conviene tener en cuenta que en algunas situaciones resulta necesario repetir el estudio de video-EEG para establecer el diagnóstico de certeza. King y cols. (37) reportaron que hasta la mitad de los pacientes no presentan los episodios habituales en forma espontánea durante la monitorización, e incluso en algunos pacientes tampoco pueden provocarse mediante la inducción con el uso de un placebo (38-39). Por otra parte, no todos los episodios críticos de naturaleza epiléptica se traducen en actividad paroxística electroencefalográfica que pueda ser recogida con electrodos de superfi cie (40), y la distinción entre crisis originadas en el lóbulo frontal mesial o basal y crisis psicogénicas puede ser difícil incluso para expertos en el tema (41-42).

En este punto resulta de gran relevancia un adecuado análisis de las manifestaciones clínicas presentes en la crisis y un acabado conocimiento de las diferentes manifestaciones que se pueden observar en los diferentes tipos de epilepsias. En la Tabla 2 resumimos algunas manifestaciones clínicas que se pueden observar en crisis de epilepsia y pueden malinterpretarse como manifestaciones de CNEP.

Debido a los altos requerimientos de personal especializado y a su costo, el video-EEG sólo suele emplearse en los centros especializados en epilepsia. Existen diversas experiencias para minimizar los tiempos de internación, como monitoreos más cortos y la utilización de distintos métodos de provocación de CNEP, que se denominan maniobras de inducción e involucran la sugestión. Mientras que la inducción de una crisis se considera indicativo de que proviene de un origen no epiléptico, esto no debería considerarse una regla de tipo absoluto, ya que se han reportado crisis epilépticas que fueron disparadas durante un proceso de inducción (43).

En un estudio llevado a cabo por Benbadis y cols. (44) se confi rmó el diagnóstico en un 66% de los pacientes con fuerte sospecha de CNEP mediante una monitorización corta de video-EEG, junto con la inducción mediante un protocolo estandarizado que incluía sugestión, fotoestimulación e hiperventilación, y enfatizando características clínicas que hacían sospechar la presencia de CNEP.

Otros autores han estudiado el valor de otras formas de inducción como aquellas mediante la infusión de suero salino (45), inclinaciones de la cabeza (46) o aplicación de paños mojados con alcohol (47). Todos estos métodos resultaron bastante sensibles, ya que la mayoría de los pacientes con CNEP fueron fácilmente inducibles. La habilidad para inducir una crisis de este tipo parece tener mucho que ver con la capacidad inductiva que tiene el médico.

Se debe tratar de que el paciente se sienta cómodo y que confíe que el evento tendrá lugar (48). Nuevamente, es importante remarcar que no siempre una inducción positiva es específi ca de CNEP y que se deben utilizar, además, criterios clínicos y eléctricos para realizar el diagnóstico defi nitivo. Por otra parte, diversas consideraciones éticas se han mencionado con respecto al uso de placebos o tests provocadores de CNEP (49). Una cuestión no menor que se debe tener en cuenta es que el empleo de métodos de inducción puede dañar la relación médico-paciente, que se basa fundamentalmente en la confi anza, y que puede desaparecer si no se toman los sufi cientes recaudos (48).

Manifestaciones clínicas de las CNEP

En los últimos años varios autores han estudiado a los pacientes con CNEP. Es importante remarcar las difi cultades en hacer el correcto diagnóstico de esta patología en la práctica diaria, ya que en ocasiones, a pesar de realizar un minucioso interrogatorio, no es posible discriminar claramente entre crisis de epilepsia y CNEP. Se han descrito numerosas manifestaciones clínicas como orientadoras de CNEP, que hemos resumido en la Tabla 3. Existen dos situaciones que deben hacernos pensar en CNEP:

Tabla 3

• Un paciente con diagnóstico previo de epilepsia, cuando comienzan a cambiar las características semiológicas de sus crisis, o la frecuencia, y fundamentalmente si hubo algún factor emocional precipitante.

• En todo paciente con manifestaciones clínicas bizarras y crisis no estereotipadas, con duración mayor a dos o tres minutos.

Se debe realizar una minuciosa anamnesis de las características de los eventos clínicos pasados y presentes, compararlos con los que se registran durante la realización del video y revisarlos con la familia, que es la observadora habitual del paciente. Durante un registro de video se deben anotar todos los tipos de eventos que reporta el paciente para poder realizar el diagnóstico correcto. Un fenómeno que se ha descrito en los últimos años es el inicio de CNEP luego de una cirugía para la epilepsia. Estos pacientes desarrollan CNEP luego de una exitosa cirugía, y se especula que la causa incluye factores psicosociales, como perder benefi cios gubernamentales por perder la categoría de enfermedad crónica, o pérdida del rol de enfermo dentro de una familia.

El potencial para desarrollar CNEP en pacientes en los que se realizó cirugía de la epilepsia indica la necesidad de llevar a cabo estudios con video-EEG en pacientes que presentan crisis posquirúrgicas. Esta evaluación se usaría para determinar qué tipo de evento presenta el paciente y si la cirugía ha sido exitosa y el tratamiento que se debe seguir.

Auras y CNEP: se han descrito diferentes tipos de ‘auras’ y de duración variable. Nuestro grupo encontró, como manifestaciones más frecuentes, auras de tipo sensorial, auras somáticas y auras de tipo psíquicas (17). Lancman y cols. (13) describieron la presencia de sensaciones extrañas, mareos, sensación de calor, percepciones gustativas de difícil caracterización y cefaleas.

Con la intención de tipifi car las manifestaciones motoras que se pueden observar en las CNEP, Giménez-Roldan y cols. (50) han observado que muchas crisis motoras psicógenas se presentan con fenómenos motores reconocibles que podrían realmente ayudar a diferenciar estas crisis de las crisis epilépticas, y clasifi caron estas manifestaciones en: crisis psicógenas con inmovilidad, crisis que denominaron combativas o con actividad motora que simula lucha y crisis tónicas o con rigidez. En el estudio llevado a cabo por nuestro grupo, las CNEP con manifestaciones motoras de tipo hipermotor fueron las más frecuentes (17).

Groppel (51) realizó un interesante análisis de cluster de las características semiológicas de las CNEP, y las clasifi có en:

• Crisis psicogénicas motoras: movimientos clónicos e hipermotores de los miembros, movimientos pélvicos y cefálicos, postura cefálica-tónica.

• Crisis psicogénicas motoras menores o crisis de temblor:

temblor de miembros superiores e inferiores.

• Crisis psicogénicas atónicas: caída brusca al piso.

Resulta importante destacar que la presencia de un evento clínico durante un aparente ‘sueño’ no descarta el diagnóstico de CNEP (52-54). Benbadis y cols. (52) reportaron que frecuentemente las CNEP se presentan durante un aparente sueño, en el que el paciente se encontraba quieto y con ojos cerrados, y el EEG demostraba que el paciente se encontraba despierto por la presencia de un ritmo alfa posterior.

Diagnóstico

EEG y CNEP: durante las PNE pueden observarse diferentes características eléctricas (10,55):

• Sin cambios con respecto al EEG basal observado en forma previa al evento clínico.

• Persistencia del rimo alfa posterior durante los eventos con aparente pérdida de conocimiento.

• Artificio por movimiento o músculo.

• Patrón eléctrico consistente en un artefacto rítmico con una frecuencia estable, no evolutiva, secundario al movimiento rítmico que presenta el paciente.

Otra característica observada es la presencia de actividad rítmica con pausas intercaladas, de siete a setenta segundos de duración. Estas pausas pueden ser seguidas nuevamente de un patrón rítmico en la frecuencia previa. Este patrón se asocia con los movimientos rítmicos del paciente durante la CNEP con pausas entre ellos. A este patrón se le denomina on-off.

Tomografía computarizada por emisión de fotón único (SPECT) ictal: se ha descrito como útil para el diagnóstico diferencial (56). El análisis cuantitativo del SPECT ictal muestra la falta de cambios en el fl ujo sanguíneo durante la CNEP. Este método resulta aún muy costoso y es no de primera elección para el diagnóstico.

Prolactina: durante mucho tiempo se habló de la utilidad de la determinación de las concentraciones de prolactina. Alving (57) realizó, en 1998, un estudio prospectivo en el que observó que el pequeño límite del poder de discriminación de las medidas de prolactina la convierte en un valor cuestionable para discernir entre epilepsia y CNEP.

Pronóstico

Una vez realizado el diagnóstico de la CNEP, la primera conducta terapéutica consiste en informar al paciente y a su familia el origen no epiléptico de las crisis (6,17,58), de una manera cálida, pero con fi rmeza. Si el paciente fue remitido desde otro centro, se debe hacer la devolución del diagnóstico en forma clara al médico de cabecera. Se considera que una explicación clara del trastorno y de su origen psicogénico ayudará a prevenir nuevas CNEP (9). Debe llevarse a cabo con el adecuado cuidado y atención, y con un esfuerzo por evitar sentimientos de culpa y reproche que puedan difi - cultar el tratamiento (48).

Martin y cols. (59) compararon el índice de uso del sistema de salud antes de la realización del video en pacientes con CNEP y después de éste y demostraron que dar el diagnóstico con fi rmeza y explicando claramente el problema de salud, asociado con un tratamiento psicológico inmediato, redujeron en su estudio las atenciones en servicios de urgencia en un 97%, las consultas a consultorio externos en un 80% y la realización de estudios diagnósticos en un 76%.

Por lo general, las intervenciones psiquiátricas o psicológicas más exitosas son aquellas que se integran con un centro de epilepsia. Los neurólogos deberían seguir a sus pacientes durante la transición al psiquiatra, y los pacientes, participar en la decisión de cuándo suspender las visitas al neurólogo (34). En este grupo de pacientes se debe explicar las diferencias etiológicas y de tratamiento entre sus crisis de epilepsia y las CNEP. La historia de epilepsia coexistente no pareciera afectar el pronóstico (9,34,60).

A largo plazo, el pronóstico, en términos de integración social en los pacientes con CNEP, suele ser pobre, pero reconocida la verdadera naturaleza de los ataques, algunos de estos enfermos pueden benefi ciarse de un tratamiento multidisciplinario (10). Se calcula que 50% de los pacientes mejoran luego de instituir el tratamiento adecuado, pero sólo 30% quedan libres de crisis a largo plazo (9). Existen algunos factores predictivos de mejor pronóstico: diagnóstico precoz (10,60-61), vida independiente (10), aceptación del diagnóstico (10), coefi ciente intelectual más alto (9,34), buena situación socioeconómica (9,34) o CNEP con semiología menos dramática —ausencia de historia de estatus, crisis tipo tónico-clónica, incontinencia ictal y de lesiones linguales— (9).

La cronicidad y complejidad de los problemas psicológicos y psiquiátricos, como depresión, trastorno disociativo y trastorno de la personalidad, e historia de abusos crónicos, se relacionan con un peor pronóstico (3,6,9,30,34). Los niños tienen mejor pronóstico que los adultos, y esto ha sido asociado con que las CNEP obedecen en muchos de estos casos a situaciones de estrés transitorias (14,62). Existe una correlación negativa entre el tiempo de evolución de las CNEP y el pronóstico, por lo que el diagnóstico correcto y la instauración de un tratamiento precoz podría determinar en gran medida la evolución de este síndrome (10,59).

Tratamiento

No existen estudios controlados aleatorios que se hayan realizado para el tratamiento de CNEP. En este caso, la elección es el abordaje psiquiátrico y psicoterapéutico específi co, y su dirección dependerá en gran medida del diagnóstico psiquiátrico y de los factores predisponentes, precipitantes y perpetuadores de CNEP encontrados en cada caso en particular.

El uso de psicofármacos está indicado en los pacientes con un trastorno psiquiátrico específi co plausible de tratamiento farmacológico, y deberá ser instituido por un especialista (35,63-64). En aquellos pacientes que presenten CNEP exclusivamente es necesario realizar una suspensión progresiva de las drogas antiepilépticas (DAE). En los pacientes con epilepsia coexistente se evaluara la posibilidad de reducción de cantidad y dosis de DAE.

Conclusión

Si bien existen posibilidades de arribar al diagnóstico diferencial a través de datos clínicos y semiológicos, contamos actualmente con el método complementario de video-EEG, que será de utilidad en los casos en que existan dudas diagnósticas.

Desde el punto de vista psiquiátrico, las CNEP constituyen un síndrome heterogéneo, en el que se debe realizar el diagnóstico del trastorno psicopatológico subyacente y de los factores predisponentes, precipitantes y perpetuadores de CNEP para un adecuado tratamiento. Por último, se debe tener en cuenta la existencia de distintos tipos de epilepsias (fundamentalmente las originadas en lóbulo frontal), que pueden manifestarse con clínica semejante a la de las CNEP y, por lo tanto, diagnosticarse erróneamente.

Será de vital importancia la interrelación entre el neurólogo y el psiquiatra, con el objetivo de orientar el tratamiento adecuado en forma precoz, y evitar los errores diagnósticos con sus consecuencias para el paciente y el sistema de salud.

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Recibido para evaluación: 12 de marzo de 2007 Aceptado para publicación: 3 de mayo de 2007

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