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Revista Colombiana de Psiquiatría

versão impressa ISSN 0034-7450

rev.colomb.psiquiatr. v.37 n.3 Bogotá jul./set. 2008

 

ARTÍCULOS ORIGINALES

 

La familia contemporánea: relatos de resiliencia y salud mental

The Contemporary Family: Accounts of Resilience and Mental Health

 

María Victoria Builes Correa1 , Mauricio Bedoya Hernández2

1 Médica psiquiatra. Terapeuta familiar, Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia. Coordinadora de la Especialización en Terapia Familiar, Departamento de Psiquiatría, Universidad de Antioquia.

2 Psicólogo. Magíster en Psicología, Universidad de San Buenaventura, Medellín, Colombia. Docente de la Universidad de San Buenaventura y de la Fundación Universitaria Luis Amigó, Medellín, Colombia.


Resumen

Objetivo: Acercarse al problema de la promoción de la salud mental en la experiencia familiar. Método: Se parte de la concepción clásica de familia, donde aparece como central la noción de estructura, representada por los conceptos de tipología y funcionamiento familiar. Se propone ampliar la idea de familia a la luz de los cambios que ha experimentado y de los planteamientos provenientes de la posmodernidad. Se postulan tres hipótesis que guían el abordaje al problema estudiado. Conclusiones: Se critica el sustrato estructural en la concepción de familia y se propone que esta sea pensada como configuración. Al mismo tiempo, se asimila la configuración familiar con el concepto de resiliencia familiar y se postula que en esto radican las posibilidades de promoción de la salud mental no sólo para la familia, sino para los sujetos que la componen.

Palabras clave: familia, resiliencia familiar, salud mental.


Abstract

Objectives: To study the promotion of mental health at the family core. Methods: The starting point is the classical conception of family, in which the notion of structure plays a central role and it is represented by the concepts of typology and family functioning. We suggest that the concept of family should be extended in the light of the changes it has undergone and of several post-modern approaches. Five hypotheses were postulated to guide the proposed approach. Conclusions: The structural substrate in the conception of family is criticized. Instead, we propose that the family should be thought of as a configuration, which is in turn assimilated to family resilience. We postulate that it is this assimilation which offers the possibilities for mental health promotion for both the family and each one of its members.

Key words: Family, resilience, mental health.


Introducción

Con la posmodernidad no sólo han cambiado las ideas referentes al arte, a la arquitectura, sino a las ciencias sociales y humanas. ¿Qué impacto tiene en la familia contemporánea? En razón de ello, es precisa una aproximación a los cambios que ha experimentado la familia, intentando descifrar los sentidos que conllevan y las narraciones que de este proceso van emergiendo.

Se propone llevar a cabo una lectura no estructural, sino narrativa, de la situación actual de la familia. En este sentido, los autores del presente escrito proponen la idea de configuraciones familiares en términos narrativos, a partir de la rica noción ricoeuriana de configuración. ¿Qué implicaciones tiene esto para la familia? ¿Cómo pensar a la familia contemporánea como promotora de salud mental? La familia se configura y así se torna resiliente. ¿Cómo lo hace?

Se plantean algunas hipótesis a lo largo del artículo, derivadas de los cambios contemporáneos en la concepción de familia, y se postulan sus consecuencias para la promoción de la salud mental.

Noción de familia

La familia se ha concebido como un sistema relacional con características propias y como un subsistema social en permanente relación coevo-lutiva con otros sistemas sociales: comunidad, país, economía, medios de producción y comunicación, políticas estatales y mundiales, entre otros (1,2). Alimentadas de esta visión, las perspectivas contemporáneas caracterizan a la familia por su diversidad de sus formas, relatos y creencias. Por esto, hoy no pareciera posible hablar de la familia, sino de las familias, conformadas por personas que pueden o no convivir en el mismo lugar, conectadas fundamentalmente por lazos afectivos de cuidado y protección, mediados por el lenguaje, además de lazos consanguíneos o legales (3).

Los nuevos relatos de familia

La posmodernidad ha cuestionado las ideas de naturaleza humana, fundamentación última y estructura única del mundo de la vida (4-8), lo cual concuerda con lo ya expuesto acerca de la no existencia de la familia, venida de poderes divinos o naturales, ajenos al hombre. Existen las familias, sistemas relacionales que se narran a sí mismos y se construyen. La familia ha ido cambiando como correlato de su inscripción en la cultura, también cambiante. Se comentan algunos de sus cambios más significativos en la vivencia.

De lo público a lo privado en la vivencia familiar

Antes, la familia era un sistema público (9). Desde el púlpito se la regulaba, y la autoridad podía ser impartida no sólo por el padre, sino por los familiares (como tíos, abuelos o padrinos). Sin embargo, las exigencias propias del capitalismo y la vida anónima de las ciudades ha ido haciendo de la familia contemporánea un sistema privado, en el cual hay mayor intimidad. Con ello se han afianzado los vínculos entre los miembros de la familia y se ha centrado a los padres en su función socializadora y afectiva (10).

De la inclusión de los sujetos en la vivencia familiar

La vida de las familias clásicamente giró alrededor del grupo social, no de los sujetos miembros. Parecía que el bienestar individual importaba menos que el general y que la presencia subjetiva era vivenciada con alguna indiferencia. Hoy, las familias tienden a centrarse en sus sujetos y a considerar sus aspiraciones, necesidades y pasiones como criterio de acción familiar (11). Se estimula la palabra de cada sujeto. Así, como se ha citado en Gadamer, en el conversar cada sujeto es captado como alter (6,12,13). El medio que permite ser captado es el lenguaje.

Ser captado: fuente de salud mental familiar

El cambio que se acaba de enunciar resulta ser una expresión de la emergencia de la alteridad (12,13) en la vida familiar, de la recuperación del sujeto en ella, de su captación. Ser captado es ser reconocido en la diferencia, lo que hace posible entender los significados y los sentidos de las interacciones, porque tienen cabida las diferencias y las discrepancias (11).

Una familia donde cada miembro se siente captado, reconocido como alter, es más propensa al tránsito de climas emocionales de bienestar, donde las diferencias son vividas desde un lugar menos amenazante. En última instancia, el ser captado propicia ambientes de salud mental (11); en cambio, los padres sobreprotectores o tiranos no logran captar a sus hijos, pues los localiza en el lugar de la discapacidad y les limita sus posibilidades de subjetivación (14,15).

Nuevos relatos sobre la norma en la experiencia familiar

La familia tenía estrictas ataduras que la unían con las generaciones pasadas y futuras. En su vida diaria, la gente debía mantenerse muy unida a la historia familiar, por lo cual debían honrar a los antepasados y a las leyes ancestrales que le daban piso a la vida familiar (9). Así, los miembros de la familia eran objetos destinatarios de la norma. Hoy, estas ataduras se han ido aligerando. Cada miembro ha pasado de ser destinatario a interlocutor en la construcción normativa. El sentimiento y la comunicación se tornaron en elementos reguladores de los intercambios familiares, con positivas consecuencias para el clima familiar y su salud mental.

La primacía del lenguaje y la comunicación en la experiencia familia

Unido al hecho de ser captados, la familia requiere que todos sus miembros sean considerados interlocutores válidos en el proceso comunicativo (16,17), en todas sus posibilidades lingüísticas. Esto conlleva la pérdida del temor acerca de la expresividad y la crítica dentro de la familia y la promoción de su potencialidad argumentativa.

Del nuevo concepto de educar en la vida familiar

En la actualidad, el amor, el afecto, la cercanía y la relación se proponen como pilares del acontecimiento familiar. Lipovetsky (18) critica los discursos en los que la educación legítima incluye disciplina estricta, donde escuchar a los hijos alienta su tiranía e ingratitud futura y donde hay que demostrar autoridad si se quieren forjar caracteres templados, aptos para afrontar las dificultades de la vida. La educación se ha centrado en el reconocimiento de cada sujeto en la familia, en su promoción humana y estética, lo que supone prácticas nuevas, centradas en el respeto, en el amor y en la relación.

De la pareja parental al vínculo conyugal

El cambio es revolucionario. Ahora lo que potencia la vida de pareja no es la realización de ideales normativos procedentes de fuentes no humanas, sino la vivencia del amor y el bienestar de cada miembro de la pareja que conforma la relación. Ya la pareja no vale en cuanto su ser de padres, sino en función de su rol de esposos.

Los cambios a los que se ha visto llevada la familia contemporánea hablan, como se indicará más adelante, de su capacidad resiliente para afrontar su vida cotidiana, sus adversidades y crisis, y de la forma como esta aportará en la promoción de la salud mental familiar. A partir d e estos cambios se desprenden algunas hipótesis que se explicitan a continuación.

Primera hipótesis: el lugar de la familia en la constitución de la sociedad. Con la posmodernidad, como sostienen algunos autores (4,6,19-21), se ha pasado de una ontología fundamentada y metafísica, en la cual las ideas de historia única y universal y de núcleo metafísico del ser ofrecían el fundamento último para la comprensión del mundo, a una ontología del acontecimiento, donde el mundo es una construcción lingüística, discursiva e intersubjetiva; donde no es posible razonar bajo modelos nucleares, y, más aún, donde lo social, al ser construido discursivamente, se hace historia en devenir. De este modo, si bien es posible hallar interlocutores que construyen discursivamente el mundo social (22) (como la familia), cada uno de ellos ocupa un lugar, no el lugar privilegiado y menos aún nuclear.

Al establecerse una disensión respecto de la tradición que localiza a la familia como el núcleo de la sociedad (23,24), se plantea la siguiente hipótesis: la familia no es el núcleo de la sociedad, sino solamente uno de sus componentes. Lo que ocurre en un sistema afecta necesariamente a otros. Es imposible hablar de la familia como nucleador social. Ella no puede ser el núcleo alrededor del cual emerge la sociedad, sino, de acuerdo con Gadamer, uno de los horizontes (25,26) de su constitución.

La alternativa a la idea nucleari-zante de alrededor de, que ha llevado a la familia a ser culpada de los males sociales, viene representada por el a partir de la relación, que resulta ser un horizonte desde donde se consolida lo social, es decir, una perspectiva, no un núcleo. Así, la familia destraba su dinámica y se puede preguntar por los lugares que ha elegido para existir y ser, por los entramados de sentido que ha construido y por las relaciones que han nutrido su devenir en sí y su devenir social. En otras palabras, el devenir horizonte dinamiza todo el proceso familiar.

De los cambios en la familia contemporánea a las nuevas tipologías familiares

Pueden identificarse dos clases de estructura en la familia: la interna y la externa (27). Se denomina tipología familiar a la estructura externa, y está determinada por los sujetos que conforman la familia en función de sus "lazos de filiación, parentesco, afinidad o afecto". A su vez, se denomina funcionamiento familiar a la estructura interna, representada por las relaciones en su interior, así como por el manejo del poder, reglas y roles, jerarquías y límites dentro de un sistema (28). Permite llevar a cabo el balance entre los recursos de las familias y las demandas o crisis a las cuales se enfrenta a lo largo de su ciclo vital (2).

La estructura interna y la externa se correlacionan: "los cambios en la composición familiar afectan el funcionamiento del sistema familiar en su estructura interna o invisible, es decir, en la forma como se establece el vínculo emocional entre los miembros de la familia" (27). No puede hablarse de familia única, ni estática; existen, más bien, tipologías múltiples e inestables que en un proceso de evolución se van haciendo a las nuevas exigencias de su universo social y cultural (29).

Toda tipología familiar emerge de un contexto sociocultural (30). En las tipologías tradicionales -nuclear, extensa, ampliada, monoparental-, el vínculo más importante es el consanguíneo (31,32). Al lado de ellas han ido surgiendo otras nuevas: familia simultánea (mixta, simple y compleja), familia adoptiva y homosexual, familia elegida, familia unipersonal, díada conyugal, unidad doméstica, familia de procreación in vitro, entre otras (33,34). Estas nuevas tipologías emergen de los complejos cambios socioculturales; de fenómenos como la violencia, el desplazamiento o la migración a las grandes urbes; de las reivindicaciones sociales de comunidades como la homosexual, o de los avances en la biotecnología.

Quizá sea posible reconocer un aspecto que subyace a la emergencia de todas estas tipologías: las elecciones subjetivas. Los sujetos conforman familia y eligen con quién convivir y cómo hacerlo. De esta manera, si bien las familias clásicas se conformaban bajo el criterio consanguíneo-legal, el criterio relacional-emocional aparece también como conformador de experiencias familiares. Hoy, la familia también se elige en función de los aspectos emocionales y del proyecto vital de los sujetos (27,35).

Segunda hipótesis: la despa-tologización de los tipos familiares. Las transformaciones en las tipologías familiares se convierten en fuente de posibilidad y de riesgo. La significación que la familia y la sociedad puedan dar a estas transformaciones introduce historias de posibilidades o limitaciones.

Al no hablar de la familia, sino de las familias, se reconoce que ya no recorre un hilo histórico único y que no va más la pregunta por lo que ella debería ser. En su lugar, existen los relatos de familia, las historias de cada una, su verdad en devenir, nunca acabada ni universal. La familia es una construcción realizada en un contexto sociocultural particular. No puede hablarse de familia ideal. Esto concuerda con la concepción de posmodernidad como el fin de los grandes metarrelatos (6,7), de Lyotard, y de la fundamentación metafísica de la vida (6), de Vattimo.

En este sentido, se abren posibilidades de narración para cada familia y de subjetivación para sus miembros no desde un deber ser, sino desde el mundo de la vida del ser humano. Los ideales de familia emergen a partir del mundo de la vida de cada sujeto y su familia. Así, vista la familia, ¿cuándo puede decirse que una familia es patológica?, ¿qué es una familia disfuncional? Esto logra el tránsito a lo que los autores del presente artículo han denominado hipótesis de la despatologización de los tipos familiares.

Las diversas tipologías familiares en sí no son patológicas o disfuncionales. Clásicamente se han visto algunas de ellas patológicamente. Ello se explica por el hecho de que la familia siempre fue vista, con antelación a la denominada posmodernidad, bajo la lente del esencialismo universalizante religioso, racionalista, etc. Y cuando la familia no se ajustaba a los moldes impuestos por esta lente, se la tildaba de mala familia, disfuncional y hasta psicopatológica. Al introducir una nueva manera de ver a la familia, la visión que la patologiza desaparece. No obstante, es preciso preguntarse por las condiciones que promueven el sufrimiento y la angustia en la vivencia familiar y subjetiva dentro de ella.

Lo cierto es que cualquier familia puede padecer, puede sufrir en función de cómo sus integrantes se relacionan, se comunican y de los relatos de familia construidos por ella. De esta manera, su bienestar y sus miembros se asocian con sus formas de relacionarse y narrarse. Como corolario, ninguna de las tipologías en sí mismas podría asegurar la competencia interna de las familias. Su bienestar procede, más bien, de los relatos tejidos por los sujetos que las integran, de las conversaciones que permiten construir su historia.

Aparece como necesidad la priorización del mundo lingüístico y comunicativo en el interior de las familias: mensajes claros, promoción de la palabra de todos, construcción de acuerdos, reconocimiento de la diversidad de significados que el lenguaje trae consigo, etc. El lenguaje familiar, dada su riqueza hermenéutica, puede ser vivido como amenaza o como manifestación de la riqueza del mundo interior de cada sujeto.

De la estructura a la configuración narrativa en los nuevos relatos sobre familia

Las tipologías y el funcionamiento familiar se refieren a su dimensión estructural. Desde muchos ámbitos, aparte del ya citado en Vattimo, se ha criticado el estructuralismo, porque borra al sujeto y lo deja sin historia (6,21,36,37). En cuanto, como se ha indicado, el mundo social sea una construcción lingüística y narrativa, se propone atenuar el razonamiento estructural de la familia y leerla narrativamente. Esto introduce la idea de que la familia se configura en el relato que ella construye de sí.

Para Ricoeur (38-40), configurarse es construir una trama, una historia que integre lo concordante (los aspectos normativos de la experiencia familiar) y lo discordante (el acontecimiento, lo que irrumpe, lo no normativo, las crisis). Tramar o poner en intriga permite sintetizar lo heterogéneo e incluirlo en la historia contada, narrada.

La familia realiza una labor configurativa, dado que cada una de ellas se narra, construyendo su propia historia a partir de su vivencia cotidiana. Los miembros de la familia, en cuanto incluidos como sujetos alter, configuran la trama familiar cuando cada uno es, pero gracias a la presencia del otro que lo hace ser.

Como se ha mencionado, si bien las familias no son en sí mismas patológicas, sí están sometidas a experiencias de sufrimiento, las cuales, siguiendo con el presente razonamiento, provienen de la historia tejida por ellas, de sus formas de narrarse, de su configuración. Lo anterior desempeña un papel preponderante en la manera como la familia se relaciona, conversa y se comunica; en cómo se regula mediante acuerdos, reglas y roles, y en cómo modula la cercanía o distancia y hace frente a las dificultades cotidianas.

La concepción narrativa de la vivencia familiar, al reconocer que la familia se configura, advierte que esta se refigura continuamente. Esto permite entender que la historia de la familia siempre es una historia en devenir, nunca acabada, lo que le resulta esperanzador, así como para los sujetos de que se compone. Las prácticas metacomunicacionales -en las cuales las familias hablan de cómo se están narrando- pueden generar nuevas comprensiones frente a las diferencias, las crisis esperadas o normativas dentro de su ciclo vital y las no esperadas o no normativas.

Se presume que las familias metacomunicativas tienen mayores posibilidades de afrontar los conflictos y salir fortalecidas de ellos. Precisamente en esto se inscriben sus posibilidades resilientes.

Conclusiones: trazas de salud mental en la familia

La familia es promotora de la salud o de la enfermedad mental de sus miembros. Los modelos de familia emergidos de la modernidad la condenan porque, al proponer un ideal metafísico de familia, borran a los sujetos que la componen y ponen el relieve en sus aspectos negativos y disfuncionales. La familia, pensada como configuración narrativa, indica que los sujetos se captan e incluyen en los relatos familiares configuradores de su historia. Esta perspectiva podría ofrecer posibilidades humanas y de salud mental para ella y cada uno de sus miembros. Se realizará un acercamiento a algunos aspectos decisivos en dicha promoción.

Tercera hipótesis: metacomuni-cación como resiliencia familiar. Por resiliencia se entiende la resistencia a los conflictos, el salir airoso de la adversidad (41,42). Es un proceso dinámico donde interactúan recíprocamente los niveles subjetivo e intersubjetivo. En general, habla del estado de salud mental del sujeto y del colectivo, en cuanto devela el potencial humano y la capacidad de sobreponerse a la adversidad.

La resiliencia familiar, es decir, la capacidad de la familia para salir bien librada y fortalecida frente a la adversidad (35), no es un estado que se tiene; se teje relacional y narrativamente con otros (3). Se ha postulado que las familias cuyas prácticas comunicativas son conversadas -familias metacomunicativas- son más resilientes que aquellas que no llevan a cabo dichas prácticas.

En lugar de privilegiar la patología y la disfunción, el razonamiento narrativo descubre en la noción de resiliencia familiar las posibilidades de autorrestauración y crecimiento en la adversidad, porque promueve una serie de capacidades comuni-cacionales que permite compartir creencias y narrativas; fomentar sentimientos de coherencia, colaboración, eficacia, confianza, y afrontar las dificultades. Vista de esta forma, la resiliencia familiar es un potencial refigurador de las historias familiares.

Las posibilidades de salud mental presentes en la resiliencia familiar aluden al ser captados, ser reconocidos como sujetos dentro del grupo familiar. Esto se puede expresar, entre otras cosas, por actitudes que revelen apoyo emocional; por relatos que evidencien percepciones del mundo y significados compartidos alrededor de situaciones adversas, donde los protagonistas puedan salir dignificados, y por capacidades para evaluar lo nuevo como posibilidad de aprendizaje, de suscitar control en lo que aparentemente no lo tiene y de experimentar esperanza cuando a veces esta aparece opacada.

De la moral de los actos a la ética relacional y comunicativa

La resiliencia familiar supone que cada miembro de la familia sea captado, sea reconocido como sujeto, como interlocutor válido, como alter. Las dos dimensiones básicas de la resiliencia familiar son la narrativa y la intersubjetiva. Por ello, si antes la labor de la familia se centraba en el disciplinamiento moral de sus integrantes, hoy se centra en su disciplinamiento afectivo, relacional y comunicativo. El fundamento de la formación ética era metafísico: los hijos debían seguir, sin discusión, el mandato ancestral encarnado en los padres, quienes a su vez poca cuenta podían dar de él. El disenso era acallado. La comunicación era jerárquica y asimétrica.

En tanto la familia contemporánea es pensada como experiencia narrativa e intersubjetiva, la ética promovida en ella es la ética de la relacional y comunicativa, asimilada por Lipovetsky al individualismo responsable. El proceso educativo consistirá en formar sujetos capaces de captar al otro y metacomunicarse; sujetos con actitudes que les permitan construir relacionales familiares y sociales que los hagan más personas a ellos y a los otros.

Esto posibilitará la inclusión y pertenencia de todos en la familia, lo que se tornará promotor de salud mental familiar.

La familia y la lectura de sí

Cuando la familia tradicional sustentaba en la autoridad y en la tradición su devenir normativo, no era preciso que ella se pensara. De hecho, pensarse significaba atentar contra el status quo. Ella no tenía por qué leerse. En la medida en que la familia contemporánea es configuración, es imperativo que pueda leerse, para que sea capaz de contribuir a su propia configuración.

El presente escrito propone que leerse es poder conversar acerca de su propia dinámica. Leerse es metacomunicarse, es decir, refigurarse. Ello exige no solamente el deseo de saber de sí por parte de la familia, sino las herramientas y estrategias para ello. Cada familia podrá configurar sus propios recursos de lectura.

La lectura familiar es lectura de la historia tejida dentro del grupo. Esto le permite a los sujetos que componen la familia aprender a leer su vida y relaciones, sus crisis individuales e intersubjetivas, las situaciones dolorosas que los atraviesan. Cuando los canales comunicativos se han cerrado y la familia no puede leer, leerse y construir acuerdos ligüísticamente mediados, se introduce un quantum de sufrimiento y dolor familiar.

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Recibido para evaluación: 23 de julio de 2007
Aceptado para publicación: 20 de junio de 2008

Correspondencia
Mauricio Bedoya Hernández
Universidad de San Buenaventura
Calle 45 No. 61-40
Medellín, Colombia
mauro_bedo@yahoo.es

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