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Revista Colombiana de Psiquiatría

versão impressa ISSN 0034-7450

rev.colomb.psiquiatr. vol.41 no.3 Bogotá jul./set. 2012

 

Las infidelidades: aprendiendo desde dentro de las conversaciones terapéuticas*

Infidelities: Learning from Therapeutic Conversations

José Antonio Garciandía Imaz1
Jeannette Samper Alum2


*Los nombres y aspectos que pudieran identificar a las personas que aparecen en este artículo han sido modificados para garantizar su anonimato.

1Médico psiquiatra, profesor asociado, Departamento de Psiquiatría y Departamento de Medicina Preventiva y Social, Facultad de Medicina, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia.
2MS, MS, terapeuta de pareja y familia. Conversesiones, Bogotá, Colombia. Sistemas Humanos, Bogotá, Colombia. Docente de la Universidad de la Sabana, Bogotá; Pontificia Universidad Javeriana, Cali, y Universidad del Valle, Cali, Colombia.

Conflictos de interés: Los autores manifiestan que no tienen conflictos de interés en este artículo.

Correspondencia
José Antonio Garciandía Imaz
Departamento de Psiquiatría
Pontificia Universidad Javeriana
Carrera 7.ª No. 40-62
Bogotá, Colombia
jose_garciandia@hotmail.com

Recibido para evaluación: 2 de abril de 2012 Aceptado para publicación: 26 de junio de 2012


Resumen

Introducción: Este es un artículo en el que los autores exploran en las diferentes vicisitudes de la construcción de la experiencia de la infidelidad. Objetivo: Aportar una ampliación del conocimiento sobre el fenómeno de la infidelidad, más allá de los tópicos existentes en la literatura. Ampliar el entendimiento de la infidelidad hacia una complejidad que incluye aspectos contextuales de cada pareja. Métodos: Análisis cualitativo de diferentes casos de parejas con la experiencia de vivir la infidelidad. Conclusión: La infidelidad es un acontecimiento en la vida de pareja que requiere una comprensión individualizada de su proceso de construcción.

Palabras clave: Pareja, infidelidad, generosidad, sacrificio, reconocimiento, cooperación, conversación.


Abstract

Introduction: In this article the authors explore the different vicissitudes in the construction of the infidelity experience. Objective: Increase knowledge concerning infidelity beyond existing topics in the literature. Deepen the understanding of infidelity towards a sort of complexity that includes contextual aspects of each couple. Methods: A qualitative analysis of different cases of couples having experienced infidelity. Conclusions: Infidelity is a painful couple event requiring an individualized understanding of its construction process.

Key words: Couple, infidelity, generosity, sacrifice, acknowledgement, cooperation, conversation.


Introducción

En este artículo queremos referirnos a aquellos acontecimientos en la vida de la pareja que producen una herida mortal e irrumpen como una impronta que restringe y amenaza las posibilidades evolutivas del yo, el y el nosotros de la pareja. Nuestros entendimientos surgen de la experiencia terapéutica con parejas que han vivido una ruptura y la disrupción de un tercero, el cual deja una huella invisible, que, sin embargo, socava los cimientos mismos sobre los que se sostiene el individuo y su vínculo de pareja. Cuando nos referimos a "las infidelidades " queremos enfatizar, más allá del concepto general de infidelidad, que puede sonar abstracto, la complejidad de las identidades y territorios de vida que hacen parte de la existencia de una pareja. Al hablar de la complejidad de las identidades y territorios de vida, queremos destacar que en la vida de pareja nada ocurre al margen de los pasos y movimientos que llevan hacia encuentros y desencuentros que organizan la danza y sentido existencial de la pareja.

En el devenir de las conversaciones entre los consultantes y los terapeutas se va creando un entendimiento exclusivo sobre cada miembro de la pareja, su historia individual y las historias vividas entre ellos. Cada conversación terapéutica, lejos de la banalidad, es un espacio trascendental donde, desde los relatos de confusión y dolor de los consultantes, los terapeutas entran con sus preguntas y comentarios a explorar detrás de las palabras para conjuntamente producir nuevos entendimientos.

Entre los miembros del sistema terapéutico se produce una forma de conocer, que John Shotter (1) denomina un conocer desde dentro de la conversación (knowing from within). Shotter lo describe como un tercer tipo de conocimiento, que va más allá del saber sobre el problema, y del saber qué explica cómo el problema afecta la relación para generar un tercer tipo de conocimiento, que es el saber desde adentro de las vivencias. Es un saber creado en el transcurso de la conversación, que les permite a los interlocutores mirarse distinto y poder seguir adelante también de manera diferente.

Cada infidelidad, al traerla a la conversación terapéutica, es un acto de habla que devela los procesos de construcción de la cultura de cada pareja, donde las narrativas existen-ciales organizan la relación dejando su impronta en el nosotros relacional.

Este artículo es producto de años de experiencia en terapia de pareja, de la cual hemos seleccionado siete procesos terapéuticos en que el motivo de consulta es planteado como un problema de infidelidad. Las conversaciones con cada pareja nos presentan un reto que nos propusimos aceptar desde la premisa de Gregory Bateson (la diferencia que hace la diferencia), para que cada encuentro generara una diferencia importante en ellos y en nosotros, con el fin de comprender la infidelidad como un fenómeno lleno de significados que sintetizan la complejidad de la relación de pareja.

¿Qué aprendimos sobre la vida de pareja?

Conversando con las parejas para dimensionar la herida infringida a la relación hemos aprendido con ellos a identificar "aspectos imprescindibles" para el vínculo de pareja. A partir de la teoría del apego de John Bowlby entendemos que la calidad del vínculo es esencial, no solo para la supervivencia y el desarrollo satisfactorio de los seres humanos, sino, también, para la formación de una relación de pareja madura psicológicamente. Desde nuestra concepción, el otro en la pareja adquiere una dimensión existencial inevitable. Observamos que los seres humanos viven inmersos en una gran variedad de vínculos desde los cuales se van tejiendo narrativas y relaciones que dan sentido al hecho de ser y existir.

En la vida adulta, cuando se elige estar en pareja, el ser y la evolución individual entran en una dimensión de desarrollo en la que la presencia del otro se incorpora en la constitución del sí mismo. Esto representa entrar en una dimensión ontológica que propicia a los individuos acceder a una experiencia existencial que por un lado sobrepasa la individualidad y, por otro, la catapulta a niveles evolutivos de mayor complejidad vital.

Para lograr esto, consideramos que para construir una vida en pareja es fundamental poner en acción algunos aspectos vitales tanto individuales como en el espacio compartido de la pareja. Más allá de las presiones provenientes del contexto social en cuanto al momento adecuado para unirse con otro y a la atracción química que se promulga como algo esencial que ocurre de una manera mágica (no construida), donde lo sexual, genital, predomina como valor, queremos resaltar aspectos personales del individuo y su historia que son fundamentales en la construcción de un vínculo seguro.

Durante las conversaciones terapéuticas fueron emergiendo las preocupaciones que los individuos comenzaban a sentir al vivir las contradicciones que se evidencian en la infidelidad entre el trasfondo sociocultural, con sus mensajes e ideologías que demeritan la trascendencia existencial de la pareja para los individuos, la experiencia de vivir la realidad de la pareja en la cotidianidad y la herida mortal que se vive en la infidelidad. Sumergidos en las conversaciones entre los participantes del sistema terapéutico, ante las preguntas y comentarios de los terapeutas, los eventos dolorosos vividos comenzaban a mostrar la importancia y trascendencia de la presencia o ausencia de ciertos aspectos en la cotidianidad de la pareja. Estos aspectos, a los que nos referiremos después, establecían puntos de bifurcación en su vida de pareja.

Primero, en el sentido de desfavorecer el desarrollo y evolución hacia el crecimiento de la pareja, como dos que ontológicamente se construyen mutua y recíprocamente; segundo, al producir un estancamiento que favoreció la inclusión de un tercero, para distorsionar así el proyecto constructivo de la pareja. En el trasfondo de lo hablado se va visibilizando la influencia de voces provenientes de la cultura, el contexto social, la historia de las familias, la clase social, los discursos de género y las narrativas de identidad que hacen parte de lo que cada miembro de la pareja aporta al vínculo. En este trasfondo, en el que se mezclan los elementos anteriormente citados, y como lo dicen Pilar Hernández y Teresa McDowell (2), encontramos que en la intersección de identidad y contexto social (donde la relación de pareja es un contexto social) están presentes de manera significativa las habilidades individuales que cada persona ha desarrollado en su historia e involucra en la relación.

Conversando con las parejas en terapia, de manera conjunta pudimos ir estableciendo los hitos clave del mapa relacional de cada pareja que produjeron una diferencia importante en la calidad de su vida compartida. Estos hitos aparecieron en el proceso terapéutico como aquellos eventos o momentos que determinaron un quiebre en la conexión, lo que llevó a una resignificación deteriorante de la relación y la visión del otro. Es importante resaltar cómo las parejas tienen claridad sobre los eventos que han deteriorado su vida compartida, pero no encuentran ni en sus diálogos internos, ni en su contexto histórico y actual las claves con las cuales podrán crear conjuntamente, en palabras y acciones, nuevas posibilidades para que emerja la relación de pareja que sueñan.

En los procesos terapéuticos hicimos un proceso de deconstrucción que nos permitió extractar las carencias que constreñían y colapsaban el desarrollo y evolución de la relación. Esto nos permitió comprender tanto a nosotros como terapeutas y a ellos como pareja, es decir, a toda la etnia terapéutica, la importancia y trascendentalidad de los aspectos que les ayudarían en el presente a superar su situación. Desde dentro de las conversaciones fueron emergiendo palabras como generosidad, sacrificio, reconocimiento del otro como un verdadero legítimo otro, cooperación (mutualidad y reciprocidad), hasta producir un momento bomba (un momento de explosión y claridad en la comprensión), que finalmente permitía que alguno de los miembros de la pareja pudiera conectar lo hablado en terapia con las acciones que reorientaron a la pareja hacia la evolución.

A continuación desarrollamos la importancia del valor ontológico de estos aspectos en la conformación de las acciones y los significados que de manera conjunta crearon los problemas y las vidas saturadas de problemas, que luego fueron transformadas en comprensiones compartidas que permitieron crear una nueva definición de su vida en pareja.

Producto de los procesos terapéuticos incluidos en este artículo con las parejas encontramos que los siguientes elementos fueron precarios en su convivencia, y que el reconocimiento de ello, más el trabajo para su inclusión en la vida de pareja, fueron las dos cosas que les permitió hacer una nueva definición de su relación.

  1. La generosidad: en su origen, la raíz griega gen tiene el significado de uno; significado que al aplicarlo a la relación de pareja entendemos como esa habilidad que desarrolla cada individuo para hacerse uno con el otro. La capacidad de someter el sí mismo a una instancia más amplia, abarcadora, que los autores denominamos el nosotros. Algunos autores, como Callé (3) en su libro Uno más uno son tres, han denominado esta 2. totalidad como el absoluto de la pareja, y que nosotros llamamos el espíritu de la pareja (4). Todo ello lo enmarcamos en una concepción de la identidad de la relación como el "nosotros de la pareja ".
    La ausencia de generosidad se plasma en las dificultades para construir la vivencia del nosotros en la pareja. En una de las primeras sesiones, Fermín y Cristina comparten su primera crisis de pareja, situación que ocurrió en la luna de miel. Cuentan que desde la primera noche el imaginario que cada uno tenía del otro como un ser amplio, comprensivo y dadivoso cambia cuando Fermín le hace observaciones negativas sobre su respuesta durante el acto sexual. Otros eventos ocurridos en la luna de miel contados por Cristina (Fermín toma mucho y ejerce su dominancia) también la llevan a resignificar la imagen que tiene de Fermín. Desde ese momento se inicia una dinámica en la que ella se retrae más y él se justifica tomando más, de tal forma que cuando vienen a la consulta, 25 años después, la historia vivida entre ellos hace evidente que ninguno de los dos quiere hacer un esfuerzo generoso para invertir en la relación. Esto se refleja en el hecho de que cada uno espera que el otro sea quien haga los cambios.

  2. El sacrificio: entendemos el sacrificio en su sentido original, como la capacidad de ofrecer al otro un bien, un regalo, buscando afianzar el vínculo. Un ejemplo de ello se visibiliza en la relación materno-filial, que es el germen de cualquier otra relación, en la que desde el útero la madre afianza el vínculo con el hijo que lleva en sus entrañas, al darle la vida a través de su propio cuerpo; sacrificándose, al ofrecerle su propia sangre como un regalo vital. Después del nacimiento, la sangre es sustituida por las palabras, las caricias y la ternura. Para ilustrar este punto referimos la historia de una pareja que al momento de la consulta tiene más de 30 años de matrimonio, durante los cuales uno de los problemas centrales es el hábito alcohólico del esposo, que siempre fue la puerta de acceso a varias infidelidades. Aparece en medio del relato doloroso un espacio donde ambos reconocen haber vivido en armonía: los mejores años de su relación. La diferencia que se hace visible en nuestra conversación con ellos está relacionada con el hecho de que durante tres años seguidos el esposo dejó el alcohol completamente. Él lo explica debido a un importante cargo internacional, ella lo vivió como un sacrificio y un regalo ofrecido en beneficio de su relación.

  3. El reconocimiento del otro como un legítimo otro: esta frase de Humberto Maturana (5), expresada para otros contextos, implica reconocer plenamente al otro como un ser diferente, de forma que ambos son conscientes de vivir en una mutua interrupción de los procesos personales, por la influencia de la presencia del otro. El reconocimiento de las diferencias que hacen parte de las conversaciones y las acciones debe generar una valoración mutua de lo singular en el otro, lo que permite que como pareja logren llevar su relación a un nivel más integrador de complejidad. Observamos que este proceso se da al entretejer los siguientes aspectos: la percepción, el respeto y la aceptación de las diferencias del otro. Una pareja más, la de Samuel y Alicia, acuden a la consulta cuando están atravesando un momento de infidelidad de la esposa, hecho que ella justifica como respuesta a otra infidelidad vivida años atrás, cuando él fue infiel. En su relato, ellos hacen notar cómo la abundancia de dinero ha mantenido un vínculo más centrado en la comodidad que en el reconocimiento que cada uno hace del rol del otro en su vida y en la pareja. Solo el dolor vivido por el marido ante la infidelidad de su mujer los impulsa a reconocerse a través de la herida.

  4. La cooperación: desde el siglo XIX, con Lamarck y Darwin, se introduce en Occidente la idea de la evolución. Para estos autores, la evolución se da en un contexto de la competencia y de la supervivencia como la lucha para el dominio del más fuerte.
    Esta idea la ha ido consolidando en Occidente como un ámbito de competencia y logro individual. Sin embargo, la evolución también se ha dado en el orden de la cooperación, como lo muestra el desarrollo evolutivo microsomial que plantea Lynn Margulis (6). La cooperación tiene un sentido evolutivo más abarcador que la competencia.

Para la vida en pareja, cada individuo debe comprender que ha llegado a un límite en su evolución individual, y que si desea seguir evolucionando más allá de ese límite como ser humano, necesita hacerlo en relación con otro, en una dimensión que excede su singularidad y a la que llamamos pareja. En otra pareja logramos entender cómo se construye la infidelidad como un juego perverso que parte del planteamiento del ejercicio del sexo no como una actividad íntima, es decir, recíproca y mutual de ellos, sino como una búsqueda de satisfacción sexual individual, donde el otro participa, pero no está involucrado.

Desde el inicio del matrimonio, Pepe le pide a su esposa que antes de tener su encuentro íntimo ella tenga un encuentro sexual con otro hombre, para que luego le cuente detalladamente su vivencia; así él logra excitarse. Sin embargo, la relación de ellos dos con el tiempo se vuelve imposible, porque ambos participan como observadores en la excitación del otro. Como vemos, la sexualidad individual de cada uno de ellos no evoluciona en conjunto con el otro, esto hace que la pareja, cuando llega a terapia, esté al borde de su destrucción.

El éxito de la terapia con las parejas mencionadas se debió a la identificación e incorporación de habilidades que exponemos a continuación, por ejemplo, conversar. Teniendo en cuenta que el individuo se construye a sí mismo sumergido en múltiples conversaciones, la pareja exige que su identidad como tal se lleve a cabo en medio de conversaciones en las cuales emergen nuevos sentidos y significados para constituirse en la esencia de lo que implica la exclusividad de ser esa pareja. La capacidad de construir un nuevo idioma exclusivo de la relación, al decir de Lino Guevara, permite el surgimiento de lo que él denomina "nuevos neologismos" (7). Desde esta perspectiva, podemos decir con el autor mencionado que la unidad psíquica de la pareja no es el individuo, sino la relación conversacional, que es el alimento básico sin el cual la pareja no puede existir.

Desde que la pareja entra a la consulta se inicia un intercambio de palabras y emociones que comparten con los terapeutas conscientes de la obligatoriedad de hablar de lo no hablado entre ellos. Pensamos que desde el inicio los miembros de la pareja viven una experiencia diferente a otras conversaciones cotidianas. La escucha respetuosa de los terapeutas está dirigida a captar la complejidad de las historias, entendiéndolas como expresiones de vivencias encarnadas en cada uno y que en la convivencia han afectado al otro, lo que genera intercambios que penetran de manera dolorosa y restringen un acercamiento comprensivo.

Al mantenerse nuestra escucha respetuosa, terapeutas y consultantes van tejiendo una trama que imperceptiblemente organiza un contexto conversacional que facilita que cada participante pueda entrar en contacto con sensaciones profundas, las cuales, al ser expresadas y puestas en común, sorprenden al hablante de la trascendencia que tienen en su vida y en su relación con el otro. Como ejemplo del poder destructivo en lo "vivido y no hablado", mostramos la pareja constituida por Gabriela y Emmanuel, que al momento de la consulta llevan 25 años de vida en pareja; se conocieron a los 17 años, edad a la que ella quedó embarazada.

Ambas familias interfieren en la posibilidad de construirse como pareja; no les permiten verse ni hablarse, aun cuando nace el hijo. Sin embargo, con el pasar de los años, ya teniendo la mayoría de edad, logran casarse para realizar su sueño de enamorados. Para sorpresa de ambos, su relación ha sido un inferno, y ahora, después de constantes infidelidades del esposo, acuden a consulta.

En una de las consultas, M, quien durante varias sesiones ha podido hablar del dolor presente de la última infidelidad, se ahoga de sentimiento y habla de su primer dolor, un dolor que al expresarse obtiene el significado de traición y abandono imperdonable por parte de su actual esposo, porque permitió que sus padres interfirieran en su relación. La experiencia de dar a luz sin el apoyo de su novio generó en ella un profundo dolor; así, al poder expresarlo en la consulta, entiende que la desconfianza y la distancia emocional que ha vivido a lo largo de su relación de pareja están conectadas con una emoción profunda e inexpresada. Al traer al presente la experiencia de traición y abandono expresada por su esposa, surge dentro de E una conexión con su propia experiencia sobre los hechos vividos alrededor del embarazo juvenil, y complementa la historia con su propio relato.

Emmanuel cuenta que siempre ha sentido que Gabriela no lo reconoce como hombre, haciendo la claridad de que en todos los aspectos de su vida juntos (esposo, amante, padre), Gabriela lo distancia y descalifica.

En la conversación establecida con los terapeutas, por primera vez en 25 años, Gabriela y Emmanuel logran poner en común sus dolores y vacíos, para comprender que no han sido pareja en la medida en que siempre se han dirigido el uno al otro con palabras que atraviesan un fltro de recriminaciones silenciosas, mutuas, que imposibilitan crear intercambios entre ellos o con el otro.

En la terapia, Gabriela y Emmanuel logran un cambio significativo, que Shotter describe como la transformación de "hablarle al otro frente a hablar con el otro", donde lo segundo permite generar significados desde dentro de la conversación que pueden ser compartidos.

Una segunda habilidad, luego de la conversación, consiste en la capacidad para establecer acuerdos y crear compromisos. La vida en pareja que se inicia con el reconocimiento y respeto de las diferencias en muchos órdenes de la existencia exige que, como producto de las múltiples conversaciones que darán sentido ontológico a la pareja, emerjan posibilidades de negociación sobre sus diferencias. Desde esta posición existencial, se hace inevitablemente necesario aprender a crear acuerdos y respetar los compromisos propios de ser pareja.

Siguiendo con el ejemplo de Gabriela y Emmanuel, la ausencia de conversaciones productivas llevó a esta pareja a desarrollar una dinámica relacional que describimos como: "Yo te niego sexo porque no te reconozco como hombre comprometido" y "Yo te soy infiel porque como mujer no me das lo que yo necesito…". "Como tú me eres infiel, yo no te doy lo que quieres", y, por otro lado, "como tú no me reconoces como tu hombre, entonces yo busco una mujer que me reconozca". En la terapia, Gabriela y Emmanuel logran reconocer en primera instancia la ausencia en su cotidianidad de compromisos esenciales propios de toda relación de pareja. Una vez que se entiende la doble vía de los compromisos, esta pareja, todavía en el ámbito de la terapia, es capaz de entender la vitalidad de crear compromisos y acuerdos.

Una tercera habilidad se refiere a la reciprocidad y la mutualidad. Entendemos la reciprocidad como el intercambio generoso de afecto, respeto, confianza, tiempo, valoración, palabras, ternura y erotismo, que ocurre momento a momento en la cotidianidad de la pareja. Este intercambio debe ocurrir de manera intencional en cada miembro de la pareja, en la búsqueda de ser y estar con el otro de manera incluyente y exclusiva, hasta constituirse en un valor ético de la vida en pareja. Cuando cada uno de los miembros de la pareja se siente querido, respetado, valorado, aceptado como interlocutor, objeto de ternura y actor del erotismo mutuo, es probable que ambos orienten sus vidas hacia un tiempo compartido.

Partiendo de una reciprocidad idealizada en la medida en que la pareja se establece como totalidad, sus acciones (dar y recibir) crean una historia que da sentido a lo vivido entre ellos. Esta historia, producto de su experiencia de vivir juntos, da sentido a los acontecimientos que van ocurriendo, de tal forma que cuando ocurren cambios o acciones inesperadas se produce dolor y sufrimiento. El valor ético de la reciprocidad se hace visible por medio de la expresión subsecuente de un nuevo valor, la mutualidad. Hemos observado que alcanzar la mutualidad implica un salto cualitativo hacia un ámbito más complejo de convivencia. La mutualidad expresa un grado de madurez ético de la relación, y es vivida por la pareja como un estado de complacencia solidaria.

En las parejas que atendimos y que son el sustrato de este artículo encontramos que desde muy temprano en la vida de la pareja ocurrieron eventos que destruyeron la primera historia de pareja relacionada con el ideal de vivir el uno con y para el otro. Dado que los esfuerzos por reconstruir la reciprocidad y mutualidad habían sido infructuosos en su vida de pareja, ellos finalmente acudieron a terapia. En algunos casos, esos hechos habían ocurrido hasta 20 y 30 años antes, lo que generaba una dinámica de confrontación, lucha de poder, revancha y desilusión. ¿Que los llevó, entonces, a buscar una ayuda terapéutica? Al encontrarse en la antesala de la etapa de nido vacío apareció en ellos una ansiedad distinta, que los impulsó a buscar en la terapia una nueva definición de la relación. La amenaza y la realidad de una posible separación planteada por uno de los miembros de la pareja gatilló una angustia antes no vivida.

Solo después de desenterrar los dolores y rencores de la o de las infidelidades, durante un largo proceso de terapia, fue posible comprender por los miembros de la pareja la trascendencia enfermiza de la presencia de un tercero en la relación y la trascendencia saludable que implica la comprensión de contener la relación entre dos, en medio de un juego de reciprocidad y mutualidad exclusivas.

Sorprendentemente, al ser la reciprocidad y la mutualidad una postura tan elemental en la base de cualquier relación humana, y de manera especial en la convivencia en pareja, esta dinámica solo se hizo posible en la comprensión y la acción después de haber podado las ramificaciones de las experiencias traumáticas del pasado.

La construcción de la relación: un tejido (una filigrana) relacional afectiva y selectiva. El sentido ontológico de la pareja

Consideramos que lo relacional es un elemento existencial en los seres humanos. Como diría Heidegger, nuestra esencia es ser-con-otro. La individualidad es un ser en el mundo, una forma legítima de ser que tiene un tope en su evolución. La pareja es un ser-con que abre oportunidades de ser en el mundo que solo desde la pareja son posibles; en la pareja, el individuo está abierto a otra forma de ser y estar en el mundo.

Una vez que dos personas se eligen mutuamente comienza un proceso complejo de construcción de una red relacional afectiva y selectiva, en el que las dos personas danzan y tejen, con movimientos de encuentro y desencuentro, su propia comunión (ser-con-otro). Este Desde nuestra perspectiva y proceso permanecerá a lo largo de su historia compartida. Cuando los individuos se atraen y eligen, de cualquier forma, el vivir en pareja inicia una nueva construcción de las identidades y el sentido de vida de ambos. Desde el deseo y los sueños individuales se parte hacia la búsqueda de otro para acompañarse en la vida; sin embargo, cada uno trae al encuentro un cúmulo de experiencias y significados desconocidos para el otro, que se hacen visibles cuando se pasa de vivir momentos de intimidad (noviazgo) a vivir en la intimidad cotidiana (vida en pareja).

En los momentos de intimidad compartida que llevaron al compromiso cada uno soñó al otro como la persona ideal para complementar su existencia. Luego en la primera etapa de convivencia, cuando el 1 + 1 se vuelven 3 (yo + tú = nosotros), aparece la persona real con quien se construye el absoluto de la pareja (3), proceso que requiere la incorporación (darle cuerpo en la relación) de los elementos que anteriormente hemos mencionado (conversación, capacidad para establecer acuerdos y compromisos, reciprocidad y mutualidad), para construir el ser-con-otro en el mundo. La pareja tiene un carácter ontológico para los miembros que la constituyen; es algo que los involucra en la construcción de una nueva existencia vivida en común.

Desde nuestra perspectiva y experiencia, el término construcción, para referirlo al proceso de formar pareja, nos parece insuficiente para expresarlo. A partir de las vidas saturadas de problemas que las parejas traen a la consulta y a su dificultad de mirarse de manera que les ayude a desenredar los nudos que han creado sus conflictos, deshilvanamos las dificultades para comprender los hilos que han enredado sus existencias.

Haciendo una autorreflexión que nos ayudará a profundizar más en los territorios donde habitan las heridas, hemos recurrido a una metáfora proveniente de la orfebrería, que es la filigrana en oro y plata, actualmente practicada en Mompox3. Esta técnica de la filigrana se realiza con hilos de oro o plata en un trabajo en dimensiones de miniatura, de manera minuciosa, única y singular, que, como producto final, logra joyas que son verdaderas obras de arte. Entendemos la vida de pareja precisamente como un proceso orfebre de hilvanado en dimensiones cotidianas, espontáneas, microscópicas, con frecuencia imperceptibles, a través de las cuales emerge la pareja como una joya creada y portada por dos artistas. Esto supone entender la relación como una construcción donde solo se incluyen dos personas, y de manera conjunta dejan por fuera aquellas voces intrusivas del contexto para crear una historia y una convivencia con sentidos exclusivos, propios y de intimidad.

¿Qué entendemos o cómo entendemos la infidelidad?

Ser pareja implica comenzar a instaurar un diálogo émico en su vivir, lo cual implica existir pensando en lo que es importante para el otro, en la valoración y legitimación de las necesidades, deseos, intereses, sueños, valores.

El tejido del vínculo, el nosotros de la pareja, sucede por los intercambios cotidianos en la compleja red recursiva, mediante la cual las dos personas fortalecen la unión. En esta compleja acción-reacción permanente aparecen tanto eventos de conexión como eventos restrictivos de significado, que requieren un trato diferenciado por parte de la pareja. La infidelidad es el evento que con mayor contundencia e intensidad genera heridas profundas que ponen en riesgo de muerte la relación.

A partir de la infidelidad se genera una dinámica complementaria difícil de resolver, al existir un desequilibrio en el significado que se le atribuye a la infidelidad y a la herida causada. La infidelidad es un acontecimiento que sintetiza múltiples significados dentro de una relación de pareja; es un evento polisémico frente al cual cada miembro de la pareja deposita proyectivamente sus propias atribuciones de significado, sentido y matiz. Cuando la pareja no logra de manera conjunta entrar en un proceso de decodificación de los hechos, para encontrar, aún de manera dolorosa, algunos sentidos implícitos, tácitos y secretos, la relación entra en un proceso de deterioro escalado.

La relación de pareja requiere de manera permanente la mutualidad y la reciprocidad explícita en todos los ámbitos para mantenerse saludable; de otra manera, la imaginación individual, al no ser puesta en común, ni contrastada con el otro, se convierte en un interlocutor privado y desquiciado, que abre una brecha mayor entre los miembros de la pareja, por medio de la interpretación y el malentendido.

Los diálogos internos se van volviendo más gruesos (8) en la desviación de lo común de la pareja, lo que crea historias individuales, silenciadas, que se retroalimentan permanentemente, dando sentido de realidad a lo fantaseado privadamente, sin involucrarlo en la intimidad de la pareja. La pareja deja de crear significados simbólicos de la relación y emergen significados fantasmagóricos individuales, que se traducen en dos historias paralelas que nunca se encuentran, y funcionan como fugas que vacían de contenidos la intimidad de la pareja.

Al vacío afectivo de la pareja, la vida cotidiana y el entorno en que se desarrolla suman un cúmulo de responsabilidades, obligaciones y compromisos con otros que ejercen una presión tácita (sostenida por creencias personales, familiares, religiosas y culturales), que mantienen la unión a pesar del vacío. En este sentido, la relación de pareja hace un viraje profundo, pasa de ser un vínculo sostenido desde dentro de la relación de sus miembros a un vínculo sostenido desde fuera de la relación. A partir de esta perspectiva es posible entender por qué la presencia de terceros comienza a cobrar importancia para los individuos de la pareja, y desde ahí se genera ruido en su comunicación. Un ruido que comienza a deteriorar paulatinamente el vínculo, porque no permite la conversación genuina, en la medida en que crea barreras infranqueables en la forma de crear significados desde dentro de la relación de pareja; deforma aquello que John Shotter describe como un tercer tipo de conocimiento, llamado el conocer desde dentro de la relación. Este tercer tipo es lo que informa el saber vivir y que en el caso de las parejas favorece que se mantenga una sincronía, sintonía y sinergia en los movimientos cotidianos que dan sentido a ser pareja (1).

Para ilustrar las comprensiones y logros que construimos con parejas en terapia desarrollaremos estos aspectos a la luz del trabajo terapéutico realizado con ellas.

La doble infidelidad

Esta terapia de pareja inicia con la petición de consulta de la esposa, quien está preocupada por su infidelidad actual a su esposo.

Alicia busca tranquilizar su conciencia justificando su infidelidad como retaliación a la infidelidad de Samuel cuatro años atrás. Samuel es un exitoso hombre de negocios, dueño de una empresa de publicidad que contrata a "mujeres bellas" para todos sus eventos y promociones. Alicia describe a su marido como un hombre atractivo y "demasiado expresivo con las mujeres […]. Adicto a su trabajo, que lo absorbe […], sin permitirme hablar con él durante el día […]. Nunca sé con quién ni en dónde anda. Él afirma que ya no me es infiel, pero como yo nunca me puedo comunicar con él […], pues no sé si es verdad." Ante el temor de ser descubierta, y teniendo en cuenta su preocupación por el bienestar de sus hijas, Alicia acepta una primera sesión con Samuel, con el compromiso de no hablar de su infidelidad.

En esa cita la pareja centra su conversación en el distanciamiento afectivo que ambos viven y ven la utilidad de hacer más sesiones conjuntas. Teniendo en cuenta la modalidad de coterapia que los autores (JAG y JSA) practicamos, esta pareja expresa interés en iniciar un proceso de terapia de pareja.

La construcción de la pareja inicia cuando Alicia comienza sus estudios universitarios en Bogotá, y Samuel ya es profesional, dueño de su empresa. Como lo entendimos todos después de varias sesiones, Alicia es una joven de provincia que había sido criada para ser "princesa", y Samuel es un hombre ambicioso y controlador que es descrito en la terapia como "gerente general del universo". El embarazo anticipado los lleva a contraer matrimonio, cada uno con su proyecto individual tácito; el de ella, de ser mantenida y atendida como una princesa, y el de Samuel, de controlar su imperio, el cual incluía a Alicia, el hogar y la empresa. La dinámica relacional establecida entre ellos es un proceso repetitivo de demanda y dominio, que es satisfactorio, pero no les permite construir un sentido del "nosotros ". El distanciamiento afectivo se hace evidente en el momento en que Alicia descubre la infidelidad de su marido.

Cuentan ellos que en ese momento (cuatro años atrás) Samuel se comprometió a terminar su relación extramatrimonial, con el objetivo de salvar su relación de pareja. Cada uno pensó que el compromiso explícito de cambio era suficiente para solidificar su relación. No hablar del evento se convirtió en un factor restrictivo al fortalecimiento que buscaban; ambos fueron creando en su mundo interior significados y sentidos del evento desconocidos por el otro. De nuevo, el patrón de distanciamiento afectivo se mantuvo oculto ante el aparente acuerdo de cambio. Los diálogos internos de cada uno crearon un imaginario de la pareja que no era producto de los intercambios efectivos entre ellos. Con el tiempo, esta pareja, en busca de crear un buen vivir, contrató un decorador de interiores para reformar el hogar; Alicia se hizo cargo del proceso. En estas circunstancias, Alicia y el decorador entablan conversaciones íntimas que reemplazan las que ella debería tener con su esposo. El palacio de Alicia se va reconstruyendo con los criterios que ella y el decorador van precisando. En medio de este continuo devenir, Alicia va obteniendo la atención y el reconocimiento que tanto deseaba.

La infidelidad de Samuel se había vivido y validado como un acto que el hombre puede cometer, pero que no tiene por qué impactar a la pareja. Sus conductas inicialmente no cambian y su esposa se siente descalificada y no reconocida, hasta que años después ella busca reconocimiento y venganza por medio de su infidelidad. En esa relación, ella busca un sentido o significado que no ha vivido hasta el momento en su relación de pareja. La infidelidad de ella pareciera un grito en busca de un interlocutor que reconozca su condición de ser parte esencial de la vida de pareja; una acción y un significado tan poderosos que no pueden ser obviados por su marido.

Alicia confesa su infidelidad actual en una consulta de pareja, en un momento en que ella dice no querer seguir vengándose de su marido, porque comienza a entender que Samuel efectivamente terminó su infidelidad anterior, tal como lo había prometido. Su confesión obedece en ese momento a un sincero deseo de cambio, y durante varias sesiones esta pareja parece estar despejando su terreno de pareja y logrando reflexionar sobre su relación; algo que nunca habían hecho. Samuel, que siente un profundo dolor ante el conocimiento de la infidelidad de Alicia, hace un giro introspectivo que le permite entender no solo el dolor causado anteriormente, sino la necesidad de lograr cambios en sus interacciones cotidianas. Desafortunadamente, los esfuerzos sinceros de Samuel se enfrentan con un mayor apasionamiento y ocultamiento de parte de Alicia y su amante. La sinceridad de Samuel se estrella con la inmadurez y las dificultades de Alicia para elaborar el duelo de la anterior infidelidad de Samuel.

Durante varios meses, Samuel y Alicia parecen estar logrando un mayor acercamiento, que les permitirá evitar que la relación estalle y se destruya. La mecha de la bomba prendida por el proceso terapéutico provoca conversaciones posibles en la intimidad de la pareja, donde sorprendentemente ocurre otra explosión. Alicia no permite que Samuel la acompañe al viaje para hacer compras de Navidad, porque desea estar sola y utilizar el tiempo para reflexionar sobre su matrimonio, y Samuel descubre que ella está en el exterior acompañada de su amante. Este evento pone en evidencia la poca disposición y la ausencia de mutualidad, reciprocidad, y los valores raquíticos sobre los cuales estaba basada esta relación, que en su inmadurez no tiene la capacidad para sobrepasar la etapa de la atracción, para establecer un vínculo seguro y fuerte que pueda sostenerlos en sus evoluciones personales.

La infidelidad como expresión de valores y costumbres culturales

Germán y Genoveva son una pareja que al momento de consultar llevan 40 años de vida matrimonial. Germán es quien solicita la primera consulta, después de haber realizado una amplia búsqueda de información sobre posibles terapeutas, incluso en internet. Son nuestros escritos profesionales los que lo determinan a llamar. Germán es una persona muy reconocida en su campo de trabajo en la vida pública. Genoveva es una creativa gourmet, que, sin embargo, se ha dedicado principalmente al hogar.

En la primera consulta, ellos cuentan que la primera crisis de pareja se da a los pocos meses de casados, en un contexto de fiesta y alcohol. Desde la cultura dominante de la costa colombiana, todo aquello que un hombre haga bajo los efectos de alcohol no tiene por qué generar efectos dañinos en su pareja, dado que su voluntad está sometida a dichos efectos. Como es costumbre, la fiesta se celebra en la finca de la familia de Germán, y es un evento de fin de semana. Genoveva cuenta que en las primeras horas de la mañana, ante la ausencia de su marido, ella se levanta y lo encuentra dormido con otra mujer. Así, pasan los días y los años, y el tema de esa noche sigue siendo un tema de pelea, discusión y distanciamiento.

Germán se defiende continuamente argumentando que ese evento no tiene sentido afectivo, dado su estado de embriaguez, con lo cual desconoce el dolor de su esposa. Adicionalmente, a través de los años Germán continúa consumiendo alcohol e ignorando los llamados de su mujer en cuanto a los efectos nocivos del trago en su desempeño laboral, afectivo, familiar y de pareja. Para Germán -apoyándose en costumbres culturales de su región-, los "tragos" que se toma en su casa cuando regresa del trabajo cada día "no tienen por qué molestarla", y argumenta que su consumo social es igual al de todos sus amigos.

Esta pareja tiene cuatro hijos, uno de los cuales falleció en un accidente cuando comenzaba su vida profesional. Este doloroso acontecimiento familiar produce un cambio temporal importante para todos; durante varios años, Germán entra a un programa de alcohólicos anónimos y deja el consumo. En la consulta, Genoveva describe esos años como los mejores, tanto en la relación de ellos como pareja, como en la relación con los hijos y el manejo del duelo familiar. Ninguno de los dos tiene claro qué lleva a Germán a regresar a los hábitos anteriores; lo que es claro es que cuando Germán llama a pedir la terapia dice que su esposa está decidida a separarse, y él desea llegar a comprender por qué para Genoveva el consumo de alcohol es tan amenazante: "Tengo miedo de perderla, y aun cuando no entiendo, estoy seguro de que si esta vez no hacemos algo ella seguirá adelante con el divorcio."

En el proceso de esta terapia, de manera conjunta, terapeutas y consultantes fuimos identificando los hilos del entramado contextual de sus vidas, que eran hilos a su vez fundamentales de la urdimbre existencial de su ser y estar en el mundo y en la pareja. Del patrón rígido de pareja (Genoveva permanentemente señala los déficits de Germán: "Eres alcohólico, infiel, mentiroso y […] ni tus hijos ni yo confiamos en ti"; y la respuesta sorda de Germán, de negación y desconocimiento del dolor implícito en las quejas de su esposa, es: "No soy alcohólico, tomo como todos los hombres. Y de las mujeres con las que me has encontrado, te he dicho que no son importantes").

Nuestras preguntas ayudan a que, de manera conjunta, vayamos deconstruyendo palabras, emociones y posturas de ambos miembros de esta pareja. Por ejemplo, de la palabra "mentiroso", verbalizada por Genoveva y vivida por Germán como una descripción no válida de su ser. En las conversaciones, la palabra "mentiroso" es tomada como el final de un hilo al que encontramos que están atados un sinnúmero de eventos conflictivos que explicitan la dinámica anterior. Cuarenta años después, esta dinámica se revienta y crea un cambio para ambos: "el divorcio como una opción real ".

La dificultad de Germán para entender los efectos de sus infidelidades y el trago finalmente se entienden como comportamientos sostenidos y justificados por la posición de poder del género masculino en la cultura de su región y de su familia de origen. El apoyo cultural y de género es tan contundente que la no aceptación de sus problemas, tanto con el trago como sus infidelidades, van conformando una identidad compuesta de múltiples selfs que no mantienen una coherencia entre ellos. Por ejemplo, Germán es un excelente padre, proveedor económico, amigo de sus amigos, honesto en su actividad laboral, y, sin embargo, es un pésimo marido, que no ve como incongruente sus infidelidades y su incapacidad de valorar el dolor de su esposa.

Antes de poder pasar en la terapia a una fase de transformación se creó una larga e importante fase de análisis de eventos pasados que se habían incrustado en la relación como un parásito, con una voz dominante de ausencia de generosidad, no reciprocidad y no reconocimiento del otro como un legítimo otro.

El proceso terapéutico logró que cada uno de ellos pudiese expresar y ser escuchado en las acciones y valores que los unían como pareja, apoyándolos a convertirse en observadores críticos de los eventos dolorosos, para luego poder crear en el presente nuevos acuerdos y prácticas de convivencia. Esto les permitió priorizar la pareja frente a las fuerzas del contexto cultural y del pasado.

Un vínculo perverso

La infidelidad en la pareja de Pepe y Elena obedece a un acuerdo inicial que ellos realizan en la luna de miel, cuando Pepe le propone a su esposa que busque un hombre con quien tener una relación sexual como estimulación previa para el encuentro de ambos. Parte del acuerdo está en el compromiso de Elena de relatar en detalle sus seducciones, como preámbulo íntimo de ellos dos. Otra parte del acuerdo era el compromiso de Elena de no involucrarse afectivamente con sus amantes. Elena acepta la propuesta, teniendo en cuenta un mensaje dominante expresado por su madre, enunciado como: "Las mujeres debemos tener varias parejas y no debemos someternos a un solo hombre", mandato compartido y vivido por su madre y sus hermanas. Pepe, desde su experiencia de abuso, víctima de la perversión de otro hombre en su infancia, dice que necesita de la estimulación, a través de las historias íntimas, para poder actuar sexualmente. Ambos requieren para sus encuentros sexuales íntimos crear primero un contexto de amenaza y rebelión.

Durante diez años este acuerdo funciona de manera satisfactoria para ambos. Varias veces a la semana Elena sale en busca de pareja sexual, deja a Pepe con los hijos y regresa a la madrugada para su encuentro sexual, empezando por hacer un relato detallado de la experiencia vivida momentos antes. Este equilibrio complementario se rompe cuando Elena se enamora de uno de sus amantes, y como consecuencia establece una relación permanente con el mismo amante. Esta estabilidad afectiva se convierte en una amenaza para el matrimonio.

El trabajo con esta pareja no fue exitoso en los términos inicialmente planteados por ellos, en el sentido de poder ser una pareja de dos personas (no de tres o más). Las conversaciones les ayudaron a expresar deseos o sueños de pareja que en la cotidianidad no lograban cumplir, porque ambos sentían que sus encuentros íntimos carecían de la amenaza y rebelión que ambos requerían. Habían construido una pareja y una familia que aparentaba tener todas las características de lo que se entiende socialmente como funcional.

En la terapia de pareja fuimos descubriendo que Pepe y Elena nunca habían tenido una relación de dos. Ambos traían de sus historias personales y familiares el sentir no explícito ni para ellos mismos de la necesidad de un tercero para darle sentido a lo vivido entre dos. Pepe, después del abuso sexual que vivió de niño, desarrolló el hábito de ir a cine para excitarse mirando la actividad sexual de otras personas. Elena, en el ámbito íntimo de las conversaciones familiares, había escuchado de parte de su madre y de su hermana las ventajas de las relaciones íntimas con un tercero.

Cuando Elena y Pepe se conocen, ella estaba de novia, y la relación de ellos comienza de manera secreta, como un encuentro íntimo siempre después de las salidas que Elena ha tenido con su novio. En esa fase de su relación, probablemente "el mirar para excitarse que ocurría en el cine" se transfiere para Pepe en un "escuchar" los relatos de Elena de sus encuentros sexuales con su novio. De manera no perceptible para ambos, desde ese momento construyeron el vínculo perverso que luego da sentido a la aceptación de Elena, en la luna de miel, de ir a buscar un tercero con el cual tener relaciones antes de la intimidad conyugal. Así, ambos satisfacen la necesidad de estar en un triángulo; el uno escuchando y la otra relatando sobre un tercero.

Nuestro fracaso como terapeutas lo podemos comprender cuando al explorar su historia entendemos que nunca fueron pareja; siempre vivieron en triángulo, y la situación triangular fue lo que verdaderamente los vinculó. Si aquello que los vinculó fue el triángulo, entonces, romper ese triángulo pretendiendo que fueran pareja se convirtió en una amenaza paradójica. Ellos eran compañeros sexuales dentro de un triángulo. ¿Hasta qué punto podían serlo sin incluir un otro? ¿Cómo entender que como grupo significante (terapeutas y consultantes), el pedido de la terapia nos estaba poniendo un velo que hacía invisible que el vínculo que los unía había sido desde el inicio un vínculo entre tres? Lo que nos veló la mirada terapéutica fue que nunca vimos que ellos necesitaban ser tres para poder tener encuentros de dos. Finalmente, decidieron no continuar con la terapia, porque captaron la ganancia secundaria que ambos obtenían de la situación triangular, y tácitamente entendimos que no estaban dispuestos a renunciar a esa ganancia que se había consolidado durante doce años. Si bien el triángulo por momentos conflictualizaba la pareja, el riesgo de reducir su relación a la exclusividad entre dos era más amenazante.

Hemos incluido la pareja de Pepe y Elena en este artículo sobre infidelidades por dos razones: primero, al revisar las experiencias terapéuticas con parejas en conflicto hemos entendido que hablar de la "infidelidad" en singular limita la visión de la complejidad de dinámicas y factores que la contextualizan; segundo, para invitar al lector en su intervención y/o reflexión sobre la terapia de pareja a que esté mirando en el trasfondo, más que en el evento. En este caso, el trasfondo de la infidelidad era un acuerdo tácito para mantener un tercero siempre presente en la relación.

Infidelidad como desequilibrio de poder entre géneros

Cuando conocemos a Fermín y a Cristina llevaban 15 años de casados, y esos mismos de crisis, describe Cristina. Cuenta ella que desde la luna de miel descubre a un Fermín desconocido, por sus demandas sexuales y su descalificación permanente de su erotismo femenino. Ya en la luna de miel, Fermín se refiere a los encuentros sexuales de ambos con palabras despectivas: "Eres como una tabla ". Estas palabras inauguran un tipo de contrato de pareja de una manera tácita, en el sentido de que sus obligaciones con él están centradas en ser una proveedora sexual en cualquier condición, sobrio o embriagado. Adicionalmente, está implícito que en la medida en que ella no cumpla, él tiene el derecho de buscar satisfacción sexual por fuera de la relación. Este planteamiento hace que la sexualidad no sea un aspecto compartido en la relación de pareja, sino que narcisísticamente se plantea como una necesidad de Fermín que Cristina tiene que satisfacer, obviando la sexualidad de ella. Esto ya implica una visión disociada de lo femenino.

Al escuchar el recuento de la historia de esta pareja, conocemos que su noviazgo fue interrumpido por el traslado de la familia de Cristina a otro país, por trabajo. La separación incrementa en Fermín el deseo de casarse, y es así como pasado un tiempo él viaja y le propone matrimonio. Cristina relata que si bien Fermín tomaba con alguna regularidad, ella no comprobó la dimensión disfuncional de su hábito alcohólico hasta cuando en la luna de miel se iniciaron los primeros contactos sexuales, bajo los efectos de la embriaguez extrema de su marido. Ella, que era virgen, entró en contacto con el sexo a través de una experiencia traumática que inhibía toda su expresividad erótica. Además, experimentó a un marido dominante y ofensivo verbalmente, característica nueva para ella. De tal manera, desde el principio, a ojos de Fermín, Cristina se convirtió en la causante de las dificultades matrimoniales, porque, en sus palabras, ella era "una tabla en la cama".

Fermín es un hombre de negocios muy exitoso, que hace alarde de sus logros económicos, los cuales se traducen en un alto estándar de vida para la familia. Su aparente generosidad con ella está teñida de omnipotencia, control y exacerbación de su narcisismo, que la ubican, dentro de la pareja, en la posición de retribución con obediencia a todas sus exigencias; entre ellas, la condición de convertirse en un objeto sexual para su esposo, con el condicionamiento secreto de que cuando ella no satisfaga sus demandas, él obtiene tácitamente el derecho de buscarlas por fuera.

Lo que los trae a terapia en esta ocasión es la extensión de la descalificación que Fermín hace a la familia de origen de Cristina, sobre todo a su madre. Esta ofensa se convierte en la gota que rebosa la copa.

Las sesiones con esta pareja fueron extremadamente difíciles, dada la dificultad de Fermín de salir de su posición proyectiva. En el transcurso de la terapia, a través de las palabras de Cristina, Fermín comienza a salir de su cápsula narcisista cuando comprende que su obesidad, su alcoholismo, su infidelidad y su permanente descalificación son una aplanadora para el erotismo de su mujer, que no puede sino mostrarse "aplastada como una tabla".

Una escalada de descalificaciones mutuas los conduce a separarse. Cristina, fortalecida por la terapia, expresa su límite de tolerancia cuando, de nuevo en familia, el estado de embriaguez de Fermín y de reclamos a su pareja en los espacios familiares se vuelve habitual. El aumento de tensiones crea entre ellos un límite que ninguno de los dos está dispuesto a aceptar. Ante las amenazas de divorcio por parte de Fermín, por primera vez Cristina se muestra sin miedo y capaz de correr el riesgo. En las últimas sesiones de pareja, Fermín se ufana de ser un hombre justo y generoso, al darle la seguridad a su esposa de que ella quedará con el 50% de las propiedades y los negocios logrados entre ellos. Esta generosidad expresa introduce en la dinámica de pareja un equilibrio de poderes que rompe la omnipotencia de Fermín y la sumisión de Cristina. Después de un tiempo de separación, en el que los dos interrumpen la terapia, sabemos que esta pareja se encuentra junta y con un aparente nuevo contrato, pues Fermín ha perdido el peso que lo hacía poco agradable a su mujer y ha dejado sus hábitos de consumo de alcohol y de tabaco.

La infidelidad como cuestionamiento al sentido de ser pareja

Gabriela y Emmanuel son una pareja de brasileros que llegan a consulta al año de residir en Colombia. El traslado de la familia se produjo por Emmanuel, quien trabaja en una empresa multinacional. Cuando llegan a consulta, la crisis que describen tiene que ver con una relación amorosa secreta de Emmanuel con una compañera de trabajo.

Esta pareja cuenta que se conocieron cuando ambos estaban en la universidad, ambos experimentaron una atracción intensa y ella quedó embarazada a las pocas semanas. Gabriela, muy enamorada de su pareja, dice que desde el primer momento ella asumió tanto el embarazo como la posibilidad de seguir adelante sola, y que recuerda que en ese momento Emmanuel aceptó el matrimonio como una opción deseable. Durante los primeros años de su relación, debido a sus estudios, esta pareja solo comparte durante algunos fines de semana, porque estudian en ciudades diferentes.

Al momento de conocerlos, esta pareja impacta por el entusiasmo, compromiso, expresividad de ella frente a una postura de aceptación pasiva por parte de él. Las sesiones se convierten en diálogos muy ricos con Gabriela sobre la historia de la pareja, sus objetivos y la aceptación del traslado como una oportunidad positiva para toda la familia. Emmanuel, de manera lacónica, repite una y otra vez "no sé qué me pasa". Durante la terapia, él acepta tener la otra relación y evita la separación definitiva con la repetición de la frase "no sé qué me pasa". Gabriela, quien dice seguir profundamente enamorada, muestra entusiasmo y confianza permanente en la posibilidad de superar la crisis actual. Sin embargo, la relación se vuelve una relación de tres, con Emmanuel en el medio sin poder decidirse. Al poco tiempo se hace evidente un patrón relacional similar entre Emmanuel y su amante; la dificultad para asumir un compromiso de pareja. Entre las dos mujeres ocurren encuentros y enfrentamientos, en los que luchan entre sí para comprobar cuál de las dos es el verdadero amor, mientras Emmanuel se mantiene en el "no sé qué me pasa".

Gabriela, en el transcurso de su relación, evidencia comprender y crecer en su entendimiento del significado de ser pareja, e incorpora la generosidad, el sacrificio, la cooperación, la reciprocidad y el reconocimiento del otro como un legítimo otro. Ella vive el traslado de la familia debido al trabajo de su marido como un fuerte compromiso y sacrificio de su propia profesión, como símbolo de la unidad amorosa. En Colombia, ella necesita empezar su carrera de nuevo, mientras su marido llega con trabajo, ascenso y reconocimiento. Durante el primer año, Gabriela comenta que comienza a detectar en su marido signos de indiferencia y tristeza, que finalmente se evidencian en una infidelidad.

Emmanuel, por otra parte, no parece haber evolucionado en su compromiso de pareja desde el inicio de la relación, y la posición de poder en la que él se ubica al venir a Colombia exacerba más aún su posición individualista, que se manifiesta finalmente en la ausencia de generosidad afectiva, de sacrificio personal, de reciprocidad de esfuerzos y de reconocimiento de su esposa como un legítimo otro, con la cual lleva 25 años de vida conyugal; manifestaciones que se consolidan en una infidelidad.

El "fracaso" de este proceso terapéutico está íntimamente ligado con el "fracaso vivido en esta pareja ". Las transiciones de la vida que toda pareja necesita enfrentar y manejar (el paso de individuo a ser pareja, los cambios de ciclo de vida, la presencia de nuevos miembros en la familia, los cambios contextuales, etc.) evidencian su fragilidad cuando la pareja vive la experiencia de usar las fortalezas y herramientas de pareja que habían desarrollado en los años anteriores. El cambio de país, con todos los retos que ofrece (la adaptación a un nuevo lenguaje y cultura, la ausencia de familiares y amigos que hagan parte del apoyo social, los retos encontrados en el nuevo contexto laboral, la necesidad de apoyar a los hijos en su adaptación, etc.) generan una implosión en todo lo que sostiene la relación de pareja.

La infidelidad hace que Emmanuel se confronte con sus propios conflictos, que no logra resolver. Su frase "no sé qué me pasa" se convierte en un escudo que lo protege de sí mismo y lo incapacita para salirse del triángulo que ha creado. La terapia de pareja se convierte en una amenaza cuando las conversaciones lo fuerzan a hacer un cuestionamiento del sentido a su vida en pareja.

Aportes hechos por estas parejas a la terapia de pareja

No es posible hablar de las comprensiones que realizamos sobre cada una de estas parejas sin hacer mención de los aportes que en nuestras reflexiones entre una sesión y otra desarrollamos en un ámbito conceptual. Consideramos pertinente hacer una síntesis de estas reflexiones.

  • En toda infidelidad sucede la ruptura de un compromiso previo y se crea, por parte de al menos uno de los miembros, una desilusión permanente.

  • En toda infidelidad, uno de los miembros no tolera la exigencia de evolución personal que exige la evolución de la pareja y la condición de ser parte de un todo que llamamos "nosotros ".

  • Estructuralmente, todas forman un triángulo perverso, en el que, aun cuando el/la otro/a desaparezca, se mantiene una triangulación fantasmagórica. Es indispensable trabajar terapéuticamente con los fantasmas.

  • Toda persona infiel ha desplazado la satisfacción de necesidades, intereses, deseos, valores y sueños hacia un tercero, ante la dificultad de conversarlo con su pareja.

  • La danza de los miembros de la pareja se convierte en un intercambio que, aun cuando a la luz pública se ve fluido, en cada uno lo que se vive y se significa es un mensaje continuo de contradicciones e insatisfacciones.

  • La fuerza contextual de las culturas de la pareja (social, familiar, religiosa, de clase socioeconómica y de género) crean una barrera invisible entre ellos, que frena la conversación, el diálogo, la negociación y los acuerdos.

  • La infidelidad es una manifestación de la incapacidad entre dos para construir conversación.

  • La infidelidad es una transgresión a la ontología de la relación.

La infidelidad como patología moral

Definimos como patología moral todo acto o comportamiento que genera sufrimiento en otro con quien se tiene una relación horizontal (a sabiendas de que se está causando daño) y con el cual existe un compromiso afectivo, emocional, intelectual.

En la mayoría de las enfermedades mentales, los comportamientos de las personas con mucha frecuencia están determinados por las interferencias que genera la patología en el uso de la voluntad y la razón. Subsecuentemente, más allá del dolo o la intencionalidad, el daño producido a otras personas tiene un carácter involuntario y, en ocasiones, inevitable. Sin embargo, cuando hablamos de la infidelidad hay aspectos relacionados con dificultades afectivas y psicológicas, pero, adicionalmente, quien tiene el comportamiento infiel sabe fehacientemente que está mintiendo, engañando y traicionando a alguien que tiene su confianza depositada en él o ella. Esto hace que debamos considerarlo como un comportamiento que tiene una doble versión: mental y moral. Existe la decisión de esconder y seguir engañando. Esto nos muestra que la infidelidad es un fenómeno muy complejo, en el que confluyen patología, moral y cultura.

Desde esta perspectiva, el hecho de que la infidelidad tenga implicaciones mentales y morales hace que se activen con cierta facilidad los prejuicios de los observadores de tal fenómeno. Los terapeutas no están exentos de ser susceptibles a activar sus prejuicios en relación con la infidelidad. Por ello, se requiere una actitud en la que se suspenda el juicio de valor sobre los componentes morales de la infidelidad, mientras está comprometido en el proceso terapéutico con la pareja.

En consecuencia, consideramos fundamental la construcción de un contexto terapéutico (que dicho sea de paso hemos venido trabajando en otros artículos) idiosincrático, que hemos denominado la "etnia terapéutica " (9). Entendemos la "etnia terapéutica" como un espacio sagrado que instituye una nueva dimensión existencial, donde inevitablemente se reconstruye la comprensión de la existencia humana, y, en ese sentido, ni las emociones de los unos y de los otros son lentes suficientes para mirar la infidelidad. Se necesita construir desde dentro de las conversaciones mismas los entendimientos y las comprensiones. El/la terapeuta necesita capturar/ sostener las emociones (las de los consultantes y las propias) para entrar en ellas y, al atravesarlas, encontrar los valores personales que están en juego (10).

En el proceso conversacional de la terapia se necesita lograr un salto evolutivo en la comprensión misma de lo que implica la infidelidad. Por lo general, el sentimiento moral que acompaña la infidelidad una vez evidenciada suele ser la culpa. Sin embargo, la dinámica de la culpa ubica a las personas en una dimensión de satisfacción por medio del castigo. Nosotros consideramos que el proceso debe llevar a las personas a una dimensión evolutiva superior a la culpa, que es la de la responsabilidad personal y relacional, donde la resolución de la experiencia no se logra con el castigo o la retaliación, sino con la reparación y la decisión consciente, responsable y coherente de seguir o no en la pareja. El dolor de quien sufre la infidelidad solo podrá ser reparado genuinamente si desde el presente y hacia el futuro se garantiza la responsabilidad del compromiso.


Referencias

1. Callé P. Uno más uno son tres. Barcelona: Editorial Paidós; 1992.         [ Links ]

2. Garciandía Imaz JA, Samper Alum J. La conversación terapéutica y la construcción de una etnia. Rev Colomb Psiquiatr. 2004;33:21-44.         [ Links ]

3. Guevara L. La fascinación por los isomorfismos. Sist Fam. 1996;12:53-8.         [ Links ]

4. Hernandez P, McDowell T. Intersectionality, power, and relational safety in context: key concepts in clinical supervision. Train Educ Profess Psychol. 2010;4:29-35.         [ Links ]

5. Margulis L, Sagan D. Microcosmos. Barcelona: Editorial Tusquets; 1995.         [ Links ]

6. Maturana H. La objetividad: un argumento para obligar. Santiago de Chile: Editorial Dolmen; 1997.         [ Links ]

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8. Samper Alum J, Garciandía Imaz JA. Espíritu, espiritualidad y pareja. En: Eguiluz L. (comp.) Entendiendo a la pareja. México: Editorial Pax; 2007. pp. 19-38.         [ Links ]

9. Shotter J. Conversational realities: From within persons to within relationships. Trabajo presentado para la Conferencia sobre la Construcción Discursiva del Conocimiento en la Universidad de Adelaida. Australia. 1994        [ Links ]

10. White M. Medios narrativos para fines terapéuticos. Barcelona: Editorial Paidós; 1993.         [ Links ]