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Ideas y Valores

Print version ISSN 0120-0062

Ideas y Valores vol.59 no.146 Bogotá May/Aug. 2011

 

RESEÑA

Morin, Edgar.
La Méthode. Paris: Éditions du Seuil, 2008. 2.500 pp.


La aparición de La Méthode de Edgar Morin merece un comentario que se anticipe a la casi segura traducción castellana de la obra, que seguramente acogerá el formato de esta edición francesa. Sin embargo, las razones que impulsan la presente reseña se sostienen en algunas consideraciones que parecen insoslayables. Prima facie, estamos ante un gesto deliberado de Morin, quien no fue claro en los volúmenes que debían conformarlo: la notificación expresa de clausurar el proyecto epistemológico y técnico denominado sin ambages como método. La cuidadosa edición de esta sumatoria de los seis volúmenes refuerza el cierre con un preludio expreso, Mission impossible, redactado precisamente para el proyecto editorial que comentamos.

La prolífica obra de Morin -desplegada en libros, papers, manifiestos, artículos de periódicos, declaraciones públicas o entrevistas y, en términos literales, a lo largo de sesenta años- implica múltiples quehaceres y afanes, liderazgos variopintos e incluso diversas ópticas que necesariamente han experimentado mutaciones con el paso del tiempo. Por lo mismo, al cierre que mencionamos, y sin que implique un gesto demasiado ostensible por parte de nuestro autor, conviene agregarle la señal implícita y explícita de que aquí, textualmente, encontramos al Morin que intenta introducir una epistemología de la complejidad de sello propio, con lo que obviamente emergen áreas conexas, tales como la sociología del conocimiento, la gnoseología, la filosofía general o la ética. Conviene aclarar que otros trabajos de Morin, como, por ejemplo, Introduction a la pensée complexe (1998a), también se inscriben en idénticas preocupaciones, pero no sucede lo mismo con otros escritos, como aquel que fue fruto de su colaboración para la UNESCO, titulado Los siete saberes necesarios para la educación del futuro (2001b), en donde los intereses de Morin tienen alcances políticos y educacionales, con una cierta vocación planetaria.

La última anotación, conteste con lo escrito, estriba en el hecho de que los juicios críticos indispensables, al menos en el campo del "conocimiento del conocimiento" -para parafrasear al propio Morin-, tienen aquí, a propósito de esta suerte de consagración del discurso, un locus textual casi obligatorio para efectuar los análisis más que necesarios. En efecto, un autor puede eventualmente manifestar, de manera más o menos expresa, que el centro de gravedad de sus logros está en tales textos, mientras que otros sólo formulan una plataforma de saberes y especulaciones meramente tentativas. El texto que hoy nos ocupa, extenso y complejo, podría caracterizarse como el Ecce Homo epistemológico de Edgar Morin.

La Méthode se despliega al través de seis partes, más el prefacio que ya indicamos, editadas en dos volúmenes. En el primero, aparte de Mission impossible -escrito en el 2007-, encontramos La Nature de la Nature [1977], La Vie de la Vie [1980] y La Connaissance de la Connaissance [1986]. El segundo acoge Les idées [1991], L'humanité de l'Humanité [2001] y Éthique [2004]. Como lo señalamos, con el gesto de deliberada clausura que implica la publicación que reseñamos, se marca, acaso con excesivo acento, que estamos ante un discurso perfectamente estructurado, de punta a punta. Sin embargo, este aserto puede ser, si no del todo equivocado, al menos equívoco: las fechas de emergencia de cada parte indican un lapso de al menos 31 años para la gestación de un todo en materias que, precisamente en ese tiempo, experimentaron cambios nada adjetivos.

Es importante destacar que los trabajos que cabe considerar como epistemología aplicada se nutren específicamente de hallazgos y elaboraciones ajenas, provenientes de ese no siempre determinado espacio de lo interdisciplinar o, si se prefiere, multidisciplinar. Haciendo un uso nada exagerado del concepto de intertextualidad -debido al Grupo Tel Quel y, particularmente, a Julia Kristeva (1969)-, resulta posible entender que cada texto viene a ser la absorción o transformación de otro texto (Kristeva), o la percepción que tiene un lector de la relación de una obra con otras que la preceden (Riffaterre). En este sentido, el discurso moriniano es emblemático, aunque no sea, al menos en la consideración de su autor, un texto literario, ya que el uso de la intertextualidad se encuentra por lo general en textos de ficción. Consideramos entonces imprescindible elaborar una muy breve síntesis de cada tomo, e intentar luego señalar las junturas que dan unidad al todo. Para ello seguiremos en parte las notas introductorias de la traducción castellana, cuando las hay, ya que ofrecen una visión precisa, que fue además avalada por el autor.

I. La Nature de la Nature:

Este primer volumen pretende articular la ciencia del hombre con la ciencia de la naturaleza. En este sentido, es necesario abandonar el principio de explicación que sólo conserva el orden de los fenómenos (leyes, determinismos, regularidades, medios) y deja en la sombra al desorden (lo irregular, lo desviante, lo incierto, lo indeterminado, lo aleatorio) y la organización que, sin embargo es la realidad más notable de nuestro universo, ya que caracteriza a la vez al átomo, a la estrella, al ser vivo, a la sociedad. […] El conocimiento del objeto más físico no se puede disociar del sujeto cognoscente enraizado en una cultura, en una sociedad, en una historia. Es tan necesario estudiar todo conocimiento físico en el enraizamiento antropo-social, como estudiar toda la realidad social en su enraizamiento físico. Y así se puede esbozar ya el método de la complejidad. (Morin 2001a contratapa)

II. La Vie de la Vie:

Comparar la vida con la no-vida, no sería suficiente; hay que captar también la vida de la vida. La vida no se detiene allí donde comienza el hombre. La frontera que nos separa de los otros vivientes no es una frontera natural: es una frontera cultural que no anula la vida, sino que se abre al desarrollo del espíritu. Toda ciencia del hombre que reduzca la vida a lo privado, es una ciencia privada de vida. (Morin 1983 contratapa)

III. La Connaissance de la Connaissance:

Se puede comer sin conocer las leyes de la digestión, respirar sin conocer las leyes de la respiración, se puede pensar sin conocer las leyes de la naturaleza del pensamiento, se puede conocer sin conocer el conocimiento. Sólo al descubrir el error y la ilusión que han sido impuestos como verdades, procura conocerse. Tenemos una necesidad vital de situar, reflexionar, reinterrogar nuestro conocimiento, conocer las condiciones, posibilidades y límites de sus aptitudes para alcanzar la verdad a la que tiende. (Morin 1999 contratapa)

IV. Les Idées:

No debemos dejarnos someter por las ideas, pero no podemos resistir a las ideas más que con ideas. Una parte de nuestra vida está en la vida de las ideas. Una parte de nuestra humanidad está hecha de ellas. Pero estamos todavía en la fase "bárbara" de las ideas, y deberíamos poder establecer relaciones civilizadas con ellas. De allí surge la idea de complejidad. […][Aquí] se considera la idea desde el punto de vista cultural y social (ecología de las ideas), después desde el punto de vista de la autonomía/dependencia del mundo de las ideas (noosfera) y la organización de las mismas (noología). (Morin 1998b contratapa)

V. L'humanité de l'Humanité:

Cuanto más conocemos lo humano, menos lo comprendemos: las disociaciones entre disciplinas lo fragmentan, lo vacían de vida, de presencia, de complejidad, e incluso ciertas ciencias consideradas humanas lo vacían de la noción de hombre. Este libro huye de la división de lo humano. Rompe con las concepciones reductoras (homo sapiens, homo faber y homo economicus), que privan al ser humano de tener a la vez identidad biológica, identidad subjetiva e identidad social. […] Se trata de considerar así una humanidad enriquecida por todas las contradicciones: lo humano y lo inhumano, el repliegue sobre sí y la apertura a los otros, la racionalidad y la efectividad, la razón y el mito, lo arcaico y lo histórico, el determinismo y la libertad. (Morin 2003 contratapa)

VI. Éthique: intentando seguir la discursividad de los editores madrileños, escribiremos que el último tomo -haciendo pie en los anteriores que están situados en la deriva de la complejidad- plantea que la finalidad ética tiene dos fases complementarias, a saber, resistir la barbarie y el cumplimiento de la vida, y esto último implica asumir de manera plena las tres identidades: individual, social y antropológica. Pero se trata, además, de amar lo perecible, porque lo más precioso y lo mejor -la consciencia, la belleza y el alma- son frágiles y perecibles.

Estos resúmenes españoles, con excepción del último, propuesto por nosotros, apuntan a lo que sería lo sustantivo de cada tomo de La Méthode, pero, obviamente, no dejan ver el entramado que los sustenta o, mejor dicho, que articula la obra en su totalidad, entre otras razones, porque las notas aludidas "leen" desde una determinada perspectiva ideológica. Por lo mismo, sería indispensable proponer un bosquejo que diera cuenta de esos filamentos que sostienen las diversas apuestas del autor.

En síntesis, Morin entiende que la complejidad, intrínseca al mundo físico y humano, se recorta en las ópticas científicas que conllevan e importan un paradigma que tiende a la simplificación, y que, por lo tanto, no alcanzan a abarcar la dimensión compleja de objetos y fenómenos. Así, en una primera conceptualización de cualquier conjunto, se dice que el todo es más que la suma de las partes que lo constituyen, como una tela que es más que la suma de las fibras que la integran. Morin asiente, pero añade que la tela no explica las cualidades de tal o cual tipo de fibra, con lo que la primera sentencia se revierte: el todo es menos que la suma de las partes. En una tercera fase, nuestra estructura mental no se presta al abordaje, a lo menos en lo inmediato: el todo es más y, al mismo tiempo, menos que la suma de las partes. He ahí la complejidad.

Para la inteligibilidad de lo complejo, Morin emplea tres principios fundamentales. El principio recursivo, que, al borrar la linealidad causa-efecto, propone que los efectos y productos de un proceso son necesarios para el proceso que los genera: el producto es productor de aquello que lo produce. El principio dialógico, en el que dos lógicas contrapuestas se hacen mutuamente necesarias, como el orden y el desorden que, excluyentes entre sí, al colaborar engendran la organización y la enriquecedora complejidad. Y, por fin, el principio hologramático, según el cual no sólo la parte está en el todo, sino que el todo está en la parte, contraponiéndose al holismo que sólo contempla la totalidad.

Tanto la noción de complejidad como los principios aludidos son los que hacen el esqueleto que se encarna en los objetivos inferidos para cada parte de La Méthode. No obstante la eventual transparencia de estos objetivos y de los principios esbozados, no vemos que se instalen cómodamente en las páginas de la obra que reseñamos, acaso porque el estilo moriniano, el intertexto del autor y el intertexto teórico y científico no se presentan como un telón de fondo, sino como un proceso contra el cual hay que calzar el proceso que es propio de este método. Esto hace ilusoria una visión tranquila, con la certidumbre de una nueva epistemología. El valor de esta inquietud es asimismo compleja y de resolución nada fácil: se trata de una situación debida al montaje de teorías diversas, que sólo puede decantarse con el tiempo que exige la emergencia de procesos recursivos, tal y como los describe el propio autor; o debida tal vez a un proceso que adolece de errores, en la medida en que los materiales empleados por Morin no sean del todo adecuados y/o su procesamiento no haya sido feliz.

No corresponde, a quienes reseñamos este ambicioso método, dar respuesta a tan difíciles interrogantes. Aunque, a riesgo de ser juzgados como jactanciosos, se podría elaborar una conjetura que, tras el examen de sus componentes, daría nuevas luces. En el esquema conjetural presentado, se puede apostar por las tres partes de la propuesta:

a) La pretensión de elaborar una teoría de la complejidad es una tarea que no puede ser sino abordada en la forma de un protocolo movedizo: por consiguiente, es imposible pedirle a La Méthode una respuesta completa.

b) En la especie y como se ha estudiado detenidamente, los materiales empleados por Morin dan cuenta de fuentes bibliográficas que, en lo principal, sólo alcanzan al año 1984, lo que es manifiestamente insuficiente, ya que después de esa fecha se han gestado saberes de valía indiscutida que tendrían que haber sido considerados por nuestro autor: la criticalidad auto-organizada de Per Bak (1996), la nueva ciencia de control del caos, de autores como Tomasz Kapitaniak (1996) o Stefano Bocaletti (2000 y 2006), o los estudios sobre modelos de agentes autónomos, vida de sociedades y culturas artificiales, debidas a Dieter Stauffer y otros (2006), o, en general, a la gente que agrupa el Journal of Artificial Societies and Social Simulations. Estos ejemplos, entre muchos otros, muestran instrumentos que Morin no consideró, lo que podría entenderse como una omisión grave.

c) Con o sin las falencias anotadas, el propio estilo del autor, en donde se entreveran las afirmaciones científicas, el dato, la inferencia aguda, con afirmaciones de prosapia política o ética, y una suerte de visión de lo mejor para el futuro de lo planetario, le plantea al lector dudas sobre quién escribe o, de otra manera, desde dónde se escribe, e incluso una pregunta más: ¿lo que se lee es epistemología, o se trata de literatura poética o de ficción de nuevo cuño?

Al respecto, cualquiera que sea la opción que se asuma -las tres muy generales-, consideramos que, sin embargo, la lectura de La Méthode resulta indispensable. Hay, por lo pronto, un manojo de instrumentos que, pasados por el cedazo de una lectura no moriniana, podrían ser estimados a lo menos como valiosos. Tales son sus conceptos de razón, racionalidad, racionalización, recursividad o el manejo que hace de lo ético con el bucle siguiente:

Finalmente, si nos liberamos de las rotulaciones o calificaciones con que solemos adornarnos en la academia, que tienden a formular, de manera más o menos peyorativa, verdaderos encasillamientos, cabría hacer una consideración final. Durante las últimas décadas, básicamente por las relecturas de Nietzsche, de los escritos de Lacan y sus legatarios, o de los textos más sólidos de Michel Foucault -para citar algunos de los más significativos-, en el campo de la reflexión sobre lo humano, y particularmente en la filosofía, se ha venido elaborando la idea del fin del hombre como una entidad cierta y poderosa. El hombre, pergeñado por el Siècle des Lumières y, en general, por la Modernidad, pareciera haberse batido en retirada. Si hay una posibilidad de interés en esta obra de Edgar Morin, se debe a que, por encima de la limitaciones que sin duda presenta, nos ofrece una batería de herramientas conceptuales que nos permiten repensar al sujeto humano en cuanto tal, con la esperanza de devolverle atributos que parecían perdidos para siempre. ¿En realidad lo logra? ¿Ofrece un nuevo humanismo? No lo sabemos. Pero ello no debería eximirnos de la lectura de esta importante obra.


Bibliografía

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JUAN FÉLIX BUROTTO
FRANCISCO GANGA C.

Universidad de los Lagos - Chile
jburotto@ulagos.cl - fganga@ulagos.cl