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Ideas y Valores

Print version ISSN 0120-0062

Ideas y Valores vol.62 no.151 Bogotá Jan./Apr. 2013

 

Stewart, Matthew.
El hereje y el cortesano. Spinoza y Leibniz, y el destino de Dios en el mundo moderno. Sarret, J. (trad.).
España: Biblioteca Buridán, 2007. 347 pp.


El libro, siguiendo la política de la editorial, es un conocido bestseller escrito por un escritor independiente, y busca presentar de manera muy amena a dos de los grandes pensadores que se hallan en los orígenes de lo que hoy llamamos modernidad. Se trata de un verdadero modelo de "periodismo filosófico", término que utilizo sin ninguna intención peyorativa. Al contrario, considero que el autor se propone, y lo consigue, presentar un escrito accesible al público culto, pero no especializado, aunque su lectura puede también ser provechosa para este último. Al leerlo, no pude dejar de recordar, mutatis mutandis, la interesante biografía de Heidegger escrita por Rüdiger Safranski.

Con una clara preferencia por la figura y la obra de Spinoza, el texto traza un paralelo entre las personalidades de los dos pensadores y sus respectivas formas de pensamiento, señalando tanto sus contrastes como sus afinidades. La tesis fundamental podríamos formularla así: Spinoza es el verdadero fundador del pensamiento moderno, mientras que Leibniz luchó toda su vida por liberarse del embrujo de ese pensamiento. Sin embargo, ambos pensamientos fueron pronto olvidados o tergiversados, a pesar de la gran influencia que han ejercido y siguen ejerciendo hasta nuestros días. Esto le permite a Stewart mostrar un caso paradigmático de la diferencia establecida por Richard Rorty entre aquellos pensadores que buscan en la filosofía su propia salvación (Spinoza) y aquellos que se proponen utilizar la filosofía para salvar a la humanidad (Leibniz).

El autor da muestras de un gran conocimiento no sólo de la historia de ambos pensadores y de su época, sino también de sus sistemas filosóficos. Señala muy bien cómo ambos sistemas, que en muchos sentidos son opuestos, en realidad parecieran terminar por identificarse. Y lo hacen, claro está, a favor de Spinoza. Porque una apuesta tan decidida por la razón como la que pretendieron ambos filósofos no podría desembocar sino en el monismo de la sustancia que propone el judío de Ámsterdam. Como muy bien lo habría de señalar Kant, la razón es la facultad que opera en función de la unidad, lo cual tiene la consecuencia inevitable que habrá de sacar Hegel, seguidor declarado de Spinoza: "El estar-ahí inmediato de la razón [...] y sus peculiares configuraciones no tienen religión, porque la autoconciencia de las mismas se sabe y se busca en el presente inmediato" (Hegel 363).

Si traducimos esta frase a un lenguaje menos esotérico, nos dice que la razón no puede aceptar nada que esté más allá de su alcance, porque ella se sabe como la condición de posibilidad de todo lo que pueda darse. Y esto es lo que podemos ver en Spinoza: él no niega la existencia de Dios; por el contrario, la defiende y la afirma como casi ningún otro filósofo. Pero se trata de un Dios inmanente que se identifica con aquello que solemos llamar, en sentido muy general, la Naturaleza (Deus sive Natura).

No voy a detenerme en el análisis de la obra, que puede leerse sin mayores dificultades. Sólo indicaré que, en el tratamiento de Spinoza, el autor se inclina a veces a otorgarle intenciones políticas que no parecen estar justificadas ni en los textos ni en las intenciones expresas de estos. No cabe duda de que Spinoza mostró un interés claro por la política, como lo prueban sus dos obras al respecto: el Tratado político y el Tratado teológico-político. Pero es igualmente claro que buscó diferenciar muy bien la reflexión política de la ética, es decir, aquella que se ocupa de los intereses de la polis y aquella que busca la propia "salvación". Y su obra principal, aquella que recoge lo fundamental de su pensamiento, es la Ética demostrada según el orden geométrico, cuyo objetivo es precisamente mostrar la forma en que cada quién puede alcanzar su mayor grado de libertad y, por lo tanto, de felicidad.

Cabría señalar algunas generalizaciones que podrían ser discutibles, pero sería desconocer el carácter del libro cuyo propósito es de divulgación. Para ello hace falta lograr algunas simplificaciones necesarias para salvaguardar la claridad y evitar caer en sutilezas, tal vez importantes, pero que sólo conducirían a oscurecer el texto y hacerlo inaccesible a lectores no especializados. En todo caso, no creo que se le puedan atribuir al autor afirmaciones claramente erróneas o tergiversaciones inaceptables.

Para quien desee conocer los orígenes filosóficos de la modernidad, este libro ofrece una muy agradable lectura.


Bibliografía

Hegel, G. W. F. Fenomenología del espíritu. Gómez, A. (trad.). Madrid: Abada Editores/Universidad Autónoma, 2010.         [ Links ]


JORGE AURELIO DÍAZ
Universidad Nacional de Colombia
jadiaz9@cable.net.co