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Ideas y Valores

Print version ISSN 0120-0062

Ideas y Valores vol.63 no.154 Bogotá Jan./Apr. 2014

http://dx.doi.org/10.15446/ideasyvalores.v63n154.43212 

http://dx.doi.org/10.15446/ideasyvalores.v63n154.43212

Idareta, Francisco.
"La ontologzación cristiana de la trascendencia del Dios hebreo según E. Lévinas",
Ideas y Valores, Revista Colombiana de Filosofía. [Universidad Nacional de Colombia] LXII/152 (2013): 9-34.


El artículo ofrece una interesante y muy rica presentación del pensamiento de E. Lévinas acerca de Dios, y busca mostrar cómo "pretender cristianizar y así ontologizar la propuesta filosófica levinasiana no solo la devalúa, sino que neutraliza y destruye la trascendencia del dios hebreo planteada por ella" (9). Considero que ambos propósitos son, en principio, laudables: el amplio y detallado conocimiento del pensamiento del pensador judío del que hace gala el autor del artículo le permite ofrecer una visión muy esclarecedora del mismo; y la insistencia con la que rechaza el intento de integrar la propuesta levinasiana dentro de la teología cristiana, que también es muy razonable. En este último caso, no se trata únicamente de que Lévinas haya afirmado siempre con claridad y firmeza sus profundas convicciones judías, sino de que su pensamiento lleva a cabo una dura crítica a la teología cristiana, a la que considera inadecuada para comprender el verdadero sentido del Dios hebreo. De modo que todo intento de "cristianizar" su pensamiento no puede tener otro efecto que desvirtuarlo. En esto Idareta tiene toda la razón.

Sin embargo, el artículo presenta la crítica a la teología cristiana en una forma que me resulta realmente desconcertante. Idareta parece dar crédito a todas las ideas de Lévinas sin someterlas a la más mínima crítica, y muchas de esas ideas las asume sin sopesar realmente su alcance ni la validez de los argumentos que las sostienen. Y, sobre todo, Idareta se refiere al cristianismo y a su teología en términos que parecen mostrar un grave desconocimiento.

En primer lugar, no parece distinguir entre el cristianismo como doctrina y las iglesias cristianas como instituciones, cuando, al referirse a la críticas que ha hecho Lévinas por la falta de compromiso de los cristianos y de sus jerarquías frente al fenómeno del Holocausto, dice Idareta que "el cristianismo ha sido cómplice de los exterminios de Auschwitz, así como de la Inquisición y de las Cruzadas" (23). Considero que esta acusación es tan improcedente, por su generalidad, como la de quien pretendiera acusar al judaísmo de complicidad con los abusos que han cometido los gobiernos de Israel con los palestinos. Criticar buena parte de la jerarquía eclesiástica -no solo católica, sino incluso protestante, así como a la mayoría de sus fieles- por no haber rechazado con suficiente fuerza los abusos del nazismo, no puede dar pie para considerar cómplice al cristianismo como tal. A no ser que se pretenda mostrar, como parece hacerlo Idareta, que esa actitud de los cristianos se halla enraizada en su misma concepción de Dios.

Sin embargo, considero que la mayor debilidad del artículo se debe a la manera tan imprecisa y general en la que utiliza el término de "teología cristiana". Porque es muy claro que se trata de una generalización que abarca realidades muy diferentes y en muchos puntos incluso contradictorias y excluyentes, y no cabe, entonces, referirse a ella sin las debidas precisiones. En efecto, no solamente existe una gran diferencia entre lo que cabe llamar teología católica y las teologías protestantes, sino que, incluso en el seno mismo de la "teología católica" -que bien podría considerarse como la más homogénea, debido al control a la que se halla sometida por parte de las autoridades eclesiásticas- existen formas muy diversas de desarrollar la teología, hasta el punto de que se puede muy bien hablar de diferentes teologías.

Afirmar, como lo hace el artículo en las conclusiones, que "la teología cristiana promueve la ontologización de Dios, así como el ensimismamiento de los fieles" (31), es una acusación que, de esa manera tan general e imprecisa, no parece tener asidero alguno, incluso si la acusación la hubiera formulado el mismo Lévinas. Bastaría, para desautorizar dicha acusación, leer, por ejemplo, el texto de Jean-Luc Marion titulado "Santo Tomás de Aquino y la onto-teo-logía", así como las numerosas e interesantes críticas a la acusación de onto-teología hecha por Heidegger contra toda la filosofía occidental.

Aceptemos, en aras de la discusión, que la llamada "ontologización" sea un error reprochable, tesis que está muy lejos de ser una verdad incuestionable. No creo, sin embargo, que toda la teología cristina pueda ser acusada de promoverla. Recordemos, por ejemplo, la posición teológica de Guillermo de Ockham, que entiendo es ortodoxamente católica; o la de Karl Barth, que tanta influencia ha tenido y sigue teniendo en los teólogos protestantes, e incluso católicos. Acusar a estos dos teólogos de ontologización sería desconocer su forma de pensar. Y esto, para no citar las diversas corrientes de pensamiento místico que han estado presentes a todo lo largo de la historia del cristianismo que están siendo rescatadas actualmente por muchos de los pensadores del llamado "giro teológico de la fenomenología".

Repito, entonces, que si bien el artículo de Idareta ofrece una muy valiosa y rica presentación del pensamiento de E. Lévinas, y que si bien su rechazo a la "cristianización" de ese pensamiento es muy válida, no lo es, en cambio, la generalidad con la cual expresa su crítica a la teología cristiana, pues ignora la gran variedad y riqueza de sus diversas manifestaciones. No podemos olvidar que la herencia judía, por más problemas que le haya podido causar al pensamiento cristiano, resulta a todas luces imposible de borrar de dicho pensamiento. En el Antiguo Testamento se hallan las raíces del cristianismo, nunca negadas; y no se puede olvidar que Jesús de Nazaret y sus discípulos, antes que cristianos, eran judíos creyentes.


JORGE AURELIO DÍAZ
Universidad Nacional de Colombia
jadiaz9@cable.net.co