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Ideas y Valores

versión impresa ISSN 0120-0062

Ideas y Valores vol.67 no.168 Bogotá sep./dic. 2018

http://dx.doi.org/10.15446/ideasyvalores.v67n168.75194 

Diálogos

Haack, Susan. "La fragmentación de la filosofía, el camino a la reintegración." ἔλεγχος 1.1 (2016): 7-48.

CARLOS G. PATARROYO G* 

* Universidad del Rosario - Bogotá - Colombia. carlosg.patarroyo@urosario.edu.co

La Sociedad Filosófica del Uruguay, en cabeza de su presidente, Carlos Caorsi, decidió emprender la tarea de crear una revista de filosofía propia a la que tituló ἔλεγχος. El proyecto ha sido ambicioso desde sus inicios. El primer número de la revista, aparecido en junio de 2016, vio la luz con artículos de autores de gran renombre, como son Ernest Sosa, Axel Barceló, Oswaldo Chateaubriand y Susan Haack, entre otros. La revista actualmente cuenta con tres números y poco a poco va consolidándose como proyecto editorial que, de seguir así, será en unos años un referente importante en la filosofía latinoamericana.

Por considerar que toca un tema neurálgico para la manera en la que se desarrolla la filosofía en la academia hoy en día, he querido comentar brevemente un artículo del primer número de ἔλεγχος, a saber, el escrito por Susan Haack, titulado "La fragmentación de la filosofía, el camino a la reintegración". El artículo corresponde a una conferencia que Haack dictó en la Universidad de Münster en noviembre de 2013 y que no había sido publicada hasta entonces. La Sociedad Filosófica del Uruguay realizó en agosto de 2014 su segundo Congreso Internacional, en el que fueron invitados Haack, Sosa y Chateaubriand, entre otros, y el primer número de su revista es, en buena medida, la compilación de las conferencias de los plenaristas del congreso. Haack se presentó con la misma conferencia que ya había dictado un año atrás es Münster, y dio permiso para que fuera el mismo Carlos Caorsi quien la tradujera al español y la publicara en la naciente revista. De manera simultánea Julia Gõhner y Eva-María Jung, profesoras del Departamento de Filosofía de la Universidad de Münster, se habían dado a la tarea de compilar la conferencia de Haack, junto con los demás artículos que estudiantes avanzados habían escrito acerca de su obra y a los cuales Haack había dado respuesta durante su visita a dicha universidad. Todo esto (la conferencia de Haack, los artículos de los estudiantes y las respuestas dadas por la filósofa a estos textos) apareció publicado en el libro Susan Haack: Reintegrating Philosophy, que la editorial Springer publicó también en 2016. De esta manera, la conferencia de Haack, antes inédita, apareció casi que simultáneamente impresa en español y en inglés.

Antes de entrar en el contenido del artículo es necesario decir algo acerca de la traducción. Pese al gran esfuerzo de Caorsi, la traducción requiere aún de una revisión y corrección minuciosa. Aparte de errores de estilo fácilmente evitables, como tildes diacríticas, comas y puntos y comas, el texto presenta errores de traducción que una buena revisión hubiera acotado a tiempo, por ejemplo, haber traducido self-deception como 'autodecepción', en lugar de 'au-toengaño', o haber traducido is inducing por 'es inducida', en lugar de 'induce' o 'está induciendo', y otros tantos gazapos de los que el texto adolece en un número considerable. El artículo de Haack es, a mi juicio, neurálgico para un debate muy necesario en la filosofía actual, de modo que vale la pena contar con una traducción impecable. Ya que la revista tiene también una edición online que ofrece las versiones electrónicas de los textos, guardo la esperanza de que el texto de Haack en ese formato sea corregido adecuadamente para contar así con este valioso artículo en español en su mejor traducción posible.

Como el título mismo lo dice, la preocupación de Haack en su artículo es la fragmentación de la filosofía. Por "fragmentación" entiende esta división de la filosofía en áreas y subáreas (y sub-subá-reas, etc.) cada vez más especializadas, más aisladas las unas de las otras, más indiferentes a la historia de la filosofía en general y de su área en particular, y miopes a la búsqueda de conexiones entre los problemas que tratan y aquellos aledaños. Haack relata cómo se ha sentido como una suerte de extraterrestre en la mayoría de congresos de filosofía a los que ha asistido, pues en muchas ocasiones ha sido ella la única que menciona autores de hace más de una década, la única que presenta relaciones entre varias ramas de la filosofía y que incluso aún llama a los autores por su apellido. Hoy en día, relata, los filósofos se especializan en campos cada vez más pequeños, más cerrados, y sus ponencias y escritos son citas interminables de los pocos colegas que también están en ese campo. Alguien que hizo una reseña de uno de sus libros, Defending Science, comenta Haack, se enfureció porque el libro no citaba a quien hizo la reseña ni a sus colegas, y criticó severamente que el texto "se centrara demasiado en las ideas de gente muerta". Haack recuerda con nostalgia la filosofía de Platón por su amplitud y versatilidad. Pero advierte que esto no es la excepción, sino la regla en la historia de la filosofía; autores como Descartes, Leibniz, Locke, Kant, Hume, Reid, Mill, etc., abarcaron áreas diversas y amplias en sus escritos. Esto mismo ocurrió, en tiempos más recientes, con Peirce, James y Dewey. Es justo aquí donde parece haber un quiebre en la historia. Desde la muerte de Dewey, dice Haack, parece seguro decir que no hemos visto a alguien como él, o como Peirce o James:

Al contrario: a lo largo de mi vida laboral, la filosofía parece haber devenido cada vez más fragmentada e internamente desgajada, cada vez más hermética y distante de los campos colindantes, y cada vez más separada de su propia historia; en síntesis, cada vez más "académica" en el sentido peyorativo de la palabra. (15)

Hoy en día es común que los escritos y las ponencias citen los trabajos más recientes en el área, al punto de que la bibliografía de muchas de las publicaciones actuales se compone de una buena cantidad de entradas "en prensa" o "por aparecer"; al mismo tiempo esta tendencia le da la espalda al pasado, a los autores más clásicos y precursores del área. De igual manera, las áreas se van subdividiendo en grupos cada vez más pequeños, de los cuales Haack da bastantes ejemplos. Por ejemplo, en epistemología -que es ya de por sí un grupo que se ha aislado de otras ramas de la filosofía-, hay subdivisiones internas por doquier: la epistemología de la virtud, el fiabilismo, el contextualismo, la epistemología social, el gettierismo, la epistemología feminista, etc. "En efecto, parecería que hay subgrupos dentro de los subgrupos: por ejemplo, en el campo de la epistemología de la virtud están aquellos que siguen la dirección de Ernest Sosa y aquellos que siguen la de Linda Zagzebski" (16).

Por supuesto, alguien podría decir que esta especialización es apenas normal y hasta necesaria para el avance de toda ciencia. Al fin y al cabo, Kuhn muestra justamente este proceso como parte del desarrollo y avance de la ciencia normal. A esta apreciación responde Haack señalando que la filosofía no es una ciencia normal en este sentido:

En una rama madura de las ciencias, los científicos individuales o los laboratorios se enfrentarán a este o aquel problema altamente especializado porque hay un cuerpo de teoría bien justificado para ser aplicado y extendido. Pero la situación de la filosofía es muy diferente, y el modo en que nuestra disciplina está dividiéndose en un cúmulo de pequeñas sub-especialidades es un signo, no de su madurez, sino del carrerismo y de lo camarillesco de nuestra profesión. (9)

Las palabras de Haack recuerdan el diagnóstico que Kant hiciera hace ya más de doscientos treinta años acerca de cómo la metafísica no ha alcanzado aún el camino seguro de la ciencia. Y la misma Haack cita a Peirce quien, en 1903, describió a la metafísica como "una ciencia débil, raquítica y escrofulosa". Haack no se centra en estudiar si la filosofía puede acaso aspirar a ser una ciencia normal, pues le basta con ver la gran diferencia que hay entre la filosofía y otras disciplinas en cuanto a su progreso:

a pesar de que los progresos de la ciencia natural son irregulares, desiguales e impredecibles, [...] hay progreso en las ciencias. Por contraste, en la filosofía las perspectivas de este tipo de progresos reales parecen, en la actualidad, como se suele decir, algo entre poco y nada. (35)

La diferencia se debe, en su opinión, a la fragmentación de la filosofía. El grueso del artículo de Haack se centra entonces en mostrar por qué esta fragmentación es, según ella, desastrosa para la filosofía, cómo se ha llegado hasta esta situación que ella considera "desastrosa" y qué se podría hacer para revertirla o, cuando menos, resistirla.

Valga la pena aclarar que Haack es consciente de que este diagnóstico de la situación actual de la filosofía es una tendencia y que, hasta donde ella sabe, aplica solo a la filosofía anglosajona o a la filosofía de otras latitudes fuertemente influida por esta. Creo, sin embargo, que aun con estas reservas el artículo de Haack es importante, si no para aplicar lo mismo a las corrientes filosóficas de otros orígenes, cuando menos para denunciar el problema y procurar evitarlo allí donde no haya aparecido aún.

Haack hace un llamado a que las distintas ramas y subgrupos filosóficos vean con ojos más amplios sus entornos; al fin y al cabo, las verdades sobre las que descansa una cierta teoría deben ser consistentes con las verdades de teorías aledañas. Como muestra de ello, Haack cita su propio trabajo fundherentista, que descansa sobre la presuposición de que la gente tiene creencias. Si Stephen Stich y los esposos Churchland estuvieran en lo correcto acerca de que la ontología de las creencias es mera psicología popular insostenible, su trabajo se vería en serios problemas; no en vano ella misma ha tenido que ofrecer una explicación acerca de lo que son las creencias mismas. Pero esto no es válido solo para la filosofía, sino que aplica para todas las disciplinas. La teoría de la evolución de Darwin tenía dos presuposiciones esenciales (una acerca de la edad de la Tierra y otra acerca de que las mutaciones que ayudaban a la supervivencia de los individuos debían poder ser heredadas a sus descendientes) sin las cuales no podría ser medianamente plausible. Si los cálculos de Lord Kelvin sobre la edad de la Tierra hubieran sido correctos, la primera presuposición de Darwin habría sido falsa (cálculos que estudios posteriores demostraron como erróneos); de igual manera, la genética mendeliana demostró que la segunda presuposición de Darwin era correcta. Es, entonces, un punto básico que las verdades de las distintas teorías han de tener un grado de interconexión y consistencia, sea en la filosofía o en otras disciplinas.

Lo que es peculiar de la filosofía, en cambio, es que está llegando a tal sobre-especialización o fragmentación, aun cuando está muy lejos de tener las mínimas características de lo que Kuhn llamaría una "ciencia madura". Para Haack, el peligro de esta fragmentación prematura es una suerte de espiral vicioso:

Cuando la especialización es prematura, desperdicia tiempo y energía, porque no hay hasta ahora nada como un cuerpo de teoría bien fundamentado necesario para hacerla productiva. Cuando la especialización prematura se vuelve común, las perspectivas de alcanzar algo sólido sobre lo cual construir parecen retroceder indefinidamente, y así la gente se mantiene ocupada discutiendo una y otra vez sobre los mismos rompecabezas. (32)

La discusión se prolonga por un tiempo, pero el problema no es resuelto, es abandonado, dice Haack, y ofrece una lista de problemas que la filosofía contemporánea dejó de discutir, no porque haya agotado la discusión hasta sus últimas instancias, sino porque se ha cambiado el interés al siguiente problema de moda:

[L]os filósofos de la ciencia dejan atrás sin resolver la paradoja del 'ver-zul', los metafísicos pierden interés en los viejos debates acerca del realismo frente al nominalismo, acerca del realismo interno frente al realismo metafísico, etc., y persiguen un nuevo realismo pos-pos-moderno o un nuevo 'deflacionismo'. (32)

La fragmentación es desastrosa para la filosofía, porque impide una de sus funciones esenciales: el avance mediante la fusión de partes diminutas. Haack entiende esta fusión como "el proceso por el cual soluciones a problemas aparentemente separados interactúan para hacerlos a ambos más profundos" (28). La fragmentación

alienta el hermetismo; por cerrar nuestros ojos a la posibilidad de encontrar mejores respuestas a esta o aquella cuestión filosófica, no en el trabajo de subgrupos especializados actualmente centrados en ella, sino en ideas foráneas o en ideas del pasado filosófico; la fragmentación alienta el ahistoricismo. Y el ahistoricismo filosófico no es inofensivo. (34)

Parece quedar claro por qué la fragmentación es tan peligrosa para la filosofía; pero, ¿cómo hemos llegado hasta este punto?, ¿cuáles han sido sus causas? Para Haack, la respuesta en pocas palabras es: mediante la manera peculiar en que se dio la profesionalización de la filosofía. La filosofía, como todas las disciplinas, se profesionalizó en el sentido sociológico de que es reconocida como una profesión específica, con una cierta formación, ciertos estándares, ciertas calificaciones, etc. Pero la profesionali-zación de una disciplina no implica su avance. En el caso de la filosofía, la pro-fesionalización vino acompañada de una serie de incentivos perversos que fueron desdibujando su práctica. Así, ser un profesional en el campo y desempeñarse como tal viene acompañado de una serie de oportunidades que, tristemente, no son tanto oportunidades para avanzar la investigación, como oportunidades para avanzar uno mismo en su carrera. Se miden y premian cuestiones como el valor de las becas obtenidas, y se premian cada vez más el número de publicaciones y citaciones, sin prestar demasiada atención a si aportan o no algo al conocimiento. El famoso ethos "publica o perece" ha infectado también a la filosofía, y no tardaron en darse cuenta los filósofos profesionales de que la mejor manera de publicar abundantemente

era encontrar algún nicho, alguna camarilla, algún cartel de citas, donde -siempre que se use la jerga correcta, es decir, la de moda, y se cite a las personas apropiadas, es decir, la gente más influyente-, se podrá publicar lo suficiente para obtener la tenencia, un aumento, una promoción. (38)

Los filósofos no son diferentes del resto de la gente, y por ello les resulta igualmente difícil resistirse a lo que Haack, citando a Mill, denomina los intereses "en el sentido vulgar de la palabra", es decir, el deseo de prestigio, el estatus y el éxito mundano. La profesionaliza-ción de la filosofía, acompañada de los incentivos que apelan al éxito profesional individual más que al avance de la investigación misma, ha hecho que esta se fragmente poco a poco.

¿Qué hacer para aplacar esta situación? Antes de dar cualquier recomendación, Haack es enfática en hacer dos aclaraciones: la primera es que no está proponiendo que todo filósofo o filósofa deba tener como objetivo construir su propia visión comprensiva del mundo, ni que todo aquel que se aventure en la filosofía deba optar por la generalidad y rechazar hacer un trabajo especializado. En segundo lugar, no hay una receta simple; a lo sumo, algunas aproximaciones y sugerencias, pero ello dista mucho de ser un "método" establecido.

Creo que las sugerencias de Haack se pueden resumir en tres puntos:

  1. Siga la sugerencia de Locke de aventurarse dentro del gran océano del conocimiento, esto es, absorba libros y revistas que van más allá de su área de especialidad filosófica e incluso más allá de la filosofía; cuentos, novelas, obras de teatro, aventúrese en la música y entable diálogos con personas de otras disciplinas. "Lean, escuchen y, agregaría yo, miren alrededor de ustedes, presten atención a lo que está delante de sus ojos; nunca olviden que la filosofía, al igual que la física o la biología, es acerca del mundo" (40). Haack insta a cultivar lo que llama "la visión periférica", es decir, a estar atentos, cuando se trabaje en un problema, a cómo este afecta y se ve afectado por otros circundantes.

  2. Sea constructivo, no simplemente ingenioso. Mucha de la literatura filosófica actual se compone de ingeniosos argumentos en contra de x o y interpretación de un problema, pero no ayudan a avanzar en la discusión. Muchos de estos artilugios de ingenio no pasan de ser justamente eso. Haack hace eco aquí de la recomendación de marras de Francis Bacon, según la cual los filósofos han de emular no a la hormiga, que por ocupada que esté solo recoge material ajeno, ni a la araña, que teje redes de su propia sustancia, sino a la abeja que recoge el material del campo, de las flores, lo digiere, lo transforma y con él produce algo nuevo.

  3. Sea prudente y receloso de las celebridades y de la celebridad. Hoy en día, advierte, hay que cuidarse, "por atractiva que pueda parecer, del tipo de celebridad barata a veces lograda por la defensa ingeniosa de afirmaciones extravagantes" (41), y también de aquella lograda por la autopromoción en la blogosfera.

Haack misma reconoce que esto no es algo nuevo en la filosofía. Ya lo había dicho, y de manera más sucinta y directa, Roger Bacon, a quien Haack cita directamente de su Opus maius:

Hay cuatro obstáculos esenciales para alcanzar la verdad: [...] la sumisión a la autoridad errónea e ilegítima, la influencia de las costumbres, los prejuicios populares, y la ocultación de nuestra propia ignorancia acompañada del ostentoso despliegue de nuestro conocimiento. (42)

El trabajo filosófico, como cualquier empresa intelectual que valga la pena, es difícil y acarrea sus riesgos: "puede gastar una cantidad de tiempo en algo sin alcanzar el éxito que esperaba e incluso, si tiene éxito, puede resultar frustrado porque alguien más lo publicó justo antes que usted" (42); de igual modo, hay que encontrar la manera de caminar en el filo de la navaja, acomodándose, por un lado, a un sistema de incentivos que apelan, como ya se ha dicho, más al progreso personal en la carrera que al avance de la investigación en general y, por el otro, procurando hacer el trabajo que realmente vale la pena, allende de lo que digan los rankings y los sistemas de medición contemporáneos.

Haack no es ingenuamente optimista acerca de este proyecto. Sabe bien que el cambio, si hay alguno, será lento (viene a mi mente el mismo sentido de realidad que mostró Schiller cuando advertía que su proyecto de una educación estética era una tarea para más de un siglo), pero el intento vale la pena.

Ahora bien, no estoy seguro de que el texto de Haack sea el tratamiento de un único problema. Que la situación actual de algunas corrientes de la filosofía sea preocupante (con lo cual estoy de acuerdo), no necesariamente empata con el debate acerca de si la filosofía ha logrado (o acaso pueda aspirar alguna vez a lograr) el camino seguro de la ciencia. Merece una investigación propia si la filosofía siquiera debería preocuparse por avanzar al paso que han avanzado la biología, la física u otras ciencias que efectivamente van construyendo una visión cada vez más comprensiva y entrecruzada sobre verdades que van alcanzando progresivamente. La filosofía, que por su naturaleza misma cuestiona el método y hasta el concepto mismo de verdad, tendría un encaje forzado en el esquema de las disciplinas que avanzan por la adición progresiva de verdades. No me adentraré en este asunto, porque creo que lo relevante y rescatable del texto de Haack reside en dos puntos diferentes: a) en la denuncia del problema. De nuevo, no que la filosofía haya o no alcanzado el andar de una ciencia consolidada, sino cómo la práctica de la filosofía, sobre todo de corte anglosajón, se ha convertido, en actitudes desdeñables de yo-te-cito-tú-me-citas, en argumentos que son más ingeniosos que propositivos, en la búsqueda de la celebridad rápida y en la sed de publicar lo que sea, siempre y cuando se pueda agregar a la hoja de vida un gordo número de publicaciones; y b) en que las sugerencias que hace Haack, por trilladas o poco novedosas que sean, son de todas maneras valiosas y dignas de ser practicadas.

Respecto de lo primero, he de decir que en mi área de trabajo he visto de primera mano la situación que Haack acusa. Conozco discusiones en donde uno puede tener bibliotecas enteras de artículos y libros en donde los mismos se citan entre sí y ninguno de ellos -salvo contadas excepciones- rescata el valor de lo que han dicho personajes hace más de treinta o cincuenta años. He participado en congresos en los que aburren las ponencias de ingeniosos argumentos que le buscan el quiebre a una propuesta, pero el quiebre, la crítica y la ponencia entera en nada ayudan a la comprensión y menos aún a la solución de un problema específico. He conversado con algunos de los personajes de influencia en revistas consideradas top en Norteamérica, que admiten que "dejan pasar" sin mucha revisión artículos de sus estudiantes de doctorado, porque ahora los programas se miden también por la empleabilidad de sus egresados y ayuda a asegurar un empleo en filosofía el que fulano o zutano se gradúe ya con un par de publicaciones en revistas de tal prestigio. Hoy en día el ritmo y las exigencias para trabajar en la academia filosófica son enormes. Es preocupante lo fácil que tiende uno a sentirse culpable por dedicar tiempo a la buena docencia, porque es tiempo que no está dedicando a la investigación y a la publicación.

Por ello el segundo punto me parece especialmente relevante. Que el artículo de Haack invite a pensar más en el problema que en la carrera personal, en proponer más que en destruir ingeniosamente y en tener una mirada amplia hacia cómo encaja esta parte que estamos trabajando en un rompecabezas más grande son sugerencias aparentemente obvias, pero no por ello menos valiosas, y hace falta ponerlas en práctica, al menos en ciertas áreas de la filosofía contemporánea, independientemente de que la filosofía deba o no aspirar a lograr el camino seguro de la ciencia.

Bibliografía

Göhner, J. F., y Jung, E. M. Susan Haack: Reintegrating Philosophy. Cham; Heidelberg; New York; Dordrecht; London: Springer International Publishing, 2016. [ Links ]

Haack, S. "La fragmentación de la filosofía, el camino a la reintegración." ἔλεγχος 1.1 (2016): 7-48. [ Links ]

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