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Revista Latinoamericana de Psicología

Print version ISSN 0120-0534

rev.latinoam.psicol. vol.42 no.3 Bogotá Sept. 2010

 

ARTÍCULO

¿Por qué se vinculan las niñas a los grupos guerrilleros y paramilitares en Colombia?

Why do girls join Guerrilla and Paramilitary Groups in Colombia?

Florentino Moreno Martín
Universidad Complutense de Madrid

Jaime Alberto Carmona Parra
Felipe Tobón Hoyos
Fundación Universitaria Luis Amigó de Medellín

Recibido, Noviembre de 2009 Aceptado, Septiembre de 2010


Resumen

Este trabajo realiza una comparación entre las explicaciones que los investigadores del fenómeno de los niños soldado en Colombia dan de los motivos por los cuales los menores ingresaron a los grupos armados ilegales, con los testimonios de las 21 niñas desmovilizadas en Antioquia durante 2004. Se hizo un análisis de contenido de las investigaciones empíricas y de las sucesivas entrevistas en profundidad en las que participaron las niñas. Existe coincidencia entre niñas e investigadores en la relativa importancia atribuida al maltrato familiar y a la casi nula motivación ideológica, pero se dan diferencias significativas en el mayor peso atribuido por los investigadores a determinismos objetivos como la pobreza, y en la gran importancia atribuida por las menores a elementos lúdicos como el afán de aventura, la diversión y los criterios estéticos.

Palabras clave : Infancia; guerra; guerrilla; paramilitarismo; motivación


Abstract

This study seeks to compare the explanations that the researchers of the phenomenon of child soldiers in Colombia give about the motives for which the minors entered the illegal armed groups with the testimonies of 21 demobilized young girls in Antioquia during 2004. An analysis of content was performed of the empiric research and the successive in-depth interviews in which these girls participated. Testimonies between the girls and researchers coincide in the relative importance atributed to family abuse and the almost null ideological motivation, but there are significant differences with respect to the greater weight attributed by the researchers to poverty, and at the same time the desire of minors to have access to leisure activities like the rush for adventure, entertainment, and aesthetic criteria.

Key words: Children, war, guerrilla, paramilitary, motivation


Prácticamente la totalidad de los estudios realizados en Colombia en la última década sobre los niños soldado, coincide en que la mayor parte de los menores afirma haberse enrolado voluntariamente a los Grupos Armados Ilegales (en adelante GAI). Cuando se analizan las razones que motivaron esa decisión, las investigaciones llegan a conclusiones no siempre coincidentes, en parte por la perspectiva desde la que se indaga, y en parte por el peso que en los estudios se otorga al testimonio infantil y al modo de obtenerlo. Los estudios especulativos que no utilizan el testimonio directo de los protagonistas, tienden a situar los argumentos volitivos infantiles en un contexto interpretativo marcado por orientaciones teóricas que no precisan de la respuesta infantil. Las investigaciones que recogen, por medio de entrevistas abiertas, las explicaciones directas y poco condicionadas de los menores, tienden a centrarse en las interpretaciones que los niños hacen de sus procesos vitales, tomando los relatos autobiográficos como materia prima de las atribuciones de causalidad. El propósito de este artículo es analizar, hasta qué punto, coinciden las explicaciones sobre los motivos de filiación bélica infantil que no se sustentan directamente en el testimonio de los protagonistas (ya sean puras especulaciones o análisis de respuestas a cuestionarios estandarizados con opciones cerradas) con los relatos directos de los menores, en los que dan explicaciones de los motivos que les llevaron a tomar las armas.

Cuando se analizan los motivos por los que una persona asume un riesgo que pone en peligro su vida, las Ciencias Sociales no se conforman con explicaciones basadas en la voluntad de los individuos. Por mucho que los protagonistas afirmen haber tomado estas decisiones voluntariamente, el acto volitivo queda habitualmente relegado a un plano genérico sin potencia explicativa, siendo sustituido por explicaciones basadas en regularidades funcionalistas enmarcadas en la pervivencia de los sistemas sociales o, en su extremo opuesto, en impulsos con base biológica que el sujeto interpreta como fruto de su libre albedrío en las perspectivas psicodinámicas. Cuando se estudian los actos extremos, el margen de voluntariedad atribuido por los investigadores a los menores es todavía menor, hasta casi llegar a anularse, ya que a los determinismos generales se suma la inmadurez biológica y la permeabilidad del comportamiento infantil y adolescente.

Para analizar los motivos de vinculación de los niños a los G.A.I. desde la perspectiva de sus protagonistas, sin caer en la mera transcripción de opiniones, en nuestra investigación se tomaron como base de indagación los postulados centrales del Interaccionismo simbólico (Blumer, 1982). Como es sabido, esta orientación psicosociológica se basa en la idea de que la realidad de los seres humanos se despliega en el hábitat de significaciones que la conforman. Si las personas definen una situación como real, será real en sus consecuencias (Thomas & Znanieki, 2004). Esta idea de la realidad humana como "realidad definida" suele entrar en contradicción con la noción tradicional de "realidad objetiva". Para la visión positivista clásica, el conocimiento objetivo se queda en la descripción de lo real. Para la perspectiva interaccionista, las construcciones teóricas objetivas de las Ciencias Sociales, especialmente de la Psicología, son también realidades definidas, que gracias a un poderoso aparato de legitimación, adquieren un alto poder realizador (Berger & Luckmann, 1966).

El debate que interesa, a efectos de la vinculación al contexto bélico, no es la adecuación a "la realidad" de los motivos infantiles, sino el peso que estos motivos tienen en la conducta real de los menores. Esta concepción psicosocial del ser humano, como transformador y creador de significaciones, implica que posee un "sí mismo" en virtud del cual, también puede ser objeto de sus propias acciones. Puede actuar con respecto a sí mismo como con respecto a los demás (Mead, 1934). Esto le confiere una autodeterminación relativa, gracias a la cual sus acciones no se pueden explicar exclusivamente en función de las estructuras y mecanismos predeterminados o la influencia de estímulos externos e internos. Algunos autores denominan a esta particularidad "capacidad de agencia" y la definen como "la capacidad de liberarse de los condicionamientos automáticos, deriva en responsabilidad de los individuos, y es especialmente visible en la acción pública de las personas (Fernández, 2003, p. 49).

Ver la vinculación a los grupos armados en Colombia, desde la perspectiva de las niñas excombatientes, más allá de revelarnos valiosos elementos sobre la manera como construyen los significados con los que tejen sus realidades en sus procesos de interacción, puede aportar herramientas importantes para el diseño de proyectos de prevención de la vinculación de otras niñas a los G.A.I. o de la revinculación de niñas excombatientes. Si lo hiciéramos de otro modo, es probable que las herramientas preventivas se movieran en un universo de significaciones satisfactorio para los investigadores, pero alejado de la realidad construida por los menores.

Método

Con el fin de comparar los motivos de vinculación a los G.A.I. que argüían las niñas con los recogidos en investigaciones publicadas, se seleccionaron y analizaron los estudios contemporáneos sobre el fenómeno en Colombia. Este análisis culminó en una matriz estructurada de explicaciones. Asimismo se entrevistó a las menores, individualmente y en grupo, transcribiendo y analizando sus respuestas. Finalmente, se compararon los contenidos aportados por las niñas con los obtenidos de los estudios. Todo el proceso se ajustó a los postulados metodológicos del Interaccionismo simbólico con el objeto de ver el fenómeno desde el punto de vista del agente (Carmona, 2009).

Participantes

Formaron parte del estudio 21 niñas que constituían el 100% de las menores desvinculadas de los G.A.I. en Antioquia, Colombia, en el año 2004, y que participaban en el programa de reinserción a la vida civil auspiciado por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ICBF, y la Organización Mundial para las Migraciones, OIM. Para el propósito de este estudio comparativo, únicamente se tendrán en cuenta los aportes de las 18 niñas que afirmaron haberse vinculado voluntariamente a los grupos guerrilleros o paramilitares, pues las tres restantes dijeron haber sido obligadas a incorporarse. En el momento en el que se inició el estudio, la edad media de las menores era de 16 años. La mayor parte de las niñas no había concluido la educación primaria, procedían de zonas rurales (sólo el 15% vivían previamente en las cabeceras municipales), pertenecían a familias numerosas de extracción humilde y habían permanecido movilizadas una media de dos años.

Procedimiento

Tras una exploración bibliográfica, se seleccionaron para su análisis aquellos textos sobre el fenómeno de los niños soldado en Colombia, que habían sido escritos con propósito explicativo, ya fueran investigaciones académicas o informes profesionales. Se excluyeron obras de ficción y textos con más de diez años de antigüedad. La muestra quedó constituida finalmente por los siguientes textos: Álvarez-Correa y Aguirre (2002); Bello y Ruiz (2002); Coalición Contra la Vinculación (2003); Defensoría del Pueblo (2006); González (2004); Hernández (2001); Human Rights Watch (2003) [en adelante HRW]; Informe Nacional de Desarrollo Humano (2003) [en adelante INDH]; Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (2004), [en adelante ICBF]; Páez (2001); Springer (2007) y UNICEF (2005).

Siguiendo el criterio de Blumer (1982), se llevó a cabo el análisis de los documentos en dos fases. En la inicial, o "exploración", se seleccionaron aquellos contenidos que aludían a los motivos de filiación bélica infantil; en la segunda fase, de "inspección", se abordó el análisis de los textos seleccionados con el propósito de "descubrir relaciones genéricas, profundizar en la referencia connotativa de sus conceptos y formular proposiciones teoréticas" (Blumer, 1982, p. 32). En esta fase de categorización, se elaboró una matriz de explicaciones de los motivos de incorporación infantil a la guerra estructurada a partir de la dicotomía: determinismo/indeterminismo. Se aislaron, en cada documento, las categorías que podrían entenderse como causas de la incorporación o factores coadyuvantes a la decisión de alistarse. A continuación se valoró el peso que cada autor otorgaba a estos factores, teniendo en cuenta criterios como el aporte de datos confirmatorios de la argumentación, la refutación de las críticas o el espacio dedicado a la ejemplificación o teorización. Posteriormente, se valoró la relevancia otorgada a cada uno de los factores en el conjunto de las investigaciones utilizando tres categorías: alta (factor presente en la mayor parte de estudios, con alto poder explicativo en todos ellos), media (presencia en varios textos, pero con énfasis irregular o medio), y baja (presencia en pocos estudios, o bien, presente en muchos, pero con poca significación).

La información original de los motivos de las menores para incorporarse a los G.A.I. se obtuvo a través de entrevistas en profundidad, realizadas en varios momentos en el transcurso de dos años. Las primeras entrevistas se llevaron a cabo durante los tres meses que el equipo de investigación permaneció en la institución donde las niñas iniciaban su proceso de vuelta a la vida civil. Las entrevistas fueron abiertas y se desarrollaron sin límite de tiempo. Para realizarlas, previamente se obtuvo el consentimiento informado de cada una de las participantes. Además de las entrevistas, se desarrollaron diez grupos de discusión utilizando la metodología del grupo operativo (Pichon- Riviére, 2006) con el fin de recoger aportaciones motivadas por el intercambio entre pares. Como la investigación pretendía analizar el recorrido vital de las niñas soldado, desde la decisión de incorporarse al grupo armado hasta la vida civil autónoma como adultas, lo que constituye su "carrera", en términos de Goffman (2001), se realizaron nuevas entrevistas dos años después para analizar las posibles transformaciones de los significados de su experiencia en el grupo armado ilegal y de su regreso a la vida civil. Todas las entrevistas fueron grabadas y posteriormente transcritas. Para el propósito que se describe en este trabajo, el proceso de análisis se desarrolló del siguiente modo. En una primera fase, se seleccionaron todos los párrafos en los que las menores aludieran a posibles motivos de inserción a la milicia, haciendo una preasignación a una o varias categorías. Puesto que la forma de obtener el testimonio se basó en conversaciones abiertas, los párrafos seleccionados no tenían la forma de una respuesta explícita a una pregunta concreta sobre los motivos. En ocasiones, las niñas aportaron argumentos explícitos autosuficientes a nivel semántico ("me fui porque me enamoré") que encajaban claramente en las categorías definidas en la fase de análisis de los documentos de los expertos; en otros pasajes, los motivos se derivaban de una explicación en forma de relato (por ejemplo, una historia de cómo se enamoró de un guerrillero). Para la asignación definitiva a una de las categorías, o en su caso, para la creación de otras nuevas, se definieron las unidades de registro (la oración o un grupo de frases con unidad de sentido) en función del propósito motivacional que se podía inferir de la unidad. Una alusión a las armas podría asignarse a la categoría "motivos lúdicos" (si enfatizaba en el gusto estético), a deseo de poder (si estaba vinculado a la idea de "hacerse respetar") o a deseos criminales (si se enmarcaba en un relato donde el arma cumplía un propósito funcional a la crueldad). Los contenidos expresados en el siguiente párrafo se incluirían en la categoría "aspiraciones lúdicas" en dos subapartados: diversión y placer estético.

    Cuando yo distinguí la guerrilla por primer vez, yo me enamoré de ellos, los veía muy lindos, a esas guerrilleras; a mí como que me dio por coger un arma y además como yo estaba charlando con un guerrillero, yo comencé a charlar con él y después me fui para el grupo, por él no, sino porque me gustaban las armas también. Isabel (d. g.)1.

En esta fase se diferenciaron 60 motivos que, tras un proceso de categorización, guiado por la matriz elaborada tras el análisis de los textos, quedaron agrupados en 14 sub-categorías.

Para comparar las explicaciones recogidas en los estudios con las afirmaciones de las menores, y dado que las matrices de datos son de naturaleza distinta, se procedió a identificar en sus relatos la aparición de contenidos enunciados en las unidades categoriales, tomando siempre como referencia el cuadro de explicaciones derivado del análisis de los textos. Además de la presencia o ausencia, se utilizó como regla de enumeración la frecuencia con que las menores mencionaban uno u otro motivo, con el fin de abordar con mayor seguridad el proceso de inferencia (Bardin, 1977; Krippendorff, 2002). Las frecuencias que se describen en los resultados se hicieron sobre el total de respuestas de las 18 niñas.

Resultados

Al compartir la misma población de estudio (menores de edad colombianos vinculados a los G.A.I., en una franja temporal de cinco años), los datos sociodemográficos de la muestra coinciden, en lo fundamental, con los aportados por las investigaciones que sirven de referencia para la comparación. Por ejemplo, las edades medias de vinculación (14 años) y de desvinculación (16 años), coinciden con las presentadas por el ICBF (2004). Asimismo, el nivel de escolaridad de las niñas de nuestro estudio con en el Informe Nacional de Desarrollo Humano: "Más de la mitad de las niñas no había concluido la primaria y el grado de escolaridad en promedio es de 4º grado de primaria" (2003, p. 251). A su vez, con este Informe coinciden los datos sobre la prevalencia del origen rural (INDH, 2003, p. 264). También hay importantes coincidencias en cuanto al entorno familiar. Las menores provenían de familias muy numerosas, con una clara situación de pobreza, en las que, generalmente, el padre era el responsable de la economía de la familia. La mayoría de los investigadores coinciden en describir las familias de los niños soldado como numerosas y con una situación clara de pobreza (UNICEF, 2005).

Junto a la previsible coincidencia de las características demográficas, hay un elemento de similitud relevante: la mayor parte de los menores afirma haberse vinculado voluntariamente (por ejemplo, Defensoría, 2006, p. 74; Human Rights Watch, 2003, p. 29; Springer, 2007). En nuestro caso, tres de las 21 niñas manifestaron haber sido forzadas.

Para explicar las vinculaciones no forzosas, los autores de los 12 estudios recurrieron a dos grandes tipos de argumentos explicativos que hemos categorizado como deterministas y no deterministas. Los primeros, remiten a aquellos factores que explícita o implícitamente dejaban de lado la capacidad de agencia de los menores como actores sociales. Estos argumentos deterministas en ocasiones tienen una naturaleza objetiva externa de carácter económico, social o familiar ("pobreza", "maltrato"), y en otras, se trata de determinismos internos que, pese a ser vividos como subjetivos por sus protagonistas, gobiernan, a juicio de los autores, la voluntad de los menores por su carácter imperativo o patológico ("enamoramiento", "duelo", "crisis de la adolescencia", "trastornos psicológicos"). El grupo de factores categorizados como "no deterministas", se encuentran en aquellas explicaciones de los autores de los informes que dan lugar a la capacidad de toma de decisiones de los menores, es decir, en términos de George H. Mead (1934), contaban con el sí mismo de los actores ("aspiraciones personales", "deseo de poder", "razones ideológicas"... ).

Salvo un número menor de motivos ambiguos que no admitían una categorización clara, la mayor parte de los argumentos expuestos por las menores se correspondía con las categorías definidas en los estudios académicos o profesionales. La matriz de explicaciones derivada del análisis de los 12 textos, y de la categorización de las 60 argumentaciones infantiles, se recoge en la Tabla 1.

Para comparar las explicaciones dadas por los investigadores con los motivos de filiación expuestos por las niñas en nuestro estudio, describiremos los argumentos relevantes de los trabajos consultados y la presencia o ausencia de explicaciones comparables en los relatos infantiles. A modo orientativo, se expresará el porcentaje que representan las explicaciones de la categoría respecto al conjunto de 60 atribuciones de las niñas. En algunos casos, se aportan fragmentos de sus propios relatos.

Determinismos objetivos

Todas las investigaciones consultadas toman como referencia explicativa alguna de las tres categorías recogidas en este epígrafe como determinismos impuestos desde el exterior: pobreza, institucionalización y violencia intrafamiliar.

Pobreza. De acuerdo con el Informe Nacional de Desarrollo Humano, "existen coincidencias significativas entre las zonas de mayor índice de reclutamiento y situaciones económicas precarias. Necesidades básicas insatisfechas, condiciones de pobreza, desempleo y acceso restringido al sistema educativo, son típicas de los municipios con más alto riesgo" (INDH, 2003, p. 264). Este mismo informe sugiere que el incentivo económico es un poderoso factor explicativo: "los adolescentes y jóvenes campesinos que logran conseguir trabajo reciben menos de la mitad del salario mínimo legal; en estas circunstancias, los grupos armados que ofrecen entre 300 mil y 500 mil pesos mensuales -es decir entre 0.75 y 1.5 salarios mínimos- son, para muchos, una alternativa casi irresistible" (INDH, 2003, p. 274). En la misma dirección, se plantea que "el empeoramiento de las condiciones de vida de muchos niños y niñas colombianos y la desesperación ante la pobreza, la falta de acceso a la educación y la no satisfacción de las necesidades básicas son factores objetivos que impulsan a la vinculación en grupos armados" (González, 2004, p. 11).

En este punto, encontramos la primera diferencia entre la visión de los investigadores y la de las menores. Más de la mitad de las niñas que afirmaron haberse vinculado por decisión propia, consideraba que la situación económica de sus familias era mejor que la de las demás familias de su entorno:

    Nosotros económicamente, pues gracias a mi Dios, siempre hemos estado bien; porque eso sí tiene mi papá, que es una persona muy responsable y nunca nos ha faltado con nada ni con la comida ni nada de eso. A comparación de otras familias, pues que sí era el papá irresponsable y fuera de eso les daba más madera que comida, entonces sí vivíamos mejor nosotros ¡oiga! Lina (d. g.).

Ninguna niña situó el factor económico como relevante para tomar la decisión de vincularse a los G.A.I.

Institucionalización. Algunos de los textos consultados plantean como prácticamente inevitable la adhesión a los G.A.I., cuando su presencia en el entorno de los menores es una realidad ineludible, una forma de relación institucionalizada que los niños viven con normalidad porque así se ha presentado en sus procesos de socialización primaria. De este modo, en otro estudio se sitúa esta variable como causa suficiente para explicar la vinculación de algunos menores: "Han convivido con la violencia o en espacios donde tienen presencia los grupos armados. Por ello, sus únicos referentes de autoridad y justicia han sido los grupos ilegales, de quienes tienen una identificación positiva" (González, 2004, p. 14). Álvarez-Correa y Aguirre, también le atribuyen una importancia decisiva a este factor para ciertas vinculaciones, e introducen un elemento adicional: la presión efectiva y la capacidad de coerción que llegan a tener los G.A.I. sobre la población civil: "La presencia y dominio parcial o total del grupo armado en una región determinada socializa en el tiempo a sus pobladores en el conflicto. Ésta, en la medida que se continúa, es determinante por cuanto altera los modelos sociales y los valores" (2002, p. 66). Bello y Ruiz también consideran este factor como suficiente para explicar algunas vinculaciones de menores a los G.A.I.: "En las zonas de mayor conflicto, el lenguaje, los juegos, la forma de relación de los jóvenes y la manera de conocer el mundo están ligadas a los símbolos de la guerra" (2002, p. 22). Ninguno de los argumentos aportados por las niñas fue susceptible de clasificación en esta categoría, lo que no invalida la idea de que la institucionalización de la guerra determina la afiliación acrítica, sino que más bien la confirma, como se recogerá más adelante.

Violencia intrafamiliar. Algunos autores intentan tipificar una clase particular de familias que empujan directamente a sus hijos hacia los G.A.I., denominándolas "familias expulsoras": "familias desestructuradas o recompuestas con altos niveles de violencia y maltrato intrafamiliar, caracterizadas como expulsoras que desde muy temprana edad le imponen al joven un modelo de relación determinado por su autosuficiencia económica" (Aguirre, 2002, p. 112). Hay autores que establecen una correlación directa entre algunas problemáticas relacionadas con la estructura familiar y la vinculación de los menores al conflicto armado: "Las familias numerosas, disfuncionales, con ausencia de alguno de los padres y carencias afectivas tienden a expulsar hijos hacia el conflicto. Los niños con no infancia -a quienes se les niega la opción de vivir como niños- son más proclives al reclutamiento, al igual que los niños huérfanos" (Coalición, 2003, p. 263). Algunas investigaciones sitúan el maltrato como uno de los factores principales que explican la afiliación: "Se ha descubierto también que entre las niñas vinculadas al conflicto armado un gran porcentaje ha sufrido abuso físico, moral y sexual, o falta de libertad dentro de sus familias y por ello buscan salir". (Coalición, 2003, p. 34). El Informe Nacional de Desarrollo Humano dice: "En primer lugar parecerían destacarse las historias de vida marcadas por maltrato intrafamiliar, abuso sexual, adicción al alcohol o sustancias psicoactivas y retardos mentales leves" (INDH, 2003, p. 263). El abandono y la orfandad, en la medida en que constituyen una violación de un derecho fundamental del menor a tener una familia, son clasificados por los autores dentro de esta categoría: "Otros factores familiares que precipitan la vinculación de los menores, son los problemas de comunicación dentro del núcleo familiar, el abuso sexual, el abandono y la orfandad" (González, 2004, p. 12).

Aunque no se considera la violencia intrafamiliar como un factor causal, se señala que el maltrato es una de variable importante en las historias de los jóvenes: "a pesar de no conformar un mal social exclusivo a las zonas de guerra y a los menores en conflicto armado, es común la asociación de los dos elementos. También la ausencia de afecto, como una de las consecuencias, integra uno de los factores de mayor incidencia en la toma de sus decisiones" (Álvarez-Correa & Aguirre, 2002. p. 58). Esta última investigación no solo enfoca el aspecto del maltrato físico, sino que atiende a la violencia psicológica: "ante las carencias afectivas y comunicativas entre los integrantes del hogar, incomprendido e inconforme, el joven busca quien le reconozca méritos y le brinde seguridad emocional. En ausencia de estas dos alternativas, el grupo armado se puede convertir en una opción" (Álvarez-Correa & Aguirre, 2002, p. 61). En otro estudio se afirma que el abuso sexual es un factor de violencia intrafamiliar que precipita la vinculación de las niñas a los G.A.I.: "muchas de estas niñas quieren dejar sus familias y buscar otra opción que incluye alistarse en alguno de los grupos armados debido al abuso físico moral y sexual o falta de libertad, que es ejercido contra ellas en su hogar" (Páez, 2001, p. 26). Del total de los argumentos expuestos por las niñas para explicar su vinculación, el 18.3% se puede situar en esta categoría. De estos conflictos destacan los argumentos que muestran el significado de la vinculación como una forma de huir del maltrato:

    La aburrición mía en la casa, más que todo, fue por el comportamiento del papá en la casa. Él siempre le pegaba a mi mamá con el machete pero le daba plan en la espalda, cuando se enojaba... a nosotros siempre nos pegaba con una correa o más que todo como eso era una finca allá donde trabajábamos era con bestias, ganado, él siempre nos pegaba a veces con las manillas con que cogían las bestias, siempre buscaba era eso... El día que yo me fui para allá ese día mi papá me pegó y yo tenía rabia y estaba aburrida y arranqué para allá de una. Lucía (d. g.).

En algunos casos el significado del gesto de vincularse al grupo armado no se limita a un alejamiento de la situación de maltrato, sino que incluye un intento de "reposicionamiento en el vínculo", mediante el cual pretenden buscar una posición para influir eficazmente en la situación familiar:

    Yo convidé a mi hermanita y mi hermanita dijo que nos fuéramos para que hiciéramos respetar a mi mamá y nos fuimos. Ya yo me fui para la guerrilla y ella se quedó en las milicias a ver cómo se comportaba el padrastro con mi mamá. Marcela (d. g.).

Determinismos subjetivos

Esta categoría, que recoge elementos de comportamiento cultural que los menores reproducen como motivaciones internas, está integrada por las siguientes subcategorías: "enamoramiento", "amor filial", "duelo/venganza", "crisis de la adolescencia y necesidad de pertenencia", y "factores patológicos (traumas, complejos y deseos autodestructivos)".

Enamoramiento. Algunos investigadores establecen el enamoramiento como una influencia importante que motiva en las menores su vinculación a los G.A.I.: "porque se enamoraron de un combatiente" (Coalición, 2003, p..6); "otros factores de carácter psicosocial son el vínculo amoroso establecido con un guerrillero o un paramilitar" (INDH, 2003, p. 263). "Se ingresa al gremio de los actores de guerra por despecho, por un amor perdido o, al contrario, en aras de no desatender a la persona de sus afectos. En esa última situación pueden presentarse dos eventos: el enamoramiento calculado y/o forzado del individuo, y/o el alistamiento del compañero(a)" (Álvarez-Correa & Aguirre, 2002, p. 79).

El 10% de los argumentos de las menores que afirmaron haber tomado por sí mismas la decisión de vincularse, la asocian con un romance. Solo en dos de los casos la relación amorosa superaba las cuatro semanas de duración:

    Me enamoré de un guerrillero, conocí a un guerrillero que operaba en el área donde yo vivía, me enamoré de él. Él me dijo que nos fuéramos, yo no quería, me insistió como cinco meses hasta que me fui con él para el grupo, luego desertamos juntos. Sandra (d. g.).

Amor filial. Para algunos de los autores revisados, la vinculación a los grupos sería un medio para reunirse con un familiar significativo, especialmente si se trata de los padres (Álvarez-Correa & Aguirre, 2002, pp. 66-67; INDH, p. 263; HRW, pp. 67 - 68; Páez, 2001, p.20).

El 10% de los argumentos expuestos por las menores vinculadas voluntariamente, hicieron referencia a un vínculo filial con un integrante del grupo armado ilegal:

    El 10% de los argumentos expuestos por las menores vinculadas voluntariamente, hicieron referencia a un vínculo filial con un integrante del grupo armado ilegal: Él sí me quería mucho, que llamaba a mi abuelita cada rato para preguntarle cómo estaba yo (...) ella me hablaba muy bien de mi papá y yo ahí mismo que lo vi, yo si le cogí mucho amor a él y por eso fue que me fui con él para allá para el grupo. Ángela (d. g.).

Duelo, venganza. Dentro de los estados afectivos que inciden en la vinculación de niños y niñas a los G.A.I., algunos autores dedican un lugar especial al deseo de venganza. Debido a la intensidad y al carácter compulsivo que se le atribuye culturalmente a esta pasión, los investigadores le dan un tratamiento que está del lado de los determinismos que operan sobre la subjetividad y sobre los que el individuo aparentemente no tiene posibilidad de elegir: "un adolescente o un niño que ha visto matar a su familia o incendiar su casa, adquiere un deseo de venganza que desfoga a través de las armas. Los nietos de la violencia quieren vengar a sus muertos. El 8.33% de los encuestados se incorporó a las filas guerrilleras por esta razón" (Defensoría, 1996, p. 20); "Muchos niños y niñas se unen a los grupos armados porque quieren "defender" o vengar a sus familias frente a ataques del otro grupo" (Coalición, 2003, p. 6). "El resentimiento y el deseo de vengarse de atropellos causados por otros actores armados" (Hernández, 2001, p. 65).

En nuestra investigación, los argumentos expuestos por las niñas asociados a estados de duelo o deseos de venganza, equivalen al 5%.

    Quería matar a los paracos que habían matado al novio mío. O que me mataran ellos a mí. Yo me fui por venganza, porque hacía ocho días me habían matado a un primo. Adriana (d. g.).

"Crisis" de la adolescencia y necesidad de pertenencia. Las peculiaridades del desarrollo en la adolescencia son tomadas como referencia en alguno de los estudios consultados. En una publicación de la Defensoría del Pueblo, se afirma que "la causa más frecuente (33.33%) entre los niños y niñas que por "voluntad propia" deciden ingresar a la guerrilla, resultó ser, precisamente, la necesidad de obtener un reconocimiento, un estatus" (Defensoría, 2006, p. 19). En otro estudio, encontramos un ejemplo claro de lo que llamamos trastornos propios de la etapa: "La edad promedio en la cual estos jóvenes ingresan a los grupos armados, coincide con la crisis de la adolescencia y de rebeldía característica de esta etapa de la vida. Las demás circunstancias que vienen planteándose, pueden agudizarla fortaleciendo su ánimo de libertad y de escape" (Álvarez- Correa & Aguirre, 2002. p. 62).

Ninguno de los argumentos de las niñas hace referencia a algo parecido a una crisis subjetiva. En algunos relatos aparecían argumentos vinculados a la necesidad de pertenencia, pero mucho más cercanos al carácter lúdico.

Factores patológicos y deseos autodestructivos. La psicopatología individual, especialmente si tiene un correlato orgánico, podría explicar cualquier comportamiento anómalo y por tanto no tendría sentido que fuera incluida como factor explicativo. Cuando tomamos en cuenta esta categoría dentro del bloque de determinismos subjetivos, lo hacemos para recoger dos grandes explicaciones vinculadas al ámbito clínico, pero que no suponen deterioro psicopatológico previo sino, más bien, respuesta posible a una circunstancia compleja. El primer grupo de explicaciones, entraría en el postulado contemporáneo del trauma y del estrés postraumático (Moreno, 2004). Bello y Ruiz, consideran este factor como suficiente para explicar algunas vinculaciones de menores a los G.A.I.: "No es extraño ver en las filas de los distintos grupos armados en conflicto, a jóvenes que desde edades muy tempranas se ven abocados a experiencias traumáticas y modos de vida que determinan su desarrollo biopsicosocial" (2002, p. 22). El segundo grupo de explicaciones estaría en el ámbito de la interpretación psicoanalítica. Algunos autores sugieren que la vinculación de los niños a los G.A.I. puede ser la ocasión para satisfacer deseos reprimidos ligados al Complejo de Edipo, como señala Miller: "Toda ideología ofrece la posibilidad de descargar colectivamente los sentimientos reprimidos conservando a su vez el objeto primario idealizado, que transfiere a nuevas figuras autoritarias o al grupo entero como sustituto de la simbiosis -ya perdida- con la propia madre" (citado por Álvarez-Correa, Arias, Moreno, León & Cock, 1999, p. 54).

El 3.3% de los argumentos de las niñas podrían incluirse en este bloque de explicaciones con un componente de deseos autodestructivos:

    Cuando él murió me daban ganas de morirme pero no era capaz de matarme, sí me daban ganas pero no era capaz, yo decía que me iba a envenenar y al momento decía que no, que mejor me iba para la guerrilla, que me mataran allá. Adriana (d. g.).

Argumentos no deterministas

Recogemos bajo este epígrafe los elementos motivacionales más cercanos a la posibilidad de tomar decisiones de forma autónoma, con independencia de que se expusieran con argumentos sólidos o como expresión de deseos particulares. Esta categoría está integrada por las siguientes subcategorías: "razones ideológicas", "deseo de poder", "deseos criminales", y "aspiraciones lúdicas".

Razones ideológicas. Si las razones esgrimidas por los G.A.I. son de naturaleza política, sustentadas en opciones ideológicas, parecería lógico suponer que los menores tomaran como argumentos de referencia para su vinculación los objetivos explícitos de los grupos guerrilleros y paramilitares, sus propuestas ideológicas. Algunos estudiosos del fenómeno de los niños soldado plantean que, efectivamente, es posible que, a temprana edad, un niño pueda tener cierta conciencia de la causa por la que luchan sus mayores y pueda vincularse, voluntariamente, a un grupo armado para defender dicha causa, como sostiene el Informe Machel (1996). Sin embargo, no parece que sea el caso en la Colombia de principio de siglo. Sólo se toma el argumento ideológico como criterio de relevancia en las investigaciones, que aluden a la filiación infantil, que se daba veinte o treinta años atrás. En un estudio que analiza la experiencia de un grupo de mujeres excombatientes de varios grupos guerrilleros colombianos, militantes en las décadas del setenta y del ochenta (algunas de las cuales iniciaron su militancia siendo menores de edad), permite contrastar, entre el alto componente ideológico y simbólico de los movimientos guerrilleros en esa época, aún en los guerrilleros de base, y el de los menores: "Incluso para aquellas mujeres que expresaron haberse sentido más atraídas por lo militar que por lo político, o para aquellas que tuvieron una formación política menor, su experiencia en la participación en los grupos insurgentes tuvo un sentido político: la transformación de las condiciones sociales de injusticia e inequidad" (Londoño & Nieto, 2006, p. 55).

En la actualidad, el elemento ideológico es prácticamente inexistente en las explicaciones que ofrecen las niñas sobre las razones de su vinculación a los grupos armados. De los 60 argumentos expuestos para explicar la vinculación, sólo un testimonio de los seis que sostuvo esta niña, podría ubicarse en esta categoría.

    Me gusta ser guerrillera, porque estoy defendiendo al pueblo, o sea, defendiendo al pueblo es como decir que le llevo la contraria al paramilitarismo, entonces como yo no gusto del "para" por eso me gusta ser guerrillera. Silvia (d. g.).

En los relatos de las menores que fueron sujetos de nuestra investigación, es notoria la apatía radical hacia lo político, la falta de formación ideológica y, en general, la ausencia de elementos simbólicos referidos a la "causa" y a los ideales del grupo. Cuando se les preguntó por la instrucción política que recibían en los grupos, la respuesta característica fue:

    Esas reuniones me aburrían, porque la política es muy cansona. Y yo me sentaba allá con una muchacha y yo era: "¡qué pereza esto!", un día me escucharon a mí hablando ahí y ahí mismo me sacaron al frente que para que dijera y yo: "no, es que yo no sé, sanciónenme, pero es que yo no sé eso, no sé, a mí no me gusta" y me sancionaron cargando leña, 30 días de leña. Ya cuando iban a la política que era cada mes, ya me ponían a ranchar a mí. Yo prefería que me sancionaran que ir allá, eso es muy cansón y ya. Qué va a explicar uno sin entender nada, que va a explicar uno, y yo no, ya... ya sabía que cuando había eso, la sanción era rancha. Marcela (d. g.).

Deseo de poder. El deseo de poder se articula con la ambición: "el gusto por las armas y el uniforme como dos elementos de poder dentro de los imaginarios populares, son también argumentos de peso para un joven que pretende alzarse por encima de las pretensiones de su medio social" (Álvarez-Correa & Aguirre, 2002, p. 62). En otras investigaciones, aparece el deseo de poder vinculado al deseo de status ante los pares: "las armas, los potentes vehículos y la radio son símbolos de poder. Muchos de los niños y niñas consideran que las armas eran bacanas y hablaban de las características de diferentes armas con la misma familiaridad que otros niños se dedican a la música o al fútbol" (HRW, 2003, p. 31). Otros autores, en esta misma vía, hacen referencia al disfrute que se deriva de las posiciones de mando: "está la seducción del poder que da el arma, el mando, la guerra en general. Alcanzar ese poder se vuelve una meta personal" (Ruiz, 2002, p. 25).

En ninguno de los relatos de las niñas hubo significaciones ligadas al deseo de poder como elementos involucrados en el proceso de elaborar la decisión de vincularse.

"Deseos criminales". Elegimos la expresión "deseos criminales" para nombrar esta categoría y no un término técnico extraído de un manual de Psiquiatría. En esta subcategoría no se incluirán las referencias a hipótesis clínicas referidas a patologías, sino los argumentos de algunos autores que intentan dar una explicación de la vinculación de los niños a los G.A.I. apelando a la hipótesis de una decisión subjetiva relacionada con la realización de fantasías y deseos destructivos: "deciden tomar la ruta del acto franqueando la fantasía ligada a actos violentos y a la destrucción, lo cual implica realizar elecciones por la vía que contiene la lucha cuerpo a cuerpo con el otro, arma a arma, muerte a muerte" (Díaz, 2002, p. 73).

Ninguna de las niñas mencionó un deseo de esta índole. Las fantasías relatadas por las niñas sobre sus expectativas antes de vincularse al grupo, no hacen referencia a experiencias excitantes de combates y "adrenalina", como dicen los adolescentes. Tienen más bien el carácter de la excursión "estar caminando de un lugar a otro", "que era sólo andar, recochar, pasar bueno", "conocer pueblos, por ejemplo veredas, lejos, lejos".

Aspiraciones lúdicas: aventura, diversión y placer estético. La expresión "aspiraciones lúdicas" que hemos elegido para esta categoría, subraya que se trata de apetencias que las niñas asumen conscientemente como propias y con una significación importante para "sí mismas"; es decir, no son mostradas por ellas en la forma de condicionamientos externos o de fuerzas internas que las gobiernan, como pudimos apreciar con otros argumentos en categorías anteriores.

En un estudio se afirma que, "algunos menores dicen haber ingresado por el ideal que representan los grupos ilegales y por la vida en el campamento, que la asimilan a la aventura y a la camaradería" (González, 2004, p. 14). Autores como Álvarez-Correa y Aguirre, al respecto dicen que "el gusto por la aventura conforma otra de estas variables, siempre presente en el mundo púber, facilitadoras de escape, de evasión ante la realidad que repudian" (2002,.p..79). Por su parte, Páez dice: "muchas de las niñas expresan igualmente que el irse a la guerrilla les libera de la carga de la casa y como una solución al aburrimiento" (2001,.p. 26). Varias investigaciones registran factores de esta clase, que sitúan a los niños y a las niñas que se vinculan a los grupos armados como agentes activos con deseo de aventura, vocación lúdica y otras aspiraciones similares, ligadas a su vinculación a los G.A.I. Algunos investigadores señalan la contradicción entre sus explicaciones, que remiten fundamentalmente a determinismos objetivos, y las respuestas de los menores referidas a la atracción por las armas y los uniformes (Álvarez-Correa & Aguirre, 2002; Coalición, 2005; Defensoría, 2006).

El mayor contraste entre el punto de vista de los investigadores y las niñas, se encuentra en esta categoría, por la cantidad de referencias que unos y otros hacen a este factor. En las niñas, estos argumentos representan el 45% del total. En las investigaciones revisadas su presencia es escasa. Pero la diferencia fundamental está en el aspecto cualitativo, y en la importancia que le confieren unos y otros a este factor en la explicación del fenómeno.

Dentro de esta categoría de aspiraciones personales de carácter lúdico, diferenciamos tres subtipos que denominamos "aventura", "diversión" y "estética".

Los argumentos relativos a la "aventura", enfatizan el deseo de conocer, por ejemplo, nuevos lugares y personas. Los que aluden a la "diversión", están referidos, sobre todo, a la atracción que ejercen las armas en algunas niñas, como juguetes exóticos, a las actividades del grupo armado como formas de "jugar a algo" y las fiestas como eventos de interacción y coqueteo. Al referirnos a la perspectiva "estética", el uniforme y el material de intendencia, es tomado como un atuendo llamativo que atrae y se distingue de la vestimenta habitual de las niñas. Una niña excombatiente, refiriéndose a la primera vez que visitó un campamento guerrillero, dijo:

    Ese montón de niñas todas bonitas y todas militarosas.

Las explicaciones que privilegian la dimensión de la aventura, representan el 23% del total de las aportadas por las niñas; es decir, aproximadamente la mitad de los argumentos que clasificamos en "aspiraciones lúdicas":

    Yo decía que cómo sería de bueno andar con ese fusil terciado y con todos esos muchachos. Sandra (d. g.).

Como puede observarse en esta frase, el acento está puesto en el deseo de conocer e interactuar con otros chicos y el fusil aparece como algo que se lleva, no como arma que se dispara. En otros testimonios, se destaca la curiosidad como un apetito por conocer algo nuevo:

    Me fui porque tenía ganas de conocer pueblos, por ejemplo veredas, lejos, lejos... eso pensaba yo; en cambio a mí casi no me sacaban y con las ganas de conocer... Isabel (d. g.).

Los argumentos relacionados con las motivaciones lúdicas de "diversión", representan el 13.3% del total. Aquí la vinculación se explica desde la perspectiva de jugar a prestar guardia, a tener un arma y manejarla, y finalmente, a ser combatiente:

    Porque me gustaban las armas y yo cuando los veía pasar a veces entonces yo decía: "ay, qué rico yo estar allá con un arma de esas" y entonces a lo último me fui. Juliana (d. g.).

En otros argumentos, la diversión aparece cifrada en la imagen de la fiesta, el baile, la interacción y el coqueteo:

    Yo veía que eso era como muy bueno allá, porque cuando ellos llegaban a un pueblo era como tan fácil y había muchas cosas buenas, también uno como que pasaba muy bueno, hacían fiesta cada rato. Verónica (d. g.).

Los argumentos relacionados con las motivaciones lúdicas que privilegian la dimensión "estética", representan un 8.4% de los 60 argumentos aportados por las niñas:

    Yo decía: eso tan bueno que es, esa gente es muy bonita, muy camuflado, muy bonitos, y esas armas las veía muy bonitas. Y yo decía yo me voy para la guerrilla, eso allá debe ser muy bueno y así, se me quedó ese tema en la cabeza, se me quedó ese tema en la cabeza y hasta lo último que me fui para allá para el grupo. Tatiana (d. g.).

Otras explicaciones no deterministas. Cuatro de los argumentos de las menores para explicar las razones de su vinculación, no admitieron su inclusión entre las explicaciones anteriores, pues se trataba de elementos ambiguos o contradictorios, aunque todos muestran algún tipo de autodeterminación.

Si atendemos a la frecuencia de aparición de los argumentos aportados por las niñas, dentro del esquema interpretativo extraído en la primera parte de la investigación, vemos que los elementos no deterministas son los que prevalecen frente a la ausencia de algunas de las explicaciones basadas en determinismos objetivos (Tabla 1).

Discusión

Los resultados confirman la hipótesis de partida sobre la existencia de diferencias relevantes entre las conclusiones de los investigadores y los testimonios infantiles a la hora de explicar las razones de la vinculación de los menores a los G.A.I. en Colombia.

En algunos de los factores estudiados, es previsible que se den varias explicaciones a un mismo hecho por la forma de aproximación al fenómeno de la guerra, por parte de los investigadores y de las niñas. Mientras que los primeros intentan, en aras de un conocimiento general y auxiliados por teorías explicativas, aunar informaciones que den cuenta de tendencias comunes, las niñas bucean en sus datos autobiográficos, en sus sensaciones particulares y en los recuerdos de lo ocurrido fundamentalmente en el contexto de su aldea. La relevancia otorgada por las 12 investigaciones al fenómeno de la pobreza y los condicionantes que conlleva (estudios, oportunidades laborales, etc.), frente a la ausencia total de argumentaciones infantiles que mencionen, siquiera de pasada, el factor económico, es el mejor ejemplo de cómo el rol del observador de la realidad, determina su descripción de la misma. Una variación de la primera premisa fundamental del interaccionismo simbólico, es: "El ser humano orienta sus actos hacia las cosas en función de lo que éstas significan para él" (Blumer, (1982, p. 2). Stryker nos ubica de manera puntual en este terreno: "Debe abordarse la investigación sin prejuicios, de forma que se puedan asimilar los métodos que la gente utiliza para poner orden en sus propios universos fenomenológicos" (1983, p. 32).

En una línea similar podríamos interpretar el énfasis puesto por algunos investigadores en los procesos de institucionalización de la violencia como elemento explicativo que para las niñas pasa, sin embargo, inadvertido. Tenemos aquí un claro ejemplo epistémico, pues la naturaleza de nuestras creaciones intelectuales se teje de materiales que tomamos como ciertos per se. No es posible darnos cuenta de que los límites de las explicaciones de nuestra conducta están marcados por la materia prima de la que nos valemos para dar esas descripciones: los contenidos de la socialización primaria. Julián Marías describía estos materiales como "creencias", que "no las tenemos, sino que nos tienen o sostienen, se está en ellas, no son contenido de nuestra vida, sino que más bien son continentes" (1955, p.151). En las Ciencias Sociales, se ha asentado la denominación más operativa de "valores" para dar cuenta de este fenómeno utilizado para explicar la naturaleza de la conflictividad humana (MacNeil, 1975; Moreno, 1991; Ross, 1995).

Si aceptamos que gran parte de las diferencias entre las conclusiones de los 12 estudios y el testimonio de las niñas, se debe a la mayor tendencia a la generalización en los investigadores, podría resultar paradójico que ambas partes coincidan en la casi nula influencia del factor ideológico como explicación del enrolamiento infantil. La apatía que manifiestan las menores hacia lo político y lo ideológico se verifica en la mayoría de los excombatientes adultos desmovilizados (Patiño, 2004), por lo que no se puede atribuir a la maleabilidad del pensamiento infantil. Se trata de un fenómeno relativamente nuevo. A finales de los años 80, el elemento ideológico primaba en las explicaciones infantiles y en las interpretaciones aportadas por los expertos que abordaban la realidad latinoamericana (Martín, 1990). Algo similar sucedía entre los dirigentes de grupos insurgentes centroamericanos cuando se les preguntaba por los motivos que defendían los niños que se incorporaban a sus filas. La respuesta que daban era: "La razón es muy sencilla, porque 'eso', es lo que ellos quieren hacer. Los niños quieren que acabe la guerra y quieren que cuanto antes los soldados desaparezcan de su vida". (Moreno, 1991, p. 26). Es posible que la explicación común de esta ausencia tenga que ver más con las transformaciones sufridas por el fenómeno bélico en el siglo XX, en lo que los teóricos llaman "Nuevas guerras" o "Guerras postmodernas" (Kaldor, 2001; Machel, 1996; Pardo, 2004).

El punto de mayor acercamiento entre la visión de los investigadores y las niñas, se da en la importancia atribuida al papel que desempeñan las relaciones interpersonales cercanas. Tanto en lo referido a la violencia intrafamiliar como a la importancia del amor romántico o filial. Si sumamos el peso atribuido por las niñas a estos factores, obtenemos la interesante franja de un 38% de argumentos, complementarios entre sí, que tienen la marca de lo afectivo y en la que se encuentran los puntos de vista de las niñas con los de los investigadores. Esto sucede, probablemente, por ser variables explicativas intermedias entre la subjetividad de lo íntimo y la generalidad de los factores estructurales. Cuando los investigadores interpretan los factores vinculados más a deseos o emociones, como la venganza, la distancia con la visión de las niñas vuelve a agrandarse.

La escasa presencia de argumentos relativos a factores patológicos y deseos autodestructivos, y las escasas referencias a este factor en las investigaciones revisadas, puede ser otro punto de encuentro entre el punto de vista de las niñas y los investigadores.

En la valoración de la incidencia del duelo y la venganza en el proceso de vinculación, es claro el alejamiento de los puntos de vista de niñas e investigadores. Encontramos que el énfasis y el carácter de causa eficiente que le atribuyen algunos investigadores, contrasta con la baja presencia de argumentos de esta clase en las niñas.

Entre los argumentos que denominamos "no deterministas", encontramos mayores diferencias. Mientras que las niñas apenas manifiestan el deseo de poder o aumento de control, ésta es quizá la única aspiración a la que los investigadores le atribuyen un peso específico importante. Esto puede deberse, en parte, a que la mayoría de las investigaciones revisadas se refieren al fenómeno de niños y niñas sin hacer diferencias, lo cual produce una alteración en este punto particular. Los niños son mayoría en los G.A.I. y en ellos el deseo de poder se expresa con mayor claridad. Una diferencia constatada también en otras investigaciones empíricas sobre la legitimación de la violencia en la infancia, que tienen en cuenta las diferencias de género en sus análisis e interpretaciones (Ayllón, 2009; Fernández, 2009, y Moreno, 1991).

La distancia más relevante entre los investigadores y las niñas, se encuentra en el peso que ambos le atribuyen al elemento lúdico en la decisión de vincularse a los grupos armados. En las menores, es la subcategoría que tiene mayor peso, con un 45% del total de los argumentos, mientras que en las investigaciones aparece como una constatación marginal, que los investigadores suelen interpretar como una contradicción entre lo que dicen los niños en los cuestionarios y lo que arrojan sus análisis objetivos del fenómeno. En este fenómeno se constata claramente la tendencia de los actores sociales a verse a sí mismos como agentes activos, protagonistas de sus decisiones, frente a una mayor tendencia de los investigadores a observarlos como objetos de determinismos.

Sobre el carácter lúdico de las aspiraciones, no hay que olvidar que estamos hablando de niños y adolescentes y que, por tanto, el juego tiene para ellos un carácter profundamente serio. La asociación del juego con lo banal es propia del mundo adulto. Para el niño, el juego es, de acuerdo con Mead, el principio de su proceso de construcción de identidad, desde los primeros juegos de rol en la infancia más temprana, y su posterior participación en juegos organizados. Más aún, el juego, en un sentido más riguroso de la palabra sigue siendo, a lo largo de la vida, el principio de la interacción social. Por ello Munné, propone que la concepción del ser humano que está en el trasfondo del Interaccionismo simbólico, es lo que él llama un "homo ludens en el sentido de actor que representa un personaje a través de acciones dotadas de significación social" (1989, p. 260).

La constatación de que estas niñas no poseían características objetivas que las diferenciara de sus hermanas, vecinas y compañeras de estudio que no se vincularon, sugiere cambiar la pregunta: ¿por qué se vinculan?, por otra más afín al interaccionismo simbólico: ¿cómo se vinculan? Podemos encontrar un principio de explicación a esta pregunta en las respuestas de las niñas: se vinculan jugando. ¿Jugando a qué? A ser adultas que abandonan el solar de la infancia y salen a la aventura por los caminos del mundo; a ser combatientes y a dejar de ser niñas campesinas; a ser deseadas y a desear. Se vinculan "jugando a ser". Y como suele ocurrir con todos los seres humanos, jugando a ser, en ocasiones, llegan a ser.

Que las investigaciones sobre el fenómeno de los niños soldado en Colombia tiendan a dar una explicación fundamentalmente determinista, con un acento especial en los determinismos objetivos, forma parte de la lógica de la investigación científica y es probablemente lo más apropiado para la visibilización del fenómeno y su denuncia, así como para la movilización de recursos para los programas de intervención.

La visión de las niñas que se vinculan a los G.A.I. no es determinista, pero tampoco está basada exclusivamente en explicaciones indeterministas. Podríamos decir que, en el sentido estricto del término, es interaccionista. Esto se puede evidenciar en la presencia de argumentos deterministas y no deterministas que interactúan en sus explicaciones del fenómeno. Pero lo que las hace interaccionistas, en el sentido fuerte del término, es la visión de sí mismas como agentes activas que interpretan la realidad en función de sus expectativas y, con base en esas interpretaciones, construyen planes de acción, errados o acertados.

Esta confluencia de explicaciones se podría aprovechar de forma más clara en los programas de prevención y en los de reinserción de niños soldado. Si en la planificación y puesta en marcha de estos programas se excluye la idea de la capacidad de agencia de estos actores sociales, tomando su situación como fruto de determinismos económicos o subjetivos, también se excluye la posibilidad de considerar su capacidad de comprometerse y de responsabilizarse de su propia reincorporación a la vida civil. Si, en aras de la objetividad derivada de las investigaciones, se privilegian factores de intervención que son irrelevantes a los ojos infantiles, la efectividad de los programas se verá afectada. Con independencia de que los juzguemos como más o menos relevantes en la decisión de vincularse a la actividad armada, no deberíamos excluir los aspectos lúdicos de los programas que buscan evitar la vinculación infantil a la guerra ni de otros que pretenden que no vuelvan a ella.


1 La notación "d. g" quiere decir desvinculada de un grupo guerrillero, y "d. p" desvinculada de un grupo paramilitar. Los nombres de las niñas y otros datos como nombres de poblaciones y lugares, frentes a los que pertenecieron y nombres de otros compañeros que ellas mencionan en los relatos, fueron cambiados para proteger su identidad. Volver


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