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Escritos

Print version ISSN 0120-1263

Escritos - Fac. Filos. Let. Univ. Pontif. Bolivar. vol.20 no.45 Bogotá July/Dec. 2012

 

EDITORIAL

El giro teológico y el poshumanismo

Para definir un nuevo horizonte del pensar originario, para establecer posibles salidas a la tan enunciada crisis de lo humano y la cultura, es necesario convocar la tarea de repensar las viejas cuestiones metafísicas en una nueva forma. En la actualidad se asiste a una tarea de reflexión tanto en la filosofía como en las humanidades, que convoca una nueva manera de entender el pensar sin los vestigios de la racionalidad instrumental. Es al emprender esta tarea renovadora del sentido humano que el llamado giro teológico de la fenomenología aporta la relación mística-pensamiento, pensar-acontecer, y restablece la dimensión originaria de lo dado. Dominique Janicaud considera que la fenomenología francesa contemporánea ha hecho un giro teológico al introducir al Dios judeocristiano en la fenomenología; pero realmente se ha dado un giro hacia la razón mística redescubriendo el neoplatonismo de Dionisio Areopagita, la interioridad de San Agustín y el pensamiento del último Heidegger.

Este giro no pretende una renovación conceptual; más bien reivindica el pensar originario, actualizado hoy por la fenomenología francesa, como una pretensión vinculante y articuladora que rechaza la fragmentación a la que ha sido sometida la realidad humana con el exceso de racionalidad instrumental. Plantear una interpretación del sentido humano, un humanismo desprovisto de conceptos, es una línea temática que puede ser interpretada en la revaloración del quehacer filosófico que propone Jean-Luc Marion, y también en su manera de entender el fenómeno desde la saturación, el erotismo, la donación. La ceguera erótica de la metafísica denuncia una metafísica radicalmente epistémica y conceptual como muestra de la premisa cartesiana: "pensar para existir". Para aliviar dicha ceguera habría que sustituir unas meditaciones metafísicas por unas meditaciones eróticas. Aquí se gesta lo que puede llamarse un poshumanismo del amor, la necesidad de concebir la realidad humana y todo lo que adquiere sentido a su alrededor (Dios, mundo y la otredad) por el amor. En esta perspectiva, la nueva tarea del quehacer filosófico es la actitud constituyente del pensar originario. El poshumanismo del amor es un humanismo de la otredad abierta (al otro yo, a la contemplación de la trascendencia y del entorno). Cualquier remoción ontológica que se desprenda de ello debe captar la renovación, debe procurar un abandono de ese idealismo metafísico que cautivó -reduciéndolo radicalmente- el sentido de humanidad.

Este momento histórico, de crisis y catástrofe humana, paradójicamente se presenta, pues, como una oportunidad para remover el idealismo del concepto y promover una ética-estética del acontecer del otro. ¿Por qué pensar que la fenomenología es un camino para el descubrimiento del papel que debe desarrollar hoy la filosofía? La importancia de la fenomenología no estriba tanto en un canon doctrinal ni en algo así como una ideología, sino en el método que aporta: en la oportunidad renovadora que desde sus inicios -con Husserl- propicia para repensar la filosofía como tarea infinita de la verdad.

Luis Alberto Castrillón López
Director