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Escritos

Print version ISSN 0120-1263

Escritos - Fac. Filos. Let. Univ. Pontif. Bolivar. vol.23 no.51 Bogotá July/Dec. 2015

 

LUIS MARTÍNEZ ANDRADE, JOSÉ MANUEL MENESES ET AL., ESPERANZA Y UTOPÍA. ERNST BLOCH DESDE AMÉRICA LATINA, ZACATECAS, TABERNA LIBRARIA EDITORES, 2012, 143P.

Aníbal Pineda Canabal1


La ampulosidad que caracteriza los nombres de los trabajos filosóficos de nuestra época está ausente en el libro Esperanza y Utopía. Ernst Bloch desde América Latina; acertado título que recoge seis artículos de estudiosos de la obra del filósofo de Ludwigshafen. Título además programático que nos introduce convenientemente a lo que pretenden sus páginas: una visita al pensamiento del autor del Principio Esperanza desde la óptica latinoamericana.

Se abre el libro con un prólogo de Michael Löwy, gran conocedor de la filosofía del último judaísmo alemán, a la que ha dedicado varios libros. El profesor francés, además de narrar la forma en que conoció al viejo Bloch en Tubinga (historia que recicla en varios de sus textos), ve en la obra de este pensador un intento de explorar filosóficamente el territorio ignoto del futuro. Sin embargo, contra una futurología ilustrada que intentaba predecir el curso de los acontecimientos históricos como un progreso constante hacia el bien y la felicidad, de un lado, y contra la ciencia ficción que se imagina estados ora ideales ora catastróficos (distópicos) por venir, por otro, Bloch viaja al pasado para descubrir, en la historia de la humanidad, los signos de las nobles esperanzas de una vida mejor. Descubrir el futuro en el pasado a través de las "promesas no cumplidas"2, es el gran mérito de su obra, según Löwy.

Sin embargo, esta elección metodológica blochiana no es gratuita. Se trata de descubrir en el pasado la fuente de la praxis revolucionaria, al tiempo en que se denuncia la barbarie del mundo industrial y capitalista. Lo sorprendente de este viaje es que el marxista ateo convencido que es Bloch, ve en la religión la "utopía por excelencia"3. No en vano, varios artículos del libro, intentan abordar sus ideas desde la perspectiva de los cristianos sudamericanos o desde su recepción en la teología de la liberación.

En este sentido, el uruguayo Fernando Aínsa en El principio esperanza desde América Latina, primer texto del libro, ofrece una breve historia de la recepción de la obra de Bloch en la América hispano-portuguesa para concluir diciendo que también la historia de nuestros países puede ser leída en términos de sueños nunca realizados. En consonancia con lo expresado por Michael Löwy, Aínsa ve en el trabajo sobre la utopía, no una construcción teórica que postula un modelo de futuro ideal donde todos son felices, sino la descripción histórica y ontológica de la utopía como función, esto es, como tensión que se convierte en búsqueda traducida en movimiento transformador. Teniendo como punto de partida la idea de utopía geográfica de la que se ocupa Bloch en su obra, Aínsa parece complacerse en mostrar a América como "la depositaria de la esperanza de Europa"4. Echando mano de Ortega, de Hegel y de ejemplos de la literatura española, pretende así mostrar al continente como la tierra del futuro, donde lo bueno que había fracasado en Europa iba a poder tener una segunda oportunidad. Pero su visión eurocéntrica parece que a veces, amén de descuidar gravemente a nuestro juicio, la utopía propiamente latinoamericana - que se ha propuesto estudiar, tal como lo sugiere el título mismo de su ensayo -, vuelve también sobre el problemático concepto de "utopía realizada". Este debate, que apenas menciona sin tomar parte explícitamente, hunde sus raíces sobre todo en la realización de grandes proyectos arquitectónicos modernos que habían sido objeto de sueños literarios equiparables en su momento con la pura ciencia ficción (pensamos, por ejemplo, en Les cinq cents millions de la Begum, la famosa obra de Julio Verne) y luego se convirtieron en grandes proyectos urbanísticos o aun en proyectos sociales que intentaron ponerse en práctica en las misiones jesuíticas del Paraguay, por ejemplo, como bien lo recuerda el autor. Difícil nos parece atribuir tal oxímoron (utopía realizada) al pensamiento de Bloch sobre la función utópica pues "la utopía no es un estado duradero"5. Una utopía realizada, en efecto, ¿no deja acaso de ser utopía para perder su estatuto de sueño y pasar a ser proyecto programable? ¿No tiene acaso la utopía un excedente jamás alcanzado, pero que en tanto remanente es condición de su existencia posible? ¿No es contra una tal ilusión que Bloch afirma que la función utópica debe oponerse a la estática del ideal como perfección ya conclusa y alcanzada6? En Huellas se puede leer:

Obtuvimos lo que queríamos y nos vamos a la calle. Entonces se ve a qué se parece el interior de un hombre feliz: tiene mucho y al mismo tiempo se ha dentro despojado de un pedazo de sí mismo. El sueño de hace un rato, en el que se veía la felicidad al alcance de la mano se le ha vuelto extraño. Ahora que tiene la recompensa enfrente le parece que no está del todo enfrente sino que se esconde en el humo de lo que ha vivido y muy pronto también en el agua de la costumbre, en que se nada7.

Y también: "la coincidencia total es rara, probablemente no ha existido nunca. En el sueño de algo, y antes de que el corazón se complazca, ese algo era mejor, o lo parecía menos"8, añade Bloch en El principio esperanza. Que toda realización es "éxito a medias" („es gelingt nur halb"9) y por eso mismo aporética es el gran olvido de Aínsa.

Hablando de excesos - de "utopización excesiva" -termina el uruguayo su texto (p. 38ss). Con Bloch, pretende advertirnos de los peligros del nacionalismo huero y del optimismo ingenuo. Aunque no consideremos del todo feliz la expresión "utopización excesiva", nos resulta de gran valor su análisis del efecto inmovilista que puede provocar una lectura institucionalizada e instrumentalista del pasado convertida a la postre en presión moral que impide el florecimiento de cualquier otra visión alternativa del mundo.

Unas páginas más adelante, el artículo de Fréderick Lemarchand, Lecturas de Ernst Bloch, Hans Jonas y Walter Benjamin. Diálogo sobre la responsabilidad, la heurística del miedo y la vulnerabilidad, regresa por su parte al actual debate en torno a la filosofía judía alemana, retomando tres de sus más representativos autores. Aun volviendo a la manida oposición entre principio esperanza y principio responsabilidad, que alude al fructuoso diálogo entre Bloch y Jonas, Lemarchand propone una salida a través de su relectura de las obras de Jean Chesneaux y Daniel Bensaïd. Así pues, los "sueños despiertos" (Tagträume) de Bloch se equipararían a las llamadas a la responsabilidad de Hans Jonas. Contra este último, que escribe su obra El principio responsabilidad con ánimo francamente contestatario, como una "ética anti-utópica" (Bensaïd), podría argüirse que su simpatía por la ideología ecologista del desarrollo sostenible revela ya una similitud con el pensamiento blochiano. Es solo que "no discierne ninguna modalidad concreta de gobierno que presupondría una élite dotada de lealtades secretas de las que pueda apropiarse"10. En otras palabras, más que una base ontológica, lo que separa a Jonas de Bloch es su desconfianza antimarxista.

Ahora bien, frente al optimismo blochiano, Jonas se alía con Walter Benjamin en una visión catastrófica de la historia. Con todo, esta inquietud, al decir de Daniel Bensaïd, citado aquí, "en vez de ser una manifestación conquistadora vanguardista, su vigilancia de centinela es una responsabilidad de retaguardia"11. Entre los dos, una relación con el tiempo es decisiva en el sentido en que Jonas quiere hacer posible primero la venida del futuro a partir de las condiciones dadas por el presente, mientras que Benjamin quiere hacer posible primero la venida del pasado olvidado del vencido al presente como condición del futuro.

Avanzando en el libro, nos encontramos con el artículo del profesor Wellington Teodoro da Silva. Aunque sea el más breve de todo el libro, Cristianos brasileños entre esperanzas: revolución y salvación no carece de interés. Al contrario, se trata de un apasionante viaje a través de los movimientos de izquierda católicos del continente sudamericano. Incomprendidos por la Vieja Europa; por los comunistas puestos bajo sospecha por creyentes, por los creyentes puestos bajo sospecha por comunistas, los católicos y protestantes del Brasil republicano, realizan un esfuerzo por vivir la fe a partir de una inserción en el mundo, mirado con la ayuda de las herramientas marxistas para el análisis social. Tales cristianos de izquierda a partir de sus movimientos de base primero y luego desde la gran sistematización de su visión del mundo y de la fe que supuso la teología de la liberación, se muestran en desacuerdo con el hecho de que el ideal doctrinario de la revolución sea visto como exclusiva propiedad del marxismo en la versión rusa de la época.

Para Da Silva, la constatación blochiana de la terrible falta de una reflexión filosófica sobre el impulso del hambre, desdeñada incluso por un Freud, pondrá a pensar a los teólogos de la liberación al tiempo que abre para Bloch una puerta de entrada a lo que será su recepción en Latinoamérica. El hambre no es para el creyente del Sur una posibilidad o un impulso, sino una condición existencial, "deseo resentido [sic] como necesidad imperiosa"12 y que legitima por ello una subversión drástica del orden establecido y del statu quo. Los cristianos de izquierda brasileños tienen el mérito de haber rescatado para el cristianismo la dimensión revolucionaria del espíritu de los orígenes y esto, decimos nosotros, mucho antes de que se hiciera filosóficamente a través de trabajos europeos bastante más posteriores tal como podemos leerlo en algunas obras de Alain Badiou, Slavoj Zizek, Jacob Taubes o Giorgio Agamben.

Luis Martínez Andrade, autor de Principio Esperanza, piedra angular del ecosocialismo y primer compilador de la obra, se entretiene largamente en una reflexión que teje los datos aportados por la sociología con una sincera lectura de la obra de Bloch. Esto en vistas a desarrollar su alegato a favor de la idea, que formulada por Michaël Löwy13, ha sido entre otros también sostenida por los trabajos de Arno Münster14: el ecosocialismo. Partiendo de un valiente rechazo de la idea de "capitalismo verde" y demostrando las contradicciones que la hacen imposible, el mejicano intentará, en consonancia con las ideas acerca del hambre presentes en el ensayo de Wellington Teodoro Da Silva, confrontar la reflexión de Bloch al proyecto ecosocialista. Asimismo, se lanza en la búsqueda de la recepción del pensamiento blochiano en las obras más representativas de la filosofía y la teología de la liberación y sobre todo a propósito de los trabajos de Enrique Dussel y Leonardo Boff.

Las bases sobre las que se asienta el capitalismo liberal, cuales son la libre competencia, el libre mercado, la economía cuyo principio es la ganancia, impiden la existencia de un capitalismo ecológico que no puede ser más que hipocresía. Frente a esto, Martínez opone la ecología social que representan la resistencia de las organizaciones populares y campesinas y cualquier reivindicador de sus derechos a la posesión de la tierra y a una nueva relación entre sociedad y naturaleza. En una actitud parecida a la que marca la primera filosofía de Bloch, influidos por una especie de "crítica romántica revolucionaria", los movimientos sociales latinoamericanos ponen en jaque al "progreso" entendido como matriz ideológica del capitalismo. En estos movimientos sociales, se ven signos de contestación parecidos que, espontáneos, se asemejan sin embargo a las conclusiones de la filosofía marxista.

Se enfrenta también Martínez Andrade a la idea de la deep ecology, que atribuye al cristianismo la depredación de la naturaleza. Pero incluso si moviliza una serie de referencias de Ernst Bloch mostrándolo como aquel que recupera para el marxismo el carácter transformador de la religión, no parece refutar del todo la crítica que la ecología profunda hiciera al núcleo de la fe cristiana y a su interés por la conquista de la tierra como dominio biológico del ser humano y como lugar de la difusión del mensaje evangélico que imperativamente debe alcanzar la creación entera.

Que en la medula de toda religión -y el judeocristianismo en primera línea -se halle un enorme material subversivo, no significa que toda religión se interese de suyo en el medio ambiente. Sin embargo, es el desentrañamiento del elemento revolucionario de la fe al filo de la reflexión de Ernst Bloch, lo que constituye uno de los grandes méritos del trabajo del sociólogo mejicano.

En la obra del teólogo Leonardo Boff, Martínez descubre los pilares de una nueva biocivilización que solo puede ser soñada desde abajo. El lugar de la esperanza es el oprimido, que espera al tiempo que lucha por su liberación. En el pobre, Martínez ve al portador de la "utopía mínima" que no es otra sino el acceso a lo básico necesario, la garantía universal de que a todos les son respetados sus derechos: poder comer, tener dónde vivir, etc. Esperanza es lo único que tiene el oprimido. Al carecer hasta de lo básico para su subsistencia, su esperanza se revela como un excedente, "el lado potente de la realidad"15 que está de sobra, pero nunca está de más.

Martínez ve en la obra teológica de Leonardo Boff un intento de profundizar en la mística que anima toda utopía como sueño de una vida mejor. Es esta mística la que asegura toda militancia contra la burocratización y el enfriamiento que traen consigo las estructuras. La esperanza, pues, "no es una virtud sino un motor, una energía fundamental del ser humano que lo impulsa a la protesta"16. De la renovación de esta reserva energética depende todo proceso revolucionario. Será esta la idea que nuestro autor revalorizará en el pensamiento de Enrique Dussel.

De Dussel rescata la reivindicación poderosa, en línea con El principio esperanza, de la necesidad de un proyecto alternativo a la razón moderna como pensamiento hegemónico de nefastas consecuencias. Se trata de un pensamiento "trans-moderno" que se ponga del lado de las víctimas como modo eficaz para evitar el naufragio de las esperanzas legítimas de tantos.

Finalmente, José Manuel Meneses Ramírez nos ofrece en una bella prosa su texto Ernst Bloch: la soberanía del sueño que se abre a su vez con esta potente frase: "América Latina ha soñado un sueño ajeno quinientos años"17. Más que en contradicción con la pretensión de Fernando Aínsa que pretende ver a "América como la depositaria de la esperanza de Europa", la fuerte sentencia de Meneses aparece más bien como el palimpsesto de esta. Pero el filósofo poblano, se plantea enseguida desentrañar la propuesta de Bloch en El principio esperanza como ejercicio ontológicopolítico. La tesis de la que parte es de la misma laya que la frase inicial: los sueños soñados despiertos no siempre son sueños de una vida mejor y por eso, son pasibles de crítica y de una seria confrontación con la ética.

Para el autor, las tesis de Francis Fukuyama, por ejemplo, y su tan sonado fin de la historia, ponen en peligro cualquier posibilidad de sueño, confiscan la utopía y la reducen a simples reformas de carácter estético al tiempo que ahogan cualquier impulso revolucionario.

Más allá de lo problemático de la respuesta, el supuesto en forma de pregunta de que parte Meneses, es por lo menos provocador y revelador. En efecto, el mejicano descubre en la reflexión de Bloch una especie de hueco, un "excedente ético" que no está justificado o no ha sido debidamente tratado.

Su punto de vista es claro: hay que pensar los sueños a partir de sus efectos políticos y desde ahí, le es fácil colegir que no existe una concatenación lógica necesaria entre lo ontológico del sueño y lo ético de sus consecuencias. "¡Hitler también soñó!"18 es el grito de Meneses.

Pero precisamente será a partir de esta ontología de la tensión entre el ser y el deber ser como Bloch hace añicos la idea burguesa de la historia como progreso. Su trabajo sobre la utopía nos pone en la senda de una visión no-eleática del ser, según una expresión de Ortega, a quien Meneses mismo cita.

No obstante, las dudas de nuestro autor mejicano acerca de la posibilidad de una utopía cuyo objetivo no consista en un sueño de vida mejor son en sí mismas infundadas, a no ser que, como él lo advierte, haya de estudiarse la utopía desde el punto de vista de sus efectos políticos. En Bloch la utopía, al ser concreta, no se confunde solo con lo que pueda imaginar alguien, no tiene que ver con novela política alguna, sino que hace parte del proceso mismo del mundo y de la materia con él. Aun así, la distinción blochiana retomada por Luis Martínez Andrade resulta reveladora. El fascismo o el nacionalsocialismo alemán, olvida Meneses, son para Bloch utopías abstractas, "abstracciones neutrales de la estética a-histórica"19 como también lo son las imágenes capitalistas que incitan al consumo irracional y depredador. La verdadera utopía es pues la utopía concreta, o sea, la que moviliza la emancipación social y no es producto únicamente del sueño particular de nadie. Análogamente, podríamos pensar con Marx: no es que el burgués no haya hecho una revolución, ni se haya agitado contra la injusticia sino que su celo consiste en el pesar de no ser él el explotador, sí en cambio el explotado20. Su revolución y por lo mismo su utopía son incompletas; más que sueños, no pasan de ser ensoñaciones.


Pie de página

1 Doctorando en filosofía FNRS - Universidad de Lovaina. Miembro del grupo de investigación Humanitas, UCO. Contacto: anibalpinedac71@gmail.com.
2 Michaël LÖWY, "Prólogo. Romanticismo revolucionario y religión en Ernst Bloch", en Luis MARTÍNEZ ANDRADE, José Manuel MENESES et al., Esperanza y utopía. Ernst Bloch desde América Latina, Zacatecas, Taberna Libraria editores, 2012, p. 15.
3 Ibíd., p. 16.
4 Fernando AÍNSA, "El principio esperanza desde América Latina", Esperanza y utopía..., p. 31
5 Ernst BLOCH, El principio esperanza, tomo 1, tr. es. por Felipe González Vicén, Madrid, Trotta, 2007, p. 366.
6 Ibíd., p. 212.
7 Ernst BLOCH, Gesamtausgabe Band 1. Spüren, Fráncfort, Suhrkamp, 1968, p. 97.
8 Op. Cit., p. 219.
9 Ernst BLOCH, Gesamtausgabe Band 4. Erbschaft dieser Zeit, Fráncfort, Suhrkamp, 1962, p. 25.
10 Frédérick LEMARCHAND, "Lecturas de Ernst Bloch, Hans Jonas y Walter Benjamin. Diálogo sobre la responsabilidad, la heurística del miedo y la vulnerabilidad", en Esperanza y utopía..., p. 50.
11 Ibíd., p. 53.
12 Wellington Teodoro DA SILVA, "Cristianos brasileños entre esperanzas: revolución y salvación", en Esperanza y utopía..., p. 66.
13 Michael LÖWY, Écologie et socialisme, París, Syllepse, 2005.
14 Arno MÜNSTER, Principe responsabilité ou principe espérance?, París, Le bord de l'eau, 2010.
15 Luis MARTÍNEZ ANDRADE, "Principio Esperanza, piedra angular del ecosocialismo", en Esperanza y utopía..., p. 111.
16 bíd., p. 112.
17 José Manuel MENESES RAMÍREZ, "Ernst Bloch: la soberanía del sueño", en Esperanza y utopía...,p. 121.
18 Ibíd., p. 132.
19 Luis MARTÍNEZ ANDRADE, "Principio Esperanza, piedra angular del ecosocialismo", en Esperanza y utopía..., p. 81.
20 Ernst BLOCH, El principio esperanza, tomo 1, tr. es. por Felipe González Vicén, Madrid, Trotta, 2007, p. 57.


Referencias

Bloch, E. (2007). El principio esperanza [1]. Tr. es. de Felipe González Vicén. Madrid: Trotta.         [ Links ]

____.(1968). Gesamtausgabe Band 1. Spüren. Fráncfort: Suhrkamp.         [ Links ]

____. (1962). Gesamtausgabe Band 4. Erbschaft dieser Zeit. Fráncfort: Suhrkamp.         [ Links ]

Löwy, M. (2005). Écologie et socialisme. París: Syllepse.         [ Links ]

Münster, A. (2010). Principe responsabilité ou principe espérance ? París: Le bord de l'eau.         [ Links ]

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