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Cuestiones Teológicas

versión impresa ISSN 0120-131X

Cuest. teol. vol.38 no.89 Bogotá ene./jul. 2011

 

LA BIO-ÉTICA Y LA REFLEXIÓN TEOLÓGICA ANTE LOS DESAFÍOS DE LA CIBER-ÉTICA

Bioethics and Theological Thinking Facing the Challenges of Cyberethics.

Guillermo León Zuleta S.*


* Doctor en Teología por la Universidad Pontificia Bolivariana. Docente Titular de la misma Universidad. Director del Instituto de Humanismo Cristiano de la Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín- Colombia. Miembro de la Comisión Teológica Internacional. Articulo elaborado para el Grupo de Investigación del proyecto de Humanismo Cristiano del área de Ética y Bioética del Instituto de Humanismo Cristiano.
Correo electrónico: guillermo.zuleta@upb.edu.co

Artículo recibido el 15 de noviembre de 2010 y aprobado para su publicación el 21 de abril de 2011.


Resumen

Está investigación aborda la función mediadora de la cultura en cuanto a su formación y al agotamiento cultural de la misma, para introducirnos en la mediación de la sociedad y desde allí enfocar la realidad de la ciudad digital como manifestación de un ambiente reencarnado; habiendo reencarnado a la ciudad digital se considera la religión como mediadora hacia la búsqueda de una auténtica receptividad y la presencia real de la ENCARNACIÓN para poder afirmar que "se trata de abrirse a los lugares donde la ciudad de Dios toma forma en medio de la nueva ciudad del ser humano que es internet".

Palabras clave: Bioética, Ciber-ética, Conectividad, Religión, Cultura y ciencia.


Abstract

After the introduction of the subject, the article deals with the mediating function of culture from its development till its exhaustion; then it takes the reader into the mediation of society and, hence, focusses on the reality of the digital city as an expression of a reincarnate environment. After having reincarnated the digital city, religion is considered as a mediator towards a search for an authentical receptivity and the real presence of INCARNATION. All this is intended to enable us to say "let us open up to all the places where the city of God is taking shape in the middle of a city for the human being, the new city called internet.

Key words: Bioethics, Cyberethics, Connectivity, Religion, Culture and Science.


INTRODUCCIÓN

Se ha vuelto común, en prácticamente todo el mundo, afirmar que quien enciende su ordenador, ejecuta un programa, visita un portal en internet, envía un correo electrónico y tal vez participa en un foro de chat, "está en la red". Con ello no quiere decirse que ha caído en una red, sino que entra en un espacio comunicativo, social y público.

Pero no se trata de un espacio real; si intentamos describirlo desde fuera hemos de utilizar conceptos técnicos procedentes de los medios de comunicación, pues no puede hablarse de metros cúbicos o de las proporciones de un inmueble. En sí misma, la palabra "ciberespacio" es una metáfora.

Pero quien "se conecta a la red" y se comunica con otros mediante internet tiene, sin embargo, una experiencia singular del espacio. Y si esta experiencia es la única posibilidad de hablar sobre la realidad, y contiene ideas espaciales y físicas, entonces no resulta absurdo que hablemos de internet como de un espacio.

La combinación con el término "ciber" indica entonces la diferencia con aquellos espacios cuyo sustrato real es siempre tridimensional. Describe su cualidad ficticia y u-tópica, que, sin embargo, no es experimentable del otro lado.

Una primera tesis que podríamos atrevernos a postular sería que todo el que opera en este espacio y se expone a una experiencia espacial de esta índole no se mueve en una zona libre de toda referencia ética. Moverse en el ciberespacio implica, por consiguiente, tomar decisiones que tienen relevancia ética.

A quien esta tesis inicial le parezca evidente e incuestionable, entonces hará extensivos y aplicará los planteamientos éticos tradicionales a estas nuevas experiencias y posibilidades de actuación, generadas por el avance técnico.

Pero esta evidencia presupone que internet se entiende suficientemente como un medio de comunicación humano donde puede distinguirse con claridad la acción ética de los sujetos y los destinatarios, y donde puede utilizarse directamente la dignidad humana y el bien común como criterios para juzgar determinados hechos que ocurren en el ciberespacio.

Este supuesto es cuestionado al menos desde aquellas posiciones que hablan de la propia dinámica de estas tecnologías tan sofisticadas y que distinguen fundamentalmente la experiencia ciberespacial de la que se vive realmente, hasta el punto de que en ella se hacen necesarias nuevas identidades transhumanas y al mismo tiempo transmorales para hacer funcionar esta tecnología, que tienen su propia dinámica.

Y cuando estos supuestos o implicaciones de una tesis ya no son espontáneos, entonces dejan de ser evidentes y no pueden servir como tesis de partida, por lo que ésta ha de ser fundamentada.

En este sentido, internet suscita nuevos planteamientos éticos que hasta ahora no se han debatido o se han debatido muy poco, ya que en ella -aunque se trata de una realidad totalmente creada y diseñada por seres humanos- tiene que evidenciarse de forma nueva el carácter inevitable de la pregunta por el bien y el mal.

De un modo singular, internet se sustrae a la autoridad de las normas éticas. "El ser humano y la comunidad de los seres humanos constituyen la finalidad y el criterio determinante para la utilización de los medios de comunicación. La comunicación ha de tener lugar entre seres humanos y en provecho de su desarrollo" (Ética en las comunicaciones sociales, 2000, n. 21).

Esta declaración sobre la ética de los medios que hace la exhortación papal a los medios de comunicación social constituye en sí misma una máxima que debe ser estimada.

Lo que una vez comenzó como un sistema de comunicación interna para dirigentes políticos y militares, se ha desarrollado hasta convertirse en un circo para el entretenimiento y en un gran mercado a escala mundial. Juegos, música y pornografía son los poderes que dominan internet. Tras las frustraciones y los fallos posteriores a un comienzo demasiado optimista, los negocios electrónicos prosperan como nunca.

A pesar de que estaba rodeada de perspectivas y profecías, y a menudo con esperanzas utópicas, nadie podría prever cuales serían las específicas aplicaciones y ramificaciones de internet, nadie, salvo tal vez el sociólogo Marshall McLuhan (2001), que, aunque no estaba familiarizado con el fenómeno de internet, comprendió las consecuencias sociales y culturales de la amplificación y aceleración tecnológica de los procesos que ya existían

En un mundo dominado por el bombo publicitario, internet es ya una noticia pasada de moda. Sin embargo, se trata de un fenómeno más bien reciente que seguimos intentando comprender, tanto cultural como teológicamente.

De allí surge una cuestión fundamental: ¿cuál es el mensaje de este medio? Resultaría ingenuo pensar que "la alianza que el ministerio [de Jesús] media es mejor" que todo lo anterior (Heb. 8, 6), ¿de qué cuerpo de interconectividad es el mediador?

LA MEDIACIÓN DE LA CULTURA: FORMACIÓN Y AGOTAMIENTO

Con el famoso adagio "el medio es el mensaje", Marshall McLuhan subrayaba que la utilización de la tecnología mediática no es la única que determina sus consecuencias, sino también el poder preformativo de los propios medios.

En cuanto "extensión" de la persona, no sólo expanden, sino que también configuran la conciencia y la experiencia de cada individuo. En consecuencia, se convierten, al ser en sí mismos una construcción cultural, en fuerzas culturales con un poder que se extiende más allá del solo ámbito de la cultura.

Los famosos estudios realizados por McLuhan sobre los diferentes tipos de medios de comunicación en su obra Understanding Media nos presentan una investigación incomparable de la mediación cultural, pero también nos advierten del peligro de agotamiento de las energías personales y naturales de las que los medios se nutren (pp. 22-23).

El análisis sociocultural de los medios de comunicación realizado por McLuhan sigue siendo válido para el estudio de la red. Internet y los movimientos sugeridos de ella están cambiando de forma muy importante el modo en el que vemos y formamos parte del mundo, por lo que también cambian las formas en que actuamos en el mundo así como el mundo en sí mismo.

Pero si McLuhan hubiera conocido internet cuando escribió sus ensayos, ¿lo habría analizado como un medio formativo entre otros muchos? Probablemente no, porque internet se está convirtiendo progresivamente en una "metamedio", es decir, un medio que integra y reconfigura todos los demás medios. Está formada por textos, pero es más que un texto. También es un radio. Puede utilizarse como televisión, pero es más que una televisión. Es una mensajera, pero...; etc.

En efecto, abarca todos los medios electrónicos e incluso más aún. Actualmente, es posible ver un punto final en el que, en principio, todas las formas del contenido electrónico son inmediatamente publicables por cualquiera al igual que todos pueden acceder a ellas siempre y en cualquier lugar. Hace cien años hubiera sido difícil pensar en el teléfono, el fax, la radio y la televisión como tecnologías independientes.

Estos medios independientes, que McLuhan aún tuvo que analizar por separado, pueden considerarse como precursores del desarrollo de internet.

El atasco de información centralizada y controlada que los acompañaba puede considerarse como un anacronismo.

El poder formativo de las tecnologías independientes se integrará en un único medio formativo que abarcará a todos, el cual por su enorme omnipresencia, remodelará profundamente a sus usuarios en el nivel que los define como tales: en lugar de ser los mediadores que se inician en los medios, se convertirán en personas mediadas, rodeadas, e incluso constantemente iniciadas por un medio que lo penetra todo.

El análisis de McLuhan hace ver con claridad que no es adecuado pensar en los medios de comunicación como instrumentos que están en manos de los seres humanos. Así como la máquina de vapor cambió el modo de la relación del hombre con la materia, el cine y la televisión transformaron radicalmente la forma de relacionarse con lo visual.

Afirmar que los medios deberían comprenderse como instrumentos en manos del hombre, tal como hizo el Vaticano en el documento titulado Ética en internet (2002), implica una afirmación de carácter normativo.

"La persona y la comunidad humana constituyen el fin y la medida de utilización de los medios de comunicación social; para conseguir un desarrollo integral de la personalidad, la comunicación ha de ser interpersonal" (§, 3), afirma el documento vaticano.

Nos encontramos aquí con una auténtica preocupación por la humanización del mundo para que no se convierta en un desierto mecanizado de instrumentos sin objetos y de medios sin fines.

Sin embargo, la cuestión es si se trata realmente de lo opuesto, es decir, si se trata de una situación en la que los seres humanos se han convertido en extensiones de las máquinas que no producen sentido alguno o, más bien, si se trata de máquinas que en cuanto instrumentos de los seres humanos dan sentido a su mundo.

El fundamental símbolo cristiano de la creación indica que los seres humanos reciben el sentido al formar parte de un todo significativo más amplio en lugar de ser ellos mismos la fuente del sentido. Y la metáfora de la comunidad cristiana como "cuerpo de Cristo", en la que nuestra importancia no deriva del oficio o cargo sino del hecho de ser miembros, sugiere que nuestra interconectividad, en palabras del apóstol, el modo en que "somos miembros que pertenecemos unos a otros" (Rom. 12,6), no es un instrumento para nuestra salvación, sino que es la forma que toma nuestra misma salvación.

Cuando pasen cien años, en el contexto de la era digital, es posible que la advertencia de McLuhan sobre el peligro de que los medios se convirtieran en las fuerzas culturales que agotarán las energías naturales y personales, dé la impresión de ser una reliquia de la división moderna entre naturaleza, cultura y libertad personal, y será claramente obsoleta. Podría incluso llegar a ser imposible distinguir entre la realidad virtual que es alimentada y el mundo supuestamente natural que la alimenta.

En su lugar nos encontraremos con un mundo formado por un número infinito de mundos interconectados e interconectándose como síntesis de materia, espíritu y acción libre.

Esta visión "cósmica" de internet, en la que todo y todos están potencialmente vinculados entre sí con la velocidad de la luz y en la que, de forma constantemente cambiante, nos conectamos, nos desconectamos y volvemos a conectarnos, significaría el fin de la idea de los medios como extensiones del hombre.

Más aún, ello implicaría el final de la idea de medio. En cierto sentido, toda la realidad se habría convertido en medio. La realidad del mundo se hace dependiente del hecho de ser mediada, y en lugar de que los medios sean extensiones del hombre, la humanidad se verá como la extensión de un metamedio que todo lo abarca.

En este punto nos planteamos la cuestión de por qué el medio tendría que seguir llamándose "medio", si se ha convertido en otro mundo para la misma realidad interconectada.

Con otras palabras, si, por una parte, la tecnología mediática no es una fuerza cultural neutral cuya única función es la de mediar entre las personas y los mundos, y si, por otra parte, para funcionar como medio no debe absorber aquello que media, entonces lo que está en juego es la comprensión de lo que es mediado y la responsabilidad de no violar su integridad (Pullinger, 2001).

En cierto sentido se trata de una adaptación de la advertencia de McLuhan sobre el peligro del agotamiento de las energías personales y naturales. Pero también conlleva una crítica a su idea de que el medio es el mensaje, puesto que subraya la imposibilidad de ignorar los mensajes que mueven la mediación.

Tomando nuevamente prestadas las palabras de Pablo, mediante internet ¿nos hacemos miembros del pecado o de la justicia a través de nuestros sentidos y miembros hechos sentidos o miembros (Rom 6, 13)? Y si nos hacemos ambos, ¿cómo podemos distinguir entre los dos y hacer lo justo y no lo malo en lo que se nos ofrece, en el fondo, en el nuevo cuerpo que somos y que siempre está en constante desarrollo?

Dicho con pocas palabras, la idea de una conectividad global o incluso "cósmica" a través de la red es más que un ideal utópico o un espectro antiutópico que representara el medio monolítico que todo lo asume. Está idea desencadena nuevos problemas relativos a los límites de la mediación y a la relación entre la persona, la realidad y la información.

Lo que está en juego no es meramente la infracción de la integridad de la información, ni el abuso de las posibilidades del mismo medio, especialmente mediante la invasión violenta de la vida y el ambiente de las personas.

En contra de estas violaciones se ha desarrollado un acuerdo casi normativo, que se ha logrado mediante los firmes debates realizados en los grupos de discusión de internet y las numerosas versiones de la llamada ética de la red.

Pero además de esta ética del comportamiento en la red, que se ha desarrollado mediante la apertura democrática que internet ha revelado y esperamos que lo siga haciendo, necesitamos una ética de la conectividad mediática.

Este tipo de ética fundamental no responde a la cuestión sobre cómo mediar entre el mundo real y el virtual, ni tampoco al modo de tratar la información y a los implicados en la comunicación.

En su lugar, estudia las posibilidades y los límites de interconexión, lo que significa ser incluidos o excluidos de ella, es decir, no tener acceso a la interconectividad de la que cada vez más depende la existencia humana.

Este tipo de ética trata de las cuestiones de la personalidad y la racionalidad, de la imaginación mimética y creativa, de la participación como contextualidad constructiva, con el por qué y las consecuencias de las sociedades virtuales y del ser excluidos como un modo de ser incluidos.

Una ética de la conectividad mediada contemplaría la condición humana como una realidad continuamente interconectada, que no es un primer paso para superar o ignorar la historicidad y la finitud, sino un modo nuevo de ser histórico y finito.

Desde el punto de vista teológico, internet no ha de comprenderse como una des-encarnación, sino, más bien, como un nuevo modo de existencia de una humanidad que ésta siempre encarnándose. Por tanto, una ética de la conectividad mediática tiene que intentar comprender los auténticos modos de estar presente y ser receptivo en un ambiente re-encarnado.

LA MEDIACIÓN DE LA SOCIEDAD: LA CIUDAD DIGITAL COMO AMBIENTE RE-ENCARNADO

¿Cómo podemos imaginarnos el estar continuamente interconectados? Una de las primeras imágenes para describir internet, la metáfora de la autopista de la información, no tiene suficiente capacidad para explicar donde se origina internet y adonde podría llegar. Representa precisamente una de las características que McLuhan atribuye a los medios: la aceleración de los procesos ya existentes.

La imagen de la autopista solamente explica la información que ya se posee y representa el espacio que existe entre quien informa y el destinatario. Sin embargo, no describe la posibilidad de que los medios se conviertan en factores formativos culturales por sí mismos, permitiéndonos solamente plantear las cuestiones sobre lo que es mediado y sobre cómo actuar responsablemente para no violarlo.

También se han utilizado otras metáforas para explicar el porqué y las consecuencias de internet. La metáfora de la biblioteca digital surge del ámbito de las bases de datos y otros servicios de información archivística. Subraya la publicación y el almacenamiento de conocimientos coleccionados para su conservación y para permitir el acceso global a ellos.

Por ejemplo, el buscador Google inició hace unos años una misión llamada "Google Print" con el objetivo de organizar la información de todo el mundo para hacerla universalmente accesible y utilizable.

Las universidades de Michigan y Stanford, las alma mater de los cofundadores del buscador gigante, Larry Page y Sergey Brin, fueron las primeras bibliotecas en estar de acuerdo en pasar por escáner todos sus libros para ponerlos en la enorme ciber biblioteca de Google, pero aún hay mucho más.

"Hacer accesible el tesoro del conocimiento acumulado en las colecciones de historia de la Biblioteca Bodleian a tantas personas como sea posible, está en el corazón del compromiso de la Universidad de Oxford a favor de un aprendizaje de por vida", afirmó Reg Carr, el director de los servicios de la biblioteca de esta universidad.

En contraposición con la metáfora de la autopista, la imagen de la biblioteca explica una cierta perspectiva sobre la información y las posibilidades que ofrece el internet a sus usuarios, concretamente el acceso global.

Sin embargo, no se describe el modo en que ésta influye en la vida de la gente.

De forma semejante, otras metáforas muy utilizadas describen el qué y el por qué de internet, pero no el hacia dónde.

La metáfora del correo electrónico define internet como un sistema de comunicación.

La metáfora del mercado electrónico se utiliza para pensar en las cuestiones de comercio, dinero y propiedad digitales.

Finalmente, la metáfora de los mundos digitales aparece en la descripción de los contextos geográficos, sociales y de navegación en la red, en los ámbitos virtuales de los programas para trabajar en grupo o de utilización por muchos usuarios en la realidad aumentada, la telepresencia y la ubicuidad informática (Stefik, 1997).

La metáfora de los mundos digitales explica las consecuencias específicas y generales del carácter comprehensivo de internet. Ilustra el alcance de las posibilidades que ofrece.

Sin embargo, presenta la comunicación digital como una oportunidad para participar en la organización y acceso a lo real, en lugar de verla como un estado que no sólo depende de la libertad de elección, sino también del carácter inevitable de conectarse, de quedar fuera o tener solamente un acceso limitado a la creciente conectividad.

La posmodernidad ha subrayado la importancia de la comunicación libre, precisamente por el incremento cada vez mayor de la fragmentación y del pluralismo cultural (Harvey, 1990).

Sin embargo, después de unas pocas décadas de dominio de los medios de comunicación, las perspectivas humanas se han homogeneizado mucho más que en cualquier momento anterior, lo que se refleja en los deportes, el arte, la cultura, la política y la economía. La metáfora de los mundos digitales representa esta ambigüedad de la fragmentación y la homogenización, sin, no obstante, cuestionarla ni explicarla.

Para imaginarnos el gran alcance que tendría esta borrosa complejidad de fragmentación y homogenización en la red digital, podría ser útil y atrayente la famosa descripción de William Gibson, a quien se atribuye la invención del término "ciberespacio":

    Una consensuada alucinación experimentada cotidianamente por mil millones de operadores legales, en todas las naciones, por niños que están aprendiendo conceptos matemáticos (...) Una representación gráfica de datos sacados de los bancos de todos los ordenadores del sistema humano. Una complejidad impensable. Líneas de luz extendidas en el ámbito no espacial de la mente, grupos y constelaciones de datos. Como las luces de la ciudad, disminuyendo [...] (Gibson, 1984, p. 51).

La visión profética que Gibson tiene del ciberespacio en su libro Neuromancer es la de un espacio urbano posmoderno, que se ocupa de las experiencias y problemas generales pero también altamente locales, como los delitos, la exclusión social y la pobreza.

El ciberespacio es el nombre de un mundo real, aunque no espacial, que se caracteriza por la capacidad que tiene para que la gente esté presente e interactúe virtualmente a través de iconos, comprobaciones y realidades artificiales.

A nuestro entender, con la imagen basada en la vida urbana posmoderna, Gibson ha sugerido una metáfora mucho más adecuada para describir las enormes consecuencias del internet.

La ciberciudad refleja los conflictos socioeconómicos, las divisiones geográficas y los choques culturales que acontecen en las ciudades densamente pobladas y altamente polarizadas, en las que la velocidad y los movimientos del mundo virtual del ciberespacio son las metáforas claves para entender las nuevas experiencias espaciales donde la gente se encuentra al mismo tiempo perdida y enmarcada.

En este laberinto humano, la gente necesita reconstruir constantemente su vecindario, en el que se verá de modo continuo confrontada por las reconstrucciones molestas y alteradoras de los otros.

Como en una ciudad física, los vecinos "malos" y los "buenos" están unos al lado de los otros. La gente intenta defenderse de la posibilidad de verse involuntariamente confrontada por extraños y tiende a identificarse con quienes son como ella.

Pero en internet la ciudad del día y de la noche se fusionan, la publicidad civilizada y agresiva se da al mismo tiempo, hay expresiones de la más pura agresividad, pero también muestras de simpatía y de compasión. La ciudad se ha convertido en un lugar fascinante y de peligros amenazadores pero apasionantes.

Muchas personas tienen solamente un acceso limitado a lo que la ciudad puede ofrecerles, por lo que se convierten en víctimas de las oportunidades que da a los demás. La ciudad-internet tiene sus propios miserables.

Gibson ha integrado varios aspectos de las metáforas a las que nos hemos referido anteriormente, pero también ha desafiado la neutralidad de estos conceptos probando la conciencia del carácter ineludible de la desorganización que provocan las luchas locales entre libertad y mal, publicidad y anonimato (tanto en su carácter inevitable como estructural). Sin embargo, el interés de Gibson como autor de obras de ficción es explorar los rincones oscuros de la vida urbana desorganizada.

Como un nuevo Charles Beaudelaire, intenta recoger las Flores del mal que florecen en los lugares más inesperados. Una respuesta cínica a aquel ambiente alucinatorio y oscuro, aunque "consensuado", podría ser el resultado que intoxica y lo absorbe todo. Valdría la pena recordar la metáfora cristiana de la ciudad de Dios como símbolo del fin de toda sociabilidad y conectividad humana.

Pero, a diferencia de San Agustín, no para contrastarla con la ciudad de este mundo, en cuanto basada en un conjunto esencialmente diferente de valores y dioses, sino para verla como una "nueva Jerusalén que baja desde el cielo de Dios", misteriosamente oculta en las caóticas luchas del mundo del que formamos parte y en el que estamos encargados, tal como describe Juan en el Apocalipsis.

En un marco teórico, pero en línea con la visión de Gibson, Scott Lash sostiene en su obra The Critique of Information que la sociedad de la información se fundamenta cada vez más en las desorganizaciones en lugar de basarse en las organizaciones (Lash, 2002).

Describe las desorganizaciones como redes o "rizomas" unidos por valores compartidos. No son institucionales ni formales, pero, como Lash subraya, tampoco son totalmente caóticas.

Una desorganización puede ser mucho más efectiva y creativa que una organización, aun cuando su fundamento no esté vinculado a un conjunto jerárquico de normas.

Como han hecho muchos autores desde las descripciones de Ernst Troelsch Lash, Scott Lash las compara con la distinción que existe entre una iglesia y una secta. Una iglesia se considera como un todo jerárquico unido por reglas normativas, mientras que una secta se considera típicamente como un grupo no institucional de personas que se unen entre sí mediante los valores que comparten.

Los valores compartidos dan a la desorganización su poder de acción y sus principios organizativos. La teoría de Lash toca al problema de la verdad y la jerarquía, pero toma el camino más fácil para él.

No afronta el problema de que internet, aunque pueda necesitar una ética general o compartida e incluso crear nuevas oportunidades para reconstruir constantemente los sistemas éticos, hace problemático imaginarse un estado de consenso sobre valores compartidos.

Internet ha intensificado la búsqueda de consenso añadiendo una enorme cantidad de fuentes de información, disminuyendo así la receptividad de las ideas de solución al problema de la ciberdesorganización.

Precisamente porque la creencia de valores compartidos y los conflictos que surgen de ello constituyen realmente el problema que hemos de afrontar.

Lo que nos hace regresar a la ciudad de san Agustín.

La razón principal por la que Agustín escribió De Civitate Dei era la violencia inherente a una sociedad y cultura paganas.

Los dioses y valores que se representaban se oponían irreconciliablemente entre sí en el seno del imperio romano.

En esta situación, Agustín intentó clarificar en qué sentido Jesucristo era el mediador de la paz de Dios para la humanidad y era la paz de Dios para la humanidad, es decir, que el medio era el mensaje.

Esta puede ser también la principal cuestión teológica que internet plantea.

La respuesta de Agustín de que Dios había fundado en Jesús una ciudad nueva oculta en medio de la ciudad de la violencia, débil y excluida de este mundo, puede servirnos aún de gran ayuda.

LA RELIGIÓN MEDIADORA: LA AUTÉNTICA RECEPTIVIDAD Y LA PRESENCIA REAL

En los años cuarenta, la teología cristiana descubrió el concepto central de Kenosis (van Erp, 2005).

En su celda de la prisión, en 1944, Dietrich Bonhoeffer desarrolló su idea de situarse ante Dios etsi Deus non daretur, en solidaridad con el tiempo ateo que le había tocado vivir.

El movimiento de curas obreros, que se inició en 1943, llevó a la praxis el estar en el mundo del trabajo, dejado de la mano de Dios, y vivir como proletarios como expresión de su forma de estar con Dios.

Se hacía cada vez más claro que unos valores fuertes y una autoridad potente no eran ya el modo adecuado de presentar el evangelio al mundo moderno.

En lugar de enviar un mensaje de mediación, este comportamiento implicó a la Iglesia en un conflicto que hizo que los pobres y los débiles, a quienes se supone que el evangelio habla de forma especial, se convirtieran en más víctimas de lo que ya habían sido.

Esta situación dio un nuevo significado a la exhortación "tened, pues, los sentimientos que corresponden a quienes están unidos a Cristo Jesús. El cual, siendo de condición divina, no considero como presa codiciable el ser igual a Dios. Al contrario, se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres" (Flp 2, 5-7).

Si ésta es la razón por la que Dios lo exaltó, su grandeza está oculta en su humillación.

Esto es lo que la Iglesia tendría que reflejar. Debería estar presente donde la cuestión de lo valioso es más urgente. Debería mostrar su dignidad no asustándose de perderla.

Debería estar presente donde la cuestión de lo valioso es más urgente.

Debería ser un medio para hacer la pregunta en lugar de dar una antigua respuesta.

El mensaje de internet como un medio parece ser una pregunta más que una respuesta.

Plantea nuevas preguntas sobre lo que significa ser justo, bueno y digno, lo que significa formar parte de un mundo injusto, malo y falso, y luchar mediante el análisis y la comprensión de esta situación.

Siempre podemos anhelar una situación en la que no es necesario plantearse estas preguntas, así como siempre ha sido posible huir de la sociedad urbana y retornar a una comunidad de vida en el campo supuestamente más sencilla.

Pero así como el Dios de la tradición bíblica no ha abandonado al mundo, sino que está particularmente presente en las situaciones donde parece estar más claramente ausente, la Iglesia y la teología no pueden abandonar internet y utilizarla simplemente como un conjunto de instrumentos a su conveniencia, como un medio para su mensaje.

Presentar de forma autoritativa valores que supuestamente faltan en la realidad en la que son presentados es un modo de abandonar esa realidad en su incertidumbre y en sus dudas, en su búsqueda de nuevas respuestas.

La auténtica actitud religiosa y teológica con respecto a internet no consiste en buscar, ilusoriamente, valores o autoridades supuestamente compartidos, sino en desarrollar una auténtica presencia en el ciberespacio siendo receptivos a lo que realmente está en juego en él.

Una actitud específicamente religiosa con respecto a internet no debería utilizar el medio para comunicar un mensaje religioso o considerarla como una revelación religiosa.

En lugar de esto, debería intentar encarnarse en el medio para ver, escuchar y articular lo que está pasando.

Tal como dice el evangelio de san Mateo, Jesús sintió compasión de ellos "porque estaban cansados y abatidos como ovejas sin pastor" (Mt 9, 36).

Su respuesta no consistió en presentarse como rey o como aquel que pondría punto final a todo su abatimiento potenciando nuevos valores comunes.

La respuesta consistió en su misma compasión, que, a su vez, condujo a la construcción de una nueva comunidad.

Con diferentes estilos y matices, los cuatro evangelios presentan la presencia salvífica de Jesús como el autor de nuevas conexiones entre la gente, nuevas y verdaderas comunidades a pesar, e incluso a través, de sus diferencias y conflictos.

La fracción del pan y la donación de la copa Eucarística constituyen los símbolos definitivos de esta acción, tal como advierte con toda razón el apóstol (1 Cor 11, 17-34).

En este sentido, podríamos decir que la misión fundamental de la Iglesia es construir una comunidad eucarística en internet.

En el cambio constante de conexiones, desconexiones y reconexiones, de exclusiones e inclusiones, deberían formarse comunidades verdaderamente compasivas que fueran signos sacramentales del Dios compasivo y de su reino. Donde hay compasión y amor, allí está Dios.

En el documento del Vaticano titulado Ética en internet (2002), hay una afirmación relevante sobre este particular.

Dice concretamente:

    La realidad virtual no sustituye la presencia real de Cristo en la Eucaristía, la realidad sacramental de los otros sacramentos y el culto compartido en una comunidad humana de carne y sangre. No hay sacramentos en internet, e incluso las posibilidades religiosas que puedan producirse allí por la gracia de Dios son insuficientes sin una interacción en el mundo real con otros creyentes.

Este planteamiento es cierto si seguimos pensando en internet como algo virtual en oposición a lo real y concreto.

En efecto, no vivimos mediante una presencia virtual de Dios, sino gracias a una presencia real.

Sin embargo, no puede olvidarse que hay una diferencia entre medio y sustitución.

En cuanto medio, internet no puede sustituir a la conectividad real.

Es la forma, no la única, pero sí bastante significativa, de la conectividad en el mundo moderno.

En esta perspectiva, podría no haber sacramentos en un sentido escrito en internet, pero hay realizaciones de comunión sacramental y presencias reales del Dios de compasión y amor que toman su forma en y mediante internet.

Más recientemente aun en su Mensaje para la 45ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que este año se celebra el 5 de junio, el Santo Padre Benedicto XVI al invitar a los cristianos a unirse a las redes sociales1, dirigió una llamada de atención especialmente a los jóvenes "a hacer un buen uso de su presencia en el espacio digital".

Esta invitación al "buen uso" señala algunos elementos importantes que podrían destacarse de la siguiente manera:

  1. "También en la era digital, cada uno siente la necesidad de ser una persona auténtica y reflexiva".

  2. "El anhelo de compartir, de establecer 'amistades', implica el desafío de ser auténticos, fieles a sí mismos, sin ceder a la ilusión de construir artificialmente el propio perfil' público", afirma.

  3. "Cuanto más se participa en el espacio público digital, creado por las llamadas redes sociales, se establecen nuevas formas de relación interpersonal que inciden en la imagen que se tiene de uno mismo".

  4. "Es inevitable que ello haga plantearse no sólo la pregunta sobre la calidad del propio actuar, sino también sobre la autenticidad del propio ser"

Entrando a analizar los riesgos de internet y en concreto de las redes sociales, subraya:

  1. "La presencia en estos espacios virtuales puede ser expresión de una búsqueda sincera de un encuentro personal con el otro, si se evitan ciertos riesgos, como buscar refugio en una especie de mundo paralelo, o una excesiva exposición al mundo virtual".

  2. "Es necesario, para ayudar a la reflexión, plantearse varias preguntas: "¿Quién es mi 'prójimo' en este nuevo mundo?, ¿Existe el peligro de estar menos presentes con quien encontramos en nuestra vida cotidiana ordinaria?" "¿Tenemos el peligro de caer en la dispersión, dado que nuestra atención está fragmentada y absorta en un mundo 'diferente' al que vivimos?, ¿Dedicamos tiempo a reflexionar críticamente sobre nuestras decisiones y a alimentar relaciones humanas que sean realmente profundas y duraderas?".

  3. Existen también "algunos límites típicos de la comunicación digital: una interacción parcial, la tendencia a comunicar sólo algunas partes del propio mundo interior, el riesgo de construir una cierta imagen de sí mismos que suele llevar a la autocomplacencia".

  4. Sin embargo, "si se usan con sabiduría", las nuevas tecnologías "pueden contribuir a satisfacer el deseo de sentido, de verdad y de unidad que sigue siendo la aspiración más profunda del ser humano".

  5. De allí la necesidad de "un estilo cristiano de presencia también en el mundo digital, caracterizado por una comunicación franca y abierta, responsable y respetuosa del otro".

    Comunicar el Evangelio a través de los nuevos medios significa no sólo poner contenidos abiertamente religiosos en las plataformas de los diversos medios, sino también dar testimonio coherente en el propio perfil digital y en el modo de comunicar preferencias, opciones y juicios que sean profundamente concordes con el Evangelio.

Asimismo, "tampoco se puede anunciar un mensaje en el mundo digital sin el testimonio coherente de quien lo anuncia", continúa.

El estilo cristiano de presencia en el mundo digital implica la tradicional llamada del cristiano a responder a quien pida "razón de su esperanza".

También exige "estar muy atentos con respecto a los aspectos de ese mensaje que puedan contrastar con algunas lógicas típicas de la red".

"El valor de la verdad que deseamos compartir no se basa en la popularidad' o la cantidad de atención que provoca", advierte.

En este sentido, Benedicto XVI invita a dar a conocer la verdad del Evangelio "en su integridad, más que intentar hacerla aceptable", ya que "debe transformarse en alimento cotidiano y no en atracción de un momento".

Añade que esa verdad "incluso cuando se proclama en el espacio virtual de la red, está llamada siempre a encarnarse en el mundo real" y destaca la importancia de "las relaciones humanas directas en la transmisión de la fe".

En síntesis, la apertura a las múltiples presencias que inaugura el internet debería ser cultivada por una ética teológica fundamental de la conectividad mediática (es decir, una ciber-ética).

Se trata de abrirse a los lugares donde la ciudad de Dios toma forma en medio de la nueva ciudad del ser humano que es internet.


Pie de página

1"Deseo invitar a los cristianos a unirse con confianza y creatividad responsable a la red de relaciones que la era digital ha hecho posible, no simplemente para satisfacer el deseo de estar presentes, sino porque esta red es parte integrante de la vida humana".

REFERENCIAS

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