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Franciscanum. Revista de las Ciencias del Espíritu

Print version ISSN 0120-1468

Franciscanum vol.60 no.170 Bogotá July/Dec. 2018  Epub Dec 15, 2020

https://doi.org/10.21500/01201468.3906 

TEOLOGÍA

La inclusión y la inteligencia espiritual en la Universidad del posconflicto en Colombia*

Inclusion and the spiritual intelligence dimension within the post-conflict university in Colombia

Omar Cabrales Salazar**1 

1Universidad Militar Nueva GranadaBogotá-Colombia


Resumen

El presente artículo de reflexión es fruto de la investigación: La Universidad del Futuro en Colombia, donde se planteó entre otros objetivos realizar un análisis de prospectiva sobre el futuro de la Universidad colombiana en un escenario de diez años, en el marco de tres cuestionamientos esenciales: ¿qué enseñar?, ¿cómo enseñar?, y ¿cuándo enseñar? Desde un enfoque cualitativo, se aplicaron encuestas y entrevistas a docentes y estudiantes de diez universidades públicas y privadas colombianas, en cinco ciudades: Bogotá, Cali, Medellín, Cartagena y Manizales. Como resultado del análisis de dos de las preguntas de la encuesta: 1. ¿En qué áreas deberá enfocarse la Universidad del futuro en Colombia para formar profesionales?, y 2. ¿en cuáles competencias personales deberá formar principalmente la Universidad del futuro? Se argumenta sobre la necesidad de implementar una formación en inteligencia emocional, así mismo, de crear una Universidad más incluyente que abra sus espacios a la variedad de agentes que saldrán de la esfera del conflicto para incorporarse a la sociedad civil y de la apertura hacia la tolerancia que tendrá que llevar a cabo. En tal sentido, se sugiere la incorporación de la inteligencia intrapersonal, emocional y espiritual como una posibilidad de desarrollo de las dimensiones trascendentes de sus estudiantes, sin importar su filiación religiosa.

Palabras clave: Inclusión; posconflicto; espiritualidad; inteligencia intrapersonal; inteligencia espiritual

Abstract

This reflection article is the result of research: The future University in Colombia, which set out, among other objectives, to conduct a prospective analysis of the future of the Colombian university within the framework of three essential questions: what to teach? How to teach? And when to teach? in a 10-year scenario. From a qualitative approach, some surveys and interviews were given to teachers and students from 10 Colombian public and private universities in 5 cities: Bogotá, Cali, Medellín, Cartagena and Manizales. As a result, the analysis was focused on two of the survey questions, namely, 1. In what areas should the University of the Future in Colombia focus to develop professionals? And 2. In which personal competences should the University of the Future mainly form? It is argued that there is a need to implement a training in emotional intelligence and to create a more inclusive university, which opens its doors to the variety of agents that will leave the sphere of conflict and join the civil society, so to be able to open itself towards tolerance to be carried out. In this sense, the incorporation of intrapersonal, emotional and spiritual intelligence is suggested, as a possibility for developing the transcendent dimensions of its students, regardless their religious beliefs.

Keywords: Inclusion; posconflict; spirituality; spiritual intelligence

Introducción

Como resultado del análisis de dos de las preguntas de la investigación La Universidad del Futuro en Colombia, 1. ¿en qué áreas deberá enfocarse la Universidad del futuro en Colombia para formar profesionales?, y 2. ¿en cuáles competencias personales deberá formar principalmente la Universidad del futuro?, el artículo sugiere implementar políticas de inclusión y la formación en inteligencia espiritual, en respuesta a las opciones de «Cuidado y conservación de la naturaleza», «Ciencias de la salud y bienestar», «Artes y humanidades» y «Orientación ética», como algunas de las respuestas con mayores porcentajes obtenidos; de igual manera, argumenta sobre el papel que deberá ejercer la Universidad ante un escenario de postconflicto en Colombia, en el sentido de abrir sus espacios a la multiplicidad de agentes que saldrán de la esfera del conflicto armado para incorporarse a la sociedad civil y de la apertura hacia la tolerancia y la inclusión que podrán llevar a cabo.

Desde esta perspectiva, la Universidad colombiana podrá generar procesos que involucren la dimensión espiritual de la persona, sin importar su filiación religiosa, como una alternativa de formación transversal que incluya el desarrollo de la inteligencia intrapersonal y la espiritual, con el propósito de alcanzar las esferas trascendentes de los excombatientes y de sus estudiantes en general, y de promover el desarrollo de competencias para la civilidad y la convivencia pacífica.

De acuerdo con lo esbozado, en primer lugar, se analizan brevemente los resultados de las dos preguntas planteadas; en segundo lugar, se resumen las consecuencias que en la sociedad colombiana ha dejado el conflicto armado, y, en tercer lugar, se describen los componentes requeridos para hacer a la Universidad más inclusiva. Posteriormente, se argumenta sobre el desarrollo de la inteligencia espiritual como una de las inteligencias a desarrollar, desde la perspectiva de la inteligencia trascendente de Gardner1. Finalmente, se argumenta sobre el reconocimiento de la consciencia de sí mismo dentro de la esfera de la subjetividad, como factor subyacente esencial a la dimensión transcendente, componente esencial de la espiritualidad humana.

1. Análisis de los resultados de la encuesta

Como una de las fuentes de información de la investigación, se aplicó una encuesta a docentes y estudiantes de primer semestre de programas de Ciencias Sociales de diez universidades del país, en cinco ciudades: Bogotá, Cali, Medellín, Cartagena y Manizales. De un total de 3235 formularios enviados, se respondieron 2785, lo que representa un alto porcentaje de la muestra. A continuación se presentan los resultados de dos de las preguntas enfocadas a indagar por los temas o áreas fundamentales en las que deberá formar la Universidad.

Pregunta uno: ¿En qué áreas deberá enfocarse principalmente la Universidad del futuro en Colombia para formar profesionales?

Pregunta dos: ¿En cuáles competencias personales deberá formar principalmente la Universidad del futuro?

Fuente: Elaboración propia.

Gráfica 1 ¿En qué áreas deberá enfocarse principalmente la Universidad del futuro para formar profesionales? 

En relación con la Gráfica 1 se evidencia, en docentes y estudiantes de las universidades encuestadas, una preocupación por formar profesionales en las áreas del «Cuidado y conservación de la naturaleza» (47%) y en las «Ciencias de la salud y bienestar» (36%). También es importante la votación por las «Artes y humanidades» que obtienen un 26%. Se puede inferir que hay un marcado interés en los temas relacionados con formar profesionales responsables con el planeta y con el cuidado de otros seres humanos, lo que induce a la Universidad a pensar en incorporar en sus currículos este tipo de programas, carreras o políticas de conservación del medio ambiente; de igual forma, en cultivar en sus estudiantes el sentido trascendente del hombre y hacerles tomar consciencia de que el daño ambiental obedece a la instrumentalización de la naturaleza y al consumo desbordado de bienes materiales efímeros, que tienen consecuencias ambientales. Debemos tener presente que estos comportamientos responden en últimas a una idea de felicidad egoísta asentada en la vanidad personal, excluyendo la responsabilidad subjetiva sobre las consecuencias en el planeta. En cuanto a las ciencias de la salud y bienestar (el segundo lugar) se puede inferir, además de una preocupación por el cuidado del otro, un interés por el cuidado de sí, conectado con el modo que tenemos de relacionarnos con nosotros mismos, tanto en los factores físicos y la tensión cuerpo/ salud como en los factores internos: espiritualidad, consciencia de sí y trascendencia; aspectos que se desarrollan en el presente artículo.

Fuente: Elaboración propia.

Gráfica 2 ¿En cuáles competencias personales deberá formar principalmente la universidad del futuro? 

En cuanto a la gráfica 2, los porcentajes más altos evidencian un marcado interés por formar profesionales en competencias personales enfocadas en la orientación ética (50%) y en creatividad (44%). Por su parte, se observa también un resultado muy marcado en inteligencias múltiples e inteligencia emocional, que obtienen un 40% y un 32%, respectivamente. Entonces, se puede inferir que la Universidad del futuro deberá formar profesionales éticos, moralmente responsables, creativos y con un alto desarrollo de las inteligencias múltiples2 y la inteligencia emocional3. En el presente artículo se fundamentarán estas dos últimas inteligencias como sustratos teóricos de la inteligencia espiritual o trascendente.

2. La educación y la violencia en Colombia

Según Galtung4, se pueden denotar dos caras de la persistencia del conflicto en el ámbito de la genealogía de la violencia. Una nos muestra que su trasegar ha vinculado estrechamente la existencia de la vida en sociedad a condiciones exógenas, como lo son el control de territorios por parte de grupos armados y el apoyo o no a estos por parte de los habitantes de las zonas donde el despliegue de estos grupos ha sido una constante durante el escalamiento del conflicto, particularmente, desde la década de los años 80 en la que se incrementó el narcotráfico. La persistencia de la lucha por el control de territorios por parte de grupos armados y el fracaso del Estado para recuperarlos es el medio de propagación de una serie de dinámicas sociales que se refieren a la violencia, ya no como un acción sino como un estado natural de la cotidianidad, por un lado, en zonas de epicentro del conflicto y, por otro, en las urbes, donde su impacto en poblaciones vulnerables dejaron de ser vehículos de la concientización y acción, para el resto de ciudadanos, para convertirse en una noticia repetida incesantemente.

La otra cara es la que ilustra la realidad actual de los territorios, donde el conflicto armado dejó una estela de víctimas y desplazados y, a la vez, en los pobladores de zonas urbanas, una polarización, producto de la falta de concientización frente a los vejámenes de la violencia. La falta de medios idóneos de información frente al conflicto, la materialización de un discurso único carente de un sentido para la reconciliación y el vacío educativo, desde la educación básica a la superior, frente a las causas y orígenes de la violencia de orden político y armado, son la caracterización de una nación que no ha sabido entender las perspectivas y oportunidades de dejar atrás la violencia estructural. Es así como la ruptura del tejido social y la incapacidad de encontrar un lugar común como nación arrojan la necesidad de encontrar nuevos enfoques educativos, que propendan por extinguir las manifestaciones, acciones y conductas sociales que se asocian al surgimiento y a la naturalización del conflicto armado.

La presencia de las violencias invisibles, materializadas en las instituciones educativas a través de la exclusión, acentúa la configuración de lo que se denomina la paz negativa. Siguiendo a Fisas5 y Galtung6, es el contexto donde la violencia directa se ha agotado a través de procesos de des-escalamiento y de acuerdos entre las partes, pero a la vez, subsisten paralelamente los asideros de la violencia estructural y cultural. En estas circunstancias, en el presente artículo se propone exponer alternativas, en términos de inclusión educativa, para la reducción a mediano plazo de las prácticas, valores y creencias que sirven como medios de propagación y manutención de la violencia, por medio de nuevos paradigmas en la educación, dado que son considerados el medio idóneo para la formación de una ciudadanía sensible que atienda al reclamo de sus derechos, a través de la movilización pacífica.

La violencia puede ser menguada por medio de estrategias educativas que le apunten al desarrollo de otras dimensiones del ser humano, como la trascendencia y la espiritualidad. Para tales efectos, es primordial desmontar las narrativas que perpetúan una predisposición a la violencia, como lo mencionan Uribe y López7 y Cabrales8. Según Siever11, estudios recientes muestran que dependiendo de los entornos sociales, mediados por la educación escolar y familiar, los niños no reproducen conductas violentas, así estas estén presentes en su cotidianidad. Entonces, el primer paso es desmontar las prácticas que han llevado a la sociedad a reproducir la violencia cultural y estructural, ya que su postergación indefinida obedece no solo a una situación de conflicto interno, sino a un reflejo de que las relaciones sociales se dan en términos de los discursos que reproducen los ánimos de venganza y el odio, temas pendientes por abordar desde la educación superior, a través de políticas incluyentes.

Sin embargo, ante tal escenario de postergación indefinida de la violencia, como lo afirman Uribe y López10, García11 y Cabrales12, los últimos acontecimientos en Colombia dan una nueva luz de esperanza. La firma de un cese al fuego bilateral por parte del eln (Ejército de Liberación Nacional) y el Estado, y la incorporación de las farc-ep (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) a la vida civil y política, dan muestras irrefutables de ello. Aun así, para que esta paz se consolide será necesaria la participación activa de la sociedad civil y las universidades, además, la presencia del Estado en las regiones olvidadas, a través de la inversión social y la educación.

Entonces, la educación superior se consolida como una de las herramientas más eficaces para incorporar los excombatientes a la vida civil y como factor de estabilización y pacificación. Estos procesos requerirán de la creatividad y apertura de sus aulas y de los currículos de las universidades, pues no se trata solamente de traer los excombatientes a las aulas o de llevar las universidades al campo, sino de que sus estructuras excluyentes se modifiquen para que toda la Universidad se abra de forma amplia y generosa a los exagentes del conflicto, sus familias y las comunidades afectadas.

3. La Universidad inclusiva

Como se ha visto, será difícil combatir los factores generadores de la violencia y de raigambre cultural, que se han afianzado en la sociedad colombiana, mientras no se ofrezcan oportunidades de estudio y empleabilidad a las poblaciones marginadas y a los reinsertados de los diversos grupos armados.

Es tarea de la Universidad hacerle ver a los excombatientes otras posibilidades de desarrollo personal y ayudarles a articular sus proyectos de vida desde una perspectiva conciliatoria, en la que, en un escenario de posconflicto, abra sus espacios para vincularlos y les ofrezca la posibilidad de estudiar en sus claustros que, además, deberán desplazarse hacia las regiones olvidadas para acogerlos. Ya no será suficiente la política de la proyección y extensión social universitaria para atender las problemáticas sociales y contribuir con la educación para mejorar la calidad de vida de la población. Será necesario suplir los retos y prioridades identificadas por una Universidad que sobrevivió parapetada a la guerra, sin actuar de forma comprometida ante el conflicto, y que se vislumbra, en este nuevo futuro, como uno de los agentes más importantes para la construcción de una paz estable y duradera.

Por lo tanto, la apertura ideológica será un componente esencial del desarrollo social y económico en un escenario de posconflicto. Para tales efectos, la Universidad deberá priorizar los principios de equidad y de inclusión ofreciendo una educación para todos, sean cuales sean sus características personales, religiosas, políticas y culturales. Entonces, no bastará con que se reciban los excombatientes y alumnos de diversas vertientes políticas e ideológicas, sino que se incorporen al quehacer de la vida universitaria, a sus órganos de gobierno colegiado y que participen activamente de todas las actividades culturales, deportivas, curriculares y extracurriculares. De acuerdo con esto, deberá incluir los componentes étnicos, de género, credo y discapacidad en sus currículos y formar a los estudiantes tradicionales en el respeto, no solo para que reciban con tolerancia a los excombatientes, sino para que los acojan en su cotidianidad académica sin ninguna predisposición, considerando que es un tipo de población que requiere de atención especial, pues han vivido bajo contextos y circunstancias violentas, en las que los derechos humanos no estaban bajo su consideración.

Se recomienda asumir una postura abierta e inclusiva para fomentar una educación integral sin exclusiones, que incorpore el desarrollo de competencias para la tolerancia y el respeto a la diferencia. En este sentido, la educación inclusiva se ha generalizado a partir de la visibilización de personas con discapacidad, diferencias de género, credo o raza, en razón a la incorporación de los derechos humanos en amplios espacios de la actividad humana, incluida la educación. Esta pretende, entre otros factores, favorecer el reconocimiento y la valoración positiva del otro en la Universidad, buscando la eliminación de las prácticas discriminatorias relacionadas con la edad, la filiación religiosa, la identidad de género, la pertenencia étnica, la discapacidad o la condición de víctima o victimario del conflicto armado, a partir de la construcción de ambientes incluyentes, en el marco del respeto por los derechos humanos.

La educación inclusiva que deberá adoptar la Universidad pretende que los cambios metodológicos y curriculares incorporados para satisfacer las necesidades de estudiantes con dificultades, en este caso los excombatientes y sus familias, beneficien a toda la comunidad y se consideren como un estímulo que puede fomentar el desarrollo hacia un entorno de aprendizaje más diverso13. Así mismo, reconoce la necesidad de atender múltiples variables ambientales frente a los planteamientos exclusivamente centrados en problemas o deficiencias del alumno14, lo que debe conducir a un cambio paradigmático con respecto a las necesidades educativas de personas que no han estado en un aula de clase y cuyas herramientas de «trabajo» eran las armas.

Desde esta perspectiva, es necesario considerar la inclusión como un proceso, una búsqueda continua de formas de responder a la diversidad. No es un estado final, sino un camino que recorre cada institución, lo que supone que no puede hablarse de escuelas totalmente inclusivas ni de escuelas totalmente excluyentes15. Esto convertirá el aula en un espacio de diálogo e intercambio de significados que, al provenir de personas con una historia de vida tan compleja y por fuera de los escenarios educativos cotidianos, se transforma en un espacio de enriquecimiento cultural y social. Compartir aprendizajes con exmiembros de un grupo armado en un espacio de convivencia en el que no tiene lugar la violencia sino la argumentación, implica generar una nueva perspectiva de país del que se beneficia toda la comunidad educativa. Sus historias de vida dialogarán con los escenarios de aquellos cuyas vidas han transcurrido dentro de la normalidad citadina, convirtiéndose en un factor motivador de conocimiento sobre la verdadera realidad del país.

Según los Ctroadi de Tomelloso16, en el marco de la educación inclusiva se asumen principios y valores que la Universidad colombiana deberá acoger, entre los que están:

  • El valor de la diferencia como algo enriquecedor.

  • Creencia en las capacidades de todos los estudiantes, partiendo de las mismas y no de las discapacidades o dificultades, e intentando reducir todas las barreras al aprendizaje.

  • Cultura de la colaboración entre todos los miembros de la institución: colaboración y cooperación de los alumnos entre sí, de los profesores entre sí, de las familias... Todo el profesorado se implica en la respuesta a la diversidad, que es responsabilidad de toda la comunidad.

  • Crear una comunidad educativa acogedora y colaboradora en la que cada estudiante sea valorado y consiga el máximo desarrollo de sus capacidades, promoviendo así una educación de calidad para todos.

  • Abrir la institución educativa al entorno, estableciendo redes de colaboración entre distintas instituciones y administraciones y, en definitiva, colaborando en el diseño y desarrollo de planes socioeducativos comunitarios para ofrecer una respuesta adecuada a la diversidad del alumnado.

Tal como lo arrojaron los resultados de la encuesta aplicada a docentes y estudiantes, incluida en la investigación que le da origen a este artículo, el cambio que implica la transición hacia la paz supone una propuesta de modificación de los currículos y las didácticas. Esto significa que se deberán cambiar progresivamente los modos de pensar y de hablar, junto con las rutinas que guían la vida en las aulas universitarias, buscando la diversidad y la inclusión. Para lograrlo, habrá que desarrollar aquellas competencias que lo permiten a través de la inteligencia emocional17, la inteligencia intrapersonal y la interpersonal18, y desde una perspectiva sincrética y de intermediación de estas inteligencias, la inteligencia espiritual.

4. La inteligencia espiritual en la construcción de la paz

Goleman postuló la inteligencia emocional como «la capacidad de mantener la calma y dominar la impulsividad, de regular los propios estados de ánimo, evitar que la angustia interfiera con las facultades racionales y la capacidad de motivarse a sí mismo y de perseverar en el logro de los objetivos a pesar de los problemas y fracasos»19. Según Cooper y Sawaf, se le entiende como la «capacidad de sentir, entender y aplicar eficazmente el poder y la agudeza de las emociones como fuentes de energía humana, información, conexión e influencia»20. Por su parte, Gardner, dentro de sus diversos tipos de inteligencias, habla de la inteligencia intrapersonal como aquella que permite construir una imagen precisa de sí mismo, a partir de la cual el individuo se reconoce como persona con ciertas cualidades, características y defectos21; la define como «la capacidad de llegar a la autoinstrospección y de actuar consecuentemente sobre la base de este conocimiento, de tener una autoimagen acertada, autodisciplina, comprensión, amor por sí mismo y capacidad de comunicación interna»22. Igualmente, esbozó la inteligencia espiritual como inteligencia existencial o trascendente y la definió como la capacidad de situarse a sí mismo con respecto al cosmos y a los rasgos existenciales de la condición humana, como el significado de la vida, el significado de la muerte y el destino final del mundo físico y psicológico, en profundas experiencias como el amor a otra persona o la inmersión en trabajos artísticos23.

La inteligencia emocional y la intrapersonal, como se ha visto, constituyen los insumos de la inteligencia espiritual, a la cual Buda, hace 2.500 años, llamó visión cabal o Vipassana. Esta es la capacidad de lograr una comprensión de la profundidad de los fenómenos y hacerse cuestionamientos trascendentes sobre la propia existencia. El Apóstol Pablo de Tarso en la «Carta a los Colosenses» (1, 9-10), ora pidiendo inteligencia espiritual y la describe como la capacidad dada por Dios para vivir plenamente y en congruencia con la fe cristiana proclamada. Por su parte, Gallegos24 afirma que las inteligencias múltiples se quedan incompletas sin la inteligencia espiritual, pues solo desde ella, por ser el nivel superior, se puede entender la holarquía de las inteligencias en los tres niveles y reconocer la naturaleza y los objetivos de cada nivel.

La inteligencia espiritual nos permite, entonces, construir tres niveles básicos de inteligencia. La más básica es la inteligencia emocional, que está más relacionada con el cuerpo y es acerca de sentir. El segundo nivel lo ocupa la inteligencia intelectual que está más relacionada con el cerebro y es acerca de pensar. El tercer nivel lo ocupa la inteligencia espiritual y es acerca de ser. La inteligencia espiritual, como nivel superior, incluye a las inteligencias emocional e intelectual como partes constitutivas, pero ninguna de estas dos incluye a la inteligencia espiritual25.

En esta misma línea Zohar y Marshall afirman que:

La imagen global de la inteligencia humana se puede completar con un análisis de nuestra inteligencia espiritual (ies). Por ies me refiero a la inteligencia con que afrontamos y resolvemos problemas de significados y valores, la inteligencia con que podemos poner nuestros actos y nuestras vidas en un contexto más amplio, más rico y significativo, la inteligencia con que podemos determinar que un curso de acción o un camino vital es más valioso que otro. ies es la base necesaria para el eficaz funcionamiento tanto del Coeficiente intelectual como de la inteligencia emocional. Es nuestra inteligencia primordial26.

Según Goleman27, la conciencia de uno mismo no es una atención exaltada por las emociones que reacciona excesivamente y amplifica lo que se percibe, se trata de una forma neutra que conserva la autorreflexión. De acuerdo con Gardner28, la inteligencia intrapersonal permite el conocimiento de los aspectos internos de la persona, la capacidad de efectuar discriminaciones entre las emociones, ponerles un nombre y recurrir a ellas como medio para interpretar y orientar la propia conducta. Una persona con una buena inteligencia intrapersonal posee un modelo fiable y eficaz de sí mismo. De ahí que, quien tiene una profunda consciencia de sí, tiene estos dos tipos de inteligencias, consideradas sustratos de la inteligencia espiritual, pues la consciencia de sí se estructura en la capacidad de la razón para tener conocimiento de sí, de diferenciar el cuerpo físico del espíritu y la corporeidad de la espiritualidad, además, de establecer acciones para su cuidado particular e integral. Esta inteligencia desarrolla la posibilidad de tener consciencia y conocimiento de sí como diferente y opuesto a la realidad exterior, y de reconocerse como el autor de las acciones y del proceso racional que se está realizando cuando se piensa sobre sí mismo29. Las capacidades anteriores son necesarias para el desarrollo de la inteligencia espiritual, como un tipo de inteligencia susceptible de incorporarse en los currículos universitarios de manera transversal. En palabras de Gallegos:

La inteligencia espiritual es capacidad de trascendencia, capacidad de hacer las cosas cotidianas con un sentido de lo sagrado, usar recursos espirituales en problemas prácticos, capacidad de actuar con conducta virtuosa basada en la gratitud, paciencia, humildad, compasión, sabiduría y amor universal. La inteligencia espiritual es la última vía de conocimiento, es el conocimiento directo del ojo del espíritu conociendo los significados últimos, la usamos para clarificar posibilidades no realizadas, y para trascender el materialismo de la vida. La utilizamos para entender el sufrimiento humano y ponerle fin. La utilizamos para contestar a las preguntas filosóficas básicas y encontrar significado existencial y trascendental. La inteligencia espiritual es el acceso y uso del sentido, visión y valores para pensar y tomar decisiones responsables. Es la inteligencia que nos lleva a la totalidad y nos da nuestra integridad moral. Es el corazón de las inteligencias. La inteligencia del Ser profundo. La inteligencia transformadora que nos impulsa a la iluminación espiritual30.

Por tanto, será necesario de manera complementaria a la inteligencia racional el desarrollo de la inteligencia espiritual como una de las posibilidades de progreso del ser humano en la búsqueda de su integridad, con el objetivo de proveer una formación integral a los excombatientes, es decir, a los seres humanos cuyo trabajo fue matar y protegerse, además de trasegar por la selva, solo en contacto con sus compañeros, con la misma formación militar y bajo las mismas circunstancias. A ellos habrá que acompañarlos en su incorporación a la sociedad y brindarles las herramientas para que este proceso llegue a buen término y desistan de la idea de volver a la guerra

Así mismo, se deberán plantear opciones integrales de formación para que comprendan que existen otras esferas trascendentes del ser humano, cuyo desarrollo va más allá de mantenerse vivo y alimentar el cuerpo, pues hay otros atributos como la trascendencia, la alteridad, la espiritualidad y la consciencia de sí mismo31, que se deben desarrollar para que su tránsito hacia la sociedad sea menos traumático. Según Torralba32, «la inteligencia espiritual faculta al ser humano para el análisis valorativo de la propia existencia y de los ideales y horizontes del sentido de la misma», lo que les ayudará a valorar su nueva condición pacífica desprendida del miedo y a asumir como seres humanos sensibles esta nueva etapa de sus vidas. De acuerdo con Zohar y Marshall, la inteligencia espiritual complementa la inteligencia emocional y lógico-racional, también faculta para afrontar y trascender el sufrimiento y el dolor y para crear valores; así mismo, da habilidades para encontrar el significado y el sentido de nuestros actos33. Se trata de otro tipo de herramientas para hacerse cuestionamientos esenciales sobre sí mismo, que le competen más al espíritu humano que a la propia racionalidad instrumental y que empoderan a la persona para perdonarse y enfrentar las vicisitudes. Como lo menciona Vanzago:

No puede negarse el sentido profundo de la interrogación sobre sí mismo que realiza el ser humano: porque el ser humano es tal en tanto y en cuanto se interroga acerca de sí mismo. Hablar del espíritu y de sus sustitutos significa, por lo tanto, hablar de la humanidad del hombre entendida como problema, como enigma y como inagotable tensión34.

De ahí que el desarrollo de la consciencia de sí mismo permite la emergencia del espíritu y el desarrollo de otras facultades de la condición humana, como el ejercicio de la autoconsciencia y la introspección35, bases de la inteligencia espiritual, y que serán unos de los temas que deberá complementar la formación de los estudiantes que lleguen las aulas universitarias inclusivas, ya sean excombatientes (soldados y exguerrilleros), exmilicianos, hasta las mismas comunidades excluidas y afectadas durante años por el conflicto armado, quienes cobrarán atención en el escenario del posconflicto. Estas capacidades les permitirán situarse en perspectiva, al decir de Lechner. Este autor propone la perspectiva como el lugar desde el cual sería posible crear un relato que sitúa al presente al pasado y al futuro36, tratando de abordar el problema de la subjetividad y la consciencia de sí, desde una serie de factores y circunstancias que son parte de la formación del excombatiente y que determinan el cristal con el cual mira su realidad y se proyecta hacia el futuro en un escenario totalmente nuevo para él.

5. Subjetividad e inteligencia espiritual

Como se mencionó anteriormente, ligada al desarrollo de la inteligencia espiritual se da la autorreflexión y la capacidad de cuestionarse sobre sí mismo, preguntarse sobre el sentido de la propia existencia y las consecuencias de las propias acciones; lo que implica un nivel de conocimiento que trasciende del ámbito material hacia el espiritual, que solo le concierne a los seres humanos. De acuerdo con Torralba:

La inteligencia espiritual es una capacidad que permite múltiples desarrollos y experiencias. No es una propiedad exclusiva que pertenece a quienes, legítimamente, se sienten miembros de una comunidad religiosa. Más allá de la adscripción confesional, todo ser humano tiene un sentido y unas necesidades de orden espiritual, y estas pueden desarrollarse tanto en el marco establecido de las tradiciones religiosas como fuera de ellas37.

Se trata de superar una visión eminentemente corpórea y materialista del ser humano, reivindicando una condición holística que incorpore todas sus dimensiones y capacidades espirituales, las cuales requieren de la consciencia, el conocimiento reflexivo y la subjetividad para concretarse. Según Caro:

Las subjetivaciones como parte del ser, resultan ser los modos de verse y sentirse en el mundo, de insertarse en él; de allí nacen las tendencias actuales que explican las relaciones mediante lo afectivo, la sensibilidad social y la capacidad de representarse en el mundo. Estos modos de ser están relacionados con la posibilidad de la conciencia de ser38.

Bajo la esfera del conflicto, los miembros de los grupos armados se autoexcluyen de manera voluntaria o involuntaria de la responsabilidad subjetiva y no asumen como propias las consecuencias de sus actos frente al daño generado. De hecho: «Cada quien se adscribe al discurso de la guerra de un modo que trasciende su sometimiento, pues está comprometida una fabricación subjetiva que los implica en su responsabilidad»39, lo que de alguna forma y en razón al bajo nivel educativo de los combatientes, y al hecho de portar un uniforme y un fusil, los exime de la responsabilidad de las consecuencias de sus actos de guerra. De acuerdo con Caro:

La noción de responsabilidad subjetiva demanda pensar al sujeto combatiente, un sujeto que se manifiesta e interpreta en la palabra, cuya decisión encara, definitivamente, una elección que lo vincula con su singularidad: más allá de las condiciones sociales y culturales atravesadas por la guerra, la apuesta por la violencia debe señalar una reflexión que indague por el sujeto de la responsabilidad subjetiva, uno que se hace sujeto al momento de sus decisiones40

En palabras de Castro:

En la guerrilla opera una feroz normatividad y una des-responsabilización del sujeto. Esto podría nombrarse como «suspensión subjetiva» o puesta entre paréntesis del sujeto, en tanto implica destituir al sujeto de su responsabilidad y, así mismo, la suspensión de su deseo, dando vía al goce. El sujeto subsume también en el colectivo su responsabilidad individual. Se emprende una cadena de actos de los cuales no es responsable, porque responde el colectivo a nombre del ideal41.

Un ideal enaltecido por un uniforme y unas armas que para los guerrilleros eran motivo de orgullo, lo que le dio sentido a su lucha y hasta a su propia existencia; objetos que en la actualidad han devenido obsoletos y anacrónicos.

De ahí que trasegar de la constitución grupal de la identidad, como cuerpo que pertenece a un conglomerado en el que erigieron su filiación social, el sentido de sus ideales políticos y de su propia existencia, de manera individual a las aulas, implica trabajar otros atributos de la condición humana del combatiente, como el desarrollo de la consciencia de sí mismo y en la posibilidad de subjetivarse a partir de la enseñanza de la inteligencia intrapersonal y espiritual, que le permitirá a los excombatientes hacer un inventario de sus acciones y comenzar a visualizar la responsabilidad subjetiva para que, de esta manera, se puedan arrepentir, pedir perdón si fuera el caso, y continuar su proceso de reincorporación a la sociedad de manera más armoniosa.

En este sentido, será necesario brindarle a las personas afectadas por el conflicto la posibilidad de encontrar su propio camino espiritual a través de una verdadera formación integral, para que en el encuentro consigo mismos puedan aliviar sus heridas y adaptarse a una sociedad que también tendría que hacerse más pacífica. Como lo expresa Morín: «La práctica mental del auto-examen permanente de sí mismo es necesaria, ya que la comprensión de nuestras propias debilidades o faltas, es la vía para la comprensión de las de los demás. Si descubrimos que somos seres débiles, frágiles, insuficientes, carentes, entonces podemos descubrir que todos tenemos una necesidad mutua de comprensión»42. Así mismo, la educación pensada como una posibilidad de inclusión debe ser considerada desde lo profundo de las dimensiones de la subjetividad y nuevas formas de subjetivación que encaran las exigencias del regreso a la vida civil, en escenarios de postconflicto.

Por esto, ante seres humanos que han hecho daño y que han vivido excluidos y marginados de la sociedad es prioritario rescatar su amor propio, erigiendo escenarios de perdón e inclusión, en los que a través de la inteligencia espiritual, como una de las inteligencias múltiples, se restituya su humanidad para que puedan pedir perdón, perdonar y ser perdonados, además, recuperar o adquirir el amor y la seguridad en sí mismos, que les permita pensar que son merecedores de una vida mejor al interior de la sociedad colombiana.

Desde esta perspectiva, la Universidad podrá abrir las puertas a esta renovación espiritual y asegurarse de enseñar que no es exclusiva de los santos o de los religiosos y tampoco implica retirarse a las montañas y dejar el mundo para fortalecer una armoniosa relación consigo mismo y con la divinidad, cualquiera que sea su nombre. También, deberá explicar en términos elementales que la espiritualidad es un atributo de los humanos que conduce a la inteligencia espiritual, y que siempre existe la posibilidad de volver al sentido religioso del hombre, como condición que subyace a la inteligencia espiritual. En palabras de Bobbio:

Una isla rodeada de misterio. Sé que estamos rodeados de misterio. A eso es a lo que yo llamo el sentido religioso del hombre, la sensación de que estamos rodeados por un misterio impenetrable. Hoy día tenemos el apoyo de las ciencias para comprender el sistema solar y las galaxias: hemos asimilado miles, millones de hechos de los que los antiguos no tenían conocimiento. No obstante, el mundo nos resulta cada vez más incomprensible, menos transparente. Cuanto más sabemos, más conscientes somos de nuestra ignorancia. Toda la historia de la ciencia se compone, al fin y al cabo, de tímidas hipótesis. Por ello hablo del sentido religioso del hombre: de una postura religiosa frente a lo inabarcable, lo indescifrable, de lo infinito. Aunque no sea posible transformar este sentido en una doctrina, un catecismo, un sistema43.

De acuerdo a lo planteado, la Universidad deberá promover el desarrollo de este tipo de inteligencia, denominada también existencial o trascendente, pues como se dijo, complementa el mapa de las inteligencias múltiples, específicamente el de la inteligencia intrapersonal44. Es una inteligencia que faculta a la persona para preguntarse por el sentido de su existencia, para tomar distancia de la realidad, trascender la materialidad y establecer comunicación con sí mismo y la divinidad, sin importar su religión, como dimensión fundamental del ser humano y a la que todos tendrían acceso y posibilidad de desarrollar, si se incluye de manera transversal en los currículos universitarios o en cátedras electivas.

Conclusiones

El gobierno colombiano necesitará para la consolidación de la paz una política pública educativa que permita mayor inclusión e inversión social en educación. Pues, es un hecho que el fin de una guerra interna de más de 50 años puede verse como un gran logro. No obstante, es necesario trabajar en políticas enfocadas en la inclusión de los excombatientes y sus familias en las aulas universitarias, a través de becas o estímulos para las universidades que los acojan; así mismo, en la divulgación masiva de los beneficios de la paz, que consoliden una fuerte y perdurable disposición colectiva hacia la convivencia pacífica.

Es sabido que el posconflicto puede seguir siendo violento, pues la desmovilización implica la inserción de excombatientes a la vida civil, para lo que la sociedad colombiana puede no estar preparada. Por esto, las universidades podrían dar el mejor ejemplo, ya que los jóvenes nacidos en el siglo XXI, y quienes ocuparán sus aulas, prescinden de los odios y rencores de las generaciones pasadas. Entonces, sin un compromiso serio y perdurable de las partes implicadas en el posconflicto, y de toda la sociedad, el proceso de paz podría traer otras consecuencias negativas para el país, como la emergencia de nuevos actores violentos o el incremento de la delincuencia en las zonas urbanas.

La construcción del tejido social y la consolidación del posconflicto en Colombia no es solo una tarea del Estado y de los exagentes armados, sino de todos los colombianos, y en ello la Universidad deberá tener un papel fundamental, al tornarse más tolerante e inclusiva y proponer en sus programas el desarrollo de la inteligencia intrapersonal y de la inteligencia espiritual, como un componente transversal en sus currículos o en seminarios o cátedras específicas, que lleven al desarrollo de competencias para la convivencia pacífica.

La Universidad del futuro deberá ser más inclusiva para facilitar el camino hacia la sociedad pacífica; por lo que la relación entre la escuela y la sociedad no es más que una consecuencia natural, ya que la primera forma parte de una comunidad45. Por esto, la Universidad inclusiva surgirá del orden natural de una sociedad incluyente que decida, después de tantos años de conflicto, dar un paso hacia la reconciliación y el perdón. De allí, uno de los aspectos esenciales que se habrán de tener en cuenta en la Universidad del posconflicto es que se debe combatir el enfoque desde el que se erigió, en relación con las formas de exclusión, el elitismo, la invisibilización y desconocimiento de otras culturas, clases sociales y formas de pensar; características que han fomentado la pérdida del territorio ancestral en el caso de los grupos étnicos, el despojo y desarraigo en el caso de los desplazados de la violencia, así como la pérdida de oportunidades laborales y de subsistencia, que se convirtieron en insumos para el conflicto armado.

Cuando se creó la unesco en su preámbulo fundacional se señaló que «si las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz». Después de casi 50 años de conflicto armado, nos hemos dado cuenta de que no ha sido suficiente trabajar en la mente de los hombres para erigir los baluartes de la paz, también es necesario trabajar en las otras dimensiones humanas, por medio de la enseñanza de la inteligencia emocional, intrapersonal y espiritual, como una propuesta integral de formación del individuo. De acuerdo con Fisas, los fundadores de la unesco aceptaban el reto y lanzaban al mundo el mensaje de que si los humanos hemos sido capaces de inventar una práctica tan brutal como la guerra, hemos de ser igualmente capaces de inventar la paz, de construirla, fortalecerla y universalizarla (1998)46. Ya es tiempo de cambiar el paradigma y buscar opciones de formación que desde los saberes y la universalidad de las instituciones de educación superior le apunten a una verdadera pacificación de las mentes y del espíritu.

A pesar de que las preguntas de la encuesta y de las entrevistas a los grupos focales se formularon en relación con cómo debería ser la Universidad del futuro, al analizar las respuestas se pudo evidenciar que en realidad responden a las problemáticas actuales del país y de sus Universidades, pues no se evidencia que resulten de una verdadera visualización a futuro. Entonces, además de un insumo para diseñar la Universidad del posconflicto, se convierten en un excelente diagnóstico de los problemas que en la actualidad las aquejan, pensado a partir de aquello que les hace falta para proyectarse en el futuro y que, a su vez, le dan la razón a las propuestas del presente artículo.

En resumen, las opciones de orientación ética, el cuidado y conservación de la naturaleza, las ciencias de la salud y bienestar, y las artes y humanidades conforman un conglomerado de intereses susceptibles de acometer desde la inteligencia emocional, las inteligencias múltiples y la inteligencia espiritual, según lo propone el artículo. Las relaciones con el mundo (naturaleza-economía), con el otro (ética, participación política-ciudadana) y con uno mismo (bienestar, sentido y trascendencia), estructuradas a través de una reflexión humanística (artes y humanidades), se complementarían con una formación en inteligencia espiritual, para conformar una Universidad verdaderamente inclusiva, tan necesaria para la consolidación de la paz.

A pesar de que Gardner no habla puntualmente de inteligencia espiritual sino de inteligencia trascendente y de que, en términos más concretos, el concepto de inteligencia espiritual adolece en principio de una contradicción, puesto que los asuntos del alma o del espíritu no son de carácter racional, se vislumbra la necesidad de trabajar la espiritualidad por medio de la inteligencia espiritual, en un intento por curricuralizar un tema tan espinoso para la academia, desde la perspectiva laica, que caracteriza las universidades públicas del país. Se trata de hacer un esfuerzo para que estos temas al menos permeen la vida universitaria, debido a lo difícil y riesgoso que implica hablar de espiritualidad humana en los espacios académicos. Para tales efectos, se ha propuesto el desarrollo de la inteligencia emocional y las inteligencias múltiples como sustratos teóricos de la inteligencia espiritual, que de alguna forma le dan un contexto más académico, lo que permitiría su enseñanza en la Universidad del posconflicto.

Finalmente, cuando llevamos ya varios años inmersos en la sociedad postindustrial, caracterizada por una economía basada en los servicios, la información y el conocimiento47 y con la iv Revolución Industrial, marcada por la convergencia de tecnologías digitales, físicas y biológicas, que hará que los robots integrados en sistemas ciberfísicos reemplacen definitivamente la mano de obra humana de las fábricas, finalmente, el hombre deberá asumir que ya no está para el trabajo físico, sino para aquellas actividades que Hanna Arendt considera más elevadas y significativas48. Pero la realización del deseo de liberarse del trabajo llega en un momento que solo puede ser contraproducente, «Puesto que se trata de una sociedad de trabajadores que está a punto de ser liberada del castigo del trabajo, pero que desconoce esas otras actividades más elevadas y significativas por cuyas causas merecería ganarse esa libertad»49. La Universidad será entonces uno de los escenarios para la enseñanza de aquellas inteligencias humanas irremplazables (por ahora) por la inteligencia artificial, como la inteligencia emocional, la intrapersonal y la espiritual.

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2Howard Gardner, Inteligencias múltiples. La teoría en la práctica, 171.

3Daniel Goleman, La práctica de la inteligencia emocional (Barcelona: Kairós. 1998), 95.

4Johan Galtung, Tras la violencia, 3r: Reconstrucción, reconciliación, resolución: afrontando los efectos visibles e invisibles de la guerra y la violencia (Bilbao: Bakeaz, 1999), 30.

5Vicenc Fisas, Cultura de paz y gestión de conflictos (Barcelona: Icaria Editorial, 1998), 193.

6Johan Galtung, Tras la violencia, 3r: Reconstrucción, reconciliación, resolución: afrontando los efectos visibles e invisibles de la guerra y la violencia, 21.

7María Teresa Uribe y Liliana María López Lopera, Las palabras de la guerra. Metáfora, narraciones y lenguajes políticos: un estudio sobre las guerras civiles en Colombia (Medellín: Universidad de Antioquia, 2006), 413.

8Omar Cabrales, «Ley de justicia y paz y el marco legal para la paz ¿un paso más hacia la impunidad?», Revista Justicia Juris 1, Vol. 8 (2012): 90.

9Larry Siever, «Neurobiología de la agresividad y la violencia», Am J Psychiatry 7, Vol. 11 (2008): 400.

10María Teresa Uribe y Liliana María López Lopera, Las palabras de la guerra. Metáfora, narraciones y lenguajes políticos: Un estudio sobre las guerras civiles en Colombia, 347.

11Isabel María García Sánchez, «La nueva gestión pública: evolución y tendencias», Revista presupuesto y Gasto publico 47 (2017), consultada en noviembre 13, 2017, http://www2.congreso.gob.pe/sicr/cendocbib/con4_uibd.nsf/B1168625381F1AE705257BCA00165978/$FILE/47_GarciaSanchez.pdf.

12Omar Cabrales, «Ley de justicia y paz y el marco legal para la paz ¿un paso más hacia la impunidad?»,88.

13Mel Ainscow, «La mejora de la escuela inclusiva», Cuadernos de Pedagogía 349 (2005), consultada en mayo 25, 2017, https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=1284484.

14Miguel Ángel Verdugo Alonso, «Aportaciones de la definición de retraso mental (aamr 2002) a la corriente inclusiva de las personas con discapacidad», consultada en septiembre 10, 2014, http://sid.usal.es/idocs/F8/FDO6569/verdugo.pdf

15Mel Ainscow, «La mejora de la escuela inclusiva».

16 Ctroadi de Tomelloso, Medidas organizativas y curriculares de atención a la diversidad desde una perspectiva inclusiva, consultada en octubre 15, 2013, http://sauce.pntic.mec.es/falcon/medidas_escuelainclusiva.doc.

1717 Daniel Goleman, La práctica de la inteligencia emocional, 93.

18Howard Gardner, Inteligencias múltiples. La teoría en la práctica, 166.

19Daniel Goleman, La inteligencia emocional (Buenos Aíres: Javier Vergara Editor, 1996), 64.

20Robert Cooper y Ayman Sawaf, La inteligencia emocional aplicada al liderazgo y a las organizaciones (Bogotá: Norma, 1998), 24.

21Howard Gardner, Inteligencias múltiples. La teoría en la práctica, 171.

22Howard Gardner, Inteligencias múltiples. La teoría en la práctica, 171.

23Howard Gardner, Inteligencias múltiples. La teoría en la práctica, 171.

24Ramón Gallegos Nava, Inteligencia espiritual: la capacidad de ser Feliz (Guadalajara: Fundación Ramón Gallegos, 2007), 25.

25Ramón Gallegos Nava, Inteligencia espiritual: la capacidad de ser Feliz, 25.

26Danah Zohar y Ian Marshall, Inteligencia espiritual (Madrid: Plaza & Janés, 2001), 19.

27Daniel Goleman, La inteligencia emocional, 68.

28Howard Gardner, Inteligencias múltiples. La teoría en la práctica, 173.

29Omar Cabrales, Competencias gerenciales para el desarrollo humano (Bogotá: Ediciones Grancolombianas, 2010), 10.

30Ramón Gallegos Nava, Inteligencia espiritual: la capacidad de ser Feliz, 29.

31Omar Cabrales, Competencias gerenciales para el desarrollo humano, 10.

32Francesc Torralba, Inteligencia espiritual (Barcelona: Plataforma, 2010), 14.

33Cf. Danah Zohar y Ian Marshall, Inteligencia espiritual.

34Luca Vanzago, «Breve historia del alma», Revista Ideas y Valores 62 (2011): 11, consultada en marzo 19, 2015, http://revistas.unal.edu.co/index.php/idval/article/view/38292/41568.

35Cabrales Omar, Competencias gerenciales para el desarrollo humano, 23.

36Cf. Norbert Lechner, Las Sombras de la Mañana. La Dimensión Subjetiva de la Política (Santiago de Chile: LOM, 2002).

37Francesc Torralba, Inteligencia espiritual, 18.

38Juliana Caro, José Hernández, Luis Wilches, Edwin Gómez, Carmen Jiménez, y Martha Álvarez, «Del sujeto, la subjetividad y la subjetivación a la noción de la responsabilidad subjetiva en el conflicto armado en Colombia», Revista Desbordes 4 (2013): 55, consultada en julio 12, 2017, https://issuu.com/ovacam/docs/desbordes4_ttl.

39María Clemencia Castro, «El teatro de la guerra: Una puesta en escena del sujeto», Desde el Jardín de Freud Revista de psicoanálisis 5 (2005): 308, consultada en septiembre 13, 2016, http://www.bdigital.unal.edu.co/14526/1/3-8420-PB.pdf.

40liana Caro, José Hernández, Luis Wilches, Edwin Gómez, Carmen Jiménez, y Martha Álvarez, «Del sujeto, la subjetividad y la subjetivación a la noción de la responsabilidad subjetiva en el conflicto armado en Colombia», 57.

41María Clemencia Castro, «El teatro de la guerra: Una puesta en escena del sujeto», 307.

42Edgar Morin, Introducción al pensamiento complejo (Barcelona: Gedisa, 1995), 51.

43Norberto Bobbio, Autobiografía (Madrid: Taurus, 1998), 21.

44Howard Gardner, Inteligencias múltiples. La teoría en la práctica, 171.

45Ctroadi de Tomelloso, Medidas organizativas y curriculares de atención a la diversidad desde una perspectiva inclusiva.

46Fisas Vicenc, Cultura de paz y gestión de conflictos, 193.

47Cf. Alan Touraine, La sociedad postindustrial (Barcelona: Ariel, 1973).

48Cf. Hanna Arendt, La condición Humana (Barcelona: Paidós, 1998).

49Cf. Hanna Arendt, La condición Humana.

*El artículo es fruto del proyecto de investigación: La universidad del futuro en Colombia, financiada por la Vicerrectoría de Investigaciones de la Universidad Militar Nueva Granada y desarrollada en los años 2016 y 2017.

**Doctor en Ciencias Sociales y Humanas, Magister en Educación, Especialista en Docencia Universitaria, Economista. Profesor de tiempo completo de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad Militar Nueva Granada. Líder del grupo de investigación Cultura y Desarrollo Humano, de la misma universidad. Contacto: omar.cabrales@unimilitar.edu.co.

Para citar este artículo: Cabrales Salazar, Omar. «La inclusión y la inteligencia espiritual en la Universidad del posconflicto en Colombia». Franciscanum 170, Vol. lx (2018): 215-242.

Recibido: 19 de Enero de 2018; Aprobado: 12 de Marzo de 2018

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