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Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura

Print version ISSN 0120-2456

Anu. colomb. hist. soc. cult. vol.38 no.2 Bogotá July/Dec. 2011

 

PRESENTACIÓN


El segundo número del volumen 38, correspondiente al segundo semestre de 2011, del Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura tiene como tema central el "Impacto de la Guerra Civil Española en las sociedades latinoamericanas". Según había acordado el Comité Editorial, la revista se nutriría del encuentro académico que sobre la materia convocó el Departamento de Historia de la Universidad Nacional de Colombia para abril del mismo año. Aunque no pudimos contar con todas las ponencias de dicho evento, algunas de ellas, más contribuciones que nos llegaron de distintas partes de América Latina y de Europa, configuraron el dossier que presentamos.

El primer artículo es escrito por el reconocido historiador argentino Luis Alberto Romero, quien aborda la polarización que vivió Argentina entre 1936 y 1946 en torno a la Guerra Civil Española. En efecto la conflagración en España afectó no solo a los numerosos migrantes de la península ibérica, sino al conjunto de la sociedad argentina. Si bien las expresiones de apoyo a la República española fueron más visibles, en especial el frente antifascista, no faltaron las voces locales que aplaudieron el levantamiento de Franco y su posterior triunfo. El autor se detiene finalmente en la paradoja en la que va a derivar esta polarización en Argentina con el ascenso de Perón al poder en 1946, pues en apariencia fue un triunfo pro fascista, pero el caudillo se apoyó en sectores obreros que se alineaban con el otro extremo.

El caso argentino es tratado también por el historiador Luis Velasco Martínez, de la Universidad de Santiago de Compostela en España, pero esta vez centrándose con más detalle en la migración española. Al autor le interesa resaltar el papel cumplido por los alineados con el fascismo, un sector poco estudiado por la historiografía. De esta manera hace un recorrido por las organizaciones, publicaciones y actividades de este bando, sacando a la luz facetas desconocidas de esa militancia que, sin duda, influyeron en la polarización de la sociedad argentina, que ya Romero analizó en el primer artículo.

La tercera contribución al dossier tiene como foco a Chile y proviene de dos investigadores, Fabio Moraga Valle y Carla Peñaloza Palma, pertenecientes a la Universidad Nacional Autónoma de México y a la Universidad de Chile, respectivamente. Los autores buscan ilustrar la solidaridad que gran parte de la intelectualidad chilena brindó a la República española, solidaridad que no fue espontánea sino que requirió del decidido esfuerzo de figuras destacadas como Pablo Neruda a través de la revista Aurora de Chile (1938-1940). El respaldo de la intelectualidad latinoamericana con la España Republicana vuelve a ser el tema del cuarto artículo, elaborado por Niall Binns, también de la Universidad Complutense de Madrid. Pero en esta ocasión se analiza el impacto de las imágenes de la matanza de niños, fruto de los bombardeos nacionalistas, en siete intelectuales cubanas, quienes apelan al instinto maternal para expresar su indignación y legitimar su activismo.

Por último, en este dossier el historiador colombiano César Ayala investiga el impacto de la Guerra Civil Española en nuestro país. Lo hace desde algunas claves de lectura que muestran que Colombia, sin ser un país de gran migración española, sí siguió con mucho interés lo ocurrido en la Madre Patria; que el triunfo nacionalista fortaleció la derecha criolla, alguna de ella con claro tinte fascista, y que la polarización española se reprodujo internamente y perduró mucho más allá del fin de dicha guerra civil.

Luego de las contribuciones a la sección central de este número vienen los artículos de temática libre, todos enfocados en la historia colombiana. El primero, del colega Pablo Rodríguez, estudia los rituales fúnebres que se rindieron a los héroes de la Independencia y el peso que estos tendrán en la joven cultura republicana. El autor muestra que la veneración de cuerpos y reliquias, especialmente los corazones, pretendía alimentar el fervor patriótico y sanar las heridas de los eventos pasados.

El problema de la temprana memoria patriótica colombiana es también abordado por el historiador Juan David Figueroa. En este caso el autor se detiene en el intelectual neogranadino Joaquín Acosta, quien a mediados del siglo XIX publicó en París un Compendio histórico que, entre otras cosas, buscó sentar la memoria nacional en la "grandeza" de la "civilización chibcha".

El tercer artículo de esta sección se concentra en la región antioqueña, frecuentemente tratada en nuestros estudios históricos y en esta misma revista. No obstante, en su contribución Sandra Patricia Ramírez considera una dimensión poco analizada previamente: la migración de personas provenientes de pueblos de Antioquia a su capital en la primera mitad del siglo XX. La autora minuciosamente estudia las razones de esa migración, la cual, a su juicio, fue definitiva para que Medellín pasara de ser una pequeña villa a constituirse en la segunda ciudad del país.

Finalmente, y como si hiciera eco a los movimientos estudiantiles contemporáneos, los historiadores Álvaro Acevedo Tarazona y Diana Crucelly González estudian la marcha universitaria de Bucaramanga a Bogotá de 1964. Con nuevas fuentes escritas y testimonios, los autores ofrecen una reconstrucción más amplia de un evento crucial en la historia del estudiantado colombiano, que debe alimentar su memoria.

Culminada esta sección, incluimos reseñas y notas bibliográficas sobre la actualidad historiográfica. El siguiente número, correspondiente al primer semestre de 2012, será de tema libre y estará enmarcado en las tres secciones habituales: historia colombiana, latinoamericana y debates.

Por último queremos reconocer que la amplia respuesta de autores latinoamericanos y españoles a nuestra convocatoria de dossier es muy gratificante, pues indica que nuestra revista, si bien tiene como prioridad el estudio de la historia colombiana, logra trascender las fronteras nacionales para ubicarse como una publicación disciplinaria en el amplio espacio iberoamericano. En la misma dirección va la recomposición del Comité Científico con la inclusión de prestigiosos historiadores como José Antonio Piqueras, Mary Roldán y el ya mencionado Luis Alberto Romero. De esta forma seguimos preparándonos para la efemérides de 2013, cuando cumplimos 50 años de existencia como la primera revista universitaria de historia del país y una de las más importantes del continente.


MAURICIO ARCHILA NEIRA
DIRECTOR Y EDITOR
Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura

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