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Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura

Print version ISSN 0120-2456

Anu. colomb. hist. soc. cult. vol.38 no.2 Bogotá July/Dec. 2011

 

La matanza de los inocentes.
Intelectuales cubanas en defensa del niño español
*

The Massacre of the Innocent.
Cuban Women Intellectuals in Defense of Spanish Children

NIALL BINNS
Universidad Complutense de Madrid
Madrid, España
nbinns@filol.ucm.es

Artículo de investigación.
Recepción: 26 de julio de 2011. Aprobación: 2 de septiembre de 2011.


RESUMEN

El artículo estudia el impacto que tuvo en siete intelectuales cubanas la Guerra Civil Española y, concretamente, las imágenes de niños muertos en los bombardeos aéreos de Madrid y otras ciudades republicanas. Estas imágenes, divulgadas por la prensa y los noticiarios cinematográficos, se reiteran obsesivamente en los escritos de Mariblanca Sabas Alomá, Serafina Núñez, Berta Arocena, Mirta Aguirre, Fina García Marruz, Emma Pérez y Teté Casuso. Estas intelectuales cubanas, arropadas por el prestigioso ejemplo de Gabriela Mistral, apelan a su sensibilidad "maternal" para expresar su compasión y para justificar su indignación y su activismo político en defensa del niño español.

Palabras clave: Gabriela Mistral, Guerra Civil Española, literatura cubana, mujeres intelectuales.


ABSTRACT

The article studies the impact that the Spanish Civil War and, specifically, the images of children killed during the air raids on Madrid and other Republican cities had on seven Cuban women intellectuals. These images, disseminated by the press and cinema newsreels, recur obsessively in the writings of Mariblanca Sabas Alomá, Serafina Núñez, Berta Arocena, Mirta Aguirre, Fina García Marruz, Emma Pérez, and Teté Casuso. Following the prestigious example of Gabriela Mistral, these Cuban intellectuals appeal to their "maternal" sensibility in order to express their compassion and justify their indignation and political activism in defense of Spanish children.

Key words: cuban literature, Gabriela Mistral, Spanish Civil War, women intellectuals.


Introducción

EN SUS MESES iniciales, en zona republicana, la Guerra Civil Española significó una efímera época de conquistas para la mujer, una confirmación de los avances que ya había conseguido desde el derrocamiento de la monarquía en 1931. La figura de la miliciana, durante las primeras semanas o meses del conflicto, fue explotada como una anécdota pintoresca por la prensa mundial pero significó, en la práctica, que la mujer se sentía con pleno derecho de luchar codo a codo con sus compañeros milicianos en el frente.1 De ahí surgieron las heroínas, las mujeres-mártires celebradas por la propaganda republicana: Lina Odena y Paca Solano.2 Al mismo tiempo, en esos frenéticos inicios del conflicto español, hubo mujeres que ocuparon por vez primera los lugares de trabajo dejados libres por los hombres en las fábricas. Estas conquistas pronto se frenaron. Con el paso del tiempo y la organización del Ejército Popular, las mujeres fueron retiradas del frente y su papel volvió, poco a poco, a ser el de todos los tiempos y todas las guerras: la mujer que espera en casa al hombre ausente; la mujer-viuda que llora la muerte de su esposo; la madre desolada que llora la muerte de sus hijos. Incluso en el ámbito laboral, cada vez más se hacía hincapié en las labores tradicionales de la mujer: la de cuidar a los heridos y los enfermos; la de coser prendas y mantas para los que luchaban en el frente. Eran labores de esposa, labores de madre, no de la nueva mujer libre de la República.3

Esta segunda etapa de la guerra (el Ejército Popular empezó a formarse a mediados de octubre), coincidió para la mujer republicana con un cambio de estrategia, una verdadera innovación bélica del ejército de Franco: los bombardeos de las ciudades abiertas, que se ensayaron con secuelas devastadoras en Madrid. Se trataba de una novedad en más de un sentido: las víctimas no eran ya, como en la Gran Guerra, solo los soldados en las trincheras, sino los habitantes de la retaguardia; es decir, mujeres, ancianos, niños. Era algo inaudito en la historia de las guerras, y sucedía, además, en una lucha inaudita por otro motivo: la Guerra Civil fue la primera guerra mediática de la historia. Es decir, el horror de esas víctimas civiles fue divulgado por los medios de comunicación masiva en imágenes escalofriantes que llegaban a todo Occidente. Con fines propagandísticos, la República decidió, en su campaña de divulgación de las imágenes de los bombardeos, centrarse en el niño como víctima: niños muertos en los bombardeos, cuyos cadáveres habían sido sacados a duras penas de los escombros y puestos en fila, numerados en su anonimato, esperando la identificación; niños muertos en los brazos de sus madres; huérfanos que vagaban entre las ruinas de una casa en busca de sus padres; y los niños evacuados, que abandonaban España entre el llanto de sus familiares, para aguardar el triunfo o la derrota de la República en México, en Inglaterra o en Rusia.

En pocos países del mundo suscitó la Guerra Civil pasiones tan encendidas como en Cuba. Jorge Domingo Cuadriello señala que se trata de una "reacción lógica", si se toman en cuenta "los estrechos vínculos históricos, culturales, religiosos e incluso familiares entre españoles y cubanos, así como la existencia entonces en la Isla de una numerosa e influyente comunidad de naturales de España".4 El interés por la guerra no se limitó a la colonia española. La sociedad cubana estaba altamente politizada desde la época de la resistencia contra el dictador Gerardo Machado (derrocado en 1933), y fueron muchos los que sentían la guerra española como suya propia. Viajaron a España para defender la República un millar de voluntarios y se ha dicho que "desde el punto de vista proporcional a su población el pueblo cubano fue el que mayor número de voluntarios aportó a dicha contienda antifascista".5 Dentro de la isla, grupos de intelectuales, sindicatos, partidos de izquierda y organizaciones estudiantiles y masónicas organizaron numerosos actos de apoyo a la República, homenajes a muertos ilustres de la guerra (como Federico García Lorca), manifiestos, manifestaciones y colectas para recaudar fondos, ropa, cigarrillos y leche condensada para la República. De particular importancia, para los propósitos de este artículo, son las labores de la Asociación de Auxilio al Niño del Pueblo Español, fundada en La Habana en marzo de 1937. En ella, las mujeres intelectuales tuvieron un protagonismo central: Teté Casuso fue la presidente y el gran logro de la Asociación, la Casa-Escuela Pueblo de Cuba instaurada en Sitges, fue dirigida por una de las vice-presidentas, la educadora Rosa Pastora Leclerc.

Ha sido bien documentada la participación de los intelectuales cubanos que viajaron a España durante la guerra: la de Pablo de la Torriente Brau, corresponsal de guerra y luego comisario político que murió en el campo de batalla en diciembre de 1936; los delegados cubanos en el Congreso de Escritores Antifascistas: Nicolás Guillén, Alejo Carpentier y Juan Marinello, que escribieron textos memorables sobre la guerra, pero también Félix Pita Rodríguez, redactor principal del boletín Nuestra España, publicado en París, y Leonardo Fernández Sánchez. Por último, Jorge Domingo ha prologado una reciente reedición del testimonio Tres meses con las fuerzas de choque, del periodista y narrador Carlos Montenegro, que viajó a España en el invierno de 1937 como corresponsal de la revista Mediodía.

"Ser espectador de calamidades que tienen lugar en otro país", ha dicho Susan Sontag en su libro Ante el dolor de los demás, "es una experiencia intrínseca de la modernidad, la ofrenda acumulativa de más de siglo y medio de actividad de esos turistas especializados y profesionales llamados periodistas. Las guerras son ahora también las vistas y sonidos de las salas de estar".6 Desde la lejana retaguardia cubana, se observó el espectáculo calamitoso de la Guerra Civil con fervorosa atención. En las siguientes páginas, me referiré brevemente a la manera en que siete intelectuales cubanas -Mariblanca Sabas Alomá, Serafina Núñez, Berta Arocena, Mirta Aguirre, Fina García Marruz, Emma Pérez y Teté Casuso- vivieron, sufrieron y escribieron sobre la Guerra Civil sin la necesidad de pisar España durante los años del conflicto. Los bombardeos de las grandes ciudades convocarían en ellas una respuesta maternal, que chocaba, en cierta medida, con la autonomía de la mujer -la liberación de las ataduras de género, de los papeles tradicionales de madre y esposa- que era, que estaba siendo, una conquista de la modernidad. Durante la Guerra Civil, las víctimas infantiles obligaban a estas siete intelectuales -todas ellas militantes comunistas o compañeras de viaje- a invertir los avances y volver a asumir, por exigencia de las circunstancias, el papel de madre o sustituto de madre.

Mariblanca Sabas Alomá

En su ensayo titulado "Los niños, víctimas inocentes de la guerra", la poeta, periodista y feminista Mariblanca Sabas Alomá (1901-1983) estudia el impacto que tuvieron en la sociedad cubana las imágenes de los niños de España:

El espectáculo ofrecido a nuestros ojos por periódicos, revistas, libros, folletos, y, sobre todo, por el cinematógrafo, crispa los nervios: niños muertos, niños heridos, niños abandonados, niños famélicos, niños destrozados horriblemente por la metralla, niños exilados, niños huérfanos... Víctimas inocentes de la guerra, en sus pequeños cuerpecitos se ceba la insania de los legionarios moros, de los "voluntarios" italianos, de los "técnicos" alemanes, de los "católicos" (¡qué herejía!) españoles (...) ; son niños de (...) la España leal a España misma; son el último "hit" de la guerra moderna: la carne delicada para saciar el hambre de los cañones de la reacción.7

El general Franco, para Sabas Alomá, era una especie de "Herodes, multiplicado". Estaba haciendo lo inconcebible, cometiendo de nuevo -dos milenios después- una matanza de los inocentes, y ella reflexiona exasperada sobre el alcance del "escalofrío de horror" provocado por las imágenes de los niños. "¿Qué madre -pregunta-, de qué pueblo de la tierra, (...) contempló en diarios y revistas los cuerpos destrozados de los escolares españoles, víctimas inocentes (...), sin pensar, horrorizada, en la posibilidad de que idéntica suerte les esté reservada en un porvenir tal vez no demasiado lejano, a sus propios hijos?".

Después de más de setenta años en que las imágenes de atrocidades han bombardeado la conciencia del lector y el espectador de las noticias, tendemos a subestimar los efectos de aprendizaje y concienciación que son capaces de producir. Sontag formula el argumento para luego cuestionarlo: "Saturados de imágenes de una especie que antaño solía impresionar y concitar la indignación, estamos perdiendo nuestra capacidad reactiva. La compasión, extendida hasta sus límites, se está adormeciendo".8 Ahora bien, en los años treinta, el público lector y espectador nunca había visto cosas de esa índole. Estaban ante la primera guerra mediática y además, por primera vez en la historia, un ejército estaba bombardeando la población civil de los centros urbanos. Es normal que se impresionaran, que se indignaran, aunque Sabas Alomá pregunta sobre cómo encaminar los sentimientos, dirigiéndose específicamente al público más susceptible a ser afectado por ellas: las madres. ¿Qué tendrían que hacer las "madres todas de la tierra" ante semejantes atrocidades? ¿Aceptar la "sumisión servil a los asesinos de los niños" o emprender una "guerra implacable" contra ellos? Ella ofrece su propia respuesta: "Si la redactora de estas líneas tuviese hijos, escogería lo segundo".

Las imágenes de los niños muertos en los bombardeos fueron divulgadas por el gobierno republicano con fines propagandísticos. Sabas Alomá, desde la postura de una espectadora moralmente escandalizada, cierra su ensayo con su propio reclamo:

Miramos, espantadas, las mujeres de todo el universo, el espectáculo dantesco. ¿Vamos a permanecer siempre cruzadas de brazos? ¿No podemos hacer nada para defender a "la esperanza del mundo"? (...) ¿Cómo hacerles la guerra a los enemigos de la paz...? Desde las pantallas, desde los periódicos, desde las revistas, desde las tierras desoladas (...) de España, los niños muertos, los niños mutilados, los niños huérfanos ESTÁN IMPLORANDO NUESTRA EFECTIVA, PRÁCTICA, GENEROSA Y HUMANA COMPASIÓN.9

Susan Sontag empieza su libro Ante el dolor de los demás... recordando el libro Tres guineas, de Virginia Woolf, y el planteamiento que hacía la escritora inglesa sobre una diferencia fundamental entre la actitud sobre la guerra de los hombres -que la emprenden, que ven en ella "alguna gloria, una necesidad, una satisfacción"- y la actitud de las mujeres, que no disfrutan la guerra, que no la sienten ni gloriosa ni necesaria ni satisfactoria.10 La reacción visceral que Sabas Alomá describe en su ensayo es, precisamente, una reacción de mujer, de madre o de cualquier mujer que pudiese ser madre (si la redactora de estas líneas tuviese hijos, escribió la periodista, incluyéndose a sí misma como madre en potencia), ante la brutalidad perpetrada contra los niños. No se trata solo de compasión. La compasión provocada por las imágenes de atrocidades es -lo dice Sontag- "una emoción inestable. Necesita traducirse en acciones o se marchita. La pregunta es qué hacer con las emociones que han despertado, con el saber que se ha comunicado".11 Lo que hicieron con las emociones Mariblanca Sabas Alomá y muchas de sus colegas fue escribir -intentar hacer algo "efectivo" y "práctico" con la escritura- y, a la vez, dedicarse a las labores de propaganda y recaudación de fondos de la Asociación de Auxilio al Niño del Pueblo Español.

 

Serafina Núñez

Observar el dolor ajeno, sufrir observándolo como si fuese en carne propia pero estando a salvo del peligro, obliga a un sentimiento de mala conciencia. Este incómodo nudo emocional está en la raíz de la "Elegía por los niños de España" de Serafina Núñez (1913-2006), que fue publicada en enero de 1938 en la revista Selecta, junto a una imagen del pintor gallego Alfonso Castelao de dos niños, uno de ellos arrodillado cerca del cadáver de alguien que podría ser su padre pero que fue, en la versión original, su maestro. El poema, que formaría parte del libro Isla en el sueño, publicado hacia finales de 1938, se estructura en torno a dos oposiciones: entre el ayer de felicidad de los niños españoles y el hoy de su sufrimiento; y entre el allí de España en guerra y el aquí de la pacífica Cuba, donde se sufrían con impotencia los bombardeos de Madrid; con angustia, gritos, llanto y rabia, pero sobre todo con una desesperada impotencia. Así comienza el poema:

Desesperada aquí, clavada aquí,
negada a los inútiles abanicos,
soltando negros pájaros desde mi isla limitada
estoy desenterrando el llanto de todas las campanas.
La angustia convoca las gargantas:
es el día de la cólera, del grito, del brazo derrumbando las estatuas
sin fuego,
el día que nos pide la palabra y la vida.
-Mis paisajes hunden cielos de horror bajo las lágrimas-
Aquí, desesperada, aquí en mi isla limitada
me socavan el gemido y la furia:
¡es el día del crimen!

La contraposición de inmediatez y lejanía, y sobre todo de presente y pasado -iluminada con una sucesión de imágenes de destrucción y felicidad-, desgarra a la hablante lírica. El poema termina, sin embargo, evocando un encuentro, un lazo de solidaridad -forjado con la palabra- con las mujeres españolas que han sufrido la pérdida de sus hijos: "Por mis venas / madres martirizadas confunden sus gemidos". Las madres martirizadas, latiendo en las venas de la poeta, parecería connotar una superación de la impotencia, de la mala conciencia. El voluntarismo, no obstante, es palpable. Ella sigue estando allí, desesperada, lejos del martirio en su isla limitada, ofrendando su elegía, eso sí, pero consciente de que una elegía es poco más que un pobre consuelo ante la vastedad del dolor.12

Berta Arocena

La compasión, decía Sontag, necesita traducirse en acciones, y por eso el escritor, en tiempos de crisis y de guerra, anhela ver en el ejercicio de su palabra una acción meritoria, suficiente, útil. La periodista Berta Arocena (1899-1956), conocida como cofundadora en 1928 de Lyceum, la primera asociación de mujeres en La Habana, también sufre de mala conciencia en sus llamadas de apoyo a la Asociación de Auxilio al Niño del Pueblo Español. Arocena comienza su artículo "Por que el niño español no pase frío" reconociendo su incapacidad de actuar como debería, es decir, como mujer-madre, cosiendo "para aliviar en el próximo invierno -tan próximo que muerden ya las carnecitas desventuradas los colmillos del Guadarrama- a los niños españoles".13 La reflexión se encarna en los objetos y concretamente en la máquina de coser: "Como si fuera una limitación a mi alerta feminidad de mujer nueva, la torpeza ante la 'Singer' me abate el espíritu. ¿Qué es esto, señor? El ala de la máquina, en el cuarto vecino al que escribo [sic], permanece plegada. Y tan bello que es verla extenderse, con el gesto piadoso del brazo de un donante de sangre, allá en la España martirizada!". La analogía, como en el poema de Serafina Núñez, pretende anular la distancia. El brazo extendido del donante de sangre en España sirve directamente para salvar una vida; el ala extendida de la máquina de coser, gracias a la labor de una mujer o madre cubana, salvará la vida de un soldado republicano al arroparlo contra el frío del invierno en los frentes de Guadarrama o Teruel.

La "madrecita querida" de la periodista ya no es capaz, como antes, de coser con la Singer; ella, en cambio, la "mujer nueva", la que ha conseguido entrar en el terreno antes infranqueablemente masculino del periodismo, ya no sirve para los deberes femeninos y maternales que el presente -la contingencia de la guerra- parecía reclamar: "Yo no sé manejar la 'Singer', ni empujar la aguja, ni trazar, en la tela, esquemas con las tijeras! Malhadada torpeza de mis dedos. ¡Cuánto, cuánto lo lamento, madrecita querida!".

Partiendo de esta confesión de incapacidad femenina, Arocena se dirige a las "mujeres de Cuba", animándolas para que ayuden, cosiendo, a las madres españolas, o bien -"las que no sepan, como yo", coser- con otras actividades. El ensayo resuelve o supera el lamento de insuficiencia, volviendo a los objetos, no a la Singer sino a la máquina de la mujer nueva, que también sirve, a la Remington. Incapaz de donar sangre o ropa para el invierno, la mujer nueva es capaz de donar su escritura: "Pespunteo ilusionado de mi 'Remington'! Si lograras aquietarme el espíritu! Como todo organismo utilitario e inanimado, mi maquinilla de escribir es lacayo que fielmente interpreta las órdenes dictadas". Autorreflexiva todavía, Arocena lamenta no poseer "el soplo lírico de un poeta", que le permitiría (como en el caso de Núñez, se entiende) mitigar "este desconsuelo por mi culpable ignorancia femenina". Confía, sin embargo, en que su "prosa humilde de reportera", gracias al "llamamiento sublime" que ofrece, sirva para que las mujeres de Cuba acudan con su ayuda a la Asociación de Auxilio al Niño del Pueblo Español. A fin de cuentas, de lo que se trata es de "demostrar que somos madres", y de llegar "por la ruta del niño propio -feliz porque la metralla aún no destroza sus juegos-", al "niño ajeno, que no es tan ajeno, ya que habla nuestro idioma, y cuyo frío ha de desvelarnos".14

Esta misma mala conciencia domina el ensayo "Por el cielo de Sitges ha pasado un avión...", en el que Arocena homenajea la figura angélica -con "dos alas que no se pliegan jamás"- de la educadora Rosa Pastora Leclerc, directora de la Casa-Escuela Pueblo de Cuba, financiada y organizada en Cataluña por la Asociación de Auxilio al Niño del Pueblo Español. Gran parte del texto es una reescritura de fragmentos de las cartas de Pastora Leclerc, llenas de anécdotas y pequeños retratos de los niños. Comentar estas cartas produce en la periodista una nueva crisis respecto a la "utilidad" de su oficio, respecto a la seriedad de su compromiso; porque frente al crimen de Franco, ella no tiene una religión que le permita rezar, no escribe poesía y no hace más, en fin, que "coleccionar dolores". Por eso, la entrega vital de Pastora Leclerc es "como un reproche a mí misma". La mala conciencia no se disipa fácilmente. Aunque acuda otra vez a su Remington, aunque luche por hacer algo más que acumular el dolor ajeno, y aunque vuelva a pedir abrigos, efectivo y confituras para España, Arocena cierra su texto con la pregunta clave: "¿Qué hice hasta ahora para aliviar tal horror?".15

Mirta Aguirre

"Los niños -España de mañana" iba a ser el discurso de la poeta y periodista Mirta Aguirre (1912-1980) en una reunión de la Asociación de Auxilio al Niño del Pueblo Español; la reunión fue prohibida por el gobierno, así que el discurso se convirtió en una charla radiofónica por la emisora de la Asociación y en un texto publicado en ¡Ayuda!, el boletín de la Asociación. Afirmaba Aguirre que América entera "arde estremecidamente en ansiedad y entusiasmo de España". Prueba de ello era el impacto que había tenido una noticia en "nuestra prensa" sobre los "pequeños refugiados españoles". cuyos ojos habían visto la destrucción provocada por las bombas franquistas. No costaba esfuerzo comprender la ansiedad de los niños. A fin de cuentas, "esas horribles fotografías de cadáveres infantiles que se encuentran en todas las revistas como denuncia y alarma de la barbarie fascista" permitían que los cubanos comprendiesen, desde la distancia, el horror de los bombardeos, y que se comprometiesen, desde la distancia, en "esta lucha entre la inteligencia y la barbarie, entre el Ayer y el Mañana", para que "nuestras madres" no tuviesen que vivir "en la carne propia" esos mismos horrores.16

América, según Aguirre, estaba directamente implicada en la lucha española. Lo mostraría de nuevo cuando escribió, junto a las imágenes del libro Galicia mártir, del pintor Alfonso Castelao, una serie de poemas sobre España. Destaca, entre ellos, el romance "Tú tienes niños, Madrid", que vuelve a la imagen de los bombardeos: "Tú tienes niños, Madrid, / -quien, como tú, no los tenga! / Niños, para los aviones / de Franco, débiles presas. // (...) // '¡Tú tienes niños, Madrid!' / -Y todas las madres tiemblan / y la angustia eleva a ti / miles de manos abiertas...-". El poema termina con una invitación, la oferta solidaria de América como un lugar seguro para los niños, suscitada -sin duda- por la memorable imagen de los llamados "niños de Morelia", que en junio de 1937 hicieron una breve escala en La Habana en su camino hacia México:

"Tú tienes niños, Madrid
niños que la muerte acecha!"...
Y hay un gran grito, un gran grito
que va a ti desde estas tierras,
que atraviesa las montañas
y los mares atraviesa:
Madrid, queremos que a ellos
nuestros pueblos los protejan.
Los niños son tu esperanza,
¡son tu esperanza y la nuestra!
Madrid tus niños... ¡Aquí!...
¡América los espera!17

Fina García Marruz

"Aunque escribo desde niña, considero a éste mi primer poema", escribe Fina García Marruz (1921) en una nota a pie de página de "Bucólica", un texto fechado en 1940.18 "Aviones", publicado en ¡Ayuda! en mayo de 1938, es uno de esos poemas aún embrionarios de "niña". Habla del crimen contra natura de los bombardeos: "¿Qué primavera posible / florecerá en la tierra? / ¿Qué rosal crecerá encima / de esa sangre de niño?". Es un poema fragmentario, dislocado, y cuesta saber si la fragmentación y la dislocación son erratas o torpezas, y hasta qué punto pueden ser conscientes recursos expresivos para connotar el horror fragmentador y dislocante de los bombardeos. El poema termina, curiosamente, con un paréntesis que no se cierra, y con miradas hacia atrás, a "aquella vocecita apagada", a "aquel niño que jugaba", interrumpidas por la palabra AVIONES en mayúscula y por una serie enigmática de números y letras: "1-234 23456 FF". Son los números, quizá, de uno de los aviones; los números, quizá, del niño que empezaba a sumar en el colegio ("¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!", diría Vallejo); o bien los números que se ponían, para identificarlos, sobre los cadáveres de los niños muertos en los bombardeos:

¿Cuándo vendrán de nuevo?
de las manos ingenuas;
la niña, aquel huérfano,
la hermanita, el hijo
más pequeño?
Bandadas de gritos afilados
como cuchillos. Niños muertos.
(Aquella vocecita apagada
como un eco.
Aquel niño que jugaba
con aeroplanos y trenes
bajo el cielo amplio y limpio
aviones... ... 1-235 23456 FF
Pequeños brazos de niños.19

Emma Pérez

Dos de las intelectuales cubanas que escribieron sobre la Guerra Civil se habían estrenado en la poesía, pocos años antes, con obras dedicadas a sus compañeros encarcelados: Carlos Montenegro, en el caso de Emma Pérez Téllez (1901-1988); Pablo de la Torriente Brau, en el de Teté Casuso. Esos mismos compañeros volverían a "ausentarse" para viajar a España durante la Guerra Civil, y en el contexto de esa ausencia ambas mujeres partirían en su nueva escritura de una división de género impuesta por las circunstancias pero también por la tradición: el hombre abandona el hogar para luchar; la mujer, aunque comparta la militancia de su marido, permanece en casa, obligada a la pasividad, y asume en su escritura el papel de la fiel esposa que espera.

Cuando Emma Pérez se casó con Carlos Montenegro, este llevaba diez años en la cárcel por matar a alguien en una riña callejera en noviembre de 1919, cuando tenía diecinueve años. En la cárcel del Castillo del Príncipe, durante los años veinte, comenzó a escribir una narrativa que deslumbraría a los escritores cubanos de la época, que terminaron uniéndose en una campaña para que las autoridades le concediesen el indulto. En 1932, después de un año de convivencia de su marido ya libre, Emma Pérez publicó su libro Poemas de la mujer del preso, que fue celebrado por críticos prestigiosos como Jorge Mañach.20 Tanto Pérez como Montenegro ingresaron en el Partido Comunista durante los años treinta. En junio de 1936, Montenegro empezó a participar en Mediodía, y en agosto de 1937 viajó como corresponsal de la revista, primero a Nueva York y luego, en noviembre, a España. Pasó tres meses con el batallón de Valentín González, el Campesino, con el que volverían tanto él como Emma Pérez a encontrarse en 1951, en Cuba, cuando los tres estaban ya distanciados -agresivamente distanciados- del Partido.

En el ensayo "Emma Pérez, poesía y revolución", publicado en abril de 1937 en Mediodía, Nicolás Guillén reseña el nuevo libro de Emma Pérez, Niña y el viento de mañana, contrastando su valor con la mediocridad de mucha poesía supuestamente revolucionaria. Emma Pérez, para Guillén, era "una revolucionaria de la poesía revolucionaria" y había logrado, como pocos, evitar la consigna política y convertir en "sustancia de belleza" el conflicto "entre un mundo que desaparece y uno que nace". La "ansiedad humana" de su poesía, construida en torno al amor a su hija y, por extensión, al amor a "todos los hijos que hay en el mundo, de padres explotados, hambrientos y miserables", se aunaba a la conquista formal de un lenguaje sencillo y directo, fundamental para poder llegar al "hombre de la calle".21

El libro Niña y el viento de mañana, compuesto en su mayoría de versos de arte menor, se nutre de la tradición de Ismaelillo, de José Martí, y de las canciones de cuna de Ternura, de Gabriela Mistral, pero se diferencia en su incorporación de elementos abiertamente políticos. Ser niño o niña en los años treinta tenía poco que ver, evidentemente, con la experiencia de la niñez en 1882 o 1924. En el poema "Durmiéndote", la madre pide a la hija que se duerma antes de la llegada de un nuevo género de "cocos": el gordo burgués, el cura, el yanqui que "viene a buscar niños / para hacer esclavos", Mussolini, Hitler ("¡Qué miedo si viene / Hitler con su bigote!") y hasta el general Mola: "Duérmete, que llama / el general Mola: / -La niña se ha ido, / la madre está sola". La experiencia familiar sirve como punto de partida para varios de los poemas de Emma Pérez. Así, "Noción de la muerte de Pablo", un poema de cinco cuartetas que homenajea a Pablo de la Torriente Brau, parte de la amistad que tenía este con el marido de Pérez, Carlos Montenegro: "A padre le mataron / un amigo en la guerra". Cada cuarteta acaba en una especie de estribillo, que incorpora un tópico de la Guerra Civil -la imagen de los aviones como pájaros oscuros- cuya ingenuidad se revitaliza en el contexto de un poema infantil: "Volaban sobre España / pájaros de alas negras".22

En el verano de 1937, Pérez leyó un "Mensaje radiado" en la Hora de la Asociación de Auxilio al Niño del Pueblo Español, presentándose a los oyentes como "Emma Pérez, madre de una criaturita pequeña". Con prestigio de madre habla, y con sensibilidad de madre sufre las noticias que cruzan el Atlántico "en forma de látigos de sangre", para "azotarnos el dolor que destroza al pueblo de España": "Se nos envían retratos que se toman en cumbres de tragedia. Padecemos. ¡Parece que tocamos con los dedos los alambres de púas de las trincheras! ¡Parece que nos enfría el aire la carne de los muertos! Estamos pendientes del cable. Velamos la salida de los periódicos. Nos prendemos angustiadoramente a los botones de los radios". Y la angustia aumenta cuando se trata de los niños: "Guerra y niños. Desde cualquier esquina que elijamos para enjuiciar la guerra de España, nos sobrecogeremos por los niños".23

El impacto mediático de las fotos y las imágenes de la Guerra Civil hacen que dude Pérez del poder de las palabras. No es que la imagen valga mil palabras, sino que las palabras se ven incapaces de dar cuenta de tanto horror: "Yo apenas logro hablar de esto que siento. Me parece que necesitaría para podernos dar mis impresiones, no ya montañas de vocablos, sino tan sólo el primer plano inmenso de un desgarrador film. Esto es el cine el que puede expresarlo. Nada más". La escritora se limita, por tanto, a pedir a los oyentes que se imaginen una pantalla con imágenes de destrucción, de muchedumbres en fuga y de "niños muertos y niños ocultos en zanjas, desarraigados ya, locos, perdidos". ¿Cómo no reaccionar?, pregunta, sobre todo cuando no hacía falta imaginar nada, porque allí estaban, por todas partes, los carteles, los carteles con retratos de cadáveres de niños españoles "que cubren hoy las paredes del mundo" incitando a la indignación y la piedad: "Del vientre ascienden a azotar el pecho, olas de una amargura incomportable. Yo no puedo mirarlo. Yo no puedo. Están con los dientes mostrados. Con los ojos como lagos de asombro. Con números. Sin nombres. Yo no puedo". No obstante, a pesar de estas declaraciones de pasmo, Pérez relata una serie de conversaciones imaginarias con los niños muertos de los carteles: al número 32 le pregunta "qué rostro ofrecería la muerte al mirarte de pronto entre sus manos como ofrenda monstruosa", y, "¿quién intentó abrigarte la garganta con ese pañuelito tan humilde?". Y luego:

4-21, niña golondrina, ¿cuál esfuerzo desmesurado te redondeó la forma de los labios en esa rígida O? Despeinadita, te despeinó quizás el viento o no te habían peinado todavía cuando el crimen roncó sobre las cosas con la garganta de los aparatos untados de los cielos no españoles? No te peinaba nadie. Te escondían. Ya no se hacía sino esconderte. Las manos ya no saben peinar niños cuando las nubes vierten destrucción sobre pueblos sangrantes!24

El impacto de las imágenes de los niños muertos inspira nuevos poemas, como "Cartel de niña asesinada", que fue publicado en ¡Ayuda! en mayo de 1938, cuando la ausencia de su marido ya agregaba un dolor adicional a la escritura de Emma Pérez. Al viajar a España en noviembre de 1937, Montenegro estaba siguiendo un recorrido que ya había hecho Pablo de la Torriente Brau, y que lo llevaría al mismo batallón en el que había luchado -y muerto- su amigo. Los "Cantos nuevos", un anticipo de un nuevo libro, Los puertos mudos, fueron escritos -según Pérez- "para mi compañero que está en España y para mi hija de cinco años limpios, que sabe dónde está su padre".25

Una vez más, hay canciones de cuna, y un poema como "Nana antifachista" vuelve a la dinámica de "Durmiéndote". El tono juguetón, sin embargo, ha desaparecido. Los cocos de antes son ahora el "fachista / pirata-esqueleto", pero la madre no puede tratar el tema con la ligereza de antes.

Está condenada a velar: "aunque yo no duerma, / nana tú, mi niña". Aunque yo no duerma: porque "¿cómo he de dormir / si en cualquier criatura / te hieren a ti? // Pensar que bracitos / así de pequeños... / ¡Nana del puñal / clavado en mi cuello!". Y el regalo que promete la madre a su hija -el premio que habrá ganado si se duerme pronto- remite directamente al padre ausente: "Si te duermes ahora / mañana tendrás / -con sellos de España- / carta de papá".

En "Romance de los recados", la poeta utiliza a su marido como mensajero de sus dolores y su angustia por el futuro de España. Se asoma aquí la mala conciencia (la hemos visto antes en Serafina Núñez y Berta Arocena) de estar sufriendo de segunda mano, sólo como si fuese en carne propia, la destrucción y la muerte de los niños. En efecto, el dolor más intenso se revela en los últimos versos, cuando la forma del romance, tan española, tan característica de la poesía militante escrita en España durante la Guerra Civil, se quiebra a la mención del marido ausente:

Dile a España, compañero,
que hilo la angustia y la hilo
para coser mi dolor
al gozo de su heroísmo.
Que alambres de sus trincheras
me tienen enrojecidos
los dedos: que pasa el aire
por mi garganta con frío
de sus milicianos muertos.
Que la sangre de sus niños
-manantial- ¡qué clara brota
para correr entre niños
de todo el mundo!
Que tú
dejaste de estar conmigo,
¡pero que te quiero allá
entre sus brazos heridos!26

El padre militante abandona la casa familiar para viajar a España y aportar su solidaridad como corresponsal de guerra; abandonadas en la casa familiar quedan la mujer militante y la hija de ambos. El precedente de Pablo de la Torriente Brau crispa la angustia de estos "Cantos nuevos" de Emma Pérez: "¡Hacer tú el mismo camino / que Pablo de la Torriente! / ¡Hacer yo ningún camino / teniendo la mar enfrente!". Son versos del "Romance del primer desvelo". La niña se niega a dormir "hasta que padre no venga". La madre aguanta "insomnios de media-noche / cosiendo labios de gritos": insomnios de medianoche, que son también insomnios de madrugada e insomnios de pleno día. El desgaste de la ausencia conduce a poemas de soledad y aguda desolación, escritos con imágenes expresionistas y en graves versos de arte mayor, como es el caso de "Carta", en el que "la soledad ensancha como ojeras las noches" mientras que la poeta -dirigiéndose al marido- lucha por calmarse y por dejar de buscar "un hondo sentido a tus silencios". Cumple con el envío de sus cartas a España, aunque parezcan una "agonía de pájaros", pero sin demorarlas "para que tú conozcas, / que la niña se ríe como un agua pequeña". Se da cuenta, mientras tanto, de que se está convirtiendo en una figura maternal no solo para su hija, sino también para su marido: "Este de ahora -vencido- es un miedo de madre / porque te has convertido -no sé cómo- en mi hijo".

En su "Canto lírico por España", en cambio, es como si su marido no fuese más que una pequeña parte de la tragedia española. Una vez más, el yo habla desde la frustración, apostrofando ahora no al marido ausente sino a la propia España: "¡Los hombres van a ti con pechos encendidos, / pero mi corazón también se está quemando!". También se quema la mujer que se ha quedado en América, en casa con su hija, y una vez más son las fotos de los niños muertos las encargadas de transmitir el dolor de España con toda su brutalidad. Son los niños muertos los que imponen el insomnio:

Me aproximo a los muros apretados de imágenes
-con números- de niños, cuyas mejillas rotas
son las que traen así tu nombre ensangrentado
y allí me estoy creyendo hacerte compañía.
Y mi grito cabalga su corcel de silencio
cuando lucen los árboles como perros enormes
reconcentrando sombras junto a casas dormidas
que insultan con ronquidos mis desvelos inútiles.27

Teté Casuso

Teté Casuso (1912-1994) publicó en 1934 su primer libro, Versos míos de la libreta tuya, con un prólogo de Pablo de la Torriente Brau, con el que se había casado en 1930. Torriente Brau pasó "105 días preso" (es el título de una serie de artículos suyos sobre la experiencia) a comienzos de 1931, y a finales de ese mismo año volvería a la cárcel, esta vez para cumplir una condena de dos años. Estuvo con Carlos Montenegro tanto en el Castillo del Príncipe como en el Presidio Modelo de Isla de Pinos. La novela Hombres sin mujer (1938), de Montenegro, y el libro póstumo de Torriente, Presidio Modelo, son obras excepcionales sobre la experiencia carcelaria en la Cuba de la época de Machado. En su prólogo al libro de Casuso de 1934, Torriente contó que ella no había escrito versos hasta que él estuviera en el Presidio. Al recibir una carta con el poema "Llama" -"Se han dorado mis ojos con la eterna fascinación del fuego / que me besó en la cara / y estoy vibrante, loca, viva, como la llama"-, se entusiasmó tanto que ella empezó a enviarle más y más poemas.28 En cuanto saliera del Presidio, en cambio, Casuso abandonó la poesía. No volvería a ella hasta después de su muerte.

El 6 de agosto de 1936, Torriente escribió una carta de fervor bullicioso desde su exilio en Nueva York anunciando su decisión de ir a España, "a ser arrastrado por el gran río de la revolución. A ver un pueblo en lucha. A conocer héroes. A oír el trueno del cañón y sentir el viento de la metralla":

En la cama pasan las horas... la una, las dos, las tres, las cuatro... Y nunca me duermo. Y pienso, sufro, gozo, el chisporroteo del gran bosque incendiado de mi imaginación... En la otra cama, Teté Casuso de vez en cuando da hondos suspiros. La conocí cuando ella tenía sólo siete años. Ya voy hace más de seis que es mi única compañera. Y no tiene fe ninguna en que yo solamente "vaya a ver"... Pero ella comprende que es un glorioso deber el ir allá para aprender y contar a otros pueblos cómo se arranca la libertad y se aplasta al fascismo... Y ella comprende.29

Ella "comprende" y acepta la decisión, aunque desconfíe de que solamente "vaya a ver". Torriente Brau fue a ver y escribir sobre la Guerra Civil hasta que llegó el ejército de Franco a las puertas de Madrid. A comienzos de noviembre de 1936, se alistó en el batallón del Campesino como comisario político, luchó durante un mes y medio, y murió en Majadahonda en diciembre. A partir de entonces Teté Casuso se convertiría en una figura central de los múltiples homenajes a su marido celebrados en La Habana, y en otros muchos actos en defensa de la República española. Aparte de su papel como directora de la Asociación de Auxilio al Niño del Pueblo Español, es una de las firmantes (junto a Mirta Aguirre, Serafina Núñez, Emma Pérez, José Lezama Lima y Nicolás Guillén) de una carta de 14 de febrero de 1937 de los poetas cubanos para mostrar su repulsa a las lecturas de Federico García Lorca que estaba ofreciendo en Puerto Rico el recitador José González Marín, a beneficio de los nacionalistas españoles; el 6 de abril de ese año, la propia Teté Casuso leyó poesía de Lorca en un homenaje al poeta organizado por el Círculo Republicano Español y celebrado en el Teatro Nacional; el 19 de abril, participó en un Homenaje a Pablo de la Torriente celebrado en el teatro Auditorium, junto a Fernando Ortiz, Roberto Agramonte, Raúl Roa, Emilio Roig de Leuchsenring y Manuel Navarro Luna; el 7 de agosto presidió un gran mitin a favor del niño español en el Parque Hatuey; el 13 del mismo mes, acudió a la inauguración de la Biblioteca Pablo de la Torriente Brau en el Club Juventud Cultural Deportiva...

Como directora de la Asociación, Casuso publicó en ¡Ayuda! una estremecida crónica sobre los "niños de Morelia", cuando pasaron por La Habana en junio de 1937. Antes había visualizado a los niños en su imaginación; ahora, sobre la cubierta del Mexique, frente a "un racimo de cabecitas despeinadas", queda impresionada por la mirada de "niños rotos, descalzos, pálidos y alargados de delgadez que eran todo ojos y todo mirada".30 Va nombrando a varios y contando sus pequeñas historias, sus tragedias: Pepita Henares, una niña hambrienta de cariño que les da la bienvenida; Conchita Llemo Gadia, de Barcelona, que es "la muñeca de la expedición"; María Luis Corzo, que regala al socialista Avelino Rodríguez su gran tesoro, el retrato de sus padres y hermanos; Cecilio Baró, un malagueño de 12 años ya avezado en la política y la lucha; el niño abandonado y músico José Luis Racero, de la Calle del Pez de Madrid; y por último, Francisco González, el niño-poeta que tanto fascinó a Juan Ramón Jiménez.31

Berta Arocena retrata a Casuso en la semblanza "Teté Casuso, muchacha", escrita antes de la noticia de la muerte de Pablo de la Torriente, pero publicada en Bohemia a finales de enero de 1937. Recuerda la lucha de Casuso por sacar a su marido de la cárcel y evoca una frase de entonces de Renée Méndez Capote: "¿Has visto, Berta, la carita que tiene hoy Teté Casuso? Parece una cuna vacía". A Arocena le pareció atinado el símil: "Una cuna vacía significa una espera, pero al cabo, una espera gozosa. Sus tules, sus cintas indican arribo próximo"; y Pablo de la Torriente pronto saldría de la cárcel, como si naciera de nuevo para su mujer, que mientras tanto luchaba con perseverancia maternal para conseguir su libertad. Esta entrega al marido connota lealtad, pero también renuncia. Torriente nunca claudicó con sus principios, luchando como obrero y periodista; mientras tanto, "como una prolongación del amado, Teté -alumna de la Escuela de Pedagogía- exhortaba a la rebelión con su voz armoniosa de muchacha". En otro recuerdo, Arocena anota la dedicatoria que le hizo Casuso a los Versos míos de la libreta tuya: "Para ti, Berta -ya casi madrecita- con el recuerdo cariñoso de tu amable amistad". Es como si la inminente maternidad de la periodista se contrastara implícitamente con una carencia -la no maternidad- que se prolongaría para Casuso mucho más allá del desencarcelamiento de su marido.32

Después de la muerte de Pablo de la Torriente, obligada a regresar a la existencia de "cuna vacía" pero esta vez sin esperanzas, Casuso se vuelca en la labor humanitaria y militante de la Asociación de Auxilio al Niño del Pueblo Español, pero publica en su boletín ¡Ayuda! un poema que dialoga dolorosamente con las canciones de cuna de Gabriela Mistral -ella, en un papel no de maestra, sino de directora de una asociación que lucha para defender a los niños-, pero también con las nanas de Emma Pérez. "Nana sin niño", se llama el poema de Casuso, y en él se mezclan -como en otros de los textos que hemos visto, pero con más angustia, más desgarro- la confusión de sentimientos solidarios, humanitarios e internacionalistas con otros sentimientos más personales, anclados en la intimidad y en las particulares circunstancias de cada escritora:

¿Quién se robó mis tijeras?
¿Quién se robó mi dedal?
¿Quién tiene mi niño en brazos
que no lo puedo alcanzar?

El viento robó la aguja,
el llanto llevó el dedal,
la vida llevó mi sueño,
y el niño no ha de llegar.

Pero yo canto mis nanas
coso, puntada y dedal,
para los niños del mundo
que en mi corazón están. (...)

¿Quién tiene mi amor de nanas
el que ya no puedo dar?
Por la tierra y por los niños
mi amor se ha ido a cantar.

Por mi niño y por mi llanto
mi amor se perdió cantando,
mi voz se quedó sin voz.

Mi nana no tiene niño.

Para los niños del mundo
mi nana se fue a cantar.33

Conclusión. Los caminos abiertos por Gabriela Mistral

A finales de los años treinta, Gabriela Mistral ya se había convertido en la poeta e intelectual más prestigiosa de la lengua española. Me parece pertinente señalar, en esta breve conclusión, su peso como modelo para las intelectuales cubanas. En octubre de 1938, Mistral visitaría Cuba por tercera vez. Durante los dos meses que pasó en Cuba, ofreció una conferencia sobre los Versos sencillos de José Martí en la Institución Hispanocubana de Cultura, recibió un homenaje por parte del Municipio de La Habana, participó en un acto de la Asociación de Auxilio al Niño del Pueblo Español en el Stadium La Polar, pero sobre todo se rodeó de escritores amigos. Mistral acababa de publicar en Buenos Aires su libro Tala. Al hacerlo, renunció a sus derechos, "por no tener otra cosa que dar a los niños españoles dispersados a los cuatro vientos". "Tomen ellos el pobre libro", decía en una nota final, "de mano de su Gabriela, que es una mestiza de vasco, y se lave Tala de su miseria esencial por este ademán de servir, de ser únicamente el criado de mi amor hacia la sangre inocente de España, que va y viene por la Península y por Europa entera". En esta nota, se confesaba asombrada al ver a la América española "cruzada de brazos delante de la tragedia de los niños vascos", mientras que otros países -"los países de lengua imposible, los climas agrios y las razas extrañas"- habían acogido los barcos de refugiados.34 Este gesto de Mistral sirvió sin duda para cimentar su imagen como una poeta defensora de la maternidad y sus valores.

Durante su estancia en Cuba, a raíz de su contacto con Mariblanca Sabas Alomá, escribió "Una madrina cubana, chilena, argentina, para cada niño español", exhortando a las mujeres hispanoamericanas a responder a la llamada de las madres españolas y al hambre de los niños: "Me dice Mariblanca Sabas Alomá que hay a nuestra disposición una lista de ahijados solicitantes que aceptar, que adoptar. Cubramos esa lista. Yo escogeré hoy o mañana uno de esos nombres, al azar. Todos son niños, cualquiera de ellos tiene derecho a mi alma; con rostro o sin rostro, ellos son mi casta, ellos me hablan a las entrañas".35 En La Habana, Mistral también se hizo amiga de la joven poeta Serafina Núñez y escribió una bella carta sobre su libro Isla en el sueño, en la que celebraba en particular las elegías (entre ellas, "Elegía por los niños de España"), que sería incorporado al texto en ediciones posteriores.36 Berta Arocena, por su parte, se reconcilió con el periodismo porque este le permitió disfrutar de un breve tête-a-tête de varias escritoras cubanas con la chilena.37 Allí estaban, en el encuentro, no solo Arocena sino Mirta Aguirre y Fina García Marruz. Eran las poetas de la reunión, y Arocena veía con envidia cómo Mistral intercambiaba con ellas sus libros.38 Por último, es inevitable volver a relacionar las canciones de cuna de Emma Pérez y la "Nana sin niño" de Teté Casuso con la Gabriela Mistral de Ternura.

El prestigio internacional de la chilena la había convertido en la prueba palpable de que una mujer hispanoamericana era capaz de destacar no solo como poeta, sino también como pensadora, como intelectual. La presencia obsesiva y adolorida de la maternidad y de la infancia en la obra de Mistral sirvió, sin duda, para dignificarlas como temas para la poesía y la reflexión. Por otra parte, permite entender por qué -más allá de la intensa compasión suscitada en ellas por las imágenes de los niños- las intelectuales cubanas se sentían legitimadas para renunciar a sus intereses como "mujeres nuevas" y para apelar tan reiteradamente a la maternidad en sus escritos sobre la guerra española.


* Este trabajo es resultado del proyecto de investigación “El impacto de la Guerra Civil Española en la vida intelectual de Hispanoamérica”, financiado en 2007 por el Ministerio de Educación y Ciencia de España (HUM2007-64910/FILO) y en 2011 por el Ministerio de Ciencia e Innovación (FFI2011-28618). Es fruto de una consulta bibliográfica de diarios, revistas y libros de los años treinta, llevada a cabo en la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí y en otras bibliotecas y hemerotecas de España y América Latina.

1 Mary Nash, Rojas. Las mujeres republicanas en la Guerra Civil (Madrid: Taurus, 2006) 98-99.

2 Sobre Paca Solano ver el artículo de Eduardo de Ontañón, "Francisca Solano, heroína de las milicias", Estampa 447 (8 ago. 1936): 10-12. En esta misma revista gráfica madrileña, en el número 455 (3 oct. 1936), se incluye una imagen de Lina Odena junto a otros "héroes de la guerra". Estampa, que se puede consultar en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España (http://bdh.bne.es/bnesearch/HemerotecaCompleteSearch.do), tenía un público lector mayoritariamente femenino y ofrece una muestra interesantísima del papel de la mujer en la Guerra Civil.

3 Ver Nash 155-219.

4 Jorge Domingo Cuadriello, El exilio republicano español en Cuba (Madrid: Siglo XX, 2009) 3.

5 Domingo Cuadriello 16.

6 Susan Sontag, Ante el dolor de los demás... (Madrid: Alfaguara, 2003) 27.

7 Mariblanca Sabas Alomá, "Los niños, víctimas inocentes de la guerra", Selecta 1.34 (15 ene. 1938): 7.

8 Sontag 125.

9 Sabas Alomá 75.

10 Sontag 11.

11 Sontag 117.

12 Serafina Núñez, "Elegía por los niños de España", Selecta 1.34 (15 ene. 1938): 8-9.

13 Berta Arocena, "Por que el niño español no pase frío", Bohemia 29.44 (31 oct. 1937): 25.

14 Arocena, "Por que el niño..." 25 y 63.

15 Arocena, "Por el cielo de Sitges ha pasado un avión...", Bohemia 30.22 (29 may. 1938): 31 y 49.

16 Mirta Aguirre, "Los niños -España de mañana", ¡Ayuda! 1.2 (sept.-oct. 1937): 4 y 22.

17 Aguirre, 8 poemas a "Galicia mártir", de Castelao (A Coruña: Ediciós do Castro, 2007) 53.

18 Fina García Marruz, Obra poética, vol. 2 (La Habana: Letras Cubanas, 2008) 341.

19 García Marruz, "Aviones", Ayuda 1.5 (may. 1938): 16.

20 "Una de las muchas cosas buenas que me quedaban por decir de la poesía de Emma Pérez en sus Poemas de la mujer del preso es que, siendo su forma de una novedad auténtica y depuradísima, hay un ligamen tan manifiesto entre sus recursos y sus intenciones que el sentido emocional se hace siempre patente. Toda esta poesía está cuajada de imágenes a primera vista extrañas, pero cuya licitud se nos impone por la misma emoción que nos infunden. La enérgica originalidad del tropo es una de las calidades egregias que nos ha traído Emma Pérez". El País, 1932; reproducido junto a la reseña de Guillén sobre Niña y el viento de mañana en Repertorio Americano 33.18 (8 may. 1937): 280.

21 Nicolás Guillén, "Emma Pérez, poesía y revolución", Mediodía 16 (25 abr. 1937): 8.

22 Emma Pérez, "Poemas de Emma Pérez, del libro Niña y el viento de mañana", Repertorio Americano 33.18 (8 may. 1937): 283.

23 Pérez, "Mensaje radiado", Repertorio Americano 34.6 (14 ago. 1937): 91.

24 Pérez, "Mensaje radiado..." 91 y 105.

25 Emma Pérez, "Cantos nuevos", Repertorio Americano 35.6 (12 feb. 1938): 86.

26 Pérez, "Cantos nuevos..." 85.

27 Pérez, "Cantos nuevos..." 85-86.

28 Pablo de la Torriente Brau, "Prólogo a Versos míos de la libreta tuya", Aventuras del soldado desconocido cubano (La Habana: Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, 2000) 121.

29 Torriente Brau, Cartas y crónicas de España (La Habana: Ediciones La Memoria, 2005) 15-16.

30 Teté Casuso, "Con los niños que iban en el 'Mexique'", ¡Ayuda! 1.1 (jul. 1937): 12.

31 "Recto y delicado, con su mirada en mí, justa como de acero sensitivo, me contestó bajo, casi rozándome su voz: 'Sí'. / Yo le había preguntado: '¿Eres tú el poeta?' / Y entonces le pregunté si había escrito algo por el mar, y me repitió contento su corto 'sí', y nos dijo conmovido, los ojos hacia dentro, 'La Tormenta del Trópico', con versos que no se me olvidan: / 'Pero ya vuelve aquel azul bruñido...' / Le seguí preguntando cosas que a él y a mí nos interesaban, y él contestaba breve y cierto. Se quedaba mucho a mi lado, andando lento, apretándome un dedo con su mano. Parecía recogido, sobrecogido, que su mundo iba con él, que lo exterior vistoso, el fuera jeneral, no lo cojía. Él tenía que leer el saludo de los niños españoles a Martí, que luego no se leyó, pero yo estoy seguro que él, lleno de emoción, no pensaba en el espectáculo. / Tuvimos que volver a tierra, que dejar el 'Mexique' a los niños españoles. Y él, cuando yo lo abrazaba, me dijo: '¿Se acordará usted de mí?'. Y me daba un librito colorado, una edición de 'Platero y yo' hecha en Madrid en Julio pasado y que yo no había visto concluida. / En su guarda me había escrito con letra segura esta dedicatoria: 'Juan Ramón. En nombre de los niños españoles que van a México te saludamos, y te dedicamos tu libro que tanto nos ha distraído y enseñado. Francisco González Aramburo'. / A las dos de la tarde pasó el barco frente al Vedado, seguido de un loco, anhelante, melancólico saludo de bocinas. Centenares de coches corrían paralelos a él, por el Malecón. Los niños iban apretados en la popa como un solo ser, carne y alma, vida nueva de España. Y entre ellos, muy evidente para mí en lo lejano invisible, Francisco González Aramburo, ejemplo del niño español, 'de quien siempre me acordaré'. / Belleza moral, siempre grande en el niño o en el hombre, ¡cómo te huye, te cambia, te pierde el acomodaticio y el egoísta!". Juan Ramón Jiménez, "Francisco González Aramburo (Niño español del 'Mexique')", ¡Ayuda! 1.1 (jul. 1937): 5.

32 Berta Arocena, "Teté Casuso, muchacha", Bohemia 29.5 (31 ene. 1937): 51-52

33 Teté Casuso, "Nana sin niño", ¡Ayuda! 1.3 (dic. 1937): 7. </>

34 Gabriela Mistral, Desolación-Ternura-Tala-Lagar (México: Porrúa, 1986): 179.

35 Mistral, "Una madrina cubana, chilena, argentina, para cada niño español", Repertorio Americano 36.11 (18 mar. 1939): 165. El texto se publicó antes en el periódico parisino Voz de Madrid, el 26 de noviembre de 1938.

36 Según Núñez, "todos los días iba por las mañanas a estar con ella, paseábamos por el Malecón habanero; conversábamos de la política, de los políticos, de las mujeres intelectuales, de la muerte de Alfonsina Storni, en fin, hablábamos de cuanta cosa posible se podía hablar". Jorge Benítez G., Gabriela anda La Habana: ...a medio caminar el olvido y la memoria (Santiago de Chile: LOM, 1998) 50.

37 En su arrebatado artículo, Arocena comenta algunos "malévolos" rumores que circulaban por La Habana en esas fechas, que decían que Mistral simpatizaba con el fascismo. Ante sus interlocutoras cubanas, la chilena fue lapidaria: "Si se implantara el fascismo en el mundo entero, yo andaría todo el orbe, siete veces, en pos de una roca pelada, donde no me alcanzara el sistema". Además, aunque se negase, por motivos cristianos, a declararse antifascista, y aunque discrepara en varios puntos del marxismo, el compromiso de Mistral con la República española era explícito. Allí estaba, como prueba, la renuncia a los derechos de Tala, pero Arocena constata, además, que "en su entraña de madre-virgen, se clavaron los siete puñales de la ametralladora que siega la infancia española". "Una tarde con Gabriela Mistral", Bohemia 30.42 (16 oct. 1938): 28-29.

38 Al comentar el poema "Aviones", señalé que García Marruz llegaría a considerar que solo escribió una poesía de verdad a partir de 1940. Llama la atención que Mistral, en 1938, no estuviera de acuerdo. En una carta de ese año, a raíz de su encuentro en La Habana, escribió: "Yo creo muy en veras que a Ud. le sobran 'palabras de aliento'. Ud. es ya. Y tiene por delante poco arte y mucha vida por andar. En lo del Arte, esto sí, no se allegue demasiado ni a los más grandes. Ud. viva, tenga soledad, lea defendiendo su alma y escriba por urgencia del alma. / Le celebro la ausencia de toda cursilería, la repugnancia del lugar común, la gran fineza, la pureza de la forma. Es una poesía aristocrática sin matorrales románticos". Benítez G. 127.


OBRAS CITADAS

I. Fuentes primarias

Artículos en publicaciones periódicas

Aguirre, Mirta. "Los niños -España de mañana". ¡Ayuda! 1.2 (sept.-oct. 1937).         [ Links ]

Arocena, Berta. "Por el cielo de Sitges ha pasado un avión...". Bohemia 30.22 (29 may. 1938).         [ Links ]

Arocena, Berta. "Por que el niño español no pase frío". Bohemia 29.44 (31 oct. 1937).         [ Links ]

Arocena, Berta. "Teté Casuso, muchacha". Bohemia 29.5 (31 ene. 1937).         [ Links ]

Arocena, Berta. "Una tarde con Gabriela Mistral". Bohemia 30.42 (16 oct. 1938).         [ Links ]

Casuso, Teté. "Con los niños que iban en el 'Mexique'". ¡Ayuda! 1.1 (jul. 1937).         [ Links ]

Casuso, Teté. "Nana sin niño". ¡Ayuda! 1.3 (dic. 1937).         [ Links ]

Guillén, Nicolás. "Emma Pérez, poesía y revolución". Mediodía 16 (25 abr. 1937).         [ Links ]

Jiménez, Juan Ramón. "Francisco González Aramburo (Niño español del 'Mexique')". ¡Ayuda! 1.1 (jul. 1937).         [ Links ]

Marruz, García. "Aviones". Ayuda 1.5 (may. 1938).         [ Links ]

Mistral, Gabriela. "Una madrina cubana, chilena, argentina, para cada niño español". Repertorio Americano 36.11 (18 mar. 1939).         [ Links ]

Núñez, Serafina. "Elegía por los niños de España". Selecta 1.34 (15 ene. 1938).         [ Links ]

Ontañón, Eduardo de. "Francisca Solano, heroína de las milicias". Estampa 447(8 ago. 1936).         [ Links ]

Pérez, Emma. "Cantos nuevos". Repertorio Americano 35.6 (12 feb. 1938).         [ Links ]

Pérez, Emma. "Mensaje radiado". Repertorio Americano 34.6 (14 ago. 1937).         [ Links ]

Pérez, Emma. "Poemas de Emma Pérez, del libro Niña y el viento de mañana". Repertorio Americano 33.18 (8 may. 1937).         [ Links ]

Sabas Alomá, Mariblanca. "Los niños, víctimas inocentes de la guerra". Selecta 1.34 (15 ene. 1938).         [ Links ]

II. Fuentes secundarias

Aguirre, Mirta. 8 poemas a "Galicia mártir", de Castelao. A Coruña: Ediciós do Castro, 2007.         [ Links ]

Benítez G., Jorge. Gabriela anda La Habana: ...a medio caminar el olvido y la memoria. Santiago de Chile: LOM, 1998.         [ Links ]

Domingo Cuadriello, Jorge. El exilio republicano español en Cuba. Madrid: Siglo XX, 2009.         [ Links ]

García Marruz, Fina. Obra poética, vol. 2. La Habana: Letras Cubanas, 2008.         [ Links ]

Mistral, Gabriela. Desolación-Ternura-Tala-Lagar. México: Porrúa, 1986.        [ Links ]

Nash, Mary. Rojas. Las mujeres republicanas en la Guerra Civil. Madrid: Taurus, 2006.         [ Links ]

Sontag, Susan. Ante el dolor de los demás... Madrid: Alfaguara, 2003.         [ Links ]

Torriente Brau, Pablo de la. Cartas y crónicas de España. La Habana: Ediciones La Memoria, 2005.         [ Links ]

Torriente Brau, Pablo de la. "Prólogo a Versos míos de la libreta tuya". Aventuras del soldado desconocido cubano. La Habana: Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, 2000.        [ Links ]

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