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Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura

Print version ISSN 0120-2456

Anu. colomb. hist. soc. cult. vol.38 no.2 Bogotá July/Dec. 2011

 

La formación intelectual de Joaquín Acosta y el Compendio histórico
del descubrimiento y colonización de la Nueva Granada
(1848)

Joaquín Acosta's Intellectual Formation and the Compendio histórico
del descubrimiento y colonización de la Nueva Granada (1848)

JUAN DAVID FIGUEROA CANCINO
Universidad Nacional de Colombia
Bogotá, Colombia
jdfigueroac@yahoo.com

Artículo de investigación.
Recepción: 14 de junio de 2011. Aprobación: 12 de julio de 2011.


RESUMEN

Este artículo estudia el proceso de elaboración del Compendio histórico del descubrimiento y colonización de la Nueva Granada en el siglo decimosexto, libro publicado en París, en 1848, por el político, intelectual y hombre de ciencia neogranadino Joaquín Acosta. Se establece el contexto sociocultural y político del autor, con especial atención a los círculos cultos que frecuentó en Europa. Se plantea que el Compendio responde a un proyecto patriótico de conocimiento llevado a cabo por iniciativa privada, en un momento en que el autor sentía la estabilidad de la República amenazada por fuerzas internas y externas. Se argumenta que el principal aporte de Acosta en la construcción de una memoria histórica nacional es la representación de una "civilización chibcha" comparable en grandeza con las antiguas civilizaciones de México y Perú.

Palabras clave: civilización chibcha, Compendio, historiografía, Joaquín Acosta, Nueva Granada, patriotismo.


ABSTRACT

This article examines the process of creation of the Compendio histórico del descubrimiento y colonización de la Nueva Granada en el siglo decimosexto (Historical Compendium of the Discovery and Colonization of New Granada in the Sixteenth Century), published in Paris in 1848 by Joaquín Acosta, a politician, intellectual and scientist born in New Granada. After establishing the author 's socio-cultural and political context, notably the educated circles he was involved with in Europe, the article goes on to suggest that the Compendio is a patriotic project of knowledge, undertaken by private initiative at a time when the stability of the Republic was threatened by internal and external forces. The article argues that Acosta 's main contribution to the construction of a national historical memory is the representation of a "Chibcha civilization", comparable in grandeur to the ancient civilizations of Mexico and Peru.

Key words: Compendio, Chibcha civilization, historiography, Joaquín Acosta, New Granada, patriotism.


Introducción

(...) sobre todo entre nosotros en que no puede remontarse
á dos jeneraciones sin perderse en mil dudas i
demandas de falta de documentos impresos
que nos recuerden nuestra historia.
JOAQUÍN ACOSTA1

EN 1848, JOAQUÍN Acosta publicó en París el Compendio histórico del descubrimiento y colonización de la Nueva Granada en el siglo decimosexto.2 Este libro fue anterior a las otras dos narraciones comprehensivas sobre el dominio hispánico en Nueva Granada: Memorias para la historia de la Nueva Granada, de José Antonio de Plaza (1850) e Historia eclesiástica y civil de la Nueva Granada, de José Manuel Groot (1869). De las tres, la de Acosta fue la única que se centró en la etapa de "descubrimiento y conquista", que de acuerdo con la periodización del autor abarcaba desde el primer viaje de Alonso de Ojeda hasta la fundación de la Audiencia de Santafé y el debacle de la civilización chibcha.3

En años recientes, la figura de Acosta ha recibido cierta atención en los campos de historia de la geografía, la arqueología, la representación criolla de los grupos indígenas y el cosmopolitismo.4 Con todo, se ha ahondado poco en su faceta como político e historiador. En gran medida, la imagen que prevalece de Acosta es la que forjó la Academia Colombiana de Historia a comienzos del siglo XX, que lo presenta como uno de los padres fundadores de la historiografía nacional al lado de José Manuel Restrepo, Groot y Plaza. Fue, pues, uno de los precursores de la "historia patria", concepto que ha sido impugnado desde hace varias décadas como perspectiva historiográfica y más recientemente como categoría analítica.5

En este artículo adopto un enfoque distinto, en resonancia con la propuesta de Sergio Mejía en sus trabajos sobre Groot y Restrepo.6 Para Mejía, la historia de la historia es una excelente ruta de acceso a la política y la cultura del siglo XIX americano.7 Al estudiar la historiografía decimonónica podemos aprender mucho no solo del autor y su obra, sino de la sociedad en su conjunto. En el caso de Acosta, me ocupo de algunas claves que permiten leer de una manera más informada el Compendio histórico, con el fin de arrojar más luz sobre su trayectoria intelectual y aportar algunos elementos de discusión en torno a la cultura de las élites neogranadinas entre las décadas de 1820-1840.

Coordenadas biográficas

A riesgo de simplificar, procedo a aislar ciertos rasgos biográficos del personaje.8 El padre de Joaquín, Joseph de Acosta, era natural de Denia, Alicante, y llegó al virreinato hacia 1745. Se estableció en Guaduas, donde amasó alguna fortuna y con el tiempo se convirtió en el principal terrateniente de la región, así como su alcalde y corregidor vitalicio.9 Contrajo segundas nupcias con la criolla María Soledad Pérez de Guzmán, descendiente del virrey Pérez Manrique.10 Fruto de esta unión fueron cinco hijas y tres hijos, el menor de los cuales, Tomás Joaquín, nació el 29 de diciembre de 1800.

Joseph utilizó la estratégica posición de Guaduas sobre el Camino Real, entre Honda y Santafé, para ampliar su influencia y prestigio. En su casa pernoctaron las comitivas de los virreyes, los miembros de la Expedición Botánica, Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland.11 Hasta su muerte en 1803, fincó su poder en el matrimonio con una dama de cuna aristocrática, su patronazgo económico y sus relaciones con los círculos notables del virreinato. Después de la Independencia, José María, hijo ilegítimo de Joseph, heredó la ascendencia sobre la región y la tradición hospitalaria de su padre. Prácticamente todos los viajeros extranjeros que visitaron la Nueva Granada hasta la década de 1850 lo mencionan en sus crónicas.12 Este capital relacional de la familia Acosta sería hábilmente explotado por Joaquín en varios momentos de su vida.

Antes de cumplir un año, Joaquín fue enviado a Santafé para recibir instrucción elemental. A los seis años ingresó a la escuela de los padres franciscanos y a los diez, al Colegio del Rosario, donde siguió un currículo que incluía cursos de filosofía y derecho. En 1819, poco después de la entrada triunfal de Bolívar en la capital, decidió abandonar sus estudios para sumarse a las filas patriotas.13 Este fue el comienzo de una prolongada carrera militar en la que escaló desde el grado de subteniente de infantería (1819) hasta general (1851), con varios periodos por fuera del servicio activo.14

Acosta participó en dos grandes contiendas bélicas: la campaña libertadora y la llamada Guerra de los Supremos. Durante la primera desempeñó funciones técnicas y operativas bajo la dirección de José María Cancino en las provincias del Chocó y Cauca, que le permitieron conocer de cerca la zona centro-occidental del país, lo cual sería de gran ayuda para sus trabajos geográficos e historiográficos posteriores. Además, en 1819 comenzó a llevar un diario personal en el que recogía impresiones de viaje y observaciones etnográficas.15 Por su parte, la Guerra de los Supremos fue determinante en su alineación política tardía y le valió el ascenso a coronel.

El matrimonio también ayudó a reforzar el estatus social de Joaquín. Se casó en 1831 con Caroline Kemble, perteneciente a una familia de inmigrantes ingleses asentados en Estados Unidos, a quien conoció en el trayecto de regreso de su primera estadía en Europa (octubre de 1825-septiembre de 1830). Caroline y Joaquín tuvieron una sola hija, Soledad, que continuó la vocación letrada de su padre al lado de su esposo José María Samper.16 Por lo demás, Acosta fue un hombre pudiente. En 1850 testó un capital de $15.300 pesos que comprendía varias propiedades en Guaduas y Bogotá, libros, alhajas y deudas en Europa.17 Estos recursos le permitieron llevar una vida holgada, financiar sus viajes, adquirir textos costosos, pinturas, instrumentos científicos, participar en algunas empresas industriales y costear la publicación del Compendio histórico, así como dos periódicos y varios mapas.

Acosta formó parte de una generación intermedia entre el partido de los Libertadores18 y los liberales radicales. Su perfil sociopolítico no era atípico en el cuadro de la élite neogranadina de la primera mitad del siglo XIX, salvo, quizá, por dos aspectos: su formación científica, poco frecuente entonces, y el hecho de no haber fungido como abogado. Al igual que otras figuras públicas que empiezan a ser mejor conocidas, Acosta desempeñó un mosaico de roles políticos, económicos, intelectuales y militares, a los cuales aludió José María Samper de un modo apologético pero en esencia cierto:

Pero pocos, muy pocos entre los hombres nacidos en los tres primeros lustros del presente siglo, han hecho un papel de tan considerable multiplicidad como el General Joaquín acosta; pues este eminente colombiano, patriota en toda su conducta, fué al propio tiempo militar de mérito y honor y sabio consumado, historiador erudito y hombre de Estado, aventajado escritor, hábil orador y profesor y filántropo insigne.19

En efecto, Acosta ocupó cargos públicos a lo largo de toda su vida adulta: fue diputado a la legislatura provincial de Bogotá (1833-1837), miembro de la Cámara de Representantes (1834-1837; 1839-1840; 1842-1843), enviado diplomático a Ecuador (1837-1838) y a Estados Unidos (1842), y secretario de Relaciones Exteriores (1843-1845), el puesto más alto que ocupó.20 Como diplomático, representó a la República en dos situaciones clave: la disputa con Gran Bretaña por la soberanía sobre la Costa de Mosquitos y la delimitación de la frontera con Venezuela.21 Paralelamente, desempeñó una variedad de misiones técnicas oficiales y cargos ad hoc como ingeniero director de Caminos (1831-1833), director del Museo Nacional -que incluía el Observatorio y la Biblioteca- (1832-1837), profesor de Química (1832-1836) y de Mineralogía (1836), entre otros.

Pueden distinguirse cuatro periodos en el devenir político de Acosta. El primero va desde su ingreso a la milicia hasta el año de 1830 y se caracteriza por la gestación de una matriz patriótica y demoliberal. El segundo abarca desde su participación en la Convención Granadina hasta la Guerra de los Supremos. Comenzó con una demanda de acuerdo entre las distintas facciones políticas en torno a Francisco de Paula Santander; prosiguió con un paulatino distanciamiento de este último y culminó con la abierta oposición al grupo que Santander lideraba. En esta etapa Acosta publicó dos periódicos: La Prensa Bogotana y El Censor del Observador y del Correo. En el tercer periodo apoyó la administración de Pedro Alcántara Herrán y afianzó sus lazos políticos y de amistad con otros aristocráticos reconocidos como Lino de Pombo, los dos Fernández Madrid y José Acevedo, adalides del centralismo, el statu quo institucional y opositores de José María Obando y los sectores provincianos en ascenso.22 El cuarto y último periodo se prolonga desde 1845 hasta su muerte el 21 de febrero de 1852. Estuvo marcado por el creciente pesimismo sobre el futuro de la patria y un notorio escepticismo político, que coincidió con el segundo viaje de Acosta a Europa (abril de 1845-agosto de 1849). En ese momento manifestó su deseo de cortar con la actividad pública para consagrarse a quehaceres privados de corte cultural y científico, entre ellos la elaboración del Compendio histórico.23 Tal intención no se concretó. De vuelta a Nueva Granada fue llamado por José Hilario López para combatir la insurrección conservadora de 1851. Aceptó, aun en contra de sus principios políticos, y con ello consiguió el ascenso a general.24

Acosta era un defensor de las instituciones representativas, la democracia limitada y las libertades individuales básicas. Abogaba por la forma de gobierno republicana en contraposición a toda dictadura y rechazaba los gobiernos personalistas y militares. Contemplaba el federalismo como una forma de organización política nociva para las repúblicas hispanoamericanas. Creía en el avance paulatino de la sociedad hacia un mayor grado de "civilización" y "progreso" gracias a las instituciones adecuadas y la educación.25 Al igual que otros aristocráticos, veía el cambio de dirigentes y orientaciones políticas en Nueva Granada a mediados de siglo como una amenaza para el orden social.26 Otros motivos de consternación desde fines de la década de 1830 eran las ambiciones británicas sobre el istmo de Panamá y la inestabilidad política de Nueva Granada por causa de intereses caudillistas que, según Acosta, ponían en peligro la integridad territorial de la República.27 En sus últimos años, esto derivó en el rechazo a todo cambio social violento o "revolución" y un mayor "conservatismo", cuyo corolario fue un cambio gradual en la perspectiva sobre España y la época colonial, que viró de un marcado antihispanismo en su juventud, a un hispanismo moderado durante las décadas de 1830 y 1840.28 En el prólogo del Compendio histórico se aprecia muy bien este cambio de óptica:

Si mi ánimo estuviera [en 1848] en la disposicion en que se hallaba durante la guerra con España por la independencia, confieso francamente que no me habia creido con la suficiente imparcialidad para escribir esta relacion [el Compendio]; mas al leer los sucesos de la época á que me refiero, he visto por las impresiones de mi alma que no carecia de los sentimientos de justicia para hacerla al valor, sufrimiento y heróicas calidades de los intrépidos Castellanos que descubrieron y se establecieron en el Nuevo Mundo (...).29

Así pues, Acosta fue un criollo de primera generación. Con la Independencia su familia pasó del notablato virreinal afincado en la provincia a la alta notabilidad de la República. Manifestó autoconciencia como líder y tutor de la nueva sociedad, cuyas fuerzas centrífugas había que controlar, disciplinar y educar. Los anteriores rasgos biográficos constituyen un precedente del poder de Acosta para colonizar el pasado de una república naciente y producir nuevas configuraciones de identidad en el sector de las élites.

Los viajes a Europa y el ingreso al mundo culto

Más de la mitad de la Biografía del general Joaquín Acosta se ocupa de sus viajes a Europa. En efecto, estos fueron fundamentales para su formación intelectual y su prestigio social. El primer periplo fue una prolongación de su carrera militar. El 22 de septiembre de 1825 obtuvo una licencia temporal para seguir estudios en Francia "con el objeto de estudiar y formar un verdadero oficial facultativo".30 Junto con el también colombiano Vicente Roche estudió ingeniería militar en la École d´application des ingénieursgéographes, institución dependiente del Dépôt général de la Guerre, bajo la dirección de Louis Puissant.31 Allí aprendió geodesia y topografía, y colaboró con las exploraciones para levantar el nuevo mapa nacional de Francia.32 Esta formación le serviría posteriormente en la elaboración de varias cartas geográficas de la Nueva Granada.33 Paralelamente, adelantó estudios informales de mineralogía, química, física, matemáticas y disciplinas humanistas como lenguas e historia. Este tipo de adiestramiento se basaba en la asistencia a clases en la Sorbona, el Instituto de Francia, la Academia de Ciencias y otras instituciones eruditas. Además, se apoyaba en la frecuente asistencia a tertulias, salones y sociedades cultas. Con el tiempo, recibió membresía en varias de estas sociedades dentro y fuera del país.34 Así, contó con una instrucción científico-humanista dispersa que rebasaba ampliamente las ciencias militares.

En París, Alexander von Humboldt se convirtió en puente y protector del joven americano, como gesto de reciprocidad con la familia Acosta por la acogida que le dispensó a su paso por Guaduas, y quizá, también, por su característico mecenazgo con jóvenes de talento.35 A través del barón prusiano, Acosta conoció a François Arago, Pierre Simon de Laplace, Antoine Laurent de Jussieu, Louis Joseph Gay-Lussac, Jean Marie Constant Duhamel, Auguste Comte, Benjamin Constant y el marqués Marie Joseph de Lafayette, entre otras personalidades cultas de la época.36 Del pensamiento de Humboldt, de su gusto por el nuevo continente, la geografía y las antigüedades americanas, Acosta recibió el mayor influjo intelectual en su etapa formativa.

Los contactos personales de Acosta eran principalmente liberales moderados, republicanos, científicos o interesados en la ciencia que apoyaban las independencias americanas y mostraban curiosidad por las nuevas repúblicas.37 Uno de ellos, el marqués de Lafayette, se lamentaba de que en Europa todavía hubiera instituciones republicanas con "manto real".38 El constitucionalista Benjamin Constant obtuvo de Acosta datos sobre Colombia para un artículo en el que rebatía las opiniones críticas hacia los suramericanos expuestas por el abad de Pradt.39 También frecuentaba al obispo Henri Grégoire, Destutt de Tracy, Elie de Beaumont y David D 'Angers, representantes todos de una selecta "aristocracia del saber", parafraseando al joven granadino.

Acosta no era el único en beneficiarse de estos intercambios. Su perfil lo convertía en un informante idóneo sobre Suramérica. Así, el obispo Grégoire le pidió un comentario sobre una obra de Martín Fernández de Navarrete,40 Humboldt le encargó datos sobre el Chocó y la coloración de los nevados en los Andes,41 y el editor de la Biographie Universelle et Portative des Contemporains, Monsieur de Rabbe, le solicitó detalles sobre los personajes destacados de la Independencia suramericana para nutrir su ambiciosa obra biográfica.42 Más importante, Acosta auxilió al diplomático y bibliófilo estadounidense David Bailie Warden en la elaboración del tomo 3 de L 'art de vérifier les dates, depuis l 'année 1770 jusqu 'a nos jours, dedicado a la Nueva Granada y la República de Colombia.43 Se trataba de una cronología sintética que narra los principales acontecimientos desde la llegada de los españoles hasta la etapa de la emancipación. En las páginas finales, Warden agradece la ayuda que Acosta le brindó en la corrección de las pruebas y el suministro de algunos documentos.44 Desde su primer viaje, entonces, nuestro personaje se había acercado al proceso de elaboración de una obra histórica sobre su patria.

Durante su segunda estadía en Europa en la década de 1840, Acosta llevó a cabo el proyecto intelectual más amplio de su vida: escribió y publicó el Compendio histórico, reimprimió y anotó una nueva versión del Semanario del Nuevo Reino de Granada, tradujo y anotó diversas memorias científicas de Jean Baptiste Boussingault y Desiré Roulin sobre la Nueva Granada, Venezuela y Ecuador, con el título de Viajes científicos a los Andes ecuatoriales y elaboró un mapa de la Nueva Granada dedicado a Humboldt (1847).45 Como resultado, esperaba que los productos de sus pesquisas alcanzaran una amplia divulgación a ambos lados del Atlántico.46

No fue coincidencia que Acosta publicara el Compendio histórico, el Semanario y Viajes científicos en el marco de la colección "Librería castellana" del editor A. Lasserre, que se dirigía a un público hispanoamericano con intereses muy variados. En los títulos de la colección figuran libros de ciencias, viajes, historia y manuales prácticos.47 Además, la reedición de los viajes de Boussingault, la gaceta de Caldas y el Compendio histórico ponen de manifiesto una intencionalidad común. A través de ellos, Acosta buscaba llamar la atención sobre aspectos insuficientemente conocidos y valorados de la Nueva Granada en el Viejo Continente: su geografía, sus recursos naturales, su historia. Eran, pues, dispositivos del llamado patriotismo territorial o patriotismo científico efectuados por vía privada.48 Además, los tres libros informaban que su autor-recopilador era un hombre culto y pudiente, por ejemplo, a través de las notas al pie de página y los agradecimientos a los "ilustres" colaboradores.49

Algunos comentaristas han subrayado la labor filantrópica y el patriotismo desinteresado de Joaquín. ¿No habría, más bien, una doble voluntad de legitimarse a sí mismo como individuo de prestancia intelectual y a la Nueva Granada como una república digna de ser reconocida por la comunidad internacional? Esto podría contrarrestar un poco el creciente descrédito que el país comenzaba a cosechar en el exterior. Los libros y los mapas podían ser un arma útil en ese sentido.50 En 1842, Acosta escribía al general Mosquera desde Estados Unidos: "Las glorias militares de Sur América se llaman por acá carnicerías. No comprenden nuestras cuestiones interiores ni se dan la pena de estudiarlas. Para ellos todos son degüellos y barbaries, y verdaderamente sufre uno mucho siendo nacido en la América del Sur".51 Hubiera podido agregar: no se dan la pena de estudiar nuestra historia ni nuestra geografía.

La cultura histórica y las antigüedades

Desde su primer viaje, Acosta comenzó a formarse una cultura histórica relativamente sólida basada en la frecuente asistencia a museos, colecciones particulares, clases y conferencias sobre historia, antigüedades y erudición.52 Entre agosto y octubre de 1826, durante un tour por Italia para visitar a su hermano Domingo -secretario del ministro plenipotenciario de Nueva Granada cerca de la Santa Sede-, Joaquín registró sus impresiones sobre las ruinas romanas, hizo reflexiones filosóficas sobre la decadencia de la civilización y refrescó algunas lecturas juveniles de autores clásicos. Tales anotaciones transmiten una sensibilidad romántica típica de su momento.53 Asimismo, en Europa mantuvo relaciones personales con historiadores, eruditos y viajeros que habían escrito libros de historia europea y americana. Veamos algunos casos.

En 1826, Acosta conoció al erudito Simonde de Sismondi y presenció una discusión entre el historiador François Auguste Mignet y Benjamin Constant.54 En abril, escuchó una ponencia de Silvestre de Sacy, "el más sabio anticuario de Europa".55 Ese mismo año recibió lecciones del historiador Pierre Claude François Daunou, miembro de la Convención y director de los archivos galos.56 En 1827 conoció al orientalista prusiano Henry Klaproth,57 que escribió una historia de China y participó en un debate sobre las afinidades entre los muiscas y otros pueblos antiguos; de igual modo, fue introducido al italiano Guillermo Botta, autor de varias obras sobre la historia de los Estados Unidos e Italia58 y comenzó su camaradería con Edme Jomard, geógrafo y anticuario interesado en las cosas de América.59 En 1848 y 1849, Acosta compartió residencia con el historiador Jules Michelet, quien lo mantenía informado sobre sucesos políticos de última hora.60 Además, algunos de sus amigos más cercanos, como Desiré Roulin y Jean Baptiste Boussingault, tenían afinidad por el pasado prehispánico de América.61

Los vínculos con Daunou y Jomard merecen un comentario. El primero tuvo a su cargo la cátedra de historia y moral en el Collège Royale de France desde 1819. Dividió su curso en crítica histórica, cronología, geografía y formas de exposición. Concebía la historia como una suerte de moral experimental y buscó dotarla de gran exactitud.62 Aparte de asistir a sus clases, Acosta trabó amistad con él. En sus diarios se muestra impactado por su gran "imparcialidad" y capacidad crítica, gracias a las cuales podía explicar y discernir los hechos ciertos de los inciertos y convertirse, así, en un verdadero "filósofo".63

Por su parte, Jomard era un ingeniero geógrafo formado en la École Polytechnique que demostró un notorio interés por las antigüedades americanas. Amén de miembro de la Société de Géographie de Paris y su presidente en 1849, participó en la expedición a Egipto de 1798 y coordinó la edición de la monumental obra Description de l 'Egypte, que dio lugar a un interés sin precedentes por el pasado faraónico.64 Asimismo, incentivó la búsqueda de vestigios materiales de las culturas autóctonas del Nuevo Mundo y demandó a colaboradores en las nacientes repúblicas -entre ellos Acosta- una descripción más sistemática de estos a través de las páginas del Bulletin de la Société de Géographie.65 Esto, sin duda, estimuló al joven neogranadino a inspeccionar un poco más detenidamente los objetos precolombinos de su patria.

Acosta escribió regularmente en el mencionado Bulletin. Su contribución se desarrolló en un contexto bastante propicio para el estudio de la historia y las antigüedades americanas. En las páginas del Bulletin se daban cita viajeros y exploradores -frecuentemente miembros de comitivas diplomáticas o aventureros comerciales-, quienes describían hallazgos de ruinas precolombinas, comentaban documentos del periodo colonial, reseñaban libros de historia americana o seguían de cerca las exploraciones de los conquistadores del siglo XVI. Ya en 1827 se lee el apellido de Acosta en una reseña de Une visite en Colombie, libro que narra la estadía del coronel estadounidense William Duane en Colombia.66 Un año después apareció en la misma revista una nota suya sobre el terremoto ocurrido en Colombia en 1827.67 En 1850, el Bulletin reprodujo dos dibujos hechos por Acosta de inscripciones indígenas y la descripción de un supuesto templo o palacio chibcha conocido como el Infiernito, cerca de Villa de Leyva, acompañada de su representación gráfica.68 El propio Jomard comentó elogiosamente el mapa de la Nueva Granada de 1847, explicó los dibujos enviados por su amigo granadino y llamó la atención sobre una gramática chibcha llevada por Acosta a París.69 En resumen, los vínculos de nuestro personaje con la revista de la Société de Géographie marcaron la colaboración más fecunda que tuvo con un órgano de divulgación científica y allanaron el camino para la reflexión sobre la civilización chibcha que desarrollaría en el Compendio histórico.

Acosta, lector de José Manuel Restrepo

En 1827 llegó a manos de Acosta la recién publicada Historia de la Revolución de la República de Colombia, de José Manuel Restrepo.70 Después de leerla ávidamente, escribió indignado a su amigo José Fernández Madrid, a la sazón enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de Colombia en Londres, quien era, además, uno de los protagonistas de la saga patriótica, y le manifestó lo siguiente:

Voy ahora a decirle algo sobre la historia tan esperada. Me ha parecido que las fuerzas de Restrepo no son proporcionales á la empresa de escribir una historia. El estilo es frío y descarnado. Creo que el historiador no debe alterar los hechos, y en esto consiste la imparcialidad, pero no creo que deba despojarse de los sentimientos patrióticos, y quiero que una noble indignación lo domine al trazar los males de su país; quiero que le haga pasar sus emociones al alma de los lectores; pero desdichadamente el estilo de nuestro historiógrafo de todo tiene menos de dramático.71

A todas luces, Acosta ya tenía un ideal sobre el oficio de historiador, que debía responder a tres exigencias concretas. La primera era ideológica: el patriotismo; la segunda era estilística: el dramatismo; la tercera era metódica: la exactitud. Como sustento de su crítica, Acosta señalaba algunas "omisiones e inexactitudes" con respecto a datos históricos y a los mapas que había incluido Restrepo y comentaba: "Mis temores se han realizado; allí ha combinado a su modo las viejas con las nuevas cartas (...) Sería muy largo hacer la enumeración de todos los errores".72 Para recabar en las omisiones e inexactitudes de Restrepo -aducía el joven militar- bastaba consultar la ya citada obra de Warden, L 'art de vérifier les dates, próxima a publicarse.73

Ahora bien, Acosta reprobaba principalmente las declaraciones de Restrepo sobre la actuación de Fernández Madrid como presidente de las Provincias Unidas de Nueva Granada de 1814 a 1816. Restrepo, al igual que varios granadinos, acusaba a Fernández Madrid de haber apoyado a la Corona española luego de la llegada de Morillo. Pero el asunto no paró ahí. Las "expresiones ligeras y aventuradas" de Restrepo movieron al joven Acosta a enviar una carta al periódico francés Le Courrier, con el fin de que las "imprecisiones" y juicios sobre su camarada fueran rectificados públicamente por el autor de la Historia.74 Antes que juzgar la presunta culpabilidad o inocencia de Fernández Madrid, interesa reparar en las nociones de honra y trascendencia política que implicaba en ese momento escribir la historia reciente de la República, tanto como las demandas estilísticas de tal tarea. Según Soledad Acosta de Samper, desde ese momento su padre sintió la "absoluta necesidad" de que se publicara un mapa más riguroso de su patria y de que se escribiera una "historia más amena de Colombia".75 ¿Tuvo entonces la intención de escribir una obra que reemplazara y superara a la de Restrepo? No lo sabemos. Lo cierto es que ya pensaba la naciente República en términos históricos y geográficos muy precisos.76

El acopio documental

Conocemos la afición de Acosta por coleccionar objetos arqueológicos y su labor directiva en el Museo Nacional.77 Menos estudiada ha sido su faceta como coleccionista de textos escritos. Desde corta edad tuvo contacto con libros. En su juventud frecuentó la biblioteca pública de Santafé, donde conoció a Manuel del Socorro Rodríguez.78 De acuerdo con Soledad Acosta, tanto Domingo Acosta, hermano de Joaquín, como su tío materno Andrés Pérez amaban la lectura y transmitieron tal pasión al autor del Compendio histórico.79 Sabemos que hacia 1821 ya había leído a varios autores clásicos, a Chateaubriand, Humboldt, Caldas y admiraba a George Washington.80 En su primer viaje a Francia se movió en un entorno libresco y adquirió numerosas obras relativas a las ciencias básicas y militares, así como libros de diplomática que trajo consigo a la Nueva Granada.81 Según testimoniaba John Steuart en 1837, Acosta poseía una biblioteca "de libros bien seleccionados y ricamente empastados" que exhibía a sus distinguidos visitantes.82

Ahora bien, en algún momento entre 1832 y 1843 Acosta comenzó a localizar y recopilar de manera sistemática documentos y libros sobre la historia colonial de Nueva Granada.83 Esta búsqueda tuvo dos fases. La primera se desarrolló en América. Según su propia versión, en ella le colaboraron los miembros de varias congregaciones religiosas de Bogotá: franciscanos, dominicos, agustinos calzados y descalzos.84 El "ilustrísimo señor Sotomayor", obispo de la diócesis de Cartagena, le facilitó una crónica manuscrita de la conquista de su ciudad.85 También lo apoyaron personajes de la élite como Tomás Cipriano de Mosquera y Joaquín de Mier.86 De esta fase data la impresión de un informe inédito de Joseph de Acosta al rey sobre la villa de Guaduas.87

La siguiente fase tuvo lugar en Europa. En ella, varios amigos y conocidos le permitieron acceder a sus colecciones privadas y le dieron recomendaciones para consultar repertorios estatales de difícil acceso. En París revisó la colección del anticuario Henri Ternaux-Compans, y sus amigos Edme Jomard y Desiré Roulin le facilitaron varios documentos y piezas arqueológicas.88 Pero el episodio fundamental fue la visita a España entre agosto y noviembre de 1845, con un itinerario que incluyó las ciudades de Barcelona, Sevilla, Madrid y Denia.

En Barcelona consultó la Biblioteca de San Juan, cuyo bibliotecario le dio una carta de recomendación para acceder a los archivos de la Corona de Aragón, donde no encontró nada de interés.89 En Denia visitó los archivos parroquiales con la esperanza de encontrar algunos datos sobre sus antepasados.90 En Sevilla logró ingresar al archivo de la Casa de Contratación -o Archivo de Indias-, en el cual localizó varios documentos concernientes a América, algunos de los cuales copió.91 En el prólogo del Compendio histórico Acosta puso de manifiesto las tensas relaciones entre españoles y americanos que tuvo que vivir en materia de conservación y consulta del patrimonio documental hispanoamericano.92

En Madrid, Acosta intentó infructuosamente ingresar a la Biblioteca Nacional.93 Consultó con provecho el archivo de la Real Academia de la Historia, que albergaba la colección de manuscritos reunidos por Juan Bautista Muñoz. De la lista de documentos sobre la Nueva Granada reproducida al final del Compendio histórico, los más abundantes son los de esta colección. Acosta menciona otros repositorios documentales españoles que probablemente consultó: la Biblioteca de San Isidro el Real en Sevilla, el archivo del monasterio de San Lorenzo de El Escorial, la Biblioteca Colombina de Sevilla y la biblioteca de Bartolomé Gallardo en Toledo.94

Al mismo tiempo que copiaba y localizaba documentos sobre Nueva Granada, Acosta compraba manuscritos y libros de historia indiana. Por esta vía fue amasando una colección que incluía la mayoría de los autores ya considerados clásicos de la historia indiana: Fray Bartolomé de las Casas, Joseph de Acosta, Theodore de Bry, Pedro Cieza de León, Benzoni, Ercilla, Garcilaso de la Vega, Francisco López de Gómara, Antonio de Herrera, William Robertson y Antonio Solís, entre otros. Es probable que se tratara de la colección más completa que había en la Nueva Granada en materia de historia americana, que rivalizaba incluso con la de la Biblioteca de Bogotá. De ella también formaban parte piezas de la Independencia neogranadina que hoy tienen valor patrimonial como la Gaceta de Cundinamarca, varias Guías de Santa Fe, el Argos de la Nueva Granada y el manuscrito de la traducción de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano de Antonio Nariño, hoy extraviado.95

¿Cómo conseguía Acosta este material? Poseemos un indicio: el catálogo de la venta pública de los libros de la biblioteca de Warden, efectuada el 23 de marzo de 1846 en París.96 A partir de este registro y habida cuenta de su relación con Warden, es posible inferir que el neogranadino compró algunos de esos títulos.97 El conjunto de libros, manuscritos y publicaciones periódicas sobre América y Nueva Granada que Acosta reunió lo donó a la Biblioteca de Bogotá a su regreso de Europa, según consta en el documento n.o 6 de los apéndices del Compendio histórico.98 Con aquellas obras que consultó pero no adquirió elaboró una lista del "paradero de varios manuscritos que versan sobre la historia antigua de la Nueva Granada" que podría servir como una guía para los futuros interesados. Aunque en el Compendio histórico solo utilizó una pequeña parte de estas fuentes, la labor coleccionista era tan relevante, a sus ojos, como la de escribir el texto histórico y ambas deben ser estudiadas paralelamente.

En conclusión, Acosta localizó la mayor parte de las obras consideradas emblemáticas de la biblioteca colonial neogranadina.99 Para ello se valió de sus vínculos cultos y su capital económico. Resintió la dificultad para acceder a ciertas colecciones y la desconfianza que las autoridades españolas aún albergaban frente a los suramericanos. Algunas de las crónicas indianas ya habían sido impresas y existían copias de ellas en la Biblioteca Pública de Santafé, pero él fue el primero en hacer un repertorio de estas y mencionar el paradero de varios manuscritos desconocidos que estaban en España y que serían publicados en la segunda mitad del siglo XIX.100 De este modo contribuyó a contornear una porción del pasado colonial escrito, que se siguió configurando a lo largo del siglo XIX.

El intercambio epistolar con Prescott

En la génesis del Compendio histórico hay un episodio que a menudo se menciona. Luego de haber completado la fase documental y tener avanzado el texto, llegó a manos de Acosta la recién lanzada History of the Conquest of Peru.101 Su autor, William Hickling Prescott, formaba parte de una escuela de historiadores románticos de Nueva Inglaterra102 y ya había escrito otras dos obras relativas al imperio español que pronto se convirtieron en una suerte de best-seller: History of the reign of Ferdinand and Isabella (1837) y History of the Conquest of Mexico (1843). A lo largo de la década de 1840 los tres libros se tradujeron a varios idiomas y su autor fue adquiriendo notoriedad en el ámbito hispanoamericano. Por lo menos así pensaba Acosta, que tomó la pluma el 29 de junio de 1847 para dirigirse al "mejor historiador contemporáneo de las cosas de América":

He leído casi con el mismo gusto que la Conquista de México, su última obra sobre el Perú, y como hace algunos años que me ocupo en reunir materiales para un trabajo sobre la N. Granada, mi patria, desearía saber si VM. tiene intención de escribir sobre este tercer centro de civilización, el imperio de los Chibchas ó Muiskas que ocupaban las esplanadas altas del territorio que hoy constituye la República de la N. Granada. Yo he recorrido todo el país siguiendo las huellas de los conquistadores y además de Piedrahita, Zamora, Ocáriz, Casani, Herrera, Navarrete y demás obras impresas y relativas a aquel territorio tengo los volúmenes manuscritos de F. P. Simon, los dos del P. Castellanos, la relacion de Fresle también manuscrita y algunos otros documentos inéditos de menor importancia, que he hallado en Sevilla en los archivos públicos y en la biblioteca de M. Ternaux Compans. Aunque mi trabajo está bastante adelantado y construida la carta del país a la época del descubrimiento, como no he tenido más objeto que llenar el vacío que hoy tenemos en nuestra historia antigüa al emprender mi obra; la abandonaría de buena gana, si la pluma que ha escrito el Reynado de Ysabel la Católica se encargase de la empresa, y transmitiría a VM. todos mis documentos, limitándome entonces al oficio de traductor (...).103

Dos puntos llaman la atención del anterior fragmento: la representación de los chibchas como "tercer centro de civilización" indígena de América y la caracterización que hace Acosta de su labor investigativa. Ahora bien, si recorrió varias rutas de los "conquistadores" no lo hizo con la voluntad de verificar las narraciones de los cronistas sino debido a las peripecias de su carrera técnica y militar. En cuanto a la búsqueda documental, Acosta se cuida de mencionar la consulta de archivos españoles y la colección de T. Compans -a quien Prescott conocía- que dan cuenta de la índole de sus relaciones personales y de su peculio.

La respuesta de Prescott, como podría esperarse, fue un rechazo cordial. Afirmó que estaba inmerso en una historia de Felipe II y que había perdido la visión casi por completo. Pero la razón más fuerte pudo ser que, para él, los chibchas no tenían un interés narrativo comparable al de las otras dos "civilizaciones" americanas. Con todo, Prescott se cuidó de no herir el orgullo patriótico del granadino:

Recibí en el último vapor su carta, en la cual usted me da un recuento de sus labores históricas en relación con la antigua raza de los Muiscas y la ocupación del país por los Españoles. Al mismo tiempo usted coloca a mi disposición su rica colección de material original para la ilustración de este tema. / Estoy profundamente agradecido por la confianza expresada en esta oferta y el generoso espíritu que la ha movido (...) Pero (...) no está en mi poder, como usted percibe, aceptar su oferta desinteresada; y sólo me queda desearle el éxito que usted merece en el desarrollo de sus ilustradas labores de alumbrar la historia de una raza que no parece haber sido inferior a ninguna otra en el continente Americano en civilización e interés histórico (...).104

Si Prescott hubiera aceptado la oferta de Acosta se habría consumado una división del trabajo muy desigual: el historiador estadounidense que se dedica a la América hispánica y recibe todo el reconocimiento, por un lado, y el ciudadano neogranadino que se limita a suministrarle documentos y objetos arqueológicos, siendo funcional en la construcción de un cierto tipo de historia y una visión sobre el pasado de su país, por el otro. Acosta habría continuado en su papel de mediador, como durante su primer viaje a Europa. Y los chibchas habrían alcanzado mayor notoriedad en tanto cultura y personajes semiliterarios. Pero el desenlace fue muy distinto.

Publicación y características del Compendio

Acosta tenía previsto publicar el Compendio histórico a fines de 1847 y regresar a Nueva Granada al año siguiente.105 Los disturbios revolucionarios de febrero, la epidemia de cólera en París y la "insurrección comunista" de junio obligaron al autor a postergar la publicación hasta fines de 1848.106 La obra resultante tenía un formato en 8º y 460 páginas repartidas en un prólogo, una introducción, veinte capítulos y siete apéndices, entre los cuales se destaca el catálogo de libros, manuscritos y publicaciones periódicas donadas por Acosta a la "biblioteca de Bogotá", actualmente Biblioteca Nacional. Contiene, además, un mapa con las rutas de los "descubridores",107 cuatro láminas de objetos indígenas y un cuerpo de notas al pie de página y epígrafes al comienzo de cada capítulo.

El libro desarrolla una trama cronológica cuyo nudo dramático es la heroica lucha de los chibchas contra los también heroicos, aunque vituperables españoles. No se trata la historia de la conquista chibcha -si se compara con los libros de Prescott-, pero brindó elementos claves para la construcción discursiva de la civilización chibcha que caracterizó al siglo XIX colombiano.108 En relación con este grupo indígena, Acosta se apoyó especialmente en las crónicas de Juan de Castellanos y retomó varias nociones dispersas en los textos de Lucas Fernández de Piedrahíta, José Domingo Duquesne y Humboldt, a las que adicionó toques particulares. Escribió que eran la "nación" más numerosa del territorio neogranadino a comienzos del siglo XVI, con cerca de 1.200.000 habitantes; que tenían una religión organizada con templos, altares y sacrificios; que contaban con grandes ejércitos y un gobierno regular hereditario; que eran el único pueblo amerindio que usaba dinero de metal; que poseían una "industria" incipiente y una agricultura diversificada; que el cultivo de la papa se había originado en la Nueva Granada y no en el Perú como se pensaba entonces; que se encontraban en el "crepúsculo de la civilización" debido a su índole pacífica;109 en fin, que habían creado un complejo calendario lunar para llevar el "cómputo aproximado del tiempo".110 Argumentó, además, que los chibchas eran un notable ejemplo de patriotismo, fidelidad e independencia, cuya experiencia histórica había demostrado lo fútil que resultaba una forma de gobierno federalista y las luchas intestinas para la futura república.111

En algunas cartas que Acosta escribió desde París durante el proceso de confección del Compendio histórico se nota hasta qué punto le inquietaba el futuro de la Nueva Granada. La prioridad del orden, su conservatismo galopante, y el temor de que el federalismo conduciría necesariamente a la atomización del país, frecuente en varios aristocráticos, tomaron fuerza en Acosta luego de vivir los eventos de febrero de 1848. En una epístola a Pedro Fernández Madrid el pasado y el presente se conjugan bajo un horizonte político sombrío y teñido de sarcasmo:

Una y otra carta venidas por este correo [posiblemente enviadas por Fernández Madrid] hablan de una tentativa para plantear un sistema federal esencialmente desorganizador en Nueva Granada, que espero acallará en el instinto conservador de la sociedad de ese país. Locura es ésta que parece promovida con designio por las naciones que desearían engullirnos por porciones. (...) Pero nuestro turno llegará al fin; Venezuela se acomodará bien en los valles de Cúcuta; Ecuador, mientras le llega su hora, se adjudicará hasta el Mayo; el istmo será inglés ó yanqui con Antioquia y nuestras costas atlánticas y del Pacífico. Entretanto nosotros en el interior un pueblo pastor, interrumpiendo nuestras ocupaciones agrícolas cada año con combates sangrientos entre Panches y Muiscas, Tunjas y Bogotáes.112

Frente a la Conquista, Acosta mantuvo una posición ambigua que pone de relieve su hispanismo moderado: condenó los procedimientos pero vindicó el hecho en sí. La conquista ibérica había sido necesaria, mas los españoles desaprovecharon las posibilidades del continente americano y se excedieron con los nativos. España no era un ejemplo a seguir en el nuevo siglo. En cambio, Acosta se mostró partidario de un sometimiento pacífico que proyectó a los indígenas de su tiempo, a quienes creía necesario "reducir" a las normas de la vida católica y republicana.113 Por supuesto, este ideal no era exclusivamente suyo ni fueron los indígenas un motivo de preocupación considerable durante su vida. En varias oportunidades plasmó una actitud despectiva hacia los aborígenes que vivían de manera "independiente" y "salvaje".114 Constituían una amenaza para la integridad territorial, como se demostró durante el affaire de la Costa de Mosquitos.

Como toda obra histórica, el Compendio histórico trasluce una postura sobre el presente del autor. Este hecho, sin embargo, ha sido soslayado debido a la aparente parquedad del estilo narrativo de Acosta y a su declaración de que se trataba de un "libro elemental" carente de "juicios y apreciaciones filosóficas".115 Dos aspectos demuestran que no lo es. El primero es una presentación atractiva de la Nueva Granada dirigida a los lectores europeos. Valga como ilustración el siguiente extracto del prólogo:

Este país [Nueva Granada] abraza dentro de sus límites el istmo de Panamá, y su agricultura produce los frutos de todas las zonas y de todos los climas. En él existen los únicos criaderos de platina conocidos en América, las minas mas importantes de oro, y la sola mina de esmeraldas que hoy se explota en el mundo. Goza de paz y de las instituciones mas liberales [¡sic!]. El respeto mas profundo y mas arraigado por la propiedad es un dogma reconocido por sus habitantes, que brindan la hospitalidad á quienes quieran trasladar su capital y su industria á aquellas regiones afortunadas, cuyos moradores están resueltos a rechazar toda reforma que inscriba la fuerza brutal en sus banderas y á no admitir sino las mejoras que se introduzcan por medios legales y pacíficos.116

El segundo se relaciona con reflexiones esporádicas sobre cuestiones políticas, económicas, morales, culturales y "naturales" de la Nueva Granada del siglo XIX, que han sido poco estudiadas y resultan de interés para otros campos de investigación histórica. Por ejemplo, se presentan recomendaciones sobre los cultivos necesarios para la prosperidad del país, sobre la índole del gobierno que se necesitaba, sobre la inmigración europea más conveniente, sobre "los vicios" y "las virtudes" que era necesario erradicar o reforzar en la población, sobre el cuidado de los archivos y los monumentos públicos, entre otras.117

A diferencia de las historias de Restrepo y Groot, el Compendio histórico es una creación patriótica-nacionalista antes que partidista. Para Acosta, más que las rivalidades partidistas aún en gestación primaba una motivación más fundamental: la elaboración culta de la República y su legitimación en el exterior, así como una llamada hacia la unidad de todos los granadinos, basada en el ideal político del centralismo. No por azar invocaba a los chibchas, una cultura que floreció en pleno centro del territorio neogranadino y que -según Acosta- estaba en trance de ampliar su dominio. El recurso a un "noble antepasado" podía ser funcional en ese sentido. Por eso, el Compendio histórico constituye la primera obra histórica postindependentista que deifica el pasado de un grupo indígena en el país.

El Compendio: entre el recuerdo y el olvido

En París, Acosta imprimió y distribuyó ejemplares del Compendio histórico entre su círculo de sociabilidad letrada.118 El libro fue objeto de una reseña favorable en el Bulletin de la Société de Géographie119 y de una corta mención en el Journal of the Royal Geographical Society.120 Los primeros volúmenes llegaron a Nueva Granada con su autor en noviembre de 1849. Los periódicos El Día y El Neogranadino publicitaron su lectura, junto el Semanario y el mapa de Nueva Granada.121 Referencias posteriores al Compendio histórico se encuentran en Peregrinación de Alpha de Manuel Ancízar; son las primeras que le otorgan un carácter de autoridad en materia de historia chibcha.122 Posteriormente, Ezequiel Uricoechea reiteró el valor informativo del Compendio histórico sobre los chibchas. De hecho, buena parte de la sección sobre "etnología chibcha" de Memorias sobre las Antigüedades neo-granadinas es una copia textual de Acosta, como el propio autor admite en el prólogo.123 La prestancia intelectual de Acosta en historia chibcha también fue reconocida por Liborio Zerda en varias memorias de la serie "El dorado"124 y por Humboldt, en las notas de la tercera edición de Cuadros de la naturaleza (1849).125 Más adelante, el clima de la Regeneración y la creación de la Academia Colombiana de Historia marcaron el ingreso de Acosta al panteón de los "padres de la historia" nacional, pero en ese nuevo contexto el valor informativo del Compendio histórico cambió: los chibchas pasaron a un segundo plano y se enfatizó, más bien, la figura de Acosta como primer historiador republicano de la Conquista y la Colonia.126 Un dato al respecto: Henao y Arrubla, autores del manual de historia más influyente del siglo XX en Colombia, citan a Acosta más veces que a Plaza, Restrepo y Groot como fuente histórica.127

Ahora bien, desde su publicación, el Compendio histórico en cuanto pieza de escritura fue juzgado con cierto desdén. En 1852, un redactor de El Pasatiempo se quejaba de que las obras de Acosta y de Plaza parecían haber caído en el olvido prematuramente.128 Otros autores en las décadas de 1850 y 1860 echaban de menos una "verdadera historia" sobre el periodo colonial neogranadino, que según ellos aún estaba por escribirse.129 Cierto renovado interés por la obra de Joaquín se debió a su hija Soledad, que publicó una biografía de su padre y reeditó el Compendio histórico en 1901.130 En parte por esto, la representación de Acosta como historiador prevaleció sobre su rol como geógrafo, geólogo o político, a pesar de que varias disciplinas lo han reclamado como un pionero en su respectivo campo.131 Con todo, Acosta sigue siendo una figura un poco solitaria y olvidada que no encaja en el marco de la "Ilustración neogranadina" ni en la Comisión Corográfica, los dos eventos culturales más estudiados de los siglos XVIII y XIX en el país. Además, su labor historiográfica ha sido encuadrada prematuramente como un ejemplo de "historia patria" sin tener en cuenta las sutilezas que este juicio conlleva.

Para finalizar, subrayo algunos aspectos en los que considero provechoso ahondar o reparar más en posteriores investigaciones: el papel de Acosta en la construcción discursiva de la galería de "sabios" de Nueva Granada -especialmente el sabio Caldas vía la reimpresión del Semanario-, y de la civilización chibcha; sus relaciones con la Comisión Corográfica, tanto en su aspecto geográfico como histórico;132 su aporte a la delimitación de la biblioteca colonial neogranadina y la suavización de los juicios negativos sobre la Conquista y la Colonia; en fin, su significativa actuación en la Guerra de los Supremos, el Congreso de la Nueva Granada y como secretario de relaciones exteriores en el gobierno de Alcántara Herrán.133


1 Joaquín Acosta, comentario a Joseph de Acosta, Informe de José de Acosta sobre la villa de Guaduas (Bogotá: Imprenta de José Antonio Cualla, 1831) 1. Transcrito y comentado por Joaquín Acosta. En esta cita y las siguientes conservo la grafía original.

2 Joaquín Acosta, Compendio histórico del descubrimiento y colonización de la Nueva Granada en el siglo decimosexto (París: Imprenta de Beau, 1848).

3 Uso el término chibcha o civilización chibcha en cursivas para distinguirlo de muiscas, denominación aceptada actualmente.

4 Ver Efraín Sánchez, Gobierno y geografía: Agustín Codazzi y la Comisión Corográfica de la Nueva Granada (Bogotá: Banco de la República, 1998); Lucía Duque, "Los conocimientos geográficos en la Nueva Granada, en el contexto de la formación del Estado Nacional 1808-1885", Tesis de doctorado, Toulouse: Université Toulouse Le Mirail, 2006; Clara Isabel Botero, El redescubrimiento del pasado prehispánico de Colombia (Bogotá: Icanh, 2006); Carl Henrik Langebaek, Los herederos del pasado: indígenas y pensamiento criollo en Colombia y Venezuela (Bogotá: Universidad de los Andes, 2009); Frédéric Martínez, El nacionalismo cosmopolita (Bogotá: Banco de la República, 2001). Un artículo que llama la atención sobre la actividad científica de Joaquín Acosta, prácticamente ignorada, es Armando Espinosa, "Un naturalista desconocido, el General Joaquín Acosta (1800-1852)", Revista de la Academia Colombiana de Ciencias 19.73 (1994): 287-291. Un trabajo un poco anterior que también atendió a la figura de Acosta como representante del "ideal de lo práctico" es Frank Safford, El ideal de lo práctico: el desafío de formar una elite técnica y empresarial en Colombia (Bogotá: Universidad Nacional, 1989).

5 Sergio Mejía, "¿Qué hacer con las historias latinoamericanas del siglo XIX?", Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura 34 (2007): 425-458. El primer recuento crítico de la figura de Acosta como historiador es Bernardo Tovar, La Colonia en la historiografía colombiana (Bogotá: La Carreta, 1984).

6 Sergio Mejía, La revolución en letras. La historia de la revolución de Colombia de José Manuel Restrepo (1781-1863) (Bogotá: Uniandes / Ceso / Eafit, 2007); El pasado como refugio y esperanza: la historia eclesiástica y civil de Nueva Granada de José Manuel Groot (Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, 2009).

7 Sergio Mejía, "La noción de historicismo americano y el estudio de las culturas escritas americanas", Historia Crítica 39 (2009): 248-260.

8 El estudio biográfico más completo sigue siendo Soledad Acosta de Samper, Biografía del general Joaquín Acosta (Bogotá: Librería Colombiana Camacho y Tamayo, 1901). Robert Henry Davis aportó información fáctica e interpretaciones nuevas en "Acosta, Caro and Lleras: Three Essayist and Their Views of New Granada´s National Problems, 1832-1853", Tesis de doctorado, Nashville: Vanderbilt University, 1969.

9 Alberto Hincapié, La villa de Guaduas (Bogotá: Editorial Colombia Nueva, 1968) 385-386.

10 Hincapié 166.

11 Hincapié 167-170; Joseph de Acosta le ayudó a Mutis a recolectar muestras de canela para su colección botánica. Archivo epistolar del sabio naturalista José Celestino Mutis, tomo 1, comp. Guillermo Hernández de Alba (Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, 1983) 155-156.

12 Así lo hacen Mollien, Le Moyne, Cochrane, Hamilton, Duane, Bache, Gosselman, Steuart y Holton.

13 Ver el certificado expedido por Domingo Tomás Burgos, rector del colegio, citado en Acosta de Samper 30. Según Davis, también había comenzado a recibir cátedras de medicina, Davis 99.

14 Septiembre de 1825-septiembre de 1827; abril de 1829-diciembre de 1830; mayo de 1835-febrero de 1841; noviembre de 1842-noviembre de 1850. Ver Archivo General de la Nación (AGN), Bogotá, S. República, F. Hojas de servicio, t. 4, f. 332. No hemos podido localizar estos diarios en la actualidad.

15 Los diarios del joven militar tuvieron continuación posterior en los diarios del viajero. De la Biografía de Soledad Acosta se infiere que Acosta llevó diarios en los siguientes periodos: 1819-1821, 1825-1831 y 1845-1849. Acosta de Samper 328. Acosta también tomó parte en la guerra civil de 1851 en el bando del gobierno.

16 Aún se echa de menos una biografía académica sobre ambos personajes.

17 Copia del Testamento del General Joaquín Acosta, Bogotá: abril 2 de 1852. Biblioteca Luis Ángel Arango. El original es del 5 de mayo de 1850.

18 Ver Mejía, La revolución 113-148.

19 José María Samper, Galería nacional de hombres ilustres o notables, Bogotá?, 1878?, 66- 67, cursivas del original.

20 Ver Davis 121; "Consejo de Estado", Gaceta de Nueva Granada [Bogotá] 2 feb. 1838; "Legación de la Nueva Granada en el Ecuador", Gaceta de la Nueva Granada [Bogotá] 13 ene. 1839; "Relaciones Esteriores", Gaceta de la Nueva Granada [Bogotá] 9 sep. 1842; AGN, Bogotá, S. República, F. Ministerio de lo Interior y Relaciones Exteriores, t. 51, f. 499.

21 Lucía Duque, "Límites de la Nueva Granada en Centroamérica: la polémica con Gran Bretaña en torno a la posesión de la Costa de Mosquitos a mediados del siglo XIX", Boletín AFEHC 10 (2005). Consultado en http://ress.afehc.apinc.org/articulos2/fichiers/portada_afehc_articulos7.pdf

22 Utilizo las categorías de aristocráticos y provincianos según la tipología sociopolítica propuesta por Víctor Manuel Uribe Urán, Vidas honorables: abogados, familia y política en Colombia 1780-1850 (Medellín: Eafit, 2008).

23 Acosta de Samper 429; Acosta a Anselmo Pineda, Guaduas, diciembre 17 de 1849. Biblioteca Nacional de Colombia, Raros y Manuscritos, t. 443, f. 248-249. No desconozco que la actividad "cultural y científica" es fuertemente política, pero quiero enfatizar un cambio de orientación en la trayectoria del personaje.

24 La anterior caracterización es provisional. Se requiere de más investigación para aclarar varias "incógnitas" sobre la trayectoria política de Acosta, por ejemplo, su relación con Tomás Cipriano de Mosquera, que osciló entre la simpatía política y la antipatía intelectual.

25 Joaquín Acosta, Discurso de apertura de estudios leido el dia 4 de octubre de 1840 (Bogotá: Imprenta José A. Cualla, 1841).

26 Ver por ejemplo Joaquín Acosta, "Documentos de interés público", El Día [Bogotá] 3 may. 1852: 3; Acosta de Samper 451-452.

27 Acosta de Samper 431, 448, 451-452; Joaquín Acosta, "Mapa geográfico de la Nueva Granada", Gaceta Oficial [Bogotá] 27 abr. 1848: 261. En un artículo de 1839 afirmaba: "He aquí las consecuencias de la manía de innovar violentamente i de trastornarlo todo, haciendo perder hasta la fé en el gobierno representativo que gradualmente se va plantando entre nosotros i produciendo frutos maduros á su tiempo, sin chocar violentamente con las creencias, los hábitos i los intereses i derechos adquiridos". El Censor [Bogotá] 17 nov. 1839: 1.

28 Acosta, Compendio histórico VIII-IX. Joaquín Acosta, Informe del Secretario de Estado del Despacho de Relaciones Esteriores de Nueva Granada al Congreso Constitucional de 1844 (Bogotá: Imprenta de José Antonio Cualla, 1844) 9-10.

29 Acosta, Compendio histórico VIII-IX.

30 Ver el documento de aprobación del viaje expedido por Carlos Soublette. AGN, Bogotá, S. República, F. Hojas de servicio, t. 4, f. 308.

31 Sobre Puissant, ver Martina Schiavon, "La geodesia y la investigación científica en la Francia del siglo XIX", Revista Colombiana de Sociología 23 (2004): 12-13.

32 Ver la carta de L. Puissant informando del éxito de los estudios de Acosta en Januario Triana?, Biografía. General Acosta (Bogotá: Imprenta del Neogranadino, 1853) 19. Sobre L 'École d´application ver Patrice Bret, "Le Dépôt général de la Guerre et la formation scientifique des ingénieurs-géographes en France (1789-1830)", Annals of Science 48 (1991): 132-138.

33 Remito al artículo de Lucía Duque, "Territorio nacional, cartografía y poder en la Nueva Granada a mediados del siglo XIX", Les cahiers ALHIM 8.15 (2008): 119-137.

34 Fue miembro de Société Géologique y miembro honorario de la Royal Geographical Society. En la Nueva Granada fue miembro de la Sociedad de Educación Primaria de Bogotá y de la Academia Nacional, entre otras. Ver Triana? 12.

35 Daniel Gutiérrez Ardila, "Los primeros colombianos en París (1824-1830)", Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura 36.1 (2009): 109-110.

36 Acosta de Samper 109-309.

37 Ver la colección de cartas dirigidas a Acosta por sus conocidos europeos. Biblioteca Nacional de Colombia, Raros y Manuscritos, t. 215.

38 Julio 29 de 1832, Lagrange. Biblioteca Nacional de Colombia, Raros y Manuscritos, t. 215, f. 91. Acosta recibió de Lafayette una biografía de George Washington con dedicatoria autógrafa: David Ramsay, Vie de Georges Washington (Paris: Librairie française et étrangère de Paisons, Galignani, 1809). Traducida del inglés y conintroducción de Lafayette. Este ejemplar se encuentra en la Biblioteca Luis Ángel Arango.

39 Cartas de B. Constant de enero 14 y 15 de 1829. Biblioteca Nacional de Colombia, Raros y Manuscritos, t. 215, f. 71 y 72.

40 Biblioteca Nacional de Colombia, Raros y Manuscritos, t. 215, f. 85.

41 Acosta de Samper 110 y 135.

42 Biblioteca Nacional de Colombia, Raros y Manuscritos, t. 215, f. 106.

43 David Bailie Warden, L´art de vérifier les dates, depuis l´année 1770 jusqu´a nos jours 12 (Paris: Imprimerie Moreau, Chez A. J. Dénain, Libraire, 1829).

44 Acosta le proporcionó la colección completa de Correo del Orinoco, Warden 521.

45 Joaquín Acosta, Semanario de la Nueva Granada (París: Lasserre Editor, 1849); Jean Baptiste Boussingault y Desiré Roulin, Viajes científicos a los Andes ecuatoriales (París: Lasserre Editor, 1849); Joaquín Acosta, Mapa de la República de la Nueva Granada dedicado al barón de Humboldt (París: s.n., 1847). A su regreso a la Nueva Granada publicó Itinerario descriptivo del Magdalena al uso de los viajeros en el vapor (Bogotá: Imprenta de El Día, 1850), que incluía un almanaque para el año 1851; también publicó Almanaque para el año bisiesto de 1852 (Bogotá: Imprenta de El Día, 1851). Uno de los asistentes a unas charlas sobre geología que Acosta impartió en 1849 publicó: Lecciones de Jeolojía (Bogotá: Imprenta del Neogranadino, 1850). Desde la década de 1820 Acosta publicó varias "memorias" científicas en boletines franceses. Aún se echa de menos una bibliografía sistemática sobre las contribuciones de Acosta en órganos europeos.

46 Esto es claro en el caso de los mapas. Ver Acosta, "Mapa geográfico...".

47 Ver la "Lista de algunas obras que se hallan en la Librería Castellana", reproducida al final de Viajes científicos.

48 No entro acá en la polémica acerca de la existencia de una forma de nacionalismo o protonacionalismo temprano en la Nueva Granada. Baste con decir que, en el caso de Acosta, me parece indiscutible la promoción de un patriotismo territorial-histórico por vía privada en esta etapa de su vida.

49 Verbigracia, el mapa de la Nueva Granada está dedicado al barón de Humboldt; el Compendio histórico está lleno de epígrafes de autores ya clásicos de la biblioteca hispana y de referencias a amistades "dignas" que le facilitaron manuscritos, etc.

50 De manera similar, Lucía Duque ha llamado la atención sobre la función política y propagandística del mapa de Acosta en el proceso de delimitación de los límites de la Nueva Granada. Ver Duque, "Los conocimientos...".

51 Carta de Acosta a Tomás Cipriano de Mosquera, Washington, junio de 1842, citada en Davis 422.

52 Dos ejemplos de colecciones privadas de minerales y antigüedades que visitó son la de M. E. Dumas y la de los señores Raspail, directores de una fábrica de gas al sur de Francia. Acosta de Samper 438 y 441.

53 Ver por ejemplo Acosta de Samper 155, 154, 162, 177 y 179.

54 Sobre Sismondi y Mignet, ver Acosta de Samper 119, 129 y 228.

55 Acosta de Samper 134.

56 Acosta de Samper 114, 120 y 207.

57 Acosta de Samper 215.

58 Acosta de Samper 216.

59 Acosta de Samper 216. El 6 de febrero de 1828, Jomard y su esposa invitaron a Acosta a su casa. Biblioteca Nacional de Colombia, Raros y Manuscritos, t. 215, f. 107.

60 Biblioteca Nacional de Colombia, Raros y Manuscritos, t. 215, f. 430 y 448. José María Samper, Historia de una alma (Bogotá: Imprenta de Zalamea Hermanos, 1881) 394.

61 Ver por ejemplo Boussingault y Roulin, Viajes científicos 237-238.

62 Claude François Daunou, Cours d´études historiques, vol. 1 (Paris: Firmin Didot Frères, 1842) XX.

63 Acosta de Samper 208. Daunou fue además el autor de un proyecto de Constitución para la República Argentina, remitida a Acosta por intermedio de Destutt de Tracy. Biblioteca Nacional de Colombia, Raros y Manuscritos, t. 215, f. 93 y 95. El ideal de la historia como un quehacer con pretensión filosófica y moral es perceptible en el Compendio histórico.

64 Alain Schnapp, The Discovery of the Past (New York: Harry N. Abrams, 1997) 295-296. Sobre el americanismo de Jomard ver Pascal Riviale, "Las primeras instrucciones científicas francesas para el estudio del Perú prehispánico (siglos XVIII y XIX)", Bulletin de l´Institut français d´études andines 29.1 (2000): 37-48.

65 Edme Jomard, "Les antiquités américaines au point de vue des progrès de la géographie", Bulletin de la Société de Géographie 8.43-48 (1847): 345-356.

66 Joaquín Acosta, "Une visite en Colombie, dans les anées 1822 et 1823, par le colonel Duane, in-8o, Philadelphie, 1827", Bulletin de la Société de Géographie 8.51-56 (1827): 196-198.

67 Joaquín Acosta, "Lettre sur le tremblement de terre de la Colombie, adressé à M. Alex Barbié du Bocage", Bulletin de la Société de Géographie 9.57-62 (1828): 200-203.

68 Joaquín Acosta, "Inscriptions gravées sur un rocher des bords de la Magdaleine", Bulletin de la Société de Géographie 13.73-78 (1850): 299; "Ruines découvertes pres de Tunja, dans l´Amérique Centrale [sic.]", Bulletin de la Société de Géographie 13.73-78 (1850): 299-303; "Inscriptions et figures gravées sur les rochers des bords de la Magdeleine" y "Monument de Tunja", Bulletin de la Société de Géographie 14.79-84 (1850): 462.

69 Edme Jomard, "Rapport a la Société de Géographie sur la carte de la Nouvelle-Grenade de M. le Colonel Acosta", Bulletin de la Société de Géographie 9.49-54 (1848): 239-245; "Explication d´une planche relative au monument de Tunja et aux figures gravées sur des rochers (Nouvelle-Grenade)", Bulletin de la Société de Géographie 14.79-84 (1850): 425-428; "Sur la langue des muyscas ou la langue chibcha", Bulletin de la Société de Géographie 8.43-48 (1847): 85-88.

70 José Manuel Restrepo, Historia de la Revolución de la República de Colombia en la América meridional, 11 tomos (París: Biblioteca Americana, 1827).

71 Acosta de Samper 224, cursivas mías.

72 Acosta de Samper 225.

73 Sin embargo, el tomo 12 de L´art de vérifier les dates, relativo a la república de Colombia solo salió en 1829, o sea dos años después de la obra de Restrepo, y se apoya en esta última en algunos puntos, por ejemplo en lo relativo a estadísticas de la población de Colombia.

74 La misiva de Acosta no fue publicada. Carlos Martínez Silva la reprodujo en Biografía de D. José Fernández Madrid (Bogotá: Fernando Pontón, 1889) 159-160. Simón Bolívar también encargó a Restrepo corregir el juicio contra Fernández Madrid. Como consecuencia, en la segunda edición de la Historia de Restrepo (1858) hay una versión diferente de los hechos. Ver Mejía, La revolución 168.

75 Acosta de Samper 225.

76 Por estas razones, disiento de Sergio Mejía y Germán Colmenares en sus apreciaciones sobre el carácter canónico de la obra de Restrepo. Por lo menos desde el punto de vista estilístico, la obra no fue considerada satisfactoria por varios granadinos a lo largo del siglo XIX. En 1867, Manuel Ancízar escribía lo siguiente en el prólogo de Historia de la literatura en la Nueva Granada de José María Vergara y Vergara: "Así pues, no hay sino justicia en calificar esta publicación, que con tanta labor preparó el señor Vergara, no solo de curiosa sino de muy importante para la inteligencia de la historia nacional, que alguien escribirá como debe escribirse, diferenciándola de las relaciones familiares y de las meras cronologías que por todo caudal histórico poseemos". Manuel Ancízar, Prólogo, Historia de la literatura en la Nueva Granada, José María Vergara y Vergara (Bogotá: Echevarría Hermanos, 1867) x. Cursivas mías.

77 Ver por ejemplo Botero 57-58 y 112.

78 Acosta, Compendio histórico 436.

79 Ver Acosta de Samper 11 y 14-15.

80 Acosta de Samper 26, 33 y 60.

81 Acosta donó su colección diplomática localizada en Nueva Granada a José Fernández Madrid en 1847, Soledad Acosta 431.

82 John Steuart, Narración de una expedición a la capital de la Nueva Granada (Bogotá: Tercer Mundo, 1989) 221.

83 Este aserto se basa en dos indicios. En una carta a William Prescott de 1847, Acosta afirmaba que en 1832 aún no se había ocupado "de recoger datos sobre la historia antigüa" de su país. Ver nota 103. En 1843, Acosta escribió a Tomás Cipriano de Mosquera para recomendarle el trabajo de Cieza de León y pedirle una copia de este. Ver Davis 155.

84 Acosta, Compendio histórico VII.

85 Acosta, Compendio histórico 439. El título del documento es Crónica de la conquista y población de la provincia de Cartagena, escrita por el escudero del "Sr. Peredo" en 1767. Acosta, Compendio histórico 439.

86 Joaquín de Mier facilitó a Acosta una figura de arcilla de los indígenas de Santa Marta. Acosta, Compendio histórico 460.

87 Ver el epígrafe de este artículo.

88 De Roulin obtuvo la conocida Disertación de José Domingo Duquesne sobre el calendario lunar chibcha. Además de coleccionista, Ternaux-Compans fue editor y traductor de fuentes primarias coloniales, y ocasionalmente fungió de autor. A él se debe una de las primeras obras históricas sobre los muiscas en el siglo XIX: Essai sur l´ancien Cundinamarca (Paris: Imprimerie de Fain et Thunot, s.f.). Del diplomático habanero Domingo del Monte, Acosta obtuvo una copia de la carta de Pedro de Heredia al Rey desde Cartagena. Acosta, Compendio histórico 111. En París Acosta también frecuentó a José María Baralt, autor de un Resumen de historia de Venezuela (París: H. Fournier, 1841) que se había publicado solo algunos años antes en la misma ciudad.

89 Acosta de Samper 399-400.

90 Acosta de Samper 406.

91 Acosta de Samper 418.

92 "Puede compararse España á una antigua plaza fuerte desmantelada cuyas puertas guarnecidas de artillería y de puentes levadizos niegan la entrada, mientras que los habitantes, más sensatos que los que gobiernan, se manejan, entran y salen por las brechas que el tiempo y la necesidad han hecho en la muralla". Acosta, Compendio histórico VIII.

93 Acosta de Samper 422. La Biblioteca Nacional de España fue la continuación de la Biblioteca Real, creada en 1712 por Felipe V. En 1836 dejó de ser propiedad de la corona y pasó a denominarse Nacional.

94 "Mención del paradero de varios manuscritos que se versan sobre la historia antigua de la Nueva Granada". Acosta, Compendio histórico 439-443.

95 "Catálogo de libros y manuscritos que se han tenido presentes al escribir este Compendio, además de los que ya se han mencionado y se mencionarán después". Acosta, Compendio histórico 428-437.

96 "Catalogue des principaux livres de la bibliothèque de Feu M. Warden (...) dont la vente aura lieu le lundi 23 mars 1846, et les quatre jours suivants, à six heures et demie du soir, en son domicile (...)", Paris, Imprimerie de Fain et Thunot, 1846. Consulté una copia en la Biblioteca Nacional de Colombia.

97 Presumiblemente Acosta también adquirió algunos textos de la colección de Ternaux-Compans, la cual fue puesta en venta luego de que la hubo consultado, como él mismo afirma. Acosta, Compendio histórico 439.

98 Acosta, Compendio histórico 439-443. En la actualidad, el Fondo Acosta de la Biblioteca Nacional de Colombia alberga algunos -no todos- de los libros y documentos que figuran en la lista de donación de Acosta. Otros títulos de la donación se hallan dispersos en diferentes fondos y otros más se han perdido. Se requiere un trabajo de cuidadosa indagación para reconstituir el Fondo Acosta, de gran valor patrimonial para el país.

99 Al final del Compendio histórico se encuentra un breve bosquejo biográfico de "los viejos historiadores de nuestro país": Castellanos, Cieza de León, Fray Pedro Simón, Fernández de Piedrahíta, Fray Alonso de Zamora y Cassani. Acosta, Compendio histórico 375-391. Dicha sección se podría equiparar al primer "ensayo historiográfico" del siglo XIX sobre la bibliografía colonial neogranadina.

100 Acosta llamó la atención sobre los manuscritos de Recopilación historial de Fray Pedro de Aguado, que reposaban en los archivos de la Academia de Historia de Madrid. También consultó los manuscritos de la segunda y la tercera parte de Noticias historiales de Fray Pedro de Aguado, aún sin publicar.

101 William Prescott, History of the Conquest of Peru, with a Preliminary View of the Civilization of the Incas, 2 vols. (Paris: Baudry 's European library 1847).

102 David Levin, History as Romantic Art (Stanford: Stanford University Press, 1959) 3-45.

103 Acosta a Prescott, París, julio 29 de 1847, transcrita por Robert Henry Davis, "Acosta y Prescott: dos prohombres de la historia científica", Boletín de Historia y Antigüedades 58.675 (1971): 142, cursivas mías. En castellano en el original.

104 Prescott a Acosta, transcrita en Davis, "Acosta..." 143-144, cursivas mías. Traducción del autor de este artículo.

105 Acosta de Samper 429.

106 Acosta de Samper 444-452.

107 "Mapa del territorio de la Nueva Granada en el siglo 16 para explicar la marcha de los descubridores", grabado por Alexis Orgiazzi, 50 x 50 cm. Compendio histórico del descubrimiento y colonización de la Nueva Granada en el siglo decimosexto, Joaquín Acosta (París: Imprenta de Beau, 1848).

108 Óscar Guarín Martínez, "De bárbaros a civilizados: la invención de los muiscas en el siglo XIX", Muiscas. Representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoria, ed. Ana María Gómez Londoño (Bogotá: Universidad Javeriana, 2005) 228-246.

109 Acosta, Compendio histórico 214.

110 Empero, Acosta sigue sujeto a la idea -transmitida por los cronistas y avalada por Humboldt- de que la "civilización" fue traída por un Mesías blanco que les enseñó las leyes, las artes y terminó con la barbarie indígena. También reprodujo el prejuicio de que los chibchas se entregaban a grandes borracheras en los rituales.

111 Acosta, Compendio histórico 223.

112 Acosta de Samper 451-452, cursivas mías. Soledad Acosta afirma que esta carta data de la misma época en que Acosta "se apresuró á dar á la prensa la Historia que le ocupaba desde que llegó á Europa", pero no da fecha exacta. Debió de ser escrita, pues, a fines de 1848. El tono irónico sobre Panches, Muiscas, Tunjas y Bogotá contrasta con la idealización de los chibchas en el Compendio histórico.

113 Ver por ejemplo Joaquín Acosta, Informe del Secretario de Estado del Despacho de Relaciones Esteriores de la Nueva Granada al Congreso Constitucional de 1845 (Bogot á: Imprenta de Zoilo Salazar, 1845) 24; Soledad Acosta 48.

114 Soledad Acosta 70.

115 Acosta, Compendio histórico VI.

116 Acosta, Compendio histórico XVI, cursivas mías. El talante casi idílico de este pasaje es bien distinto del pesimismo sobre su país exhibido en cartas privadas o en algunos artículos de prensa escritos por Acosta.

117 Robert Henry Davis, al elaborar el perfil ideológico-político de Acosta, no tuvo en cuenta este material sugestivo, si bien no muy copioso.

118 Entre ellos, Boussingault, Ferdinand Denis, Léonce Elie de Beaumont, M. de Peyramont, Miguel Chevalier y José Antonio Saco. Acosta de Samper 452-456. No he podido establecer el número de ejemplares y el costo de la tirada.

119 Gabriel Lafond de Lurcy, "Rapport sur l´ouvrage de M. J. Acosta, par le capitaine G. Lafond de Lurcy", Bulletin de la Société de Géographie 12.67-72 (1849): 94-105.

120 William John Hamilton, "Address to the Royal Geographical Society of London", Journal of the Royal Society of London 19 (1849): XXXVI.

121 El Día [Bogotá] 3 nov. 1849; El Neogranadino [Bogotá] 16 nov. 1849.

122 Manuel Ancízar, Peregrinación de Alpha, tomo 1 (Bogotá: Banco Popular, 1970) 32-33, 41 y 84.

123 Ezequiel Uricoechea, Memorias sobre las Antigüedades neo-granadinas (Berlín: Librería de F. Schneider i Co, 1854) IV.

124 Liborio Zerda, "El dorado", Papel Periódico Ilustrado 23 (1882): 369; 38 (1883): 225, 227 y 228; 82 (1885): 165.

125 Alexander de Humboldt, Cuadros de la naturaleza (Barcelona: Editorial Iberia, 1961) 289-329. La autoridad de la obra de Acosta en materia de civilización chibcha se mantuvo hasta que 1) esta tesis fue refutada por los trabajos de la temprana arqueología académica -como Vicente Restrepo-, o 2) aparecieron obras que defendían la tesis de la civilización chibcha de un modo más decidido a comienzos del siglo XX.

126 Un indicador simbólico de esto es la ceremonia de traslado de un retrato de Acosta a la Academia Colombiana de Historia, Daniel Arias Argáez, "Discurso pronunciado por el doctor Daniel Arias Argáez en el acto de la entrega del retrato del general Joaquín Acosta a la Academia Colombiana de la Historia", Boletín de Historia y Antigüedades 5.56 (1927): 472-483.

127 En el "índice de nombres" Acosta registra 19 entradas, contra 17 de Groot, 15 de Restrepo y 7 de De Plaza. Gerardo Arrubla y Jesús María Henao, Historia de Colombia para la enseñanza secundaria (Bogotá: Librería Voluntad, 1967) 965.

128 El Pasatiempo [Bogotá] 28 feb. 1852: 265-266; El Pasatiempo [Bogotá] mar. 6 1852: 269-271; El Pasatiempo [Bogotá] mar. 13 1852: 280-281. Aunque el autor de estos escritos es anónimo, bien pudo tratarse de José Manuel Restrepo.

129 Ver por ejemplo, nota 76.

130 Acosta, Compendio histórico del descubrimiento y colonización de la Nueva Granada en el siglo décimo sexto (Bogotá: Librería Colombiana Camacho Roldán y Tamayo, 1901). El Compendio histórico conoció otras dos reediciones en el siglo XX: Biblioteca Popular de Cultura Colombiana (1942) y Editorial Bedout (1971).

131 Ver por ejemplo "Un naturalista... " 290; Gerardo Reichel Dolmatoff, Arqueología de Colombia. Un texto introductorio (Bogotá: Imprenta Nacional de Colombia, 1997) capítulo 1; Pablo Vila, "El aporte militar a la geografía de Colombia", Boletín de la Sociedad Geográfica de Colombia 7.3 (1944) 260-273; Sánchez 205.

132 Efraín Sánchez aporta varios elementos en el primer sentido.

133 Lucía Duque aporta elementos en este sentido.


OBRAS CITADAS

I. Fuentes primarias

Archivos

Archivo General de la Nación (AGN)

Sección República Fondo Ministerio de lo Interior y Relaciones Exteriores y Hojas de servicio

Biblioteca Nacional de Colombia Fondo Raros y Manuscritos

Biblioteca Luis Ángel Arango

Periódicos

El Censor [Bogotá] 1839.        [ Links ]

El Día [Bogotá] 1849 y 1852.        [ Links ]

El Neogranadino [Bogotá] 1849.         [ Links ]

El Pasatiempo [Bogotá] 1852.         [ Links ]

Gaceta de Nueva Granada [Bogotá] 1838-1839 y 1842.         [ Links ]

Gaceta Oficial [Bogotá] 1848.         [ Links ]

Papel Periódico Ilustrado [Bogotá] 1882, 1883 y 1885.        [ Links ]

Documentos impresos

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