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Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura

Print version ISSN 0120-2456

Anu. colomb. hist. soc. cult. vol.38 no.2 Bogotá July/Dec. 2011

 

Protesta y movilización estudiantil, 1964.
Memoria de una marcha en la Universidad Industrial de Santander

Student Protest and Mobilization, 1964:
Memory of a March at the Universidad Industrial de Santander

ÁLVARO ACEVEDO TARAZONA
Universidad Industrial de Santander
Bucaramanga, Colombia
tarazona20@gmail.com

DIANA CRUCELLY GONZÁLEZ REY
Universidad Industrial de Santander
Bucaramanga, Colombia
nanaplanta@gmail.com, nanaplanta@historiaabierta.org

Artículo de reflexión.
Recepción: 1.o de marzo de 2011. Aprobación: 18 de mayo de 2011.


RESUMEN

Las marchas y protestas de los estudiantes de la Universidad Industrial de Santander en los años sesenta fueron unas de las más representativas en la protesta estudiantil colombiana. El presente artículo propone un nuevo enfoque de la marcha estudiantil de 1964 desde Bucaramanga hasta Bogotá. Los testimonios de algunos protagonistas de aquellos acontecimientos dejan ver una memoria social difícilmente abarcable a través de los documentos oficiales o las fuentes de prensa.

Palabras clave: Jaime Arenas Reyes, memoria, movimiento estudiantil, Universidad Industrial de Santander.


ABSTRACT

The marches and protests at Universidad Industrial de Santander in the 1960s were among the most representative in the Colombian student protest movement. This article proposes a new approach to the 1964 march from Bucaramanga to Bogotá. The testimonies of some of the protagonists of those events provide a collective memory that can hardly be grasped through official documents or media sources.

Key words: Jaime Arenas Reyes, memory, student movement, Universidad Industrial de Santander.


Memoria individual y social

SI SE TRATA de estudiar la historia y la memoria de la marcha a pie desde Bucaramanga hasta Bogotá de los estudiantes de la Universidad Industrial de Santander -UIS- en el año de 1964, es necesario considerar, primero, que la historia y la memoria de este acontecimiento son dos formas complementarias y válidas de aproximarse a su estudio y explicación; segundo, que la concepción de memoria, tal como fue planteada por Maurice Hallbwachs, se reconoce por un énfasis en la naturaleza colectiva de la conciencia social, y no propiamente en la conciencia individual, y su relación con la memoria cultural o colectiva de la cual forma parte. De ser así, la memoria individual estaría sometida o automatizada por la voluntad colectiva.1 En consecuencia, habría una oposición entre la memoria individual (memoria clínica o psicológica) y la memoria social,2 entendida esta última ya sea como evocaciones (memoria pasiva) o rememoraciones (memoria activa).

Entonces, ¿cómo se hace social la memoria individual? Aunque no es posible explicar cómo se realiza el diálogo o entrelazamiento entre la memoria colectiva o social y la individual, Fentress y Whickham están de acuerdo con Hallbwachs en que los grupos sociales construyen sus propias imágenes del mundo a partir de una versión acordada del acontecer. Precisamente, la evocación o rememoración de la marcha del año 1964 de los estudiantes de la UIS se reconoce en la memoria de sus observadores o protagonistas, pero el acontecimiento como tal convocó a cientos de estudiantes de Bucaramanga y obtuvo la solidaridad de otros centenares del país, sin descontar que influyó en grandes sectores de la población por donde se desplazaron los marchantes de la UIS, además del cubrimiento que tuvo la movilización en la prensa local y nacional. De ahí que la reconstrucción de este acontecimiento es parte de una memoria social en la que se activa más un significado colectivo que individual y un diálogo permanente de conversaciones en las que se identifican diferentes colectividades, intereses y campos de conflicto y poder, así como hábitos y prácticas sociales.

Aunque la memoria social es selectiva y, en ciertos casos, distorsionada e imprecisa, su relevancia está en que el recuerdo social es fundamental en las representaciones de un grupo social. No es la exactitud de la memoria lo que interesa a los grupos, sino su verisimilitud: ¿cuán verdadera puede ser para el individuo la memoria que se transmite generacionalmente?, ¿qué tanto de esta memoria logra identificar a un colectivo? En razón de este carácter selectivo y subjetivo de la memoria es necesario recurrir a la historia, con sus teorías y métodos, para contrastar los distintos niveles de verdad de ambas, y sin que una colonice o subsuma a la otra.

Cuando se reconstruye el acontecimiento de 1964 de unos estudiantes universitarios en Colombia que lograron llamar la atención de la población, de la prensa local y nacional y del Estado es necesario recurrir tanto a la historia como a la memoria social para descubrir y explicar los distintos significados, que pueden ir desde un reencuentro liberador hasta la justificación o la utilidad que se le otorgue a un presente.

La memoria no es apolítica o aséptica, de hecho es manipulable y ajustada generacionalmente para coincidir con las justificaciones de la existencia grupal o para ajustarse con las reivindicaciones colectivas. En un mismo tiempo coexisten memorias diferentes y aun divergentes; incluso en la simultaneidad de un acontecimiento, la memoria no remite a un hecho objetivo, el sujeto reconstruye la memoria según las interpretaciones de su propia vitalidad.

Ahora bien, en este artículo se ha querido dar relevancia a la memoria social o colectiva. De ahí que en este propósito la fuente escrita no sea el centro de análisis, aunque en ciertos casos se recurra a ella para contrastar o reafirmar ciertos significados. Tampoco se ha recurrido a un diálogo exhaustivo con trabajos teóricos o historiográficos sobre el tema. El objetivo es dejar que la propia memoria se manifieste en un contexto universitario, político y generacional como el de los años sesenta. La memoria como la historia se propone visibilizar lo invisible, descubrir lo encubierto, lo excluido. Tal vez la diferencia entre una y otra se defina -parafraseando a Michel de Certeau- en que la primera informa del sujeto y la segunda de la relación que este mantiene con el poder.3

En sus argumentos y reflexiones sobre la memoria y la historia, Paul Ricoeur4 también ha señalado el carácter selectivo y fenomenológico de la primera. Es indiscutible, asimismo, que hay una relación entre los abusos de la memoria y el exceso de olvido, y que estos tienen tanto una representación fenomenológica como una política. Las conmemoraciones del Estado pueden considerarse como abusos de la memoria; el perdón de los crímenes de Estado sin justicia ni reparación son a su vez excesos del olvido. La memoria, no obstante, es política no tanto por sus intenciones ideológicas sino por este carácter propio de selectividad del que ya hemos hablado. La memoria es una acción que se ejerce para recordar, para traer al presente lo que fue, y en este orden es una representación de la subjetividad con una particular apropiación de sentido. De manera que hay un riesgo enorme de perder el camino de la explicación cuando se recurre a la memoria, pero también es posible hallar una veta de exploración con nuevos matices y significados del acontecer.

Memoria y movilización estudiantil: el relevo generacional

Uno de los problemas más relevantes cuando se intenta abordar la memoria de la movilización y protesta estudiantil tiene que ver con el hecho de que estas acciones sociales colectivas no acumulan experiencias,5 lo cual se manifiesta claramente en la escasa comunicación entre los antiguos y los nuevos miembros. Si bien se establecen los relevos generacionales entre los miembros más antiguos y los recién llegados, esta relación muy rápidamente se corta entre unos y otros con la inserción de los primeros al mercado laboral, la huida ante la persecución política, la integración con organizaciones al margen de la ley o por factores mucho más graves como el asesinato o la desaparición forzada. En este caso existen, por decirlo así, dos memorias: una que ha sido transmitida entre las generaciones de militantes de la movilización y protesta estudiantil, y otra que permanece como patrimonio individual de los antiguos militantes.

Las vinculaciones entre antiguos y nuevos miembros universitarios son complejas para el análisis de la protesta social y de lo que se denomina movimiento estudiantil, porque la memoria de los protagonistas de una época necesariamente no corresponde con la memoria de los participantes más contemporáneos. Sin embargo, a través de la activación del recuerdo, activo o pasivo, es posible profundizar en problemas relacionados con la protesta estudiantil tanto de una época como de otra. Y aunque los contextos sociales, económicos y políticos difieran, es posible trazar nexos respecto de temas y problemas afines o semejantes como la autonomía universitaria, el cogobierno o el antiimperialismo.

En la época de la cual se ocupa este ensayo de investigación hubo acontecimientos políticos muy particulares como el pacto bipartidista del Frente Nacional, después de la caída de la dictadura de Rojas Pinilla. Lo cierto es que en este hecho político los estudiantes desempeñaron un importante papel, estimulado por el contexto de la explosión intelectual de los años sesenta, la ruptura chino-soviética y la Revolución Cubana, eventos claves, junto con la guerra de Argelia y de Vietnam, que formaron parte de la revolución cultural mundial de 1968.6

En el orden de este contexto nacional e internacional, se trata aquí de abordar el tema de la memoria de los estudiantes de la UIS en contra de la política modernizadora educativa universitaria, y la manera como esta se articula con protestas y movilizaciones políticas posteriores, entre ellas la marcha del mes de julio de 1964 y una huelga que le precedió sin antecedentes en la historia de la protesta estudiantil colombiana.

Para alcanzar este propósito se recurrió a los testimonios de personajes de la época, ya fuese en calidad de protagonistas o espectadores, pero en ambos casos como testigos en los que permanecen vívidos los acontecimientos políticos y culturales de la marcha estudiantil de 1964 entre Bucaramanga y Bogotá. Por supuesto, los testimonios recorridos no tienen el ánimo de la neutralidad. Evaluar este acontecimiento fue para la mayoría de ellos preguntarse por su propia visión de mundo, y de alguna manera evaluar, juzgar una época, un contexto y una generación.

Memoria de la marcha de 1964: el liberalismo radicalizado

Si las protestas de Berkeley en 1964 del Free Speech Movement contra la discriminación racial y el reclutamiento de jóvenes para la guerra de Vietnam fueron el antecedente que enlazó a Estados Unidos con la revolución cultural mundial del año 1968 y el propósito estudiantil de reivindicar la defensa de la libertad de expresión y demandar mayores facilidades para la acción política universitaria,7 la marcha a pie de los estudiantes de la UIS desde Bucaramanga hasta Bogotá -alrededor de 500 kilómetros- fue el antecedente del protagonismo de los universitarios en Colombia en los siguientes años de las décadas del sesenta y del setenta.

Si en el contexto planetario 1964 es considerado como la inauguración de la inconformidad universitaria,8 en Colombia este mismo año se reconoce por un hecho que marcaría la historia política del país, y no precisamente por las elecciones de ese año, en el que la apatía y la abstención fueron notorias, sino por el nacimiento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -FARC- y del Ejército de Liberación Nacional -ELN-. La primera surgió con la caída de Marquetalia y el éxodo de un grupo de autodefensas campesinas buscando unirse a otras para atrincherarse en algún lugar del sur del país entre las tierras bajas de la Orinoquía y el piedemonte de la cordillera Oriental (departamentos del Meta y Caquetá). La segunda tuvo su origen con la marcha de dieciocho combatientes del Ejército de Liberación Nacional al mando de Fabio Vásquez Castaño desde la vereda La Fortuna en el municipio de San Vicente de Chucurí hacia el cerro de los Andes. Tanto la marcha de las autodefensas campesinas en el sur del país como la de los combatientes del ELN coincidió con la caminata a pie de los estudiantes de la Universidad Industrial de Santander. Ninguna de las dos primeras tuvo ni la importancia ni el cubrimiento por parte de los diarios como esta última. La primera marcha guerrillera fue presentada en la prensa como un "nido de bandoleros" al mando de Tiro Fijo y la otra todavía actuaba en la clandestinidad. Mientras estos dos focos guerrilleros marchaban por las selvas colombianas, los estudiantes de la UIS marcharon casi 500 kilómetros a pie por la carretera principal que unía a Bucaramanga con Bogotá.9

Esta marcha estudiantil logró convertirse en un referente de tal impacto en la memoria de los estudiantes universitarios que incluso fue replicada cuarenta años después (2004), cuando alrededor de 800 estudiantes ytrabajadores de la salud repitieron la experiencia de los estudiantes de 1964, solamente que en este caso se asumió como reivindicación específica la crisis de la red hospitalaria del departamento.10 Esta réplica, al igual que otras que se hicieron o intentaron realizar (1968, 1973), dejan ver la influencia de este evento en la memoria social de otras generaciones.

Para Jaime Calderón, médico de la Universidad Nacional y estudiante del Colegio de Santander de Bucaramanga (1961-1966), el sentimiento estudiantil entre los años 1964 y 1974 fue la confluencia de dos tendencias: "La de Mao Tse Tung, que planteaba que el poder nacía del fusil y a su vez exaltaba la guerra, las marchas y todo este tipo de cosas, y de otro lado el influjo de una revolución triunfadora como la cubana, con una serie de simbolismos como la barba, la cachucha y la cosa militar".11

Ciertamente la movilización estudiantil de 1964 no era eminentemente marxista-leninista, pero derivó rápidamente hacia esta ideología o similares, especialmente por la coyuntura relacionada con la Revolución Cubana. Las influencias del Movimiento Revolucionario Liberal -MRL-12 en algunos líderes estudiantiles, dirigido por Alfonso López Michelsen, eran en cierta medida tan fuertes como las del mismo Partido Comunista. En su momento Jaime Arenas, el gran líder de la Asociación Universitaria de Santander -AUDESA- y de la marcha del 64, señaló que las juventudes del MRL conformaron un grupo radical dentro de la misma organización, el cual tenía orientaciones marxistas-leninistas hasta que finalmente hizo una especie de fusión con el ELN.13 Por supuesto, esta es la apreciación de Jaime Arenas sobre la relación entre el MRL y el ELN. Como no se trata aquí de explicar todas las variables y complejidad del contexto político de la época, cabe la aclaración tanto para este vínculo señalado por Jaime Arenas como para el origen del ELN y las FARC.

En relación con las adscripciones de izquierda de los líderes estudiantiles con la lucha revolucionaria, Mario Olarte Peralta, médico de la Universidad Nacional, amigo personal de Jaime Arenas y asistente médico de la marcha, relata cómo la Asociación Universitaria de Santander pasó de ser un grupo de asistencia social universitaria a una organización política, en principio influida por el liberalismo y posteriormente por el modelo cubano a través del MRL:

La AUDESA hasta cierto punto venía de ser una organización dedicada más que todo a actos sociales. Prácticamente la AUDESA trabajaba para la semana universitaria; las divisiones de los estudiantes eran por quién iba a ser la reina. Pero ya con la presencia política de la Revolución Cubana y de sectores liberales inconformes -en los cuales quedaban todavía muchos recelos sobre la violencia anterior ejercida por los gobiernos conservadores y el mismo gobierno del general Rojas Pinilla- los deseos de cambio y participación en la vida política eran notorios en los estudiantes. Esto lo supo interpretar muy bien Jaime Arenas. En ese entonces, el gobierno cubano brindaba mucho apoyo a todas estas organizaciones de izquierda y de la izquierda no clásica. Jaime fue pues invitado a Cuba y alcanzó a salir el día anterior a la crisis de los cohetes; eso fue lo que llevó a tener ese prestigio como dirigente. Ahora, pues ya en la militancia de la izquierda radical se cierran para estos líderes estudiantiles las vías legales, y entonces ya coincidiendo con muchos países de aquí de América se va constituyendo el núcleo de lo que fue el ELN, el cual se creó principalmente con dirigentes de la UIS y que en su mayoría venían de militar en las juventudes del MRL, como Iván Calderón, Miguel Forero, Juan de Dios Aguilera.14

Algunos de los líderes más influyentes de los primeros años de transformación de la AUDESA desde una organización social hacia una organización política venían precisamente del liberalismo, cuando no del mismo "emerrelismo". Así lo señala Mario Olarte Peralta: "El MRL y varios dirigentes venían de la UIS; allí recuerdo a Carlos Becerra, un muchacho bogotano, a Jaime Arenas, que ya se había destacado como líder estudiantil en el Colegio de Santander; estaba también Juan de Dios Aguilera, Alfonso Hansen Navas, Pablo Gallinazo, ellos eran como las directivas de esta organización".15

La marcha de 1964 fue esencial para que los estudiantes universitarios se ganaran la confianza de organizaciones sociales y el respeto dentro del MRL, con el fin de proponer una línea más radical y revolucionaria que la originalmente planteada por su creador. Daniel Arenas, hermano del líder estudiantil y exguerrillero del ELN Jaime Arenas, evoca la importancia de esta organización política que trascendía el escenario estudiantil:

Para Camilo era muy claro que el estudiante no era el más apropiado para la revolución, porque finalmente la movilidad social para ellos era inmediata y pronto olvidaban la revolución. De todas maneras los estudiantes estaban en la edad, en el momento apropiado. Es decir, los estudiantes lograban una gran fuerza por sus convicciones y entusiasmo. Hoy en día es casi inverosímil pensar en lo que logró Jaime: una huelga para cambiar el rector y paralizar a Bucaramanga -como la paralizó- y al país.16

Ítalo Barragán, también asistente médico de la marcha, expresa un tanto de manera anecdótica y romántica este entusiasmo de los estudiantes, a propósito de la marcha del 64 entre Bucaramanga y Bogotá:

Ellos llevaban solo panela, panela y pan, pero en los pueblos casi siempre les tenían una comida en los restaurantes, o salían las señoras a ofrecerles alguna cosa de comer; nunca tuvieron problemas por alimentación porque la solidaridad era increíble en los pueblos. Iban sudados, no recuerdo que algún padre de familia los hubiera acompañado, mucha gente se unía a la marcha por unos kilómetros. Lo que pasa es que al llegar al pueblo uno veía de cincuenta a sesenta personas, que eran gentes de las vecindades del pueblo que se unían, entonces los acompañaban a la entrada y a la salida. Cuando los estudiantes pasaban por el pueblo eran cien a doscientas personas que los acompañaban por solidaridad al entrar y al salir del mismo. Al entrar y salir del pueblo seguíamos los mismos veinticinco marchantes. Muchas veces, muchísimas veces, llovió. Los muchachos con su lluvia siguieron adelante y por eso algunos se hicieron a sus gripas, alguna bronconeumonía (a cuatro muchachos les di de baja por eso). Cuatro muchachos los atendimos en los hospitales, afortunadamente los directores de los hospitales los atendían muy bien.17

Fue casi una constante el apoyo a la marcha durante todo su trayecto, ante todo porque esta se presentó como una manifestación organizada, "apolítica" (en el sentido de no estar vinculada a un partido político específico) y pacífica (alejada de la asonada y el enfrentamiento con el Ejército o la Policía). La reivindicación tomó un aire estudiantil y autónomo. Los estudiantes fueron declarados huéspedes de honor en Tunja, también fueron recibidos por el Congreso de la República e incluso el mismo presidente de la República los recibió en audiencia. Empero, hubo algunas excepciones, como en Cite, un corregimiento del municipio de Barbosa, Santander, y en la ciudad de Zipaquirá:

Recuerdo mucho una población llamada Cite, cerca de Barbosa, allí no nos quisieron dejar pasar, nos echaron piedra, como cuatro o cinco estudiantes fueron descalabrados. Nos tocó hacerles las curaciones, hubo un rechazo espantoso, al fin logramos pasar. Cite era un corregimiento de Barbosa, de los recibimientos así desagradables ese de Cite. En Zipaquirá el alcalde prohibió a la población que diera alojamiento y alimentación a los estudiantes. Se repitió lo de la revolución de los comuneros. En Zipaquirá fue donde nos traicionaron, en Zipaquirá fue donde encontramos reacciones adversas.18

La marcha se presentó como una manifestación santandereana, y de hecho estos estudiantes se asimilaron con los Comuneros liderados por José Antonio Galán, pero ahora como una movilización estudiantil de reivindicación universitaria sin pretensiones partidarias:

Yo era dirigente del MRL. El Movimiento Revolucionario Liberal que dirigía Alfonso López Michelsen y yo no fui por intereses políticos. Estuve en la marcha por amor a mi Santander, porque sabía que era un movimiento estudiantil cien por ciento como lo fue. Nadie, ningún político quiso hacerse padre de esa marcha, nadie, nadie, nadie, ni el Partido Liberal, ni el Partido Comunista, ni el Partido Conservador, fue un movimiento cien por ciento estudiantil de reivindicación universitaria. Es posible que a nivel del Congreso estuvieran apoyando, pero eso fue soterradamente, no fue abierto. Yo colaboré por la amistad con Jaime y por el amor que le tenía a Bucaramanga y a la Universidad Industrial pero yo nunca pensé en sacar réditos de ahí, jamás, yo nunca los obtuve.19

Por los testimonios de algunos protagonistas de la época, la marcha estudiantil de 1964 no se vio a sí misma como una movilización revolucionaria o de transformación social. La movilización se consideró fuera de la política partidista. Lo único importante era la defensa de la Universidad Industrial de Santander, que se entendía como la defensa del departamento de Santander. El apoyo social recibido por esta manifestación conllevó que la protesta estudiantil en todo el país se fortaleciera y se manifestara en diversos claustros universitarios. Pese al apoyo social de la marcha, el balance realizado por Jaime Arenas no fue muy alentador: "Todo ese gran respaldo popular fue impotente ante la obstinación y ceguera de un sistema incapaz de realizar los cambios que en materia de educación requiere la nación".20

A pesar de no haberse conseguido los objetivos iniciales, esto era, la salida del entonces rector de la UIS, Juan Francisco Villarreal, y una reforma académica más flexible y menos drástica en el promedio ponderado, la marcha del 64 generó una impresión perdurable en la memoria de sus participantes. De hecho, para algunos de ellos, la marcha realmente consiguió lo que se quería:

La marcha trascendió porque conseguimos lo que queríamos, que reabrieran la universidad, que hubiese un apoyo económico a la institución y que la gente se diera cuenta de lo que era la Universidad Industrial de Santander. Mucha gente no conocía la UIS. Con la marcha hubo una información nacional de la UIS, Colombia supo de ella. Fue mucho lo que la prensa informó sobre esa marcha: El Espectador, El Tiempo, Vanguardia Liberal, periódicos del Valle del Cauca, entonces toda Colombia supo que existía una Universidad Industrial de Santander.21

Como se puede apreciar en el testimonio, las aspiraciones de la mayoría de los estudiantes -no de los líderes- de la Universidad Industrial de Santander eran aún regionalistas. La movilización y protesta de los estudiantes débilmente estaban enlazadas con las manifestaciones populares de la época.

De otro lado, el apoyo social a la marcha de 1964 iría perdiendo terreno político y mediático. Roger Zarruk, líder universitario del momento y estudiante de Ingeniería Industrial de la UIS, resalta cómo la acción política de los marchantes de izquierda y la necesidad de avanzar académicamente estaba generando cierta presión por parte de los padres de familia: "Entendíamos que había que generar protestas, pero no protestas que llevaran a parar la universidad. Ya habíamos perdido dos semestres y entonces esa pérdida de los dos semestres estaba pesando mucho sobre los estudiantes. Los estudiantes y obviamente la presión de los mismos padres incidieron mucho en que la izquierda fuera poco a poco desplazada". Aunado a lo anterior, la movilización estudiantil perdía cierto terreno de apoyo social porque ya se vinculaba a algunos de sus líderes con grupos guerrilleros:

Fue la época en que empiezan a aparecer manifestaciones de grupos guerrilleros y comienza el Ejército y la fuerza del orden a identificar estudiantes con esos grupos guerrilleros, y entonces los líderes estudiantiles de izquierda pierden más credibilidad en el estudiantado, porque la gente decía: ¡bueno, es que estos tipos lo que están buscando es otro tipo de objetivos y otro tipo de ideales! Como que no compaginaba mucho en el estudiante lo que estaban persiguiendo los líderes estudiantiles de izquierda, y eso hace que la mayoría los empiece a abandonar ideológica y electoralmente.22

Aun cuando el movimiento estudiantil de los años sesenta se considera especialmente violento por la vinculación de algunos líderes con la subversión, la mayoría de los testimonios dan cuenta, paradójicamente, de una gran actividad política. César el Gordo Villamizar, quien fuera partícipe del movimiento estudiantil de 1964 y amigo personal de Jaime Arenas Reyes, expresa al respecto: "Me tocó vivir una época políticamente muy activa, sin embargo fue muy tranquila, en la que no hubo mayores sobresaltos de lo que se puede considerar una historia política de Bucaramanga".23

Estudiantes y subversión

Poco más de un año después de la marcha estudiantil de 1964, el cura Camilo Torres Restrepo se unió al ELN, y unos cuantos meses después de haberse incorporado, el 15 de febrero de 1966 murió en combate. En abril de ese mismo año, Jaime Arenas Reyes junto con otros militantes del ELN eran juzgados en un Consejo Verbal de Guerra en la ciudad de Pamplona. Finalmente, en 1967 Jaime Arenas Reyes se incorporó de manera definitiva en la guerrilla. Este paso ya lo habían dado otros líderes estudiantiles como Víctor Medina Morón y Julio César Cortés.

Como ya había ocurrido con Camilo Torres, a Jaime Arenas sus amigos cercanos intentaron persuadirlo para evitar que se enrolara en la guerrilla. Este es el relato de César Villamizar sobre la elección de Jaime Arenas:

Yo hablé con Jaime, él me visitó en Cali, yo estaba terminando mi carrera de pediatría. Jaime estuvo en mi matrimonio, nosotros éramos como hermanos y por eso yo lo interrogaba: vea Jaime, ¿usted me está diciendo que tiene que irse para la guerrilla? -él andaba ya con el cura Camilo-, y me respondió: tengo que irme y el cura también tiene que irse, y le dije: pero es que hermano, nosotros nos conocemos desde chiquitos, somos hermanos de leche, y usted no sabe ni usar una cauchera, qué mierda va a hacer usted al monte, y el cura sí que menos -al cura lo mataron porque no sabía usar ni un fusil-, y Jaime me dijo: lo que pasa es que yo ya no puedo hacer nada, he estado en la cárcel, ya no me puedo mover, ya mis hijas y mi mujer no se pueden mover para ningún lado, me toca irme y mandar a Elsa Gilma y a las niñas a Cuba, ya les tengo listo todo, yo me voy. Yo le dije que le deseaba suerte, pero que no creía que esa fuera la solución.24

El mismo Villamizar refiere cómo de cierta manera Jaime Arenas consideraba que no someterse a la "rigurosidad del monte era un asunto burgués". Un testimonio que reafirma los ideales de la mayoría de líderes estudiantiles de izquierda en ese momento. Incluso un error se justificaba pagarlo con la muerte.25 Esto es lo que dice César Villamizar sobre su propia experiencia al lado de Jaime Arenas en la iniciación de la vida guerrillera:

Nosotros éramos unos pelados de 17, 18 años que nos íbamos por el ferrocarril y nos montábamos en los vagones que llevaban ganado -se decía que era el vagón de tercera- y no pagábamos. Llegábamos a Sabana de Torres y nos quedábamos solo el fin de semana porque estudiábamos. Una vez estando allí le dije a Jaime: hermano, yo no sirvo para esto. Él me respondió: usted es un burguesito. Entonces le dije: sí, soy un burguesito, tengo mis ideas y todo, pero yo no soy capaz con la vida del monte, yo no me veo aquí como guerrillero colgado con todos estos montes aguantando hambre y jodiéndome, ¿y todo por qué?, y no volví.

Según Mario Olarte Peralta, durante todo el proceso de conformación del ELN hubo un intenso proceso de reclutamiento en el interior de la universidad:

Necesitaban un médico, pero yo tenía un viaje para Europa. Además, cuando me hicieron la propuesta les pregunté: ¿yo qué puedo hacer como neurólogo en la montaña? Entonces me respondieron: nosotros lo llevamos a Cuba y allá se entrena en los hospitales de guerra y no sé qué. Cuando regresé, ya habían conseguido que Jaime se vinculara a la guerrilla. A Julio César Cortés lo fusilaron junto con Víctor Medina. Hermidas Ruiz, que era otro líder estudiantil vinculado a la guerrilla, tenía un defecto visual muy avanzado y en plena montaña se le perdieron los anteojos y el tipo quedó prácticamente ciego, tanto que no sabía por dónde caminaba, cuando de buenas a primeras se encontró con una patrulla del Ejército que lo mató.26

Esta serie de noticias que pasaban de voz a voz entre los estudiantes minaban gradualmente la confianza de la mayoría de los universitarios en los dirigentes de extrema izquierda y en la guerrilla. En la UIS varios líderes estudiantiles fueron tildados de extremo izquierdistas y comenzaron a perder la legitimidad que habían ganado en la movilización de 1964. Según Mario Olarte Peralta, el impacto y apoyo social de esta marcha nunca más se volvió a sentir en Bucaramanga:

Más o menos a partir del año 68 lo que había era un movimiento muy anárquico, pese a que se darían unas luchas duras en el 71 y años posteriores. Lo cierto es que el ELN perdió influencia estratégica en la universidad y debió buscar más cuadros en el campo. Los dirigentes de la AUDESA, que habían tenido tanto prestigio y tanta responsabilidad en los sectores sociales de Bucaramanga, perdieron prestigio. La derecha los condenó y estigmatizó. En el año 65 vino la toma de Simacota, ahí estaban metidos los estudiantes del MRL y los de la AUDESA. Humberto Silva, gobernador de Santander y adscrito al Partido Conservador de la época, y muchos más políticos y dirigentes decían: nosotros sí teníamos razón, el movimiento estudiantil no defendía causas estudiantiles, lo que quería era aprovechar el desorden para montar un proceso revolucionario. Entre los años 61 y 65 el movimiento estudiantil tuvo una resonancia en Bucaramanga que nunca más volvió a tener.27

La movilización y protesta estudiantil había perdido confianza en la mayoría de los universitarios por su radicalidad. La desconfianza en la guerrilla se minó aún más cuando el ELN desarrolló una purga interna que eliminó a líderes estudiantiles como Víctor Medina Morón, Julio César Cortés y Heliodoro Ochoa. Cuando se preparaban para ejecutar a Jaime Arenas Reyes, este desertó y se entregó al Ejército. Posteriormente, Arenas sería juzgado, dejado libre y publicaría el conocido libro La guerrilla por dentro.

Cuando Jaime salió de la guerrilla fue el primero que denunció lo que estaba sucediendo en el interior de este grupo. Después de eso empezaron ya a salir otras historias, pero hasta ese momento no se sabía ni siquiera del fusilamiento de Julio César Cortés. Esto lo denunció Jaime. Mucha gente que estaba con el ELN se dio cuenta de cómo era la cosa, pues se había perdido el contacto entre el monte y las redes urbanas. No había ninguna comunicación, nadie sabía qué estaba pasando. Llegaban chismes pero nadie sabía nada, hasta que salió Jaime y contó toda la situación.28

Jaime Arenas fue asesinado por milicianos del ELN en 1971. Aquellos que estuvieron cerca del líder estudiantil reconocen que la publicación de su libro La guerrilla por dentro fue su mayor error, pero también es un documento único de la experiencia estudiantil en la guerrilla. Su hermana Beatriz Helena considera que fue una equivocación la publicación de dicho texto, pero reivindica la deserción de Jaime Arenas ante todo por el sentimiento de impotencia y la fuerza totalitaria de Fabio Vásquez Castaño:

[La guerrilla por dentro] fue un error porque él cuenta todo. Gabino era de la época de Jaime, es el único que queda, creo. Eso fue lo que a Jaime más afectó, ver matar a sus íntimos amigos, sin poder hacer nada. ¿Qué podía hacer él ante Fabio Vásquez? Era él quien decidía qué hacer. ¿Qué podía hacer Jaime? Nada, absolutamente nada, entonces él quiso hablar con Fabio sobre eso y también con Carlos, el hermano de Fabio. Creo que Jaime fue a hablar con ellos, a decirles que todos eran idealistas y que él no estaba de acuerdo con el fusilamiento de sus compañeros, que cómo los iban a matar. Entonces toda esa cuestión fue lo que sirvió para que lo condenaran a él también. Ni quiero hablar de Fabio, dicen que Fabio está muy contento en Cuba, muy feliz, muy dichoso en Cuba.29

Luego de los primeros fusilamientos de estudiantes universitarios se vincularon otros como "Jaime Andrade Sossa, quien se desempeñó como secretario de la AUDESA en 1969, Miguel Pimienta, Henry Serrano, Enrique Granados, Ludwing Prada y Julio Portela Cesar".30

La argumentación sustentada por Jaime Arenas en su libro constató la dicotomía entre guerrilleros campesinos del ELN y líderes estudiantiles reclutados por esta organización. Los cuadros intelectuales quedaron bajo el dominio de los mandos militares campesinos. Así refiere César Villamizar31 este choque entre la cultura campesina y la urbana:

Antes de la muerte de Jaime yo había leído su libro, lo cual para mí no era raro porque eran vivencias que yo conocía, y también las conocía Jaime porque había estado hablando con él de su pensamiento respecto a los hermanos Vásquez Castaño. Ese pensamiento era muy diferente, Jaime era un tipo intelectual, que estaba pensando en una filosofía de cambio y todas estas cosas, y los otros estaban pensando en echar bala. Ahí vino el choque de Jaime con los Vásquez Castaño, y eso lo transmitió él en el libro, porque eso es una cosa que a mí me tocó en muchas partes, batallar defendiendo a Jaime, ¿por qué?, dependiendo de cómo uno se lo tome: porque Jaime fue un traidor, porque Jaime fue a la guerrilla y la traicionó. No, porque los hubiera delatado como decía mucha gente, Jaime lo que hizo fue hacer un libro diciendo por qué carajos él se tuvo que volar de la guerrilla. Ese es el problema de ver uno matar a todos sus amigos. Estar uno en el monte frente a un carajo que le está matando a todos los amigos por el simple hecho de que "yo no estoy de acuerdo con usted" y tenga, pal ' paredón. Eso hizo que Jaime se distanciara de la guerrilla y lo dijera en su libro, y por eso fue condenado a muerte. Yo no sé cómo hizo Jaime para volarse porque él no tenía capacidades atléticas, ni nada de esas cosas. Pero a él lo condenan a muerte, se escapa y se entrega al Ejército. Después de que él se entrega empieza una lucha muy gubernamental, porque Luis Carlos Galán encuentra una proyección de él en Jaime, lo convenció y se lo llevó para el Ministerio cuando lo nombraron ministro de Educación, no como miembro de la nómina, sino con asesorías. Luis Carlos le consigue una beca para la UNESCO. Poco antes de que lo mataran, Jaime se iba para París, y se iba porque el señor Galán tenía muchas proyecciones con Jaime, él sabía lo que tenía entre manos, pero Jaime ya estaba condenado a muerte. Inclusive yo hablé con uno de los hermanos de Jaime, con Daniel, él y otro hermano iban con Jaime cuando lo mataron, y Daniel me contó que Jaime vio a los dos tipos y él les dijo: "ustedes vienen a matarme", y ellos dijeron: "sí, Jaime, tenemos que hacerlo", y lo mataron.32

El ELN contaba con legitimidad militar en ciertos grupos universitarios de izquierda, de ahí que algunos estudiantes que simpatizaban con esta organización justificaron la orden impartida por dicha organización para ejecutar a Arenas:

El pueblo empieza a conocerlo en toda su pequeñez humana en febrero de 1969 cuando le llega al enemigo como un desertor desmoralizado ante la imposibilidad de comportarse como revolucionario y como hombre en las guerrillas (...) llega a fortalecer la campaña de denigración y calumnia que el enemigo adelanta contra la organización y sus dirigentes (...) Negocia su libertad con Valencia Tovar y bajo la orientación de este acoge los "planteamientos" de Aguilera y se suma al coro de calumnias. Con el fin de conferirle más autoridad en su labor contrarrevolucionaria, el enemigo se empeña en presentarlo como un hombre brillante y digno exponente de la juventud estudiosa (...).33

El ELN ratificó lo expuesto por Arenas en su libro: el predominio de la estrategia militar en el campo sobre la ciudad, las contradicciones internas en los integrantes de la organización y un permanente antiintelectualismo en la mayoría de combatientes campesinos. A diferencia de Medina Morón y otros líderes estudiantiles fusilados -reivindicados luego por la misma organización que les dio muerte-, sobre Jaime Arenas nunca se manifestó un cambio en la posición de los dirigentes del ELN, antes bien pervivió la imagen de Arenas como un desertor y un delator, aunque no pueda decirse lo mismo de la imagen que él proyectó en la mayoría de la generación estudiantil de su época.

En la memoria de los protagonistas hay voces divergentes sobre las actuaciones de Jaime Arenas. Este es el testimonio de Ernesto Carrascal Conde,34 abogado en el Consejo de Guerra -llamado el "juicio del siglo"- en el que se procesó a varios militantes del ELN, incluyendo a Jaime Arenas:

El libro de Jaime fue la justificación que quiso hacer ante el país, la construcción de una imagen totalmente diferente a lo que él en realidad había hecho (...) El Consejo de Guerra duró casi un año completo. Y en ese lapso anterior: capturas, delaciones, sapeo, todo lo que usted pueda imaginarse. Eso conduciría pues a que se intentara desmembrar totalmente todo el Ejército de Liberación Nacional, y obviamente hubo cierto resquebrajamiento, pero ese resquebrajamiento solo tendría lugar en la crisis del año 73, con el famoso Anorí, donde realmente se creyó que el Ejército de Liberación Nacional había sido exterminado, y eso le dio ocasión a otra serie de ajusticiamientos, fusilamientos.

A Jaime después de su fuga lo borré de la lista. Lo borré de la lista, nada, absolutamente. Porque yo consideraba que era un traidor a un movimiento, y más teniendo en cuenta la connotación ideológica, lo que se esperaba de él.

La memoria acerca de la muerte y el entierro de Jaime Arenas es relatada por su hermano Daniel:

Era un domingo al mediodía. Salíamos de la casa. La noche anterior nos habíamos tomado unos tragos los tres hermanos, Jaime, Rodrigo y yo, cada uno había salido por su lado. Jaime se acababa de reconciliar con Sadith, entonces se había enrumbado con Sadith. Él y ella se habían ido para otro lado y cada uno por su lado. Y el domingo por la mañana pues estábamos enguayabados y salimos del apartamento a las 12 a tomarnos un jugo, cerca al Parque de los Periodistas, en una frutería donde íbamos a tomar jugos, y ahí saliendo del apartamento, volteando la esquina, sucedió todo. Recuerdo que volteamos la esquina y sentimos una carrera detrás y después los disparos. Yo recuerdo tres [personas]. Nosotros íbamos cuatro, Rodrigo y yo, Jaime y Sadith adelante, él la llevaba a ella de la mano, [los tipos salieron] normalmente por la calle. Seguramente había un carro esperándolos. Paramos un taxi, lo montamos y lo llevamos a la Clínica San Ignacio, pero ya estaba muerto. (...) Luego vino el entierro, muy doloroso, lo velaron en la casa de mi hermana Beatriz Helena, que vivía en Bogotá. Hicieron desfile, hubo de todo, incluso hubo gritos en contra, había de todo, pues en medio del entierro todo estaba agitado. Yo creo que Jaime estaba como a ocho días de irse para el exterior, por lo menos tenía todo listo. Cuando salíamos en las noches con él le gritaban de todo, los elenos y los del Partido Comunista, y eso que unos y otros estaban enfrentados. Él salió con unas ganas infinitas de vivir, no estaba realmente deprimido, para nada, pero sí la situación era esa y él sabía que estaba amenazado, que lo iban a matar, lo tenía claro.

Aquí otro testimonio35 sobre Jaime Arenas, su muerte y la reacción de los estudiantes en el contexto de la UIS:

Jaime Arenas era para la juventud de esa época y para el grupo en donde yo estaba, en el colegio Santander, un líder que uno lo considera de altísima inteligencia, era de mucha capacidad de análisis y de mucha capacidad de convocatoria y de mucha capacidad oratoria, también lo mismo Camilo. Cuando ellos dos se fueron para la guerrilla creo que la juventud de la época y por lo menos en el caso personal, creció mucho la simpatía hacia la guerrilla, porque allá estaban ellos. Sin embargo, cuando murió Camilo en combate se volvió un héroe, cuando mataron a Jaime Arenas, que lo mató la guerrilla, aquí se produjo una cosa muy extraña, porque no hubo una ruptura con la guerrilla, sentimentalmente por haber matado a Jaime Arenas, pero a Jaime Arenas, por ejemplo, el grupo nuestro nunca lo consideró un traidor, sino una persona que más bien no había sido entendida por la dirección, concretamente por los hermanos Vásquez.

A modo de cierre

La movilización y protesta estudiantil de 1964 de los estudiantes de la Universidad Industrial de Santander adquirió una gran legitimidad social. De aquella marcha aún se reconoce en la memoria social una "época dorada" de la UIS y de sus líderes estudiantiles. Sin embargo, cuando los estudiantes comenzaron a develar sus militancias guerrilleras perdieron simpatía y apoyo. Algunos sectores de la sociedad expresaron sentirse defraudados, otros aprovecharon para señalar la imposibilidad de dialogar con una generación que promovía la subversión; algunos más expresaron separarse de lo que consideraron una posición extrema y "aventurerista" de los estudiantes, una especie de giro radical e inoportuno de los jóvenes expresado en la emulación de las guerrillas castristas. Así rememora Orlando Aya, profesor de la Universidad Industrial de Santander, la denominada época dorada de la UIS, en el contexto de la movilización y protesta estudiantil:

El movimiento estudiantil terminó a finales de los años setenta en la universidad y en todo el mundo. Lo digo porque esto muestra cómo los movimientos no han sido nunca ni fueron ajenos a la influencia internacional, pero precisamente esto es lo que se esperaría de la capacidad de respuesta y crítica al movimiento estudiantil, que sea capaz de aportar algo, inclusive de aprovechar un poco la coyuntura, porque al final de cuentas la creación de la universidad, aun por fuerzas políticas interesadas, es un logro en el medio social y es un paso de avanzada aun con los intereses que tiene.36

El matiz más interesante de la movilización y protesta estudiantil de los años sesenta se deja ver en las expresiones políticas y militantes, la mayoría de ellas dentro del marxismo-leninismo. Si bien no fue una movilización unificada con una organización permanente en el tiempo y con ideas y acciones claramente definidas y puntuales -lo que pondría en cuestión la categoría de movimiento para hablar mejor de protestas-, hubo en sus reivindicaciones los suficientes acuerdos para hacer visible una expresión social que no era obrera, tampoco guerrillera. Hoy, en la memoria social, se reconoce que la protesta y movilización estudiantil de los años sesenta expresó ideales y el riesgo necesario para defender la universidad: autonomía, financiación pública, excelencia académica, antiimperialismo, libertad de cátedra y proclamas y actuaciones por una sociedad más justa e igualitaria.


1 James Fentress y Chris Wickham, Memoria social (Madrid: Cátedra, 2003) 13.

2 Maurice Hallbwachs, Los marcos sociales de la memoria (Barcelona: Anthropos, 2004) 317 y 336.

3 Gonzalo Sánchez, Guerras, memoria e historia (Medellín: La Carreta, 2006) 125 y 129.

4 Paul Ricoeur, La memoria, la historia, el olvido (Buenos Aires: FCE, 2004) 19 y ss.

5 Esta apreciación es señalada por Mauricio Archila Neira en el apartado "Los 'nuevos' movimientos sociales" del balance historiográfico sobre movimientos sociales en Colombia del siglo XX, recopilado por Bernardo Tovar Zambrano en el primer tomo de La historia al final del milenio: ensayos de historiografía colombiana y latinoamericana (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 1994) 314.

6 Miguel Ángel Urrego, Intelectuales, Estado y Nación en Colombia: de la Guerra de los Mil Días a la Constitución de 1991 (Bogotá: Universidad Central / Siglo del Hombre, 2002) 157.

7 Hugo E. Biagini, "Marcuse y la generación de la protesta", Movimientos estudiantiles en la historia de América Latina, vol. 3, ed. Renate Marsiske (México: UNAM, 2006) 309.

8 Luis Aurelio Ordóñez Burbano, Universidad del Valle 60 años. 1945-2002. Atando cabos en clave de memoria (Cali: Universidad del Valle, 2007).

9 Un análisis más profundo de la marcha de 1964 puede encontrarse en Álvaro Acevedo Tarazona, "La marcha de los estudiantes, 1964. Un hito del movimiento estudiantil en Colombia", Revista Historia de la Educación Colombiana 12.12 (2009): 155-173.

10 Wilson Fernando Vega, "Quinientos bumangueses marchan hacia Bogotá", El Tiempo [Bogotá] 5 oct. 2004.

11 Entrevista a Jaime Calderón, Bucaramanga, julio 19 de 2000.

12 El MRL se conocería más adelante como Movimiento de Renovación Liberal.

13 Jaime Arenas Reyes, La guerrilla por dentro (Bogotá: Ícono, 2009) 27.

14 Entrevista a Mario Olarte Peralta, Bucaramanga, noviembre 10 de 1999.

15 Entrevista a Mario Olarte Peralta, Bucaramanga, noviembre 10 de 1999.

16 Entrevista a Daniel Arenas Reyes, Bucaramanga, abril 3 de 2003.

17 Entrevista a Ítalo Barragán Arenas, Bucaramanga, marzo 18 de 2003.

18 Entrevista a Ítalo Barragán Arenas, Bucaramanga, marzo 18 de 2003.

19 Entrevista a Ítalo Barragán Arenas, Bucaramanga, marzo 18 de 2003.

20 Arenas 48.

21 Entrevista a Ítalo Barragán Arenas, Bucaramanga, marzo 18 de 2003.

22 Entrevista a Roger Zarruk, Bucaramanga, noviembre 16 de 1999.

23 Entrevista a César Villamizar, Bucaramanga, marzo de 2011.

24 Entrevista a César Villamizar, Bucaramanga, marzo de 2011.

25 Entrevista a Leonor Esguerra realizada por María Jimena Duzán en octubre de 2011 y publicada en Semana 1535 (3-10 oct. 2011): 50-52.

26 Entrevista a Mario Olarte Peralta, Bucaramanga, noviembre 10 de 1999.

27 Entrevista a Mario Olarte Peralta, Bucaramanga, noviembre 10 de 1999.

28 Entrevista a Daniel Arenas Reyes, Bucaramanga, abril 3 de 2003.

29 Entrevista a Beatriz Helena Arenas Reyes, Bucaramanga, enero-marzo de 2003.

30 Carlos Medina Gallego, Elementos para una historia de las ideas políticas del Ejército de Liberación Nacional (Bogotá: Rodríguez Quito Editores, 2001) 126.

31 Un dato adicional sobre César Villamizar se puede corroborar en el diario Vanguardia Liberal del día 30 de marzo de 1971, días después de la muerte de Jaime Arenas. En dicha entrevista Villamizar, apodado el Gordo Villamizar, se reconoce como compañero de estudio de Jaime Arenas en el Colegio Santander y rememora los pasatiempos periodísticos que compartieron juntos.

32 Entrevista a César Villamizar, Bucaramanga, marzo de 2011.

33 Comunicado de la revista Insurrección citado en Medina 145.

34 Entrevista a Ernesto Carrascal Conde, Bucaramanga, enero 30 de 2003.

35 Entrevista a Álvaro Ramírez García, Bucaramanga, marzo 20 de 1999.

36 Entrevista a Orlando Aya, Bucaramanga, enero 25 de 2000.


OBRAS CITADAS

I. Fuentes primarias

Entrevistas

Entrevista a Álvaro Ramírez García, Bucaramanga, marzo 20 de 1999.

Entrevista a Beatriz Helena Arenas Reyes, Bucaramanga, enero-marzo de 2003.

Entrevista a César Villamizar, Bucaramanga, marzo de 2011.

Entrevista a Daniel Arenas Reyes, Bucaramanga, abril 3 de 2003.

Entrevista a Ernesto Carrascal Conde, Bucaramanga, enero 30 de 2003.

Entrevista a Ítalo Barragán Arenas, Bucaramanga, marzo 18 de 2003.

Entrevista a Jaime Calderón, Bucaramanga, julio 19 de 2000.

Entrevista a Leonor Esguerra. Semana 1535 (3-10 oct. 2011): 50-52.

Entrevista a Mario Olarte Peralta, Bucaramanga, noviembre 10 de 1999.

Entrevista a Orlando Aya, Bucaramanga, enero 25 de 2000.

Entrevista a Roger Zarruk, Bucaramanga, noviembre 16 de 1999.

Prensa

Vanguardia Liberal [Bucaramanga] 1971.         [ Links ]

II. Fuentes secundarias

Acevedo Tarazona, Álvaro. "La marcha de los estudiantes, 1964. Un hito del movimiento estudiantil en Colombia". Revista Historia de la Educación Colombiana 12.12 (2009).         [ Links ]

Archila Neira, Mauricio. "Los 'nuevos' movimientos sociales" del balance historiográfico sobre movimientos sociales en Colombia del siglo XX. La historia al final del milenio: ensayos de historiografía colombiana y latinoamericana. Tomo 1. Ed. Bernardo Tovar Zambrano. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 1994.         [ Links ]

Arenas Reyes, Jaime. La guerrilla por dentro. Bogotá: Ícono, 2009.        [ Links ]

Biagini, Hugo E. "Marcuse y la generación de la protesta". Movimientos estudiantiles en la historia de América Latina. Vol. 3. Ed. Renate Marsiske. México: UNAM, 2006.         [ Links ]

Fentress, James y Chris Wickham. Memoria social. Madrid: Cátedra, 2003.         [ Links ]

Hallbwachs, Maurice. Los marcos sociales de la memoria. Barcelona: Anthropos, 2004.         [ Links ]

Medina Gallego, Carlos. Elementos para una historia de las ideas políticas del Ejército de Liberación Nacional. Bogotá: Rodríguez Quito Editores, 2001.        [ Links ]

Ordóñez Burbano, Luis Aurelio. Universidad del Valle 60 años. 1945-2002. Atando cabos en clave de memoria. Cali: Universidad del Valle, 2007.         [ Links ]

Ricoeur, Paul. La memoria, la historia, el olvido. Buenos Aires: FCE, 2004.         [ Links ]

Sánchez, Gonzalo. Guerras, memoria e historia. Medellín: La Carreta, 2006.         [ Links ]

Urrego, Miguel Ángel. Intelectuales, Estado y Nación en Colombia: de la Guerra de los Mil Días a la Constitución de 1991. Bogotá: Universidad Central / Siglo del Hombre, 2002.         [ Links ]

Vega, Wilson Fernando. "Quinientos bumangueses marchan hacia Bogotá". El Tiempo [Bogotá] 5 oct. 2004.        [ Links ]

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