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Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura

versión impresa ISSN 0120-2456

Anu. colomb. hist. soc. cult. vol.41 no.1 Bogotá ene./jun. 2014

https://doi.org/10.15446/achsc.v41n1.44890 

http://dx.doi.org/10.15446/achsc.v41n1.44890

RESEÑA

Emma Rothschild.
The Inner Life of Empires. An Eighteenth -Century History.

Princeton: Princeton University Press, 2011. 483 páginas.


El historiador Tonio Andrade, en un artículo en el que cuenta las aventuras de un agricultor taiwanés en 1621, considera que los libros de historia mundial han preferido el lado científico-social, construyendo poderosos modelos de estructuras y procesos globales, pero que "han olvidado los dramas humanos que hacen que la historia cobre vida". Y agrega: "[C]reo que debiéramos adoptar los enfoques microhistóricos y biográficos para ayudar a poblar nuestros modelos y teorías con gente real, escribir lo que se puede denominar micro historia global".1 Menciona obras de historiadores no asociados con la corriente de historia mundial: Question of Hu de Jonathan Spence, Ordeal of Elizabeth Marsh de Linda Colley, y Trickster Travels de Nathalie Davis (este último publicado en español con el título de León el africano). Cada una de ellas es la biografía de una persona que viajó por distintas culturas. Sus autores indagan por vínculos interculturales y transformaciones globales. Se concentran en la perspectiva de los actores más que en las instituciones y, como lo ha mostrado la historiadora Francesa Trivellato, este tipo de estudio ha tenido particular acogida en los países anglófonos.2

The Inner Life of Empires es la biografía de los hermanos Johnstones, cuya vida se desarrolla en la segunda mitad del siglo XVIII, en los extremos de los imperios británico, francés, español y mugalí. Su autora se basa en variadas fuentes: diarios, inventarios, quejas sobre torturas, cartas comerciales, listas de esclavos, anualidades entregadas a servidores, convenios matrimoniales, procesos judiciales. Así mismo, usa la moderna red de Internet. Sin duda, un apoyo nuevo para el historiador quien puede sacar provecho de la computarización de los catálogos de las bibliotecas, de los archivos públicos y privados, la digitalización a gran escala de periódicos, libros y otros registros, nuevas tecnologías de reproducción, sitios web de historias de familias, "todo lo cual brinda posibilidades de establecer vínculos entre historias individuales y escenarios más amplios" (p. 278). Según el historiador John Elliott, este tipo de historia es el anticipo de lo que habrá de ocurrir en el futuro. Los historiadores podrán disponer de muchos más hechos y cifras que sus predecesores, pero también habrá "pérdidas" a lado de estas ganancias. "El Imperio no era tan solo una serie de redes de información y de tejidos de relaciones humanas. Dependía también de fuerzas políticas, económicas y sociales que afectaban a los individuos".3

Los hermanos Johnstones nacieron todos en Escocia; sus padres fueron profesionales modestos y tuvieron trece hijos, de los cuales sobrevivieron once. Bárbara, la mayor de los sobrevivientes, no salió de su país de origen, vivió 42 años, se casó con un activo jacobita; o sea, de partidarios del retorno al trono de Jacobo II -y con ello, del retorno de la casa de Estuardo-. Margaret fue también jacobita y por ello arrestada, escapó luego de la cárcel y vivió el resto de sus días en el exilio. James estudió Derecho, fue soldado en el ejército británico y miembro del parlamento. Alexander fue militar enviado a Norteamérica, coronel en la isla de Granada, donde compró una plantación de azúcar, y miembro de la asamblea de gobierno. Bertha vivió con sus padres la mayor parte de su vida, era la fuente de información de la familia. William estudió con Adam Smith, fue jurista respetable y el más exitoso de los hermanos, como propietario en Granada, Tobago, Dominica y Nueva York. George; oficial naval, gobernador en Florida occidental y miembro del parlamento inglés. Charlotte reemplazó a Bertha como escritora de cartas. John sirvió en la compañía de Indias Orientales como mercader en Calcuta, fue también miembro del parlamento. Patrick perteneció a la compañía de Indias Orientales, de la que fue su contador. Gedeon se unió a la marina en las Indias Occidentales. Como lo observa el historiador John Elliott, en la medida en que la autora entrelaza las vidas individuales, el lector se encuentra en dificultades para recordar los nombres y actividades de cada uno de los hermanos, por lo que le parece que hubiera sido útil una pequeña biografía al comienzo del libro para ayudar a la memoria o, mejor aún, un árbol genealógico.4

Conviene destacar que esta familia tuvo vínculos con desarrollos notables de la historia del siglo XVIII. Primero, con la esclavitud. A diferencia de otros estudios que por privilegiar los intercambios culturales omiten las relaciones de opresión, el de Rothschild entera al lector de prácticas esclavistas y de discursos a favor y en contra de ellas. Es decir, no olvida que el uso de la fuerza y la coerción institucional son propios de toda empresa imperial.5 Una mujer bengalí, de nombre Bell o Belilla, esclava de John, fue procesada por el delito de infanticidio, pero su abogado logró que no fuera condenada en Inglaterra, sino exiliada a Norteamérica; puede decirse que su caso es una figura mundial, "la última persona condenada a ser esclava por una corte de la islas británicas" (p. 292). El esclavo Joseph Knight decidió abandonar la casa de su amo, por lo que fue llevado a un tribunal en Somerset; se falló a su favor con el argumento de que "el estado de la esclavitud no era reconocido por las leyes del reino" (p. 93). Los abogados del amo se opusieron a esa decisión, para lo cual invocaron el libro del Éxodo y a Aristóteles, destacaron la importancia del comercio de esclavos para la Gran Bretaña, insistieron en las graves consecuencias sociales de la rebelión, recordaron que la esclavitud "era universalmente aceptada" (p. 95). La opinión y la actitud de los Johnstones sobre la esclavitud no fueron unánimes. Al menos seis fueron propietarios de esclavos, por cuyo comercio uno de ellos abogó, y otro, en cambio, apoyó su abolición inmediata en un panfleto en el que sugirió como opción el uso del arado en la siembra. Alexander se opuso a la tortura, en contra del gobernador de Granada quien la defendía con dos argumentos: la rebelión pone en peligro la sociedad y los esclavos no conocen mejor castigo. George fue abogado de esclavistas.

Segundo, con la Revolución americana, el nacimiento de la economía política, y la defensa de los derechos individuales. Sin embargo, "estuvieron en el lado perdedor", pues se opusieron a la independencia de las colonias de la que creyeron "sería efímera" (p. 143). Se enriquecieron gracias principalmente a la vida militar, los regalos, los matrimonios y el apoyo de la autoridad política. Es decir que sacaron provecho de un comercio "altamente regulado", y no de la libre empresa como era lo deseable, según Adam Smith. Este pensador fue objeto de críticas de personas cercanas a los hermanos Johnstones. Contra él se dijo que el sistema de libertad de comercio no era realista, pues era necesaria la protección y la ayuda militar en las aventuras de ultramar; que era ingenuo creer que bastaba la competencia económica pues "en el mundo real del comercio los individuos no siempre eran previsivos" (p. 151); que se desestimaba la virtud y la civilidad y con ello se minaban las bases sociales del orden, pues las doctrinas materialistas convertían la sociedad "en una anarquía de intereses y deseos" (p. 152).

Tercero, con la Ilustración. La autora distingue tres sentidos de este término: "[C]omo círculo de escritores y filósofos, como medio cultural en el que intervenían vendedores de libros, impresores, correctores de pruebas, abogados, editores y como una forma de pensar a la manera kantiana" (p. 210). Según las tres acepciones, a los Johnstones puede calificárseles de ilustrados. En efecto, estuvieron en el centro de intercambio de ideas políticas, varios de ellos tuvieron vínculos de amistad con notables escritores: Adam Smith, David Hume, James Mcpherson. Fueron intermediarios entre la Ilustración y los imperios oceánicos. Se involucraron en préstamos y compra de libros, participaron en una intensa actividad política. En cartas, panfletos y discursos hablaron de "libertades públicas, derechos civiles, distribución de justicia, derechos generales de la humanidad" (p. 441). En cuanto al sentido kantiano, Rothschild menciona el espíritu de curiosidad sobre el mundo material, la disposición a poner en duda puntos de vista establecidos, la emancipación de la autoridad tutelar, su voluntad de educar a los hijos, la oposición a la superstición y el escepticismo sobre los derechos de padres y esposos.

Este libro es también una historia de la vida interior, como lo indica su título. Es decir, sentimientos, valores y secretos familiares que se entrecruzan con lo público que se denomina "vida exterior". Se trata, entonces, de "una descripción del proceso por el cual los valores morales se hicieron realidad en un intercambio sin fin de observaciones entre vida interior y vida exterior y entre individuos más o menos distantes" (p. 301). Sus protagonistas expresaron valores diferentes, según los tiempos y lugares. Eran conscientes, en su vida pública, de sus propios sentimientos y los de otras personas; a ellos acudían en la toma de decisiones o en la calificación de conductas. Valgan dos ejemplos. Guillermo creía que la sola propuesta de abolir la esclavitud podía cambiar la mentalidad de los negros y hacer que estos ya no obedeciesen. La esclava Bell o Bellinda, en el juicio por infanticidio, expresa la incertidumbre por no saber si es una cosa o una persona, la convicción de que sería declarada inocente y la esperanza de una felicidad futura. En este caso se conocen, con alto grado de probabilidad, sentimientos y valores. Pero no siempre es así. Por tal motivo, Rothschild se ve obligada a imaginar comportamientos, a deducir consecuencias a partir de frases aparentemente sueltas. De la frase "marchad y prosperad" que aparece en una carta de Bertha a sus sobrinas, deduce que la Ilustración proporcionaba a las mujeres sentido de independencia. El recurso a la imaginación y a la indagación detectivesca podría hacer pensar que este libro "parezca una novela histórica", pero no lo es porque se somete a las exigencias propias de la investigación histórica (p. 382).

El interés por una historia cuyo enfoque principal es el intercambio y las conexiones entre imperios está también asociado a cambios en la historia mundial: la globalización, principalmente. Por mucho tiempo, escribe Elliott, la historia del imperio se basó en las instituciones, las acciones y las políticas de la metrópoli, luego se centró en los colonizados como consecuencia de la descolonización. "Ahora, sin embargo, en una época de globalización autoconsciente y de mundo interconectado, la dicotomía tradicional entre centro y periferia ha llegado a considerarse como excesivamente rígida, y son los vínculos entre gobernantes gobernados, colonizadores y colonizados, europeos y no europeos lo que está recibiendo la atención de los historiadores".6 Con los riesgos a los que arriba se aludió: olvidar el uso de la coerción y no tener en cuenta las fuerzas económicas, políticas y sociales que inciden en los comportamientos individuales.


1 Tonio Andrade, "A Chinese Farmer, Two African Boys, and a Warlord", Journal of World History 21.4 (2010): 574.

2 Francesca Trivellato, "Is There a Future For Italian Microhistory in the Age of Global History?" Californian Italian Studies 2.1 (2011): 10.

3 John Elliott, "How They Made the Empire", The New York Review of Books 58.13 (ago. 2011): 9.

4 Elliott 2.

5 Elliott 7.

6 Elliott 6.


ABEL LÓPEZ
Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia
forero@yahoo.com