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Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura

versão impressa ISSN 0120-2456

Anu. colomb. hist. soc. cult. vol.45 no.1 Bogotá jan./jun. 2018

http://dx.doi.org/10.15446/achsc.v45n1.67554 

Artículos dossier

Calles sucias y cuerpos indecentes: el temor al otro en Valparaíso, 1876-1906*

Dirty Streets and Indecent Bodies: The Fear of the Other in Valparaíso, 1876-1906

Ruas sujas e corpos indecentes: o medo do outro no Valparaíso, 1876-1906

MACARENA IBARRA**  , PABLO PÁEZ*** 

** Pontificia Universidad Católica de Chile Santiago, Chile. mibarraa@uc.cl

*** Pontificia Universidad Católica de Chile Santiago, Chile. pablopaezg@gmail.com

RESUMEN

Desde la perspectiva de la historia cultural, este trabajo analiza la gestión de los desechos humanos y el control de los cuerpos en la ciudad de Valparaíso (Chile) y, particularmente, el impacto que esto suscitó en la burguesía. Para ello, se concentra en dos episodios. En el primero, se expone el conflicto que ocasionó, entre el ámbito público y privado, la implementación de un nuevo modelo de gestión residual basado en la utilización de alcantarillas, que modificó la noción de limpieza y decencia urbana en Valparaíso a fines del siglo XIX. El segundo episodio se refiere a la nueva sensibilidad burguesa respecto al uso de los escusados a comienzos del siglo xx, práctica que la burguesía utilizó como elemento de distinción respecto de los sectores populares y que es analizada en este texto a partir de un acontecimiento de gran simbolismo: la implementación de baños públicos para atender las necesidades de los damnificados por el terremoto de 1906.

Palabras-clave: (Autor) burguesía; mejoras sanitarias; Valparaíso; (Thesaurus) higiene; saneamiento

ABSTRACT

From the perspective of cultural history, this paper analyzes human waste management and the control of bodies in the city of Valparaíso (Chile), and, particularly, the impact this had on the bourgeoisie. To that effect, the article focuses on two episodes. The first is the conflict between public and private sectors caused by the implementation of a new waste management model based on the use of sewers, which modified the notion of cleanliness and urban decency in Valparaíso at the end of the 19th century. The second episode highlights the new bourgeois sensibility regarding the use of toilets at the beginning of the 20th century, a practice that the bourgeoisie utilized to distinguish itself from the lower classes, and it is analyzed on the basis of a deeply symbolic event: the implementation of public bathrooms to address the needs of the population affected by the 1906 earthquake.

Key words: (Author) bourgeoisie; sanitary improvements; Valparaíso; (Thesaurus) hygiene; sanitation

RESUMO

Sob a perspectiva da história cultural, este trabalho analisa a gestão dos resíduos humanos e o controle dos corpos na cidade de Valparaíso (Chile) e, em particular, o impacto que isso suscitou na burguesia. Para isso, concentra-se em dois episódios. No primeiro, expõe-se o conflito que ocasionou, entre o âmbito público e o privado, a implantação de um novo modelo de gestão residual baseado na utilização de redes de esgoto, que modificou a noção de limpeza e decência urbana em Valparaíso no final do século xix. O segundo episódio se refere à nova sensibilidade burguesa quanto ao uso dos vasos sanitários no começo do século xx, prática que a burguesia utilizou como elemento de diferenciação a respeito dos setores populares e que é analisada neste texto a partir de um acontecimento de grande simbolismo: a implantação de banheiros públicos para atender às necessidades dos danificados pelo terremoto de 1906.

Palavras-Chave: (Autor) burguesia; melhorias sanitárias; Valparaíso; (Thesaurus) higiene; saneamento

Mejoras sanitarias: el cuidado de sí y el temor al cuerpo del otro

Al consolidarse como puerto principal, Valparaíso experimentó las vicisitudes de la modernidad con mayor intensidad que otras ciudades chilenas. Su desarrollo respondió al aumento de su actividad económica, favorecido por el interés del comercio internacional en utilizar la ciudad como un entrepôrt de distribución de mercaderías. Se trata de un proceso similar al que experimentaron los principales puertos latinoamericanos tras la independencia del régimen colonial. Estos se consolidaron como nodos de una red internacional de comercio tejida por el capitalismo industrial, que gatilló una actividad inusitada en los puertos integrados como centros o terminales operativas de ese flujo comercial.1 Así, la privilegiada ubicación geográfica de Valparaíso en las rutas marítimas convirtió a la ciudad en un emporio comercial cuyo hinterland de redistribución mercantil se extendió más allá de las fronteras nacionales, alcanzando la categoría más importante del Pacífico Sur.2 La frenética actividad portuaria tuvo un impacto positivo en el progreso material de la ciudad, transformando paulatinamente la pequeña caleta colonial en un puerto de relevancia internacional.3

Sin embargo, las transformaciones que ocurrieron en la ciudad y el arribo de la modernidad no se tradujeron en mejoras de las condiciones de vida de toda la población. En efecto, las limitadas posibilidades geográficas del emplazamiento condicionaron y dificultaron la implementación de servicios urbanos, de modo que la población se vio afectada por graves problemas de salubridad que parecían contradecir la condición de Valparaíso como primer puerto del Pacífico Sur. La ciudad pagaba un altísimo costo por su desaseo crónico y falta de higiene, sufriendo periódicos brotes de epidemias.4 Ciertamente, la relevancia de este problema no dejó indiferente a las autoridades locales (figura 1).

Fuente: "Peor es nada", Sucesos 154 [Valparaíso] ago. 4, 1905.

Figura 1 "Peor es nada". 

Como para la mayoría de las ciudades latinoamericanas de entre siglos, la historiografía del periodo se ha concentrado en el crecimiento demográfico y espacial, en las primeras demandas sociales y en el desarrollo de la infraestructura urbana. Este estudio busca aportar una nueva perspectiva, concentrándose en este último aspecto -la infraestructura urbana-, pero considerando a un grupo social menos estudiado a la hora de entender los problemas sanitarios de fines del siglo XIX: la burguesía.

La evacuación de las aguas residuales ocupó un lugar fundamental en el debate político-administrativo de la salud pública de Valparaíso. Aun cuando para el caso de Santiago se ha planteado que la construcción del alcantarillado "condensa lo económico, lo técnico, lo político y lo discursivo en el ejercicio del poder y de la administración pública",5 esto parece compartirse en un panorama más amplio de ciudades que en su tiempo buscaron, con vitalidad, gestionar el espacio urbano para beneficiar la salud de sus habitantes. Así, en el marco de una serie de mejoras sanitarias, el problema de drenaje de los residuos domésticos se volvió central en aquellas ciudades donde aumentaba la población y, por tanto, su complejidad. Por otro lado, la creación de baños públicos gratuitos ilustra cómo algunas de estas iniciativas, pese a su connotación moral, también fueron parte de los programas de saneamiento. Más allá del debate técnico y administrativo, este trabajo centra la atención en la implementación social de ambos proyectos. Mientras que la construcción del alcantarillado se impuso en el espacio público, los escusados cambiaron por completo la concepción del espacio privado. Esto se sustenta en la idea de que los aspectos de carácter más tecnológico que componen el sistema urbano se encuentran estrechamente vinculados a la experiencia y a la manera como son percibidos por sus habitantes.6

Estas dos iniciativas, en dos lecturas temporales diferentes, tuvieron un gran objetivo en común: el saneamiento y el progreso de la ciudad. Sin embargo, ambos episodios también comparten haber levantado temores en el medio burgués respecto a sus valores y espacios. En este trabajo se propone que la implementación de los proyectos de saneamiento se vio sujeta a dos temores corporales: al cuidado de sí -del propio cuerpo-, y al cuerpo del otro. Se está, pues, frente a un miedo a la enfermedad y la muerte, donde el agua aparece, bajo el diagnóstico médico, como preocupación central.7 Estas iniciativas eran indispensables para disminuir las tasas de mortalidad, y su implementación ilustra cómo el temor se impuso al momento de ponerlas en marcha, condicionando su desarrollo y definiendo sus ritmos.

Los debates en torno a la red de alcantarillado de Valparaíso a partir de 1876, y la implementación de escusados públicos en la coyuntura del terremoto de 1906 que devastó la ciudad y dejó 2.500 víctimas, son capítulos fundamentales en las políticas de saneamiento lideradas por el municipio de la ciudad porteña. Una revisión de fuentes locales -tanto documentos municipales como memorias de profesionales y prensa- permite dar cuenta de que ambos procesos compartieron un temor a los modos y al uso de los aparatos sanitarios. Se trata de una temática subterránea que permeó estos debates. El temor fue producto de la confrontación entre el espacio público y el privado, atravesada por un campo de significaciones y de sentidos que transitaron y se enfrentaron en la racionalidad e idea de gestionar la ciudad, y en una suerte de "pedagogía" con la cual la burguesía buscó educar a otros, amparada por un vínculo simbólico entre lo privado y lo público: la conexión a una red.

El alcantarillado requería incorporar a los propietarios a un sistema que se extendía por toda la ciudad, vinculando la intimidad y privacidad de cada hogar. Por un lado, hubo un temor escudado en la desconfianza de la comunidad hacia el proyecto y la empresa que lo tenía a cargo: The Valparaíso Drainage Company. Así, pese a las indiscutidas virtudes de la iniciativa como garante de mejorar la salud colectiva, la burguesía se mostró desconfiada. Por otro lado, aunque los baños públicos podían garantizar moralidad y limpieza, el uso que los sectores populares harían de ellos también generaba desconfianza. Más que las deplorables condiciones higiénicas en los campamentos de 1906, la burguesía reconoció como problema fundamental el escaso conocimiento de los aparatos por parte del pueblo. Este proceso no era ajeno a otros contextos. En ese entonces las herramientas de difusión y transmisión de prácticas de los principios higienistas no solo se ubicaban en el espacio público, sino también en el espacio privado del hogar, específicamente en el campo de la higiene personal de los hogares burgueses, como Enrique Fernández señala en relación al proyecto de alcantarillado para el caso de la elite santiaguina.8 De este modo, se puede afirmar que se trató de un temor entendido en sentidos diferentes, pues por un lado se impuso como patrón de manera invisible cuando los entornos urbanos requerían de cambios materiales, nuevas regulaciones y transformaciones institucionales, pero por otro lado también se asoció a cambios de conducta y de prácticas. Los dos episodios analizados aquí remiten a un temor frente a la apertura de prácticas privadas en lo público o al hecho de compartir espacios hasta entonces considerados "burgueses".

¿Pero qué se entiende por burguesía en el Valparaíso de entre siglos? Respecto a la formación de una élite distinta a la aristocracia tradicional, vale la pena considerar el planteamiento de Santiago Lorenzo, al señalar que "en Valparaíso surge una sociedad cosmopolita, a la cabeza de la cual se erige una burguesía comercial que sirve de impronta al resto de la sociedad porteña, en oposición al modelo aristocrático que se había impuesto en el resto del territorio nacional".9 Para Lorenzo, dicha singularidad de los porteños tendría su origen en la influencia foránea y en la actividad mercantil que allí se desarrollaba, interés que habría sido estimulado justamente por la incipiente burguesía comercial formada principalmente por extranjeros. Según Eduardo Cavieres, la modernidad de las actitudes y comportamientos de este grupo social se alejó del antiguo sector mercantil criollo que les había precedido: "El crecimiento de un mercado moderno como Valparaíso es el mejor símbolo de su actuar. A la vez, Valparaíso de la época es la imagen de la participación chilena en la economía internacional".10

En esa línea, este estudio también contribuye a la comprensión de cómo se fue configurando la cultura burguesa que, como en el resto del mundo occidental, en el siglo xix se posicionó como cultura hegemónica. En ese ámbito el trabajo considera las identidades emergentes que reflejaban el sistema de valores y el estilo de vida de la nueva sociedad dominante burguesa como nueva clase social ligada a los cambios de la modernidad o, al menos, a su voluntad de modernidad.11 Así, se entiende por burguesía un grupo social desde la perspectiva de su compromiso con la modernidad, atendiendo no exclusivamente a sus posiciones políticas o a sus niveles de ingresos, sino especialmente a sus actitudes, rituales sociales, gustos, prácticas de sociabilidad y símbolos; en una palabra: a su cultura. Se trata de una burguesía que se consolidó en el siglo xix y terminó dándole el tono a la ciudad.

Finalmente, este estudio se inscribe en las nuevas historias que ponen interés tanto por las estructuras materiales del entorno urbano como por "los sentidos corporales mediante los que están registradas".12 Dicho de otro modo, es una vuelta a la mirada de los sectores burgueses de Valparaíso, analizados desde la nueva historia cultural,13 que busca comprender la "cruda evidencia" en tensión con las representaciones.14 Para Max S. Hering y Amada Carolina Pérez, la historia cultural es "la manera como se configuran, se negocian y se transforman las significaciones a través de las prácticas, las representaciones, los imaginarios", mientras obliga a precisar distinciones entre las contraposiciones de los diferentes ámbitos sociales.15

Redes de saneamiento: la indiscreta intromisión del espacio público en la privacidad burguesa

Durante el siglo XIX se estableció en occidente una correlación entre la mortalidad, la suciedad y la indecencia, considerados factores de riesgo por parte de la burguesía. Con el fin de garantizar la seguridad de su cuerpo, este grupo estableció una estrategia de salubridad basada en la provisión de agua potable y en la evacuación de los desechos, provocando cambios radicales en los itinerarios del agua y en la conectividad de los espacios privados. Los brotes de cólera que azotaron las ciudades de Europa y América en el siglo xix, así como los avances en materia de legislación sanitaria y de reformas sociales y urbanas, en países como Alemania, Francia e Inglaterra,16 fueron responsables directos de la consolidación de la nueva manera de entender el circuito del agua.

En Chile, durante el último tercio del siglo XIX, el problema de salubridad pública derivó en críticas por parte de los primeros profesionales sociales, la beneficencia, las élites locales y los propios sectores populares, a través del mutualismo. Las opiniones fueron secundadas por la profesión médica, círculo al que el Estado gradualmente consultó para avanzar en una labor reformista y benefactora ya evidente hacia 1900.17 En Valparaíso, mientras tanto, el problema de la circulación de las aguas residuales fue uno de los asuntos más complejos, pues estas infectaban el suelo y el aire.18 Si bien las transformaciones no se produjeron de inmediato, el temor a las epidemias estimuló en la burguesía la necesidad de contar con dispositivos urbanos funcionales a la nueva lógica de salubridad.

El más importante fue el alcantarillado, ideado para evacuar las aguas residuales por galerías subterráneas. Sin embargo, los propietarios no tardaron en manifestar su preocupación por los olores que estas desprendían. Todavía no existía un consenso respecto a la idea de reemplazar los pozos negros o abrómicos por el vertido en las alcantarillas. De hecho, figuras tan emblemáticas como Ildefonso Cerdà sostenían que el sistema de alcantarillado podía convertirse en un riesgo para la salud pública, pues mientras las letrinas representaban amenazas puntuales, el alcantarillado generalizaba el peligro por toda la ciudad.19 Así, la contracara de la utopía mecanicista del alcantarillado fue el temor de los propietarios a la red -en otras palabras, al cuerpo del otro- bajo el supuesto de que las alcantarillas extendían la amenaza que antes se concentraba unitariamente en la fosa de cada vivienda.

El temor a lo externo surgió a partir del modo de concebir la relación entre la vivienda burguesa y la ciudad a fines del siglo XIX. Guerrand explica esta tensión, para el caso francés, en el sentido de que lo público se apreciaba como extraño y peligroso, mientras que lo privado era lo familiar y lo seguro.20 De ahí el temor a la conexión de los hogares a las alcantarillas, pues podían verse invadidos por amenazas morbosas externas. La solución se halló en el sifón. Según Vigarello, esta pieza se convirtió en un símbolo de las prácticas hidráulicas del siglo XIX, permitiendo un aislamiento hermético que impedía cualquier reflujo al interior del hogar.21 Otra manifestación tan importante como la anterior fue la relativa a los gases que emanaban de los respiraderos de las vías públicas. La solución técnica consistió en disponer chimeneas de ventilación adosadas a la fachada de los edificios y conectadas a la red. Así, nuevamente, cada vivienda particular se constituía en una pieza fundamental del sistema público, acentuando la lógica colectivista en la gestión de los residuos.

Estas preocupaciones también permearon el debate desarrollado en Valparaíso entre 1876 y 1884 a raíz de la creación de la compañía privada de desagües, proceso que quedó consignado en una serie de documentos municipales y administrativos (figura 2). En ellos queda manifiesto que la iniciativa no estuvo exenta de controversias en el seno de la sociedad porteña. Una primera lectura del asunto refiere a la imperiosa necesidad de evitar los riesgos de salubridad para la población, pero entrelíneas se evidencia que además de dicho temor, en los círculos donde se debatió el problema -todos exponentes de la cultura burguesa-, se manifiesta la desconfianza hacia un proyecto que los ponía en relación con los residuos corporales de toda la población. De ahí que en medio de las discusiones se consultara a médicos e ingenieros como una manera de respaldar sus decisiones.

Fuente: Contratos sobre el servicio general de desagües de Valparaíso. Biblioteca Nacional de Chile (BNC), Colección Sección Chilena.

Figura 2 Contratos de The Valparaíso Drainage Company, 1886 y 1905. 

Un punto de enorme controversia fue el lugar de desagüe. Una de las opciones consideraba desaguar las alcantarillas "al oriente del Estero de la Cabritería, de donde las corrientes no permitirán que esos desperdicios vuelvan a la playa de la población".22 Esta opción había prevalecido sobre la alternativa de llevar las aguas sucias a un punto más lejano de la bahía, puesto que dicha propuesta retrasaba el proyecto tres años.23

Las consecuencias del desagüe directo en el mar parecen no haber sido concebidas como riesgosas, sin embargo, existieron voces disidentes. La más decidida fue la del regidor Santa Cruz, quien advirtió que "si actualmente todas esas matrices aisladas son un peligro para la salubridad pública es indudable que, concentradas en un lugar, infestarían toda la población".24 Cruz sugería esperar más tiempo antes que construir un servicio en condiciones poco favorables para evitar las epidemias: "por más que se diga que las materias van al mar y son arrastradas por las corrientes, es imposible evitar que infeccionen el aire, ya sea porque flotan o porque las mismas corrientes las arrojan después a la playa".25 Cruz tomaba como ejemplo las obras de Buenos Aires y Montevideo que garantizaron la higiene pública al acertar el punto de descarga de sus desagües.26 Por el contrario, el alcalde consideraba exagerados los peligros del desagüe en el mar. No creía que fuesen "tan intensos los malos olores y miasmas que se desprendan de esas materias que se van a depositar en la bahía", enfatizando que el lugar propuesto permitiría tender las cañerías en un plazo cercano.27 El peso de ese argumento influyó en la decisión del intendente, quien zanjó el debate considerando que el peligro de desaguar en el mar era menor que mantener las inmundicias depositadas en todas las casas de la ciudad.28

Tanto la compañía como el proyecto debían ganar la confianza del público.29 Debido al problema médico sanitario que primaba en esta discusión, en 1883 la Municipalidad solicitó un informe a la Sociedad Médica de Valparaíso, consultando las medidas que convendría tomar para reducir el peligro de epidemias. El cuerpo médico confirmó que "la conducción fuera de una ciudad de las materias fecales y aguas sucias tiene una grande influencia sobre la salubridad pública, según sea la manera como se lleva a cabo", y propuso entonces medidas para mejorar el estado de la situación, estableciendo que el mejor sistema de desagüe era "el que se adapta exclusivamente a conducir los excretas, sólidos y líquidos de cada casa de modo que no causen la menor molestia e incomodidad a los habitantes".30 Si bien el alcantarillado había influido en la disminución de la mortalidad urbana, este precisaba un flujo continuo en el interior de las cañerías que debía ser introducido por medio de bombas hidráulicas. Si ese era el caso, el cuerpo médico recomendaba el uso de agua de mar que "posee sobre el agua dulce la cualidad de ser desinfectante y perturbadora de los fermentos, por lo que la hace preferible".31

Otro asunto que acaparó la discusión fue el problema de los olores que emanaban de las alcantarillas. La discusión se enfocó en la limpieza, en tanto que "en algunos puntos y aún en las casas mismas, podría respirarse un aire mefítico, con notable perjuicio de la salubridad pública, en el caso de que no se las mantenga en buen estado de aseo".32 Pero el aseo no era suficiente. Lo relevante del sistema de evacuación fue el requerimiento de un consumo de agua adecuado para conducir las materias fecales.33 Por esta razón, la municipalidad optó por la introducción de agua externa en las cañerías de la compañía, no solo como medio para el funcionamiento del sistema, sino por sus beneficios para la salud y la limpieza.34 Para ello se le exigió a la Compañía de Desagües que suscribiese un acuerdo con la Empresa de Agua Potable. Esta iniciativa había sido ampliamente respaldada por la Junta de Higiene al recomendar "contar con agua para lavar pozos y cañerías que exhalaban muy mal olor amenazando la salud, el agua permitiría impulsar la corriente de las materias detenidas en ellas y prevenir su descomposición".35 Cuando fue consultado, el círculo médico tomó como punto central del asunto la necesidad de mantener el agua continua en el interior del sistema.36

Para evitar la estagnación de las materias y la obstrucción de las cloacas se propuso la forma elíptica, tomando como referencia el caso inglés y las sugerencias de Baldwin Latham, conocido especialista y presidente de la Sociedad de Ingenieros de Inglaterra.37 Los regidores municipales eran concientes de que cualquier descuido en relación a las alcantarillas podía propiciar el desarrollo de epidemias "causantes de la muerte, del luto y desolación de las ciudades".38 En Valparaíso, al igual que en otros países, se consideró el problema de la circulación: "los malos olores que salen de los ventiladores de rejillas y de otras partes de los colectores, provienen de la falta de agua, que no efectúa el acarreo rápido de las materias fecales y permite su descomposición en las cañerías y en las alcantarillas colectoras".39

Mas no bastó la opinión de médicos para sortear las controversias, sino que también se consideró oportuno contar con el punto de vista de ingenieros. En el contexto de los informes de los diversos profesionales, la municipalidad reconoció la existencia de posiciones encontradas, pues

las cuestiones de higiene y de ingeniería relacionadas con el servicio de aseo de las ciudades, aun cuando en estos mismos momentos son materia de arduos estudios en las naciones más adelantadas en todos los ramos de administración local, todavía se hallan muy distantes de toda controversia.40

Incluso los propios vecinos, en su mayoría residentes extranjeros, demostraron tener dudas respecto al desarrollo de estos trabajos. Por esta razón solicitaron que una comisión de ingenieros les informara acerca del desarrollo de los trabajos:

No tenemos los conocimientos necesarios para entrar en una discusión científica, acerca de la bondad o inconveniencia de las obras realizadas por la Compañía de Desagües; pero es un hecho que, por lo que respecta a malos olores e insalubridad, no estamos, como debía esperarse, en mucho mejores condiciones que antes.41

Ahora bien, tras las diversas posiciones, prevalecieron muy entrelíneas otras variables además de las técnicas. Se trataba de un asunto sociocultural planteado sutilmente por los médicos a la municipalidad al señalar que "la mayor parte de los proletarios desconocen los principios más elementales de la higiene".42 De este modo, si bien parte de los temores acostumbraron a ser resueltos con cuestiones técnicas, otra parte tuvo que ver con la aproximación de los espacios privado y público a través del alcantarillado. Este temor se relacionó con la posibilidad de estar conectado, al menos simbólicamente, con todos los cuerpos de la ciudad, puesto que implicaba abrir al espacio público una operación hasta entonces remitida al ámbito privado.

La implementación de escusados: entre la intransigencia del espacio íntimo y la pedagogía burguesa

Como plantea da Costa, la reticencia de los propietarios a conectarse a las alcantarillas se explica, en parte, debido a que el alcantarillado no logró sintetizar la imagen de progreso que alcanzaron otras redes técnicas del siglo xix. Por el contrario, la conexión parecía constituir una invitación promiscua a la circulación de los desperdicios depositados secretamente en la soledad del escusado.43 A pesar de las diferencias sincrónicas y circunstanciales, existe un repertorio de experiencias compartidas en varias ciudades que otorga coherencia histórica a la implementación de los alcantarillados, de modo que algunas de las realidades observadas por la historiografía urbana en los casos de Europa y América se observan también en el caso de Valparaíso. Así, por ejemplo, los informes de la Compañía de Desagües le informaban a la municipalidad que el bajo número de servicios contratados respondía a las "precauciones infundadas" de los propietarios. En 1883 no desaguaban en la red de cañería más de quinientas viviendas en toda la ciudad. La compañía intentaba aclarar que frente a tales circunstancias no era justo que las autoridades determinaran "la influencia que el sistema de drenaje está llamado a ejercer en la salubridad e higiene privada de la población".44 Las dudas de los propietarios no solo deben entenderse como propias de una fase de adaptación tecnológica, sino como fruto de una contradicción inherente que surgía de la necesidad de satisfacer el anhelo de confort mediante la conexión a una red pública y la intransigencia del espacio íntimo que maduraba en el interior de la burguesía occidental.

El sifón fue la pieza que permitió conjugar la necesidad de aislamiento e integración, al evitar la introducción de los olores al interior de los hogares. En efecto, este artefacto permitió instalar los escusados junto a las alcobas y abandonar las letrinas exteriores. En Valparaíso, su implementación se consagró en el contrato municipal de 1905, que obligaba a la Compañía de Desagües a colocar "antes de unir la cañería de la calle con el interior de las casas, un sifón por su cuenta y sin cargo alguno para el propietario",45 otorgando de esta manera la protección necesaria al cuerpo de los ciudadanos.

Pese a los avances en la obligatoriedad de la conexión general, sancionada en Valparaíso en la década de 1890, la mecanización masiva de los hogares en materia de higiene, como plantea Giedion, fue más bien limitada en todo occidente.46 El cuarto de baño conectado a la alcantarilla fue un lujo de las clases favorecidas. En el contexto latinoaméricano, la historiografía de la vida privada ilustra con claridad esta realidad y su lenta transformación. Así, por ejemplo, se sabe que en Buenos Aires hacia 1910, las funciones higiénicas se realizaban en el dormitorio o en un retrete ubicado en una zona alejada del núcleo de la casa,47 al igual que en Montevideo, donde en 1900 la mayoría de los hogares carecía de elementos de confort y, en general, los servicios higiénicos se limitaban a simples letrinas, dado que la higiene personal se realizaba en las habitaciones.48 De ahí que resulte tan interesante determinar cómo una zona de servicios, que durante tanto tiempo careció de jerarquía en el diseño de las viviendas, luego pasó a ser el centro de todas las preocupaciones. En México, por ejemplo, la publicidad señalaba que "la higiene del hogar radica en el cuarto de baño".49

La consolidación de la mecánica sanitaria moderna se debe en gran parte al desarrollo de una sensibilidad de la burguesía que exigió la expulsión de las deyecciones y la protección interior del hogar.50 Como descubre Dávalos para la de Ciudad de México, era casi un axioma de higiene pública que la salubridad dependiera del curso fácil del sistema de albañales que arrastraban las sustancias orgánicas, capaces de servir de focos de infección por el desprendimiento de sus malos olores.51 A partir de la década de 1880, en las ciudades latinoamericanas se produjo una transformación del hogar burgués. Esto derivó en la consolidación de un espacio especializado: el cuarto de baño moderno, que representó una propedéutica de la intimidad al prescindir, gracias a una serie de accesorios, de la ayuda externa en las prácticas de limpieza. A esto apunta Vigarello cuando señala que hasta entonces nunca se había exigido tal grado de intimidad, al tiempo que las prácticas de cuidado de sí se iban inscribiendo a lugares y objetos específicos que se enriquecieron con hábitos y prácticas que les eran propias.52

La consagración del cuarto de baño (figura 3) recogió la importancia de los artefactos sanitarios en el fundamento de la "urbanidad", entendida como la manifestación de una forma de vida inseparable de esos objetos. A través de las imágenes publicitarias la burguesía divulgó su modo de vida, el cual, pese a ser minoritario, tuvo un enorme ascendente sobre la mayoría de la sociedad porteña, hasta implementarse como una cultura hegemónica.53 Sin embargo, esas prácticas culturales no se distribuyeron de forma homogénea en el tejido social. Las diferencias son, por sí solas, indicativas de la resistencia de las costumbres populares. De modo que entre el cuarto de baño burgués y la letrina popular lo que existe son dos regímenes de limpieza diferentes, definidos, en parte, por la ubicación del escusado al interior o exterior del hogar.

Las normas de limpieza personal tomaron una vía autoritaria hacia los sectores populares. Se trataba de que el pueblo adoptara los gustos y hábitos que había adquirido la burguesía,54 como respuesta a una progresión que pasaba de la calle a la vivienda y de esta al cuerpo. Así, se planteaba que "como la limpieza llama a la limpieza, la del alojamiento exige la del vestido y ésta la del cuerpo y ésta, finalmente, la de las costumbres".55 En Valparaíso, a comienzos del siglo XX, los higienistas concluían que "el individuo que se baña aspira a ponerse camisa limpia, a dormir entre sábanas limpias, a tener pieza limpia, a constituir un hogar honrado".56 Para la mentalidad dominante, el baño de los pobres, junto con la acción de limpiar el cuerpo, añadieron la garantía tranquilizadora de un orden moral.

Fuente: “La triste despedida”, Sucesos 488 [Valparaiso] ene. 11, 1912.

Figura 3 “La triste despedida”. 

La creación de baños públicos gratuitos ilustra la realización entre higiene y moral. La burguesía -especialmente los médicos higienistas- insistió con tesón en la creación de dispositivos regeneradores que mezclaban filantropía y control social. En Valparaíso, la implementación de baños públicos respondía a la progresión entre higiene, cuerpo y moral, de acuerdo a las normas de comportamiento de la burguesía. Para entender esta problemática resultan significativos los contenidos del debate producido tras el terremoto de 1906 ante la necesidad de instalar escusados en los campamentos improvisados en las plazas y avenidas de la ciudad. La voz de los higienistas, de las autoridades y de la prensa dieron cuenta de los tropiezos que experimentó la iniciativa, no solo por el desafío técnico y los problemas sanitarios que involucraba la obra, sino especialmente por la sanción de prácticas culturales que fueron consideradas atentatorias a los valores, las costumbres y los símbolos de la cultura burguesa. Para la autoridad fue muy importante controlar los lugares donde se depositaban las deyecciones humanas.57 Por esta razón, creó una Comisión de Desagües que debía coordinar con la Compañía de Desagües y la Dirección de Sanidad la construcción de los escusados y la conexión con las cámaras de visita de la red de alcantarillado.58 No obstante, pronto advirtieron que estos servicios demandarían un mantenimiento permanente para evitar que se obstruyeran y constituyeran un foco de infección, problema que se sumaba a la constatación por parte de la Compañía de Desagües de la proliferación de letrinas no autorizadas en distintos puntos de la ciudad. Este último era un sistema que las autoridades consideraban antihigiénico y perjudicial debido a los olores que desprendía, y ante el cual el servicio de escusados representaba la alternativa más segura.59

Dentro de esta problemática también estuvo presente una subversión del orden social. A los ojos de la burguesía porteña, la vida de los sectores populares se instaló de golpe en el corazón de la ciudad. Sus temores se veían acrecentados porque los muros que separaban lo público de lo privado habían literalmente desaparecido. Entonces, los burgueses se vieron obligados a recrear su domesticidad privada en la vía pública (figura 4). La desaparición de los límites del espacio privado provocó temores en la burguesía al verse expuesta al estilo de vida de los sectores populares, que practicaban un régimen de domesticidad completamente diferente, especialmente en materia de hábitos de limpieza e higiene.

Fuente: "Campamento familia Palma", ago. 16, 1906. Archivo Histórico Municipalidad de Valparaíso (AHMV), documentos sueltos.

Figura 4 Campamento en Plaza de la Victoria el 17 de agosto de 1906. 

En general, cuando los barriles y letrinas se copaban en los conventillos de Valparaíso, los sectores populares ensayaban diversas maneras para deshacerse de las deyecciones. Por ejemplo, arrojaban las materias fecales a las quebradas, a la calle, al lecho de los esteros o las acumulaban en algún rincón del patio, infectando todo el ambiente con emanaciones pestilentes.60 En estas condiciones, no era posible que las setenta mil personas que dormían en albergues improvisados comenzaran a replicar las conductas del conventillo.61 De ahí la preocupación de las autoridades de disponer servicios para anular la acción nociva de los desperdicios humanos. Sin embargo, las 105 tazas de inodoros dispuestas para el uso público pronto se transformaron en un foco de infección porque, como advirtió el doctor José Grossi, director del servicio de sanidad, el pueblo no estaba acostumbrado al uso de estos artefactos.62

Además de los aspectos técnicos, el debate también se daba en términos de un juicio moral frente a las prácticas de los sectores populares. Aun cuando el alcantarillado tenía apenas veinticuatro años de funcionamiento y el cuarto de baño seguía siendo una novedad, la burguesía pudo referir su uso como un elemento de distinción social. El uso de los aparatos sanitarios modernos tuvo una importancia capital en la estructuración de las normas de comportamiento del burgués. Por esa razón, las autoridades le ordenaron a la policía realizar la vigilancia de los escusados públicos. Con estos aparatos se perseguía una difícil pedagogía efectiva, pues su uso fue un asunto complejo. La alcaldía tuvo que prohibir el uso de las vías públicas como letrina. La medida, en declaración del primer alcalde, obedeció a que el pueblo se desentendió del propósito con el que las autoridades habían dispuesto los baños en los campamentos.63

De hecho, el doctor Luis Astaburuaga sostuvo que "el público que necesita de las letrinas es bastante inculto para usarlas, prefiriendo servirse del terreno que las rodea, antes que de la misma taza".64 Propuso, entonces, que los damnificados retornaran a los sitios particulares donde podían hacer uso de las cañerías de agua potable y desagüe, de manera que podría exigirse la implementación de letrinas propias, procurando su conservación bajo pena de multa. En otras palabras, el higienista abogaba por un retorno al régimen de limpieza de responsabilidad individual, tan propio de la cultura burguesa. A la vez, destacaba la importancia que tenían las redes de servicios en la materialización de la domesticidad moderna. Otro importante higienista de la ciudad, Daniel Carvallo, sostenía que los baños dispuestos por la autoridad local no merecían ese nombre, pues no pasaban de ser "casuchas inmundas" que atentaban contra la salubridad pública. Carvallo fue más allá y propuso que la ciudad merecía contar con instalaciones bien construidas "con escusados de patente", como en las principales capitales europeas.65

Para el círculo de médicos higienistas los baños públicos representaban un progreso de urbanidad. Y, debido a su ausencia, la playa se había convertido en el campo donde se arrojaban todos los desperdicios. Por esta razón, el doctor Benjamín Manterola recomendaba construir escusados cada tres cuadras. Se imaginaba pabellones de elegante arquitectura que contaran con una sección de primera clase pagada y una de segunda clase gratuita "mientras que un cuidador percibiría este dinero como remuneración de su trabajo y vigilaría los gratuitos".66 La realidad, sin embargo, contrastaba con estas propuestas. La improvisación de los elementos de evacuación de los campamentos se produjo cuando la idea de una higiene personal se consolidaba al interior de los círculos de la sociedad burguesa. De ahí que en las páginas de El Mercurio se pudiera leer que "no se dejan al alcance del pueblo, ni a veces de los habitantes acomodados, los elementos más indispensables para el aseo y para el cuidado de la salud".67 Finalmente, la autoridad municipal optó por una alternativa más tosca y elemental que los escusados de loza: construir resumideros de cemento conectados directamente a la cañería de desagüe.68

La problemática de los excusados públicos expone el distanciamiento progresivo entre los estilos de vida de la burguesía y de los sectores populares. La irrupción forzada de la sociabilidad popular provocó en la burguesía temor y rechazo a la contravención de sus normas de conducta, a una cultura que se estaba imponiendo como hegemónica, exploraba la intimidad del individuo y rechazaba la falta de privacidad de lo popular.69 El temor burgués frente al cuerpo del otro respondió también a una sensibilidad que renovó los contenidos de la urbanidad, manifestando la voluntad de alejarse de los desechos orgánicos. En medio de estos temores fue que la pedagogía burguesa en el uso de los escusados sustentó el debate durante el proceso de reconstrucción de la ciudad.

Conclusiones

Centrar la atención en las discusiones de Valparaíso respecto a sus alcantarillas y escusados permite comprender la dimensión sociocultural en la cual la burguesía intentó establecer normas de urbanidad. De ahí que las controversias planteadas en los debates fueran tan diversas y, en ocasiones, sorprendentemente opuestas. Este debate porteño en la ciudad de entre siglos no solo da cuenta de que los referentes europeos y norteamericanos fueron fundamentales en los proyectos sanitarios de ciudades latinoamericanas, sino también de que las controversias técnicas y relativas a la implementación de los nuevos artefactos escondían una serie de aprehensiones sociales y culturales, puesto que se trataba de propuestas que implicaban cambios en la manera como la sociedad se conectaba con su ciudad y también en las relaciones entre los distintos grupos sociales.

La noción de red en el caso de los alcantarillados fue algo más que un asunto de conectividad a un sistema para desaguar adecuadamente los desechos. Esta noción implicó ceder la exclusividad del espacio privado y conectarse con el espacio público y la totalidad de la ciudad, hecho que la burguesía porteña de fin de siglo -encarnada no solo en ilustres vecinos, sino también en profesionales y autoridades locales- tomó algún tiempo en procesar. Asimismo, la discusión acerca de los escusados permeó los intereses y miradas de diferentes sectores, especialmente cuando la burguesía se vio en la necesidad de democratizar el uso de un espacio que consideraba como propio. En tal escenario, el discurso que emergió desde el seno del mundo burgués fue el de la ignorancia del bajo pueblo, dando inicio desde muy temprano a un propósito moral y paternalista, al tiempo que se destacaba la necesidad de hacer de este asunto una verdadera pedagogía.

Lo interesante del caso porteño es que el debate local puede situarse en la perspectiva de discusiones de otras realidades nacionales, relevando las lógicas de cómo, con diferentes matices, se desarrolló la transferencia cultural de estas iniciativas. Así, por ejemplo, se observa la configuración del sentido de la palabra "confort", basado en la idea de un espacio doméstico libre de todo lo sucio, o una representación mecánica de la ciudad moderna a partir de las canalizaciones subterráneas concebidas para llegar a cada hogar con prolongaciones invisibles. La preocupación por la libre circulación de los elementos determinó la lógica bajo la cual se imaginó espacialmente la ciudad moderna. En ella, los espacios se volvieron funcionales, estableciendo que las operaciones cotidianas debían realizarse en lugares específicos. Tal es el contexto en el que debe entenderse la creación de espacios especializados como alcantarillas y escusados. En definitiva, la gestión de la ciudad con el fin de mejorar su infraestructura sanitaria no solo se concretó a través de la creación de espacios, sino que además implicó la renovación de hábitos de la población. Se trataba de una compleja dimensión, en tanto que las transformaciones de las costumbres relativas a la higiene debían ser precedidas por una serie de cambios en los modos de vida, en la manera de entender la ciudad y, sobre todo, de concebir la relación con el otro.

OBRAS CITADAS

Archivo Histórico Municipalidad de Valparaíso (AHMV), Valparaíso, Chile Archivo Nacional de Chile (ANCH), Santiago, Chile [ Links ]

Fondo Municipalidad de Valparaíso Biblioteca Nacional de Chile (BNC), Santiago, Chile [ Links ]

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* Este trabajo ha sido desarrollado en el marco del Fondecyt regular 1161669: "La ciudad que no fue. Revisión crítica de planes y proyectos de ciudades en la emergencia del urbanismo en Chile (1872-1929)".

Cómo citar este artículo Macarena Ibarra y Pablo Páez, "Calles sucias y cuerpos indecentes: el temor al otro en Valparaíso, 1876-1906", Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura 45.1 (2018): 131-157.

1 James Scobie, "El crecimiento de las ciudades latinoamericanas, 1870-1930", Historia de América Latina, vol. 7, ed. Leslie Bethell (Barcelona: Crítica: 1991) 202230; Guillermo Geisse, "Tres momentos históricos en la ciudad hispanoamericana del siglo XIX", EURE 38 (1986): 7-33.

2 Jacqueline Guerreaud, "La formación de un mercado de tránsito. Valparaíso 1817-1848", Nueva Historia 3.11 (1984): 157-194; Leopoldo Benavides, "La formación de Valparaíso como entrepôrt de la costa Pacífico, 1810-1850", Les grandes escales, vol. 34, ed. Société Jean Bodin (Bruselas: Société Jean Bodin pour l'histoire comparative des institutions, 1974).

3 Luis Ortega, "Valparaíso: comercio exterior y crecimiento urbano entre 1800 y 1880", Valparaíso 1536-1986, ed. Santiago Lorenzo (Valparaíso: Universidad Católica de Valparaíso, 1987) 101-118; Nelson Vásquez, Ricardo Iglesias y Mauricio Molina, "El crecimiento urbano de Valparaíso durante el siglo xix", Cartografía histórica de Valparaíso (Valparaíso: Universidad Católica de Valparaíso, 1999) 32-42.

4 Santiago Lorenzo, Gilberto Harris y Nelson Vásquez, Vida, costumbres y espíritu empresarial de los porteños: Valparaíso en el siglo xix (Valparaíso: Ediciones Universitarias de Valparaíso, 2000) 61-63; María Ximena Urbina, Los conventillos de Valparaíso 1880-1920. Fisonomía y percepción de una vivienda popular urbana (Valparaíso: Ediciones Universitarias de Valparaíso, 2002) 81-83; Baldomero Estrada, "Poblamiento e inmigración en una ciudad puerto", Valparaíso, sociedad y economía en el siglo XIX, eds. Baldomero Estrada et al. (Valparaíso: Ediciones Universitarias de Valparaíso, 2002) 13-53.

5 Enrique Fernández Donoso, "Estudio sobre la génesis y la realización de una estructura urbana: la construcción de la red de alcantarillado de Santiago de Chile (1887-1910)", Historia I.48 (2015): 119.

6 Simon Gunn, Historia y teoría cultural (Valencia: Universitat de Valencia, 2011) 151.

7 Fernández Donoso 124.

8 Fernández Donoso 143.

9 Lorenzo, Harris y Vásquez 111.

10 Eduardo Cavieres, Comercio chileno y comerciantes ingleses. 1820-1880 (Santiago: Editorial Universitaria, 1999) 232.

11 Jesús Cruz Valenciano, El surgimiento de la cultura burguesa. Personas, hogares y ciudades en la España del siglo XIX (Madrid: Siglo XXI, 2014) 22.

12 Gunn 151.

13 Jesús Martínez Martín, "Historia socio-cultural. El tiempo de la historia de la cultura", Jerónimo Zurita 82 (2007): 237-239.

14 Roger Chartier, "Epílogo. La historia cultural. Entre tradicionales y globalización", La historia cultural. ¿Un giro historiográfico mundial?, ed. Philippe Poirier (Valencia: Universitat de Valencia, 2012) 252.

15 Max S. Hering Torres y Amada Carolina Pérez Benavides, eds. "Apuntes introductorios para una historia cultural desde Colombia", Historia Cultural desde Colombia. Categorías y debates (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia / Pontificia Universidad Javeriana / Universidad de los Andes, 2012) 23.

16 Nicholas Bullock y James Read, The Movement for Housing Reform in Germany and France, 1840-1914 (New York: Cambridge University Press, 2011) 41, 287.

17 María Angélica Illanes, "En el nombre del pueblo, del estado y de la ciencia (...)": Historia social de la salud pública, Chile, 1880-1973 (Santiago: Ministerio de Salud, 1993); Macarena Ponce de León, Gobernar la pobreza. Prácticas de caridad y beneficencia en la ciudad de Santiago, 1830-1890 (Santiago: Universitaria, 2011).

18 Wenceslao Díaz, Memoria de la Comisión Directiva del Servicio Sanitario del Cólera presentada al señor Ministro del Interior por el Dr. Wenceslao Díaz Presidente de la Comisión, 1887-1888 (Santiago: Imprenta Nacional, 1888) 102-148.

19 Francisco de Assis da Costa, "La ordenación de los flujos indeseables. Barcelona, 1849-1917", Urban Perspectives 9 (2008): 10.

20 Roger-Henri Guerrand, "Espacios privados", Historia de la vida privada, vol. 8, dirs. Philippe Ariès y Georges Duby (Madrid: Taurus, 1991) 27-113.

21 Georges Vigarello, Lo sano y lo malsano. Historia de las prácticas de la salud desde la Edad Media hasta nuestros días (Madrid: Abada Editores, 2006) 338.

22 Municipalidad de Valparaíso, "Sesión ordinaria", Valparaíso, jul. 29, 1878. Archivo Nacional de Chile (ANCH), Santiago, Fondo Municipalidad de Valparaíso, tomo IV, v. 181, folio 424.

23 Municipalidad de Valparaíso, "Sesión ordinaria", f. 424.

24 Municipalidad de Valparaíso, "Sesión ordinaria", Valparaíso, ago. 16, 1878. ANCH, Santiago, Fondo Municipalidad de Valparaíso, t. IV, v. 181, f. 439.

25 Municipalidad de Valparaíso, "Cañería de desagüe. Segunda discusión", Valparaíso, ago. 16, 1878. ANCH, Santiago, Fondo Municipalidad de Valparaíso, t. IV, v. 181, f. 440.

26 Municipalidad de Valparaíso, "Cañería de desagüe".

27 Municipalidad de Valparaíso, "Cañería de desagüe".

28 Municipalidad de Valparaíso, "Cañería de desagüe".

29 Municipalidad de Valparaíso, "Sesión ordinaria", Santiago, ago. 25, 1882. ANCH, Santiago, Fondo Municipalidad de Valparaíso, t. V, v. 182, f. 844.

30 Municipalidad de Valparaíso, "Sobre los medios para extirpar las emanaciones de los cauces", Valparaíso, abr. 12, 1883. ANCH, Santiago, Fondo Municipalidad de Valparaíso, t. V, v. 182.

31 Municipalidad de Valparaíso, "Sobre los medios para extirpar las emanaciones de los cauces".

32 Municipalidad de Valparaíso, "Cañerías de desagües: segunda discusión", Valparaíso, jun. 11, 1877. ANCH, Santiago, Fondo Municipalidad de Valparaíso, t. IV, v. 181, f. 261.

33 Municipalidad de Valparaíso, "Sesión ordinaria", Valparaíso, jul. 29, 1878. ANCH, Santiago, Fondo Municipalidad de Valparaíso, t. IV, v. 181, f. 424.

34 Municipalidad de Valparaíso, "Sesión ordinaria", jul. 29, 1878: f. 425.

35 Municipalidad de Valparaíso, "Sesión ordinaria", ago. 25, 1882: f. 844.

36 Municipalidad de Valparaíso, "Sobre los medios para extirpar las emanaciones de los cauces".

37 Manuel S. Ramírez y Alfredo Edwards, "Sesión extraordinaria", oct. 26, 1883. ANCH, Santiago, Fondo Municipalidad de Valparaíso, t. V, v. 182.

38 Manuel S. Ramírez y Alfredo Edwards, "Sesión extraordinaria".

39 Díaz 140.

40 Ambrosio Andonaegui et al. "Informe de la comisión encargada de estudiar los trabajos de la compañía de desagües para proceder a su aceptación a fin de que rija la garantía acordada", Valparaíso, oct. 26, 1883. ANCH, Santiago, Fondo Municipalidad de Valparaíso, t. V.

41 Municipalidad de Valparaíso, "Sesión extraordinaria", Valparaíso, ene. 21, 1884. ANCH, Santiago, Fondo Municipalidad de Valparaíso, t. V.

42 Municipalidad de Valparaíso, "Sobre los medios para extirpar las emanaciones de los cauces", Valparaíso, abr. 12, 1883.

43 Da Costa 19.

44 Municipalidad de Valparaíso, "Sesión ordinaria", may. 14, 1883: f. 76.

45Contrato sobre el servicio general de desagües entre la municipalidad y la Compañía de Desagües de Valparaíso (Valparaíso: Imprenta Gustavo Weidmann, 1905) 6.

46 Sigfried Giedion, La mecanización toma el mando (Barcelona: Gustavo Gili, 1978) 685.

47 Jorge Francisco Liernur, "Casas y jardines. La construcción del dispositivo doméstico moderno (1870-1930)", Historia de la vida privada en la Argentina, t. II, dirs. Fernando Devoto y Marta Madero (Buenos Aires: Taurus, 1999) 124.

48 Silvia Rodríguez Villamil, "Vivienda y vestido en la ciudad burguesa (1880-1914)", Historias de la vida privada en el Uruguay, vol. 2, dirs. José Pedro Barrán, Gerardo Caetano y Teresa Porzecanski (Montevideo: Taurus, 1996) 80.

49 Julieta Ortiz Gaitán, "Casa, vestido y sustento. Cultura material en anuncios de la prensa ilustrada (1894-1939)", Historia de la vida cotidiana en México, vol. II, t. V, dir. Pilar Gonzalbo Aizpuru (México D.F.: FCE / cm, 2006) 134.

50 Roger-Henri Guerrand, Las letrinas. Historia de la higiene urbana (Valencia: Edicions Alfons El Magnànim, 1991) 136.

51 Marcela Dávalos, Basura e Ilustración. La limpieza de la ciudad de México a finas del siglo XVIN (México D.F.: INAH, 1997) 126.

52 Georges Vigarello, Lo limpio y lo sucio. La higiene del cuerpo desde la Edad Media (Madrid: Alianza Editorial, 1991) 268.

53 El caso español se analiza detalladamente en la sugerente obra de Jesús Cruz Valenciano, El surgimiento de la cultura burguesa.

54 Vigarello, Lo limpio y lo sucio 273.

55 Vigarello, Lo limpio y lo sucio 240.

56El Mercurio [Valparaíso] nov. 4, 1906.

57La Unión [Valparaíso] sep. 29, 1906.

58El Mercurio [Valparaíso] ago. 27, 1906.

59El Mercurio [Valparaíso] ago. 27, 1906.

60 Urbina 146-148.

61La Unión [Valparaíso] sep. 25, 1906.

62 José Grossi, Servicio médico de un terremoto. Valparaíso, 16 de agosto de 1906 (Valparaíso: Litografía e Imprenta Moderna, 1907) 14-15.

63La Unión [Valparaíso] sep. 27, 1906.

64El Mercurio [Valparaíso] oct. 6, 1906.

65El Mercurio [Valparaíso] oct. 29, 1906.

66El Mercurio [Valparaíso] nov. 4, 1906.

67El Mercurio [Valparaíso] nov. 5, 1906.

68El Mercurio [Valparaíso] dic. 8, 1906.

69 Graciela Rubio, Testimonios para una memoria social. Valparaíso, 1870-1917 (Valparaíso: Editorial Puntángeles, 2007) 39-45.

Recebido: 01 de Fevereiro de 2017; Aceito: 19 de Abril de 2017

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