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vol.45 número1Robert Darnton. Censors at Work. How States Shaped Literature. New York: W. W. Norton & Company, 2014. 320 páginas. DOI: 10.15446/ACHSC.V45N1.67570Soraya Maite Yie Garzón. Del patrón-Estado al Estado patrón. La agencia campesina en las narrativas de la Reforma Agraria en Nariño. Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana / Universidad Nacional de Colombia, 2015. 311 páginas. DOI: 10.15446/ACHSC.V45N1.67572 índice de autoresíndice de assuntospesquisa de artigos
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Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura

versão impressa ISSN 0120-2456

Anu. colomb. hist. soc. cult. vol.45 no.1 Bogotá jan./jun. 2018

http://dx.doi.org/10.15446/achsc.v45n1.67571 

Reseñas

Stefania Gallini, ed. Semillas de Historia Ambiental. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia / Jardín Botánico José Celestino Mutis, 2015. 416 páginas. DOI: 10.15446/ACHSC.V45N1.67571

REINALDO FUNES-MONZOTE* 

* Universidad de La Habana Yale University, Cuba. rfunesmonzote@gmail.com

El movimiento de la historia ambiental en América Latina y el Caribe se puede caracterizar como un fenómeno relativamente reciente, con menos de dos décadas de vida. Desde los primeros pasos de la Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Historia Ambiental (SOLCHA) a partir de 2003, se cuentan ya ocho conferencias internacionales bianuales. Algo que salta a la vista en cada uno de esos encuentros es la amplia presencia de jóvenes investigadores entre los participantes, lo que pudiera ser muestra de un prometedor futuro para este movimiento en la región. Una de esas conferencias fue la celebrada en la ciudad colombiana de Villa de Leyva en el 2012, donde tuvo un protagonismo central la editora del presente libro, de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, junto a Claudia Leal, de la Universidad de los Andes. Se puede afirmar que Colombia es uno de los países latinoamericanos en donde la Historia Ambiental tiene más arraigo y seguidores, tanto por el esfuerzo personal de académicos, profesores y estudiantes, como por el respaldo de sus respectivas instituciones y otras entidades de la academia o del activismo ambientalista.

El libro que ahora nos ocupa, Semillas de Historia Ambiental, es una consecuencia directa de lo anterior y un ejemplo concreto de la labor de formación profesional llevada a cabo por la profesora Stefania Gallini y sus colegas en la línea de investigación de Historia Ambiental abierta en 2006 desde el Departamento de Historia de la Universidad Nacional de Colombia (a su vez conectada con el grupo de investigación Historia, Ambiente, Política, creado por Germán Palacio en la década de 1990). El volumen recoge once artículos derivados de trabajos de grado y posgrado realizados dentro de la referida línea de Historia Ambiental, precedidos por un breve prefacio de Guillermo Castro y una introducción por parte de la editora, en donde nos conduce por los orígenes del proyecto y explica cómo este se inserta dentro de las dinámicas por construir una historia ambiental latinoamericana.

La estructura del libro se divide en cuatro partes. En la primera, se abordan aspectos más generales de carácter teórico-metodológico. Vladimir Sánchez nos ofrece un panorama general de la evolución de la Historia Ambiental entre 1970 y 2010, sus cambios y tendencias principales. Este acercamiento cuenta entre sus valores el empeño por insertar las historias ambientales latinoamericanas en el contexto global, donde el autor observa un mayor peso de los enfoques socioeconómicos o políticos y una menor influencia del llamado giro cultural. Por su parte, Juan David Reina se ocupa del concepto del metabolismo social como una herramienta para la historia ambiental urbana. Su recuento bibliográfico constituye una puesta al día de los diferentes enfoques, como metabolismo rural, industrial o urbano. Este último centra la segunda parte del trabajo, donde se ofrece un recorrido por los autores y obras más representativas desde la década de 1960 en los ámbitos regional, municipal y local, incluyendo tablas que facilitan el conocimiento del tema. Aparte de constatarse la aún escasa presencia de estudios sobre el metabolismo urbano en Latinoamérica, el autor destaca la necesidad de integrar más las problemáticas sociales como la pobreza, la salud o los servicios ambientales. No obstante, presta menos atención a las relaciones con el metabolismo rural o agrario, algo que en el caso de Latinoamérica debe constituir una prioridad.

Precisamente la segunda parte está conformada por artículos sobre temas agrarios o del ámbito de los paisajes rurales del territorio colombiano. Carolina Ardilla investiga sobre la formación del paisaje colonial en el territorio de la comunidad guane, actual Departamento de Santander, durante el siglo xvi. Con este análisis la autora participa de los debates sobre el colapso demográfico y el intercambio colombino, con una visión matizada de las consecuencias del arribo de los europeos. Más bien se dedica a explicar la constitución de una nueva territorialidad colonial en sustitución de la indígena, en donde la condición itinerante de los guane fue reemplazada por la nueva organización del espacio implantada por los españoles. La desestructuración geográfica de las poblaciones autóctonas y el declive demográfico por distintas causas, se combinó con el mantenimiento de la estructura social como estrategia de control, facilitando un proceso de mestizaje biocultural entre las tradiciones indígenas y españolas.

También a los primeros siglos coloniales, pero esta vez a la región del valle de Saquencipá, Departamento de Boyacá, se dedica el estudio de Katherine Mora sobre las relaciones entre agricultura, ganadería y degradación del suelo entre los siglos XVI y XVII. La autora muestra el proceso de sustitución de las actividades agrícolas tradicionales de las poblaciones autóctonas, en este caso los muiscas, como el cultivo del maíz, papas, frijoles, entre otras plantas, por la introducción de actividades agropecuarias de origen europeo, como la siembra de trigo y la ganadería caprina, ovina y porcina. Al contrario de autores que desde el siglo XVIII comenzaron a describir señales de degradación de esos ecosistemas, como la erosión, Mora considera que las evidencias demuestran procesos adaptativos más resilientes, como los cultivos mixtos de leguminosas y cereales, cosechas alternas o la integración de agricultura y ganadería para obtener abono de origen animal o aprovechar los restos de las cosechas.

Una atención más específica al caso de la ganadería en la Sabana de Bogotá, entre las décadas de 1860 y 1880, la ofrece el trabajo de Juan David Delgado. En este el foco se sitúa en la introducción de nuevas razas de origen europeo dentro del llamado proceso de "refinamiento ganadero", a partir de ejemplares de Hereford, Durham o Holstein, junto a otros cambios del manejo hacia una ganadería de potreros cercados. Otros aspectos del cambio en los paisajes de la sabana tuvieron que ver con la expansión de nuevos pastos, como el trébol, la yerba de guinea o la del Paraná, así como la celebración de ferias o exhibiciones agrícolas y ganaderas como escenarios de la modernización. Todo esto también implicó la expulsión de buena parte del campesinado indígena y mestizo de la región y la concentración de la tierra, como parte de la sustitución de la agricultura por un agroecosistema pastoril. En ese proceso el autor concede un lugar central a las ideas europeizantes en la materialización de nuevos paisajes en clave de civilización y progreso, en favor de las elites dominantes más que de la totalidad de la población.

Una visión complementaria a esas tesis civilizatorias siguiendo el patrón europeo, la tenemos en el trabajo de Simón Uribe sobre los relatos de viajeros ingleses en Colombia durante el siglo xix. Este explora las relaciones entre geografía y auge del expansionismo imperialista en esa centuria, e igualmente su vínculo con la producción de instituciones científicas como la Royal Geographical Society (RGS) de Londres. El autor analiza las obras publicadas por autores ingleses -tanto visitantes ocasionales como residentes en el país por temporadas más largas-, acerca de Colombia y sus potencialidades para la inmigración europea o la explotación de los recursos naturales. En general, esas descripciones se hacen eco de las visiones europeas del momento sobre el trópico y América Latina como territorios disponibles para la expansión capitalista, poco menos que un terreno baldío cuyos habitantes eran vistos a través del prisma de un racismo exacerbado. Este tipo de visiones prestablecidas, sin embargo, podía ser transformada durante la propia experiencia del viaje, sobre todo en un lugar como Colombia, donde se concentran variados pisos climáticos y ecosistemas que invitan a cuestionar cualquier visión preconcebida sobre la tropicalidad.

Una evidencia de esa complejidad ecológica la tenemos en el trabajo de Oriana Prieto, dedicado a los efectos del cambio climático en los procesos de colonización campesina en la Sierra Nevada del Cocuy y Güicán, entre 1870 y 1977. El mismo explora los cambios socio económicos y ambientales paralelos a la desaparición de los glaciales en los últimos dos siglos en dicha región, cuando pasaron de 148,7 km2 en 1850 a 23,7 km2 en 1994 (mientras que, a escala nacional, disminuyó en el mismo periodo de 380 km2 a 48 km2 en la actualidad). Esto quiere decir que la Sierra del Cocuy y Güicán conserva alrededor de la mitad de los glaciares colombianos aún existentes. El deshielo en estos territorios contribuyó a los procesos de colonización ecológica y humana de esas regiones, muchas veces propiciados por el Estado colombiano. Sin embargo, el propio retroceso de esos glaciares y la creciente preocupación por el cambio climático global, dieron paso a las políticas de conservación que determinaron la formación del Parque Nacional El Cocuy a partir de 1977. De ese modo, "los campesinos pasaron de ser los héroes de las gestas colonizadoras a ser cuestionados por el manejo ambiental del territorio ocupado" (p. 262). Por ese motivo, se hace un llamado a tomar en cuenta las dinámicas sociales e históricas en los proyectos de conservación como forma de entender e incluso evitar potenciales conflictos en la creación de zonas naturales protegidas, conciliando las agendas nacionales con las realidades locales.

La tercera parte del libro contiene dos estudios sobre la ciudad de Bogotá en las décadas finales del siglo XIX e iniciales del siglo XX. El primero, de María Clara Torres, en torno a la construcción de un alcantarillado subterráneo como modo de dar respuesta al deterioro sanitario de la urbe entre 1886 y 1938; y el segundo de Laura C. Felacio, acerca de la provisión de agua entre 1886 y 1927. Ambos trabajos ponen énfasis en el despegue de proyectos modernizadores de la ciudad a medida que el país se insertaba en las redes expansivas del mercado global capitalista. Los dos estudios muestran el éxito de la intervención pública y privada en la solución de problemas concretos, con la solución de los problemas sanitarios que ocasionaban la falta de un adecuado sistema para el tratamiento de los residuos y ejercer a su vez un control más efectivo sobre las fuentes del agua para abastecer la población. No obstante, no queda muy claro si esas reformas urbanas llegaron a todos los sectores del entramado urbano o principalmente a los grupos sociales privilegiados y sectores medios.

El último apartado del libro lleva por título "Problemas ambientales que se construyen", título que puede expresar cierta dificultad para integrar sus dos estudios dentro de alguna de las partes restantes. El primero, de Johanna Aguado, se ocupa de la problemática del agua en la isla de San Andrés desde mediados del siglo XX. Parte de exponer las condiciones físico-naturales de la isla y la evolución de las actividades socioeconómicas en relación con el uso del agua, con prácticas como la recogida de lluvia y la perforación de pozos para diferentes fines. Sin embargo, a partir de la declaración de la isla como puerto libre en 1953, se desencadenaron grandes cambios en la demanda del líquido y transformaciones ambientales, como la desecación de pantanos, junto al auge del turismo, que contribuyeron a agudizar las problemáticas ambientales y del acceso al agua en particular, afectando sobre todo a las comunidades locales. Aunque la situación comenzó a mejorar con la declaración de la isla como Reserva de la Biosfera, con el nombre de Seaflower en el año 2000, las limitaciones alrededor del agua mantienen su vigencia.

El último trabajo, a cargo de Carolina Castro, está dedicado a la presencia de los temas ambientales en la prensa bogotana entre los años 1970 y 2000, así como su relación con las políticas públicas, tomando como fuente la revista Cromos y el periódico El Tiempo. La autora identifica tres etapas en esa relación, donde se transita desde un discurso más apocalíptico y de inspiración internacional (década de 1970), hacia el enfoque prioritario en los temas nacionales y el inicio de la adopción de políticas ambientales por el gobierno (década de 1980), hasta desembocar a fines de la misma década y sobre todo en la siguiente, hacia la preocupación por el llamado desarrollo sostenible. Luego de estos temas generales, la autora pasa al análisis de los artículos dedicados a la ciudad de Bogotá, con asuntos como la creciente presencia del automóvil privado y sus impactos ambientales, y la expansión urbana hacia la sabana.

Semillas de Historia Ambiental es un libro bienvenido para presentar una nueva generación de historiadores ambientales en Colombia y que a la vez debe servir como inspiración para que las autoras y autores continúen ese camino. Si en un principio los temas pueden aparentar cierta dispersión, la lectura nos muestra muchas más interconexiones que las previstas. Por ejemplo, son asuntos recurrentes en el libro el agua, la ciudad de Bogotá y su sabana, la historia agraria o ganadera en particular, así como las intersecciones entre las ideas sobre el clima y su materialidad en los paisajes colombianos. Tal vez detrás de esa coherencia se encuentre la "mano oculta" de la editora de este libro y asesora directa en varios casos, junto a sus colegas en los proyectos académicos mencionados al inicio, quienes desde su experiencia son conscientes de las prioridades en los empeños por sacar a la luz la historia desde una perspectiva ambiental. Pero sin duda alguna, también podemos ver en ello el fruto del esfuerzo personal, rigor académico y vocación bien encaminada hacia buen puerto, por parte de cada uno de los autores, quienes a través de este libro nos muestran la buena germinación del huerto de la Historia Ambiental en Colombia.

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