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vol.45 número2José David Cortés Guerrero. La batalla de los siglos. Estado, Iglesia y religión en Colombia en el siglo XIX. De la Independencia a la Regeneración. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 2016. 608 páginas. DOI: 10.15446/achsc.v45n2.71036Andrea Wulf. La invención de la naturaleza: El mundo nuevo de Alexander von Humboldt. Madrid: Taurus, 2017. 498 páginas. DOI: 10.15446/achsc.v45n2.71038 índice de autoresíndice de assuntospesquisa de artigos
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Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura

versão impressa ISSN 0120-2456

Anu. colomb. hist. soc. cult. vol.45 no.2 Bogotá jul./dez. 2018

http://dx.doi.org/10.15446/achsc.v45n2.71037 

Reseñas

María Eugenia Chaves Maldonado, ed. Los "otros" de las independencias, los "otros" de la nación. Participación de la población afrodescendiente e indígena en las independencias del Nuevo Reino de Granada, Chile y Haití. Medellín: Universidad Nacional de Colombia, 2015. 300 páginas. DOI: 10.15446/achsc.v45n2.71037

MARCELA ECHEVERRI* 

* Yale University, USA. echeverri@yale.edu

La historiografía de las independencias latinoamericanas ha tenido una renovación importante en las últimas dos décadas, sobre todo en los contextos latinoamericano, francés, español y, en menor medida, en los Estados Unidos. En diálogo con las transformaciones en la historia política que se dieron inicialmente en Francia, donde se experimentó con las perspectivas culturales y sociales desde la historia política, los historiadores de la independencia en España y América Latina, en los albores de los bicentenarios, dieron tres grandes pasos: el primero fue el de ampliar el marco geográfico, de uno nacional a otro atlántico; el segundo consistió en reconsiderar la dimensión revolucionaria de ese proceso militar y legal que tuvo lugar entre 1810 y 1830 en el mundo hispánico; y el tercero se dio con la incorporación de múltiples perspectivas sobre la política que, al incluir la experiencia de distintos sectores sociales, implicó reconocer la dinámica de negociación en la base de los procesos de formación de los Estados y las naciones en hispanoamérica.

El libro Los "otros" de las independencias, los "otros" de la nación ejemplifica los logros de esta nueva corriente historiográfica. En 2010 la historiadora María Eugenia Chaves Maldonado, quien ha realizado importantes contribuciones al estudio de la dimensión política de los esclavizados en la región norandina (Ecuador y Colombia), organizó desde la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, en asociación con la Corporación Afrocolombiana de Desarrollo Social y Cultura, un importante seminario internacional sobre el tema que trata este libro editado por Chaves Maldonado, en el cual reúne los trabajos académicos que se presentaron en el encuentro.

Es interesante mencionar algo que dice la editora en la introducción de la colección: uno de los fines del Seminario había sido generar un espacio en el cual se pudieran encontrar distintas formas de pensar la historia y la memoria, particularmente entre los académicos y los líderes afrodescendientes e indígenas que participaron en la conversación. Si bien ese diálogo marcó el espíritu del Seminario, resultó imposible poner en un mismo formato de libro académico las "voces de los historiadores y las de los líderes comunitarios", pues las de estos últimos tenían la forma de "aportes orales, musicales, narrativos y testimoniales" (p. 12). Aunque en la publicación no se logró sintetizar ese diálogo e ilustrar esa variabilidad en las perspectivas sobre los medios de producción de la memoria, está claro que situar los ensayos que recopila el libro desde esa experiencia les da un sentido más rico, porque demuestra la manera en que la academia en Colombia, desde hace varias décadas, ha buscado dialogar con el conocimiento que poseen aquellos que son su objeto de estudio, a los que se quiere reconocer y rescatar, para darles un lugar como agentes activos en las historias que escribimos.

El libro constituye un importante aporte al complejo debate historiográfico sobre la participación de las poblaciones indígenas y afrodescendientes en las independencias, principalmente en Chile, Nueva Granada y Haití. Por sus particularidades demográficas, estos son tres lugares que permiten reflexionar sobre diferentes experiencias sociopolíticas en la formación del Estado en Latinoamérica. En la de Haití, por supuesto, como la sociedad negra más importante del hemisferio y el lugar donde se dio la única revuelta de esclavos exitosa que produjo una nación que abolió la esclavitud definitivamente. En cuanto a Chile, uno de los principales temas que ocupa a los historiadores de la población indígena es la compleja relación de los mapuches con el Estado chileno, generalmente vista como una excepción, cuando se pone en la perspectiva latinoamericana, por su capacidad de negociación. Nueva Granada, por otra parte, es un lugar que permite estudiar en conjunto a las poblaciones tanto de indígenas como de afrodescendientes. Así, los tres casos aportan elementos singulares para entender la dinámica de construcción del Estado nación en relación con lo que Chaves Maldonado y su equipo han llamado los "otros".

Esencialmente, los tres escenarios regionales confluyen en cinco grandes temas, que la editora organizó en cinco partes, más las reflexiones finales. Estas partes estudian: la población afrodescendiente y la ciudadanía republicana; los proyectos políticos de los pardos y la revolución de Haití; la manumisión, abolición y libertad; la población indígena; y la resistencia política de castas y de poblaciones indígenas. Es imposible resumir en esta reseña la riqueza de las contribuciones de cada uno de los capítulos, así que voy a tocar algunos lineamientos metodológicos y teóricos que atraviesan los trabajos y que darán forma a una nueva historiografía en Colombia.

Lo primero es el estudio de las poblaciones indígenas y afrodescendientes en relación con dos grandes contextos legales y de cultura política: el imperio y la nación. Al rescatar las relaciones de las poblaciones afrodescendientes en Colombia con el proyecto de la república negra de Haití, Agustín Lao-Montes y José Eulícer Mosquera Rentería demuestran que hubo conexiones entre la dimensión más local o micro de la experiencia organizativa afro en el Caribe colombiano y las luchas imperiales entre España, Inglaterra y Francia, en la coyuntura de la crisis del imperio francés a fines del siglo XVIII. Armando Martínez Garnica, por otra parte, explora la lucha de los pardos por la ciudadanía como un problema de incorporación a la nación, revisando la transición entre el proceso imperial hispánico gaditano y la construcción de la nación colombiana. Aline Helg presenta un análisis profundo de la posición de los pardos, esclavos e indígenas en relación con la primera Constitución de Colombia. Estos últimos dos autores, que se enfocan en el surgimiento de Colombia, coinciden en su apreciación de la dimensión masiva que tuvo la participación popular. También muestran cuáles fueron los temas en torno a los cuales se negoció tal participación y las consecuencias a largo plazo de la misma.

Varios de los autores en el libro utilizan el término "subalterno" para describir a las poblaciones indígenas y afrodescendientes, el cual parece ser equivalente al término "otros" que estructura el volumen temáticamente. Sin embargo, ni en la introducción del libro ni en los artículos particulares encontramos una definición clara del concepto o una discusión con la historiografía poscolonial que lo desarrolló inicialmente. El debate sobre la poscolonialidad tiene raíces en la India e impactó los estudios sobre América Latina. En su definición original, la implicación que tiene el uso del término subalterno es que marca una distancia esencial entre los grupos o sectores sociales de la élite y aquellos de los subalternos. Es decir, el marco teórico asume que no solamente existe una relación de dominación entre los unos y los otros, sino que además hay diferencias abismales, consustanciales, entre ambos grupos, diferencias que tienen que ver principalmente con la cultura, pero sobre todo con el rechazo (implícito y activo) que ejercen los subalternos de la cultura política colonial y luego nacional.

Este modelo no refleja lo que sucedió en el caso de las sociedades hispanoamericanas. En estas el imperialismo español produjo una cultura política que reconoció las diferencias culturales, con prácticas de gobierno flexibles y categorías jurídicas que otorgaron derechos a los distintos sujetos políticos (incluidos los indios, los pardos y los esclavos) entendidos como vasallos. Más importante aún, indios, pardos y esclavos aprovecharon esas estructuras de gobierno e instituciones jurídicas para hacer política. Utilizar el modelo de la subalternidad para interpretar la historia latinoamericana desconoce ese trasfondo que, entre otras cosas, es una de las claves para entender por qué en América Latina durante el siglo XIX el liberalismo no triunfó y no logró transformar las sociedades a partir de la voluntad de las élites. Varios capítulos del libro se apoyan en la categoría de subalterno y señalan la actitud de resistencia de los "subalternos", con lo que describen la posición de las élites hispanoamericanas desde una perspectiva de denuncia que nos recuerda aquellas visiones marxistas de la historia del periodo que calificaban a las élites de hipócritas. Así, se produce una lectura en tono de lamento que minimiza la imagen política de los indígenas o afrodescendientes.

El modelo interpretativo de la "resistencia" no permite entender el proceso político de la independencia como uno de negociación. Proceso en el cual, a pesar de las evidentes diferencias en el poder, las élites estaban experimentando con discursos políticos nuevos que los obligaron a llevar a la práctica ideas revolucionarias. Además, esos mismos discursos fueron profundamente volátiles y tuvieron consecuencias reales en la capacidad de las poblaciones indígenas y afrodescendientes de demandar derechos e impactar los procesos de construcción del Estado. En el libro, el trabajo de Florencia Mallon es una excepción, porque no genera ese tipo de representación. Por el contrario, Mallon justamente cuestiona el supuesto tradicional según el cual la construcción nacional en Chile sucedió a raíz de una voluntad de los sectores dominantes de excluir a los indígenas mapuches. Al describir un proceso diferente, esta autora desarticula tal versión ilustrando las instancias en que figuras políticas mapuches se involucraron con los proyectos políticos federalistas y plantearon sus interpretaciones de tales estructuras estatales, convirtiéndose en aliados estratégicos para las élites.

Por último, en mi lectura, el concepto de subalterno no deja ver las diferencias esenciales entre las identidades de indígenas y afrodescendientes, esclavizados o libres. Entender esas diferencias es crucial, no solamente porque constituyen un elemento fundamental con el cual el Estado latinoamericano tuvo que lidiar desde sus inicios, sino también porque esas diferencias fueron las que marcaron una distancia política entre las mismas poblaciones, esas que los historiadores agrupan como "subalternas", pero que en la práctica no existieron como unidad. Es más, tales diferencias se pueden reconocer en los capítulos del volumen, por ejemplo los de Óscar Almario y Aline Helg, que los estudian en el contexto de la Nueva Granada. Almario también, reflexionando sobre Venezuela, resalta que, al movilizarse a favor de la independencia, "los pardos de Caracas no mencionan la esclavitud ni su eventual abolición" (p. 192). Aunque eran afrodescendientes, los intereses de los pardos no se alineaban automáticamente con el proyecto de terminar con la institución de la esclavitud. Esto quiere decir que para entender las dinámicas políticas de la época no podemos limitarnos a marcar divisiones sociales verticales entre "élites" y "subalternos"; debemos ocuparnos también de las divisiones horizontales dentro de cada una de esas categorías, que dieron lugar a dinámicas complejas en las estructuras políticas de estas sociedades. ¿Cuáles son esas diferencias? Por ejemplo, en el interesante trabajo de Daniel Esteban Bedoya Betancur acerca de las discusiones sobre la abolición de la esclavitud se detalla un proceso político que no fue lineal, en el cual se opusieron los intereses diversos de las élites, que estaban divididas. También en el trabajo de Juan David Montoya Guzmán, que analiza las contradicciones entre la diversidad y la homogenización, hay una importante recomendación sobre la necesidad de investigar las dinámicas de integración de los indígenas al Estado nacional colombiano, entendiendo el proceso paralelo de formación de los discursos sobre diferencias étnicas, proceso en el cual los indígenas fueron agentes activos.

Como se puede ver en este breve comentario, el volumen editado por Chaves Maldonado recoge la más sofisticada producción en el campo de los estudios sociopolíticos de las independencias. El libro presenta una rica gama de trabajos sobre múltiples regiones e ilustra la manera en que se viene reinterpretando el periodo, a su vez dando lineamientos metodológicos para las futuras generaciones que se embarquen en este importante proyecto historiográfico.

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