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vol.46 issue2God is the Owner of the Ship: Maritime Religious Practices in the Modern AtlanticAlfonso Rubio y Juan David Murillo Sandoval. Historia de la edición en Colombia 1738-1851. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, 2017. 335 páginas. author indexsubject indexarticles search
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Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura

Print version ISSN 0120-2456

Anu. colomb. hist. soc. cult. vol.46 no.2 Bogotá July/Dec. 2019

http://dx.doi.org/10.15446/achsc.v46n2.78224 

Reseñas

Óscar Armando Perdomo Ceballos. Las Señoras de los Indios: el papel de la división social del trabajo a partir del parentesco en el desarrollo de la encomienda en Tierra Firme, 1510-1630. Bogotá: Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 2016. 156 páginas.

MARCELA QUIROGA ZULUAGA* 

*Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) mquiroga@icanh.gov.co

Las Señoras de los Indios tiene como objetivo examinar el rol de las mujeres encomenderas y de las relaciones de parentesco españolas, en el desarrollo y funcionamiento de dicha institución dentro del espacio territorial denominado Tierra Firme, el cual para el periodo tratado cubre las Gobernaciones de Cartagena y Santa Marta y la Audiencia de Panamá. De ahí que el principal aporte de este libro sea pensar la encomienda durante los siglos XVI y XVII desde una perspectiva novedosa y con pocos antecedentes historiográficos, por lo menos en el contexto colombiano. Para iniciar el comentario de este libro es necesario mencionar dos elementos que orientan su desarrollo. El primero está relacionado con tres puntos importantes que guían la investigación del autor, sobre los cuales se llama la atención en la introducción: 1) las encomenderas son pensadas, no como individuos aislados, sino como miembros de corporaciones familiares más extensas, por lo que se subraya su rol protagónico en las alianzas matrimoniales y en la consolidación de la élite encomendera; 2) se usa el modelo de parentesco bajomedieval para explicar las relaciones entre los encomenderos, modelo que, según el autor, fue apropiado por otras poblaciones mestizas e indígenas; y 3) se señala la necesidad de observar las particularidades geográficas, ambientales y sociales de la región estudiada, para comprender mejor su papel en el desarrollo de esta institución (pp. 10-11).

El segundo aspecto está relacionado con la delimitación del área de investigación. El autor sostiene que usa la denominación Tierra Firme para vincular analíticamente las regiones costeras de Panamá y del actual Caribe colombiano. Estas regiones estaban acogidas durante las primeras décadas del siglo XVI por la administración colonial bajo una misma jurisdicción -aunque para el periodo estudiado, Tierra Firme se refería ya solo a la Audiencia de Panamá-. Teniendo en cuenta lo anterior, se esperaría un análisis a escala macrorregional. Sin embargo, el trabajo solo aborda algunas regiones pertenecientes a las jurisdicciones de la Audiencia de Panamá y las Gobernaciones de Santa Marta y de Cartagena. Dichas regiones configuran unidades de análisis independientes, las cuales permiten ilustrar las temáticas desarrolladas en los tres capítulos que integran el texto.

En el primer capítulo, titulado "Encomienda y territorio en Tierra Firme", el autor describe las características de los contextos sociales, políticos y geográficos en los cuales progresó la encomienda desde la Conquista hasta el siglo xvii. Orientado por bibliografía previa sobre la instalación colonial en el Caribe, observa en los escenarios regionales trabajados (Panamá, la depresión Momposina, las sabanas de Tolú y las faldas de la Sierra Nevada de Santa Marta) los procesos y ciclos de poblamiento español, las características económicas y poblacionales de los indígenas, así como las condiciones geográficas. Estos distintos escenarios muestran puntos de encuentro y divergencia en el proceso de instauración de la encomienda en el área de investigación. Como elemento en común subraya la importancia del rol de las mujeres en los procesos de conquista. Muestra cómo, a pesar de su participación en la consolidación de los núcleos urbanos, la población femenina a cargo de las encomiendas aparece, principalmente, en la segunda mitad del siglo XVI, luego de la desaparición de la primera generación de conquistadores.

El segundo capítulo, "Los roles de las españolas en el seno de los vínculos de parentesco", analiza la importancia de las alianzas matrimoniales como una "herramienta que permitió a la elite encomendera defender sus intereses y como el vehículo con que la metrópolis consiguió reestructurar la aristocracia de una provincia entera" (p. 51). Este capítulo, además de tomar en cuenta las unidades espaciales mencionadas, se construye sobre la delimitación de tres períodos, a través de los cuales se siguen las transformaciones de la encomienda. El primero de ellos va de 1519 a 1560. En él se explora la importancia del matrimonio entre los principales encomenderos de Tierra Firme, como un mecanismo inherente a la configuración de la encomienda, y se resalta su rol en el tejido de nexos políticos entre las élites locales y entre estas y la península ibérica. En el abordaje del segundo período (1520-1610), el cual incluye también al período anterior, se resaltan las transformaciones que para la mitad del siglo xvi había experimentado la encomienda y se observan las condiciones demográficas que permitieron a las mujeres acceder a dicha institución de manera formal e informal. Principalmente se resalta el hecho de que ellas alcanzaron una mayor esperanza de vida que sus esposos, personas a quienes inicialmente las encomiendas habían sido tituladas. La condición de viudez les permitió a las mujeres heredar las encomiendas de sus esposos o, en caso de que por la ley de sucesión estas recayeran en sus hijos, actuar como sus apoderadas. Además, la viudez generó la posibilidad de nuevas nupcias, fenómeno que a su vez afianzó las redes de poder entre los encomenderos y constituyó asimismo un mecanismo que fortaleció los linajes españoles y consolidó la élite encomendera. El último periodo tratado en este capítulo (16101630) se ocupa del rol de las relaciones de parentesco en encomiendas pequeñas y confirma el papel que tuvieron los matrimonios en el surgimiento de nuevas élites encomenderas. Las nuevas élites fueron desplazando a las antiguas y estas últimas lograron subsistir en el nuevo contexto histórico y político gracias a las pequeñas encomiendas a las que accedieron.

Finalmente, el último capítulo, "Las dos repúblicas en contacto: relación entre indios y encomenderos en los escenarios regionales", estudia el funcionamiento económico de dicha institución a nivel local en tres regiones: la costa Pacífica del golfo de Panamá, la falda norte de la Sierra Nevada de Santa Marta y la depresión Momposina a lado y lado del río Magdalena. En cada uno de estos escenarios, con sus particularidades geográficas, sociales y culturales, el autor nos muestra cómo las familias encomenderas consiguieron servirse de la mano de obra indígena, según sus intereses. Esto se dio en el marco de una complementariedad e interdependencia económica, la cual benefició a todos los participantes. Así mismo, se tratan de manera general las transformaciones en las formas de organización social indígena y, más precisamente, en la división social del trabajo, ocasionadas por la imposición de las cargas del tributo y los servicios personales. También se ve cómo estas responsabilidades determinaron las actividades económicas de las regiones: extracción de perlas y agricultura en Panamá, producción de pita y maíz en las faldas de la Sierra Nevada de Santa Marta, actividad de boga a lo largo del río Magdalena.

En síntesis, la lectura que ofrece esta obra sobre la encomienda en la Tierra Firme, desde una perspectiva que integra las relaciones de genero y de parentesco, enriquece nuestra compresión del funcionamiento de dicha institución y de su rol entre las élites encomenderas. La única dificultad que advierto en el texto es la falta de mayor profundidad a la hora de tratar los aspectos relacionados con las realidades indígenas y sus transformaciones, punto abordado en la tercera parte del libro. Aunque el trabajo anuncia los cambios sociales que experimentaron estas poblaciones, las cuales se vieron presionadas por los intereses corporativos de la élite encomendera, no es claro a la hora de mostrar los procesos que impulsaron la transformación de la organización social de la población indígena, entre ellos, la implementación del sistema de parentesco español. La falta de comprensión de las sociedades indígenas induce a algunos errores a la hora de presentar detalles sobres ellas. Por ejemplo, Perdomo sostiene que la región Momposina vecina al río Magdalena fue el sitio de habitación de grupos como los chimila, cuando en realidad diversas fuentes evidencian que los grupos que las habitaban y fueron objeto de la obligación de la boga estaban relacionados con los pueblos malibú. También resulta problemático definir estos grupos como sociedades "matriarcales", cuando desde un punto de vista antropológico no existen evidencias de ello. Probablemente se trataba más bien de sociedades matrilineales. Ahora bien, estas dificultades puntuales no le restan valor al libro de Perdomo, el cual refresca la visión de una de las instituciones más estudiadas por la historiografía americana.

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