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Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura

Print version ISSN 0120-2456

Anu. colomb. hist. soc. cult. vol.47 no.1 Bogotá Jan./June 2020  Epub Mar 05, 2020

http://dx.doi.org/10.15446/achsc.v47n1.83157 

Artículos

La Primera Guerra Mundial en las Antillas hispanas (Cuba, Puerto Rico y República Dominicana): una historia intelectual

World War I in the Spanish Antilles (Cuba, Puerto Rico, and the Dominican Republic): An Intellectual History

A Primeira Guerra Mundial nas Antilhas espanholas (Cuba, Porto Rico e República Dominicana): uma história intelectual

XAVIER CALMETTES* 

* Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña Santo Domingo, República Dominicana. xavier.calmettes@isfodosu.edu.do

RESUMEN

Los estudios sobre el impacto de la Primera Guerra Mundial en América Latina se han diversificado en el siglo XXI. Estos trabajos han mostrado que el conflicto representó una ruptura en la evolución interna de las sociedades latinoamericanas por sus efectos económicos, diplomáticos e intelectuales. La economía extrovertida y el cosmopolitismo de las élites antillanas se vieron fuertemente impactados por la conflagración. A pesar de la importancia de la problemática, no existe abundante bibliografía al respecto en las Antillas hispanas. La difusión de las ideas de una nueva generación de pensadores nacionalistas en la década de 1920 debería dar lugar a un nuevo sistema interpretativo que valorice el impacto de las circulaciones intelectuales, de los debates en la prensa y del espectáculo generados por el "suicidio de Europa". A pesar de contextos políticos disímiles, el método comparatista da la oportunidad de observar de qué manera se produjeron convergencias intelectuales inducidas por la situación geopolítica. En efecto, las reformas promovidas por las élites, que consistían en seguir calcando los modelos europeos y norteamericanos, fueron puestas en tela de juicio a raíz de las intervenciones estadounidenses, de la tragedia europea y del brusco enriquecimiento seguido de una honda crisis económica de estos tres países.

Palabras-clave: Antillas; beligerancia; Cuba; geopolítica; nacionalismo; neutralidad; Primera Guerra Mundial; Puerto Rico; relaciones internacionales; República Dominicana

ABSTRACT

Studies on the impact of World War I in Latin America have diversified in the 21st century, showing that the conflict entailed a break in the internal development of Latin American societies due to its economic, diplomatic, and intellectual effects. The foreign-oriented economy and the cosmopolite Antillean elites were strongly affected by the war. Despite the importance of this issue, there is scarce bibliography regarding the Spanish Antilles. The dissemination of the ideas of a new generation of nationalist thinkers in the 1920s should give rise to a new interpretive system that asserts the value of the intellectual circulations, the debates in the press, and the spectacle generated by "Europe's suicide". The comparative method makes it possible to appreciate how intellectual convergences were produced due to the geopolitical situation, despite the different political contexts. In fact, the reforms promoted by the elites, which consisted in continuing to imitate European and American models, were challenged due to interventions by the United Sates, the European tragedy, and the rapid enrichment followed by a deep economic crisis in these three countries.

Key words: Antilles; belligerence; Cuba; Dominican Republic; geopolitics; international relations; nationalism; neutrality; Puerto Rico; World War I

RESUMO

Os estudos sobre o impacto da Primeira Guerra Mundial na América Latina se diversificam no século XXI. Estes trabalhos mostram que o conflito representou uma ruptura na evolução interna das sociedades latino-americanas por seus efeitos económicos, diplomáticos e intelectuais. A economia extrovertida e o cosmopolitismo das elites antilhanas foram vistos fortemente impactados pela conflagração. Apesar da importância da problemática, não existe abundante bibliografia a respeito das Antilhas espanholas. A difusão das ideias de uma nova geração de pensadores nacionalistas na década de 1920 deveria dar espaço a um novo sistema interpretativo que valorizasse o impacto das circulações intelectuais, dos debates na imprensa e do espetáculo gerados pelo "suicídio da Europa". Apesar de contextos políticos desiguais, o método comparatista dá a oportunidade de observar de que maneira foram produzidas convergências intelectuais induzidas pela situação geopolítica. De fato, as reformas promovidas pelas elites, que consistiam em seguir reforçando os modelos europeus e norteamericanos, foram postas em julgamento devido às intervenções estadunidenses, à tragédia europeia e ao repentino enriquecimento seguido de uma profunda crise económica desses três países.

Palavras-Chave: Antilhas; beligerância; Cuba; geopolítica; nacionalismo; neutralidade; Primeira Guerra Mundial; Porto Rico; relações internacionais; República Dominicana

La consulta de los catálogos de referencias de los archivos latinoamericanos puede sorprender al investigador europeo a causa del nombre dado por los archivistas a la Primera Guerra Mundial. No aparece sistemáticamente referenciada, como en los catálogos europeos, bajo el rótulo de "Primera Guerra Mundial", sino bajo aquel de "Guerra Europea". Como si el conflicto no hubiese tenido repercusiones internacionales, como si no hubieran participado las regiones africanas, asiáticas o americanas en esta conflagración. La clasificación de los bibliotecarios y archivistas revela algo de la percepción de este conflicto, como objeto lejano, en los países latinoamericanos.

Es innegable que para los europeos que tuvieron que sufrir en carne propia ese choque económico, político, humanitario y militar, la importancia de la conflagración no puede ser la misma. Para los europeos, esta guerra fue "la matriz del siglo XX", retomando la expresión del investigador George-Henri Soutou,1 y se convirtió en un recuerdo sumamente útil en el ámbito político de la construcción europea. Basta mencionar el apretón de manos entre el canciller Alemán Helmut Kohl y François Mitterrand en 1984 en el osario de Douaumont (monumento conmemorativo de la batalla de Verdun) o la ceremonia organizada el 10 de noviembre del 2018 en el vagón del mariscal Foch, entre Angela Merkel y Emmanuel Macron, para medir hasta qué punto se reactivó y utilizó a lo largo del siglo XX esa memoria en aras de impulsar los proyectos continentales multilaterales. Pero lo antes mencionado no explica completamente ese largo olvido en la historiografía latinoamericana del siglo XX. En efecto, la memoria de la Gran Guerra no es exclusiva de Europa. En todo el occidente desarrollado el conflicto fue integrado al relato histórico nacional (hasta en Australia y Canadá). Incluso en territorios periféricos como África, la cuestión de la explotación de las colonias y del trato de los tirailleurs permitió mantener vivo el recuerdo de la contienda.

Sin embargo, hasta principios de la década del 2000, en América Latina, la memoria de esta conflagración parecía limitarse a las generaciones que vivieron el período bélico. Las plazas, los nombres de las calles, los osarios, las estatuas que conmemoran la "Guerra Europea" son contados. El monumento más visible del continente es probablemente el modesto memorial de guerra de Puerto Rico, ubicado delante del Congreso del Estado libre Asociado. De los miles de voluntarios latinoamericanos2 que lucharon en los frentes europeos, no se ha investigado mucho.3 Si no fueron completamente olvidados -como lo demuestran los casos de Arturo Dell'oro (Chile) o de Domingo Rosillo (Cuba)-, solo disponemos de muy pocos testimonios de poilus latinoamericanos.4 Salvo contados especialistas, casi nadie en América Latina recordaba que Bolivia, Ecuador, Guatemala, Brasil, Honduras, Nicaragua, Panamá, Uruguay, Haití, Perú y Cuba habían firmado el tratado de Versalles el 28 de junio de 1919.

Con motivo de las conmemoraciones del Centenario de la Primera Guerra Mundial, las investigaciones históricas se han incrementado a un ritmo acelerado. Los artículos y libros publicados en el siglo XXI diversificaron la escasa bibliografía sobre la Gran Guerra. Mientras que los libros y artículos del siglo XX se enfocaban en cuestiones de índole económica,5 mediática6 o diplomática,7 los estudios recientes tratan de engarzar la historia intelectual global con las dinámicas nacionales e identitarias.8 Asistimos a una diversificación muy importante de las temáticas relacionadas con la Gran Guerra que permiten realizar estudios comparativos. En la última década, algunos trabajos han intentado sintetizar el estado en que se encuentra la bibliografía de la Gran Guerra en América Latina.9 Si bien estos permiten disponer de un panorama de gran calidad sobre las consecuencias del conflicto en el continente, sorprende la ausencia de la cuestión antillana.

Las razones de este olvido en el siglo XX son múltiples. Nos limitaremos a mencionar las dos principales. La primera reside en el hecho de que el intervencionismo estadounidense -facilitado por la Primera Guerra Mundial- se hizo más apremiante con las ocupaciones de República Dominicana, Haití, Puerto Rico y el papel que jugó Washington en "La Chambelona" en Cuba. El periodo de la Primera Guerra Mundial, para las Antillas, es también el del imperialismo estadounidense. La explotación del recuerdo de las ocupaciones era más útil políticamente en un periodo en que los países latinoamericanos se encontraban muy dependientes de Estados Unidos. La segunda razón es que no se puede negar que la historia militar de la Gran Guerra en América Latina se limitó a unos muy pocos combates entre británicos y alemanes en los mares de Chile y Argentina (batallas de Cabo Coronel y de las Malvinas) y la movilización de soldados cubanos, puertorriqueños y brasileños. No obstante, progresivamente, la historiografía de la Primera Guerra Mundial ha mostrado que la dimensión militar del conflicto es solo una temática importante entre muchas otras. Implicó una ruptura de los imaginarios geográficos y de los conceptos políticos en el Nuevo Mundo, tal como Eric Hobsbawm lo describió.10 Si el Caribe no se ve directamente amenazado por la guerra, no pierde de vista las trasformaciones que se operan en un mundo cuyos referentes políticos, culturales y económicos cambian radicalmente.

El enfoque comparatista escogido responde a diversos objetivos. Primero, permite observar sociedades antillanas inmersas en un contexto geopolítico, económico y cultural cercano y diferente de las dinámicas continentales. Cuba y Puerto Rico fueron las dos últimas colonias de España en América, mientras que el proceso de independencia de República Dominicana fue atípico con una lucha de independencia contra Haití. Segundo, a pesar de un contexto económico y tradiciones comunes, las ideas dominantes en cada uno de estos espacios nacionales son contradictorias antes de la guerra y tienden a unificarse y circular de manera más fluida después de la guerra. Tercero, la diversidad de las experiencias políticas (colonia, ocupación norteamericana, territorio independiente) permite alimentar la reflexión para ver si estas situaciones disímiles provocaron visiones de la situación europea antagónicas o convergentes.

Otro interés de este espacio para el historiador es que las fuentes primarias fueron poco explotadas. La mayor parte de nuestro trabajo se fundamenta en la consulta de los archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, el Archivo Histórico Nacional de Cuba, de la colección de libros raros de la Universidad de La Habana, de los fondos del Archivo General de la Nación de Santo Domingo, del archivo regional de Santiago de los Caballeros, del Archivo Nacional Digital de Puerto Rico y una reinterpretación de las historiografías nacionales. Tratamos de examinar desde la óptica de la historia intelectual, de qué manera la Primera Guerra Mundial influyó en el pensamiento y en las justificaciones discursivas de los intelectuales nacionalistas de las Antillas hispanas y en la redefinición de las identidades.

El nacionalismo antillano en vísperas de la Gran Guerra

El nacionalismo antillano era muy diverso antes del conflicto. En Cuba y Puerto Rico, los ciudadanos trataban de alejarse del legado español y no tenían una percepción negativa de la potencia norteamericana. De 1902 a 1914, numerosos intelectuales llamaban a "cortar de manera gradual o violenta, pero rápidamente" los lazos que unían Cuba con su otrora metrópoli.11 Las estatuas de Isabel la Católica y de los reyes españoles fueron destruidas, las calles cambiaron de nombres y un diputado propuso crear un nuevo calendario, independiente de las influencias monárquicas y religiosas.12 Comenzó la demolición de las murallas de La Habana, las cuales ya no eran percibidas, en el nuevo contexto histórico, como cinturón de protección sino como un símbolo de encarcelamiento mental impuesto por España. En Puerto Rico, entusiasmaban los planes llamados city-beautiful del ocupante, encaminados a crear nuevos espacios cívicos, sanitarios y educativos.13 En esta parte del Caribe, el principal problema era, en opinión de algunos de los más famosos intelectuales, el mantenimiento de las estructuras mentales de la otrora metrópoli y la presencia de una importante comunidad española. Así, José Sixto de Sola declaraba que el español que "estaba aquí en tiempos de la colonia, naturalmente, no ama, no puede amar todavía la idea de Cuba republicana, que ha estado acostumbrado a considerar desde su niñez como una traición y como una blasfemia".14

Los discursos favorables a España ya no tenían buena acogida.15 Incluso españoles que habían hecho declaraciones muy desfavorables a Estados Unidos en el momento de la guerra hispano-estadounidense, como el ministro Eduardo Dolz, quién había expresado su férrea voluntad de no regresar a Cuba hasta que no se arriase la bandera norteamericana del castillo del Morro,16 afirmaba en 1917 que:

Cuba ha querido ponerse pública, solemne y resueltamente "al lado de los Estados Unidos" en este lance. Al lado de la gran nación, blasón del mundo y orgullo de la América, al lado de ese gran pueblo asiento de la libertad y altar de la democracia, cuyo contacto ostentamos y proclamamos como un honor, a cuyo eficiente concurso debemos la emancipación de nuestra tierra, el haber salido del poder de una nación atrasada, pobre, inculta y cruel, que mantenía en la ignorancia a la población de este hermoso pedazo de tierra americana [el 75 % de los habitantes no sabía leer] que explotaba nuestros recursos en términos de que casi vivía de lo que daban las ubres de esta "vaca tropical", que nos tenía asediados de enfermedades y contagios.17

La situación en República Dominicana era diferente de la de Cuba y Puerto Rico debido a la manera en que esta nación había obtenido su independencia. No lo había hecho mediante una guerra de liberación contra la metrópoli española, sino mediante una guerra contra la ocupación haitiana. A pesar de los problemas planteados por los intentos de expansión estadounidense en la isla (en particular la cuestión de Samaná), la construcción identitaria dominicana no se fundamentaba en la oposición entre cultura criolla y cultura española o estadounidense, sino en torno a las diferencias que existían entre la cultura haitiana y dominicana.18 Como señala Micaela González Valdés, el "antihaitianismo y el pro-hispanismo se constituyeron en elementos importantes" de la identidad nacional dominicana durante el siglo XIX y principios del siglo XX.19 En esa época, las imágenes y representaciones negativas del haitiano fueron numerosas, y la hispanidad se transformó en un elemento importante para definir el "nosotros" dominicano. A pesar de esa particularidad, los discursos de las élites de Cuba, Puerto Rico y República Dominicana entre 1902 y 1914 tenían el punto común de defender una construcción de la idea nacional en la que Estados Unidos no aparecía como la primera amenaza a la soberanía nacional.20

Existía una diferencia entre la percepción antillana y la latinoamericana continental en cuanto a Estados Unidos. A principios del siglo XX, en Argentina, Chile, América central o México los intelectuales buscaban justamente establecer y definir una nueva identidad de resistencia frente a la nueva gran potencia del Norte. Obras como Ariel del uruguayo José Enrique Rodó, La Patria Grande del argentino Manuel Ugarte, Forjando Patria del mexicano Manuel Gamio o La enfermedad de Centroamérica del nicaragüense Salvador Mendieta proyectan el devenir de una América Latina amenazada. Los autores continentales alertan sobre los peligros de la penetración norteamericana y con este fin se valen, paradójicamente, de una retórica donde abundan referencias y conceptos culturales griegos, latinos o europeos.21

Es interesante notar que en el mismo periodo en que se decide desmontar la estatua de Isabel la Católica del Paseo del Prado y se construyen estatuas de la libertad en honor al pueblo estadounidense en varios lugares de Cuba (Remedios, Gibara, La Habana), en México, al contrario, los responsables políticos intentaban rescatar el legado español y limitar la influencia estadounidense. Durante las conmemoraciones del centenario de la independencia mexicana, una calle del centro de la capital fue rebautizada como Isabela la Católica, mientras Porfirio Díaz, el presidente mexicano, recibió con gran agrado la medalla de la orden Carlos III22 y Fernando Pimentel, alcalde de México, declaró que había que reconocer los méritos de la colonización española.23

El desacople entre el movimiento continental de resistencia a la nueva potencia hegemónica y el tipo de nacionalismo desarrollado en las Antillas engendró cierto grado de mutua incomprensión. El argentino Carlos Pelligrini expresaba muy bien el bochorno de parte del mundo intelectual en lo referente a la forma que tomó la independencia de las últimas colonias españolas:

La opinión pública en Argentina es muy diversa, pero los republicanos no podemos condenar los esfuerzos de los cubanos para obtener su libertad sin renunciar antes a nuestra historia y maldecir nuestros triunfos nacionales. Sin embargo, mi patria siente profundo cariño por España y, por consiguiente, a despecho de la lógica, las simpatías de la Argentina están con España, tanto más cuanto hay sospechas de que los Estados Unidos no proceden por un espíritu de humanidad o por puro amor a la libertad.24

En Puerto Rico y Cuba, el ocupante había desarrollado grandes proyectos de saneamientos, de fumigaciones y de infraestructuras que habían permitido mejorar las condiciones de vida de los habitantes y favorecieron la elaboración de una imagen idealizada de Estados Unidos. Modernizar el país era inspirarse en la urbanización, las costumbres y los planes del vecino norteño. Paradójicamente, copiar y americanizar o europeizar el país eran considerados obras nacionalistas porque la bonanza económica, que resultaría de los cambios introducidos, permitiría la independencia real de la nación. De este modo, los profesores cubanos, favorables a la independencia de la isla, que cursaban estudios en Harvard, defendían posiciones muy favorables al vecino norteño, por ejemplo, uno afirmaba que "allá todo es admirable, todo se hace a máquina, con electricidad"25 y otro que "en algunos años solo se hablará inglés en Cuba".26 Para los intelectuales antillanos, la modernidad y la civilización la encarnaban los Estados Unidos, a nivel económico, y Francia, Inglaterra y Alemania, a nivel artístico y cultural. Algunos pensadores nacionalistas incluso hacían público su menosprecio por las costumbres locales. Así, en La paz en República dominicana, José Ramón López consideraba que los criollos siempre fueron "industrialmente inferiores a los europeos recién llegados"27 y que de la raza india "nada, o muy poco había que esperar para el progreso".28 Otros autores describían a Estados Unidos como la democracia "más sincera, efectiva, luminosa del mundo".29 Incluso, José Enrique Varona, uno de los pocos intelectuales a quienes en el periodo 1902-1914 le preocupa el imperialismo anglosajón en Cuba, declaró en un discurso que reivindicaba la creación de una sociología del imperialismo, que uno de los problemas de Cuba estribaba en no haber logrado forjar aún" una cultura superior", semejante a la de Europa.30

Tribulaciones intelectuales y Primera Guerra Mundial

Aunque no se cuenta con datos cuantitativos sobre las opiniones de la población, sí disponemos de un conjunto de testimonios, manifestaciones, símbolos y discursos que permiten entender cuál era la correlación de fuerzas durante la guerra y después de esta entre las tendencias intelectuales. Lógicamente, cuando el conflicto estalló, la mayor parte de las élites defendieron a las naciones de la Entente, a las cuales deseaban copiar para desarrollarse antes de la guerra. Describían la conflagración como una batalla ideológica entre el modelo democrático francés y el de los imperios centrales, entre los derechos de las pequeñas naciones y la ley del más fuerte. Ya fuera en República Dominicana, Cuba o Puerto Rico, los argumentos utilizados eran semejantes. Los intelectuales justificaban sus posiciones profrancesas alegando la defensa de la civilización y del derecho del más débil. El "heroísmo" de Bélgica recordaba las luchas contra España porque resistía contra "el yugo opresor de la tiranía".31 El puertorriqueño Cayetano Coll Cuchi resumía la posición de numerosos intelectuales antillanos apuntando que

cuando llegó la noticia de que el poderoso imperio de Austria-Hungría dirigía un ultimátum a la pequeña nación Serbia exigiéndole virtualmente la abdicación de su soberanía, nosotros, los puertorriqueños, con el instinto de un pueblo débil que siempre ha vivido ahogando sus más legítimas aspiraciones nacionales bajo el peso de la fuerza y de la conquista, vimos en ello, un acto más de rapiña.32

La victoria de la Entente según numerosos intelectuales33 habría sido la victoria de la democracia y del derecho. Apoyar económicamente a Francia o Gran Bretaña, en calidad de neutrales o de aliados -a partir de 1917- habría permitido asegurar que la paz firmada estableciera nuevas normas de soberanía y fuera favorable a la economía de República Dominicana, Puerto Rico y Cuba. Conforme a esta lógica, para Luis Valdés Roig, miembro del cuerpo diplomático cubano, "la victoria de los 'Aliados' era indispensable al desarrollo de la industria azucarera y por razones de orden económico [...] Cuba no podía permanecer neutral en la contienda".34

Esa propaganda a favor de los beligerantes de la Entente se vio facilitada por el control de los cablegramas por parte de Francia y de Gran Bretaña. En efecto, consciente de la importancia de la batalla ideológica, ambos países establecieron, desde inicios de la guerra, un control sobre las informaciones que llegaban a América. Todos los periódicos de las Antillas -incluso los pocos periódicos neutrales o germanófilos como el Diario de la Marina (Cuba)-, tenían que reproducir los cablegramas de los países de la Entente si querían obtener noticias sensacionales para sus lectores. En algunos casos, se difundían casi exclusivamente las noticias francesas (como el Listin Diario en República Dominicana o La Lucha en Cuba).

A pesar del control de las noticias, otra parte del mundo intelectual, minoritaria, consideró la conflagración como una crisis de la civilización en su conjunto. A su parecer, la guerra se presentaba como una oportunidad gracias a la cual se forjaría una nación verdaderamente independiente de los modelos europeos y norteamericanos. A raíz del conflicto, el periodista Joaquín Aramburu ponía en duda el hecho de que las naciones del norte fueran civilizadas. Para él, los países industriales estaban:

Enredados en guerra sangrienta, movilizados por centenas de millones sus ciudadanos, paralizadas las industrias y las faenas del campo, invadidos de fiebre bélica los pueblos [...] ¿Esa es la civilización? Dicen que sí [...] ¿Es de esos pueblos de donde hemos de tomar ejemplo los jóvenes pueblos de América? Protesto de ello.35

La posición de Aramburu no era aislada. Ya sea Bonifacio Brito García, quien declaraba que los nacionales "tenía[n] la idea de que Europa estaba muy adelantada en su civilización" y termina exclamando: "¡Y cuán equivocados estábamos!",36 o de Miguel A. Díaz, quien escribía que la civilización "se ha colocado el casco de Atila",37 la crisis de la civilización causó gran tumulto entre los intelectuales. La debacle fue puesta en relación con la situación nacional y generó una reflexión sobre lo que significaba ser antillano y sobre el desarrollo anterior a la guerra, basado en conceptos importados del extranjero. Luis Rodríguez Embil afirmaba en 1915 que "mucho tenemos que aprender aún de Europa, si es cierto también, después de esta gran catástrofe sobre todo, hemos de aprender a olvidar o a no imitar de ella".38 En la misma tónica, José Antonio Ramos y Aguirre acotaba que "América busca su emancipación espiritual de Europa".39

Sin embargo, si bien es cierto que la guerra resquebró el mutuo consenso que existía entre las élites intelectuales en cuanto al calco europeo y al modelo de "desarrollo civilizado",40 la opinión mayoritaria seguía siendo la de los intelectuales favorables a las naciones de la Entente. Durante los años de guerra, la bonanza económica alcanzada en Cuba y Puerto Rico parece demostrar la competencia y la buena gestión macroeconómica de las élites. El alza importante de los precios del azúcar permitió financiar grandes obras de desarrollo. San Juan y La Habana se convirtieron en ciudades modernas, se inauguraron hospitales, carreteras y se modernizaron los ingenios y los alojamientos. Ambos países antillanos pasaron repentinamente "del velón a la bombilla, de la totuma al bidet, de la garapiña a la coca cola, del juego de loto a la ruleta [.] del cochecillo mulero al Renault gran estilo".41 A lo largo de la guerra, Estados Unidos continuó siendo un modelo para la élite en el poder que hacía gala de su éxito con datos económicos muy positivos. En noviembre de 1918 se organizaron en ambos países grandes fiestas populares durante las cuales se entremezclaron las banderas nacionales con las francesas y estadounidenses.

Intervenciones norteamericanas, movilización de soldados y crisis económica: una nueva visión nacionalista

En cambio, en República Dominicana, el calco norteamericano fue puesto en tela de juicio más temprano que en Cuba y Puerto Rico, tras la intervención estadounidense de 1916. Las injerencias preocuparon a una parte importante del mundo intelectual, que temía ver desaparecer la cultura dominicana. Los Estados Unidos disponían de una libertad mayor en las Antillas en ausencia del contrapeso europeo. Fabio Fiallo escribió en 1916 un artículo titulado "Orígenes del imperialismo yanqui" en el que alertaba sobre la posibilidad de que este pueblo se convirtiera en el "verdugo de la nación dominicana".42 En ese mismo periodo, Américo Lugo conceptualizó el imperialismo estadounidense, el cual consistía, a su parecer, en "una avaricia ciega por mercados, por minas, por la explotación y monopolio de todos los recursos naturales de todos los países débiles, por todo lo que produzca oro, metal de que son insaciables"43 y movía esta nación a "la conquista y la anexión, con una brutalidad primitiva en los medios y una infatuación, y un mal disimulado desprecio constantes e intolerables".44

El mismo autor utilizó el ejemplo de la Primera Guerra Mundial para oponerse a los compromisos contraídos con el invasor. Si el conflicto mundial había sido una contienda en defensa del derecho del más débil, entonces no había que negociar la soberanía. En efecto, "¿Qué hubiéramos dicho de Bélgica si al día siguiente del armisticio hubiera firmado un tratado con los alemanes legalizando la invasión y pidiendo a éstos dinero a préstamo?".45 No se podía sino criticar la brecha que existía entre los principios enunciados por Woodrow Wilson "que mientras pretendía erigirse en Europa como apóstol de la libre determinación de los pueblos, los sometía en América al determinismo imperativo de las bayonetas de sus soldados".46

El movimiento independentista de Puerto Rico también subrayó esa paradoja de la política estadounidense. Desde El Nacionalista de Ponce y los congresos americanos, Pedro Albizu Campos promovió la independencia de Puerto Rico, subrayando las contradicciones de la posición de Wilson y apelando a la Sociedad de las Naciones.47 Aún no se había definido la forma que iba a tomar la organización del territorio nacional. Con la entrada de Estados Unidos en la guerra, el gobernador Artur Yager decidió activar la Ley de Servicio Selectivo, y soldados puertorriqueños fueron enviados a Panamá para proteger el Canal. La experiencia de la discriminación racial en el ejército impactó el pensamiento de algunos independistas puertorriqueños. Para ellos, si Puerto Rico seguía perteneciendo a Estados Unidos, este país impondría su cultura. Pedro Albizu Campos escribe en 1923 que la igualdad entre Puerto Rico y los demás estados federales sería siempre una ilusión porque se trataba de una nación en la que no se había admitido "a ninguna comunidad hasta no haber ganado este elemento [el elemento anglosajón] ascendencia definitiva".48

En Cuba, el movimiento fue más tardío. La suerte de los voluntarios cubanos, alistados principalmente en la legión extranjera francesa, provocó una primera desilusión sobre los motivos de la conflagración. En efecto, estos experimentan condiciones de vida particularmente difíciles. Por ejemplo, Antonio López Rubio "al ser licenciado del ejército francés [...] se encontró en un estado de indigencia tal que le faltaba el techo en que cobijarse y la comida para alimentarse".49 Cesar Aniento y Adolfo Tró intentaban no apelar "a la caridad pública y privada" y regresaron "casi inutilizados para la lucha para la vida".50 Francia no mantenía a sus exsoldados, ni parecía preocuparse por ellos. Además, las promesas de compras de azúcar a buen precio por parte de Estados Unidos y Gran Bretaña se desvanecieron a los pocos meses de firmados los tratados de paz, generando una grave depresión económica: la crisis "vacas flacas" de 1920-1921. El colapso económico demostró que el desarrollo económico alcanzado por la élite panamericanista que gobernaba no era duradero.51 El ingreso per cápita de 1933 seguía siendo inferior al de 1920, con tasas de desigualdad más importantes que en la década de 1900.52 Al calor de la crisis de 1920-1921, la burguesía americanizada perdió progresivamente terreno, dado que el calco norteamericano y europeo ya no estaba justificado por el auge financiero de las dos primeras décadas. La admiración perceptible por los Estados-Unidos en los veinte primeros años de la República se trocó en un profundo resentimiento hacia el país que la prensa obrera, ya en ese período, califica de colonizador.

En ese contexto, una nueva generación intelectual empezó a criticar el grado de dependencia hacia Estados Unidos. Este movimiento se vio favorecido por la influencia de los intelectuales que habían huido los desafueros de la Revolución mexicana y de los dominicanos que organizaron grupos de apoyo a favor de la liberación de República Dominicana desde el país. Progresivamente, se redefinió en Cuba lo que debería ser la nación y lo que era la "cubanía". Los llamados a sustituir la importación de conceptos europeos por producciones culturales criollas se multiplicaron. Durante el transcurso de la guerra, los intelectuales se percataron de que eran capaces de producir un arte, una sociología o un saber independiente de las importaciones extranjeras, y que "el último Mister, Don, Monsieur o Herr Von Tal de quien se tiene noticia por los cablegramas de la prensa Asociada" no era "más apto y más capaz" que "el inteligente y sabio compatriota".53

Ante el peligro de colonización estadounidense, los intelectuales re-definen lo que había que valorar en las culturas locales. La relación entre las élites y el pueblo se modificaban progresivamente. Por ejemplo, el desprecio inicial de gran parte de los intelectuales dominicanos por el movimiento de resistencia de los gavilleros dejó espacio a una nueva generación que interrogó las antiguas categorías. En un mundo devastado por la guerra, en el que aparecía una literatura del proletariado en Europa (como en Francia dentro del grupo Clarté), las vanguardias intelectuales trataron de crear nuevas obras que valorizaban la cultura popular. En República Dominicana el movimiento literario de los postumistas intentó crear un nuevo tipo de obras que utilizaban vocablos populares, dejando de lado el género barroco y promoviendo la democratización del arte. En Cuba y Puerto Rico los movimientos literarios y políticos también trataron de justipreciar los aportes de las poblaciones hasta este momento marginalizadas, olvidadas o explotadas. En Cuba, los escritos de Fernando Ortiz destacaron el aporte de las culturas de origen africano en la mezcla que dio lugar a la cultura criolla, mientras que hombres políticos trataron de valorizar la cultura de las clases populares. En la posguerra se fundaron numerosas instituciones que trataron de redefinir la relación de las élites con el pueblo. Entre las iniciativas más famosas, se puede citar la creación en 1923 de la Universidad Popular José Martí, la del Partido Comunista de Cuba y de la Liga Antiimperialista en 1925.

Este estudio de la representación de los intelectuales de la Gran Guerra permite poner de relieve las dinámicas nacionalistas antillanas y sus relaciones complejas con los modelos europeos y estadounidense. Ante la barbarie de la conflagración, la política no podía consistir más en modernizar importando modelos de países "civilizados". Durante la guerra, los países antillanos tomaron consciencia de que los peligros que se cernían sobre la independencia no derivaban de España sino de Estados Unidos. Por esa razón, la conservación de la raigambre hispánica permitía ofrecer un contrapeso a la penetración cultural norteamericana. Por otra parte, los intelectuales debieron adoptar una nueva óptica para observar las sociedades locales. Si la cultura europea no era superior a las demás, si la "civilización" no era ninguna garantía contra la barbarie, entonces las culturas populares, africanas o marginales, eran también dignas de estudio, podían ser parte de la identidad mestiza nacional. La mirada sobre lo que son las costumbres dignas de ser defendidas cambió.

Sin embargo, la convergencia de los nacionalismos en la década de 1920 no era una fatalidad y, en este sentido, la Gran Guerra jugó un papel importante, así como otros acontecimientos internacionales. En las postrimerías del conflicto, las élites profrancesas o con la mirada clavada en los países "civilizados", aunque criticadas, seguían dominando el campo intelectual. El 12 de noviembre de 1918, día en que la noticia del armisticio del 11 de noviembre se difundió, las celebraciones de la victoria fueron numerosas en el Caribe. Los habitantes y los intelectuales festejaron la victoria del derecho de las pequeñas naciones, de la libertad, de la democracia, de Francia y de Estados Unidos.

Si aparecieron durante la guerra voces que promovían una nueva visión política, estas quedaron relativamente aisladas o no se relacionaron con movimientos populares (como en el caso dominicano) hasta la década de 1920. Para entender la gran oleada antiimperialista de la década de 1920 en el Caribe, conviene poner en relación el choque que representó la conflagración con la gestión de la posguerra. Si bien el conflicto suscitó las críticas de los modelos occidentales, no fue hasta la posguerra que la difusión de estas ideas halló terreno fértil. La terrible crisis económica que estremeció las Antillas en la década de 1920 dio la impresión de que el desarrollo alcanzado durante la guerra había sido una ilusión. La gestión de la Sociedad de las Naciones no estuvo a la altura de lo que esperaban los países latinoamericanos. Los Estados miembros se dieron cuenta de que no tenían peso suficiente para exponer sus puntos de vista.54 Los cubanos fracasaron en su intento de obtener el puesto de Secretario General de la Asamblea y Argentina se retiró en diciembre de 1920, seguida por Brasil en 1926, por no poder hacer oír sus voces en el concierto de las naciones.

Conclusión

Las dinámicas nacionalistas y los equilibrios de las sociedades caribeñas fueron, en gran medida, modificados por la guerra. En los tres países estudiados aparecen rasgos comunes: toma de consciencia de que los Estados Unidos es la potencia hegemónica en América Latina, defensa del legado español como parte de la identidad criolla, desequilibrios económicos generados por el alza de los precios del azúcar, voluntad de participar en sociedades de derecho internacional, desilusión en cuanto a los modelos europeos y deslegitimación de los discursos y personajes políticos que gestionaron el periodo prebélico. Existe una dinámica de apropiación y de utilización de la crisis europea para justificar discursos políticos nuevos. La "americanización nacionalista" promovida por las élites políticas antes de la guerra se vio remplazada por discursos de afirmación de la hispanidad y de las identidades criollas. Este caso muestra que la historiografía de la Gran Guerra debe ir más allá de las categorías de "centro" y de "periferia" para reflejar cómo las problemáticas interiores de países alejados de las trincheras se engarzan con los problemas globales.

OBRAS CITADAS

I. Fuentes primarias Archivos

Ministerio de Relaciones Exteriores (MRE), La Habana, Cuba [ Links ]

Colección 01 (Cuba) [ Links ]

Secretaría de Estado [ Links ]

Publicaciones periódicas

Revistas

Cuba Contemporánea (La Habana) 1914-1915 [ Links ]

Periódicos

Diario de la Marina [La Habana] 1914 [ Links ]

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Documentos impresos y manuscritos

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1George-Henri Soutou, "La Première Guerre mondiale: une rupture dans l'évolution de l'ordre européen", Politique Étrangère 65.3-4 (2000): 841.

2La cifra mencionada en el informe de Henri Deslyons de Feuchin, en 1923, que realizó una estimación de los voluntarios de nacionalidad extranjera en el ejército francés es de 650 latinoamericanos. Sin embargo, no se tomó en cuenta los ciudadanos binacionales ni algunas nacionalidades (como los colombianos o uruguayos). A esa cifra hay que añadir los voluntarios que lucharon en los otros ejércitos implicados en la contienda.

3Respecto a los voluntarios latinoamericanos, ver Michael Bourlet, "Les volontaires latino-américains dans l'armée française pendant la Première Guerre mondiale", Revue historique des armées 255 (2009): 68-78; Federico Guillermo Lorenz, "Voluntarios argentinos en la Gran Guerra", Todo es Historia 373 (1998): 72-91; Manuel Rodríguez y Olivier Compagnon, Se battre à l'étranger pour des idées (París: École Normale Supérieure, 2012); Catherine Heyman, "Hernando de Bengoechea, un poète colombien 'mort pour la France'", Guerres mondiales et conflits contemporains 270.2 (2018): 65-79.

4Ver Cesar Aniento y Adolfo Tró, Bajo la metralla: memorias de dos legionarios (La Habana: Imprenta La Propagandística, 1918); Fernando de Soignie, Crónicas de sangre (La Habana: Imprenta del Ejército, 1919); José García Calderón, Diario íntimo (12 de septiembre, 1914-3 de mayo 1916) (Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1969); Rafael de Nogales Méndez, Cuatro años bajo la media luna [1920] (Caracas: Editorial el Perro y la Rana, 2006); Hernando de Bengoechea, Le sourire d'Île de France (Saint-Raphaël: Les Tablettes, 1924). El famoso libro argentino de Juan Homet fue financiado por Alemania y es probablemente falso: Juan Homet, Diario de un argentino: soldado en la guerra actual (Buenos Aires: M. Schneider, 1918).

5Jane Van der Karr, La Primera Guerra Mundial y la política económica Argentina (Buenos Aires: Troquel, 1974); Juan Ricardo Couyoumdjian, Chile y Gran Bretaña durante la Primera Guerra mundial y la postguerra, 1914-1921 (Santiago: Editorial Andrés Bello / Universidad Católica de Chile, 1986); Bill Albert, America and the First World War. The Impact of the War on Brazil, Argentina, Peru and Chile (Cambridge: Cambridge University Press, 1988); Ricardo Ortiz, Historia económica de la Argentina (Buenos Aires: Plus Ultra, 1971); Winston Fritsch, "O impacto da Grande Guerra", A ordem do progresso. Cem anos de política económica republicana, 1889-1989, ed. Marcelo de Paiva Abreu (Río de Janeiro: Campus, 1992) 41-45.

6Yolanda de la Parra, "La Primera Guerra Mundial y la prensa mexicana", Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México 10 (1986): 155-176.

7Friedrich Katz, La guerra secreta en México: Europa, Estados Unidos y la Revolución Mexicana (México: Era, 1998); Freddy Vivas Gallardo, "Venezuela y la Primera Guerra Mundial. De la neutralidad al compromiso", Revista de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Central de Venezuela 61 (1981): 113-133; Esperanza Durán, Guerra y revolución. Las grandes potencias y México, 1914-1918 (México: El Colegio de México, 1985); Luis Alén Lascano, Yrigoyen y la Gran Guerra (Buenos Aires: Korrigan, 1974); Joseph Tulchin, The Aftermath of War. World War I and U.S. Policy toward Latin America (Nueva York: New York University Press, 1971).

8Entre los principales, están Olivier Compagnon, L'Adieu à l'Europe: l'Amérique latine et la Grande Guerre (París: Les Belles Lettres, 2013); Olivier Compagnon, Camille Foulard y Guillemette Martin, coords., América Latina y la Gran Guerra. Una historia conectada (México: CEMCA, 2018); Xavier Calmettes y Sandra Rodríguez Loredo, Cuba en la Primera Guerra Mundial o las desilusiones del desarrollo civilizado (Miami: Arista Publishing, 2014); Fabián Novak y Jorge Ortiz, El Perú y la Primera Guerra Mundial (Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 2014); María Inés Tato, La trinchera austral. La sociedad argentina ante la Primera Guerra Mundial (Rosario: Prohistoria, 2017); María Inés Tato, "Contra la corriente. Los intelectuales germanófilos argentinos frente a la Primera Guerra Mundial", Jahrbuch Für Geschichte Lateinamerikas 49.1 (2014): 205-224; María Inés Tato, "La disputa por la argentinidad. Rupturistas y neutralistas durante la Primera Guerra Mundial", Temas de Historia Argentina y Americana 13 (2008): 227-250; Jane Rausch, Colombia and World War I. The Experience of a Neutral Latin American Nation during the Great War and its Aftermath, 1914-1921 (Lanham: Lexington Books, 2014); Adriana Ortega y Romain Robinet, "Nous les latino-américains qui n'avons ni canons, ni cuirassés", Vingtième Siècle. Revue d'Histoire 125 (2015): 105-120; Guillemette Martin, "Vivir el conflicto lejos de los campos de batalla. La comunidad alemana del Perú y la Primera Guerra Mundial", Bulletin de l'Institut Français d'Études Andines 44.2 (2015): 259-281; Graziano Palamara, "Entre guerra y paz. América Latina frente a la tragedia del primer conflicto mundial", Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura 42.2 (2015): 103-126.

9Olivier Compagnon y Armelle Enders, "L'Amérique latine et la guerre", Encyclopédie de la Grande Guerre: 1914-1918, dirs. Stéphane Audoin-Rouzeau y Jean-Jacques Becker (París: Bayard, 2004) 889-901; Stefan Rinke, "América Latina y la Primera Guerra Mundial, nuevos estudios, nuevas interpretaciones", Iberoamericana 14.53 (2014): 87-89; Thomas Fischer, "América Latina y la Primera Guerra Mundial", Iberoamericana 16.63 (2016): 259-272; Michael Goebel y María Inés Tato, "Making Sense of the War (Latin America)", 1914-1918 online: International Encyclopedia of the First World War. Disponible en: http://dx.doi.org/10.15463/ie1418.10712; Renzo Ramirez Bacca, "Estudios sobre la Primera Guerra Mundial en América Latina. Una mirada comparada", Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura 42.2 (2015): 43-73; Mario Ojeda Revah, "América Latina y la Gran Guerra: un acercamiento a la cuestión", Política y Cultura 42 (2014): 7-30.

10Eric Hobsbawn, L'Âge des extrêmes: histoire du court XXe siècle (París: Éditions Complexes, 2003).

11Carlos de Velasco, "La obra de la Revolución cubana", Cuba Contemporánea v.11.3 (1914): 273-283.

12Marial Iglesias Utset, Las metáforas del cambio en la vida cotidiana 1898-1902 (La Habana: Ediciones Unión, 2010) 58.

13Para un estudio detallado del urbanismo puertorriqueño, remitirse a las obras de Aníbal Sepúlveda sobre el urbanismo de San Juan como "El centro de histórico de San Juan", Tiempos de América 5.6 (2000): 65-76; Aníbal Sepúlveda Rivera, "San Juan de Puerto Rico, 1508-2008", 52° Congreso Mundial de Planificación y Vivienda de la IFHP, San Juan, 2008.

14José Sixto de Sola, "Los extranjeros en Cuba", Cuba contemporánea 111.2 (1915): 107.

15Excepto para la comunidad española.

16Diario de la Marina LXXXV.87 [La Habana] mar. 27, 1917: 1.

17Diario de la Marina LXXXV.87 [La Habana] mar. 27, 1917: 1.

18Raymundo González, Política, identidad y pensamiento social en la Republica Dominicana (siglos XIX y XX) (Madrid: Doce Calles, 1999); Pedro San Miguel, La isla imaginada: historia, identidad y utopía en La Española (San Juan-Santo Domingo: Isla Negra / La Trinitaria, 1997); Meindert Fennema, "La construcción de raza y nación en la República Dominicana", Anales del Caribe 9 (1989): 191-227; Franklin Franco, Sobre racismo y antihaitianismo (y otros ensayos) (Santo Domingo: Librería Vidal, 1997); David Howard, Coloring the Nation. Race and Ethnicity in Dominican Republic (Oxford: Signal Books, 2001).

19Micaela González Valdés, "El antihaitianismo dominicano entre la modernidad y la Sentencia 168/13: una aproximación a las raíces históricas del conflicto haitiano-dominicano", Revista de la Red de Intercátedras de Historia de América Latina Contemporánea 4.6 (2017): 85.

20Salvo algunas voces aisladas como la de Julio César Gandarrilla, Contra el yanqui [1913] (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1973).

21Calmettes y Rodríguez, Cuba, cap. i.

22Aimer Granados, "Hispanismos, nación y proyectos culturales: Colombia y México, 1886-1921", Memoria y Sociedad 9.19 (2005): 12.

23Granados, "Hispanismos" 12.

24Carlos Pelligrini, citado en Julio Sánchez Gómez, "Hermana mayor o enemiga. Latinoamérica frente a Estados Unidos en el cambio de siglo (1898-1906)", Jirones de hispanidad. España, Cuba, Puerto Rico y Filipinas en la perspectiva de dos cambios de siglo (Salamanca: Universidad de Salamanca, 2004) 179.

25Iglesias, Las metáforas 137.

26Iglesias, Las metáforas 134.

27José Ramón López, La paz en República dominicana [1916] (Santo Domingo: Ediciones Cielo Naranja, 2008) 12.

28López, La paz 11.

29Fabio Fiallo, "Carta a Ernest Gruening del 16 de diciembre de 1921", Obras completas, t. III (Santo Domingo: Editora de Santo Domingo, 1980) 267.

30Enrique José Varona, Antimperialismo y república: sociología del imperialismo [1905] (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1970) 130-131.

31"La mujer cubana siempre noble y generosa", La Lucha xxxiii.32 [La Habana] feb. 1, 1917: 1.

32Cayetano Coll Cuchi, Apuntes sobre la guerra (Puerto Rico: La Democracia, 1918) ii.

33Entre los más famosos en defender esa posición podemos citar a Orestes Ferrara, Cosme de la Torriente, Cayetano Coll Cuchi y a Francisco Henríquez y Carvajal (antes de la intervención norteamericana en República Dominicana).

34Luis Valdés Roig, Comercio Exterior de Cuba y la Guerra Mundial (La Habana: Avisador Comercial, 1920) viii.

35Joaquín Aramburu, "Baturrillo", Diario de la Marina LXXXII.181 [La Habana] ago. 10, 1914: 2.

36Bonifacio Brito Horacio, Aspiraciones humanas. Apuntes de estudios sobre temas de actualidad (La Habana: Imprenta La Prueba, 1915) 68-69.

37Miguel Ángel Díaz, Los héroes de Verdun y episodios de la Guerra Europea (La Habana: Imp. Los Rayos X, 1918) 13.

38Luis Rodríguez Embil, "Breves exégesis actuales", Cuba Contemporánea 10.2 (1915): 156-158.

39José Antonio Ramos y Aguirre, "Seamos cubanos", Cuba Contemporánea 15.4 (1917): 273.

40Calmettes y Rodríguez, Cuba.

41Alejo Carpentier, El recurso del método (México: Siglo XXI, 1974) 150.

42Fabio Fiallo, "Orígenes del imperialismo yanqui", Obras completas 97-100.

43Julio Jaime Julia, Antología de Américo Lugo (Santo Domingo: Editora Taller, 1976) 154.

44Jaime Julia, Antología 154.

45Américo Lugo, "Convención dominico americana", Américo Lugo en Patria. Selección, comp. Rafael Darío Herrera (Santo Domingo: Archivo General de la Nación, 2008) 46.

46Henríquez Ureña, Los yanquis en Santo Domingo, citado en Isabel Dolores de León Oliveira, "Resistencias discursivas de intelectuales de República Dominicana durante la ocupación estadounidense de 1916-1924: nacionalismo, antiimperialismo e hispanismo", Revista de estudios históricos 62 (2015): 108-148.

47Juan Manuel Carrión, Teresa C. Gracia Luis y Carlos Rodríguez Fraticelli, eds., La nación puertorriqueña: ensayos en torno a Pedro Albizu Campos (Puerto Rico: Universidad de Puerto Rico, 1993).

48Pedro Albizu, "Pidiendo", citado en Luis Toledo Sande, Pedro Albizu Campos desde José Marti: la familia antillana (San Juan: Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y del Caribe, 2013) 8.

49"Expediente de indigencia del señor Antonio López Rubio", 1918. Ministerio de Relaciones Exteriores (MRE), La Habana, Colección 01 (Cuba), Copiador Secretaría de Estado 16, f. 207.

50Aniento y Tró, Bajo la metralla 254.

51Para una visión global de la situación económica de los países latinoamericanos, ver Rosemary Thorp, "América Latina y la economía internacional desde la Primera Guerra Mundial hasta la depresión mundial", Historia económica de América Latina desde la Independencia hasta nuestros días, eds. Tulio Halperín Donghi, William Glade y Rosemary Thorp (Barcelona: Crítica, 2002) 99-121.

52Orlando Valdés García, La Revolución cubana: premisas económicas y sociales (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2007).

53José Antonio Ramos y Aguirre, Manual del perfecto fulanista (La Habana: J. Montero, 1916) 192.

54A pesar de los dos escaños (A. Sánchez de Bustamente y R. Barbosa) que Cuba y Brasil obtuvieron en la Corte Permanente de Justicia Internacional.

Cómo citar este artículo: Xavier Calmettes, "La Primera Guerra Mundial en las Antillas hispanas (Cuba, Puerto Rico y República Dominicana): una historia intelectual", Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura 47.1 (2020): 327-351.

Received: November 09, 2018; Accepted: April 02, 2019

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