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Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura

Print version ISSN 0120-2456

Anu. colomb. hist. soc. cult. vol.47 no.1 Bogotá Jan./June 2020  Epub Mar 05, 2020

http://dx.doi.org/10.15446/achsc.v47n1.83158 

Artículos

Pancho Valentino, asesino de curas. Relatos acerca de un crimen célebre en la ciudad de México (1957)

Pancho Valentino, Murderer of Priests. Stories Regarding a Famous Crime in Mexico City (1957)

Pancho Valentino, assassino de padres. Relatos acerca de um crime célebre na cidade do México (1957)

PILAR ADRIANA REY HERNANDEZ* 

* Centro de Estudios Históricos El Colegio de México Ciudad de México, México. pareyh@gmail.com

RESUMEN

Durante gran parte del siglo XX, la nota roja constituyó uno de los géneros periodísticos de mayor relevancia en México. Sus páginas daban cuenta de los sucesos criminales ocurridos en los centros urbanos, especialmente en la ciudad de México. Debido al seguimiento y a la recreación que de ellos se hizo, ya fuera por la dimensión del delito cometido como por la personalidad y características del delincuente, algunos de estos sucesos se convirtieron en casos célebres. Uno de estos casos fue el del robo y asesinato cometido por José Valentín Vázquez, alias "Pancho Valentino" en 1957 en la colonia Roma. A través de la reconstrucción del suceso y del seguimiento que de él hicieron la prensa de nota roja y la crónica policiaca en los meses, años, e incluso décadas posteriores, se analiza la forma en que se narraban los acontecimientos delictivos urbanos durante la década de 1950, y cómo estos relatos dieron lugar a la construcción de una figura de larga recordación, derivada de la criminalidad. El crimen llamó la atención de la prensa por varios factores: haber tenido lugar en una colonia de clase media con poca presencia delictiva; haberse tratado del asesinato de un sacerdote; así como por las características de la persecución, la historia de vida y la personalidad del asesino. Este artículo pretende dar cuenta de cómo la nota roja construyó lo que podría denominarse un caso tipo de criminalidad urbana a mediados del siglo XX.

Palabras-clave: ciudad de México; criminalidad; crónica; delito; nota roja; prensa, policía

ABSTRACT

During most of the 20th century, the nota roja ("red news") was one of the most relevant journalism genres in Mexico, focusing on crimes occurred in urban centers, especially in Mexico City. Some of these cases became famous due to their extensive following and retelling, whether because of the magnitude of the crime or of the personality and characteristics of the criminal. One of these famous cases was the robbery and murder perpetrated by José Valentín Vázquez, alias "Pancho Valentino", in 1957 in the Roma neighborhood. By reconstructing the event and its follow-up in the "red news" and police chronicles in subsequent months, years, and even decades, the article analyzes the way in which urban crimes were narrated in the 1950s and how those stories gave rise to the construction of a memorable figure arising from the world of criminality. The crime caught the attention of the press for various reasons: its having occurred in a middle-class neighborhood with low crime rates; the fact that the victim was a priest; the characteristics of the persecution; and the life and personality of the murderer. The article seeks to show how the "red news" constructed a typical case of urban criminality in the mid-20th century.

Key words: chronicle; crime; criminality; Mexico City; nota roja; police; press

RESUMO

Durante grande parte do século XX, a nota roja constituiu um dos géneros jornalísticos de maior relevância no México. Suas páginas mostram os acontecimentos criminais ocorridos nos centros urbanos, especialmente na cidade do México. Devido ao seguimento e à recriação que deles se fez, seja pela dimensão do delito cometido, seja pela personalidade e características do delinquente, alguns desses acontecimentos se converteram em casos célebres. Um desses casos foi o do roubo e assassinato cometido por José Valentín Vázquez, vulgo "Pancho Valentino", em 1957, na colónia Roma. Por meio da reconstrução do acontecimento e do seguimento que dele fizeram a imprensa de nota vermelha e a crónica policial nos meses, nos anos e, inclusive, nas décadas posteriores, analisa-se a forma em que os acontecimentos criminosos urbanos eram narrados durante a década de 1950, e como esses relatos deram lugar à construção de uma figura de longa recordação, derivada da criminalidade. O crime chamou a atenção da impressa por vários fatores: ter ocorrido em uma colónia de classe média com pouca presença delitiva; ter-se tratado do assassinato de um sacerdote, bem como pelas características da persecução, pela história de vida e pela personalidade do assassino. Este artigo pretende demonstrar como a nota vermelha construiu o que poderia ser denominado um caso tipo de criminalidade urbana a meados do século XX.

Palavras-Chave: cidade do México; criminalidade; crónica; delito; imprensa; nota roja; policia

La ciudad de México1 experimentó un acentuado proceso de crecimiento poblacional desde finales del siglo XIX, especialmente luego de que concluyera la fase armada de la Revolución. Dicho crecimiento estuvo acompañado por el aumento de la concentración de sus habitantes, hecho que probablemente trajo como consecuencia un mayor número de conflictos en las relaciones de sus habitantes. A pesar de ello, no puede asumirse a priori un crecimiento sostenido de la criminalidad a la par del crecimiento poblacional. De hecho, Pablo Picatto afirma que:

Las evidencias estadísticas muestran claras tendencias generales en los índices delictivos del Distrito Federal durante el siglo XX: un aumento que llegó a sus máximos niveles durante la última década del Porfiriato; un descenso a partir de la década de 1920, cuando se reanudó la recopilación de datos después de la Revolución, hasta la década de 1980; y un nuevo y pronunciado aumento hasta nuestros días.2

Esta tendencia no corresponde, sin embargo, con el auge de la nota roja desde finales del siglo XIX, pero sobre todo a partir de 1920, que parecería indicar un aumento en la delincuencia urbana. La autora Martha Santillán afirma que:

Si bien a partir de los años cuarenta las cifras de la criminalidad no aumentaron significativamente, a los gobiernos así como a especialistas y diversos grupos sociales les preocupaba su posible expansión a raíz de los cambios que se vivían en la capital.3

La importancia de la nota roja y su extendida presencia en la cotidianidad urbana devendría entonces no tanto del aumento del crimen, como sí de la sensación de temor que en los habitantes de la ciudad causaba su complejización y crecimiento. La nota roja tuvo un gran arraigo en el gusto popular, no solo por su inmediatez y efectividad a la hora de comunicar de manera breve los episodios de la vida urbana, sino porque funcionaba como un espejo de los temores, las pasiones y los regocijos del público afecto a su lectura. En palabras de Monsivais: "el lector o el comentarista gratuito se alegran: ellos siguen vivos, libres y más o menos intactos. La violencia le fija periódicamente sus límites a la ciudad sosegada y le da perfiles de aventura a las precauciones psíquicas".4 Si bien la nota roja se dedicó, entre otros artículos de interés general, a relatar todo tipo de crímenes del acontecer diario, uno de sus fuertes fue el seguimiento y la construcción de casos célebres de criminales.5

Este artículo se ocupa precisamente de uno de estos casos célebres. Se trata del asesinato, en 1957, del sacerdote teatino de origen español Juan Fullana Taberner, párroco de la iglesia de Nuestra Señora de Fátima, de la colonia Roma. El asesino fue José Valentín Vásquez, popularizado en la prensa como Pancho Valentino, seudónimo con el cual fue conocido también en los rings de lucha libre, uno de los oficios que ocupó antes de saltar a la fama como asesino. A partir del descubrimiento del cadáver del sacerdote -hecho que causó gran conmoción en la prensa y en la comunidad, a juzgar por la cantidad de personas que siguieron el entierro y el proceso de los criminales-, se generó toda una plataforma de seguimiento a las pesquisas, persecución y captura de los asesinos, así como a sus primeros careos y declaraciones. Dicha plataforma sirvió para la elaboración de un crimen y, de paso, de un criminal célebre que reunía elementos de gran atractivo e impacto. Por un lado, se trataba de un crimen "sacrílego", al ser la víctima un sacerdote y haber sido violentada una iglesia. Por otro lado, quien desde el principio se señaló como el asesino principal, era un hombre en sí mismo sugestivo, con un amplio pasado delictivo y diversas facetas sociales. Finalmente, se trató de un evento en el que la prensa tuvo la oportunidad de realizar, de la mano de la fuente policiaca, una detallada crónica, casi en tiempo real. A pesar de haber sido un crimen cometido de manera colectiva, fue la figura de Pancho Valentino la que sirvió como columna vertebral para la elaboración de este caso, tanto en la prensa contemporánea, como en las crónicas literarias posteriores, que cuentan a este crimen como uno de los más célebres del siglo XX en la ciudad de México, junto con otros como el del "Goyo" Cárdenas,6 Francisco Guerrero "El Chalequero", o La Descuartizadora de la Roma.7

En un principio, este artículo retoma el debate acerca del papel de la nota roja en México.8 Después, se concentra en los pormenores del referido caso criminal. El objetivo es analizar el proceso de construcción del delincuente en la figura de Pancho Valentino, y del tipo de crimen del cual es protagonista, a través de fuentes hemerográficas y bibliográficas. Los periódicos utilizados son La Prensa, El Universal Gráfico y el Excélsior, los dos primeros dedicados expresamente a la nota roja, y el último con una destacada cuota de este tipo de noticias. Estos tres fueron, por aquellos años, los principales medios de circulación impresa dedicados a este género.9

Por otro lado, también se retoman cuatro crónicas posteriores: la primera de ellas es la contenida en la serie Populibros La Prensa de David García Salinas, titulada Crímenes espeluznantes. Los casos que más conmovieron a México.10 Otras de ellas son: la reconstrucción de los casos famosos cubiertos por el reportero Eduardo "El Güero" Téllez, hecha por José Ramón Garmabella,11 y la crónica sobre Pancho Valentino recogida en la recopilación de textos de nota roja realizada por Víctor Ronquillo sobre la década de 1950.12 Finalmente, se ha tenido en cuenta un texto relativamente reciente del escritor Juan Manuel Servín13 dedicado a este mismo caso. Si bien las crónicas parecen repetirse unas a otras retomando los mismos datos, con algunas variaciones de fechas y eventos, la razón de haber analizado este tipo de textos tiene que ver con la necesidad de destacar la pervivencia en el tiempo, y la evolución de la figura de Pancho Valentino como representante de la criminalidad urbana en la literatura de este género en México.

El crimen visto a través de la nota roja: la criminalidad como experiencia urbana

La expansión de la nota roja como un fenómeno eminentemente urbano, tiene que ver con el crecimiento de la ciudad, la cual pasó de tener 541.516 habitantes en 1900 a 2.234.795 en 1950.14 De hecho, este género periodístico constituye una de las expresiones de la cultura urbana en el lento tránsito a la modernidad, y no es exclusiva de la ciudad de México, sino que es un fenómeno compartido por gran parte de las ciudades de América Latina, que en la primera o segunda mitad del siglo XX -de acuerdo con los procesos urbanos y de población de cada caso-, experimentaron un fenómeno de migración del campo a la ciudad. Con este último, también se presentaría un crecimiento interno que generó tanto concentración de población, como la ampliación de los espacios habitados. Independientemente de las cifras sobre delincuencia, las ciudades en crecimiento fueron el escenario propicio para la propagación del temor. Así, las figuras del asesino en serie, de la prostituta, del alcohólico, del criminal, o del vago y "mal viviente", protagonizan las historias en las que los sujetos urbanos traducen sus temores, sobre todo hacia los nuevos habitantes que llegan del campo y, por supuesto, también hacía las clases populares, es decir, hacia lo desconocido y lo excluido. Judith Walkowitz, en referencia a la figura de la prostituta en el Londres victoriano, afirma que esta constituye el perfecto ejemplo de la paradoja de Stallybrass y White: "lo que es socialmente periférico es, con gran frecuencia, simbólicamente central".15

Esto quizá puede describir bien la figura del criminal urbano en las ciudades en expansión. Para el caso específico de la ciudad de México, Pablo Picatto16 afirma que desde el porfiriato se incubó en los sectores de élite de la sociedad un discurso supuestamente científico que continuó haciendo eco con posterioridad a la Revolución. Tal discurso afirmaba las diferencias sociales que distinguían a las clases populares de las élites, por la tendencia a los vicios y al crimen de las primeras. Ahora bien, el autor aclara que no se trataba de una conspiración planeada entre las élites y los políticos contra lo popular, sino de la fascinación que este discurso generaba.

Entonces es posible que sobre esta base de temores y prejuicios al interior del mundo urbano, se edificara y se consolidara la nota roja, no necesariamente dirigida a las élites -que siempre la criticaron-, sino a los sectores medios y populares en los que este discurso también pudo haber permeado. De modo que no solo el temor, sino quizá también la curiosidad, motivó que este tipo de prensa tuviera cada vez más acogida dentro del público, y que llegará a ser el género periodístico con más lectores en el país.17 Carlos Monsiváis afirma que, entre 1920 y 1940, se incrementó el interés y por lo tanto la difusión de la nota roja, y que "al dispararse la amenaza de los ejércitos campesinos, se incrementa el placer por la nota roja y sus (perversas) narraciones".18 Así mismo, la autora Martha Santillán, haciendo referencia a las décadas de 1940 y 1950, comenta que la prensa roja se había convertido en "un foro que mostraba distintos mundos existentes en la capital" 19 y, dentro de estos mundos, el de la vida nocturna ocupaba un considerable espacio en las preocupaciones públicas, pues concentraba tanto a los personajes como a los fenómenos que mejor representaban el cambio, en un proceso de acelerada urbanización. Gabriela Pulido lo explica de la siguiente manera:

En este sentido, las representaciones de la vida nocturna en la ciudad de México que pusieron el foco de atención en las actividades de los centros nocturnos y salones de baile, desde la perspectiva de la propaganda del miedo, se multiplicaron de maneras muy creativas [...] A partir de la repetición cotidiana de esta iconografía se creó una leyenda negra de la ciudad de México como capital del vicio.20

Este género periodístico empezó a cobrar mayor relevancia a partir de la abolición de los juicios por jurado en 1929, pues a través de él, el público pudo seguir presenciando, aunque de manera indirecta, el desarrollo de los casos criminales, al tiempo que experimentaba la sensación de estar ejerciendo un control sobre las instituciones de vigilancia e impartición de justicia.21

Durante la década de 1950, la nota roja como industria periodística y cultural se encontraba consolidada y en pleno auge, en una especie de época de oro, "alrededor de las paranoias y tragedias colectivas".22 El género, sin embargo, iría transformándose en las dos décadas siguientes. De los crímenes sensacionales que impactaban a la comunidad, asociados con grandes casos policiacos -dentro de los que puede clasificarse al de Pancho Valentino-, se pasó paulatinamente a una sucesión de delitos cada vez más frecuentes, menos sensacionales y con menor recordación entre el público. Carlos Monsiváis afirma que para la década de 1970, crímenes que habrían paralizado a la sociedad a principios de siglo, solo se leían con cierta atención, para pasar posteriormente al olvido. Así, "de los asesinatos, los adictos al género solo retienen, cada vez más brumosamente, las anécdotas delirantes".23 Durante estos años fue el narcotráfico el que se adueñó de las primeras planas.

Para brindar una caracterización de este género periodístico, se puede empezar por decir que se trata de un ejercicio en el que no se cuestionan las razones sociales o políticas de la criminalidad24 y se presentan las noticias fuera de contexto.25 Su objetivo primordial es causar sensación a través de la inmediatez, la descripción cruda y, para la época que nos ocupa, la presentación gráfica a través de la fotografía de las escenas del crimen y de los delincuentes. En las narraciones de los crímenes se hacía uso de palabras coloquiales y rimbombantes, con la intención de causar el mayor impacto posible, y al mismo tiempo para que su lectura fuera de fácil procesamiento. Así, periódicos como El Universal Gráfico, publicación vespertina de El Universal, representaban la oportunidad para los empresarios de aumentar ventas, utilizando un tono eminentemente popular y tocando temas más variados sobre la vida cotidiana de la ciudad, que no iban a tono con sus más formales ediciones principales.26 Quizá por eso en algunas ocasiones las imágenes o fotografías ocupaban un espacio más importante que las propias descripciones. Tenían el objetivo de dar una secuencia lógica y de aumentar el dramatismo de las historias, aunque a veces no correspondieran con los hechos exactos.

Un ejemplo de este lenguaje puede verse en uno de los apartes del caso que nos concentra. Antes de que se tuviera certeza de los detalles de la identidad del asesino Pancho Valentino, se filtró en la prensa la versión de que había estado preso por haber agredido físicamente a una de sus parejas ocasionales. Esta es la descripción del hecho: "Aplicándole la llave de 'candado' y con la mano libre le tasajeó el rostro hasta dejárselo convertido en una masa sanguinolenta, desfigurándola completamente".27 Este artículo de prensa permite ver cómo se utilizan los recursos narrativos que pretenden comunicar historias lógicas, cronológicas y con un dejo de "enseñanza", con los que intentan mantener la atención del lector, pues se afirma, sin ningún sustento, que la mujer, tras este episodio, se puso en manos de un gran cirujano y al cabo del tiempo ni siquiera se le notaban las marcas de la agresión.

En cuanto a las fotografías utilizadas en la nota roja, es pertinente señalar la división que establece Jesse Lerner,28 quien las clasifica en tres grupos: uno dedicado al registro de pruebas, tales como armas confiscadas u objetos robados; otro a las escenas del crimen; y un último grupo a la reconstrucción del crimen. Podría incluirse un cuarto grupo dedicado a las declaraciones o imágenes del asesino, cuando este revestía particular interés para el público, como es el caso de Pancho Valentino.

Un último aspecto a destacar dentro de la caracterización de la crónica roja, es el de la estrecha relación entre la prensa y la policía. La policía era la principal fuente de información, y junto con la prensa conformaban una especie de pareja en las escenas del crimen, al punto que se podía tomar a los reporteros como otros policías más,29 que en ocasiones llegaban antes que las autoridades al lugar de los hechos.30 En el caso del homicidio protagonizado por Pancho Valentino, esta situación se hace evidente, en la medida en que siempre se citaba a la policía como fuente directa, y que la prensa tenía acceso de primera mano a la información, incluso antes de que se hiciera pública. Tan estrecha era la relación que incluso un integrante de la policía fue arrestado por brindar información confidencial. El reportero Carlos Borbolla se quejaba de este hecho de la siguiente forma:

Todos los agentes siguieron en el mismo plan [de silencio], máxime después del arresto que se impuso al hábil agente Pedro C. Balderas por haber dicho en la Policía Judicial que el Servicio Secreto ya tenía resuelto el caso. Afortunadamente, poniéndose fin a la injusticia, pues Pedro C. Balderas es uno de los sabuesos más cumplidos y discretos, ya le fue levantado el arresto [...]. Sin embargo, pese al hermetismo oficial, otros funcionarios de segunda categoría, pero dignos de todo crédito, proporcionaron algunos informes a este reportero.31

En este entendido, la principal y casi única fuente de la que la prensa se valía para la elaboración de sus crónicas era la policía, además de las entrevistas que se realizaban con los protagonistas de las historias, incluidos los propios sindicados y los testigos de los hechos.

Un episodio "sangriento" en la colonia Roma en 1957

El 11 de enero de 1957 se relató en los periódicos la noticia del crimen del sacerdote español Juan Fullana Taberner, ocurrido en la casa adjunta a la parroquia de Nuestra Señora de Belén, ubicada en la calle de Chiapas de la colonia Roma, el 9 de enero. De acuerdo con el periódico La Prensa, unas niñas vecinas de la colonia se habían acercado muy temprano en la mañana para recibir la comunión. Tras esperar un largo tiempo, decidieron entrar a la casa, que tenía comunicación con la iglesia. Allí encontraron el cadáver del padre Fullana y fueron a dar noticia de ello al sastre Pedro Cortés García, quien hacía las veces de ayudante de la parroquia.

La llegada de la policía judicial y, por consiguiente, de los periodistas, prendió las alarmas en la comunidad, que se arremolinó alrededor de la parroquia. El sacerdote se hallaba atado de manos, con múltiples golpes, un pañuelo en la boca y un alambre atado al cuello. Las hipótesis derivadas de las primeras averiguaciones fueron filtradas inmediatamente a la prensa, que el mismo día de la publicación del crimen las dio a conocer. Sin embargo, estas aún distaban de acercarse a la realidad:

Han surgido durante las primeras investigaciones, varios sospechosos, entre los que cuentan un mozalbete de nombre Antonio, de 17 años de edad, los sobrinos de una ex sirvienta de los sacerdotes; unos pintores que desde el martes dejaron de ir a trabajar y los familiares de una mujer que se encuentra en la cárcel, por haber sido denunciada por el padre Fullana Taberner, ya que utilizaba su nombre para timar incautos.32

Según parece, por una nota al margen de ese mismo día, la pista real la proporcionó un vecino de la parroquia, quien declaró a César Silva Rojas, reportero de La Prensa, haber visto un coche estacionado de manera sospechosa:

Como a las doce y media yo ya estaba acostado [...] cuando escuché el sonido de un claxon. Los toques eran muy quedos, pero insistentes. Entonces me levanté para saber de qué se trataba. Los vi bien. Era un carro claro, marca Buick, con las placas 10-00-24.33

De acuerdo con la crónica que José Ramón Garmabella traza con relatos de los casos cubiertos por el reportero Eduardo "El Güero" Téllez, la policía tenía ubicados los lugares donde se reunían los rateros a vender sus botines. Estos se localizaban en la colonia Morelos, en Tacubaya y en Tepito, por lo que algunos agentes del servicio secreto fueron enviados a cada uno de estos sitios. Y fue precisamente en Tepito en donde se dio con los objetos que habían sido hurtados de la iglesia de Nuestra Señora de Fátima, incluyendo una sotana manchada con sangre.34

De acuerdo con informaciones de la prensa, la policía judicial abandonó las investigaciones el 12 de enero porque el servicio secreto ya tenía a los responsables, de los cuales se tardó solo un par de días en dar a conocer su identidad. Se trató del exboxeador Rubén Castañeda Ramos, los carteristas Roberto Barrios Ulloa, Ricardo Ángeles García, Pedro Linares "El Chundo" y la compradora de chueco -mercancía robada-, María García Martínez, a quién se encontró en posesión de los objetos robados que le habían sido encargados precisamente por Pedro Linares.

Los detenidos confesaron cuál había sido su participación en el crimen, tratando de culparse entre sí, pero fue la narración de Linares la que reveló la mayor parte de detalles de la planeación y ejecución del crimen. Así se supo que cuatro personas más estaban implicadas; una de ellas quien habría sido el autor intelectual del crimen: el extorero Ricardo Barbosa. "Decían que había mucho dinero, aunque no explicaron cuánto. Ricardo decía ser sobrino del sacerdote y fue quien dio 'el santo' [informe]".35 La segunda persona sería el personaje que protagonizaría todos los titulares, más aún que el propio Barbosa, Pancho Valentino, quien lideró el robo.

Aún antes de conocerse la identidad de los capturados por el servicio secreto, la prensa ya tenía informe de que existía un asesino principal. Aunque en principio se pensó que era un ciudadano norteamericano, para el día 14 ya se había filtrado la información de que se trataba de José Valentín Vásquez, conocido en el mundo de la lucha libre como Pancho Valentino. Sus antecedentes penales incluso ya eran conocidos. El tercer implicado era Pedro Vallejo, alias El México, uno de los ejecutores del asalto. La cuarta persona, de quien El Chundo hablaría varios días después era Jorge Alvear, alias El Trompelio, ayudante de Ricardo Barbosa.

La narración de El Chundo sobre lo sucedido fue la base de la construcción del crimen en la prensa y la que pervivió en la crónica literaria. De paso, esta versión vino a confirmar lo que los otros tres detenidos, Rubén Castañeda Ramos, Roberto Barrios Ulloa y Ricardo Ángeles García, habían afirmado, respecto a que solo habían sido invitados al crimen, pero habían rechazado participar en él. Según lo que se puede extraer de la prensa consultada, al parecer Ricardo Barbosa era cercano al padre de origen portugués José Moll, compañero de parroquia de Fullana Taberner, pues aquel estaba interesado en el mundo del toreo. Barbosa había ejercido un buen tiempo como torero y, de hecho, en sus primeros años como novillero conoció a Pancho Valentino, quien también desempeñaba dicho oficio. Para el momento del crimen, Barbosa se dedicaba a la venta de implementos para la fiesta brava, tales como muletas y trajes. Además, se movía con bastante comodidad en ese círculo.

Barbosa planeó con Valentino el robo al padre Moll, de quien creían tenía una fuerte suma de dinero guardada en la casa de la parroquia. Para evitar ser reconocido por el padre, Barbosa escogió a Trompelio, su asistente, como el acompañante de Valentino. El segundo acompañante fue precisamente El Chundo. El 24 de diciembre llegaron a las puertas de la casa de la parroquia y timbraron. Según el plan, Valentino, disfrazado de médico, le pediría al padre que ayudara a "bien morir" a uno de sus pacientes y lo alejaría lo más posible del lugar, mientras los demás buscaban y sacaban el dinero. Barbosa los esperaría en su coche a unas cuadras de distancia. El plan inicial, sin embargo, no funcionó. Nadie abrió debido a que el timbre no servía. Después de este intento fallido, se decidió que no timbrarían, sino que entrarían a la fuerza después del último rosario. Además, irían acompañados de otras dos personas, de las cuales solo pudieron reclutar a una, otro antiguo amigo de Valentino, Pedro Vallejo, El México, quien al igual que todos los implicados tenía un historial delictivo.

En el nuevo plan, Valentino controlaría físicamente al padre Moll, para así poder llevar a cabo el robo. Sin embargo, las cosas se salieron de control cuando el sacerdote puso resistencia, por lo cual terminaron acribillándolo. Además, la víctima fue el padre Juan Fullana Taberner, a quien confundieron con Moll, que en ese momento estaba de vacaciones. Después de inspeccionar toda la casa, no encontraron la suma aludida por Barbosa, así que solo se llevaron una baja cantidad en efectivo.

Luego de la captura del primer grupo de sospechosos se apresó a Ricardo Barbosa el 17 de enero, mientras se emprendía la persecución contra Valentino y El México por diversos puntos de la república. Valentino fue arrestado el 26 de enero en el estado de Hidalgo, de donde era nativo, y a Pedro Vallejo, El México, se lo aprehendió en octubre en Ciudad Juárez.

Sobre la resolución del caso es difícil dar datos precisos, dado que la prensa no siguió haciendo un seguimiento detallado del caso una vez que Valentino fue detenido y se enfrentó a sus primeras declaraciones y careos. Sobre las primeras detenciones se dio a conocer que Roberto Barrios Ulloa, Ricardo Ángeles García y María García Martínez fueron consignados únicamente por encubrimiento y, por lo tanto, con la posibilidad de salir libres. Las crónicas posteriores dan diversos números de años de condena a Valentino, El México y El Chundo. Garmabella habla de 20 años, mientras que David García Salinas de 33. No obstante, todas las crónicas consultadas coinciden en que luego de pasar un tiempo en la prisión de Lecumberri, Valentino fue trasladado a la de las Islas Marías para cumplir el resto de su pena; sin embargo, debe destacarse que se trata de ejercicios narrativos que tratan de comunicar una secuencia cronológica verosímil a su público, por lo que la precisión en los datos no es lo más importante.

La construcción del criminal a través de la prensa y las crónicas literarias

La prensa

El caso de Pancho Valentino es un ejemplo de lo que Jesse Lerner cataloga como "el gran criminal",36 aquel que causa una fascinación especial, capaz de atraer el máximo de atención en su momento de fama, pero también de hacer trascender su recuerdo a través del tiempo. La figura de Valentino elaborada por la prensa es la de un delincuente en ocasiones sangriento y despiadado y en otras pintoresco. Su construcción como figura criminal comenzó desde los primeros días y con las primeras pistas que se fueron localizando. Lo primero que se delineó en los diarios fue que seguramente se trataba de un personaje ateo, toda vez que se atrevió a cometer un crimen en una iglesia y contra un sacerdote. Otro de los indicadores que señalaban el probable odio hacia la religión católica por parte del asesino, fue que se encontró destruida una imagen de la virgen de Fátima. El padre José Moll, quien era el objetivo de la banda y que la noche del crimen se encontraba fuera de la ciudad, opinó que "un criminal, un ladrón que llega al asesinato para robar, como en este caso, no tenía por qué destrozar una imagen a no ser porque sienta determinado desamor por ella, guiado por su manera de pensar".37 Una vez capturado, Valentino aclararía que rompió dicha imagen porque se le ocurrió que debajo podría estar la caja fuerte.

Un tema recurrente en las narraciones del crimen es que se trató de un sacrilegio y, por lo tanto, al haberlo despojado de uno de sus guías espirituales, constituyó también una ofensa contra el pueblo mexicano, presentado homogéneamente como fervoroso y católico. Así, se señalaba que

Pedro Linares (a) 'El Chundo', el torvo asesino del religioso, hizo teatro ayer ante este reportero, mientras trataba de fingir arrepentimiento, y hasta llegó a persignarse, 'para demostrar' que sigue siendo católico y no ateo, como todo el mundo está seguro, pues un creyente no se hubiera atrevido nunca a participar en tal asesinato.38

Al irse conociendo más detalles de la vida del asesino, se fueron afinando los aspectos con los que se construyó al criminal. En primera instancia, se averiguó que era un exluchador, quien, por su mal comportamiento y sus problemas con la justicia, perdió la credencial que lo acreditaba como tal, y con ella, tanto su forma de sustento como su estatus. Otra de las características que se le asignaron al personaje estaba relacionada con ser un golpeador de mujeres y un vividor. El episodio en el que Valentino hirió en el rostro a una de sus amantes sirvió para establecer ese rasgo de su personalidad, sumado a otros testimonios que apuntaban en este línea, por ejemplo, el de otra de sus excompañeras sentimentales, llamada Linda, quien "habló horrores del asesino, llamándolo 'pachuco' cuando menos, e hizo saber que precisamente porque ese sujeto la golpeaba continuamente y quería vivir a sus costillas, tuvo que dejarlo".39 Aquí se evidencia el intento por asociar la figura del criminal que poco a poco despuntaba en Valentino con otros personajes típicamente relacionados con el hampa, en este caso el del "pachuco" o el "cinturita", hombres asociados con la vida nocturna de la ciudad, violentos y generalmente abusadores de sus parejas.40

Quizá el único aspecto positivo que se destacó en torno al homicida fue el de la relación con su madre, donde el papel bondadoso lo tuvo la abnegada anciana Rosa Manrique de Vásquez. Sin embargo, se destacaba que "[a pesar de sus esfuerzos] por hacerlo un hombre de bien, se convirtió en asqueroso y repugnante asesino, en el matador de un religioso, de una guía espiritual de muchos mexicanos, de un pastor de almas".41

El momento en el que se establecieron más características del criminal, fue en el de su captura. Valentino era un hombre elocuente y desinhibido que contestó todas las preguntas de los periodistas en sus declaraciones preparatorias y en una suerte de "ruedas de prensa", que ocurrían con normalidad en casos como este, con la autorización de los jueces.42 No tuvo ningún reparo en detallar tanto el planeamiento como la ejecución del crimen, desde luego, exculpándose lo más posible, argumentando que habían sido El México y El Chundo quienes dieron muerte al sacerdote. Luego de los interrogatorios y los careos, cambió su versión, diciendo que sí había cometido el crimen, pero en un estado de aletargamiento en el que solo cumplió órdenes.

Valentino no solo relató los detalles del crimen, sino que intentó darles una explicación profunda, basada en razones de injusticia y desigualdad social; argumentos que los reporteros no tardaron en caricaturizar. Los medios destacaron que era un hombre con cierta cultura, lo cual constituía, de hecho, un agravante. Así, se criticó la explicación dada por el asesino en relación con que el contexto en el que creció fue el que lo orilló a delinquir: "[.. ] diciéndose víctima del ambiente y la situación en que fue creciendo e incluso trató de aparecer filósofo, para hacer creer por qué el mismo había llegado a comprender la razón de su 'tragedia'".43 A partir de sus propias declaraciones, el periódico La Prensa hizo el siguiente diagnóstico sobre el asesino:

Los puntos principales de su confesión: primero: no es católico ni ateo; dice creer en Dios, pero afirma que Dios puede ser el sol o las estrellas. Segundo: al hablar del Todopoderoso, venerado y amado por todo el pueblo mexicano se expresó despectivamente diciendo: 'este es un Dios que nos castiga continuamente' [...] Quinto: afirmó en el colmo de la desvergüenza y poniendo al descubierto sus bajos instintos, que el responsable de todo puede ser su propio padre, ya muerto, 'por haber sido honrado'. Sexto: dice que su pobreza, en contraste con la riqueza de los otros, fue causa de que llegara al crimen, 'influenciado' por el modernismo y los gansters. Séptimo: y todavía pide ser perdonado, hablando de que 'todos somos pecadores'.44

En sus declaraciones, Valentino explicaba cómo en una ocasión observó a una mujer en un Cadillac, exhibiendo un brazalete de diamantes. Ante su precaria situación económica reflexionó que había una ley que decía: "nadie tiene derecho a lo superfluo, cuando alguien carezca de lo estricto",45 frase del escritor Salvador Díaz Mirón y que sería retomada constantemente en las crónicas literarias sobre este caso. Comentó que a partir de este evento buscó a Ricardo Barbosa y le expresó la necesidad de que ambos salieran de la pobreza en la que estaban sumidos, y fue allí cuando planearon el crimen, que al parecer Barbosa ya tenía en mente.

Ante la atención que le prestaba la prensa, Valentino debió haberse sentido confiado en su capacidad comunicativa y empezó a hacer toda suerte de reflexiones acerca de la vida y de la sociedad, ante las que los reporteros pasaron de describirlo como un despiadado y temido asesino, a alguien ligeramente desequilibrado y cínico. Así, frente a la declaración de Valentino en la que señalaba que en prisión tendría suficiente tiempo para escribir un libro que llegaría "[...] al corazón de todos y que se vendería como pan caliente", la nota comentaba que: "como siempre nosotros sonreímos".46

A pesar de que a Ricardo Barbosa se le prestó bastante atención a lo largo del proceso, la prensa no hizo el ejercicio de definir su perfil como delincuente ni escudriñar en su vida personal y laboral, como sí se hizo con Valentino. ¿Por qué, si fue Barbosa quien ideó el crimen? Una explicación al respecto tiene que ver con que Valentino resultaba más atractivo como personaje para la historia, por su huida, sus antecedentes y por el hecho de que de alguna manera no se tratara de un ladrón cualquiera como El Chundo, sino de un hombre que se movía en círculos que interesaban a la audiencia.

Un aspecto llama la atención en este caso pues matiza lo que afirma Elisa Speckman sobre la poca atención que la prensa le prestaba al proceso judicial luego de que desaparecieran los juicios por jurado, al concentrarse específicamente en los crímenes.47 Aquí la judicialización despertó el interés del público mientras se perseguía a Valentino, pero también cuando este rindió sus declaraciones. De hecho, en el momento en que lo trasladaron a su declaración preparatoria, se comentó en la prensa que una multitud se acercó al juzgado con la intención de lincharlo. Puede suponerse, sin embargo, que esta reacción por parte del público se debió a la trascendencia del caso en la opinión pública y que debió durar solo mientras se realizaron los primeros careos y no durante todo el proceso, que dejó de ser seguido por los periódicos desde los primeros días de febrero.

La crónica

Como se señaló en el apartado introductorio, las crónicas que han sido escritas sobre Valentino suelen repetirse unas a otras, cambiando algunas fechas y hechos, pero todas coinciden en asignarle un papel de criminal sanguinario, producido por la dureza del mundo urbano en el que se desenvolvió en múltiples oficios, uno de ellos el de criminal. El primer aspecto que se destaca en las crónicas es la exploración del lado humano de Valentino. Uno de los elementos en dicha exploración es la capacidad de amar que encuentran en la relación con su hijo.48 Así, David García Salinas escribió: "su única preocupación, además de la policía, era su pequeño hijo, de 6 años, al que cuidaba como nada en el mundo".49

Otro factor elaborado en la crónica es el de asociar a Valentino con el barrio de Tepito50 y con el mundo de la delincuencia propia de colonias ubicadas en lo que por entonces se conocía como la "herradura de tugurios" en el centro de la ciudad, aun cuando Valentino no era ni originario ni habitante de dicho lugar. Algunos de los autores de estas crónicas, como es el caso de David García Salinas, presentan un panorama caracterizado por las dificultades socioeconómicas encarnadas en la vecindad El Mesón del Paraíso, lugar donde se hizo el trato del crimen, el cual, según su narración:

Tenía más de 30 viviendas. Sus moradores estaban acostumbrados a vivir entre la basura, sin servicios sanitarios, con gruesas goteras en los techos de cartón y lámina, en tiempo de lluvias, y con servicio de agua dos o tres días por semana. Lo que más les preocupaba además de comer, era la constante presencia de la policía, que a todos tenía fichados.51

Mientras tanto, la colonia Roma, espacio donde se llevó a cabo el crimen de marras, es escasamente escenificada por las crónicas. Solo en la de autoría de Víctor Ronquillo se encuentra una corta descripción al respecto, en la cual se asegura que "la Roma era habitada por los integrantes de la clase media deslumbrada por el dólar, los orgullosos dueños de un flamante automóvil, de un útil refrigerador y una asombrosa televisión".52

De igual forma sucede con el mundo de los toros y la lucha libre. En muchas ocasiones se menciona que el lugar donde Valentino y Ricardo Barbosa solían encontrarse a platicar era el famoso bar Tupinamba, sin que se hiciese alguna alusión a la relación de estos con el toreo. Los presentan más cercanos a Tepito, a la delincuencia "baja" por llamarla de alguna manera, equiparables a El Chundo y El México. La razón de esto puede ser que dicho recurso es un camino más sencillo que complejizar el panorama con varios tipos de delincuente en un solo episodio. Finalmente, se trata de escritos cortos que no intentan hacer un abordaje histórico ni jurídico, sino que tienen la pretensión de dejar una enseñanza, por ejemplo, que el crimen no paga.53

Como comentario final, habría que señalar la estrecha relación de los reporteros con la policía, ya que en ninguna de estas crónicas, así como tampoco en la prensa escrita, se pudo detectar una mala imagen de la policía o del servicio secreto. De hecho, en una de las crónicas se destaca la labor de este último al afirmar: "así concluyó una página más del negro libro de la delincuencia. Fue otro triunfo que se anotaron los agentes del Servicio Secreto, al capturar a los asesinos del padre Juan Fullana Taberner, en un tiempo relativamente corto".54

Conclusiones

En el artículo se ha presentado un caso de robo y asesinato, así como de construcción de la figura de un criminal célebre por parte de la nota roja y la crónica literaria policiaca. Al analizar el seguimiento a dicho caso, ocurrido durante la década de 1950 en la ciudad de México, en una colonia de clase media con poca recurrencia delictiva, se ha pretendido desentrañar los mecanismos implementados por los autores de este tipo de relatos para construir personajes y casos tipo a los cuales hacer amplios seguimientos, y con ello atraer lectores. Se mostró cómo, en dicho proceso, con la intención de mantener la atención del público, se echó mano de diversos prototipos de delincuencia y criminalidad urbana con los cuales caracterizar al personaje central de esta historia. Esto debido a que quizá con la idea de crear una historia sólida, solo uno de los involucrados en el crimen fue el escogido para protagonizar el caso y construir la trama: Pancho Valentino, personaje con numerosas características para conformar una narración atractiva y al mismo tiempo ejemplarizante. Se trataba de un exboxeador y un exluchador, quien además poseía una destacada elocuencia, a través de la cual, una vez capturado, contribuyó a aumentar la atención que ya se le estaba prestando.

Para tal fin, la prensa se valió de todos los indicios acerca de Valentino desde que se lo señaló como sospechoso. Así, se explotó su pasado como figura relativamente pública, su supuesto ateísmo, sus relaciones familiares y se siguió cada paso de su huida, captura y primeros careos. Uno de los elementos que fueron recogidos por la prensa para intentar delinear la personalidad de Valentino, fue el de haberlo asociado con la imagen del "cinturita" y del "pachuco", personajes identificados con el hampa y los vicios nocturnos de la ciudad de México, que adicionalmente solían golpear y estafar a sus parejas.

Los indicios reproducidos por la prensa, provenían de la información que la policía acostumbraba a filtrar a los periodistas. Se trataba la mayoría de las veces de información sin confirmar, por lo que la prensa cambiaba sin muchas explicaciones las versiones de los hechos y la identidad de los sospechosos. Así, en un principio, a Valentino se lo señaló como ciudadano norteamericano y en varios titulares se lo denominó como tal, versión que resultó completamente infundada.

A todos estos ingredientes, tanto la prensa como la crónica añadieron un trasfondo urbano asociado a los barrios marginados de la ciudad, como es el caso de Tepito, sin que estos hayan sido el escenario directo del crimen, ni el lugar donde se desenvolvían con mayor frecuencia los implicados en el mismo. De esta manera, lo que poco a poco se presentó ante el público fue un caso en el que un delincuente y sus secuaces, provenientes de las zonas marginadas de la ciudad y con hábitos asociados a los peligros de la noche, trastocaban la tranquilidad de una reconocida zona residencial, para cometer un crimen particularmente escandaloso.

Se ha buscado, por medio de un caso de estudio, abrir un diálogo entre las investigaciones sobre la nota roja en México y la comprensión del mundo urbano y de sus principales temores a mediados del siglo XX. El artículo se construyó a partir de dos fuentes principales: la prensa de nota roja y las crónicas literarias policiacas posteriores, algunas de las cuales fueron escritas incluso varias décadas después de los hechos. Estas fuentes constituyeron el punto de partida para la reconstrucción del crimen de marras y para el seguimiento a la construcción del perfil del delincuente. Se ha pretendido mostrar que fue la prensa, en primera instancia, y la crónica literaria posteriormente, quienes se encargaron de poner en el escenario y de dar vigencia a un hecho en particular, de entre miles que sucedían a diario en las calles de la ciudad de México. Al asignarle unos valores y unas características determinadas, acabaron por convertir este caso en un referente de la criminalidad urbana de la década de 1950 ampliamente recordado.

El personaje de Pancho Valentino se suma así a una serie de criminales célebres cuyos actos ocurrieron principalmente en la ciudad de México durante las décadas de 1930 a 1960. A través de los cuales tanto la nota roja, como la crónica policiaca, configuraron una narrativa que describía a la ciudad como un lugar constantemente asediado por el hampa y cuyos habitantes estaban siempre al borde de ser víctimas de sucesos similares. Una ciudad que requería de vigilancia, impartición de justicia y, sobre todo, de la atención constante del público frente a lo potencialmente peligroso.

OBRAS CITADAS

I. Fuentes primarias

Publicaciones periódicas

La Prensa [Ciudad de México] 1957 [ Links ]

Excélsior [Ciudad de México] 1957 [ Links ]

El Universal Gráfico [Ciudad de México] 1957 [ Links ]

Documentos, impresos y manuscritos

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II. Fuentes secundarias

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1Si bien durante el periodo en que ocurrieron los hechos tratados en el artículo el nombre oficial de la ciudad era el de Distrito Federal, en el artículo se hace referencia a la capital mexicana como ciudad de México, salvo cuando se trata de citas textuales.

2Pablo Piccato, "Una perspectiva histórica de la delincuencia en la ciudad de México en el siglo xx", La reforma de la justicia en México, ed. Arturo Alvarado (México: El Colegio de México, 2008) 618-619. Es necesario tomar estas estadísticas con precaución, pues el mismo autor destaca que detrás de ellas se esconden factores como la baja denuncia y las decisiones de los entes reguladores de perseguir o no un delito en un momento determinado. Pero también afirma que dan una idea general sobre la tendencia en el largo plazo del comportamiento de la criminalidad en la ciudad.

3Martha Santillán, "Delincuencia femenina. Representación, prácticas y negociación judicial. Distrito Federal (1940-1957)", tesis de doctorado en Historia (México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2013) 1.

4Carlos Monsiváis, Los mil y un velorios. Crónica de la nota roja (México: Editorial Patria, 1994) 12.

5Piccato, "Una perspectiva" 622.

6Caso estudiado por Andrés Ríos Molina, Memorias de un loco anormal: el caso del Goyo Cárdenas (México: Debate, 2010).

7Otros casos célebres que han sido recientemente tratados en la historiografía tienen que ver con los de las denominadas "autoviudas", mujeres que habían asesinado a sus esposos y cuyos casos eran ampliamente seguidos por la prensa y el público. Algunos trabajos al respecto son los de Rebeca Monroy Nasi, María Teresa de Landa. Una Miss que no vio el universo (México: INAH, 2018) y Saydi Núñez, "El homicidio en el Distrito Federal. Un estudio sobre la violencia y la justicia durante la posrevolución (1920-1940)", tesis de doctorado en Antropología (México: ciESAS, 2012).

8Realizo la distinción entre nota y crónica, entendiendo a la primera como la producida en prensa, y a la segunda como aquella más apegada a la literatura y no tanto al mundo informativo, reproducida en su mayoría en textos publicados con posterioridad al evento en cuestión.

9Elisa Speckman, "Instituciones de justicia y práctica judicial (Ciudad de México, 1929-1971)", tesis de doctorado en Derecho (México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2018) 402-403. La autora afirma a renglón seguido, respecto a la receptividad de estos periódicos en el público, que si bien no se tienen cifras oficiales de su circulación. Se estima que en 1966, el diario La Prensa imprimía entre 35.000 y 70.000 ejemplares al día.

10David García Salinas, Crímenes espeluznantes. Los casos que más conmovieron a México (México: Populibros La Prensa, 1978). García Salinas fue un reconocido reportero del periódico La Prensa, cuya reputación y conexiones le permitieron publicar esta serie de libros, así como producir programas de radio y publicaciones oficiales. Pablo Piccato, A History of Infamy. Crime, Truth and Justice in Mexico (Oakland: University of California Press, 2017) 78.

11José Ramón Garmabella, ¡Reportero de policía!: el Güero Téllez. Antología de casos policiacos famosos (México: Debolsillo, 2007).

12Víctor Ronquillo, Nota Roja 50's (México: Diana, 1994).

13Juan Manuel Servín, "Pancho Valentino, el confesor de curas", El libro rojo: continuación, ed. Gerardo Villadelángel Viñas (México: Fondo de Cultura Económica, 2008) 339-360.

14Secretaría de Economía, Séptimo Censo General de Población (México: Dirección General de Estadística, 1950) 7-24.

15Judith Walkowitz, La ciudad de las pasiones terribles. Narraciones sobre peligro sexual en el Londres victoriano (Madrid: Cátedra, 1992) 55.

16Pablo Piccato, "No es posible cerrar los ojos. El discurso sobre la criminalidad y el alcoholismo hacia el fin del porfiriato", Hábitos, normas y escándalo. Prensa, criminalidad y drogas durante le porfiriato tardío, ed. Ricardo Pérez Montfort (México: Plaza y Valdés, 1997) 78-79.

17Piccato, A History 63.

18Monsiváis, Los mil y un velorios 20.

19Santillán, "Delincuencia femenina" 72.

20Gabriela Pulido, El mapa "rojo" del pecado. Miedo y vida nocturna en la ciudad de México 1940-1950 (México: INAH, 2017) 17.

21Piccato, A History 101-103.

22Jesse Lerner, El impacto de la modernidad. Fotografía criminalística en la ciudad de México (México: Turner, 2007) 39.

23Monsiváis, Los mil y un velorios 43.

24Aunque para el caso que nos compete las crónicas de los periódicos dejaban ver una tentativa de señalamiento a la pobreza y el "mal vivir" como causa principal del crimen cometido. Así, puede verse cómo los dos actores principales del crimen no pertenecían a ese mundo, pues, como se verá en los siguientes apartados, se dedicaban a oficios de cierto renombre y aunque tenían problemas económicos y habían pisado varias veces la cárcel, no podían ser catalogados precisamente como pertenecientes al mundo marginal y proscrito. A pesar de ello, la prensa se preocupó por describir el ambiente de los barrios populares donde se movía el resto de los cómplices, como es el caso del barrio de Tepito.

25Juan Manuel Servín, D. F. Confidencial. Crónicas de delincuentes, vagos y demás gente sin futuro (Oaxaca: Almadía, 2010) 37.

26Pablo Piccato, A History 69.

27"Pancho Valentino, uno de los asesinos del clérigo", La Prensa [Ciudad de México] ene. 14, 1957: 39.

28Lerner, El impacto 48.

29Piccato, "Una perspectiva" 622.

30Speckman, "Instituciones de justicia" 405.

31"Pancho Valentino, uno de los asesinos del clérigo", La Prensa [Ciudad de México] ene. 14, 1957: 31.

32"Espeluznante asesinato de un sacerdote y robo sacrílego; indignación en la colonia Roma", La Prensa [Ciudad de México] ene. 11, 1957: 14.

33"Espeluznante asesinato" 29.

34Garmabella, ¡Reportero de policía! 143.

35La Prensa [Ciudad de México] ene. 15, 1957: 22.

36Lerner, El impacto 38.

37"Torturado por crueldad de un desnaturalizado", La Prensa [Ciudad de México] ene. 13, 1957: 50.

38"Pruebas que hunden a los asesinos de cura", La Prensa [Ciudad de México] ene. 16, 1957: 22.

39"Interrogan a las amantes del homicida Valentino", La Prensa [Ciudad de México] ene. 19, 1957: 2.

40Pulido, El mapa "rojo" 257.

41"No huyas de la justicia, ven hijo, entrégate", La Prensa [Ciudad de México] ene. 23, 1957: 19.

42Piccato, A History 91.

43"Atraparon a Pancho Valentino", La Prensa [Ciudad de México] ene. 27, 1957: 2.

44"Cínico relato del crimen hace Valentino", La Prensa [Ciudad de México] ene. 27, 1957: 26.

45"Cínico relato del crimen hace Valentino" 38.

46"Valentino quiere comer más para escribir un libro", El Universal Gráfico [Ciudad de México] feb. 11, 1957: 4.

47Speckman, "Instituciones de justicia" 404.

48Servín, "Pancho Valentino" 342.

49García Salinas, Crímenes espeluznantes 57.

50Tepito es un barrio precario ubicado en el centro de la ciudad de México, de tradición marcadamente comercial.

51García Salinas, Crímenes espeluznantes 58.

52Ronquillo, Nota roja 58.

53Garmabella, ¡Reportero de policía! 158.

54García Salinas, Crímenes espeluznantes 73.

Cómo citar este artículo: Pilar Adriana Rey Hernández, "Pancho Valentino, asesino de curas. Relatos acerca de un crimen célebre en la ciudad de México (1957)", Anuario Colombiano de Historia Socialy de la Cultura 47.1 (2020): 353-376.

Received: December 18, 2018; Accepted: April 02, 2019

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