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Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura

Print version ISSN 0120-2456

Anu. colomb. hist. soc. cult. vol.47 no.1 Bogotá Jan./June 2020  Epub Mar 05, 2020

http://dx.doi.org/10.15446/achsc.v47n1.83212 

Reseñas

Jairo Gutiérrez. Locura y sociedad. Alienismo tardío, psicopatologia e higiene mental en la modernidad colombiana, 1870-1968. Medellín: Institución Universitaria de Envigado, 2019. 356 páginas.

JORGE MÁRQUEZ VALDERRAMAa 

a Universidad Nacional de Colombia jmarquez@unal.edu.co

Esta es una extraordinaria historia de la locura y de la psicopatología en la modernidad colombiana, elaborada con amplitud y profundidad. Como se debate en estudios recientes, la "modernidad" colombiana, en muchos aspectos, es una periodización discutible. Sin embargo, esta obra designa con ello la entrada en Colombia, en la década de 1870, de discursos propiamente psiquiátricos, aunque precedan a la psiquiatría como especialidad universitaria. Se trató de discursos modernos porque concebían la locura como problema de la patología, la sometían a observación para analizarla y presuponían para ella una clínica, una nosología y una terapéutica. A finales de siglo xix, además de asumirla como entidad nosológica, la locura comenzó a concebirse como constructo sociocultural enfrentado a la trasgresión de un orden "natural" y moral. Se volvió objeto de normalización, en tanto desbordaba el campo médico y comprometía la vida cotidiana. Por eso, el problema de estudio se aborda en el libro desde los ejes locura intramuros y locura extramuros.

Esta doble perspectiva configura las dos partes del estudio. La primera parte abarca cinco capítulos. En el capítulo uno se analizan las condiciones de posibilidad de las creaciones de instituciones para la contención y tratamiento de la locura. El segundo capítulo evalúa si hubo para Colombia el "gran encierro" y la estrategia manicomial propios del alienismo, en qué condiciones se dieron y cuál fue su temporalidad. El tercer capítulo interroga cómo las familias y las comunidades afrontaron las conductas de sus integrantes con desórdenes mentales y qué responsabilidad tuvieron en el internamiento. El capítulo cuatro indaga por la evolución psicopatológica y terapéutica de la locura y su relación con ideologías científicas de la época. El quinto capítulo responde de qué manera los delirios constituyeron una gradación de la manía, la psicosis y la esquizofrenia, y analiza las posibilidades de detectar en las historias clínicas la expresión de imaginarios colectivos sobre política, economía, religión y espiritualidad, sexualidad y erotismo en los contenidos alucinatorios. En la segunda parte del libro, locura extramuros, el sexto capítulo analiza la incidencia del degeneracionismo en la cuestión social de la salud y en la higiene mental. El capítulo séptimo se ocupa de la incorporación de la higiene mental en la salud pública y del posicionamiento del concepto de salud mental. El octavo y último capítulo estudia las estrategias para instaurar una psiquiatría ampliada mediante la higiene mental aplicada a la infancia.

Algo que le otorga originalidad a este estudio, es haber establecido y analizado de forma cuantitativa y cualitativa sendas series de historias clínicas de las tres instituciones asilares de la locura que hubo en Colombia durante los siglos XIX y XX: el Manicomio Departamental de Antioquia, el Manicomio de Sibaté y el Asilo San Isidro. El periodo de estudio se cierra en 1968, fecha límite de la serie más reciente, correspondiente a la última institución. El autor se pregunta si en el surgimiento de la psiquiatría moderna en Colombia pervivió un alienismo tardío, basado en determinantes sociales y predisponentes hereditarios, el cual se mantuvo en discursos y prácticas que combinaron teorías degeneracionistas, eugenesia e higiene mental, y que se intentó extender a las esferas pública y privada.

Según los principales hitos del devenir de la psiquiatría en Colombia, la investigación abarca los departamentos de Cundinamarca, Antioquia y Valle del Cauca y se ordena según cuatro series de acontecimientos: (1) institucional, (2) epistemológica, (3) reforma psiquiátrica, (4) higiene mental. La serie institucional comprende lo asilar. Arranca con las fundaciones de los primeros asilos psiquiátricos en Bogotá y Medellín (1870-1880). La sección "El naufragio de los locos: remisión y procedencia" del capítulo cuarto, muestra que, durante un lapso considerable, esas fueron las únicas instituciones receptoras de centenares de "atacados de perturbación mental", remitidos desde diversas regiones del país. El autor presenta, por primera vez, una cartografía del flujo de pacientes.

La serie epistemológica concierne a la aparición y transformaciones de una medicina de las enfermedades mentales en sus diversos aspectos (enseñanza, etiología, nosología, clínica y terapéutica). En 1914 se creó en Medellín la cátedra de "clínica de las enfermedades mentales o psíquicas" en la Escuela de Medicina de la Universidad de Antioquia, impartida en el Manicomio Departamental. En 1916 se inauguró en Bogotá la Cátedra de Patología Mental, en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia. Durante la primera mitad del siglo xx, en Colombia predominaron las teorías de la degeneración y de la eugenesia (hilo conductor de la investigación), en especial en los intercambios entre psiquiatría, psicología experimental, puericultura y psicopedagogía.

La serie reforma psiquiátrica tiene que ver con la pervivencia y ruptura tardía del alienismo en Colombia. En las décadas de 1950 y 1960 hubo una reforma de medicalización institucional y de construcción de modernos hospitales mentales, la cual afectó simultáneamente al Hospital Mental de Antioquia y al Hospital Psiquiátrico San Isidro. En esos años se puso mayor énfasis en la psicoterapia y el psicoanálisis, mediante la psiquiatría dinámica y su orientación comunitaria, en particular en el nuevo hospital de Cali. Esta institución fue la que experimentó de forma más fehaciente el cambio de paradigma de la escuela francesa hacia la escuela norteamericana de psiquiatría y, en el ámbito latinoamericano, contribuyó al avance de los estudios longitudinales sobre la esquizofrenia.

Finalmente, en la cuarta serie se analiza el impacto de las teorías, campañas e instituciones de la "higiene mental" en Colombia, su inclusión en la agenda de la salud pública y su reconversión hacia la "salud mental", conforme a las directrices del Comité de Expertos de Higiene Mental de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El movimiento de defensa de la salud psíquica pone en evidencia la crisis y el declive del modelo asilar, denuncia sus excesos, propone, planea y funda los modernos hospitales mentales en Colombia a finales de la década de 1950.

Las conclusiones del libro aportan al examen de la aplicación poco crítica de las teorías foucaultianas del "gran encierro" y del "poder psiquiátrico" al caso de la historia de la locura en Colombia, asimismo, a la ubicación de las nociones de degeneración y eugenesia en la historia de la psiquiatría en Colombia. En conjunto, la obra establece un diálogo lúcido con la historia de la psiquiatría y esto hace que en ocasiones coquetee con formas muy convencionales de la historia de la medicina, en tanto se organiza el análisis por "paradigmas", los cuales llegan a confundirse con etapas (alienismo, psicopatología y estructuras psicopatológicas). Sin embargo, el autor es muy consciente de que no es fácil establecer una sucesión diacrónica de paradigmas teóricos y prácticas, ni tampoco una especie de sincronía entre el surgimiento de nuevas ideas y las transformaciones en las prácticas. Se observan más bien imbricaciones entre diversas teorías, tensiones entre lo viejo y lo nuevo, crisis permanentes, transportes tardíos de teorías del mundo occidental hacia América Latina, precocidades y resurgimientos. Y todo ello inscrito en debates que desbordan todo el tiempo el campo estrictamente médico y abarcan la sociedad y la vida cotidiana.

Así, este estudio no puede ubicarse exclusivamente en la historia de la ciencia o en la historia de la medicina. Si se lo ubicara en uno de esos dos campos, habría que precisar de qué historia de la ciencia o de qué historia de la medicina se trata. Para intentar hacerlo, debo decir primero que se trata de una obra que encaja en las formas más actuales de hacer historia. Su objeto es de por sí un antihéroe de mil facetas. En efecto, la locura es objeto de las ciencias, pero tiene una raigambre cultural profunda en las sociedades occidentales, por los miedos y las representaciones colectivas que ha suscitado y sigue generando. Además, su tratamiento en Colombia fue primero jurídico y político, antes que médico. Cuando se medicalizó la locura en el siglo xx, entró a formar parte de los debates económicos suscitados por la higiene y la política estatal de los cuerpos, la vida, la enfermedad y la muerte (la biopolítica). Así que una historia iatrocéntrica (centrada en la medicina universitaria) de la locura, se quedaría corta para abordar este problema. Por fortuna, este libro no aborda la locura como un objeto puro o aseptizado, sino como un hecho social híbrido, a la vez científico, cultural, político, social y económico.

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