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 issue19Sádikov, Alexander y Narúmov, Borís. Diccionario español-ruso de uso moderno. (1ª ed. 1996; 5ª ed., 2002). Moscú, Ed. Russkiy Yazyk, 751 págs.: Sádikov, Alexander. Nuevo diccionario español-ruso de uso moderno. Moscú: ‘Russkiy Yazyk’ (en impresión) author indexsubject indexarticles search
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Forma y Función

Print version ISSN 0120-338X

Forma funcion, Santaf, de Bogot, D.C.  no.19 Bogotá Jan./Dec. 2006

 

 

Dell Hymes, (1996) ‘Report from an Underdeveloped Country:
Toward Linguistic Competence in The United States’ En Current Issues in Linguistic Theory
(Towards a Critical Sociolinguistics, Vol. 125).

Philadelphia: John Benjamins Publishing Company, pp. 150 - 195.

 

 

Héctor Ramírez
Universidad Nacional de Colombia

De manera extensa y detallada, Dell Hymes muestra las carencias del desarrollo de la lingüística en general y de la sociolingüística en particular en el país donde éstas han ostentado considerables avances, señalando al mismo tiempo las tareas a que la disciplina lingüística y la teoría sociolingüística deben apuntar. Considerando la importante función del lenguaje en la sociedad actual y el distanciamiento que ha habido entre la lingüística como estudio científico del lenguaje y la vida social de la que éste hace parte, el autor se refiere a problemas sociales como la discriminación, el clasismo, la inequidad social y la imposición de una variedad lingüística, manifestados de manera particular a través del lenguaje e, incluso, dirigidos a través de éste. En este sentido, argumenta la importante misión social de la lingüística y del lingüista en la crítica de fenómenos de inequidad y en concientizar sobre esta situación a los individuos de una sociedad, más allá de la descripción estructural del sistema de la lengua. Para retratar la situación de la disciplina sociolingüística en Estados Unidos, Hymes señala cinco aspectos que a su parecer enmarcan las debilidades de este campo científico en su país y los propósitos a que debe apuntar: (1) Terra Incognita, referente a las concepciones de variedad de una lengua; (2) Recognition of Problem, referente a la manera en que un fenómeno lingüístico es reconocido como problema de investigación; (3) Cultural Hegemony through Language, que se refiere al desarrollo de una cultura hegemónica a través de la lengua en los Estados Unidos; (4) Critique of Linguistics and Social Science, que analiza y critica los presupuestos y prácticas de la lingüística en el marco de las ciencias sociales; y (5) Reshaping the Study of Language, donde sustenta nuevas formulaciones de la ciencia lingüística (método, objeto de estudio, problema, etc.), considerando en especial los fines sociales o metas de ésta.

En el primero de estos aspectos, Terra Incognita, el autor desaprueba la manera elemental, casi trivial, en que la lingüística estadounidense ha considerado el repertorio lingüístico de su país, localizando su atención de manera intencional en la homogeneidad de la lengua inglesa e ignorando otras variedades lingüísticas y las variedades del inglés, incluso en su propio país, originando así un enaltecimiento social del monolingüismo y una degradación de la diversidad lingüística. Esto lo lleva a cuestionar los criterios para el establecimiento de las variedades de lengua y a considerar las actitudes y valores de quienes tienen dichas variedades como parte de su repertorio lingüístico en una situación concreta. Aunque tradicionalmente las variedades lingüísticas han sido distinguidas con criterios estrictamente gramaticales (fonológicos, morfológicos, sintácticos, léxicos), Hymes señala que la verdadera distinción de variedades, en el sentido amplio del término, no sólo lengua-lengua o lengua-dialecto, sino también lengua-sociolecto, lengua-estilo, lengua-registro, debe basarse no sólo en estos criterios lingüísticos, sino también en las reglas sociales de uso de la variedad, en los recursos retóricos y poéticos usados, en las reglas discursivas y en la manera compartida de significar (connotar) o construir significado por la comunidad que comparte la variedad. Denuncia que en su país las variedades de habla que difieren de la variedad estándar del inglés son ignoradas; para él, esto suscita segregación o acentuación de la marginación de quienes usan las variedades no estándar, pues a ésta se la dota de prestigio, mientras las otras se escatiman. Sustenta su afirmación con ejemplos prototípicos de variedades de los Estados Unidos: inglés de los negros, inglés de latinos, etc. Añade que con el tiempo se volvió tolerable el uso de éstas y otras variedades en ciertos contextos y con funciones específicas -fenómeno suscitado especialmente por los movimientos antirracistas y feministas-: usos simbólicos o emblemáticos, pero no con funciones sociales públicas, con lo cual continuó la discriminación de variedades no estándar para usos oficiales.

En lo que tiene que ver con variedades lingüísticas se señalan en el artículo los criterios más simples -en especial del gobierno- para la clasificación de las mismas, como la distribución geográfica, pasando por los criterios lingüísticos de los académicos del lenguaje, para desencadenar en uno que también es importante en la vida social de las comunidades: las actitudes y valores hacia dichas variedades. Hymes critica cómo, al no tener en cuenta estos significados sociales de las variedades, se suscitan comportamientos comunicativos negativos frente a éstas, como ocurre con los niños indios inmigrantes en Estados Unidos, quienes, según explica el autor, interactúan menos con otros estudiantes y entre sí en situaciones comunicativas controladas por el profesor, donde se exige el uso de la variedad estándar, mientras que en situaciones más naturales se incrementa bastante su interacción comunicativa. Las actitudes y valores hacia las lenguas, describe Hymes, se manifiestan básicamente en dos direcciones: hacia el otro y hacia sí mismo, y en dos dimensiones: como elemento de unión o integración y como elemento de separación individual y del ejercicio de la autonomía. En cuanto al otro, la(s) variedades permite(n) la identificación de una persona como miembro de un grupo, pero también permite la deferencia con ese grupo, para tomar distancia de dicha comunidad y excluirse de ella. En cuanto al yo, una variedad, como elemento de unión, permite expresar la subjetividad, pero también se convierte en un orientador de la conducta. La crítica de Hymes se refiere a que la imposición de la variedad estándar en la educación y en el aula suscita valores de autonomía frente a dicha variedad como elemento de deferencia y como regulador de la conducta, pero no actitudes y valores de unión como elemento de identificación y de expresión, actitudes que son más comunes hacia la variedad no estándar, compartiendo una serie de valores, normas, creencias y significados sociales.

La segunda tarea de la sociolingüística crítica señalada por Hymes, Recognition of Problem, se refiere al reconocimiento y definición de fenómenos, desde la sociolingüística, como problemas de investigación. El autor indica que el reconocimiento de situaciones sociales relacionadas con el lenguaje como problemáticas suele ser circunstancial, dependiendo de la sociedad en particular donde éstas se presentan y de sus momentos históricos; así, por ejemplo, sustenta el autor, en Alemania se reconoce socialmente como problemática la presencia de trabajadores extranjeros, lo que suscita numerosas investigaciones, apoyadas además por el gobierno y entidades académicas, mientras que en Estados Unidos el mismo fenómeno, particularmente manifiesto en el sistema laboral médico, no se reconoce como problema y, en consecuencia, no se generan numerosas investigaciones al respecto. Hymes menciona numerosos ejemplos más de su país, como la investigación del inglés de los negros, de su situación social, los consecuentes proyectos financiados para educación bilingüe, productos de la coyuntura suscitada por el surgimiento de movimientos sociales en defensa de los derechos civiles de esta población en los años sesenta, pero que en realidad era un fenómeno latente desde hacía mucho tiempo. En este sentido, subraya Hymes la responsabilidad social -y habilidad (casi oportunismo)- del investigador en el reconocimiento e investigación de fenómenos sociales que gozan de la atención pública en las comunidades locales y en la comunidad nacional, pero también en el reconocimiento de fenómenos sociolingüísticos que permanecen ocultos -algunos de los cuales tienen caracteres universales- sin la atención general de la comunidad política pero que afectan de alguna manera a la sociedad.

El autor insiste en la necesidad de que el científico social rompa el ciclo Movilización (acción) - Investigación, es decir que sólo las coyunturas sociopolíticas susciten investigación, sino que también la investigación social -y el conocimiento que genera- suscite atención pública, acción sociopolítica; es decir, propone originar un ciclo Investigación - Acción (movilización).

En un tercer aspecto, Cultural Hegemony through Language, Hymes se refiere a cómo a través de la lengua, ejemplificándolo con su país, se perpetúa y se impone un modelo cultural. El escritor se refiere de manera concreta a la educación porque es el espacio donde se reproduce el orden social, donde convergen la estratificación social y los supuestos acerca de la(s) lengua(s) o el lenguaje. Según él, el sistema educativo estadounidense tiene como función latente infundir la inseguridad y la discriminación lingüísticas para conducir a los estudiantes a adquirir una lengua hegemónica -inglés estándar- igual para todos. De esta manera, la educación perpetúa los presupuestos más generales sobre el lenguaje, que el autor sintetiza en seis: en Estados Unidos sólo debe hablarse inglés, por lo tanto el bilingüismo es indeseable, injurioso y extraño. Otras lenguas pueden estudiarse y aprenderse con fines de entretenimiento, pero sólo en su variedad estándar, por lo tanto las variedades de una lengua se perciben como correctas o incorrectas. Mucha gente en el mundo aprende inglés pero para el estadounidense es innecesario estudiar otra lengua, incluso donde este país tiene poder económico o militar. De este modo, concluye Hymes, la educación en Estados Unidos no sólo infunde la hegemonía cultural y lingüística, sino que también estimula el etnocidio y linguicidio1 . Este fenómeno, sustentado además en ejemplos de Latinoamérica en tiempos de Colonia, cuando desde la educación se propendió por el exterminio de variedades lingüísticas indígenas, ha tenido notables mejoras -sobre todo en países distintos al suyo, indica el autor- con el fomento de la educación bilingüe, la traducción de textos a lenguas ancestrales, la elaboración de diccionarios y gramáticas y la producción de otros textos. El autor exhorta a la estimulación de este tipo de prácticas.

En la penúltima tarea expuesta, Critique of Linguistics and Social Science, Hymes critica la manera en que la lingüística aborda -o abordó durante mucho tiempo- los fenómenos lingüísticos, aislados de la sociedad, y la manera como las otras ciencias sociales entienden los problemas sociales sin acudir a la lingüística; cada investigador, dice el autor, aborda el aspecto lingüístico o el aspecto social desde su disciplina particular. Los lingüistas no relacionan los modelos gramaticales con el contexto social. Los departamentos de lingüística en muchas facultades han estado dominados por mucho tiempo por el prestigio de la teoría formal; así el trabajo de los lingüistas en Estados Unidos, en especial el de Chomsky y sus seguidores, reforzó las presunciones norteamericanas sobre el lenguaje mencionadas por el autor en el punto anterior: en tanto Chomsky considera al hablante/oyente ideal como perteneciente a una comunidad de habla homogénea, se concibió prestigiosamente el monolingüismo, mientras el bilingüismo se consideró indeseable porque va en contra de la homogeneidad lingüística. Además, sus estudios se interesaron especialmente por el inglés y desde allí pretendieron inferirse los principios universales y bases del lenguaje, contribuyendo a considerar el inglés como suficiente y a aminorar otras variedades lingüísticas; lo correcto y lo incorrecto se concibió en términos de la lógica gramatical con referencia a la variedad estándar del inglés, las demás variedades se consideraron desviaciones de éste. Sin embargo, explica el autor que mientras que la escuela chomskyana no se interesaba por la influencia externa (sociedad, cultura) en el lenguaje y en la lengua, algunos lingüistas, influenciados por la antropología y la sociología se esforzaron por observar los usos lingüísticos conectados con la vida social y condicionados históricamente, de allí nació la sociolingüística. El autor menciona algunos aportes importantes de Bernstein (códigos elaborados-restringidos), influenciado todavía por la hegemonía lingüística, y de Habermas, en lo que tiene que ver con la crítica de las desigualdades sociales, alienación y dominación de la sociedad moderna a través del lenguaje. De este modo, el autor muestra cómo la contribución de otras ciencias sociales a la lingüística ha sido y es indispensable, pero para la explicación de fenómenos sociales y culturales mediados por el lenguaje, los sociólogos y los antropólogos, entre otros, requieren ayuda de la lingüística. Para finalmente sustentar la necesidad del trabajo interdisciplinario, Hymes muestra cómo la lengua reproduce la organización social de las comunidades, sus tensiones, creencias, gustos y modos de vida; las diferencias entre comunidades, sus deseos de conservación o de cambio se verán reflejados en la lengua y la lengua hará parte esencial de estos procesos.

Finaliza el autor con el análisis de la última y más importante de las cinco tareas señaladas, Reshaping the Study of Language, que se refiere a las mutaciones que viene presentando la lingüística, en particular la sociolingüística. Hymes puntualiza las perspectivas de desarrollo, los principios epistemológicos de la verdadera sociolingüística -sociolingüística crítica-, el trabajo interdisciplinar, transdisciplinar y extradisciplinar que se requiere y los aportes que ha hecho y está haciendo para ello la etnografía del habla. En primer lugar, señala la finalización del monopolio de la lingüística estructural durante medio siglo, como estudio de la estructura interna del lenguaje, y la redefinición del campo más amplio de la lingüística con las numerosas contribuciones de otras disciplinas sociales, en especial de la sociología. Los problemas de investigación sociolingüística se definen ahora en los términos de los problemas sociales que defina la sociología y en los términos de situaciones que se perciben como problemáticas por la sociedad en general, no sólo por parte de los profesionales a los que concierne el problema, sino principalmente por quienes lo padecen (cf. ejemplo del doctor y el paciente dado por Hymes, p. 193). El sociolingüista (y el científico social, en general), enfatiza Hymes, no debe sólo aprovechar crisis y situaciones coyunturales que estimulan la destinación de fondos para investigación, sino ser un líder social y académico. Los principios epistemológicos de la verdadera sociolingüística a que alude el autor son: (1) que los significados verbales y las matrices (redes) sociales en las cuales existen son interdependientes, (2) que los significados verbales deben ser vistos desde las matrices (redes) sociales y (3) que el investigador debe descubrir la manera en que los significados verbales están organizados en esas matrices.

En conclusión, es un texto de gran calidad en el que Hymes sintetiza los aspectos fundamentales que constituyen las falencias de la lingüística y al mismo tiempo sus retos de transformación para concluir en cómo, por qué, para qué, sobre qué elementos y con qué material han de realizarse las transformaciones de la ciencia del lenguaje. El primer punto deja ver la necesidad de la inmersión en las comunidades lingüísticas para entender sus variedades desde la perspectiva de sus miembros y desde este entendimiento comprender sus dinámicas sociales. La segunda tarea es imprescindible para comprender el deber ético del científico social y el para qué de la lingüística. El tercer aspecto plantea la necesidad de desmontar, desde la ciencia, las estructuras sociales en que la lengua se utiliza como instrumento de poder. La penúltima tarea señala la importancia del trabajo teórico, metodológico e investigativo en equipo para comprender holísticamente las dinámicas de la sociedad. El último aspecto devela el trasfondo ideológico de la transformación de las disciplinas sociales, las condiciones en que ha de llevarse a cabo y el camino a seguir para realizar esta transformación. La argumentación del autor es excelente y completa, y no genera mayores disensiones para quién incursionó recientemente en la ciencia lingüística. En principio parecieron utópicos algunos de los planteamientos del autor, pero él mismo reconoce dicha utopía (p. 191-192), aclarando que la vida o el orden social sin relaciones de dominio, sin ejercicio de la hegemonía a través de diversos instrumentos para la configuración ideológica de una comunidad, parecen imposibles; deja claro, por lo tanto, que se trata de los idearios filosóficos suscitados por la Postmodernidad y sus manifestaciones particulares en las ciencias sociales. Con gran honestidad, el autor reconoce que, en principio, esta transformación requiere cierta actitud militante de quienes se adhieran a ella (p. 191). Este artículo, de referencia ineludible para quienes se inmiscuyan en la lingüística moderna, debe ser de lectura frenada y cuidadosa; la densidad del texto y el estilo irónico de algunas expresiones del autor dificultan la lectura

El desarrollo de estas trasformaciones paradigmáticas en las ciencias sociales propuestas por la Postmodernidad tiene, desde luego, manifestaciones particulares en cada sociedad. Si bien el autor critica con severidad la sociolingüística de su país, en Colombia no es mejor la situación. La riqueza lingüística de nuestro país ha facilitado2 a los investigadores, según lo propone la primera tarea de la sociolingüística crítica, la inmersión en las comunidades lingüísticas para comprender, desde allí, sus dinámicas sociales, así como sus variedades lingüísticas; compendiado este factor en la obtención del punto de vista émico, señalado con insistencia por la etnografía del habla. En ese sentido, se destacan las numerosas y frecuentes investigaciones del Instituto Caro y Cuervo, la Universidad Nacional y la Universidad de los Andes. El desarrollo, sin embargo, de las demás tareas propuestas por Hymes es aún insuficiente, casi inapreciable. Sólo recientemente se plantean formalmente los deberes éticos del científico social y la responsabilidad de las ciencias sociales, generalmente desde modelos metodológicos como la Investigación-Acción participativa, que no ilustran suficientemente los principios epistemológicos de la transformación de estas ciencias. En el desmonte de las estructuras sociales de poder, develadas característicamente en el uso del lenguaje y en los discursos políticos, parecen prometedoras las posibilidades ofrecidas por el Análisis Crítico del Discurso, cuyas esperanzas de desarrollo se depositan inicialmente en el Instituto de Estudios en Comunicación de la Universidad Nacional. El trabajo en equipo parece mucho más distante y se hace dificultosa la integración de grupos interdisciplinares de investigación que aborden con hondura los problemas sociales de la sociedad colombiana, renunciando quizá a intereses particulares de cada disciplina. No obstante, es indispensable reconocer que el desarrollo de estos principios no puede ser apresurado ni obedecer a un snobismo científico que no dimensione sus acciones. Además, la sociolingüística misma es una disciplina relativamente reciente y los mejores aportes de la etnografía crítica del habla y de la comunicación, así como del A.C.D. son totalmente nuevos. Sin embargo, son destacables, en este sentido, los avances obtenidos por países europeos como Francia, Austria e Inglaterra -por mencionar algunos- en el análisis crítico del discurso, y por Inglaterra en la etnografía crítica del habla y de la comunicación, cuyas principales trasformaciones (las de la etnografía) se sintetizan ilustrativamente en el libro Critical Ethography in Educational Research (1996) de Phil Francis Carspecken.


Comentarios

1. Término inexistente en español utilizado aquí para expresar el usado por Hymes, ‘linguacide’ (p.176): exterminio de lenguas.

2. No desconocemos las dificultades que para este fin imponen las condiciones topográficas, así como el orden público de Colombia.

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