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Forma y Función

Print version ISSN 0120-338X

Forma funcion, Santaf, de Bogot, D.C. vol.22 no.2 Bogotá July/Dec. 2009

 

EL DISCURSO DE INVESTIDURA
EN LA REELECCIÓN DE URIBE
Y DE CHÁVEZ
*

THE INVESTITURE SPEECH IN THE REELECTION OF URIBE AND CHÁVEZ

 

Alexandra Álvarez**
Irma Chumaceiro***

**Universidad de Los Andes, Venezuela
alvarezmuro@gmail.com
***Universidad Central de Venezuela, Caracas
imchumaceiro@gmail.com

Artículo de investigación recibido 04-04-09, artículo aceptado 06-05-09


Resumen

Con el discurso de investidura, los presidentes construyen la imagen de la nación y su propia imagen, en un ritual que tiene carácter performativo. El discurso en sí, además de la juramentación, es importante tanto por su fuerza elocutiva como por ser el primer pronunciamiento de un presidente o jefe de Estado. Dicho discurso se caracteriza por estar dirigido a un amplísimo y complejo auditorio que incluye a la comunidad internacional. En el presente trabajo se definen las características del discurso de investidura a partir del análisis de los textos de toma de posesión, para un nuevo mandato consecutivo, de dos presidentes latinoamericanos: Álvaro Uribe Vélez, posesionado el 7 de agosto del 2006, y Hugo Chávez, quien reasumió la presidencia de su país el 10 de enero del 2007. Igualmente se estudia, en cada discurso, la utilización del concepto de nación y los límites semánticos de esta palabra, con miras a determinar las consecuencias pragmáticas que derivan de su empleo. El método empleado fue el del análisis crítico del discurso, es decir el análisis del discurso con una intención crítica, como ha sido definido por Fairclough (1995), Van Dijk (1999), Wodak y Meyer (2003). Asimismo, el análisis de ambos discursos permite establecer sus diferencias estructurales y de estilo, así como la manera disímil en que construyen la identidad del orador y del auditorio.

Palabras clave: discurso de investidura, discurso político, análisis critico del discurso.


Abstract

With the investiture speech, a president shapes the image of a nation as well as their personal image in a ritual bearing a performative feature. An act of oath, the discourse is important because of its eloquent force and because it constitutes the first statement of a president or Head of State. An inaugural address targets a broad and complex audience, even an international community. This article analyzes the features of inauguration speech from the analysis of the text of the take of possession for the consecutive term of two Latin American presidents: Álvaro Uribe Vélez, sworn on the 7th of August of 2006, and Hugo Chávez, who resumed the presidency of his country on the 10th of January of 2007. The article also studies, in each discourse, the use of the concept of a nation and the semantic boundaries of this word to determine the pragmatic outcomes as the result of its use. The method employed in the study was Critical Discourse Analysis, one with a critical intent, as defined by Fairclough (1995), Van Dijk (1999), Wodak & Meyer (2003). Throughout the analysis of both discourses, it was possible to establish the structural stylistic differences as well as the different ways in which they construct the identity of both the speaker and the audience.

Key words: investiture discourse, political discourse, critical discourse analysis.


Introduction

El discurso de investidura es una pieza oratoria con la que un candidato asume el gobierno que ha ganado por elección popular o representativa. Forma parte, en cierto modo, de un rito de pasaje, ya que el ciudadano se convierte, a partir de la ceremonia de juramentación y de este discurso, en el jefe del Estado. En razón de su carácter transformador, se considera el discurso de investidura como una pieza clave para el conocimiento de la relación entre el nuevo presidente y el futuro de su política de Estado.

Esta investigación busca, mediante el análisis de los discursos de investidura de dos de los actuales presidentes suramericanos, poner en evidencia algunos aspectos de las realizaciones discursivas que los caracterizan y que determinarían la orientación de su gobierno, así como sus relaciones con los connacionales y la comunidad internacional. En este caso nos ocupan los discursos de toma de posesión de Álvaro Uribe Vélez (el 7 de agosto del 2006) y de Hugo Chávez (el 10 de enero del 2007), quienes coinciden no solo en el hecho de gobernar países unidos por sus fronteras y con unas largas y fructíferas relaciones bilaterales en diversas áreas del comercio y la cooperación, sino también en que les tocó ejercer, de manera coincidente en el tiempo y como consecuencia de un proceso de reelección, su segundo periodo consecutivo de gobierno.

Para este estudio hemos seleccionado, como muestra de análisis, los discursos de toma de posesión que los dos mandatarios profirieron en dichas fechas. Tal selección se justifica por el hecho de que esos textos constituyen un tipo de acto lingüístico y social con profundas repercusiones en el desarrollo de los países, así como en sus relaciones con el mundo y, especialmente, con los Estados vecinos. A estos actos, cabe agregar, suele brindárseles una cobertura mediática mundial y, por ende, aquellos discursos se transmiten por todos los formatos de la comunicación.

En primer lugar se analiza el concepto de discurso de investidura como un tipo de texto clave dentro del ámbito político, sobre todo desde el punto de vista de la compleja interacción a que da lugar. En segundo lugar, a partir de los discursos de cada uno de los presidentes, se pone en evidencia la manera en que construyen discursivamente su identidad y la de su auditorio; asimismo, se describen brevemente las estrategias interlocutivas y los recursos lingüístico-retóricos empleados por cada uno de los oradores en esta oportunidad. En tercer lugar, se determina, en cada texto, el particular empleo del concepto de nación y la gama de su utilización retórica. Por último, con la finalidad de contribuir al conocimiento del discurso político latinoamericano actual, se presentan algunos aspectos coincidentes y divergentes entre los textos de ambos presidentes.

1. Caracterización del discurso de investidura

El discurso de investidura corresponde al género de la comunicación política que, según Canel (1999), "es el intercambio de signos, señales o símbolos de cualquier clase, entre personas físicas y sociales, con el que se articula la toma de decisiones políticas, así como la aplicación de estas en la comunidad" (pp. 23-24)1.

A nuestro juicio, a dicho género discursivo corresponde el conjunto de los textos (orales o escritos) producidos por aquellos actores sociales que participan activamente en la conducción de una sociedad organizada institucionalmente, o que aspiran a su conducción; por lo tanto, dirigen su acción y su palabra en ese sentido (Chumaceiro, 2003, p. 11).

Los textos de este género se producen en un espacio discursivo en el que actúan interlocutores sociales diversos y, en ocasiones, enfrentados: ciudadanos con arraigado liderazgo, miembros de los partidos políticos, integrantes del gobierno o de la oposición, representantes de las instituciones del Estado y de los medios de comunicación en sus diversos formatos. Estos individuos "políticos" producen mensajes explícitos o implícitos, con carácter persuasivo y admonitorio, en relación con la distribución y el uso del poder en la sociedad (Shudson, 1997; Wolton, 1992).

Al discurso político se le han atribuido dos funciones fundamentales: gobernar (ejercer el control y dirigir) y adversar. Es indispensable añadir a estas la de conciliar, pues si bien autores como Chilton y Schäffner (2000) han descrito y ejemplificado ampliamente como funciones generales de este tipo de textos la coerción, la resistencia, la oposición y la protesta (pp. 305-306), no incluyen la conciliación, cuyo ejercicio pareciera hacerse necesario en las diversas y controversiales relaciones políticas actuales.

Recordemos que la ceremonia de toma de posesión presidencial, por lo general, atrae la atención de los más diversos sectores de la sociedad, de aquellos que han sido seguidores y muy probablemente serán los colaboradores del nuevo presidente, así como también de sus adversarios y futuros opositores. De ahí que esta sea una ocasión idónea para la búsqueda de la armonía, de la concertación y de los planes conjuntos; pasada la contienda electoral, la oportunidad parece llamar a la unidad. En razón de esta circunstancia, el discurso de investidura debería ser conciliador, incluso con los grupos abiertamente contrarios al nuevo mandatario2.

El discurso de investidura es un tipo de acción lingüística con carácter fuertemente vinculante, ya que, por el mismo hecho de emitirse públicamente y en un lugar preestablecido por la tradición, legitima la autoridad que lo profiere, es decir, se trata de enunciados que tienen una fuerza elocutiva particular. Por esta razón se ha pensado que el discurso de investidura constituye, en su totalidad, un enunciado performativo o realizativo, pues es una pieza oratoria que "hace" algo y no solo constata un estado de cosas; dicha acción se completa precisamente en el momento mismo de su enunciación. Este discurso también cumple un papel modelador, ya que por intermedio de él se construyen identidades y representaciones sociales como la del mandatario que lo pronuncia, la del auditorio que lo recibe con grandes expectativas, la de la nación que aspira a gobernar y la de sus aliados y adversarios internacionales.

Asimismo, el discurso de investidura suele ser informativo, compromisorio y programático, puesto que el nuevo presidente, por lo general, enuncia y describe, con base en su orientación ideológica y en virtud de sus promesas electorales, sus planes de gobierno y de acción en las diferentes áreas del quehacer social, económico y político de la comunidad que le corresponde dirigir. Es así que el discurso político es manipulador en el sentido original de este término, es decir: 'opera', 'actúa sobre algo o alguien'.

Pero es claro que el hecho de actuar sobre los demás puede implicar una variedad de acciones, en relación con los interlocutores, desde mover su afectividad en un sentido positivo o negativo y modificar sus representaciones sociales (por ejemplo, sus valores y creencias), hasta llevarlos a actuar en respaldo de una determinada tendencia o grupo político-ideológico o, en este caso particular, de una gestión de gobierno que se inicia y que procurará el mayor apoyo popular.

Como ya se señaló, el auditorio es un elemento fundamental en el discurso de investidura. Perelman y Olbrechts-Tyteca (1989) sostienen que el orador construye su auditorio y ello, a nuestro juicio, se hace especialmente patente en una toma de posesión, en virtud de dos razones: i) porque el orador se dirige a un cierto grupo de personas que él mismo deslinda y define, y ii) porque ante ellas descubre y presenta su propia identidad. En este sentido Goffman (1967) sostiene que la identidad se negocia discursivamente y que es como un guión que tejen los interlocutores a través —qué mejor— de un tipo de texto dirigido tanto a los conciudadanos como a las naciones extranjeras, para saber cómo van a ser las relaciones del nuevo gobierno con dichas entidades. Se coincide entonces con lo expresado por este autor, y en razón de ello se plantea la idea de que la construcción del otro y las relaciones que con él se establecen son un aspecto de particular importancia para comprender la esencia y la trascendencia de una investidura presidencial.

En relación con las características y la complejidad del auditorio de un discurso de investidura, cabe señalar que son variados y numerosos los destinatarios en este tipo de interacción política, a saber: i) directos: los integrantes de la institución ante la cual se dirige el mensaje (Congreso, Asamblea, Consejo Electoral), el presidente saliente, los invitados nacionales e internacionales; ii) indirectos: los connacionales (partidarios y no partidarios) y los grupos internacionales interesados en los aspectos políticos o económicos de la nación, y iii) los representantes de los medios de comunicación nacionales e internacionales, encargados de difundir los contenidos del discurso y las particularidades del acto mismo (véase Bolívar, 2001a, 2001b; Dimitriu, 2002). En este sentido, y de acuerdo con la situación comunicativa, el discurso de investidura se caracteriza en lo estilístico por ser en alto grado formal, tanto en su registro lingüístico como en el protocolo social en el que se inscribe. Dicha formalidad se explica también en función del auditorio al que, de manera directa o indirecta, se dirige y del sitio, sancionado por la historia y la tradición, en el que por lo general se desarrolla este tipo de ritual (en la sede del Parlamento, en el Congreso Nacional, etc.).

2. Metodología

Esta investigación fue realizada siguiendo los planteamientos teóricos y metodológicos del análisis crítico del discurso, es decir, el análisis del discurso con una intención crítica, como ha sido definido por Fairclough (1995), Van Dijk (1999), Wodak y Meyer (2003).

El objetivo del presente trabajo es estudiar el discurso de investidura enfocándolo desde la función interpersonal del lenguaje, es decir, desde el punto de vista de la compleja interacción a que da lugar. Asimismo, se analiza la construcción del sujeto y de su auditorio, y se describen las estrategias interlocutivas en función de lo anterior3.

En cuanto a las categorías de análisis, a partir de la lectura detenida de los textos, aislamos las siguientes: la construcción del sujeto y el auditorio, las funciones discursivas empleadas (gobernar, conciliar y adversar) y las estrategias del discurso.

Con relación a la tipificación del discurso, se ha seguido a Perelman y Olbrechts- Tyteca (1989) en su clasificación de la oratoria en tres tipos de discurso: epidíctico, deliberativo y judicial. El discurso epidíctico persuade cantando las loas del objeto o del auditorio, buscando "ensalzar valores sobre los cuales los individuos están de acuerdo" (p. 103), el discurso deliberativo convence apelando a la razón y el judicial lo intenta a partir de la polemización.

Para Aristóteles, el orador se propone alcanzar, según el tipo de discurso, objetivos diferentes: en lo deliberativo, aconsejar lo útil, es decir, lo mejor; en lo judicial, defender lo justo, y en lo epidíctico, que versa sobre el elogio y la censura, ocuparse solo de lo que es bello o feo. Se trata pues, de reconocer unos valores (p. 96).

Cabe señalar que fijamos igualmente nuestra atención en el concepto de nación y en cómo lo utiliza cada orador. Desde nuestro punto de vista, en el manejo por parte del presidente electo de tan importante noción, se pondrá de manifiesto su disposición a incluir y a dialogar con la sociedad en su conjunto o, por el contrario, a dirigir sus esfuerzos a solo una parcialidad de ella, a quienes han sido sus seguidores y lo han apoyado. Es decir, si la nación se presenta en su discurso como un constructo imaginario incluyente o como una elaboración restrictiva del tejido social del país.

3. Análisis

El orden que sigue el análisis es el de las tomas de posesión de los mandatarios para un segundo periodo de gobierno, realizadas en las fechas siguientes: Álvaro Uribe, el 7 de agosto del 2006, y Hugo Chávez, el 10 de enero del 2007.

3.1. El discurso de Álvaro Uribe

El discurso de Uribe fue un texto preparado y leído para la ocasión, por lo tanto su registro es básicamente formal. Está conformado por 4.027 palabras. En general, su estilo puede calificarse de sumamente adjetivado, con tendencia en algunos casos a la hipérbole y la metaforización convencional, a tal punto que podríamos caracterizarlo como un tanto acartonado y exento de improvisaciones. Es también esquemático en cuanto a la presentación puntual de sus ideas y propuestas, al extremo de dar la impresión, en algunos párrafos, de un recuento en forma de inventario. En cuanto a su desarrollo temático, Uribe expone de manera hilvanada y coherente sus argumentos y planteamientos, de tal modo que hace muy pocas rupturas temáticas y digresiones.

El texto de Uribe tiene un estilo básicamente deliberativo; abunda en definiciones de los fundamentos de su visión política, de su concepción de la democracia y, sobre todo, de planteamientos puntuales sobre la situación actual de Colombia en contraste con los logros que aspira alcanzar en su gestión, tanto en el plano del desarrollo interno como en el de las relaciones y la cooperación con el exterior. El suyo es un discurso racional que busca convencer a través del peso de los argumentos; más que persuasivo, pretende ser convincente4. En su alocución prevalecen las funciones de gobernar y de conciliar. La primera se concreta en la enunciación de su punto de vista sobre el deber-ser de la nación:

(1) Una nación próspera, equitativa y sin exclusiones y sin odios de clases, requiere confianza, crecimiento, superación de la pobreza y mejor distribución de riqueza.5

(2) El crecimiento y la solidaridad son medios, la superación de la pobreza y la equidad se constituyen en fines.

Asimismo, su texto tiene importantes elementos del discurso epidíctico, dirigidos a la movilización de los sentimientos patrios y a favorecer la unidad entre los connacionales. Ejemplo de ello es el agradecimiento por el apoyo recibido para su reelección y la larga mención que hace de las bellezas de la geografía colombiana y de los héroes de la patria.

(3) Estas palabras cargadas de optimismo expresan encendido entusiasmo en Colombia. Pero, no podría ser diferente: llena de emoción saber que la generosidad de los compatriotas confiere una segunda oportunidad para este viaje de ilusiones posibles, sin pausa, por la geografía de la tierra y el alma de los ciudadanos.

3.1.1. La construcción del sujeto y de su entorno

Como mandatario reelecto, Uribe agradece el apoyo de los colombianos que le permitieron acceder por segunda vez consecutiva a la presidencia de la República: "Llena de emoción saber que la generosidad de los compatriotas confiere una segunda oportunidad para este viaje de ilusiones". Asimismo, se muestra como una persona tolerante, respetuosa y capaz de rectificar y comprender la diferencia: "Debemos estar preparados para reconocer errores y emprender rectificaciones". En este sentido, hace un cortés y reiterado llamado a la concertación nacional, y cumple, de esta manera, con la función que anteriormente se estableció: conciliar. Precisamente, desde esta perspectiva compromete a su gobierno a propiciar el respecto y la búsqueda de acuerdos para obtener los fines sociales deseados: "El respeto gubernamental a la oposición y a la crítica contribuirá a bosquejar acuerdos fundamentales".

Como proyección de su imagen positiva, invoca a su familia, a su mujer ("Lina María, mi familia") y a Dios. De esta manera, se presenta como un hombre respetuoso de la tradición y de los valores establecidos. Sin embargo, al mismo tiempo ofrece la imagen de hombre fuerte, capaz de enfrentar situaciones difíciles y superarlas acertadamente. Otro aspecto de su personalidad, que muestra de manera estratégica, es su sentido y conocimiento de la realidad colombiana, tal como es, sin mitigaciones ni encubrimientos. Este recurso le permite movilizar el auditorio a valorar positivamente la gestión que se inicia y a favorecer la confianza en su liderazgo y decisiones.

(4) Hemos vinculado todas nuestras energías, con severidad, al rescate de la seguridad. No dudaremos en entregarlas, todas nuestras energías, con generosidad, a la paz. Hemos insistido sin temor en nuestras acciones en procura de la seguridad. No nos frena el miedo para negociar la paz. Confieso que me preocupa algo diferente: el riesgo de no llegar a la paz y retroceder en seguridad.

La imagen positiva y generadora de confianza se extiende en el discurso a sus colaboradores, quienes se presentan como directa y absolutamente identificados con los proyectos de Uribe. Llama la atención la mención que hace de su equipo mediante el uso repetido de la construcción: "mis compañeros de Gobierno y yo". Se trata de un plural inclusivo que de manera implícita postula una acción mancomunada.

(5) Mis compañeros de Gobierno y yo procuraremos una administración austera, realizadora, transparente. [...] Mis compañeros de Gobierno y yo, para acertar, necesitamos la colaboración del pueblo y las instituciones. El Congreso, las altas cortes, la justicia, los órganos de control, en fin, las ramas diversas, contarán con nuestra actitud de colaborar, dentro del respeto a su independencia, para obtener los fines sociales del Estado.

Unida a la imagen personal y del entorno inmediato, aparece por extensión la relación con el pasado, su posicionamiento y evaluación de la historia del país. La voz del pasado heroico de Colombia tiene cabida en el discurso de Uribe, aunque no ocupa un lugar preponderante sino, más bien, referencial. Como sabemos, este tipo de menciones sirve, en lo retórico, como argumento de autoridad, aunque en este caso no se extrema el empleo de tal recurso; sin embargo, no deja de mencionar, como tradicionalmente está instituido en este tipo de alocución, a Bolívar, sus obras y su ideario.

(6) Registramos avances y obstáculos en los procesos de integración. Sigue pendiente el sueño de Bolívar, de integración sin exclusiones, que consiguió la independencia sin renunciar a la influencia europea; fue precursor en la incorporación indígena de Bolivia, convocó el Congreso Anfictiónico, abogó por la unidad de Bolivia, Perú y Colombia, que comprendía Venezuela, Ecuador y la Nueva Granada. Consideraba necesaria la alianza desde México hasta Chile, Brasil y Argentina, contra las estrategias antirrepublicanas del Viejo Mundo. Señalaba al Istmo como la capital natural. Admiraba el sistema federal de los Estados Unidos y los valores éticos de sus pobladores.

Otras voces del pasado histórico que se hacen presentes son la del precursor Nariño, la del general Santander, la del venezolano Sucre y la de Pedro Pascasio Martínez Rojas, "el soldado niño que definió qué es la lealtad a la Patria". Como símbolo de las glorias presentes, menciona a García Márquez, el escritor, a quien recuerda como "el Nobel de Literatura". Todos estos personajes constituyen lo que Fishman (1988) ha llamado el "pasado glorioso", y contribuyen a la legitimación de la figura del mandatario y de su futuro gobierno.

Antes de finalizar su texto, Uribe hace la tradicional referencia a los forjadores de la nación. Por ejemplo, cita el previsible tópico del sueño bolivariano como meta aún por cumplir, y presenta, en función de los intereses de su país, una serie de temas relacionados con la integración latinoamericana, de la que se declara abiertamente partidario.

(7) Sigue pendiente el sueno de Bolívar, de integración sin exclusiones, que consiguió la independencia sin renunciar a la influencia europea; fue precursor en la incorporación indígena de Bolivia, convocó el Congreso Anfictiónico, abogó por la unidad de Bolivia, Perú y Colombia, que comprendía Venezuela, Ecuador y la Nueva Granada. Consideraba necesaria la alianza desde México hasta Chile, Brasil y Argentina, contra las estrategias antirrepublicanas del Viejo Mundo. Señalaba al Istmo como la capital natural. Admiraba el sistema federal de los Estados Unidos y los valores éticos de sus pobladores.6

Cabe hacer notar la relación que establece Uribe entre el Libertador y la admiración de este del sistema federal norteamericano y sus pobladores.

Ocupa también un lugar destacado en la construcción de la "imagen propia" y la de su entorno, la referencia a los fundamentos jurídicos de la nación, en este sentido a la calificación del Congreso ante el cual se juramenta como "centro de la nación" y la elogiosa presentación de los asistentes: "En este día de la Patria se congrega la Nación entera, con el Congreso como epicentro y la honrosa compañía de tan selecta representación de la comunidad internacional".

En el marco de esta apelación a los argumentos de autoridad, en las últimas líneas de su discurso demanda el auxilio divino como guía en el periodo de gobierno que inicia: "Imploremos la ayuda de quienes nos guían desde la eternidad. Y a Dios Nuestro Señor, una luz inspiradora de tenacidad en el buen obrar". Corresponde, igualmente, a la estrategia de presentación positiva, la función que le atribuye a la ceremonia de juramentación. Uribe realiza una acción metalingüística, pues él mismo define lo que ha de caracterizar la toma de posesión, lo que este tipo de actos debe procurar: "El acontecimiento nos convoca para honrar la democracia y rendir tributo a la ley como su principio regulador".

Como indicativo de su raigambre democrática y en pro de la confianza y los apoyos que espera generar, hace mención reiterada del Estado como la base jurídica de la nación, e, igualmente, de la búsqueda de la verdadera democracia como principal objetivo de su gobierno. En tal sentido, el desarrollo temático de su discurso es, precisamente, el concepto de democracia en relación directa y dependiente con los de seguridad, paz y transparencia de las instituciones. Sin el logro de estas últimas, la primera no puede alcanzarse: "Nuestra visión de democracia gira en torno a cinco elementos: seguridad democrática, libertades públicas, cohesión social, transparencia e instituciones independientes". Así, de manera sucinta, el presidente electo define la orientación medular de lo que ha de ser su acción de gobierno.

La imagen que quiere forjarse de Colombia en este discurso es la de una nación unida que abarca la más extrema diversidad, o sea un país plural en su geografía humana: ricos y pobres, sin odios de clases, ni exclusiones por diferencias ideológicas. Esa es la cara de Colombia que Uribe quiere promover y aspira gobernar: una nación próspera, unida en su diversidad, capaz de enfrentar los retos del desarrollo y la paz aún por alcanzar.

(8) En este día de la Patria se congrega la Nación entera. Esto acredita el objetivo universal de nuestro proyecto, el cual es defender a los colombianos sin importar las ideas que profesan o la escasez o abundancia de sus bienes materiales, proteger al universo ciudadano sin excepción alguna. Una Nación próspera, equitativa, sin exclusiones y sin odio de clases, requiere confianza, crecimiento, superación de pobreza y mejor distribución de riqueza. Vamos a construir una Nación en armonía, con rectitud, próspera y justa. Lo haremos apasionadamente, con vigor, para que las nuevas generaciones vivan felices en este noble suelo.

Uribe se extrema en una presentación optimista del futuro y, por ende, de la gestión que inicia. Este recurso no solo le permite reforzar su imagen de líder, sino además procurar la confianza del auditorio. Al mismo tiempo, apela a la afectividad, al enaltecer a sus compatriotas y al agradecerles a todos, sin distingos, el haberle concedido una "segunda oportunidad". Llama la atención que este es el único pasaje del texto en que se hace mención explícita de su reelección, aun cuando la presenta metafórica y simbólicamente como un "viaje de ilusiones" (véase cita 3).

3.1.2. El auditorio

En el texto de Uribe, el otro, como imagen, es atenuado, lo cual le resta protagonismo. Los aspectos negativos de la situación de Colombia y de su gestión anterior como presidente poco se mencionan, y mucho menos se evalúan. Así pobreza, violencia e inequidad son nombres abstractos, realidades que se tocan tangencialmente y de las cuales no se puede responsabilizar a nadie en particular. En ese caso pareciera que se favorecen las estrategias de mitigación y encubrimiento, frecuentes en el discurso político; en este sentido, se busca modificar el imaginario de nación, al omitir la división existente en el país, las dos Colombias creadas por la guerra.

Colombia se presenta humanizada: alegre, espontánea y digna, capaz de sentir y hasta de actuar. Los aspectos positivos de la nación se muestran más fuertes y arraigados que las realidades negativas que padece, a tal extremo que se podría implicar que estos últimos se impondrán finalmente sobre los primeros y se logrará salir adelante.

(9) Llegan ustedes a una Nación con pobreza, violencia, inequidad; a una Nación cuyas tribulaciones no le han matado la alegría, ni escondido la espontaneidad, ni acomplejado la dignidad; a una Nación con riqueza en el alma, inteligencia creativa, capital social, valores comunitarios, disposición de salir adelante.

Otros aspectos que se presentan en cierta forma como ajenos o atenuados son: "las dificultades que subsisten, la coacción terrorista a periodistas, el terrorismo, el secuestro. Una sociedad asediada por el secuestro pierde sus libertades; el asesinato de alcaldes, periodistas, sindicalistas; Nunca permitiremos la paz engañosa que cualquiera quiera asegurar basado en la capacidad criminal [...]". El adversario, el terrorismo, según la argumentación de Uribe, quedará en el pasado, pues las dificultades van a superarse:

(10) El camino que emprendemos de nuevo nos conduce con plenas energías a lugar [sic] por el ideal que permita a nuestra Patria, en un día no lejano, decir con orgullo ante el mundo que quedó atrás[sic] en el pasaje negro del terrorismo que se ha recuperado la libertad con la abolición del secuestro.

Su adversario principal es la violencia y quienes la propugnan; además, la institución armada ilegítima, que en este caso no se nombra sino de manera referencial. La lucha es contra los grupos armados radicales que no responden a la legalidad. Sin embargo, los autores de la violencia no aparecen nombrados como individuos y se desdibujan en la impersonalización: "En medio de la violencia, el diálogo se desgasta y la búsqueda de la paz desmotiva la tarea de la institución armada ilegítima".

(11) Un Estado de profunda tradición democrática como el nuestro ha sufrido la interferencia violenta en la emulación política, cuyo desarrollo tiene que confinarse a la fuerza de los argumentos. [Igualmente, finaliza el discurso con la inclusión, un tanto general, no personalizada, de los otros como estrategia para conciliar (los autores de este artículo)] Invito a trabajar con sentido de urgencia para conseguir resultados positivos, con cambio de velocidades, con la disposición de no perder un minuto del tiempo que el pueblo necesita. Procuraré hacerlo con mejor buena letra y mejor pulso.

3.1.3. Las estrategias del discurso

a) La atenuación prevalece en la definición de las dificultades y de los adversarios; como se dijo anteriormente, Uribe emplea la nominalización. Los adversarios de su gobierno son la pobreza, la violencia y la inequidad.

b) El señalamiento de estos males que ha padecido la nación va acompañado de un elogio, cuando se refiere al país como colectivo y a las calamidades que este ha sufrido: "no le han matado la alegría, ni escondido la espontaneidad, ni acomplejado la dignidad".

(12) Llegan ustedes a una Nación con pobreza, violencia, inequidad; a una Nación cuyas tribulaciones no le han matado la alegría, ni escondido la espontaneidad, ni acomplejado la dignidad; a una Nación con riqueza en el alma, inteligencia creativa, capital social, valores comunitarios, disposición de salir adelante.

Además, en un ejercicio de elocuencia, halaga detenidamente los departamentos y las ciudades de la geografía colombiana mediante una encadenación de metáforas que textualmente no tiene cohesión con el resto del discurso, pero que puede entenderse como una estrategia política de acercamiento y búsqueda de cohesión en un país asediado por la violencia interna. De esta manera, Uribe exalta la belleza de algunos lugares y la valentía y abnegación de la gente: "Cartagena con fiereza de valor civil, murallas para narrar la historia, vacías de cobardía..."; además, la entereza del campesinado: "agudeza de campesinado ilustrado y vertical, ejercicio de labor abnegada que rebosa de inteligencia"; también, sus ansias de paz: "Caquetá, con el prodigio de su ondulación, la serenidad de su geografía que quiere deshacerse de la convulsión de los fusiles".

c) Uribe hace un intenso uso de la metáfora como estrategia discursiva, sobre todo en la descripción de los departamentos colombianos. En el resto del texto emplea algunas metáforas comunes de la medicina: "un cuadro clínico de la democracia y las libertades". Y de la escritura: "Procuraré hacerlo [el ejercicio del gobierno] con mejor buena letra y mejor pulso". Asimismo, la metáfora del edificio aparece como una constante en el estilo del mandatario:

(13) La educación, la investigación, la aplicación de conocimientos, la infraestructura y el crédito popular serán los pilares de competitividad que aumente el ingreso y mejore la distribución. [...] La participación popular derrumba los muros que frenan las reivindicaciones. [...] Para cimentar confianza en la administración profundizaremos la participación comunitaria.

d) El presidente apela al recurso del cambio de registro como forma para movilizar sensiblemente al auditorio. Así introduce, de manera no previsible en su texto, un largo segmento con pasajes poéticos y emotivos, en descripciones que recuerdan a las de Andrés Bello en su "Silva a la agricultura de la zona tórrida". Uribe se regodea en los detalles, en los calificativos que buscan ciertamente atraer la atención del auditorio colombiano, buscando emocionar a todos por igual. Este recurso, a nuestro modo de ver, cumple una función fuertemente conciliadora, pues cohesiona, con base en lo positivo, lo que se comparte, en este caso la hermosa geografía de Colombia. Este uso recuerda el empleo que hizo Martin Luther King de la descripción en su discurso del sueño (Álvarez, 1988). Se destacan, por ejemplo, las siguientes:

(14) Allí cerca, Vaupés, con sus arrendajos, pequeñas aves que cuidan las avispas [...] Meta, con el centauro y el jilguero que pernoctan bajo la palma de moriche y hablan en tonadas de joropo. [...] Vichada, una llanura, un mar de agua dulce habitado por delfines rosados y toninas, que se guarda como tesoro para las nuevas generaciones. [...] Risaralda, con su poeta de nueva democracia, la ruana, harapo incluyente de destechados de nobleza, desalojo de imperios de penachos. [...] Cartagena con fiereza de valor civil, murallas para narrar la historia, vacías de cobardía que jamás encontraron para proteger. [...] Cesar, el buen manejo del bello idioma, la imaginación y el torrente natural de arte de acordeón, han hecho de cada historia elemental una leyenda vallenata. [...] Santa Catalina, el archipiélago de tez azul, un duelo por amor entre los del interior que quieren abrazar el mar de limpia mirada y los raizales que solo desean cuidarlo con celo extremo.

e) Es el estilo deliberativo el que domina en este discurso de investidura. La utilización reiterada de la definición y la explicación como formas de argumentación le permite a Uribe presentar su visión de la realidad colombiana de manera precisa pero sin referirse directamente a hechos reales, es decir, se queda en el terreno de lo conceptual para no provocar "incomodidad" en el auditorio. Esta utilización profusa del recurso de la conceptualización se manifiesta de manera sobresaliente en las numerosas definiciones que da de democracia, la cual se constituye en el tópico principal y más ampliamente desarrollado de su alocución. Estratégicamente, estas definiciones repetidas y consecutivas, casi a modo de letanía, le permiten presentar ampliamente su posición ideológica y las bases de su gobierno:

(15) La democracia es el derecho del pueblo que demanda el equilibrio en los órganos de poder, entre ellos y en sus relaciones con el ciudadano; equilibrio en el Congreso, en la relación entre bancadas y con el pueblo; equilibrio en la justicia, en el ejercicio de su autonomía, entre equidad y severidad; equilibrio entre protagonistas de ideas encontradas para hallar la síntesis como alternativa al antagonismo insuperable; equilibrio en cada individuo para reciprocar las libertades con el cumplimiento del deber, sin necesidad de coacción oficial; equilibrio entre seguridad y paz, en un marco de firmeza, persistencia, serenidad y generosidad; el difícil equilibrio en el Gobierno para proponer con argumentos y entusiasmo, aun para aceptar su propia sinrazón. En fin, equilibrio en la relación cotidiana con el pueblo para responder con afecto, sin vana promesa, con diligencia para buscar la solución anhelada.

(16) La democracia impone el equilibrio entre el raciocinio y el corazón para garantizar la unidad de la Nación en su creadora diversidad.

(17) La democracia es el hilo que alimenta la hermandad entre nuestros pueblos con capacidad para sonreír amablemente en el reconocimiento de la divergencia. [...] La democracia moderna que nos une debe dejar atrás las artificiales divisiones a las que suele acudirse con el propósito de enfrentarnos.

f) Otro recurso es la afirmación por negación o el explicitar lo que no debe ser en oposición al deber-ser.

(18) En la democracia moderna el papel del Estado no está en la disyuntiva de cumplir apenas una función gendarme de seguridad, o en el extremo opuesto de devorarlo todo, de ser obstructor de la iniciativa privada.

(19) No compartimos la idea de impulsar el crecimiento y abandonar la superación de la pobreza a la suerte del mercado. Discrepamos de hacer equidad con distribución de pobreza. Creemos en el crecimiento con justicia social.

3.2. El discurso de Hugo Chávez

El discurso de Chávez se caracteriza por su extensión (23.064 palabras) y por el empleo de un estilo que no se ajusta a la formalidad de la situación. Se trata de un discurso que fluye, en apariencia, de manera espontánea, siguiendo el hilo temático que emana de su propio desarrollo. Por tal motivo, está cargado de digresiones, de cambios temáticos, de incisos de diferente índole: saludos, referencias personales, rememoraciones históricas y afectivas, etc.

El texto de Chávez cabe dentro de la tipología de discurso judicial, presentada por Perelman y Olbrechts-Tyteca (1989) como aquel que tiende a aconsejar lo útil, lo mejor (p. 96), desde el punto de vista, claro está, del emisor.

En relación con las funciones que planteamos como caracterizadoras de los discursos de investidura, en la alocución de Chávez prevalecen las de gobernar y adversar. La primera se manifiesta, entre otros aspectos, en el planteamiento detallado de las acciones que tomará su gobierno, por ejemplo: en la propuesta de los cinco motores que pondrá en marcha para la consolidación de su proyecto; en el llamado a la formación de un partido único y en el anuncio, un tanto anticipado, de su nueva reelección en el 2012, que en ese momento ya califica como indefinida:

(I) Sí, ustedes saben que yo he propuesto y estamos redactando la propuesta para la reelección indefinida del presidente de la República.

La función de adversar se hace patente a lo largo de todo el texto, ya que el presidente re-electo, amparado quizá en su repetido triunfo electoral y en el amplio apoyo popular que tuvo su primer gobierno, polemiza abiertamente con diversos sectores de la sociedad venezolana e, incluso, con personajes del quehacer internacional.

3.2.1. La construcción del sujeto

Huelga decir que el discurso de Chávez encuentra apoyo en el pasado glorioso de la nación: solo a Simón Bolívar lo menciona sesenta y ocho veces7. El orador parte de "las raíces más profundas de la venezolanidad, de la indianidad venezolana, de la espiritualidad venezolana", unidas en una polifonía de voces que hablan a través de su texto.

Como en su primera toma de posesión y en varios otros textos del mandatario, en los primeros segmentos de su discurso cita los versos de Neruda: "Todo lleva tu nombre, Padre, en nuestra morada. Padre nuestro que estás en la tierra, en el aire y en el agua, padre nuestro, Bolívar". El Libertador no solo se convierte en un objeto de su discurso (se presentan extensas citas comentadas de sus escritos a forma de análisis, encabezadas con las expresiones "decía Bolívar", "con Bolívar", "dijo Bolívar", "dice aquí", "entonces dice", etc.), sino que la de Bolívar es —en el sentido baktiniano— una voz paralela, entrecruzada y sobrepuesta a la voz del presidente.

A partir de una metáfora de Bolívar ("Yo espero mucho del tiempo, su inmenso vientre contiene más esperanzas que sucesos pasados y los acontecimientos futuros han de ser superiores a los pretéritos"), Chávez tiende un puente entre el pasado heroico y el presente, un puente que se entrelaza constantemente, de forma que se hace difícil separar lo que corresponde a cada época. Así, cuando Bolívar dice: "Volando por entre las próximas edades, mi imaginación se fija en los siglos futuros...", Chávez replica: "A nosotros, creo, no nos está permitido volar por entre las próximas edades porque nuestra próxima edad es esta, esta es la próxima edad [...]". Con ello se establece la continuidad entre el tiempo heroico histórico y el tiempo —también heroico— del presente.

Una segunda voz en el discurso viene de las esferas celestiales: Cristo es mencionado reiteradas veces, con diferentes calificativos: "redentor, atormentado, traicionado, vilipendiado, crucificado y resucitado. A Cristo como símbolo revolucionario dedico siempre mis palabras y mi inspiración que es la inspiración de la patria profunda, del pueblo profundo". Con esta apelación a la más alta autoridad, Chávez busca legitimación en la fe cristiana y en sus autoridades: la Biblia es traída a colación en la parábola de Ananías, que le sirve para amenazar a los adversarios. Asimismo, entre sus palabras deja oír la voz del santo Papa como apoyo a sus planteamientos ideológicos:

(2) El cristianismo es eminentemente socialista. Así que nadie debe, ningún cristiano, ningún católico debe alarmarse. Yo recuerdo a Su Santidad Juan Pablo II, que muy de cuando en cuando le lanzaba unos latigazos al capitalismo, al neoliberalismo, al salvajismo de ese sistema que está amenazando al mundo, ¡está amenazando al mundo!, han armado un alboroto por mi anuncio de nacionalizar la electricidad, la energía y otros sectores estratégicos como la telefonía [...]

Chávez hace mención directa y repetida a su condición de presidente reelecto de la República Bolivariana de Venezuela, pero también se presenta como líder de la revolución socialista que aspira consolidar y que implica un drástico viraje en la definición política del país. Precisamente, como recurso para legitimar su revolución desde un pasado mítico, presenta a Bolívar y a Cristo como socialistas. Hace esto incluso en el juramento con el que toma posesión de la presidencia de la República, alterando drásticamente el texto tradicional8.

(3) Juro por Cristo, el más grande socialista de la historia, juro por todo ello, juro por todos los dolores, juro por todos los amores, juro por todas las esperanzas que haré cumplir, que cumpliré con los mandatos supremos de esta maravillosa Constitución, con los mandatos supremos del pueblo venezolano, aun a costa de mi propia vida, aun a costa de mi propia tranquilidad. ¡Patria y socialismo o muerte! ¡Lo juro!

Chávez concluye su discurso estableciendo un vínculo entre el Libertador y su proceso revolucionario, cuando cita al "cantor infinito", Alí Primera: "Nosotros como Bolívar triunfaremos por el camino de la Revolución". "¡Hasta la victoria siempre! ¡Patria y socialismo o muerte! ¡Venceremos!".

En cuanto a Bolívar, al referirse a la famosa cita donde el Libertador, con una visión precursora del socialismo, afirma que "el sistema de Gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política", Chávez acota: "y ese sistema no tiene otro nombre que el sistema socialista". En otro lugar afirma, también sobre Bolívar: "Reflexiones de un socialista, un capitalista jamás haría reflexiones como estas y he allí una de las causas de la soledad al final de su vida, he allí una de las causas de los puñales septembrinos pocos meses después en Bogotá".

Además de la polifonía de voces procedentes del pasado heroico, Chávez mismo construye otras identidades: la del hijo y la del soldado. Se presenta en su imagen familiar y cotidiana cuando le pide a la madre, allí presente, que lo bendiga: "Le estoy viendo la cara a mi mamá y ella estará pensando: '¿Qué irá a decir ese muchacho?'. [...] Échame la bendición. Seguro que está pensando: '¡Ay! ¿Qué irá a decir ese muchacho?'. En el nombre de Dios". Chávez se dirige coloquialmente a su madre, y la pone como sujeto de la enunciación en su propio discurso. Lo mismo hace en la reflexión sobre otros juramentos de su juventud: "¡Cuántas veces no juré yo por mi madre!":

(4) Hace casi 8 años ya, como todos lo saben, en este mismo lugar, en día inolvidable y memorable, aquel 2 de febrero de 1999 prestaba este soldado juramento. Ya yo había hecho varios juramentos a lo largo de la vida, uno viene de juramento en juramento, ¡cuántas veces no juré yo por mi madre!: "¡Juro por Dios y mi madre!", decía uno cuando era chiquito. "Préstame una metra, Adelys, yo te la devuelvo". "¿Lo juras?". "¡Lo juro por Dios y mi madre!". Una palabra santa, pues, eso era como el sello del valor de la palabra, del honor; así que uno viene jurando.

Asimismo, en el ejemplo anterior está presente la voz del soldado: "Hace casi 8 años ya, como todos lo saben, en este mismo lugar, en día inolvidable y memorable, aquel 2 de febrero de 1999 prestaba este soldado juramento [...] no solo es un deber como soldado, no, siento que es la conciencia la que me ordena, no solo es el deber del cargo que ostento".

El concepto de nación en este discurso de Chávez es, desde el punto de vista de lo que designa, claramente restrictivo, ya que incluye solo el universo de aquellos que apoyan su liderazgo y su proyecto político: el pueblo, y no, como correspondería, a la totalidad de sus connacionales. En el texto que sigue se establece una relación directa entre la nación y el pueblo, al que se califica de decente; en cambio, se dejan fuera de esta a aquellos ciudadanos que no apoyan el cese de la concesión a Radio Caracas Televisión, anunciada por el presidente.

(5) Con el fin de la concesión al Canal 2 algunos dicen por ahí que Venezuela pierde. No, compadre, ¡la oligarquía pierde!, eso sí, la crema oligárquica pierde, los que desde hace muchos años están envenenando el alma de los niños, de las niñas: el sexo irresponsable, los antivalores, el odio, el consumismo, esa oligarquía arrodillada al imperialismo va a perder un canal de televisión, eso sí es lo que va a pasar, y va a ganar el pueblo, va a ganar la Nación, va a ganar la decencia.

Para Chávez, la nación, su origen y su conformación actual, se relaciona principalmente con la historia bolivariana y con el periodo de transformaciones que han tenido lugar desde su llegada a la presidencia de la República. Se trata, por tanto, de una noción fuertemente idealizada e ideologizada. De las palabras de Chávez se infiere una redefinición de lo nacional con base en el pasado glorioso de la gesta de la Independencia y de sus héroes, así como en el proceso político que él lideriza y en el papel que hoy como ayer, a su juicio, debe ejercer Venezuela en el contexto latinoamericano. En este sentido, podrían estarse propiciando cambios en el imaginario de los venezolanos.

3.2.2. El auditorio

El auditorio que presenta Chávez está divido discursivamente en dos tipos de destinatarios: sus correligionarios y sus adversarios políticos. Este último grupo es muy amplio e incluye desde los venezolanos que lo adversan, o lo hacen tímidamente, hasta instituciones como la Iglesia, figuras públicas como la del Secretario General de la OEA (José Miguel Insulza) y gobiernos como el de Estados Unidos. Dice Chávez: "y él se rebaja [el doctor Insulza] cuando sale a defender lo indefendible ¡y ofende a Venezuela! Y ustedes saben como yo amo a este país".

El discurso de Chávez está dirigido explícitamente a las autoridades del gobierno y a las personas que allí se encuentran y que se designan con su nombre y su cargo, entre ellos, de manera especial, sus correligionarios. El saludo ("excelentísimos señores embajadores y embajadoras extraordinarios y plenipotenciarios, honorable cuerpo diplomático acreditado ante el Gobierno Nacional") está intercalado con el saludo que hace a los personajes del gobierno venezolano allí presentes. Sin embargo, la primera persona nombrada es su madre: "Le estoy viendo la cara a mi mamá y ella estará pensando: '¿Qué irá a decir ese muchacho?'", con una alusión a lo religioso-íntimo: "Échame la bendición". Luego, se dirige a la ciudadana Cilia Flores, presidenta de la Asamblea Nacional, y de allí en adelante a todos los miembros de su gobierno. Chávez, como es usual en esos actos, incluye al Cardenal y a los miembros del cuerpo diplomático. Sin embargo, hay un grupo de personas a quienes nombra, a lo largo de su intervención, por su nombre de pila o solamente por el apellido, como se hace en confianza, entre amigos: Cilia, Darío, Raúl. A este le pregunta: "¿Qué tal, Raúl? Señor Ministro de la Defensa". "¿Qué libros les llevó Carreño...?". A "Chiche" Manaure, un cantante, le dice, a propósito de un pasaje de la Biblia: "Ya te voy a contar, 'Chiche'. A lo mejor tú le haces una canción a esto". Y los compañeros, amigos, compatriotas, una forma repetida varias veces. Estas personas forman un grupo de amigos o colaboradores cercanos a quienes el presidente distingue y que los hemos agrupado como sus "correligionarios", ya que respaldan sus ideas y apoyan su gobierno. Por tal razón los hemos incluido en la esfera de la interlocución.

Luego está "el otro", representado polémicamente como adversario en el discurso de Chávez. El grupo de sus opositores es construido a través de menciones en ningún caso corteses y en ocasiones hasta ofensivas. Este amplio conjunto está constituido por los enemigos de la revolución, que son básicamente la oligarquía nacional, los representantes de la cuarta república, el capitalismo mundial y los agentes del imperialismo norteamericano.

Así como hay una continuidad en el tiempo histórico y mítico, de modo que Bolívar y Cristo hablan por boca de Chávez, otros actores conservan su identidad desde el pasado. La oligarquía es la culpable del destierro de Bolívar, así como de la muerte de Sucre y de Zamora. En tal sentido, al hablar sobre el proyecto de Bolívar, Chávez dice:

(6) Proyecto que como sabemos quedó enterrado en Santa Marta, quedó enterrado en Berruecos, quedó enterrado en San Carlos de Cojedes un día como hoy en 1860, cuando la oligarquía venezolana, amparándose en la traición, logró asesinar a uno de los más grandes bolivarianos, a uno de los más grandes venezolanos, a uno de los más grandes líderes que este pueblo ha parido, mi general Ezequiel Zamora. ¡Que viva Zamora!

Es la misma casta que hoy amenaza a la revolución bolivariana. Bolívar les habla ahora a los enemigos de Chávez, ayudado por la amenaza bíblica:

(7) Bolívar hablándoles todavía desde los tiempos, esa casta es la misma que por ahí anda y ahí seguirá lanzando dardos venenosos, manipulando verdades, defendiendo lo indefendible; pero llegó la hora, está escrito en el Eclesiastés: "Todo lo que ha de ocurrir debajo del sol tiene su hora". Aquí llegó la hora del fin de los privilegios, del fin de las desigualdades. Llegó la hora. Nada ni nadie —óigase bien—, nada ni nadie nos hará detener el carro de la Revolución, cuéstenos lo que nos cueste, nada ni nadie hará detener el carro de la Revolución socialista en Venezuela, cueste lo que cueste.

Otros enemigos son los partidarios de la cuarta república, reunidos en el llamado Pacto de Punto Fijo: "Detrás del ropaje del Pacto de Punto Fijo había una dictadura y todavía tenemos hoy presentes en Venezuela vestigios de esa dictadura que pretende revertir la democracia revolucionaria". Chávez plantea explícitamente, y de manera cruda, que hay que erradicar a este enemigo: "Está viva la cuarta República a esos niveles, vamos a demolerla, compatriotas, vamos a demolerla". Chávez nombra también enemigos ocultos:

(8) [...] porque ahora andan algunos diciendo que la democracia debe respetar a las minorías. Sí, pero es que ellos detrás de eso están escondiendo el irrespeto a la voluntad de las mayorías.

(9) Por ejemplo, el Estado tiene facultades. ¡Ah!, entonces pretenden, como lo hicieron durante mucho tiempo, bajo chantaje, bajo presión, utilizando respetables instituciones incluso como mampara, tomando algunas personas en su buena fe —me imagino—, pretenden desconocer potestades del Estado soberano.

Los miembros de la Iglesia son también enemigos de la revolución:

(10) Por eso yo decía, señor Cardenal, con todo mi respeto, que yo no puedo entender la posición de la Iglesia católica, o al menos de la jerarquía de la Iglesia católica venezolana al respecto. El Estado respeta a la Iglesia, la Iglesia debe respetar al Estado.

Los menciona incluso con nombre y apellido:

(11) Y cómo hay algunos que les encanta: mi amigo el monseñor Lückert, ¡a él le encanta! ¿No ven que él es un oligarca?, el monseñor Lückert me va a esperar a mí en el infierno, él no va a ir pa'l cielo, él va ir pa'l infierno; él no va pa'l cielo, estoy seguro que pa'l cielo no va. Y yo, no creo que vaya [risa]. [...] ¡Cómo le encanta a monseñor Lückert atropellar la verdad, decir mentiras, atropellar la figura del jefe del Estado! Él es feliz así, bueno, que sea feliz monseñor, que sea feliz. Y yo digo: ¡que Dios lo perdone! Porque ese no es el camino de Dios, ese no es el camino de Cristo.

Los "gringos" son los enemigos internacionales: "A Cipriano Castro no lo tumbó Gómez, a Cipriano Castro lo tumbó el petróleo". "Y detrás del petróleo —agrego yo— los gringos y la OEA: [...] lo menos que el doctor Insulza ha debido hacer, por respeto a su cargo, por respeto a su investidura, por respeto a la soberanía de Venezuela —un Estado miembro de la OEA".

Prevalece en este discurso de Chávez una visión maniquea de la política, donde los unos son buenos y los otros son los malos. Corresponde este discurso a un estilo religioso, según la definición de Chang y Mehan (2006), quienes afirman que políticos como Bush suelen presentar un guión que explica los acontecimientos a la luz de sus ideologías. En el caso norteamericano, se trata de ubicar a los enemigos esenciales, como los malos contra los buenos, y de justificar la necesidad de medidas extremas en el guión de la guerra contra el terror. Los autores consideran que se trata de un estilo religioso porque no están basados en lo racional, sino en elementos de la "religión civil norteamericana" (Bellah, 1968, p. 6, citado en Chang y Mehan, 2006, p. 3). Se basan, además, en la definición de 'religión' de Durkheim (2001), entendida como "un sistema solidario de creencias y de prácticas relativas a las cosas sagradas, es decir separadas, interdictas, creencias y prácticas que unen en una misma comunidad moral, llamada Iglesia, a todos que se adhieren a ellas" (p. 42).

Como se mostró anteriormente, Chávez divide su auditorio en dos grupos claramente definidos, en tal sentido su texto está también dirigido a dos tipos de interlocutores: a quienes lo apoyan, les envía un mensaje aprobatorio (solidario, incluso marcado por la afectividad y el reconocimiento). A sus opositores les envía advertencias, indicaciones claras de hacia dónde dirigirá sus acciones de gobierno, a través de una declaración de principios que hace de manera autoritaria. Se trata de decisiones tomadas "democráticamente" e inamovibles, pues su logro se conseguirá —Chávez mismo lo dice— a cualquier precio.

3.2.3. Las estrategias del discurso

a) La yuxtaposición de las citas de Bolívar a los propios parlamentos constituye un elemento clave en este texto. El tono narrativo heroico y el artilugio sintáctico hacen pensar que ha llegado el tiempo del que habla Bolívar y, por lo tanto, el tiempo en que sucederán acontecimientos notables. Implícita está la idea de la revolución liderada por el presidente. Esta estrategia se repite una y otra vez, y se emplea la voz del Libertador para presentar el proyecto del partido único: "de ahí mi propuesta del Partido Unido, o Partido Socialista Unido de la Revolución Venezolana. ¡Unión, unión, unión! 'Solo la unión nos falta para completar la obra de nuestra regeneración' decía Bolívar en la Carta de Jamaica". Por medio de la yuxtaposición se borran los límites entre el presente y el pasado y se "contaminan" las palabras del uno y del otro.

b) Hemos visto ya algunas de las estrategias del discurso político en la legitimación de la figura de Chávez a partir de las figuras de Bolívar y de Cristo. Pero Chávez, además, emplea el Discurso de Angostura como base de su nuevo proyecto constituyente, como veremos en el apartado sobre la finalidad del discurso de investidura. Emplea como estrategias de legitimación las ideas de Bolívar y de Cristo, a quienes califica de "socialistas".

c) Asimismo, Chávez deslegitima y amenaza, apoyándose en la Biblia y en el largo relato de la traición de Ananías y la venganza divina. La deslegitimación se aplica a sus adversarios, muchas veces en forma de argumentos ad hóminem ofensivos. Son ejemplos de este tipo de argumento los siguientes:

(12) Pero no: el chantaje, la manipulación, y él [Insulza] se rebaja cuando sale a defender lo indefendible ¡y ofende a Venezuela!; esa casta mató a Bolívar, militares traidores, doctores traidores; y esos antivalores son los que nos han vendido, los que nos han metido como un casete durante todos estos años los grandes medios de comunicación capitalista.

d) El humor es una de las estrategias favoritas del presidente. Mediante este recurso, que procura empatía con el auditorio, expone el álgido tópico de su reelección indefinida ante la Asamblea Nacional, instancia de la que dependería directamente el cambio constitucional que puede hacer posible la continuidad sin límites de su mandato. Dice:

(13) Este periodo que hoy comienza, compañeros, compañeras, camaradas, compatriotas, para el cual me entregaré todo, de lleno, trataré de hacerlo mejor que en los dos periodos anteriores; aquel que me recortaron ustedes, ustedes me cortaron un primer periodo; sí, era para cinco años, ¿no te acuerdas que...?, era para cinco y ustedes me lo tumbaron a dos; y luego me obligaron a ir a..., pero esa es la voluntad constituyente. Mucha gente pregunta: "¿Y por qué tú vas a ir a elecciones otra vez?". Bueno, porque la Asamblea decidió, pues. Yo había propuesto que fueran siete años el nuevo periodo, Ismael García dijo: "No, eso es mucho". Dijo seis [risas], entonces... Querales, como que fue el que lo dijo.

(14) ¿Cómo quedó la banda zurda? Yo pensaba ponerme como Pancho Villa así, pero hubiera sido una exageración, ¿verdad?, ponerme dos bandas; de repente me pongo un día de estos las dos, y una tercera también... ¿cómo será la otra, la tercera? Vertical puede ser. Sí, ustedes saben que yo he propuesto y estamos redactando la propuesta para la reelección indefinida del presidente de la República.

e) La metáfora también es ampliamente empleada por Chávez. Se trata de metáforas recurrentes, como la del tiempo, las fuerzas telúricas (ambas relacionadas con Bolívar y referidas a su gobierno), la máquina (como los motores constituyentes), la construcción y el juego, entre otras: "Por eso digo, vamos a barajar, como cuando uno está jugando dominó, vamos a barajar la mano ¿no es que uno dice?".

A partir de estas metáforas se forman cadenas cohesivas e isotopías. Tomemos la metáfora de la máquina y el motor, pues sirve para introducir su petición para que el Congreso le conceda una Ley Habilitante:

(15) Por eso decía, la Ley Habilitante —ley de leyes revolucionaria— y la reforma integral y profunda de la Constitución son como dos motores hermanos, dos motores de una sola máquina pues, de un solo avión o de un solo barco.

f) Hay otra estrategia discursiva empleada hábilmente por Chávez en toda su actuación, y que también se puede observar aquí, en este discurso solemne: se trata del diálogo con sus amigos, sus funcionarios, su madre. Con esta estrategia, Chávez pretende crear, entre él y el ciudadano común, una atmósfera de intimidad: el oyente tiene una sensación de cercanía, de ser tenido en cuenta. Así introduce otra de sus propuestas como es la ordenación territorial. Dice:

(16) ¿Es que Venezuela necesita estar dividida en tantos municipios como hoy tenemos, por ejemplo, por allá en el Táchira? Yo siempre lo he dicho, Ronald, desde que salimos de la cárcel: en Capacho hay dos municipios, en un pueblo, Capacho Arriba y Capacho Abajo... ¡Ah!, viejo y nuevo. ¿Estoy inventando, señor diputado? ¿Verdad que así es? Es que yo lo viví, yo caminé Capacho.

Finalmente, caracterizan su discurso otros recursos que le permiten entrar en empatía con parte de su auditorio, como el uso de la fraseología, de temas y voces coloquiales, y, principalmente, la dramatización como estrategia que contribuye a movilizar los sentimientos.

Conclusiones

Dentro del discurso político, el de investidura cumple con varias funciones específicas: i) convertir al presidente electo en presidente en ejercicio y dar inicio a la acción de gobierno; ii) construir la imagen del presidente y, por ende, reafirmar sus valores y los fundamentos históricos y morales que serán la base de su gobierno; iii) definir su auditorio (Chávez se identifica con quienes pretende gobernar, se diferencia de aquellos a quienes pretende oponerse, y enuncia las relaciones que prevalecerán); iv) comprometer al presidente con los ciudadanos en razón de las promesas electorales, y proponer un plan de acción delineando las líneas del gobierno de acuerdo con estas promesas, y v) conciliar con aquellos a quienes se les opuso en la campaña. De lo anteriormente expuesto, y como aporte de este estudio, se deriva que este tipo de discurso se caracteriza por ser vinculante, modelador, conciliador, programático y compromisorio.

En cuanto a los tópicos de cada uno de los discursos, en Uribe el tópico principal es la democracia, un tema que desarrolla sistemáticamente, en extenso, y en varias partes de su discurso. El tópico central de Chávez parece ser el de los cinco motores de su gobierno, que llevarían al país al socialismo, pero en este caso no está desarrollado de manera sistemática e insistente, pues se pierde en otros temas también fundamentales para su futuro gobierno. El desarrollo de dichos tópicos, en cada caso, pone de relieve el carácter programático y compromisorio de los textos de investidura.

El discurso de investidura construye su auditorio. En el caso de los textos analizados, cabe destacar un marcado contraste en cuanto a la representación del otro. Uribe se dirige a un auditorio universal, presenta a los colombianos como iguales y se proclama a sí mismo como líder de una nación plural, incluyente y unida en su diversidad. Desde el punto de vista pragmático, al presentar a Colombia como un país fuertemente cohesionado en sus objetivos y, en consecuencia, restarle deliberadamente protagonismo e importancia a los grupos insurgentes, Uribe elabora discursivamente una imagen de nación, que pareciera no es enteramente acorde con la realidad, pero que se ajusta, sin duda, a los propósitos y las metas de su reelecto gobierno.

Chávez, de manera contraria, divide a sus destinatarios en dos grupos contrapuestos: el de sus seguidores y el de sus adversarios, y a cada uno de ellos envía también mensajes diferentes, de confraternidad para los primeros y de fuerte confrontación para los segundos. En tal sentido, antes que a una nación unida en función de intereses comunes, se dirige más bien a un colectivo que, en su texto, se percibe como irreconciliablemente dividido y enfrentado. En este caso, se elabora, también, discursivamente, una imagen de la nación que, más que a la realidad venezolana, pareciera adecuarse a la ideología y a los objetivos políticos del presidente y del grupo que lo respalda.

Igualmente, hay claras diferencias en el estilo retórico de los mandatarios. Mientras el de Uribe es un discurso deliberativo que pretende convencer con la razón, el de Chávez es un discurso polémico que podría considerarse dentro del estilo judicial. Uribe, quien se presenta como un ciudadano más, articula un discurso que busca ser conciliador, aun a riesgo de minimizar situaciones trascendentes y desestabilizadoras para la paz de Colombia y de la región. Chávez, en cambio, quien se presenta como el líder de la nación, polemiza abierta y directamente con sus adversarios, sin procurar, en ningún caso, la conciliación.

Entendemos que la nación es un constructo mental que debería implicar la inclusión. La nación de Uribe es una nación en dificultades, asediada por la guerra, pero sin embargo optimista, consciente de sus capacidades y de su tradición democrática. Una nación racional como su discurso y como la imagen que presenta de Colombia; un discurso que veladamente promete mano dura para conseguir la seguridad democrática, reclamada por los ciudadanos y necesaria para la reconstitución del país.

La nación de Chávez es un concepto restrictivo. El origen y la conformación actual de Venezuela se relacionan en su discurso, principalmente, con la historia bolivariana y con el periodo de transformaciones que han tenido lugar desde su llegada a la presidencia de la República. Se trata, por tanto, de una noción idealizada con una fuerte carga de afectividad, mas no de un concepto anclado en la realidad actual. Chávez se caracteriza por ser fuertemente provocador y hasta irreverente. Por un lado, busca promover la confrontación abierta con sus adversarios, a quienes descalifica y hostiga; por otro, procura reforzar la adhesión emotiva e irrestricta de sus seguidores, por medio del manejo "afectivo" del discurso, con base en su carismático liderazgo. Los adversarios forman parte de un "otro" criticado y en cierta forma despreciado por Chávez; él es líder de sus partidarios y de los seguidores de su "religión civil", si se nos permite adaptar el término de Bellah (1968).


* Esta investigación está adscrita al Proyecto del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico de la Universidad de Los Andes, Mérida, "El español de Mérida", proyecto n.° H-895-05-06-B.

1 El diccionario de la Real Academia española define politica como el "arte de gobernar los pueblos", así como "la actividad de los que rigen o aspiran regir los asuntos públicos". Canel (1999) ha considerado el discurso político como un arte —no una técnica— porque no se apoya en reglas fijas, dado que refiere a situaciones cambiantes y tiene que ver con la toma de decisiones referidas a esas situaciones; según Canel, es más bien un saber práctico (p. 16). Una definición más especializada de la política es la de González Vila (1997, p. 962, citado en Canel, 1999): "un conjunto de supuestos, principios, medios y actividades con que se organiza y dirige un grupo humano para la consecución de determinados objetivos; es el actuar prudencial de quien posee dotes especiales, más naturales que adquiridos, para la dirección, gobierno o pastoreo de las personas en colectividad" (p.16).

2 Otras funciones del discurso político reconocidas por Chilton y Shäffner son la legitimación, la deslegitimación y el encubrimiento, que a nuestro entender constituyen más bien estrategias discursivas especialmente frecuentes en este género discursivo.

3 Cabe hacer notar que hemos evitado hacer uso del conocimiento de la realidad en la cual actúan los personajes que profieren los discursos de investidura, y de la situación política de sus respectivos países, para centrar nuestro estudio exclusivamente en el empleo del lenguaje.

4 Dicen Perelman y Olbrechts-Tyteca (1989): "Nosotros nos proponemos llamar persuasiva a la argumentación que solo pretende servir para un auditorio particular, y nominar convincente a la que se supone que obtiene la adhesión de todo ente de razón" (p. 67).

5 A lo largo de las citas hemos respetado la puntuación original con la que se encuentran redactados los discursos.

6 Las cursivas son de los autores.

7 Véase Elías Pino Iturrieta (2006) sobre el culto al Libertador en los presidentes venezolanos. En el discurso de Chávez hay otras menciones a personajes de la historia venezolana, como Ezequiel Zamora, Antonio José de Sucre, Manuela Sáenz y Simón Rodríguez.

8 Se podría sugerir, con Austin (1990), que el juramento, desde este punto de vista, es infortunado, ya que no cumple con el ritual establecido.


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