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Forma y Función

versión impresa ISSN 0120-338X

Forma funcion, Santaf, de Bogot, D.C. v.24 n.1 Bogotá ene./jun. 2011

 

RESEÑA

Alastair Pennycook, Critical Applied Linguistics: A Critical Introduction.
Mahwah, NJ:  Lawrence Erlbaum Associates Publishers, 2001. 206 páginas.


La lingüística aplicada crítica (LAC) es un enfoque que emerge de distintas áreas, como la enseñanza de la lengua, el alfabetismo, el análisis del discurso, la lengua en el sitio de trabajo, la traducción y otros campos relacionados con el estudio de la lengua. En este libro, Alastair Pennycook (UTS) recorre problemas que implican estas temáticas, muestra los distintos debates y posturas que les competen, a través de un vistazo crítico (aquí, crítico se entiende en los términos propuestos por Pennycook, en lugar de entenderse según nociones previas de posturas estructuralistas, modernistas y del postestructuralismo inicial). Es necesario que el lector de este libro entienda que en este no se pretende constituir un modelo, por el contrario, propone una forma de pensar las problemáticas allí discutidas, lo cual hace de este libro algo bastante valioso y útil.

El autor no solo se limita a presentar estos temas con sus implicaciones teórico-prácticas, sino que también da su visión particular de ellos. Según Pennycook, este enfoque -si acaso puede referirse de este modo- surge como respuesta a la lingüística aplicada (LA), que se ve incapacitada para lidiar con cuestiones de privilegio, superioridad, autoridad, denigración, formas culturales legitimadas o tergiversadas y organización social. Sin embargo, respecto al estado del arte de la LAC, deja claro que este libro no es la culminación del trabajo y que, por el contrario, es un debate continuo que amerita desarrollo posterior.

En el capítulo que abre el libro, Pennycook hace una distinción entre las versiones fuerte y débil de concebir la lingüística aplicada -la primera aplicada solo al aprendizaje y la enseñanza de segunda lengua;  la segunda aplicada al estudio de problemas relacionados con la lengua en distintos campos- con el fin de esbozar los diversos rasgos que él considera que necesita la lingüística aplicada crítica (LAC o LACx, que refiere la versión de Pennycook). Esta, señala el autor, debe tener una visión de praxis que muestre una fuerte conexión y relación recíproca entre la teoría de la LAC y la práctica; además, requiere una forma de ser crítica que una las relaciones micro de la lengua con las relaciones macro del poder y de la estructura social, esto desde una posición posmoderna en pro de la problematización. Esta propuesta de trabajo debe desarrollar una teoría crítica a favor del cambio social, a través de una indagación social profunda, la problematización de concepciones previas que estén fijas culturalmente y en las que permanezcan nociones esencialistas (lo dado), y la reflexión sobre su propio trabajo, por cuanto aquí es crucial el cuestionamiento constante. El autor toma a la ética como base de este trabajo; Pennycook concibe la LAC como una heterosis, o sea, no como la suma de elementos críticos a la LA, sino como una conformación de intereses más profunda que dicha suma. Esta primera parte termina con una descripción de la multiplicidad de dominios que conciernen a la LAC, los cuales van desde el análisis crítico del discurso (ACD), el alfabetismo crítico y los enfoques críticos de la traducción, hasta la enseñanza, evaluación y planeación de la lengua, los derechos respecto a la lengua y la lengua en el sitio de trabajo.

Posteriormente, el libro trata de revisar y confrontar distintas posiciones y trabajos previos sobre los principales temas críticos que se proponen -el conocimiento, la lengua, el texto, la pedagogía y la diferencia-, y presta atención a los rasgos discutidos en el capítulo anterior.
En el segundo capítulo, Pennycook refiere la necesidad de una teoría crítica que convenga y acople algunos de los aspectos principales y comunes del trabajo crítico existente. Para esto, el autor propone una noción compleja de poder, en la que este opera en distintos dominios, y ve, de modo complejo, la producción y trasmisión del conocimiento. La LAC pretende entender el modo en que el poder opera en la lengua y a través de ella, en su uso diario dentro de las tareas sociales. Es crucial que la LAC se cuestione acerca de la relación entre la política, el conocimiento y la lengua. Pennycook nombra cuatro posiciones al respecto: el avestrucismo liberal, la anarco-autonomía, el modernismo emancipatorio y la LAC como práctica  problematizante; de estas, considera que la cuarta es la más apropiada para la postura que propone.

En el tercer capítulo hay una explicación de los principales problemas que tiene la sociolingüística tradicional, por cuanto Pennycook muestra que tanto "descripción" como "prescripción" son parte de la misma actividad normativa; aboga, entonces, por una sociolingüística crítica. Explora la relación entre la lengua y el poder,  y las consecuencias de esta relación. Además, muestra los distintos enfoques que tienen las políticas de la lengua. Con ello problematiza la globalización del inglés, y termina por sugerir una postura postcolonialista de resistencia y apropiación.

En el cuarto capítulo, la discusión cubre muchos de los temas que se examinan en los capítulos previos, pero presta atención al significado y el contexto, a la operación ideológica, al significado en los textos y a través de ellos, al alfabetismo (como práctica social) y a los efectos de los textos en el lector (procesos de producción y recepción). En este apartado, Pennycook explora y confronta distintos enfoques, como el alfabetismo crítico, el análisis crítico del discurso y la conciencia crítica de la lengua, y discute temáticas como el análisis textual, el conocimiento, la ideología, el discurso, el acceso y la conciencia (indagación social). El capítulo acaba con algunos argumentos a favor de las limitaciones del postestructuralismo y la introducción de una amalgama de enfoques que Pennycook llama postlingüística; resalta allí lo que esta podría necesitar en términos de un enfoque crítico de los textos.

En el quinto capítulo, el énfasis pasa al plano pedagógico. Pennycook procura mostrar algunos de los enfoques críticos de la educación, resalta sus ventajas y limitaciones. Al partir de la revisión de las teorías de reproducción social, Pennycook trata de esbozar un posicionamiento del individuo respecto al salón de clases -trayendo el salón al mundo y viceversa-, y señala algunos aspectos en aras de una pedagogía postcrítica, dentro del posmodernismo y la ética. En este apartado se explica la relevancia que tiene la ética dentro de la LAC.

En el sexto capítulo, se discute el tema crítico de la diferencia, con el fin de cuestionar la construcción del otro, de género y de identidad, en el trabajo llevado a cabo por distintos enfoques previos. Este ejercicio tiene el propósito de mostrar las restricciones y las concepciones discriminatorias allí encontradas. Se introduce la noción de performatividad y se resaltan algunos aspectos de la teoría Queer relevantes para la LAC, con la esperanza de desarrollar lo que Pennycook denomina las pedagogías de acoplamiento (que intentan incluir a todos los estudiantes con un entendimiento de las construcciones físicas, emocionales e intelectuales de cada uno, desde un punto de vista posmodernista,  fuera del eurocentrismo, racismo y sexismo).

En el capítulo que cierra el libro, Pennycook pretende resumir los argumentos principales sobre la política de los distintos temas críticos que se exploraron a lo largo de este, y trata de recapitular algunas de las razones a favor de la importancia de la LAC y de la concepción de esta como una praxis social. Finalmente, Pennycook aclara que la LACx no puede volverse una disciplina más; en cambio, aboga para que se la vea como una forma de pensar que ha de difundirse, como una praxis antidisciplinaria, como una postlingüística aplicada, o como una ligüística aplicada "con actitud", como él mismo la describe.

Algo bastante interesante es que este libro le concierne a muchas clases de profesionales, especialmente al área de Humanidades -aunque no únicamente-, como lingüistas, traductores, profesores, sociólogos, antropólogos, investigadores y analistas, o incluso a abogados y políticos (como ayuda para establecer una postura crítica más seria). Vale la pena destacar esta característica multidisciplinaria, que se logra gracias a la propuesta indagadora e integradora desarrollada por Pennycook. Esta propuesta recalca problemáticas respecto a la lengua y su uso, que van y vienen desde los mecanismos de poder, la formación cultural, las relaciones sociales y las nociones educativas hasta la (re)producción del conocimiento, la construcción de identidad y la performatividad del sujeto.

Podría parecer que se cubren demasiados temas, pero, sin duda, Pennycook nos presenta una posición bien trabajada que involucra muchas temáticas de interés, no porque pueda tener un propósito de cubrimiento intelectual y académico demasiado ambicioso, sino porque a la larga el enfoque apunta, a través de su trabajo, a originar una aleación que brinde herramientas para ir más lejos en los estudios sobre la lengua.

Entonces, cabe señalar que esta compleja red de concepciones y posiciones sobre una red igualmente compleja de temas y problemáticas se dirige a una teoría que tiene como fin el cambio social. También es importante destacar el valor de las justificaciones expuestas a lo largo del libro, pues fueron estas las que motivaron a Pennycook a elaborar esta guía e introducción al enfoque emergente que representa la LAC.

Pennycook expone los desatinos y sesgos que distintas tendencias (re)presentaron, a través de muchas de las nociones previas sobre conocimiento, cultura, identidad, poder, relaciones sociales y otros, respecto a la lengua; además, muestra la necesidad de agrupar problemáticas e intereses relacionados con la lengua, a distintos niveles, que se interceptan de modo complejo. Algo bastante llamativo es que, a través de su labor, Pennycook no solo confronta y critica distintos enfoques, sino que también nos da a los lectores un vistazo histórico de los distintos temas, de modo que podamos tener un bosquejo del estado del arte si no estamos bastante familiarizados con el trabajo que se ha realizado sobre las distintas problemáticas.

A pesar de su relevancia, complejidad y amplitud de cubrimiento, no es bastante claro si Pennycook posee una visión utilitarista de la ética, al hablar de futuros preferidos y de la base de este trabajo crítico, en cuyo caso podría representar uno de los pocos puntos débiles de su enfoque.

La utilidad de dicho enfoque, según veo, es parar la tradición del pensamiento intelectual o académico producido desde posiciones y nociones imperialistas, eurocéntricas y (neo) colonialistas, tradición intelectual que refuta Pennycook. Respecto al contexto local, hay que decir que en nuestras discusiones y clases universitarias es bastante valiosa la inclusión de este tipo de enfoque, el cual nos permitiría asumir un análisis que refleje un posicionamiento como ciudadanos del tercer mundo, interesados en el cambio social, una construcción de nuestro conocimiento e identidad fuera de los prejuicios heredados, y una conciencia histórica de los procesos múltiples que, a la larga, han determinado la forma en que vivimos hoy.

Finalmente, considero importante decir que la LAC es un enfoque muy útil para la construcción de mi identidad y mi postura como sujeto, especialmente, para formar una posición como estudioso de la lengua inglesa. De este modo, me ayuda a dar cuenta de mi rol dentro del uso y la expansión global del inglés, y dentro de la construcción, a través de la lengua, de conocimiento, pedagogía y cultura en mi contexto local.


ANDRÉS FELIPE OLIVOS VEGA
Universidad Nacional de Colombia

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